Capítulo 3 Un rayo de Luz
Los días pasaban lentamente, la relación de Draco y Pansy se hacía mas firme y la de Blaise y Hermione también, aunque había mucha gente que no lo veía bien, y aunque Harry y Ron estaban entre ellos, la apoyaban a regañadientes, si era su amigo... le aguantarían.
Era principios de noviembre y había pasado más de mes y medio desde la escena que Hermione se encontró en la biblioteca aquella fogosa y horrorosa mañana de domingo a principios de curso.
-¡Llegas tarde Zabini! -dijo crispada, pues llevaba 20 minutos esperando.
-¡Perdona me retrasaron!-se disculpó el atento muchacho-. Por cierto Herm, ya es hora de que me llames Blaise.
-Es que se me hace raro... aunque seamos amigos... Bueno, vale, perdona ¡Bla..Blaise!
-Muy bien ya has aprendido algo nuevo -rió entrando en la biblioteca
Caminaron silenciosos, ya aunque no había nadie, estaban mas que acostumbrados. Llegaron a la ultima mesa, donde tuvieron aquella conversación el la que Hermione le dió las gracias por llevarla a la enfermería tras el primer acoso del rubio oxigenado, en el que salió corriendo y resbaló.
Tras un rato estudiando, algo le seguía rondando la cabeza, era el día de preguntarlo, ya había suficiente confianza.
-Bla… Blaise...
-¿Si?
-Quería... preguntarte una cosa... es que me quedé con la curiosidad.
-Díme.
-Lo de Pansy... me gustaría saber lo que pasó si no es mucha molestia.
-No, tranquila... veras..."Yo desde segundo estaba... bueno se podría decir que enamorado, ciego sin duda. Por fin, el año pasado, le dije lo que sentía aun sabiendo que ella siempre había estado detrás de Draco "Detrás" no enamorada –puntualizó-. Dudo que tenga corazón para enamorarse, pero bueno. Ella me aceptó, jamás había sido tan feliz, durante un tiempo todo fue maravilloso, pero no duro mucho. Todo comenzó a volverse oscuro, ella pasaba de mi, no me hacia caso, y terminé pasando por algo parecido a lo tuyo, pero peor. La encontré un día besándose con un Ravenclow, me dijo que no era nada importante, que solo me quería a mi... yo fui tonto y la perdoné, así fui enterándome y des cubriéndola cada vez con un chico distinto pero la ultima vez que lo hizo fue la peor, estaba con Draco, mi mejor amigo... mi hermano, y aunque me negué a seguir la relación, los perdoné a ambos... -relató con una gran tristeza que hizo desprender dos pequeñas lágrimas a la castaña.
-Lo… lo siento... -se disculpó por haber preguntado.
Blaise lo había pasado mil veces peor, la chica que quería, a la que tantas veces había perdonado sus infidelidades y su mejor amigo, su hermano... ella solo se podía imaginar aquella situación con Ginny, que era su mejor amiga. Pero no, aquello no se podía imaginar, era demasiado doloroso, había que vivirlo y pensar en aquel lluvioso día en el que le conoció realmente, donde escuchó sus lamentaciones. Ahora le compadecía, y más segura estaba de que era un buen muchacho.
-Oh, ya me tengo que ir Hermione, ¿Te quedas? -dijo Blaise fijándose en la hora.
-Sí, tengo que terminar el trabajo de transformaciones.
-Vale, ¡Pues nos vemos en la cena! -se despidió con una amplia sonrisa mientras recojía todas sus cosas.
Anochecía rápidamente, y ya eran las siete, aquello era lo que a Hermione no le gustaba del invierno, tenía menos horas de luz, menos horas de estudio y de diversión.
Una media hora después de haberse ido Blaise, comenzó a recoger las cosas para ponerse camino hacia el Gran comedor, donde se encontraban sus amigos esperándola. Como siempre en aquellas horas, los corredores se encontraban vacíos, fríos y oscuros. Caminaba sumida en sus más profundos pensamientos cuando noto que alguien la cogía de la muñeca y la estampaba contra la pared.
-¿Qué mierda haces Granger? -preguntó una fría y furiosa voz.
-¡Malfoy! -espetó al ver la cara del muchacho que la miraba fijamente-. ¿A qué te refieres?
Y es que desde la última vez en aquel fatídico día, no habían vuelto a estár a solas, en parte gracias a Blaise y en otra gracias a Harry y a Ron que aun desconocían toda aquella historia.
-Sabes perfectamente a qué me refiero Granger. ¿Intentas vengarte?
-¿Qué? -gritó ella
-Sí, haciéndote amiga de Blaise, ya te habrás dado cuenta que él no es como la mayoría de los Slytherin... por desgracia -terminó con un tono fúnebre.
Blaise era su amigo de la infancia al igual que Pansy, el único en el que realmente confiaba.
