¡Ahhhhh... estoy de vuelta! Chicas, ¡mil perdones por la demora! Ahora sí que nada más no podía conectarme... no tengo internet desde diciembre... ¡moriré si no me reconectan pronto! Ahora estoy aprovechando una hora libre y el internet de la universidad... (jajaja en vez de estar haciendo tareas, miren donde ando).
Pero bueno, ya no las entretengo más... ¡aquí está el capítulo!
*Nota:
-diálogos
-"mensajes telepáticos"
-susurros a velocidad vampírica
-cantando
"Soprano"
By Ninie
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Salté levemente en el asiento cuando sentí la vibración en el bolsillo de mi abrigo. Era mi celular.
— ¡¿Segura que tu conciencia está limpia?! — se burló Edward.
Mi conciencia está muy bien, gracias. La de otros no sé. — dije con malicia, y su seño se arrugó. Sin darle tiempo a replicar contesté la llamada. — ¡Ciao!
— ¡Ciao, nena! ¿Cómo estás? — sonreí apenas reconocí esa voz grave y taciturna.
— ¡Papi!
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Capítulo 16: El intruso.
— ¡No sabes como ansiaba escuchar tu dulce voz, cielo!
— ¡Ti rimpiango molto, papà! (¡Te extraño mucho, papá!)... — de pronto me sentí como una bebé, y estuve a punto de hacer un pucherito.
— "¡Che tenera! (¡Qué tierna!)" — se burló Edward.
— ¡No molestes! — gruñí apretando los dientes.
— ¿Perdón? — la voz exaltada de papá me recordó que en ese momento sólo yo podía escuchar a Edward.
— ¡Disculpa, papá! No era a ti.
— ¿Eh? ¿Quién está contigo ahora?
— Edward Cullen. — respondí con fastidio impreso en cada letra.
— ¡Perfecto!... ¡Pásamelo por favor!
— Me encantaría, pero no cabe…
— Miiinaaa… — el tono estricto de papá, arrastrando ambas sílabas, me convenció de darle el celular al vampiro que ya me esperaba con la mano extendida.
Apenas solté el móvil me di cuenta de que ya estábamos en el estacionamiento del instituto. Justo en ese momento un ruidoso monovolumen rojo hacia su entrada.
— ¿Cómo se está portando mi hija? ¿Les ha dado algún problema? — le escuché soltar de manera nerviosa y precipitada como quien lee una lista de tareas (sacar la basura, comprar leche, bañar al perro, etc) — ¿Su casa sigue en pie?... No ha incendiado nada… ¿o sí?
— ¡PAPÁ! — ¿Qué? Hasta donde recordaba yo no era pirómana ¿o sí? — ¡SABES QUE FUE UN ACCIDENTE! ¡EL TÍO ARO METIÓ EL REFRACTARIO CON ALUMINIO AL MICROOND…AS!… ¡UPS! — acababa de echar de cabeza a mi tío.
— ¡Nena, ¿Qué te he dicho de escuchar conversaciones ajenas?! — trabé los ojos, fastidiada — ¡Y no me hagas gestos, por favor! — agregó. Me conocía demasiado bien. Edward por su parte se mordía el labio para no reír frente al micrófono.
Resoplé sonoramente antes de salir del auto, y cerré la puerta con más fuerza de la requerida. ¿Humillarme se había convertido en el deporte favorito de mi propia familia? El día anterior: Felix, esa mañana: Heidi, y ahora: papá.
Respiré profundamente dos veces y me dirigí al encuentro con mis únicas dos amigas en el instituto… y tal vez en el planeta.
Con toda la alegría y el optimismo que pude simular, me dirigí al vehículo de Bella.
— ¡Buen día, Bellie! — saludé con un beso en la mejilla y luego a la otra — ¡Buen día, Allie!
Alice abrió la boca, pero sólo escuché la pregunta de Bella.
— ¿Bellie?
