*Nota:

-diálogos

-"mensajes telepáticos"

-susurros a velocidad vampírica

-cantando

"Soprano"

By Ninie

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Sin perder el tiempo alisté mi pijama para darme una ducha, estaba por entrar al cuarto de baño cuando oí la puerta principal cerrarse de golpe. Tragué saliva con dificultad y aguardé a la tormenta.

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Capítulo 14: La "cantante".

Heidi entró en la recámara con la furia de un huracán.

— ¿Sei diventato matta? ¿In che demoni pensavi?... (¿Te has vuelto loca? ¿En qué demonios pensaste?...)

— ¿Y Felix? — interrumpí.

— Se fue a leer por ahí… — contestó de mala gana — ¡Respóndeme! — ordenó.

Me quedé en silencio, no sabía que responderle.

Lo que menos esperaba en aquél momento, pasó. Apenas y vi su mano alzarse como un borrón, su palma se había estampado en mi mejilla. ¡Me dolió!, pero no tanto físicamente. Heidi nunca de los nuncas, jamás de los jamases me había levantado una mano.

Y era evidente que a ella le había dolido tanto o más que a mí, quizá no tenía lágrimas, pero su rostro reflejaba el sufrimiento de una Magdalena.

— ¡Piensa en papá! — era extraño escucharla decir "papá", ella siempre lo llamaba Maestro Marcus como todos los demás.

— ¡Es lo que vengo haciendo cada día de mi absurda existencia… pienso en él, en su soledad y todo porque yo… yo se la arrebaté! — dije con lágrimas en los ojos.

Eso era verdad, aunque no necesariamente la principal razón que me había llevado a actuar de esa forma aquella tarde.

— ¡Esa es una estupidez, Fiorella! Si pensaras un poco en papá, te darías cuenta de que nada lo destrozaría más que perderte a ti, ¡tú lo eres todo para él!

Ella tenía razón, por mucho tiempo me había lamentado. Ahora, no podía negar el hecho de que mi padre me amaba, lo había echo desde el momento en que vine al mundo y eso no había cambiado con el paso del tiempo.

— ¡Lo siento! — pronuncié cabizbaja.

Heidi me abrazó, la tormenta había pasado, secó mis lágrimas y depositó un beso en mi frente.

— Lo sé… ¡Riposa, sorellina! (¡Descansa, hermanita!)

Obediente, tomé nuevamente mis ropas y retomé el camino al cuarto de baño. Me duché casi como zombie, salí y me coloqué el pijama. Apenas salí del baño, fui recibida con la no muy grata melodía que interpretaban cada noche Heidi y Felix. Me coloqué los auriculares y encendí mi reproductor MP3.

Ya estaba por meterme a la cama cuando una voz conocida me llamó. Miré alrededor y mis ojos se detuvieron en una silueta animal tras las cortinas. Las aparté y di un saltó hacia atrás cuando me encontré con un enorme hocico exhibiendo sus afiladas fauces pegado al cristal de la ventana. Habría sido aterrador... si no hubiese estado sacando la lengua de lado y haciendo bizcos.

Me cubrí la boca con una mano ahogando una carcajada para no llamar la atención de mis hermanos.

"¡Hola, Seth!" — Saludé abriendo la ventana sigilosamente — "¡Qué sorpresa!"

— "¡Hola, Mina!... Bella y Alice dijeron que te quedabas aquí. Y aprovechando que patrullaba la zona, decidí darme una vuelta."

— "Te lo agradezco, me alegra volver a verte. La otra ocasión no pudimos conversar mucho."

— "Y… ¿Qué tal te ha parecido el pueblo?"

— "Ehhh…" — me vi interrumpida por los gemidos provenientes de la habitación que ocupaban mis hermanos, habían ido subiendo de volumen.

— "¿Qué fue eso?" — Seth se sobresaltó, por fortuna su oído no era tan sensible como el mío. — "¿A quién torturan?"

Puse un dedo sobre mis labios, pidiéndole silencio, me quité los audífonos, aventé el reproductor sobre la cama y salí por la ventana procurando hacer el menor ruido posible.

"¡Caminemos!" — propuse cuando estuve afuera.

