*Nota:
-diálogos
-"mensajes telepáticos"
-susurros a velocidad vampírica
"Soprano"
By Ninie
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-¿Quién diablos es Mike Newton? – solté sin querer, al mismo volumen, distraída con la sonrisa de Edward. Bella y Alice giraron las cabezas hacia el fondo del aula. - ¡¿Perché a me?! – solté un gritito ahogado.
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Capítulo 10. ¡Date por muerta, Alice!
El idiota del aeropuerto estaba en una de las mesas al fondo del aula, como si lo hubiese llamado con la mente (cosa que podía hacer pero obviamente no haría... ¡no a él!) alzó la mirada en nuestra dirección. No exagero cuando digo que el cateto se quedó boquiabierto al verme. Le vi apenas una milésima de segundo y recorrí el resto del aula simulando no reconocerlo.
Alcancé a percibir cómo Edward emprendía la hui...retirada, y discretamente lo aferré de la manga de su camisa.
-"¡Ni se te ocurra dejarme!" – amenacé, y él soltó una risita.
Se soltó de mi agarre y en el mismo movimiento me tomó de la mano. Apenas fui consciente de que me conducía hacia su mesa, estaba demasiado aturdida por el extraño cosquilleo en mi mano, como una especie de corriente eléctrica que se extendía a todo mi cuerpo desde la palma.
Gentilmente me ofreció un banco y tomé asiento, mientras Alice y Bella se acomodaban en la mesa de al lado. Escuché unos pasos acercarse desde el fondo del aula, puse mi mochila sobre la mesa y empecé a rebuscar, "distraída". Los pasos se detuvieron en la mesa de las chicas... suspiré aliviada.
-¡Bella! – susurró el tal Newton. En ese momento yo sacaba mi libreta para tomar notas.
-¡Hola, Mike! – respondió amablemente, aunque me pareció notar cierto fastidio en su voz. Saqué mi pequeña lapicera.
-¿Eres amiga de Fiorrella Volturi?... les vi llegar con ella. – seguía susurrando. «¡Si supiera que no le sirve de nada con nosotros!», sonreí para mis adentros mientras tomaba un lápiz de la lapicera.
-¿Eh?... Algo así. – respondió Bella, confusa - ¿La conoces? - «¿Qué podría responder?», me preguntaba mientras empezaba a garabatear en una hoja en blanco de la libreta.
-¡Algo así! – dijo, obviamente tratando de sonar confiado. – Me topé con ella en el aeropuerto durante las vacaciones. Le ayudé con su maleta. – bufé, y Edward rió discretamente.
-"¿Estas leyendo su mente?" – pregunté, sin dejar de hacer trazos dirigí mi vista a Edward, él asintió como respuesta a mi pregunta mental. – "¿Y bien? ¿Qué es tan gracioso?" – volví a preguntar cuando parecía contener una carcajada.
-Se alegra de que Felix no esté por aquí. – me respondió en un veloz susurro. Sonreí al recordar la cara que había puesto esa noche al ver a mi "hermanote". De nuevo Edward tardó un poco en reaccionar, parpadeo y finalmente sonrió; en lo que llevaba de conocerlo, había notado que hacía eso a menudo, empezaba a preocuparme que tuviera algún tipo de trastorno. – Se te da muy bien el dibujo. – dijo sacándome de mi ensimismamiento. Bajé la vista y me di cuenta de que mi mano no había dejado de dibujar sobre el papel. - ¡Lindo paisaje!... Me parece familiar. - «¡Ya lo creo!», mi subconsciente me traicionaba vilmente, el paisaje que mi mano estaba plasmando era el bosque detrás de la casa de los Cullen, desde la perspectiva de la habitación de Edward. Sólo había estado ahí en una ocasión, pero la recordaba perfectamente, esa imagen se había quedado muy bien grabada en mi mente, igual que la esencia que bañaba esa habitación... y como olvidarla, si la tenía a mi lado las veinticuatro horas del día.
-¿Te gusta? – le mostré la hoja al terminar con los últimos trazos. Él asintió. - ¡Te lo regalo! – se lo tendí. Lo tomó y lo examinó por unos segundos, rascándose la barbilla como si evaluara una obra de arte en una galería.
-¡Olvidaste algo muy importante! – dijo con expresión seria.
-¿Qué? – miré la hoja nuevamente, «Nop» todo estaba tal como lo recordaba.
-¿Qué clase de artista olvida firmar sus obras? – simuló un tono de reproche.
-¡Al parecer, yo! – ambos reímos, volvió a poner el dibujo sobre la mesa y me lo acercó para que "firmara". Con el mismo lápiz empecé a escribir mi estilizada firma, cuando escuché la dulce vocecita de Alice...
-... es porque Mina y Edward están comprometidos. – comentaba al zopenco Newton. Vi la mano de Edward cerrarse en un puño sobre la mesa, y un ligero "crac" me anunció que el lápiz en mi mano estaba hecho añicos... yo había hecho lo mismo.
