¡Otro!... ¡Otro!... jajaja, lo confieso, estoy subiendo los capitulos más rápido de lo que los escribo :S... lo admito, ¡tengo un bloqueo mental!... en parte por culpa de una exposición que se me ha pospuesto toda la semana, y en otra parte porque tengo un examen el viernes... pero ¿acaso he estudiado algo?... ¡nop! Ahorita estoy muy tranquilita, pero mañana y pasado me voy a estar tirando de los pelos.
De nuevo gracias por tus reviews Anfitrite, y cuidado con lo que te llevas a la boca mientras lees, ¡no quiero perder a tan fiel lectora jijiji XD!
¡Ah, sí... por poco lo olvido! Los personajes de Twilight no me pertenecen, sólo Mina y la trama.
Ahora sí, sin más preambulos... ¡el capítulo!...
*Nota:
-diálogos
-"mensajes telepáticos"
-susurros a velocidad vampírica
"Soprano"
By Ninie
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El rubio que estaba con la vampira menudita, se acercó tocando el hombro de Jane. Sentí una inexplicable onda tranquilizadora, el caos de mis pensamientos desapareció, me sentí relajada, muy relajada, ¡peligrosamente relajada!... los parpados me pesaban demasiado y mis ojos se cerraban mientras a lo lejos escuchaba esa hermosa y aterciopelada voz, diciendo: - "¡Imbécil, se te ha ido la mano!"
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Capítulo 4. Los Cullen.
Mi audición volvía a agudizarse, estaba consciente de nuevo pero mantuve los ojos cerrados mientras intentaba desperezarme. Capté la voz de mi hermana, pero se escuchaba un poco lejana y provenía de un lugar inferior, supuse que me encontraba en un segundo o tercer piso, más o menos. La superficie bajo mi cuerpo era blanda y suave, sí, era una cama... ¿habíamos vuelto al hotel?... no, no se sentía como las camas del hotel, era tan cómoda como la mía... «¡Oh, amada camita, como te extrañé!». Me removí un poco, estaba feliz de haber vuelto a casa, suspiré aliviada... ¿De quién era ese aroma?
Abrí los ojos de pronto, me sorprendí... ¡no había dosel! Me enderecé rápidamente hasta quedar sentada, recorrí con la vista la espaciosa habitación iluminada solamente por la luz del exterior... ¡ya había amanecido! La pared al frente era totalmente de vidrio y mostraba la fantástica vista de un río atravesando el extenso bosque allá afuera. Las otras paredes estaban tapizadas de tela oscura, al lado derecho estaba cubierto de discos de música y un sofisticado equipo de sonido en la esquina, así como dos puertas. A la izquierda había un amplio sofá de cuero en color negro y una tercera puerta. La alfombra era de tonos dorados. «Conclusión: ¡no se donde chingados estoy!... Recapitulemos, discutí con Jane; me quiso atacar; falló; atacó a Heidi (¡pinche enana!); la detuve; me atacó; la encerré en un escudo; me asusté, desesperé y no supe como ayudarla; empecé a sentir mucha calma... ¡ah!, pero antes, ¡escuché la voz masculina más encantadora que haya escuchado jamás!... entonces sí, empecé a calmarme, me sentí cada vez más y más apacible y relajada hasta que... ¡despierto en este lugar!». Eso no ayudaba mucho, seguía en las mismas... y ese peculiar aroma me embriagaba.
-¡Ow! – me lamenté muy bajito.
Aún así, escuché una serie de pasos apresurados acercándose a la velocidad propia de un vampiro... o cuatro en este caso. Un segundo después la puerta de la izquierda se abría y por ella entraban Heidi, Felix, el vampiro rubio y la vampira de mirada cálida y bondadosa, quien me miraba con especial interés al tiempo que se acercaba.
-¿Cómo te sientes, Mina? – me preguntó con tanta dulzura y familiaridad que me hizo sentir como si estuviera frente a papá o uno de los tíos.
-E-e-este... ¡bien, gracias! – respondí aún aturdida por la mirada de la mujer. - ¿Qué me pasó? – pregunté mientras me las arreglaba para salir de entre las sábanas, al parecer había dormido a mis anchas, tal como en casa y había terminado hecha un tamal humano... ¡corrijo!, "semihumano".
-Lamentamos mucho el incidente, Mina... – habló el rubio. La mujer me ayudaba a salir de mi "capullo" – Jasper sólo pretendía calmar los ánimos de Jane, no sabíamos que eras empática y te afectó el doble que a ella. - «Eeeeee...» mi mente estaba algo trabada, trataba de procesar lo que había dicho, pero me estaba costando un poco... ¡todo por mi maldita costumbre de evitar pensar! Finalmente empecé a comprender un poco de lo que decía.
-¿Soy empática? – pregunté sorprendida.
-¿No lo habías notado?... ¡Vaya que eres distraída, hermanita! – habló Heidi. – Por cierto, adivina quienes son... – hizo un ademán con la mano hacia los dos extraños, los observé detenidamente... «¡ni idea!».
-¡Es un verdadero honor conocer a la hija de Marcus! – habló el vampiro rubio. – Mi nombre es Carlisle...
-¡¿Carlisle Cullen?! – interrumpí ató hombre asintió sonriente. - ¡Pero qué dice, si el honor es todo mío!... No se imagina cuanto tiempo he deseado conocerlo.
-Heidi amablemente nos ha hablado un poco de ti. – dijo la vampira de cabellos caramelo. Me volví hacia ella, entonces Carlisle habló.
-Ella es mi esposa, Esme. – dijo con adoración.
