Capítulo 8 Media Noche

A las 11:30, las baladas irrumpieron en la sala, todos comenzaron a buscar una pareja cuidadosamente, a la mente de Hermione llegaron sus sueños. ¿Su príncipe azul llegaría? cómo lo deseaba... sentía su corazón en la mano... moría y revivía a cada muchacho que pasaba junto a ella... llevaba ya quince minutos de espera, aun nada... ninguno llegó y le tendió la mano con la sonrisa mas tierna de todas. Se asustaba, no quería que todo acabase así, aunque sí que había disfrutado de la velada. Otros quince minutos, el reloj ya comenzaba a dar las campanadas de media noche, recordó a la cenicienta, ¿su magia también habría acabado? ¿Y por aquello él no llegaba? se entristeció, pero cuan grande fue su sorpresa cuando un joven avanzaba por la mitad de la pista, caminaba tranquilamente entre las parejas sin inmutarse, con paso decidido hacia ella, cuando llegó, hizo una profunda reverencia y le tendió su mano con una tierna sonrisa, como en su sueño.

-¿Me haria el gran favor de concederme este baile? -susurró tiernamente.

-Sí -respondió cogiendo la mano que le tendía.

Hermione vivía su sueño. Tan real, tan hermoso. La canción era increíble, se aferraba a él un poco mas fuerte a cada momento que pasaba, no quería que aquello terminara. Y mientras, él sonreía, acariciaba su hermoso cabello con dulzura, Hermione se sentía rara aun sin saber quién era, tenia la sensación de bienestar, de amor. Sonrió para sus adentros, apoyó su rostro sobre el pecho de él, era tan feliz, que ninguna de sus palabras bastaría para expresar cómo se sentía exactamente... la música les guiaba a cada paso.

-Suena una canción sobre ángeles.

Qué canción tan hermosa... Pensó Hermione, aun recostada sobre el tórax del chico, pero algo la hizo salir de sus propios pensamientos y mirar fijamente en la penumbra de la sala a aquel extraño.

-Esta será nuestra canción. Tú serás mi ángel de luz, mi Ángel celeste... y yo... yo seré tu ángel caído.

Hermione no comprendió lo que quería decir, pero lo acabaría haciendo, y llegaría a saber cuanta razón tenían sus palabras.

Cuando la canción terminó, salieron con lentitud a los hermosos jardines, iluminados por una tenue y profunda luna llena, tan hermosa que te obligaba a observarla por largo rato. Caminaron entre las rosas rojas como la sangre y llegaron a una pequeña bóveda de color blanco puro, se sentaron en el banco de mármol, blanco también, estuvieron en silencio largo rato, contemplando uno junto al otro el cielo, dónde la luna pareciales otorgar una sonrisa.

-Qu... ¿Quién eres? -preguntó Hermione tímidamente.

-Ya te lo dije antes, si tu me dejas, seré tu ángel caído -susurró acercándose a ella.

Hermione se quedó en silencio, aquella respuesta hizo que su rubor creciera en tal medida que se veía en la penumbra de aquella maravillosa noche.

Él se levantó, pensando que se marcharía, Hermione le imitó, no quería que aquella magia terminara jamás... El muchacho se giró, agarrando el mentón de la castaña con delicadeza, la miró fijamente, Hermione se preguntaba qué clase de mirada era, pero la noche se lo negaba rotundamente. Se acercó, sus labios se rozaron con dulzura, pero ella se apartó levemente, y él sonrió.

-Acaso… ¿no deseas olvidar el sabor de tu último beso?

Hermione abrió los ojos de par en par. ¿Cómo había leído sus pensamientos?

Pero cuanta razón tenia, no quería olvidar el sabor de Malfoy, aun habiendo pasado dos meses su corazón aun en gran parte roto la dominaba, de todas maneras, como le hubiera gustado aceptar aquel beso, tan cálido, lleno de la emoción que ella tanto necesitaba en aquellos momentos. Él volvió a sonreír y la estrecho fuertemente entre sus brazos.

