Muchísimas gracias a todas por los maravilosos comentarios n.n

espero que la historia os siga gustando y emocionando.


Capítulo 10 Vida y Muerte

En aquel momento, Andrejf apareció en la sala común calado hasta los huesos, tenía señales de los golpes que le había proporcionado la furia de su hermano, le miró con indiferencia, Blaise y Draco se levantaron, apretando con fuerza sus puños, tanto que se tornaban en un suave rojo a causa de la rabia y la retención de la sangre.

El moreno le cogió por la pechera y comenzó a gritar quien sabe qué, le empujó, el mayor se rió, con estridencia, con cinismo.

-¿Qué demonios te crees? -preguntó Blaise-. ¿Cómo demonios eres capaz de hacerle algo así a una mujer herida?

-No me dirás hermanito… que una sangre-sucia te ha enamorado… -murmuró con tanta indiferencia que su hermano le golpeó en la cara con la fuerza de una bestia descontrolada.

Andrejf cayó al suelo, se limpió con el puño un fino hilillo de sangre que caía por su labio y rió nuevamente.

-Te estas pasando Andrejf… -avisó Draco entornando los ojos.

-Oh… dos mejores amigos, con un brillante futuro de mortifagos, ¿se han enamorado de una sangre-sucia? -dijo teatralmente.

-Y… ¿Si es así? -pregunto Blaise cabizbajo asombrando a ambos, tanto a su hermano como a su amigo de la infancia.

-Tú….Tú… -tartamudeo el rubio sin creerlo.

-Sí, yo siento algo por Hermione Granger, algo más que amistad, ahora me doy cuenta que da igual tener sangre mezclada, ella vale mucho más que todas las sangre-limpias juntas… De todas formas, mi propia familia comparte sangre con muggles.

-Hermanito hermanito hermanito… esto no acabará bien y lo sabes. Si se entera padre… ten por seguro que la matará al instante -terminó mordazmente mientras se levantaba.

-Él no lo sabrá… no se lo dirás… -avisó mientras la ira volvía a él triplicada.

Las miradas de ambos hermanos se fusionaron, se retaban. Y si aquello continuase, no terminaría bien, y los tres lo sabían… se derramaría sangre.

En aquel mismo instante, Hermione estaba en la sala común de Gryffindor, relatándole a sus amigos el "ataque" de Andrejf. Cuando finalizó de contar su pequeña aventura, Ron y Harry ya estaban apunto de salir por el retrato de la señora gorda, dispuestos a llevar a cabo su venganza personal, pues siempre habían pensado y dicho una cosa: Si atacaban a Hermione de cualquier manera, les atacan a ellos.

Y era cierto, pues una amistad como aquella compartía todo, ya fuese dolor o alegría… todo estaba vinculado, si uno de ellos sufría, lo hacían los tres.

Hermione consiguió tranquilizar a ambos muchachos, no era tiempo de venganza, si no de dolor…

-Se me había olvidado Hermy… Siento lo de tus padres… -susurró Harry junto con un tierno abrazo.

Aquella frase la hizo recordar lo ocurrido, de nuevo se sintió sola, vacía. Sin nada ni nadie… pero algo ocurrió, una luz en su mente le hizo darse cuenta de que si que tenía a alguien, unos amigos maravillosos. Los abrazó a los dos, con todas sus fuerzas, ellos la imitaron, pareciese que querían compartir su dolor… pero no podrían, nadie podría. Aquella era su carga, una carga que nadie mas podía llevar ni compartir, su destino estaba dictado, aun así, la idea de la venganza no desapareció, si no que se hizo mas fuerte pues un nuevo temor la abordó, si Voldemort acababa con la vida de sus amigos, entonces si que estaría sola definitivamente. Y aquello si que ya no lo soportaría, sin ellos si que ya no podría seguir viviendo.

Por suerte para la castaña, los familiares de los estudiantes ya se iban, no vería más a aquel rudo Zabini. Bastante tenía con su dolor como para aguantar algo como aquello.

