¡I know! No tengo perdón de Kamisama... así que no les entretengo más y aquí va el capítulo...


*Nota:

-diálogos

-"mensajes telepáticos"

-susurros a velocidad vampírica

-cantando

"Soprano"

By Ninie

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

—Carlisle tuvo que decirle que estamos pasando tiempo juntos, y él sacó sus conclusiones.

—Genial. — dije sarcástica… Pero pensándolo de otra forma, si ese rumor llegaba hasta Volterra, ¡Demetri me dejaría en paz! — ¡Genial! — repetí con más optimismo.

—Y dicen que yo soy el bipolar. — murmuró Edward con sorna. — ¿Puedo saber que estas tramando?

—¡Tranquilo, Eddie!... — dije copiando el tono seductor que usaba Heidi a veces. Estiré mis brazos jugué un poco con el cuello de su camisa — "Sólo voy a usarte un poquito." — milagrosamente logré sonreír a pesar de estar muerta de nervios. ¡Jamás me vi a mi misma actuando de esa forma! Pero por ver la cara anonadada de Edward lo valía.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Capítulo 17: Empatía.

Después de nuestra informativa conversación en el bosque regresamos de lo más frescos para las siguientes clases… o al menos yo. Ignoro si Edward había comprendido mis palabras o se había hecho una idea equivocada… como fuera, no volvió a comentar nada al respecto. Y era divertido ver la cara de trauma con la que volvió al instituto.

De hecho, no volvimos a hablar durante las clases subsecuentes ni por telepatía, hasta la hora del almuerzo, cuando al entrar en la cafetería volvimos a encontrarnos con Jacob y los dos extraños.

Bella no perdió tiempo y, arrastrando a Alice, fue hacia ellos. De modo que volvimos a quedarnos solos. Mientras él compraba el almuerzo me dediqué a observarlos, preguntándome qué hacían aún en el instituto.

—"Los transfirieron de la reserva, ahora estudiarán aquí." — respondió Edward adivinando mis pensamientos.

—"¿Y por qué no están en nuestro grupo?"

—"Son un año menores."

—"¡Hurra! ¡Ahora me siento vieja!"

En ese momento, Bella se sentaba al lado de Jacob, y éste la recibía con un beso apenas rozando sus labios. Duró menos de un segundo, pero fue suficiente para aturdirme. ¿Cómo hacía Bella para sobrevivir a tanta euforia? Sus emociones me mareaban, literalmente.

Me volví hacia Edward, tratando de desaturdirme, pero fue peor. Viendo su rostro compungido, pude sentir con más intensidad sus emociones. ¡Genial!... ¡Ahora estaba deprimida!

—"No es necesario quedarnos… si quieres vamos a otra parte." — sugerí.

Él negó restándole importancia y empezó a caminar hacia la mesa de los quileutes tirando de mi mano. Tenía dos opciones: seguirlo, o tirarme al piso y dejarme arrastrar hasta la mesa como una niñita haciendo una pataleta.

¡Opte por la primera!

—¡Qué sorpresa, Cullen! ¡Decidiste honrarnos con tu presencia! — saludó Jacob, mientras tomábamos asiento.

Podía sentir la tensión de ambos en mí misma. Se notaba que aún había fricción entre ellos… ¡y quizás jamás desaparecería!

—¡Jake! — susurró Bella dándole un discreto codazo.

—¡Felicidades por la transferencia: Jacob, Quil, Embry! — dijo Edward sin inmutarse mirando a cada uno de ellos sucesivamente.

Después de eso se hizo un largo e incómodo silencio.

Alice contemplaba a Edward preocupada. Él miraba hacia la ventana aparentando indiferencia, pero podía sentir su pesar. Bella y Jacob, sólo les faltaban corazoncitos rosas y querubines flotando a su alrededor, ajenos totalmente a todo lo demás. Y los otros dos, parecían… ¿ansiosos?

Tomé un emparedado de la charola y empecé a devorarlo rápidamente, como cuando metes una cinta VHS en una videocasetera. La situación era de lo más estresante. ¡Sólo quería salir corriendo de ahí!

—¡Ey, "Soprano"! ¿Estás bien? — preguntó uno de los amigos de Jacob… creo que era Quil. Y casi me atraganto con el bocado cuando escuché como me llamaba.

Alice murmuró confusa — ¿Soprano? — mientras yo le dedicaba una mirada furibunda al chico.

—Creo que no. — respondió el otro por mí.

—¡Embry! — lo retó Jacob, y me arrimó una botella de jugo, la cual acepté agradecida.