Se sentía extraña, como en un Deja Vù, pero no le daba importancia, sentía aquellos brazos fuertes protegiéndola, se sentía especial, única...

Los minutos pasaban con lentitud, aun seguían estrechados bajo la enorme y gigante luna llena, una imagen digna de ver. Con un fondo de cuento de hadas, el cuento de hadas que tanto había deseado Hermione Granger.

-¿Tienes frío? –se intereso el joven con dulzura.

Hermione sonrió, que buen muchacho, tan atento, amable, con una de las sonrisas mas hermosas que jamas había visto. No entendía como ella había podido tener tanta suerte de estar en aquella situación, aun ue por una parte, sí, se lo merecía, caramba si se lo merecía, se había pasado aquellos siete años entre libros y batallas junto con Harry y Ron contra el mago más oscuro de todos los tiempos. Si todos habían recibido algo hermoso, ¿por qué ella no? También tenía derecho.

-No, estoy bien... pu... ¿puedo hacerte... una pregunta? -dijo entrecortadamente mientras guiaba su vista a otro lugar que no fuese él.

-Claro ángel mío, dime –acercó sus manos, cogiéndola con suavidad por el fino talle y haciendo que se estremeciese.

-Esto... bueno... no se como plantearla... um... por qué... ¿Por qué me elegiste como tu pareja? -terminó preguntando hecha un manojo de nervios.

-Porque en cuanto te vi, supe que eras para mí.

El rubor la invadió, aquella respuesta no se la esperaba, era mucho, muchísimo mejor de la que ella había esperado. Aquella noche solo para ella y para él, una noche que compartir, pero pocas horas tenían ya, Hermione se asustaba, no quería que aquella velada de ensueño terminara jamás, por desgracia, todo tenía su final. Y las horas eran ya escasas, pues pronto el reloj anunciaría las tres de la mañana, momento en que los alumnos ya marcaban sus últimos pasos de baile.

Hermione y su misterioso acompañante, estuvieron casi las tres horas en los jardines, conversando acerca de miles y miles de cosas, pero ninguno reveló su nombre. Ella temía que si él descubría que tras aquella hermosa mascara se ocultaba Hermione Granger, premio anual de su casa, Gryffindor, y la mejor estudiante de Howarts, aquella magia, aquella calidez, aquella emoción, desaparecerían sin vuelta de hoja. Aprovecharía aquella noche al máximo, y atesoraría los recuerdos por siempre, pues si alguna vez se sentía decaída, o volvían a romperle el corazón, recordaría aquella noche, la más hermosa y excitante de todas, donde un dulce muchacho la llamó ángel.

-¿Quieres que entremos a bailar?, son las ultimas melodías... -opinó de forma galante y seductora.

Hermione no se pudo resistir, aceptó la mano que una vez mas le tendía.

Una melodía lenta, hermosa y en cierto modo, triste comenzó a sonar haciendo que la pareja comenzara a bailar a su ritmo, lentamente con sus cuerpos pegados, notando el tibio calor del otro.

Cuando la canción dio fin al baile, muchos se quejaron, pero ya era tarde, no podían más que despedirse de aquellos nuevos amigos de los que nunca conocerían el nombre. Solo podían recordar aquella noche con emoción y deseo.

-Es la hora. -susurro él.

-Lo sé... -contestó Hermione con pena mal disimulada.

-¿Te apenas ángel mío?

-Sí... no sé... es todo tal y como lo esperaba.

-¿Y cómo? -volvió a preguntar con tono pícaro.

-Maravilloso, único... como un cuento de Hadas... -contestó un poco avergonzada de que él conociese sus íntimos pensamientos.

-Sí... nuestro cuento de hadas... -la abrazó con ternura por el talle.

-Que termina ya.

-Quién sabe... tal vez el destino no juegue en nuestra contra.

-Tal vez...

La acompañó hasta el tercer piso, Hermione decidió que no quería que él supiese a qué casa pertenecía, si desconocían sus nombres y su rostro, seria mejor desconocer todo.

