Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephanie Meyer (a mi solo me pertenece Mina, y la historia está narrada desde su punto de vista).


*Nota:

-diálogos

-"mensajes telepáticos"

-susurros a velocidad vampírica

-cantando

"Soprano"

By Ninie

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-"¿Mina?" – Seth me llamó, había tristeza en su voz (mental), me detuve sin mirar a atrás.

-¡Fue un placer conocerte, Seth! ¡Me has caído muy bien!... "¡Y no entiendo cómo puedes ser amigo de ese "limón"!" – concluí telepáticamente y me alejé tan rápido como me daban las piernas.

Seguí el efluvio de mis compañeros, me llevó hasta el área donde Alice ayudaba a Heidi a cazar un alce. Me senté a esperar a que terminaran mientras seguía rumiando mi furia internamente, después del encuentro con Edw... ¡ese!

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Capítulo 7. ¿Mina Volturi asustada?... ¡Ya quisieran!

-¿Se puede saber que te tiene de tan mal humor? – Jasper estaba a mi lado, no me di cuenta en que momento se había sentado. – ¡Casi me retracto de sentarme! – bromeó.

-Tu hermano. – respondí con la vista aún fija en el tronco de un árbol, deseando poder prenderle fuego con la mirada.

-¿Emmett? ¿Qué hizo?

-No, Edward.

-¿Te hizo algo? – me tomó por los hombros y me hizo volverme hacia él, examinándome como si estuviera contando mis extremidades por si me faltaba alguna. No pude evitar enarcar una ceja.

-¡Me gritó!... – Jasper parecía extrañado... aliviado y extrañado – Estaba esperándolos – empecé a explicar – conocí a Seth, conversaba con él cuando tu "dulce hermanito" llegó, me preguntó qué hacía ahí, le respondí, dijo que no debería estar ahí sola y que me fuera... ¡È UN MALEDETTO GROCERO!!

-¡Lamento que hayas pasado por esto, Mina! Edward regularmente no es así... es solo que últimamente está algo sensible...

-¡No me vengas con que tiene SPM... que eso es imposible por dos obvias razones! – el rubio soltó una carcajada.

-¿Qué es tan gracioso? – inquirió Felix.

-¡Cuenten el chiste! – pidió Emmett.

-¡Imagina a Edward con SPM! – dijo Jasper a su hermano, el corpulento soltó una risotada justo cuando Alice volvía con una sonriente Heidi a su lado.

-¿Hubo suerte? – pregunté.

-¡No estuvo tan mal! – respondió mi hermana, aunque no muy satisfecha... lo suyo, lo suyo, era cazar humanos.

Regresamos a su casa y una vez ahí nos despedimos de Esme y Rosalie para volver a nuestra suite en Seattle. Antes de marcharnos, Esme nos ofreció amablemente quedarnos en una cabaña que había construido recientemente, cercana a la mansión.

No estábamos muy seguros de aceptar su ofrecimiento, la mayoría de los ataques habían sucedido en Seattle, pero tomando en cuenta que el blanco de la vampira era la humana que, por cierto, ahora habitaba en La Push, parecía más factible quedarnos cerca. Pero, estar cerca del insufrible hermanito de los Cullen no era algo que me motivara mucho. Mas sin embargo, esa noche volvimos al hotel y al día siguiente por la tarde volvimos para instalarnos en la cabaña de Esme.

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Cuando llegamos a la mansión blanca la duende y su esposo ya nos esperaban en la entrada. Poco después salieron Rosalie y Emmett. Apenas verme, la rubia me arrastró al interior de la casa. Esme y Carlisle no se encontraban ahí, me explicó que seguían en la cabaña, preparándola para nosotros (en realidad la cabaña ya estaba lista para ser ocupada, pero Esme era muy quisquillosa con los detalles y le gustaba tener todo per-fec-to).

Rosalie me condujo hasta la cocina, donde la gentil Esme, había dejado comida preparada para mí. Me incomodaba un poco que se tomaran tantas molestias, y más para conmigo; pero no podía permitirme hacerles ningún desplante... ¡y menos con lo bien que cocina Esme!

Alice y Jasper entraron cuando me sentaba a la mesa; Emmett había acompañado a Heidi y Felix para mostrarles el camino a la cabaña. El rubio se sentó a mi lado de espaldas a la puerta, en tanto que su esposa, junto con Rose, se dedicaba a arrimarme tanta comida como encontraban en las sartenes que había dejado su madre.

Después de un segundo plato me sentía más que satisfecha. Las chicas desistieron cuando vieron que ya no me cabía ni un chicharito, y se sentaron al lado opuesto de la mesa.

-¡Buenas tardes! – «¡Ay, no!», escuché esa voz aterciopelada, sentí que la sangre se me iba a los talones y subía rápidamente hasta mi cabeza. Nadie respondió, alcé la vista sólo un poquitín, y noté que Rosalie me clavaba los ojos como agujas, por lo que asumí que el saludo iba para mí.

