*Nota:
-diálogos
-"mensajes telepáticos"
-susurros a velocidad vampírica
-cantando
"Soprano"
By Ninie
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Capítulo 15: Agridulce mañana.
Desperté con un horrorizado grito rasgando mi garganta, la respiración y el pulso acelerados. Sentí unos brazos fríos envolverme con ternura, sin oposición de mi parte. Seguía en shock mientras las imágenes de mi reciente sueño se repetían en mi mente una y otra, y otra vez.
Resultaba ilusorio que imágenes como aquellas pudieran alterarme estando consciente. ¡Era tan absurdo! Estaba plenamente consiente de que lo que veía en sueños era incapaz de lastimarme en la realidad, entonces… ¿Por qué no podía dejar de llorar? Éste sentimiento, esta angustia que sentía, era superior a mí.
Fui respirando más pausadamente al tiempo que luchaba por dejar de sollozar.
— ¡Tranquilla, sorellina! ¡Fu solo un male sono! (¡Sólo fue un mal sueño!) — decía Heidi acariciando mi cabello mientras me abrazaba.
Respiré profundo para tranquilizarme, inhalando su dulce aroma. Entonces descubrí que ella no era la única presente. Alcé mi rostro, y por sobre su hombro, pude ver una figura borrosa. Cerré los ojos dejando correr las lágrimas contenidas y enfoqué mi vista en ella.
Edward observaba de pie bajo el dintel. Su expresión era tan serena como siempre, pero había algo en su mirada que me incomodaba, como si pudiese ver a través de mí. Nuevamente, como en ese horrible sueño, me sentí vulnerable. Y no pude más que huir de esa mirada, refugiándome en el hombro de mi hermana.
— El desayuno está listo, Mina. — escuché la voz de Felix provenir de la cocina.
Sin muchas ganas me solté del abrazo. Edward ya no estaba. Más tranquila me dirigí al cuarto de baño.
— Prepararé tu ropa. — dijo Heidi antes que cerrara la puerta tras de mí.
Seguía estando algo perturbada. Me desvestí y metí en la ducha casi por inercia, completamente ajena a lo que hacía. Me resultaba tan difícil aceptar lo mucho que ese sueño me había afectado. ¡Era patético! ¿En qué universo paralelo yo le temería a un simple y frágil humano como el Sr. Cauldwell? ¡Ni Demetri con toda su fuerza sobrehumana había logrado ponerme una mano encima… y salir ileso! ¿Qué oportunidad tendría ese hombre? Sí, era ridículo temer… y aún así, una ínfima parte de mí lo hacía. Probablemente esa parte que la mayoría del tiempo prefería ignorar: la humana.
Salí de la ducha y sequé mi cabello con la toalla. Me miré en el espejo, mis ojos seguían algo irritados. Me envolví en la toalla y salí hacia la habitación. Mi ropa ya estaba sobre la cama, lista como siempre, Heidi me cuidaba demasiado, sonreí casi inconscientemente ante este pensamiento.
Entonces una duda me asaltó. ¿Qué hacía Felix en la cocina? ¿Acaso dijo: "desayuno listo"? ¿Qué desayuno?
Movida más que nada por la curiosidad, me vestí a velocidad inhumana, con el cuidado de no romper nada, y salí hacia la cocina.
— ¡Pero ¿qué…?! — las palabras no me salieron.
— Adelante, Mina. Tu desayuno está listo. — informó Felix, ridículamente vestido con un delantal a cuadros rosas y blancos mientras daba vuelta a un hot cake con la espátula. — ¡Siéntate! — señaló con la espátula al otro extremo de la cocina.
Mi vista viajó muy lentamente hasta toparme con una torre de dichas tortas como de medio metro, sobre la mesa. Heidi y Edward sentados a la mesa contemplaban la torre con diferentes expresiones. Edward parecía dudoso. Mientras que mi hermana parecía ansiosa, casi como si estuviera tramando…
— ¡No te atrevas! — sentenció Edward mirándola de reojo. Entonces vi que la mano de Heidi se retiraba lenta y disimuladamente del borde del plato. Eso confirmó mis sospechas: ¡Ella quería derribar la torre!