El muchacho acarició su cabello, y besó su mejilla mientras sonreía. Con una graciosa frase comenzaba a caminar.

-No te apenes, tal vez algún día, acabe robando un beso de tus labios.

Aquello arrancó una radiante y hermosa sonrisa a la muchacha, que se apresuró hasta su sala común, corrió escaleras arriba hasta el último piso.

Se cambió con rapidez, se metió en su mullida cama y sacó su diario en el que tantas penalidades y sufrimientos había escrito. Por una vez, algo hermoso, real, enternecedor. Su noche mágica de ensueño, la noche que jamás olvidaría.

"Aun siendo las horas que son, la emoción que me embriaga me tiene en vilo, no me deja irme junto con Morfeo a su mundo, pero no, hoy eso no tiene la mas mínima importancia... ¡Él apareció! Tal y como en mi sueño, llegó de forma elegante y me derritió por completo con aquella sonrisa, mas no vi jamás una tan dulce. Como en mi sueño, me tendió la mano para que bailásemos… me sentía como la princesa de uno de mis cuentos muggles. Además, él llego justo a las doce... con las campanadas... tan misterioso, fuerte y, aun sin haberle visto, seductor. Me apodo su ángel de luz...y me pidió que yo le llamase mi ángel caído... ¿por qué caído? admito que es un apodo muy hermoso, pero también extraño.

"Una canción solo para nosotros, una noche solo nuestra, una luna que solo nos contempla... mi mente no daba a basto... solo podía pensar aquella clase de frases, es que aun no me lo creo... ha sido tan, tan maravilloso... incluso ya escribo con palabras de enamorada..."

Mientras terminaba aquella frase, la mente se le iluminó y el rubio apareció en sus más profundos pensamientos, intentó arrancarlo, pero no hubo manera alguna. Dándose por vencida, se recostó en su cama, con una sonrisa de oreja a oreja, quedó profundamente sumida en su sueño mientras recordaba aquella noche.

Se despertó llena de vida, no eran mas que las 9:30 de la mañana, y aunque hubiese dormido tan pocas oras, sentía fuerzas renovadas, abrió la ventana de par en par, dándole los buenos días al sol invernal, que con gran suavidad acaricio su rostro aterciopelado, sonrió al sentir la fresca brisa mañanera, esperó unos minutos observando todos los alrededores, de color blanco inmaculado, cuando se disponía a cerrar algo llamó su atención, una lechuza volaba a gran velocidad hacia ella, esperó por si entraba y así fue. Era enorme, y negra. Traía un sobre, en cuanto lo entregó, salió disparada nuevamente. Hermione lo miró, por fuera no ponía nada, era extraño, lo abrió y sacó un pequeño pergamino, la letra era perfecta y graciosamente cursiva. Comenzó a leerla mientras se sentaba en la recién hecha cama.

"Buenos días mi ángel, no podía esperar a escribirte, seguro que en estos momentos te preguntaras como he podido hacer llegar esta carta si "supuestamente" nos conocimos ayer, te responderé, pues porque sé perfectamente quien eres, desde que tu maravillosa imagen penetro mis ojos."

-¿Qué? -gritó Hermione sin creérselo -Pero... pero… ¿cómo? ¿Quién?

"Yo seguiré sin darte un nombre, por lo que espero que me sigas llamando ángel caído... me va mas... no te preocupes en pensar como mandar tu respuesta, la misma lechuza que te llevó ésta carta irá en un rato para recoger tu respuesta, espero que contestes mi bello ángel..."

La carta no decía nada mas, Hermione la releyó unas cinco veces mas, no cabían aquellas palabras en su mente... era increíble, y pensar que tenia temor en que la magia se acabase cuando él supiese quien era ella. Si lo hubiera sabido, se habría quitado la mascara, y tal vez, solo tal vez, habría llegado a saber quién era aquel dulce muchacho.

