Capítulo 15 Batalla y Rebeldía
Harry y Ron miraron estupefactos la entrada de su mejor amiga con Draco Malfoy… ¿seria una visión?...
Ambos debían separarse para ir cada uno a su mesa, la de Slytherin estaba casi vacía, el rubio se sentó donde siempre, mirando con ojos perdidos el asiento que estaba a su lado, el que Blaise usaba, ya no le haría mas bromas, ni le regañaría por hacer daño a Hermione… aun que aquello último jamás volvería a ocurrir,
-Hermione… ¿quieres explicarnos? -dijo Harry entrecortadamente.
-Simplemente no hay nada que explicar.
-Si tú lo dices… -murmuró Ron de forma seria.
-No, al menos por el momento no. Esperad un tiempo, debo poner mi vida en orden… me han pasado muchas cosas…
-Lo entendemos… -la compadeció Harry dándola unas suaves y cariñosas palmaditas en la espalda haciendo que sonriera con tristeza.
-Maldito Potter… -dijo Draco en un celoso susurro.
Cuando ya estaban todos, Dumbeldore se levantó de su imponente silla en el centro de la mesa de profesores para decir unas palabras.
-Anoche, un terrible suceso se desato en Howarts, Lord Voldemort se alzó en guerra contra la escuela y todo el mundo mágico. Por desgracia, eligió Howarts como su primero y principal objetivo… Todos lo visteis, incluso muchos luchasteis. Me enorgullezco de todos, pero no hemos de olvidar a los compañeros que cayeron en las frías garras de la muerte… -sus ojos se volvieron cristalinos, y un pequeño deje en su voz se noto claramente-. Hufflepuf perdió a 7 de los suyos. Ravenclow a 4. Slytherin a uno… -aquí, su mirada paso por una milésima de segundo desde Draco, hasta Hermione-.Y Gryffindor a 3. Todos ellos lucharon con valentía, por lo que no debemos olvidarles jamás, derramar lágrimas en sus recuerdos no desvanecerá la oscuridad que se cierne sobre nuestros corazones, que aclaman venganza a toda costa… Debemos arrancar con garras de plata pura los malos momentos, debemos unirnos una vez mas. Pues hay, está el secreto de la victoria, la alianza…
Varios murmullos se alzaron en el gran comedor, las palabras les habían dado gran valentía a todos, las muchachas que no habían parado de llorar, mostraban ahora un rostro esperanzado con ojos brillantes que miraban un futuro hermoso para todos ellos.
-Por seguridad, se ha cedido a que los padres que quieran, se lleven a sus hijos. No os preocupéis -añadió al ver las caras de sus alumnos –Howarts no cerrará, pero tal vez, en estos malos tiempos, vuestras familias deseen teneros con ellos… Los de 7 curso son mayores de edad ya. Por lo que se les dará opciones mas complicadas… Permanecer en Howarts y defenderlo contra Voldemort, ayudar al mundo mágico contra los Mortifagos, o Luchar en una última batalla que el mundo mágico prepara como último recurso contra nuestro enemigo común… Yo estoy en contra de esta última opción, pues la violencia no resolverá nada… También es cierto, que de otra manera será más difícil… En vuestras manos estará el futuro de todos… Antes de que se me olvide, cierto grupo de alumnos que se hicieron llamar ED, también tendrán estas tres opciones extras, pues ellos fueron los que mas protegieron la escuela. Si tienen el permiso de sus padres, podrán optar por cualquiera de las opciones, pero decidid todos con cuidado, no habrá vuelta atrás para nadie…
Los alumnos hablaban entre ellos acerca de lo que harían, los que pertenecieron al ED se miraban entre ellos con miradas fijas y fuertes… en ellas se veía la respuesta, ninguno se echaría atrás, lucharían juntos una vez más…
-Lucharemos… -susurraron los tres amigos al unisono.
Aquello ocasiono unas pequeñas risotadas realmente estaban compenetrados… Hermione dirigió sus ojos hacia Draco, les observaba con seriedad. De repente, una duda apareció en la suspicad mente de la castaña mas inteligente… ¿Qué haria Draco? Él debía convertirse junto con Blaise en mortifago… tenia miedo, ¿si la dejaba? ¿Ahora que se había arreglado el malentendido?
Para asombro de todos los que alli se encontraban, el rubio se levanto repentinamente y camino con paso firme hasta la mesa de Gryffindor, una vez allí, golpeo fuertemente la mesa en el hueco que había entre Hermione y Harry, miró a este último con fuerza, imponentemente, con cierto odio.