— Suena pegajoso… ¿no crees? "Allie y Bellie"… ¡oh y si lo dices de corrido parece que dices *Halibel! — me empecé a reír de mi propia broma. Pero las chicas no parecieron verle la gracia.
— Mina… — Alice puso una mano en mi hombro — ¿Por qué tan decaída el día de hoy?
— No estoy de… — iba a negarlo, pero el aroma de ese desagradable humano me llegó de pronto.
— ¡Buen día, señoritas!
— ¡Buen día, señor Cauldwell! — respondieron ellas, yo solo moví los labios. Al parecer no lo notó y siguió su camino.
— ¡Hey, Bella!
— ¡Hola, Mike!
— "¡Y los bobos se multiplican!" — escuché esa voz familiar que superaba el bullicio de mi alrededor.
Voltee hacia atrás, Edward había salido del volvo y estaba recargado en él, aún con mi celular en la oreja. Rodé los ojos. ¿Quién era más bobo, Newton por seguir tras una chica a la que "obviamente" no le interesaba, o Edward por seguir sintiendo celos cuando ella ya no era nada suyo? ¡Ya no le correspondía! En todo caso el celoso debería ser el tal Jacob.
— ¿Fiorella?
— ¡¿QUÉ?! — solté en tono rudo, saliendo de mi ensimismamiento.
Me tomó un par de segundos darme cuenta que era un amilanado Mike el que me hablaba. Sin poder contenerme empecé a reír nerviosa.
— ¡Disculpa!... Me agarraste de bajada, no acostumbro que me llamen Fiorella. — expliqué al verlo "algo" avergonzado… ¿o era asustado?... ¡no, era: aterrado!.
— Oh, entonces… ¿puedo llamarte Mina? — preguntó aún temeroso, yo asentí pretendiendo no sonreír de más. — ¡Bien!... las veo en clase, chicas. — se despidió precipitado y salió disparado al interior del edificio.
— ¡Wow! ¡Sí que lo asustaste! — comentó Alice mirando la puerta por donde Newton desapareció.
— Es mi encanto natural. — dije quitada de la pena encogiéndome de hombros.
— ¡El blandengue de Mike! — murmuró Bella en tono divertido.
La risa ahogada de Edward llegó hasta mis oídos, y supongo que también a los de Alice, porque ambas volteamos en su dirección, pero estaba de espaldas con el celular aún pegado a su oído. Repentinamente se tensó, lo noté cuando vi su mano libre cerrarse en un puño.
Intrigada por esa acción, estuve a punto de ir y preguntarle directamente que ocurría. Pero el rugir de una moto me distrajo. Dirigiendo mi vista hacia la entrada del estacionamiento, me encontré con un corpulento motociclista moreno. Sin poder apartar la vista de él, le observé acercarse hasta nosotras.
— "Es el novio de Bella."
— ¿Eh? — miré a Edward, agradeciendo interiormente que me sacara de mi embobamiento.
— ¡Jake! — la emocionada voz de Bella me confirmó las palabras de Edward.
El muchacho aparcó la moto al lado de nosotras y bajó rápidamente para saludar a su chica con un tierno beso que sin comprender por qué, me abrumó.
— Hola, Alice. — saludó a la vampira sin mucha convicción, noté como arrugaba la nariz.
— Hola, Jacob. — respondió sin mucho ánimo.
El licántropo me miró detenidamente, por alguna razón, nadie se atrevía romper el silencio, ni siquiera yo.
— Mmm… tú no hueles tan mal. — dijo de pronto. Instintivamente arquee una ceja, confusa.
— También es un placer conocerte. — respondí sarcástica.
Alice empezó a reír, y a pesar de la distancia, también escuché la risa de Edward. Mientras que Bella pasaba por todas las tonalidades del rojo conocidas.