Me siguió sin chistar y estuvimos conversando por un buen rato mientras caminábamos por el bosque. Alice ya le había comentado algo sobre el supuesto plan de Carlisle en el que Edward y yo nos habíamos convertido en sus "cobayas", de modo que no perdió tiempo en abordar el tema y terminé por contarle todo.

Me sorprendió lo bien que mi nuevo amigo estaba tomando ese tema, no se rió ni hizo comentarios burlescos al respecto, a pesar de las hilarantes situaciones en las que me había visto involucrada ese día… bueno, quizás si rió un poquito cuando le hablé de las "mini-minas" y el accidente con la ketchup. De esto último hasta yo me reí como desquiciada, solo de acordarme de la cara de Edward.

Hablamos de varias cosas en ese paseo nocturno, sólo comunicándonos por pensamientos. Seth me habló de aquella noche en que nos conocimos, y de lo sorprendido que estaba en ese momento cuando fue testigo de la lucha de Edward contra sí mismo por contener su deseo por mi sangre.

"Nunca lo vi actuar de esa forma — me dijo cuando volvíamos a la cabaña a paso lento — ni siquiera con Bella… bueno, supongo que es porque lo conocí cuando ya tenían tiempo juntos y ya tenía un excelente autocontrol." — se detuvo de pronto y doblando las patas traseras se sentó en la tierra al lado de una gran roca. Yo me volví y tome asiento en la roca, presintiendo que intentaba decirme algo importante. — "¡No creí verlo así nunca!... su desesperación era casi palpable, y la furia con la que cazó esa noche… ¡tuve miedo!" — confesó con la cabeza gacha.

"Es sano tener miedo de vez en cuando." — dije acariciándole la cabeza.

"No debería temer de mi amigo."

— "Eres humano, Seth, y él un vampiro… tener miedo es algo lógico. Además, con todo y eso, sigue siendo tu amigo ¿no? — él asintió — ¡eso es lo que cuenta!" — se quedó pensativo. «¡Creo que empiezo a entender el lenguaje corporal lobuno... eso o cada vez estoy más chiflada!»

— "No temí por mí, Mina…" — se interrumpió y bajó nuevamente la cabeza, no me fue difícil comprender esa frase al aire. Le tomé la cabeza con ambas manos y lo obligué a verme.

"Estaré bien."

— "Nunca lo vi tan… sediento." — suspiré, soltándolo.

— "Es porque soy su 'cantante'." — sus ojos se abrieron desmesuradamente y parpadeó confuso. Obviamente no conocía el término. Sonreí y empecé a relatarle lo que el tío Aro me platicó hace algún tiempo, sobre los "Cantantes".

¡Jamás imaginé que yo podría ser una, y menos que, para mi buena o mala suerte, sería del vampiro vegetariano más obcecado del planeta!

Tras mi relato, Seth parecía estar más tranquilo. Supongo que saber del record de Edward al tolerar la esencia de Bella por tanto tiempo y ahora haberme dejado viva más de una semana, fue lo que le dio esperanzas. Y ¡como no!, si con el conteo que llevaba mi tío, ningún otro vampiro había soportado más de unas horas.

Finalmente me acompañó de vuelta a la cabaña, y cavilando un poco en el camino me puso un apodo bastante curioso al despedirse.

— ¿Soprano?

— ¡WAAAAAAAAA! — grité pegando un salto al escucharlo murmurar detrás de mí cuando cerraba la ventana. Sin embargo, conocía esa voz, era inconfundible. Me volví rápidamente y me lancé al ataque golpeando su pecho con las palmas sin descanso, — "¡STUPIDO… CRETINO… IMBECILLE… — él sólo retrocedía pidiendo que me calmara pero sin aguantarse la risa. — QUASI MI DÀ UN INFARTO!"

— "Así tendrás la concien…" ¡¡AUCH!! — cayó en la cama hecho un ovillo y sobándose la espinilla después de la patada que le dí.

— "¿Qué haces aquí?" — me miró furioso, pero se sentó y recuperando la compostura respondió.

— "Parece que tu recámara es el único 'escenario' que Felix y Heidi no invaden." — «¿"Mi recámara"?» me sonó bastante raro.

"Eso es aquí… en el castillo no les importa." — afirme, fingiendo un escalofrío. Me miró de arriba abajo.