-Quiero…
-¿Qué? -preguntó Ron de mals manera, pues aunque su mejor amiga estuviera enamorada de él, los rencores pasados jamás desaparecerían…
-¡Quiero pertenecer a ese maldito ED!-terminó el rubio frunciendo el entrecejo.
Todos los presentes le miraban, los pocos Slytherin que allí se encontraban estaban con la boca abierta de par en par, ¿Draco Malfoy quería pertenecer al ED? Sin duda ya, el mundo se había vuelto loco, estaba lleno de caos.
-Draco… -susurró Hermione más sorprendida.
-¿Qué tú qué? -preguntó Harry ensimismado.
-Eso, que quiero entrar…
La castaña sonrió y le abrazó rápidamente. Era maravilloso, pues de aquella manera, demostraba que estaba renegando de los Mortifagos y de Lord Voldemort.
Dumbeldore miraba la escena con una sonrisa franca, nuevamente, se levantó de su asiento y alzó una mano.
-El ED tiene un nuevo y poderoso integrante, Draco Malfoy.
Ya estaba todo hecho y dicho, nadie se podría oponer a las palabras del director, desde aquel momento, Draco Malfoy pertenecía al ED.
-Estoy tan contenta… -le decía Hermione.
-Tendré que aguantar a San Potter y al Pobretón de Weasley, pero así podró protegerte….
-Jamás me habría esperado esto de ti.
-Ni yo.
Caminaron cogidos de la mano nuevamente hacia la Biblioteca, en busca de algo que pudiese ayudarles en su cruzada contra el señor oscuro.
Para aquel momento, Pansy ya le había mandado una lechuza a Lucius Malfoy comunicándole lo ocurrido.
-Maldito niño….Voy a tener que darle un buen escarmiento…
-Pero Lucius…-susurraba Narcisa con ojos llorosos.
-¿Qué? ¡Maldita mujer, no me dirás que estás de acuerdo en que MI hijo sea un traidor!
-¡También es mi hijo!
-Cállate! - gritó dándola un fuerte tortazo pagando su mal genio con ella.
-Solo me casé contigo por una cosa… para que me dieses un hijo, no has servido ni para eso….toda la culpa es tuya.
-¿Qué? ¡No es cierto! ¡No es cierto!
Los ojos de Lucius se ensombrecieron mas, la ira que sentía en aquellos momento no tenia fin, se dudaba que alguien hubiera podido sentir tanto odio, frustración e ira… se había vuelto tremendamente peligroso.
-Os mataré a los dos… A ti y a tu querido hijo… no dejaré que influyáis entre mí y el señor oscuro…
-¿Lucius? ¡No!
Mientras los dos jóvenes buscaban en la biblioteca, hablaban de todo lo que les había ocurrida hasta ese instante. Y decidieron que no desaprovecharían cada minuto que pasaran era tan extraño… ¿Pues quien le iba a decir años atrás que las cosas acabarían de aquella manera?
Draco Malfoy y Hermione Granger juntos… caminando dados de la mano, sin que por sus labios rozaran frases como: Maldito hurón o asquerosa Sangre-sucia…
Se miraron y estallaron en una carcajada llena de pura diversión, aquello era lo que les hacia falta… No sabían como habían perdido siete malditos años de sus vidas odiándose, pero ya daba igual, ahora ya estaban juntos, se tenían el uno al otro. Tenían mucha suerte, pues las desgracias aun, estaban por comenzar…
Dejaron el trabajo para bajar al gran comedor, llevaban mucho tiempo leyendo y leyendo toda clase de libros, mientras caminaban por los corredores hacia el gran comedor…
-Hermione, creo que conozco un lugar en el que podríamos encontrar algún buen libro… -coment¡No es cierto! el rubio pensativo.
-¿Sí? ¿Cual?
-En la sala de los menesteres.
La muchacha le miró con una mezcla de intriga y confusión, ¿En qué estaría pensando? Su imaginación comenzaba a volar intentando buscar una respuesta a sus dudas…
Se separaron para ir cada uno a su mesa, los estudiantes estaban revueltos, muchos habían recibido lechuzas urgentes de sus padres para que volvieran a casa de inmediato, unos estaban contentos, otros no tanto… pues querían quedarse y luchar. Unos cuantos con suerte, como los Weasley, les dieron permiso para deicir, aunque Molly no estaba de acuerdo en que su pequeña Ginny luchase, pero no podía hacer nada… sabia que en Howarts estaría mucho mas segura que en la madriguera.
Cuando ya habían comido suficiente, los alumnos se iban dispersando para ir a su sala común a terminar de recoger sus cosas.