— ¡Perdón! — se disculpó avergonzada, dio unos pasos hacia mi, tirando de la mano al corpulento moreno. — Mina, él es Jacob Black… mi novio. — se puso aún más roja, sí eso era posible. Puso una mano en mi hombro, sonriendo. No pude más que sonreírle de vuelta, hasta que miré al susodicho de frente que aún parecía estarme evaluando, igualmente le sostuve la mirada, no iba a dejarme intimidar. — Jake, ella es mi amiga: Mina Volturi.
— Lo sé. — espetamos a la vez en tono seco, sin perder el contacto visual. Repentinamente gané el duelo de miradas cuando el la apartó para centrarse en Bella, notoriamente sorprendido, agregó: — ¿Amiga?
¿Le parecía algo tan imposible? Miré al licántropo colocando los brazos en jarras, pero antes de que pudiera abrir la boca, Bella respondió.
— Sí. Así que te pido que la trates con respeto, por favor. — dijo un poco seria. El semblante del muchacho se ablandó.
— ¡Tranquila, Bellie! Ya verás que nos llevamos bien. — me adelanté tratando de sonar casual para restarle tensión al ambiente y le dí una palmada en el antebrazo al moreno (no alcancé su hombro) — ¿Verdad? — le sonreí — "Di que sí… ¡por Bella!"
— ¡Por supuesto! — coincidió sonriendo antes de poner su enorme mano en mi coronilla y revolverme el cabello. Obviamente tratando de molestarme, pero tuve que tragarme mi berrinche por ella, "mi amiga".
— Por cierto… — habló Alice de pronto — ¿Qué haces aquí? — preguntó dirigiéndose al quileute, yo me preguntaba lo mismo, y por la expresión de Bella, deduje que ella también.
Las tres esperábamos la respuesta de Jacob, cuando de un tirón, Edward nos empujó a las tres hacia un lado, apartándonos del camino de dos meteoritos humanos que aterrizaron sobre el moreno.
Me pareció que Alice había alcanzado a sostener a Bella, pero no presté más atención a nuestra situación, estaba más interesada de saber que cómo había sobrevivido el otro chico a la colisión. Entre protestas de tres voces diferentes, una la de Jacob, y otras dos que apenas estaba escuchando, tres cuerpos empezaron a incorporarse del suelo.
No entendía lo que decían, o pretendían decir, pues hablaban todos a la vez.
Observé a los recién llegados, su tez morena y complexión atlética tan similar a la de Jacob y Seth, clamaba a gritos que se trataba de miembros de la manada quileute. En ese momento ambos posaron sus ojos en mí, las muecas mal disimuladas de burla me inquietaron.
— ¡Interesante…! — dijo uno de ellos, sin poder terminar al explotar en una sonora carcajada.
— Como un muñeco de ventrílocuo. — comentó el otro, reprimiendo las notorias ganas de hacerle coro a su compañero.
Más confundida yo no podía estar. Pero temía preguntar.
— ¡Imbéciles! Pudieron haber lastimado a Bella. — gruñó Jacob apartándolos y acallando las carcajadas del muchacho con sólo una mirada. — ¿Estás bien, amor? — preguntó acercándose.
Alice la soltó para que pudiera abrazar a su novio. Ella asintió sonriendo despreocupada y depositó un beso en los labios del moreno. Cuando él empezó a corresponderle tuve que volver el rostro a otro lado, las emociones que desplegaban esos dos al hacer contacto eran tan intensas que, aún sin la experiencia de Jasper, yo podía sentirlas. Era muy incómodo.
Al mismo tiempo que desviaba la mirada, intenté retroceder, poner un poco de distancia entre la pareja y yo, pero fue entonces que noté que mis pies no tocaban el suelo. Sentí una presión en mi estómago. Al bajar la vista me encontré con el objeto causante de tal incomodidad. Un brazo rodeaba mi cintura sosteniéndome pegada de espaldas a un cuerpo duro y frío. Al inclinarme un poco más pude ver mis pies como 20 pulgadas despegados del suelo. Entonces caí en la cuenta… ¡yo era el muñeco y Edward el ventrílocuo! ¡Era de mí, de quien se burlaban esos dos extraños!