-¡Esme!... ¡Encantada de conocerla! – la abracé y deposité un beso en su mejilla, la mujer parecía algo sorprendida. Carlisle sonrió.
-¡Definitivamente no saliste a tu padre! – comentó divertido.
-¿Por qué siempre me dicen eso? – hice un mohín, los cuatro rieron.
Se oyó el sonido de nudillos llamando muy suavemente a la puerta. Y al otro lado una vocecita cantarina preguntó - ¿Se puede?
-¡Adelante, hijos! – respondió Esme. La puerta volvió a abrirse y entraron otros cuatro vampiros. «¿Hijos?... ¿Esos cuatro?... ¿No están algo creciditos?».
-¡MIIIINAAAAA! – la diminuta vampiresa de cabellos alborotados se abalanzó hacia mí en un efusivo abrazo.
-¡HOLAAA... TÚ! – quise corresponder igual de efusiva, pero a ultimo momento recordé que no sabía su nombre. Ella sonrió aparentemente divertida.
-¡Soy Alice! – se presentó.
-¡HOLAAA, ALICE! – corregí, pero me sentí algo estúpida.
-¡ELLAAAA! – el risueño fortachón se apareció de pronto frente a mí y me levantó en el aire con un sofocante abrazo que por poco y escupo los pulmones.
-¡EMMETT! – gruñó la rubia, entre dientes, detrás de él. Me topé con sus penetrantes ojos dorados por encima del hombro del titán.
-¡Sé más delicado, cariño! – observó Esme, preocupada, pero sin dejar de sonar dulce. - ¡Y su nombre es Mina! – el corpulento me bajó.
-¡Ella te llamó Fiorella! – señaló a Heidi, mirándome fijamente a los ojos.
-Es mi segundo nombre - asentí – pero casi nadie lo usa.
-¡Pues yo te llamaré "Ella"! – afirmó en un tono que no admitía réplicas, yo solo me encogí de hombros resignada. - ¡Bien, Ella!... te presento a mi encantadora, maravillosa, sexi, despampanante, fogosa... – la rubia puso los ojos en blanco, con mi vista periférica noté que el resto de los presentes hacía lo mismo.
-Rosalie, – interrumpió la rubia, mientras Emmett continuaba con una interminable lista de cualidades. Me tendió su mano, y yo la estreché sin titubeos, no quería que volviera a mirarme con antipatía si la ofendía. – su esposa. – indicó con moviendo la cabeza hacia Emmett.
-¡Mucho gusto, Rosalie! – «¡Oh! ¡Por eso gruñó cuando le sonreí!».
-¡Y él... – Alice tiró de la mano del rubio que la acompañaba y lo llevó hasta mí – es mi esposo Jasper!
-¡Gusto en conocerte, Mina! – saludó el rubio, un poco apenado - ¡Lamento lo que pasó afuera!
-¡El gusto es mío! – respondí – y olvídalo... espera, ¡no!, mejor no lo olvides, por que ahora te debo una... ¡hace días que no dormía tan bien!... ¡Extraño mucho mi camita... por unos momentos creí que había vuelto a ella! Pero cuando desperté me sentí desubicada, no se parece nada a mi recámara, aunque no está nada mal... – agregué cuando volví a captar esa dulce esencia - ¿Es tuya? – pregunté a Alice, intentando reconocer el aroma disimuladamente, pero no era el suyo. Ella sonrió y negó de inmediato. Los demás soltaron unas leves risitas.
-¡Es de Edward! – respondió. Miré alrededor haciendo memoria «Carlisle, Esme, Alice, Emmett, Rosalie, Jasper... ningún Edward hasta ahora» - ¡Él... tuvo que salir! – noté un poco de inseguridad en el tono de Alice, además de su expresión... «¡Momento!... falta el guapo de cabello cobrizo, ¿Ese es Edward?... ¡Oh, por todos los cielos! ¿Estuve durmiendo en su... en su... en su c-c-cama?... ¡Y qué bien huele el desgraciado!»
-¡Mina, ¿Qué te pasa?!
-Nada, Heidi... ¿Por qué?
-¡Porque empiezas a híper-ventilar! – «¡Ups! ¡Tiene razón!» me miraba escéptica y con una sonrisita burlona en el rostro. Curiosamente, Jasper me miraba de la misma forma que mi hermana.
-¡Es la emoción de conocer al doctor Cullen y su encantadora familia! – mentí a medias intentando respirar correctamente. Esme se acercó y deslizó un brazo sobre mis hombros.
-¡¿No es un encanto esta niña?! – dijo a su esposo. Carlisle me sonrió y asintió.
Heidi sonreía al igual que los demás, pero pude ver en sus ojos que no me había creído del todo, por muy buena mentirosa que fuera, ella me conocía demasiado bien como para engañarla.
-¡Ven conmigo, Mina! – pidió Esme, encaminándome a la puerta. – Te preparé el desayuno.
-¡Oh, no debió molestarse! – me sentí muy apenada.
-¡No es ninguna molestia, Mina! ¡Me hace muy feliz tenerte aquí! - «¿Y eso por qué? ¡Acaba de conocerme!», Esme me veía de una manera que nunca había experimentado, en cierta forma me sentía... ¿querida?... No sé lo que era, pero estar junto a esa vampira también me hacía feliz.
Hasta aquí el capítulo 4... me voy porque necesito dormir, mañanda tengo que exponer, pasado mañana tengo examen y necesito preparar otra exposición para el lunes... ¡MI CABEZA DA VUELTAS! (metafóricamente hablando... ¡no necesito un exorsista...un psiquiatra tal vez, pero nada más jajaja!)
¡Nos leemos pronto!
Besos, Ninie.