Caminó hasta la biblioteca, debía estudiar y estudiar, mas de lo que jamás hubiera estudiado, pues si quería venganza, debía estar concienciada de cada hechizo, ya fuese el mas básico o el mas difícil de todos…

En los terrenos, los alumnos se despedían de sus familiares, unos con tristeza, otros aliviados pero con odio hacia su propia sangre…

-Cuídate hijo -dijo una mujer castaña besando la mejilla de su hijo mas joven.

-Sí, madre, lo haré.

-Blaise… -se despidió el duro padre casi sin mirarle.

-Hermano… la próxima vez que nos veamos, las cosas no serán tan agradables…

-¿A qué te refieres?

-A qué tu amiga no lo tendrá tan fácil -rió con frialdad.

-¿El qué? -Blaise estaba comenzando a enfurecerse y a ponerse de los nervios.

-¿El qué? El vivir….

-Maldito seas… como se te ocurra tocarla un pelo, te mataré yo mismo Andrejf.

-No adelantes acontecimientos hermanito, no seré yo. Tú y Draco, deberíais manteneros al margen de todo lo que esta apunto de comenzar… No quiero que dos futuros Mortifagos mueran… y mucho menos aguantar el llanto de mi madre.

Sí que era frío aquel muchacho, no le importaba el sufrimiento de su madre y mucho menos la muerte de su hermano, pero le había dado una información muy valiosa, algo estaba comenzando a moverse, el señor oscuro urdía planes, planes que se llevarían sangre, sangre inocente…

-¿Dónde esta Hermione?

-¿Dónde va a ser Ginny? En la biblioteca… -contestó su hermano exasperado.

-Estos días no sale de allí… -agregó Harry preocupado.

-Comprendedla, acaban de asesinar a sus padres… -opinó Lavender.

-Pero casi ni come…

-Harry tiene razón.

La biblioteca estaba desierta, Hermione había asentado su campamento en la mesa mas grande, que en aquellos momento era un monte de libros y libros de todas las clases, el aspecto de la muchacha era penoso, había adelgazado rápidamente, tenía aspecto enfermizo, con pequeñas ojeras bien pronunciadas, casi no dormía, casi no comía, casi no hablaba, solo estudiaba, se había obsesionado con vengarse, y no pararía hasta conseguirlo…. Se hoyó la puerta, no hizo caso, estaba demasiado ocupada en su lectura mientras memorizaba hechizos y pociones de toda clase.

Los pasos se oían claros, unos minutos después, notó una presencia tras ella, se giró y sus ojos se abrieron de par en par al encontrarse con el rubio, que la miraba estudioso de arriba abajo.

-¿Qué quieres? -preguntó de mala manera, pues aun no había olvidado el daño causado.

-Te ves mal… -murmuro él.

-¿Qué demonios te importa a ti? –exageró con un movimiento de manos-. ¿Dime, desde cuando te interesas por alguien que no seas tú?

-No sabes nada Granger, no sabes nada… ¡así que hazme el favor de callarte! -gritó.

-¿No sé nada? ¡Pues explícamelo!

-No vale la pena, no lo entenderías….

-¿No? ¡Tú eres el que no sabe nada! ¡Estoy harta, harta de todos déjame en paz!

-Granger, no lo pagues con migo

-¿Qué no lo pague contigo? ¿Qué no lo pague contigo? Por dios Malfoy, tú eres una de las personas que mas daño me han hecho, me engañaste, me utilizaste a tu antojo como un titiritero con su títere, ¿por qué? Dime… ¿Por qué? –su tono se aflojó poco a poco.

-… -no contestó, no era el momento de echar mas leña al fuego-. Solo te digo una cosa, bueno mas bien un consejo, cuídate, si sigues así vas a enfermar.

-¿Draco Malfoy preocupado por la sangre-sucia de Granger?

-Ya basta…

-¡Oh largate con Parkinson donde te de la gana, ¡pero no aquí! Hay gente que estudia -espetó ella paranoicamente.