— ¡Listo! — una última torta se agregó a las demás. Dándome vuelta me encontré de nuevo con mi hermano sonriendo de oreja a oreja — ¡Pruébalos, hermanita! — dijo poniendo cara de angelito. Estaba a punto de preguntarle cómo había hecho para prepararlos o si es que intentaba envenenarme, pero una pregunta mucho más preponderante se me atravesó.
— ¿"La Mejor Mamá del Mundo"? — señalé atónita la pechera del delantal.
— Fue el único que encontró Emmett. — respondió rascándose la cabeza.
— ¡Mintió! — murmuró Edward secamente.
Felix parecía a punto de explotar, yo misma pude imaginarme gráficamente al fortachón de los hoyuelos siendo torturado por mi hermano.
— ¡Mejor los pruebo antes que se enfríen! — dije sonriente sentándome a la mesa, tratando de distraerlo. ¡Funcionó!
Se sentó frente a mí, clavando los codos en la mesa y mirándome con… ¿ensoñación? ¡No cabe duda que el aire de Forks afecta seriamente la mentalidad Volturi!
Corté un pedacito de torta y con el tenedor me lo llevé a la boca. Felix seguía el trayecto del bocado con expectación. Cuando desapareció en mi boca lo sentí dejar de respirar. ¡Menos mal que era vampiro o se habría puesto morado mientras esperaba mi veredicto!
Mastiqué tranquilamente, con cierto temor. Pero, pensándolo mejor, lo peor que podría pasar sería que me diera una diarrea, y una semivampiro no moriría de diarrea… ¿verdad?
Sorprendentemente, descubrí que el pan sabía a gloria. Nunca probé algo tan sublime, excepto claro, en la cocina de Esme Cullen.
— ¿Y?... ¿Cómo está?... ¿Te gustó? – preguntaba desesperado.
— ¿Para qué preguntas? Su cara lo dice todo. — respondió Heidi. Pero Felix no parecía darse por satisfecho.
Corté otro bocado y me lo comí un poco más rápido que el primero. ¡A quién le importa la diarrea!
— ¡SÍÍÍ! ¡FUNCIONÓ!... ¡FUNCIONÓ!... ¡FUNCIONÓ! — Felix celebraba abrazando el grueso tomo que había estado leyendo el día anterior.
— ¿Gué esh esho? — pregunté sin poder esperar a tragar. Pero Felix había salido rápidamente para ponerse a dar saltos alrededor de la cabaña.
— E…el… recetario de… Esme. — respondió Edward medio distraído, me veía con una ceja alzada.
— ¿Gué? — pregunté ante su expresión. Carraspeó un poco y recuperando su pose seria me respondió…
— No es educado hablar con la boca llena. — dijo igual de seco que con Felix. «¿Qué, qué? ¡Uy, Pero que apretado!» En ese momento tuve una idea. Sonreí maliciosamente, y él lo notó. — ¿Qué? — cuestionó entrecerrando los ojos.
Le saqué la lengua, exponiendo el bocado semi-masticado. La mueca en su cara era lo más gracioso que había visto nunca. Pero la diversión no duró mucho…
— ¡FIORELLA! ¡¿DÓNDE ESTÁN TUS MODALES?! — chilló mi hermana, asqueada. Tragué rápidamente y la mire.
— ¡Por ahí! ¡Por ahí, en alguna parte de este vasto planeta que llamamos tierra! – murmuré, indiferente y seguí comiendo.
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Me comí cerca de cuatro o cinco hot cakes, en ese tiempo, Felix no volvió a aparecer, probablemente seguía cantando y dando saltitos en alguna parte del bosque.
— Mejor vas a detenerlo antes que el muy tarado cruce el límite del tratado. — sugerí a Heidi mientras me colocaba la mochila al hombro.
Edward ya me esperaba en la puerta, aún teníamos que pasar por la mansión Cullen para que se cambiara de ropa.
Heidi asintió dubitativa colocándose su abrigo. No me pasó desapercibida la forma tan significativa en que miró a Edward antes de dejar la casa. ¿Qué se traían esos dos? En vano intenté interrogarlo sólo con la mirada, él sólo se limitó a darme la espalda murmurando un — ¡Se hace tarde! — antes de salir. ¿Y ahora qué le pasaba?... ¿Y qué le pasa a mi hermana?...»