Edward tomó mi mano rápidamente y me quitó los trocitos de lápiz de la mano, le escuché murmurar algo como – ¡sin evidencias, Mina! – pero no presté atención, ni siquiera se que hizo con los pedazos, estaba demasiado conmocionada por la repentina, extraña, descabellada e ilusoria declaración de Alice.
-"¡Date por muerta, Alice!" – escuché la voz mental de Edward, generalmente más potente que la voz normal. «Me pregunto ¿Cómo es que lo escucho?»
Pensándolo bien, Edward era el único al que podía escuchar mentalmente... bueno, también a ese licántropo, Seth, pero a él creo que lo escuchaba porque esta acostumbrado a usar ese tipo de comunicación con el resto de su manada, pero a Edward... ¿Qué me "enlaza" con él?
Me vi obligada a dejar mi reflexión cuando entró al aula un hombre joven de no más de 30, con aspecto de profesor de biología... y digo lo de aspecto de profesor porque me recordaba en gran medida a mi antiguo profesor de biología, el hombre nunca dejaba de sorprenderse de que una niñita de tres años comprendiera tan bien sus clases... «¡Por cierto! ¿Qué habrá sido de él?, la ultima vez que lo vi fue cuando el tío Caius... ¡Oh! ¡Si seré lenta!... ¡Pobre hombre!»
-¡Muy buenos días, jóvenes! – saludó el hombre, tuve que olvidar mis plegarias por el alma de mi antiguo profe, para prestar atención al nuevo. – Soy el Sr. Cauldwell, y estaré supliendo al Sr. Banner en lo que resta del semestre.
Sin perder más tiempo, el Sr. Cauldwell se dispuso a la tarea de dirigir la clase. El aula estaba llena de cuchicheos por aquí y por allá: "que si el profesor era muy joven" "que si muy guapo" "que si sería casado" y bla bla bla. Estaba concentrada tomando notas, cuando un gruñido bajo llamó mi atención, miré discretamente a Edward y comprendí que el gruñido era suyo.
-"¿Edward? ¿Qué pasa?" – no me respondió, seguí el curso de su mirada y me encontré con los ojos del profesor Cauldwell fijos en mí, el hombre me sonrió y sentí un escalofrío nada agradable. La forma en que me miraba era terriblemente parecida a la forma en que me veía Demetri. – "¿Quieres que te bloquee sus pensamientos?" – sugerí mirando nuevamente a mi compañero de mesa. Edward desvió su mirada lentamente hacia mí.
-"¿Sabes lo que él piensa?" – negué.
-"No lo necesito... conozco esa mirada" – respondí muy a mi pesar.
-"¿No te molesta?"
-"Nada gano con molestarme. – susurré agriamente. - ¡Sólo los ignoro lo más que puedo... pero creo que tu no puedes, haciendo lo que haces! ¿Lo boqueo?" – insistí.
-"Prefiero estar en guardia." – respondió mirando nuevamente hacia el frente, pero el Sr. Cauldwell ya estaba de espaldas escribiendo en la pizarra.
-"¡No tienes que hacerlo!... no estás obligado a cuidarme..."
-¡Quiero hacerlo, Mina! – dijo firme, mirándome a los ojos, ya no se preocupó por moderar el volumen.
Los chicos de la mesa de enfrente se volvieron hacia nosotros con caras estupefactas, y con mi visión periférica capte que no eran lo únicos, otros chicos de alrededor también nos miraban, no entendí porqué hasta que los cuchicheos empezaron de nuevo.
-¿Escucharon eso? – decía una chica en la mesa de atrás. - ¡Edward quiere "hacerlo" con la nueva! – me congelé.
-¡Parece que Cullen no está dispuesto a esperar a la boda! – era la voz de Newton. Alice trató de ocultarlo, pero pude escuchar su risita ahogada junto a la de Bella.
-¡Mina, estás demasiado roja!
-¿Y qué esperabas? ¡Deberías elegir mejor tus palabras! – le reclamé abochornada.
-¡Lo siento! ¡De verdad que lo siento! – se disculpaba.
-¡Lo vas a sentir más cuando...!
-¡Mina, ya perdónalo! ¡Fue un accidente!
-¡Tú no te metas, Alice! – espetamos a la vez Edward y yo.
-Al menos coinciden en algo. – murmuró Bella.
-¡Muchachos! ¿Qué pasa? – se acercó el Sr. Cauldwell.
-¡Nada Sr. Cauldwell! – respondió Alice sonriendo. – Le sugería a mi hermano cambiar de parejas de trabajo, pero él no quiere separarse de su prometida.
-¿P-prometida? – me miró el Sr. Cauldwell sorprendido. Yo aún no reaccionaba cuando Edward se puso de pie y me abrazó por la espalda con... ¿orgullo?
-Así es señor, nos casaremos al terminar el instituto. – dijo con naturalidad. Yo estaba en shock, ni siquiera fui capaz de desmentir semejante barbaridad.
-Pues... ¡felicidades! – dijo el hombre antes de volver a su escritorio, murmurando cosas ininteligibles... al menos para mí. Sentí a Edward agitarse conteniendo una carcajada... ¡él no necesitaba entender lo que decía!