Cuando alcé nuevamente la vista hacia los quileutes, los dos estallaron en carcajadas apenas vieron mi cara. Mi vergüenza y frustración debió ser cómicamente evidente para ellos. De fondo, también percibí la melódica risita de Alice. De Bella y Jacob ya no quise saber, si ellos también se estaban burlando, sería el colmo.
— ¿Quieres dejar de sujetarme como a un peluche?
Edward reaccionó y me liberó en tierra firme… o mejor dicho, asfalto. Empecé a caminar rumbo al edificio.
— Sería interesante quedarse a averiguar por qué el par de moles casi nos arroyan… pero se hace tarde. — comenté sin detener mi paso.
— ¡Qué encanto de niña! — dijo uno de los muchachos, en evidente sarcasmo.
— Oí eso. — dije lo suficientemente fuerte.
Seguí alejándome. Sólo pude captar el sonido de un par de pisadas tras de mí, sin volverme, ya sabía quien era… por simple deducción. Así que seguí mi camino al aula de Biología.
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Una vez ahí tomé mi lugar en la misma mesa del día anterior y junto a mí se volvió a sentar Edward.
Lo vi empujar algo sobre la mesa hacia mí y voltee a ver, era mi móvil. Lo tomé de la mesa y mientras lo guardaba nuevamente en mi bolsillo, ¡sus fríos labios se plantaron en mi frente! Ni siquiera pude reaccionar, cuando ya se había sentado correctamente en su lugar.
— De parte de Marcus. — dijo con la vista al frente, lo que agradecí enormemente porque así no podía ver mi cara sonrojada.
— Grazie. — respondí tontamente. No sabía que más decir.
En ese momento sonó la campana que indicaba el comienzo de las clases. Perfectamente sincronizado, llegó ese sujeto… el Sr. Cauldwell. Mientras daba su cordial saludo matutino al grupo entero, me distraje sacando los útiles de la mochila.
El profesor estaba por cerrar la puerta del aula, cuando un par de chicas se plantaron frente a él.
— ¡Perdón por el retraso! ¿Podemos pasar? — preguntó Alice mostrando su sonrisa más encantadora.
A su lado, Bella parecía estar intentando respirar con normalidad, se le veía bastante agitada.
— Bien. — accedió el Sr. Cauldwell, cediéndoles el paso. — Sólo les pido puntualidad en lo futuro. — dijo mientras cerraba y se volvía a su escritorio.
Las chicas pasaron a mi lado y ocuparon su mesa. Las seguí con la mirada, Bella estaba rojísima, empecé a preocuparme. ¿Estaría enferma?
— "Bella, ¿te sientes mal?" — ella me miró inmediatamente y negando con la cabeza, sonrió y gesticuló un "estoy bien".
¡Si ella lo decía!... asentí, aunque no muy convencida y regresé mi atención a la clase. Me quedé de piedra cuando al alzar la vista me encontré con los ojos del profesor clavados en mí, era esa misma mirada que yo tanto detestaba. Eso me llevó nuevamente a revivir las imágenes de ese desagradable sueño.
Bajé la vista y sacudí la cabeza como sin con eso pudiera sacar esas imágenes.
— Señorita Volturi ¿se siente bien?... — era ese hombre el que preguntaba.
Le vi acercándose a nuestra mesa.
— Eh, Sí. Estoy bien. — me apresuré a responder de manera atropellada, deseando con todas mis fuerzas que no se acercara más.
— ¿En verdad?... Se le ve algo pálida. — se atrevió a tocar mi rostro, tomándolo de la barbilla. Me alejé de su mano.
— No…
— ¡La llevaré a la enfermería! — interrumpió Edward alejándome inmediatamente sin esperar autorización del profesor. — Te dije que era una imprudencia venir a clases indispuesta. — Agregó simulando un susurro perfectamente audible para la clase.