— "¡FIORELLA!"
— ¡Ya voy! ¡Ya voy! — salí a trompicones enrollándome una larga bufanda al cuello.
Cuando lo alcancé, estuve a punto de preguntar, esta vez directamente. Pero esa arruga en su entrecejo era una clara advertencia de peligro. De modo que cerré la boca y le seguí en silencio hasta la mansión.
Una vez en casa de los Cullen, Edward se dirigió a su recámara, mientras yo esperaba en la sala acompañada por Rose y Emmett.
Alice y Jasper no estaban en casa, según dijo Emmett, habían salido muy temprano para encontrarse con Bella en el camino al instituto.
— ¡Buenos días! — saludó Carlisle bajando acompañado de Esme.
— ¡Buon giorno! — los alcancé a mitad de las escaleras para depositar un beso en la mejilla a cada uno.
— Con su permiso, me retiro. Creo que ya voy algo tarde al hospital. — se disculpó Carlisle después de devolverme el gesto. Le dio un último y tierno beso a su esposa antes de salir.
Esme miró alrededor y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
— Edward… — lo que sea que iba a decir no lo supe, pues en el momento que Carlisle salía, la puerta principal se abrió inesperadamente.
Apenas alcancé a apartarme cuando "la mejor mamá del mundo" pasó a mi lado y alzó a la vampiresa en vilo.
— ¡GRAZIE! ¡GRAZIE, ESME! ¡MOLTE GRAZIE!
Escuché la voz de Heidi disculparse por Felix con Carlisle, pero mis ojos no podían apartarse de la figura de mi hermano girando como ese dibujo animado de los Looney Tunes: el Demonio de Tazmania.
La pobre solo le miraba confundida, y me alegré de que fuera vampira o de lo contrario ya se habría puesto verde con tantas vueltas.
Cuando finalmente Felix pudo calmar su euforia, explicó con más calma su éxito en la cocina de esa misma mañana.
— ¡Sabía que podrías hacerlo! ¡Tienes "el toque"! — dijo Esme satisfecha.
— ¿Verdad que sí? — dijo mi hermano más confiado — ¡Ese podría ser mi "don"! — se veía muy ilusionado con la idea.
Inconscientemente miré a Heidi, quien me devolvió una mirada preocupada, entonces lo entendí.
— Ejem… — interrumpí llamando su atención — Hermanito… — modulé mi voz lo más dulce posible — no se te ocurra repetir eso frente a al tío Caius, ¡por favor! — Felix se quedó en silencio, como valorando el peso de sus propias palabras.
— ¡Uy! Tienes razón. — soltó finalmente con expresión seria. — ¡Pero aún quiero aprender más! — dijo más animado, mirando a Esme. Ella asintió.
— Será un placer tener a un pupilo tan decidido. — respondió mientras lo conducía hacia la cocina.
— Por cierto, ¿Qué haces todavía aquí? — preguntó mi hermana deteniéndose y mirándome inquisitivamente antes de entrar en la cocina detrás de Esme y Felix.
— Espero a Edw… ¡como que ya se tardó! — murmuré pensativa, más para mí misma. Hasta ese momento no había caído en la cuenta de que llevaba más de 15 minutos arriba, cuando usualmente vuelve en menos de 5.
Rosalie y Emmett se acercaron, de modo que quedamos los cuatro al pie de la escalera, todos mirando hacia arriba.
— Pues, ¡como que van a ver que le pasa! — sugirió Heidi para después meterse a la cocina.
Cuando perdí de vista a mi hermana me giré hacia los dos Cullen a mi derecha.
— ¡Yo paso! — dijo Rose soltando un bufido, dio media vuelta y se encaminó a la sala. Tomó una revista y se derrumbó en uno de los sofás.
Ante la negativa de la rubia, miré al fortachón que aún estaba a mi lado. Emmett me sonrió, resaltando sus tiernos hoyuelos. Pero apenas dio un paso al frente…
— ¡Ahora no, Emmett! — un bajo gruñido de advertencia lo detuvo.
— ¡Uh!... Habla en serio. — dijo el "osito" cruzándose de brazos.
