*Nota:

-diálogos

-"mensajes telepáticos"

-susurros a velocidad vampírica

-cantando

"Soprano"

By Ninie

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— Creo que la más indicada para explicar esto eres tú, Ella. — Emmett me miró… ¿serio? Se me encogió el estómago, ver a Emmett actuando con seriedad era tan turbador como ver a Bella gritando y carcajeándose en la cafetería de la escuela.

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Capítulo 13: Demasiadas explicaciones.

Tomé una gran bocanada de aire y la solté lentamente, intentando relajarme. Los presentes me miraban expectantes. Cuando estuve más tranquila empecé a hablar.

Traté de ser lo más sincera posible, explicando lo que había sucedido… y digo "traté" porque obviamente omití mencionar la principal razón que me había motivado a pedirle a Edward que me mordiera en primer lugar.

Cuando terminé, todos me miraban con distintas expresiones, unos incrédulos como Rose y Felix, otros preocupados como Esme y Jasper, pero la que más llamó mi atención fue Heidi. Ella me miraba con una extraña mezcla de decepción, furia y… ¿temor?

— ¡No esperarás que me lo crea ¿o sí?! — las palabras de Felix me volvieron a la realidad. Aparté la vista de mi hermana para enfrentarlo. — ¡Ya deja de protegerlo! — me reclamó, mirando con recelo el campo violeta alrededor de Edward.

— ¡Felix…! — mi hermana le tomó de la mano intentando calmarlo.

— ¡Heidi! ¡No me digas que tu crees esa tontería! — ella asintió sin dejar de mirarme de esa forma tan peculiar que me hacía sentir pequeña… diminuta, insignificante, tanto que hasta temía que al menor de los movimientos alguno de los presentes me pisara cual vil cucaracha. — ¿Por qué? — Heidi seguía mirándome. Escuché a Edward gruñir molesto, se acercó a mí.

— ¡Ya se lo habías pedido! — no preguntaba. Seguramente lo había visto en la mente de mi hermana. Su tono era verdaderamente furioso. Ambas asentimos, y yo desvié la vista al suelo, huyendo de la mirada sufrida de Esme. — ¡¿Te tiraron de cabeza cuando eras bebé?!

— ¡Sí, pero fue un accidente! — soltó Felix de repente dejándome boquiabierta. Ambos volteamos a verlo, y creo que los demás también a excepción de mi hermana que escondía el rostro en sus manos negando, y Emmett que soltó una risotada.

— ¿Tú? — apunté a Felix con el dedo, entrecerrando los ojos, luego miré a Heidi — ¡Dijiste que había sido el tío Caius! — rugí apuntando a mi cabeza, a la zona donde había una diminuta cicatriz bajo el cuero cabelludo.

— ¡Este... esa… fue otra vez! — respondió esquivando la mirada. Emmett rió con más fuerza. «Pues ¿cuántas fueron?»

— ¡Eso lo explica todo! — murmuró Edward. Esta vez fui yo la que gruñó (a lo March Simpson).

— ¡Hijo, esa no es forma de tratar a tu...Mina! — no supe lo que iba a decir Esme, porque se corrigió rápidamente.

— ¿"Su Mina"? – corearon Emmett y Felix, parecían divertidos con el comentario y me alegró ver a mi hermano más relajado. Antes de que las burlas empezaran me adelanté.

— ¡Es la "maldición de los pingüinos"! — comenté como si nada y le saqué la lengua a Edward. Fui a sentarme nuevamente para terminar los deberes que había dejado olvidados antes del alboroto.

— ¿Pingüi…?

— ¡No pregunten! — Edward cortó la pregunta de Emmett y Felix.

— ¡Se fue! — suspiró Esme. Alcé la cabeza y noté que miraba a Edward. — ¡Ya no resplandece!

— ¡Lástima!... Le sienta bien el morado. — se burló Rosalie. Edward la fulminó con la mirada. Yo volví a concentrarme en mis tareas.