Me dirigió hacia la puerta, por supuesto, yo no me opuse, lo que más deseaba en esos momentos era alejarme.
Ante el comentario de Edward, Cauldwell no puso objeción alguna y nos permitió abandonar el aula.
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Era obvio que a la enfermería no iría. No estaba para nada enferma, incluso sobreviví a los hot cakes de Felix. Pero estábamos llegando al final del pasillo y no tenía idea de a dónde nos dirigíamos. Repentinamente, Edward volvió a sujetarme por la cintura con un brazo, y emprendió carrera fuera del instituto, en un abrir y cerrar de ojos estábamos en algún punto cercano del bosque. En cuanto se detuvo, empecé a patalear.
— Ya te dije. ¡No soy un peluche! — y con eso me soltó, sin mucha delicadeza, puedo agregar. De no tener el perfecto equilibrio de un vampiro, habría estampado la cara en el suelo. — ¡**Rozzo! — me quejé.
— ¿Qué es lo que te pasa? — preguntó en tono áspero.
— ¿A mí?... Casi termino con un facial involuntario. — apunté al barro en el suelo. Me miró con escepticismo y suspiró.
— Me refiero a Cauldwell.
— No pasa nada. — empecé a sacudir las arrugas imaginarias de mi ropa.
— Si pasa.
— No.
— Sí.
— ¡Que no!
— ¡MALDICIÓN, MINA!... ¡Tuviste una horrible pesadilla! ¡Es evidente que te ha afectado!
— ¡TTT…TÚ… TÚ… ¿CÓMO SABES ESO? — él bufó ante mi pregunta caminó hasta un árbol y se recargó en él de brazos cruzados. — ¡Edward! — lo apremié con mi mirada más amenazante, pero sólo me gané un gruñido de su parte.
Después de pensárselo un poco, me miró fijamente, como si fuera a calcinarme con sus ojos y finalmente suspiró derrotado, respondió:
— Cuando duermes… no proteges tu mente.
— ……………
¡Oh…por…Dios!... ¡OH POR DIOS!
Mis ojos se abrieron tanto que pensé que se me iban a salir, mi mandíbula probablemente sí tocó el barro. ¡A saber la cantidad de cosas que había soñado en los últimos días y él, seguramente las había visto! Ni siquiera podía hacer memoria de todas ellas, para los sueños normales tenía memoria de pez… ¡lástima que para las pesadillas era de elefante!
En ese momento sólo quería que la tierra me tragara.
— ¡Detente o te va a sangrar el labio! — ordenó, preocupado.
Hasta su advertencia, no me había percatado de que me lo estaba mordiendo desesperadamente.
— Las frutas y verduras bailarinas son… divertidas. — comentó de pronto, más relajado.
— ¿Ah?... — de momento no reaccioné — ¡Maldita publicidad de supermercado! — me quejé cuando recordé dónde había visto algo semejante, capaz de quedarse en mi subconsciente.
— Mina… Cauldwell no va a lastimarte. — se volvió a poner serio.
— Lo sé.
— No temas.
— No puedo evitarlo. — confesé. Parecía estar preocupado. Suspiré. — ¡Seguro se me pasa pronto!... ¡Volvamos! — emprendí el regreso. — Nuestras cosas…
— Alice las recogerá. — interrumpió tranquilamente, sujetando mi brazo.
Eché un vistazo a mi reloj de pulsera.
— ¿Y qué se supone que haremos por 45 minutos? ¿Contar nubes? — ambos miramos hacia el cielo.
— ¡Uno!... terminé.
— No es verdad.
— ¿Acaso tú puedes decirme dónde termina una y empieza otra? — me miró desafiante.
Volví a contemplar el cielo, ¡era imposible! Estaba totalmente encapotado… ¡como siempre! Muy diferente al bello cielo azul de Volterra, donde podía ver toda clase de aves, planeando en la lejanía, en completa libertad.