-Esto no es ninguna estrategia Malfoy, ¡yo, a diferencia de ti no hago esas cosas! –se enfureció.
-¿A no? ¿Entonces resulta que te has enamorado de él? -preguntoó con malicia.
Aquello se le clavó como un puñal, pues ella aun tenia un fuerte sentimiento hacia el rubio, sabia que era tonta, pero como ella misma decía, no es ella la que elige, ni su mente, es el corazón. Aunque lo deseaba, no podía hacer nada, el daño ya esta hecho.
-Nos llevamos bien, él me ayudó…
-¿Te ayudó? Oh, ya entiendo, aquel día cuando nos viste en la biblioteca te quedaste con ganas y el sació tu sucio apetito -susurró en su oído riendo.
-¡Estás enfermo! -contestó aterrada por aquellas palabras.
-Y dime Granger... ¿qué hacéis en la biblioteca? ¿Cosas sucias? - susurró mientras acariciaba su pierna, provocando que sus ojos se cristalizaran.
Los recuerdos la invadían, una parte de su corazón, no quería negar aquellas caricias, pero la parte rota sí, aquella destrozada parte le odiaba le maldecía... pero seguía deseándole. Para su suerte, su nuevo salvador llegó haciendo que el rubio se apartara.
-Ya basta Draco... te estás pasando -dijo con voz pesada mirando el suelo.
-Tienes suerte, tu "novio" ha llegado Granger -dijo en un suspiro para luego acercarse a su oído lo suficiente como para que solo ella le escuchase-. La próxima vez no te librarás... seguiremos donde lo dejamos... es una pena que llegaras antes a la biblioteca, porque lo que viste, es exactamente lo que pensaba hacer contigo -terminó con una horrenda sonrisa y se marcho dejándola pálida, dolida y apuñalada una vez más.
Blaise se acercó a ella, estaba pálida, se la veía débil... herida como un pequeño animalito, maldijo, no podía hacer nada... mas que abrazarla, abrazarla con todas sus fuerzas.
-Dime que estas bien Herm...- acaricio con una suave mano su lacio cabello castaño.
-¿Por qué? ¿Por qué demonios lo hace? -gritó derramando lágrimas sobre Blaise.
-Es así... no creo que jamás cambie... -se apenó el moreno abrazándola más fuertemente.
-Pero... pero... yo nunca le he hecho nada... yo hasta hoy solo me he defendido de sus ataques, jamás he sido yo la primera. Lo sabes, ¡díme que lo sabes! -pidió llena de desesperación.
-Lo sé... lo sé...
-Comenzó todo en Hogsmeade aquel día... ¿qué demonios iba a hacer yo? me sentía... fue mi primer beso, y eso marca mucho a una chica... me engaño... me vendió el cielo con sus falsas promesas... -se desahogó.
-Tranquila... yo estoy aquí Hermione, no dejaré que pase nada, no te dejaré sola más que cuando estés con Potter y Weasley ¿vale?- preguntó con dulzura-. Entiende que no puedo hacer mas... lo siento mucho.
-Tú ya has hecho mucho por mi, Blaise -dijo abrazando al moreno fuertemente.
Alguien se encontraba cerca, había presenciado absolutamente todo... desde el momento que Draco agarró a Hermione. Estaba estupefacto, aquella muchacha a la que tanto amaba, aquella muchacha que se había vuelto su vida, su luz y su motivo para seguir viviendo la vida... ¿Por qué no se lo había contado? se preguntaba con tristeza. ¿Acaso no confiaba en él?
Se sentía morir por dentro, ella, pasando un momento tan duro por culpa de Malfoy y no podía ayudarla, el único que podía era ese maldito Zabini... otra sucia serpiente de Slytherin. Con ojos cristalinos, el muchacho comenzó a caminar lleno de rabia, impotencia y dolor hacia su sala común.
Un rato más tarde, cuando Hermione recobró la calma, Blaise la acompañó hasta el retrato de la dama gorda despidiendose de ella con su torpe sonrisa, Hermione se lo agradeció y le abrazó nuevamente. Entró en la sala común, aun con cuerpo tembloroso pero un poco mas relajado que momentos atrás. No tenia ganas de cenar, solo quería meterse en su enorme cama, en su cuarto, sola y pensar.
-Sigo preguntándome qué demonios he hecho yo para merecer esto.
Por suerte y desgracia, ya era viernes, tenia todo el fin de semana, parecía que iba a hacer buen tiempo, y quería aprovecharlo, pues a partir de aquel día, las tormentas y las nevadas serian continuas, y la vida pronto comenzaría a ser un horror, los tiempos difíciles volvían a arreciar en el mundo mágico para desgracia de todos.