"Esa no es ropa para andar por el bosque y de noche."

— "¿Qué eres tú? ¿La patrulla de la moda?" — cuestioné alzando las cejas con los brazos en jarras. Sus labios se separaron, pero antes de que dijera algo lo interrumpí. — Me regañas mañana ¿sí?, ahora tengo muuuucho sueño. — lo empujé para meterme a la cama y taparme hasta la cabeza con las mantas. — ¡Buenas noches, Edward! — sentí cuando se levantó, y enseguida escuché sus pasos algo inseguros hacia la puerta. Los "ruidos" que emitían mis hermanos eran difíciles de ignorar, así que comprendí su vacilación. — "Puedes quedarte aquí." — ofrecí, aunque no estaba muy convencida.

"¿No te molesta?"

— "Prefiero que me escuches roncar a soportarte mañana después del trauma de ver a mis hermanos 'jugando a ordeñar la vaca'."

— "¿Ordeñar…?"

No preguntes. — lo corté. — "Toma un libro de la repisa y lee." — señalé la repisa sobre mi cabeza sacando el brazo por un lado.

¡Ah! Quieres que te lea un cuento. — dijo fingiendo un tono dulce. No podía verlo, pero estaba segura que tenía una sonrisita burlona en el rostro.

"¡No, idiota! Necesitas distraerte."

— "¿Por qué eres tan brusca conmigo?"

Rodé los ojos, me destapé y senté de repente, estaba sentado en el amplio sofá a mis pies. Al instante alzó la cabeza, dejando a un lado el libro que leía, probablemente esperaba la respuesta a su pregunta, pero en lugar de eso le hice una yo.

"¿Por qué no quieres mi sangre?"

Su rostro se tornó serio repentinamente, volvió a tomar el libro y fijó su vista en él. Esperé pacientemente sin cambiar mi posición, sabía que respondería, sólo estaba pensando en la forma apropiada de hacerlo. ¿Cómo podía estar segura de eso? No lo sé con certeza, pero cada vez me era más fácil descifrar sus expresiones, así como él descifraba las mías.

"Querer y desear, son dos cosas distintas" — habló finalmente, levantó el rostro y sus ojos topacio se encontraron con los míos — "Aún deseo tu sangre… pero no la quiero, porque no quiero lastimarte, Mina."

— "El tío Aro me dijo, que cuando un vampiro encuentra a su cantante, no puede resistir la sed… pero tu lo has hecho, dos veces."

— "Ha sido difícil."

— "Igual no lo entendería. — me encogí de hombros — Nunca he deseado algo lo suficiente para saber lo que es tener que contenerse, y todo cuanto he deseado lo he obtenido." — dije tocando el guardapelo que colgaba de mi cuello.

— "Suenas a una niña mimada."

— "Eso es lo que soy, después de todo." — confesé.

Lo que más ambicionaba era ser parte de la guardia, y ahora lo tenía, el emblema pendiendo de mi cuello lo confirmaba, pero… ¿realmente lo merecía? O era solo por cumplir otro de mis caprichos.

Edward no volvió a hablar, ¡claro! ¿Qué podría decir?... lo que había dicho yo no era más que la verdad. Me costaba aceptarlo, pero así eran las cosas. Yo no era más que una niña mimada, acostumbrada a que se hiciera lo que yo quería y cuando yo lo quería.

Me volví a acostar y cerré los ojos. Mientras meditaba acerca de mi comportamiento pasado y me planteaba la idea de intentar cambiar, el sueño me venció.


¡Feliz Navidad! (atrasada) y ¡Feliz Año Nuevo! (adelantado) jejeje... espero que este capitulo sea de su agrado. Me he tardado una eternidad, lo sé, pero a partir de ahora prometo que los capítulos serán un poco más largos.

¡Gracias, Azulpurpura, por tu incondicional apoyo! Tus reviews siempre me levantan el ánimo y aunque en mi otra historia no me vaya muy bien, creo que con esta aun puedo reivindicarme XD.

Felices fiestas a todos y todas los que se dan una vueltecita de vez en cuando por mi fic, un cálido abrazo, que se la pasen muy bien y en compañía de sus seres queridos.

Besos, Ninie.