Poco a poco se fueron dispersando. Esme se internó en la cocina, seguida por el par de titanes, mientras que Heidi acompañaba a Rosalie a su recámara. Solo quedamos Edward, Jasper y yo en la estancia.

— ¿Y Allie? — Jasper rompió el silencio mientras se acomodaba en uno de los sofás.

— En casa de Bella... tratando "asuntos de chicas". — respondí haciendo comillas con los dedos sin apartar la vista de mis cuadernos.

— ¡Oh! — fue todo lo que dijo, y el silencio reinó una vez más.

Escuché a Edward sentarse nuevamente frente al piano, empezó a jugar con las notas, no parecían llevar ningún sentido. Terminé con mis deberes y él aun no parecía haber encontrado la melodía que buscaba. Me quedé observándolo desde mi lugar, con los codos sobre la mesita de centro y la barbilla apoyada en mis manos con gesto aburrido.

— "¿Me ayudas?" — escuché su voz mental, sin que se volviera a mirarme (ya estábamos perfeccionando esto de la comunicación muda). No pude evitar sonreír, inmediatamente intenté contener mi efusividad, pero en eso vi a Jasper y recordé que no importaba cuanto me esforzara, mis emociones eran algo que no podía ocultar en esa casa, así que... «¡Ya qué!» Me encogí de hombros, me levanté, y dando saltitos me dirigí al piano, donde Edward se corrió para dejarme un espacio en el banquillo. — "Marco el compás y tu toca lo que te venga a la mente... ¿Ok?" — asentí.

Empezó marcando un compás ligero y poco a poco fui metiendo notas que no sabía ni de donde me salían, sólo me dejé llevar y para mi sorpresa, ¡sonaba hermoso! Era consciente de que Jasper nos observaba y escuchaba atentamente, eso me ponía un poco nerviosa, así que para no pensar en eso cerré los ojos y dejé que la musica fluyera hacia mis dedos dejando de lado todo lo que había a mi entorno, excepto claro, mi compañero, con quien me acoplaba asombrosamente a cada nuevo cambio e incluso parecía guiarme a intentar nuevas notas. No se por cuanto tiempo estuvimos así, y solo nos apartamos del piano porque Esme me llamó a cenar.

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Estaba terminando mi lasaña (seguramente Felix le dijo a Esme que era mi platillo favorito), cuando la pixie hizo su aparición en la cocina. Había pasado prácticamente todo el día en casa de Bella. Apenas la vi, salté de mi silla y la abracé, justo en el momento que Jasper hacía lo mismo de modo que quedé hecha sándwich.

— ¡Hey! ¡Nada de perversiones, esta es una casa decente!... ¡Auuu!

— Jasper, intenta controlarte cerca de Mina. — habló Edward, después de darle un coscorrón a Emmett, recordándome lo vulnerable que suelo ser al don de su hermano. La pareja se separó un poco y pude salir de mi prisión.

— ¡Disculpa, Mina!

— ¡No hay cuidado, Jazz! — volví a sentarme — ¿Se divirtieron en su "tarde de chicas"? — pregunté a la morena mientras terminaba de comer.

— ¡Perdón por no llevarte!... — se inclinó sobre la mesa y me miró con cara de cachorrito mientras unía sus palmas, suplicante — ¿Estas enojada conmigo? — la miré con odio fingido. Ella parecía triste, hasta me pareció verle los ojos acuosos. «¡Momentito!» Levanté la mano, limpié una de sus "lágrimas" con mi dedo y la probé.

— ¿Agua?

— ¿Funciona? — me devolvió la pregunta. Entonces ya no pude evitar reír mientras asentía, divertida por semejante ocurrencia. Lo cierto es que lo último que podía hacer era enojarme con ella, después de todo, había disfrutado mucho la tarde tocando el piano con Edward.