El rubio no contuvo más su rabia y la cogió por la pechera de la camisa ferozmente levantándola de la silla, ella le gritó e intentó golpearle sin mucho éxito, ya no tenía fuerzas.

-Sueltame Malfoy.

-¡Callate Granger, estas paranoica!

-¿Y qué demonios te importa eso a ti? Suéltame te digo, maldita sea, malditos seáis, ¡Tú y Parkinson!

La miró con su típica sonrisa ladeada, estaba celosa… se notaba a leguas de distancia, los celos la corroían. Sí que había conseguido marcarla con un simple beso, un beso que recordaba tras tantos meses pasados.

-¿Celosa Granger? –preguntó maliciosamente.

-¿Yo? ¡Jamás!

-Sí, ya… se nota. Es imposible que una mujer me engañe, aunque mas bien, no es a mi a quien intentas engañar, si no a ti misma.

Ella le miró desafiante, sabía que tenía razón, pero en aquellos momentos no era importante, ni sus sentimientos ni ella misma... nada tenía importancia, solo una cosa: el estudio, su preparación para la venganza, y nadie, absolutamente nadie lo echaría a perder, mucho menos Draco Malfoy.

Le empujó, le miró con dureza… aquellos dicharacheros ojos marrones estaban ya vacíos, y el rubio se había dado cuenta, se estaba destruyendo a si misma, la precipitada muerte de sus padres la consumía, era comprensible, pero los otros 6 alumnos no estaban en aquellas condiciones. Sí, estaban mal, decaídos, lloraban aun por todos lados, pero no habían dejado de comer ni se encerraban en la biblioteca urdiendo un plan de venganza y tragando cada libro de hechizos y pociones que estaban a su alcance, lo de Hermione había ido mucho más allá.

-Que pases una buena noche… -dijo Hermione casi corriendo hacia la puerta mientras Draco la miraba.

Ella sentía como las cosas le iban de mal en peor, como su cabeza explotaba a causa de tantas sensaciones y sentimientos distintos que se unían en un torbellino destructor… Sin saber cómo, apareció en los ya oscuros terrenos, la brisa era suave, casi primaveral, a duras penas, los brotes de las flores creían lentamente, se agachó y cogió un capullo rosado, lo estrecho entre sus manos, como le gustaría ser como una florecilla, sin preocupaciones, siempre bajo el cielo azul, sin sentimientos, rencores ni dolor.

-Maldita sea… maldita sea… -susurraba aplastando la florecilla que parecía no sufrir.

La luna era llena, iluminaba todo bajo ella, las estrellas se veían claras, caían fugaces como lagrimas, como si el cielo llorase sobre ella, triste como su mortal espíritu. Su cuerpo no quería aguantar más, pero aun no podía morir aunque quisiese, no sin intentar una venganza justa, una venganza que se llevaría mucha sangre, y la castaña de Gryffindor no podría imaginar jamás cuanta… demasiada…

Pero así era la vida, y ella lo admitía, si había nacido para afrontar un destino de dolor, aguantaría hasta que su momento llegase al fin para darla tranquilidad y felicidad.

El cielo pareció ennegrecerse por momentos haciendo que la muchacha alzase la vista, miro las estrellas que desaparecían con una rapidez que la hizo estremecerse, no sabia por qué, pero en su interior notaba que algo no andaba bien… Algo comenzaba a moverse, más cerca de ella estaba ocurriendo algo.

En las entrañas del bosque oscuro un gentío se había agolpado en un circulo muy estrecho, sus brazos quedaban pegados, si se hubiesen encontrado alrededor de alguien, un enemigo tal vez, este no habría tenido oportunidad de salir de allí. Pero aquel no era el caso, pues era su señor y no otro el que ocupaba del centro del claro y de los agolpados subordinados.

-Espero que todos estéis preparados para lo que se avecina esta noche… -susurró.