Me volví lentamente hacia la puerta, ahí, bajo el dintel, estaba el vampiro con su cabello cobrizo desordenado, sus ojos dorados fijos en mí, y una mueca que aspiraba a ser una sonrisa... ¿forzada? «¡Claro! ¡No puede tratarme mal frente a sus hermanos!», deduje, sobre todo, si Jasper le había contado algo.

-¡Buona sera! – respondí sin el menor atisbo de simpatía, acto seguido le di la espalda nuevamente y seguí comiendo, sólo por tener algo en que ocuparme, ¡No sé como diablos hice espacio para meterme otro bocado!

-"¡Sigue molesta!" – escuché su voz en mi cabeza. No entendía como demonios podía escucharlo... y la verdad ¡me importaba un reverendo cacahuate! - ¡No me he presentado formalmente... - «¡Me da igual!» seguí concentrada en mi plato – Soy Edward. – sonaba un poco... decaído. Estuve a punto de bajar la guardia por ese detalle, sin embargo mi lado oscuro (cortesía del tío Caius), ganó...

-¡Lo sé! – espeté picoteando una patata con el tenedor hasta hacerla puré, imaginando que era su cabeza.

La mesa empezó a vibrar y me sentí repentinamente feliz... «¡Sí! ¡Terapia aplastando patatas, para contener impulsos asesinos!... ¡se la recomendaré a Jane!». Con mi visión periférica descubrí a Jasper ahogando una risita, «¡Oh! ¡Eso lo explica todo!... ¡Adiós a la "papaterapia"!». Levanté la vista hacia Rosalie sentada frente a mí, y le pregunté:

-"¿Edward tiene un gemelo malvado?... ¿O sólo sufre desorden de personalidades múltiples?" – Ella ni siquiera trató de disimular como Jasper y soltó una aguda carcajada. Alice la miró alzando las cejas, sin entender aquello que le hacía tanta gracia a su hermana.

-¡Mina! – insistió Edward, me gustó el sonido de mi nombre saliendo de sus labios – Te ofrezco disculpas por lo de anoche... no debí hablarte así... – apenas y prestaba atención, seguía medio ida por la influencia de su voz – ¡no era mi intención asustarte! – ¡esa ultima frase fue el equivalente a un gran baldazo de agua fría... qué digo fría, helada!

¡Yo, Mina Volturi! ¡Hija de Marcus! ¡Sobrina de Aro! ¡La sobrina favorita de Caius! (y la única jeje) ¡Miembro de la poderosa Guardia Volturi!... ¡¿Asustada?! En contraposición a lo que estaba sintiendo internamente (furia asesina), solté una potente y melódica carcajada.

-¿Asustada?... ¡Oh, vamos, Edward! – dije al momento que dejaba la silla y me volvía hacia él - ¡Non ti temo! (¡No te temo!) – concluí, segura. Su expresión se tornó seria... ¡demasiado seria!

-¡Dovresti! (¡Deberías!) – afirmó.

-¿Déjà vu doblado al italiano? – comentó Alice llamando la atención de los presentes, incluida yo.

Sólo ella y Edward sonrieron, como si compartieran algún chiste privado... ¡Ah! ¡Pero claro!... había olvidado que el prodigio de los Cullen era un lector de mentes, según me contó Jasper. ¿Qué estaría pensando su hermana para hacerlo sonreír de esa forma?... «¡Dios! ¡Qué sonrisa! ¡Se ve tan...! ¡MINA, PIENSA CLARO!» Me concentré nuevamente en mi furia.

-¡Mina!

-¡No me asustaste! ¡Si me marché de esa forma fue solo para contener el impulso de arrancarte la cabeza frente a Seth! – siseé a velocidad vampírica, regalándole mi mirada más envenenada... esa que uso con Jane cuando me esconde los caramelos que me compra el tío Aro. Sin embargo, Edward enarcó una ceja, incrédulo.

-¿Tú? – susurró, parecía divertirle la idea... «¡Otro que me subestima!» Sonreí de lado y lo miré fijo a los ojos avanzando algunos pasos.

-¡Estás frente al único "ser" que ha vencido a Felix en una lucha cuerpo a cuerpo!... ¿Quieres probar suerte?

Para cuando me di cuenta, estábamos a escasos centímetros de distancia, al parecer, él también había adelantado algunos pasos. Me dí miedo yo solita cuando vi mi reflejo en sus orbes negras, me veía más aterradora que el tío Caius cuando se salta la cena... ¡Momentito!... ¿Orbes negras?

-¡Edward! ¡Nooo! – escuché el grito de Jasper en la lejanía. De nuevo me sentí calmada... los ojos me pesaban demasiado, mi cuerpo lo sentía como si fuera de trapo, después no supe más.