Terminé con mi cena y me levanté de la mesa, justo en el momento que Carlisle llegaba de su trabajo. Esme lo recibió cariñosamente con un beso en los labios, me pareció un gesto de lo más dulce pues sus labios apenas y se rozaron. En cuanto se separaron, el rubio doctor volteó a verme con especial interés.

— ¿Qué tal tu primer día en el instituto? — preguntó.

— Sobreviví… es un avance ¿no? — miré a Alice — Entre cuentos, vudú y deportes con Bella. — resumí. Todos me miraron confusos.

— ¿Vudú? — interrogó Rosalie.

— ¡Jessica Stanley! — dijeron Alice y Edward al unísono, con fastidio. «Mmmm... así que ¿ese es su nombre?»

— La vi en la cafetería… — comencé a explicar — tenía una Mini-Mina con alfileres en todo su cuerpecito… — de nuevo me miraron como si les estuviera hablando en arameo... (lo que habría sido posible de poner atención en las lecciones del tío Aro... ¿Por qué seré tan sope para los idiomas?)

— ¿Mini-Mina? — esta vez era Emmett el que preguntaba, asomándose en el frigorífico.

— ¡No me digas! — interrumpió Rosalie. — ¡Por Mike Newton!... seguramente ese idiota ya puso sus ojos en ti.

— ¡No creo que ese teto vuelva a mirarme! — Afirmé mirando a Alice — pero no es por Newton. — concluí mirando esta vez a Edward. Todos se giraron hacia él.

— ¿Hijo? – preguntó Esme con dulzura, aunque algo temerosa. Edward suspiró y se masajeó el puente de la nariz.

— Presenté a Mina como mi prometida al profesor de biología.

— ¡Y la voz se ha corrido por toda la escuela! — añadió rápidamente Alice, emocionada con su travesura.

Un sonido como de rociadores captó mi atención, y aparentemente la del resto de la familia también, incluso sentí unas gotitas de agua salpicarme la nuca. Me volví hacia mis espaldas, Felix y Emmett estaban empapados de refresco, ambos sostenían latas de coca-cola en la mano. Al parecer iban a beberlas y se escupieron uno al otro.

— ¿Qué inten…?

— ¡CÓMO PUDISTE! — me interrumpió mi hermanote, señalándome iracundo con un dedo tembloroso — ¡Y SIN DECIRLE AL MAESTRO MARCUS PRIMERO! — «¿Ah?... ¿Qué le pasa a este?»

"No se lo habrá creído… ¿o sí?" — Edward asintió en respuesta a mi pregunta mental. Bufé y rodé los ojos. — ¡Calma, fratello! Non è verità. (¡Calma, hermano! No es verdad.) — Intenté aclararle — Alice lo inventó para alejar al Newton de mí, y Edward le siguió el juego por… — «¿Hacerme la vida imposible?» dudé y miré al susodicho — …

— Cauldwell. — completó.

— ¡Cierto!... — medité — Aunque no comprendo cómo un hombre de veintitantos debería sentirse intimidado por un chico de 17.

— Aun sí, funcionó. — declaró Alice.

— ¡Ups! ¿Dije eso en voz alta? — todos rieron, incluso Felix.

— Niños, vayan a cambiarse esa ropa. — pidió Esme, contemplando las prendas empapadas de Emmett y Felix.

— Sí, mamá.

— Sí, ma… — Felix se interrumpió, confuso. Sacudió la cabeza y salió detrás de Emmett. No pude evitar soltar una risita junto con Alice.

— ¿Quién es Cauldwell? Y ¿Por qué la mentira? — cuestionó mi hermana pretendiendo no reír también, cuando el par de mastodontes se marcharon (uno a su recámara y el otro a la cabaña).

— Cauldwell es el profesor sustituto de biología, — empezó a hablar Alice — y no necesité ser Edward para saber lo que estaba pensando de Mina. — me giré hacia ella confundida — Hasta Bella se dio cuenta. — me dijo.

— Toda la clase. — corrigió Edward.

— Mmm… — murmuró Heidi, imaginé que tratando de entender la explicación de Alice.