— ¿Pensando en palomas, otra vez? — su pregunta me sacó de mis pensamientos.
— Algo así. ¿Cómo lo sabes? — lo miré. No estaba molesta, sino con curiosidad.
— Has soñado con ellas. Deben gustarte mucho.
— En el castillo abundan… ¡Ah! Y por favor, ¡deja de husmear en mis sueños! — sacudí un tronco cercano y me senté a perder el tiempo.
— Lo intento. Pero no siempre funciona. — él también se sentó.
— ¡Persevera! — le fulminé con la mirada, pero él sólo sonrió de lado. Esa sonrisa me puso un poquitín nerviosa, por lo que preferí cambiar de tema. — ¿Qué quería mi padre? — pregunté apoyándome en su costado como respaldo.
— Lo normal. Saber cómo te encuentras, qué has hecho, etc. Lo mismo que le pregunta a Carlisle cada dos días.
¡Estupendo! (nótese el sarcasmo) Mi padre había estado en contacto con Carlisle y yo ni en cuenta.
— "¿Apoyaste mi versión en cuanto a la misión?" — tenía que preguntar.
— "Sabes que así es."
— ¡Grazie!
El resto de la hora lo pasamos en ese lugar apartado. Comunicándonos por pensamientos, Edward me platicó a detalle en qué había consistido su conversación con mi padre… la cual pareció ser más un monólogo. Apenas intercambió algunas palabras con papá, la mayor parte de su "conversación" telefónica, fueron relatos sobre mi "complicada personalidad", como solía llamarla el tío Caius.
Para el final de la hora, yo no podía estar más desmoralizada. Era simplemente aplastante la facilidad y rapidez con la que mi padre había confiado tanta información "clasificada" a Edward.
En menos de una hora había descubierto que ese vampiro se había vuelto un intruso, en mis sueños y en mi vida. ¡Mierda!
— Incluso por teléfono sabes ganarte la confianza de los demás. — lo miré acusadoramente y él sonrió de una manera que se me antojó… ¿perversa?
— Supongo que le pareció una buena forma de comenzar a tratar con su "yerno".
— ¡¿QUÉ LE DIJISTE?! — me paré de golpe completamente desconcertada, aunque no sabría decir si estaba molesta o apenada.
— ¿Tendrías la amabilidad de calmarte? — pidió tomándome por los hombros para obligarme a sentar de nuevo. Luego se sentó a mi lado.
Yo seguía rumiando cosas ininteligibles hasta para mí misma.
— Carlisle tuvo que decirle que estamos pasando tiempo juntos, y él sacó sus propias conclusiones.
— Genial. — dije sarcástica… Pero pensándolo de otra forma, si ese rumor llegaba hasta Volterra, ¡Demetri me dejaría en paz! — ¡Genial! — repetí con más optimismo.
— Y dicen que yo soy el bipolar. — murmuró Edward con sorna. — ¿Puedo saber que estas tramando?
— ¡Tranquilo, Eddie!... — dije copiando el tono seductor que usaba Heidi a veces. Estiré mis brazos y jugué un poco con el cuello de su camisa — "Sólo voy a usarte un poquito." — milagrosamente logré sonreír a pesar de estar muerta de verguenza. ¡Jamás me vi a mi misma actuando de esa forma! Pero por ver la cara anonadada de Edward lo valía.
*Halibel: personaje de Bleach (Arrancar No.3)
**Rozzo: en italiano significa brusco, bruto, descortés, duro, grosero, incivilizado, insolente, rudo, tosco… etc, etc.
De nuevo pido miles de disculpas por la demora. Y muchas gracia a Maryroxy y Azulpurpura por sus reviews... espero hayan disfrutado de este capítulo, que ha sido como lo prometí un poco más largito.
Hasta pronto!!
Besitos, Ninie.