Los estamos mi señor…-respondió un joven muchacho que no tendría mas de 21 años-. Tan solo esperamos que de la orden para atacar el castillo…

-No nos precipitemos… me a costado mucho tiempo… idear este plan y no quiero que algun gandul de vosotros me lo estropee… esta vez, Potter debe morir como sea, y con él todos los sangre sucias, al viejo loco, y a los que no estén a mis pies… -rió.

Aunque el cielo estuviese cubierto por una fina capa de oscuras nubes. La luna llena seguía siendo igual de hermosa… marcaba las doce de la noche mas o menos según Hermione, tiró la ya aplastada florecilla al suelo y puso rumbo hacia el castillo, aquella noche se le haría mas larga de lo que ella imaginaba, pues no tenia bastante con su enorme y profunda depresión, que pronto, el mago más oscuro de todos, irrumpiría en la tranquilidad de la noche que reinaba fielmente el castillo para poner a todos en alerta, sobre todo a Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger, sin contar al resto del ED. Grupo que ellos habían creado, entrenado y puesto apunto para una situación como la que pronto se avecinaría.

La muchacha llegó a su sala común, no hizo caso de los que allí se encontraban, necesitaba abrigarse en la soledad de su cuarto individual, mirar por la ventana la tormenta que parecía avecinarse, sentir la brisa pura de la noche contra su rostro, como si la renovase nuevamente y dejando que la frescura de ella, se llevase el peso que tenia en su joven corazón. Con un atismo de esperanza, solo esperó que aquella carga disminuyera un poco.

Allí apoyada, miraba en el vacío de los terrenos que cubrían todo el castillo. La oscuridad engullía todo a su paso, pero ya nada le importaba, sabia que tenia unos amigos maravillosos y que jamás encontraría otros iguales, pero sentía que algo le faltaba, necesitaba sentirse necesitada, querida… pero no el tipo de amor que sus amigos la daban, un amor más allá de todo lo comprensible.

Por desgracia, para la adolescente, en su pequeño y bondadoso corazón, no había sitio más que para una persona desde hacia muchos meses… Pero el dolor aumentaba cuando pensaba en ello, pues aquel sentimiento que guardaba con recelo, había sido infundado por una mentira, un engaño, una risa…

-Maldita sea… -se quejó dándole un golpe a la piedra que rodeaba el ventanal de colores claros.

Volvió a mirar en la inmensidad de los terrenos, entorno los ojos, pues algo había llamado su atención… Un grupo de personas se acercaban al castillo, no las distinguía bien, pero le parecía extraño que anduvieran todos allí a esas horas… además, para estar tan lejos, estaban bastante creciditos…

Y es que, en realidad, nada podía engañar a la astuta, juvenil y perspicaz mente de Hermione Granger.

Su corazón se aceleró sin previo aviso, cuando una idea surco navegando por su cabeza… ¿Y si eran Mortifagos? Aquello llevaría al hecho de que Voldemort también estaría… y una fina y macabra sonrisa llena de valor asomó por sus jugosos labios. Su rostro se tornó como el de una leona apunto de atacar a su presa, y aunque en el fondo de su corazón sabría que ella jamás vencería a Voldemort, no le importaba, si debía morir, seria luchando, rememorando a sus padres, y sobre todo, dándoles venganza… Sin saber por qué ni cómo, su cuerpo se movió solo, se adentró en el baño con rapidez y agilidad felina. Se desnudó y entró en la ducha… una ducha de agua helada como la del polo norte que le rejuvenecía por segundos, devolviendo una vitalidad que había perdido las ultimas semanas por la falta de alimento. Salió envuelta en la toalla, sin tiritar, abrió su baúl, en el, había un traje negro y ajustado, lo que le daría más agilidad para sus movimientos, se recogió el pelo rápidamente en un perfecto moño del que escapaban varios mechones, la favorecía notablemente, terminó por poner sobre sus hombros, una capucha del mismo color. Aquella noche, Hermione Granger dejaba de ser una niña para dar uno de los pasos más importantes hacia la madurez.