— Es muy simple, Heidi. Me recordó a Demetri. — dije en un murmullo con la vista fija en el suelo. Sentí unos brazos fríos envolviéndome con ternura, no tuve que alzar la vista, cuando sentí su cabello dorado rozar mi mejilla. Aun confundida por el gesto, apoyé mi cabeza en su hombro y me dejé confortar por Rosalie.

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Ya nos encontrábamos de nuevo en la sala cuando Alice terminaba de narrar los sucesos del día en el instituto. Había oscurecido bastante y hacia buen rato que Carlisle y Edward se habían marchado de caza. ¡Qué envidia me daban! Pero aún era pronto para mí, esperaría al fin de semana, de todas formas no lo necesitaba tanto como ellos.

Rosalie parecía orgullosa de que me hubiese tocado su antiguo casillero, tanto, que no fui capaz de decirle que eso de los 101 espejos era algo obsesivo, y por supuesto, ahora no me atrevería a quitarlos.

No tenía idea de la hora, pero debía ser muy tarde, porque empezaba a bostezar, y regularmente Heidi me enviaba a dormir antes de caer en ese estado. Esme, al percatarse de mi somnolencia, recordó a sus hijos de mis escasas necesidades humanas y ellos se despidieron para que pudiera ir a dormir.

— Puedes quedarte aquí esta noche. — ofreció gentilmente — a Edward no le importará que te quedes en su cuarto. — «¡Quizá a él no, pero a mí sí!»

— ¡Gracias, Esme! — le di un beso en la mejilla a manera de despedida — Agradezco su hospitalidad, pero la cabaña tampoco está tan lejos… ¡Hasta mañana! — me despedí desde la puerta agitando la mano. Felix y Heidi me siguieron.

— ¡Que pases buena noche, cielo! — escuché su dulce voz, aún cuando ya estaba en el bosque.

— ¡Buenas noches, Esme!

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No necesitaba ver hacia atrás para comprender que esos escalofríos en mi cuerpo eran provocados por la taladrante mirada violeta de Heidi en mi nuca. Ella estaba furiosa, el paso de las horas y las historias narradas por Alice no habían menguado el enojo de mi hermana, y ahora que Jasper no estaba, la tensión era cada vez más palpable.

Estuvo callada toda la tarde, no habló más de lo absolutamente necesario, y eso sólo pronosticaba una cosa: ¡me esperaba un buen rapapolvo!

Con animo de agilizar en ineludible fin, me adelanté, rebasando a Felix. Éste caminaba frente a nosotras ojeando un libro forrado en cuero y sin título, que Esme le había prestado. ¡Ni idea de lo que era! Pasé de largo y llegué primera a la cabaña. Sin perder el tiempo alisté mi pijama para darme una ducha, estaba por entrar al cuarto de baño cuando oí la puerta principal cerrarse de golpe. Tragué saliva con dificultad y aguardé a la tormenta.


¡Ah!¡Ah!¡Ah!... ¡Por fin, Dios mío! ¡Por fin!

Nunca he sido supersticiosa, pero despues de numerosos intentos fallidos en la publicación de este capítulo número "13", creo que empiezo a replantearmelo. No saben la de veces que tuve que escribir y reescribir y reescribir, porque el muy desgraciado se me borraba.

¡Mil gracias por sus comentarios a Cecymalf0y y Azulpurpura! Chicas espero realmente no estar abusando de su paciencia con mis continuas demoras. Una vez más aclaro que no renunciaré a seguir escribiendo, solo que en ocasiones Cronos mi eterno enemigo se ensaña conmigo... (y ¿para qué negarlo? a veces se me vienen tantas ideas a la cabeza que simplemente no me decido por cual ir primero XD).

Espero hayan disfrutado este capítulo, siento que me puse un poco chipil escribiéndolo jejeje.

Besitos, Ninie.

P.D.: Espero que esta vez no se borre *poniendo changuitos*