Varios días más tarde.

Ecuador entra en una cocina escapando de Perú, que ingresa después de él cerrando la puerta- Vamos Francisco, no me digas que aun sigues enojado.

Jum. Es lo único que responde y le da la espalda. Miguel avanza y se pone en frente; pero el ecuatoriano se da vuelta.

¡OH!. Aprieta los puños y patea el piso- No seas así. Hace días que me evitas, ya estoy hartando… -Se cruza de brazos y lo mira. Al parecer, al chico no le importa tenerlo en abstinencia- ¡Ah! Vamos, solo quería ver su cara. Y como si no fuera verdad.

¡Exacto! -Finalmente da la cara- Es nuestra intimidad y no tienes por qué estar diciéndosela al mundo ¿Crees que me siento muy cómodo con que Manu lo sepa?

Bueno, no debí decirle eso. Lo siento –Dice con ojitos grandes- ¿Me perdonas?

Francisco lo mira. Maldito manipulador- Sí, te perdono –Miguel se lanza a abrazarlo y se cuelga de su cuello- No lo vuelvas a hacer.

Nop -Toma su cara y frota sus mejillas- Ahora, dame un besito

No –Coge una silla y se sienta- Estas castigado.

Perú no se lo cree. De acuerdo, es cierto, no tiene por qué publicar su vida de pareja; pero tampoco es para que se enoje tanto. Lo tiene esperando por un poco de atención cerca de una semana y no aguanta tanto sin él. Mira a todos lados buscando inspiración y se encuentra con algo que puede servirle.

Francisco se sorprende cuándo Miguel se sienta frente a él comiendo un plátano ¡Vaya ironía! Observa con el ceño fruncido como las manos del peruano lo abren lentamente y luego lo introduce a su boca; entonces aparta la mirada levemente sonrojado ¡¿Qué está haciendo?!. Su vista vuelve al chico y, contra todas sus fuerzas de voluntad, se queda fija en él. Esa expresión en su rostro y esa pequeña boquita comiendo son tan

¡AH! ¡Maldito!

Intenta seducirlo con todo ese show, y lo peor es que lo está consiguiendo. Muerde su labio inferior y aprieta sus dedos en el cojín de la silla, como si así evitara lanzársele encima.

¿Qué pasa? –Pregunta con la fruta tocando sus labios. ¡UHM! ¡Como si no supieras! Piensa. ¡Ya! Es mucho para él. Miguel lo consiguió, no importa si sus hermanos están afuera o que esa casa no es de ninguno de los dos: quiere hacerlo.

Bueno -Suelta la silla y pone sus manos sobre la mesa- Creo que es mucho castigo y ya entendiste ¿Verdad?

Perú sonríe triunfante y se levanta; pero antes que el otro lo haga más latinos entran en la cocina- Ah, así que aquí estaban –Comenta Venezuela.

Uh, me dio hambre ¿Dónde hay más? –Le pregunta Itzel a Miguel- Aquí, Toma –Luciano reparte plátanos al resto y todos comienzan a comer- Uhm está rico… es tan dulce...

¿Eh? –Migue ve que la cara de Francisco se va poniendo cada vez más y más roja y sus ojos se van abriendo Esto no es bueno... No es nada bueno.

Que estaba rica el agua –Manuel entra chorreando en la casa y frotando su cabello con una toalla para secarlo- Se pasó la piscina Lucio ¿Eh? –Ve en un rincón a alguien. Francisco está en posición fetal balanceándose atrás y adelante, y al verlo lo apunta.

¡Todo esto es culpa tuya! – Le grita y lanza lo primero que encuentra

¡AH! -Manuel trata de esquivarlo pero le da de lleno en la cabeza.

Y así es como Ecuador nunca volvió a ver los plátanos de la misma forma…

¡Y yo tampoco! Ahora por culpa de Iris no volveré a comer plátano tranquila. Cada vez que me pasan uno, una sonrisa estúpida se va formando en mi cara y no puedo quitarla

¡AH! Te odio hermana ¬¬ todo es culpa tuya…