Se reunió con Harry y Ron en el Gran comedor, se fijó en la mesa de Slytherin, Draco y Blaise hablaban sobre algo, estaban serios y pálidos, solo esperaba que no se tratase de su persona ya tenia bastantes problemas como para sentirse culpable de la separación de dos amigos de la infancia que, aun así, pensaba que Blaise se merecía mucho mas que aquel "amigo", pero nada podía hacer ella de momento mas que apoyarle y estár allí cuando la necesitaba, al igual que él estaba siempre en los peores momentos.
En ocasiones, cuando miraba a Harry y a Ron, un fuerte impulso le hacia estár a punto de decirles todo. Odiaba ocultarles cosas, además ella no mentía nada bien, si comenzaban a sospechar aunque fuese un poco, no podría mentirles, se conocían demasiado bien entre ellos.
Dumbeldore les dijo lo que ocurriría en navidades. Lo que haria que la gran mayoría de los estudiantes se quedasen allí a pasar las vacaciones.
-Querídos alumnos, este año en navidades, recordaremos el baile del torneo de los tres magos -un fuerte murmullo se alzó haciendo que el viejo director riese-. No será como el de aquel año, esta vez no tendréis que apuraros es buscar pareja -varios alumnos, en su mayoría masculinos suspiraron aliviados-, será un baile de mascaras -termino sonriente esperando la reacción.
"De que va todo esto?" -se preguntó Hermione estupefacta, analizó la situación- "¡Cielos, nadie sabrá quién es quién!" -concluyó ausente a todo lo que Harry y Ron decían emocionados.
El resto de la cena, transcurrió bastante agitado, los murmullos eran interminables, las sonrisas abundaban en su gran mayoría los rostros de los alumnos. La emoción era completa, se preguntaban cómo seria aquel baile de mascaras, y solo quedaba un mes para averiguarlo.
-¡Ya tengo ganas de que sea ese baile de mascaras! -gritaba Lavender Brown emocionada.
-¡Yo también! -añadió Parvati, su mejor amiga.
-Tendréis que esperar chicas -rió Hermione.
Y aunque no lo demostrase, ella también se moría de ganas de ir a aquel siniestro baile. Puede que allí conociese a alguien que la hiciese olvidar al rubio Malfoy, aquello subió su moral de tal manera, que una amplia sonrisa se adueñó de su rostro, pese a los insultos de Draco y Pansy.
Siempre estaba acompañada de Harry, Ron y Ginny o bien de Balise Zabini, así que de aquella manera, también se sentía protegida contra el aviso de Malfoy.
Por fin, la castaña salia de aquel agujero negro que la había absorbido, que la comía poco a poco por dentro, que la destrozaba. Comenzaba a recuperarse de aquel, su primer amor.
"Cada mañana que despierto, me parece escuchar los nuevos latidos de mi corazón, renovados con nuevas fuerzas, reconstruido con mucho cuidado para no volver a cometer el mismo error de nuevo. Quiero volar, ser libre, disfrutar de mi vida, en estos tiempos terribles debo aprovechar cada momento con mis mejores amigos, quien sabe lo que el futuro nos espera, quien sabe lo que el destino nos aguarda..."
Cerró el diario un poco mas desahogada y se tumbó en la caliente cama, volvía a pensar en aquel baile. Como una adolescente Muggle, se imaginaba un príncipe azul, como en el cuento de la cenicienta o la bella durmiente. Aquellos cuentos con los que tanto había soñado en su mas pura infancia, un príncipe que la amase mas que nadie, dulce, amoroso, tierno... todo lo contrario a Malfoy.
Pero algo llegó a su mente de forma fugaz, un príncipe del que desconocería el rostro. Sonrió, sí que podría parecer un cuento... Su cuento de Hadas.
Mientras el sueño la vencía, se imaginó al detalle el baile, los trajes y aquel muchacho que podría estar a punto de salvar su corazón con una nueva conquista. ¿De qué casa seria? -se preguntaba Hermione. Ravenclow llegó a su mente con rapidez, una mente inteligente, un estudioso como ella, aquello le parecio maravilloso.
Morfeo la atrapó como un pequeño pajarillo llevándola a su mundo, allí le mostró el baile, lo que ella quería vivir, una noche mágica y oscura, un montón de alumnos cubiertos por negras y finas mascaras. Las de las muchachas adornadas con suaves plumas negras, y las de los muchachos, con adornos rojos e hilo dorado. Los vestidos, femeninos, sencillos y negros y ellos, caballerosamente vestían una típica elegante, seria y túnica. La música sonaba con delicadeza, un muchacho se acerco a ella y le tendió su mano con una tierna sonrisa. Ella, incluso estando dormida, notó cómo su corazón latía a ritmo mas acelerado mientras aceptaba la cálida mano y se dirigían juntos al centro de la sala.
Hermione se sentía especial, se sentía alguien, solo le dio pena el hecho de que hubiese sido un tonto sueño.
¿Pero quién sabe?, Tal vez se cumpliera.