Suspiré frustrada, pasándome las manos por el cabello conteniendo el impulso de halarlo hasta arrancármelo. Si no hacía algo pronto íbamos a llegar tarde a clases. No es que me estuviera muriendo de ganas por ir, pero si tenía que hacerlo, al menos quería hacerlo bien.
Volví a suspirar contando hasta diez y empecé a subir.
— ¡No te atrevas! — volvió a gruñir, pero le ignoré y seguí avanzando. — ¡Fiorella! — ¡Fiorella! ¡Fiorella!... lo hacía tan a menudo que empezaba a perder su efecto. — ¡FIORELLA VOLTURI!
— ¡Ella!... — Emmett intentó detenerme, preocupado. Pero lo hice a un lado y le guiñé un ojo para darle a entender que estaría bien, no muy convencido me soltó.
— ¡Sabes que no te tengo miedo! — dije tratando de sonar indiferente — ¡Voy a subir quieras o no, y más vale que estés listo!
Llegué al tercer piso y avancé con dramatismo por el amplio corredor.
— ¡Tunton, tunton, tunton, tunton, tunton, tunton…! — susurraba mientra me acercaba a su puerta, imitando la música de fondo en las escenas de suspenso de esa vieja película: Tiburón. Abajo escuché la risa de Emmett.
La puerta se abrió antes de que yo tocara el pomo. Y lo que vi me dejó sin palabras… pero con unas inmensas ganas de partirme a carcajadas. Contuve el aire intentando no reír con todas mis fuerzas.
— ¿Qué… te… pjfff? — estaba por romper a reír cuando una mano tapó mi boca y fui arrastrada al interior.
Apenas escuché el clic de la puerta al cerrarse nuevamente, le mordí la mano y me safé de su agarre dejándome caer al piso muerta de risa. ¿Por qué Edward vestía jeans azules, camisa verde y un saco amarillo pollo… ah y para rematar, "converse" rojos?
— "¿Terminaste?" — preguntó cuando el estómago me dolía tanto que ya no podía reír, mirándome desde la puerta con los brazos cruzados y las cejas levantadas.
— "Francamente no, pero ya me duelen las costillas. ¿Se puede saber que te pasó? ¿Perdiste alguna apuesta?"
— "No"
— "¿Entonces?" — logré arrastrarme con mucha dificultad y me senté en el sofá. Él no respondió, se quedó mirando el suelo evidentemente enfurruñado. Eché un vistazo a la habitación, había ropa tirada por todos lados, como si Felix hubiese pasado por ahí en su fase de "Taz". — Como sea… — me encogí de hombros y empecé a rebuscar entre las prendas — "Dejarte salir así sería un verdadero crimen."
Del armario pude rescatar un pantalón gris oscuro, una camisa blanca y un suéter gris claro con cuello en "v". También encontré un par de tenis oscuros. No era la gran cosa, pero se vería mejor que con esa rara combinación que traía puesta.
Extendí las ropas sobre la cama, como Heidi lo hacía para mí, y me dirigí a la salida.
— "Te espero abajo."
Empezaba a bajar las escaleras cuando lo escuché decir — "¡Gracias!" — aunque sonaba algo indeciso. Sonreí para mis adentros y seguí mi camino.
Cuando llegué al final de la escalera, Emmett estaba ahí mirándome con cierta ¿aprehensión?
— Sobreviviste. — dijo, y no pude descifrar si estaba feliz o decepcionado. — ¡Demonios! — exclamó de pronto haciendo que me sobresaltara — Creí que sin la ayuda de la enana estarías en problemas… — ¿Eh, enana? no lograba comprender a qué se refería, hasta que escuché una aterciopelada voz tras de mí.
— Mina me ayudó.
Giré tan rápido que casi me resbalo, pero el grandullón me detuvo poniendo una mano en mi espalda. Y ahí estaba él, vestido con la ropa que yo misma había escogido, y se miraba imposiblemente atractivo.
Bajó tranquilamente y se encaminó a la puerta principal abriéndola. Yo le seguí con la mirada, totalmente atontada.
— Ya me parecía que ese no es el estilo de Alice. — continuó Emmett sacándome de mi trance.
— ¿Mina? — me llamó Edward al notar que no me había movido. Ladee la cabeza ligeramente hacia un punto lejano tras él.