-Draco Malfoy… -le llamó Dumbeldore con voz serena y tranquila.
El muchacho fijó sus ojos grises en el anciano director, un mal presentimiento le invadió por completo.
Hermione miró preocupada, ¿Qué ocurría? Era muy raro que Dumbeldore llamara a un alumno tras la cena.
-Hermione Granger, puedes venir tú también… será lo mejor.
Ambos caminaron hacia el director mientras los que quedaban en el gran comedor les miraban con curiosidad mal disimulada. Entraron en la salita en la que meses atrás, Hermione había sabido acerca del asesinato de sus padres.
-¿Qué ocurre? -preguntó Draco.
Ambos estaban de pie mirando a Dumbeldore, que se encontraba frente a una enorme cristalera que mostraba una hermosa escena de dos Ángeles de alas negras que se abrazaban fuertemente, sus rostros, los mas hermosos jamás vistos, sonreían llenos de paz, como si no les importase perderse por siempre… como si todo diese igual mientras aquel abrazo jamás fuese destruido.
Hermione miraba la escena y pensaba, pensaba en que le gustaría acabar de aquella manera, junto a uno de los seres que más amaba, junto a quien la protegería… ella deslizo una suave mano para enlazarla con la de él, ninguno movió su mirada un milímetro, pero ella sonrió al notar que la cogía fuertemente, al notar que no la rechazaba. Y es que siempre existía aquel temor… el temor del rechazo, de otro corazón roto… de otro oscuro tiempo… pero no, aquello no volvería a ocurrir jamás, estarían juntos por siempre… como aquellos dos Ángeles caídos de la cristalera.
-¿Qué ocurre? -volvió a preguntar Draco con el semblante serio y ligeramente contraído. Pues en el fondo de su corazón se sentía adivino, adivino de la desesperación que estaba apunto de envolverle.
-Draco Malfoy… -comenzó el director con una ligera vibración en su voz, tan ligera, que casi el oído de un gato podría percibir levemente-. Me ha llegado una carta del ministerio…
El muchacho miraba sin parpadear casi, su rostro seguía con la misma expresión de hacia unos segundos, no había cambiado lo mas mínimo, Hermione le miraba confusa, intentando adivinar lo que el sentía.
-En la carta me han comunicado… que tu madre, Narcisa Malfoy… -parecía que le costase decirlo- nos ha dejado hará unas escasas horas.
El ya de por si pálido rostro de Draco, parecía empalidecerse aun más por segundos, lo sabia, lo sabia desde el principio, y estaba seguro de saber quien había sido el causante, aparte de el mismo…
-¿Ha sido mi padre cierto? -preguntó con voz trémula.
-Sí -terminó el director girándose para mirar al muchacho, que apretaba con fuerza la mano de Hermione.
Ya solo le quedaba ella… una de las mujeres que mas había amado, la única antes de Hermione había muerto, no, no había muerto… había sido asesinada por su padre el hombre frío, cruel y sin corazón al que su madre amaba…
-Lo mataré. Me vengaré…
Dumbeldore miraba apenado, pues en lo mas profundo de su alma tenia un temor, que aquella luz que la Gryffindor le había mostrado desapareciese para volver a hundirlo en lo mas profundo de la oscuridad, y seguro estaba de que ya no tendría salida de aquel nefasto destino…
-Draco… -murmuro Hermione. Sus ojos brillaban llenos de frustración por aquel momento, se sentía impotente, no podía hacer nada más que consolárle, odiaba sentirse de aquella manera.
Draco la miró con ojos vacíos, hermosos pero sin vida… como si se perdiese en si mismo, como si aquella oscuridad de la que Dumbeldore temía le intentase alcanzar en una carrera desesperada…
-Será mejor que ambos valláis a descansar… -terminó Dumbeldore con una sincera sonrisa mientras abandonaba la estancia.
Como la alta torre impactada por el rayo, el rubio termino por derrumbarse mientras se abalanzaba sobre Hermione, rodeándola con sus brazos, temeroso de que ella también le dejase solo.
-No pasa nada… yo estoy aquí… siempre estaré… -decía ella entrecortadamente mientras le acariciaba el cabello.
-Hermione… no me dejes…
-No lo haré… siempre estaré a tu lado…
-No mueras… no mueras sin mi.
-No lo hare… si tu mueres, yo muero -agregó con fuerza, como si aquella palabra les uniese aun mas.
-Y si tu mueres, yo lo también lo haré… -terminó él mirándola con franqueza mientras su rostro era adornado por una sincera y melancólica sonrisa.
-Prometido…