"Como no me das un nombre, te llamaré mi ángel caído, tu carta me ha dejado muy pensativa... no llego a comprender cómo me reconociste... cuándo nadie lo hizo, ni siquiera mis mejores amigos, los que todo conocen de mi, y con los que llevo siete largos años. No sé que decir, me dejaste sin palabras... pero aun así, debo decirte algo, he de darte las gracias por la maravillosa noche que me hiciste pasar, jamás pensé que llegase a ser tan feliz, que llegase a amar tanto ser yo... gracias, gracias mi ángel caído..."

Justo cuando cerraba el sobre, escuchó unos fuertes golpes en la ventana, abrió, ante ella estaba la imponente lechuza negra que había traído la carta momentos atrás, se la dio y salió volando, Hermione estaba hecha un manojo de nervios.

Todo se volvía extraño, él sabía quién era ella, pero ella no tenía ni la más mínima idea de quien podría ser. Solo una cosa rondaba su mente, ¿podría hacerla olvidar a Draco Malfoy? el mayor mujeriego que pisó y pisaría Howarts. Llena de dudas, se fue a la desierta biblioteca, todos, o casi todos dormían, ella no podía, así que aprovecho para seguir haciendo los deberes de navidad.

-Tomo 5 de transformaciones... transformaciones avanzadas... ¡Transformaciones para expertos!

Cogió el pesado libro con ambas manos, lo miró contenta, tenía miles de páginas. Se sentó y lo abrió, las horas pasaban lentamente, un sonoro golpe la sacó de su burbuja de tranquilidad, asomó la cabeza y miró hacia la puerta, no vio a nadie, no le dio importancia, volvió a su pesada lectura nuevamente. Unos minutos después, notó como una mano se deslizaba suavemente por su hombro y bajando hasta el comienzo de sus jóvenes senos. Miró aquella mano con ojos desorbitados, su mente tardó unos segundos en recapacitar y actuar.

-¿Pero qué demonios...?

Se levantó repentinamente, otra mano se deslizó por su cintura fuertemente. La otra ahora agarraba su mentón seductoramente haciendo que girase la cabeza levemente. Hermione estaba inmóvil, no sabía cómo reaccionar, qué hacer ni que pensar. Impulsada por algo que jamás llegaría a saber, dio un empujón a la persona que la tenía sujeta con los ojos cerrados fuertemente, tenía miedo y no sabía por qué, ella también fue empujada, chocó contra una dura estantería, un gemido de dolor salió por sus tiernos labios, se había golpeado contra la madera. Él pegó su cuerpo a la estrecha espalda de Hemrione lo suficiente como para susurrar en su oído.

-¿Qué pasa Granger?

-¡Malfoy! -gritó aterrada.

-¿Hoy no estas con tus "tres" guardaespaldas? -preguntó en un susurro, su aliento acariciaba el oído de la castaña.

-Déjame... déjame ya... - pidió con voz temblorosa.

-¿Sabes? Me molesta mucho tu "amistad" con Blaise... ¿qué hiciste para conseguirla? ¿Te metiste en su cama? lo pasaste bien, me figuro -dijo mientras acariciaba la pierna de Hermione.

Empujó aquella deseosa mano hacia abajo, pero no lo conseguía su fuerza no era suficiente, o tal vez es que en el fondo de su corazón no quería que parase. De pronto, de forma fugaz, las palabras que tiempo atrás dijo llegaron de forma dolorosa, como un frío puñal que desgarraba su alma. Aquella vez en la biblioteca, aquel maldito día que les vio se suponía que aquella debía ser ella.

-Parece ser que esta vez podré llevar a cabo mi propósito. Que pena que llegases tan pronto...

-Todo era mentira... ¡Todo!-no podía pensar mas, lagrimas transparentes comenzaron a caer silenciosamente por su rostro...

Se sentía vencida... dejó caer su cabeza sobre el hombro de Draco, ya nada le importaba. Él posó su mano sobre aquella pequeña y castaña cabeza, rió para sus adentros con odio, con rencor, un susurro escapo de sus finos labios.

-¿Por qué tienes que hacer todo tan difícil, Granger?

Hermione no hizo caso de aquellas palabras que escondían una profunda y dulce melodía.