— ¿Era eso una paloma? — dije lo primero que me vino a la mente y salí corriendo pasando de largo a un confundido Edward en la puerta.
— Lo dudo. — dijo cuando salió poco después de mí. — El clima de aquí no les permite quedarse mucho tiempo. ¿Qué tienen de interesante?
Desvié la mirada avergonzada. Me encogí de hombros.
— Me gusta verlas correr. — respondí.
— ¿Correr?... ¡Dirás volar! — intentó corregirme, pero yo negué, y armándome de valor lo miré.
— Nop. Correr, ¡se mueven muy gracioso!
Me miró inexpresivo por varios segundos, finalmente cerró los ojos y negó suspirando.
— Heidi… — dijo después de suspirar, volteando hacia atrás. Mi hermana estuvo ahí en un parpadeo — ¿Cuántas veces la tiraron de cabeza?
— Mmm… la verdad… perdí la cuenta. — respondió ella, rascándose la barbilla pensativa.
Mi mandíbula se desencajó tanto que casi sentí que golpeaba el suelo. ¿Ella le estaba siguiendo el juego? Dándome media vuelta empecé a caminar rumbo a la carretera sin decir nada.
— ¡Mina! ¿A dónde vas? — escuché a Edward.
— "¿A dónde más? Al instituto." — respondí sin girarme.
— "¿Caminando?"
— "Ni que fuera a cansarme. Además, así tendrán más tiempo para seguir burlándose de mí." — dije apretando el paso.
— ¡Mina! ¿Qué pasa?
— Nada. No quiero llegar tarde.
El ronroneo del volvo pronto me alcanzó, pero lo ignoré y seguí caminando.
— Mina… — Heidi estaba a mi lado, tenía esa mirada que yo ya conocía muy bien.
Traté de sostenerle la mirada, indiferente, pero terminé por subirme al volvo con Edward. No era momento para una de sus "evaluaciones psicológicas".
— "¡Vámonos!" — ordené, y él aceleró sin preguntar.
Mantuve mi vista en el camino, ni siquiera me interesó encender la radio, estaba demasiado ocupada con mis propios pensamientos para prestar atención a los sonidos del exterior. Me era más que evidente que desde esa mañana Heidi y Edward se traían algo raro, no sabía qué, ni por qué, pero me molestaba. Y lo peor de todo era que no había forma de preguntarles sin sonar como una estúpida paranoica.
¿Qué estaba sucediendo con esos dos? ¿Por qué Felix parecía tan indiferente? ¿Sólo yo lo había notado? ¿Acaso lo estaba imaginando?...
Salté levemente en el asiento cuando sentí la vibración en el bolsillo de mi abrigo. Era mi celular.
— ¡¿Segura que tu conciencia está limpia?! — se burló Edward, recordando la conversación de la noche anterior.
— Mi conciencia está muy bien, gracias. La de otros no sé. — dije con malicia, y su seño se arrugó. Sin darle tiempo a replicar contesté la llamada. — ¡Ciao!
— ¡Ciao, nena! ¿Cómo estás? — sonreí apenas reconocí esa voz grave y taciturna.
— ¡Papi!
¡Ciao!... Como ven, ya estamos en enero... ¡Me hago vieja! ¡Viejaaaaa! ¡Buaaaaa!
Pero bueno, dejándo de lado mi infortunio:
¡Gracias por sus reviews, Azulpurpura y Maryroxy!... Creo que esta vez no demoré tanto... ¿o sí?
También quiero dar gracias las maravillosas chicas que me agregan en sus alertas y favoritos, así como a todos y todas los que se toman un tiempecito para echarle un ojito a mi fic.
Jejeje... como se habrán dado cuenta, este capi estuvo un pelín más largo que los anteriores... Una buena: noticia es que decidí que a partir de ahora haré los demás igual o un poquitín más largos... la mala: es que las publicaciones le pisan los talones a la inspiración. ¡Este es el cap 15, acabo de terminar el 16 pero no he empezado el 17! ¡Aaaaa... que presión! Oren por que esta entelarañada cabecita se ilumine pronto.
Creo que eso es todo por el momento. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Besos, Ninie.