Mientras me la tomaba, alguien me palmeó suavemente la espalda, luego deslizó su mano hasta mi hombro.

—"¿Qué pasa?"

—"Me siento en una montaña rusa de emociones… esos tres… sus instintos son muy fuertes para mí…"

—"Trata de tomarlo con calma." — puso la otra mano en mi mejilla. Su frío tacto era reconfortante, ¡algo que definitivamente no me esperaba! Cerré los ojos disfrutando de ese alivio.

—"Estar con Seth no es tan… complicado."

—"Quizá… quizá porque él no se ha imprimado."

—"Mmm… ¡Sí, eso tiene sentido!"

—¡Ejem!

En medio del confort, había olvidado que no estábamos solos. El carraspeó falso se Alice me lo recordó. Cuando abrí los ojos, encontré que todos en la mesa me veían con las cejas alzadas. Sentí el calor acumularse en mis mejillas.

—¡Es culpa suya! — los señalé uno por uno (omití a Edward en agradecimiento por haberme ayudado) — ¡Sus emociones me dan jaqueca! — Alice levantó la mano, como si estuviéramos en clase y pidiera permiso para ir al baño. — Eh… ¿sí, Alice?

—Yo sólo quiero saber… ¿Por qué "soprano"?

—Así la apodó Seth. — contesto el tal Embry.

Hasta ese momento no me había puesto a pensar en lo fácil que era que la manada entera terminara por enterarse de todo lo que yo le contaba a mi nuevo amigo.

—¿Eh?... y ¿Por qué?

—Porque su sangre canta para Edward más fuerte que cualquier otra. — respondió Bella en un murmullo inaudible para los humanos, pero no para nosotros. Los ojos de Alice se abrieron desmesuradamente y asintió comprendiendo.

—¿Cómo es que tú…?... — iba a preguntarle porque sabía eso ella, pero en eso lo recordé: — ¡Ah, claro! Olvidaba que Seth es tu "hermanastro".

—Aún no. ¡Pero pronto! — dijo con una risita triunfal.

—¡Tendré que cuidar lo que le digo de ahora en adelante! — dije fulminando a los tres quileutes con la mirada, ellos sólo se echaron a reír. — ¡Bellie!, ¡Oh, Bellie, sólo en ti puedo confiar, amiga mía! — agregué tomando su mano sobre la mesa con dramatismo, luego miré a Jacob cambiando mi expresión por una más seria — Siempre y cuando no estés con él, porque tanta miel en el ambiente puede ser tóxica.

Me puse de pie dispuesta a retirarme, y los quileutes rieron con más fuerzas. Probablemente pensaron que era broma, pero no. Tomé una botella de agua y emprendí la retirada. Por supuesto, Edward me siguió.

—¿Para qué el agua?

—Es probable que necesite rehidratarme. — respondí sin poder ocultar más mi malestar y corrí al baño más cercano, dispuesta a regurgitar todo ese revoltijo de emociones que acababan de suministrarme.

Llegué rápidamente, pero cuando estaba por entrar, Edward se interpuso en mi camino.

—¡Apártate si no quieres que "redecore" tu suéter!

—Intenta calmarte. — puso su mano en mi frente, el alivio llegó de inmediato. — Este malestar no es físico, solo está en tu mente. — Iba a retirar su mano pero lo detuve.

—"No la quites, me alivia." — era menos vergonzoso que decirlo en voz alta.

—"Pero… soy muy frío…" — negué.

—"Eres justo lo que necesito." — sus ojos se abrieron desmesuradamente y parpadeó varias veces. ¿Qué diablos había dicho? Cuando entendí mis propias palabras, toda mi cara empezó a arder y no supe que más decir.

Y de nuevo ¡salvada por la campana! Las clases estaban por comenzar, de manera que no hubo tiempo más que para correr a velocidad humana hasta el aula de trigonometría, y una vez más… sólo el silencio nos acompañó.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

A la salida, encontramos a Jacob trepando su moto en el monovolumen de Bella. Quil y Embry subieron a un auto de color blanco. Al menos algo bueno había en tolerar a los "lobitos": ¡Bella estaría mejor protegida de camino a casa! Pensando en eso, no pude evitar sonreír.

Escoltamos al "trasto" y sus pasajeros hasta La Push. Quil y Embri encabezaban la escolta.

En esta ocasión, Alice viajó con nosotros en el volvo, situación que aproveché para cambiarme al asiento trasero. Ella encendió la radio y empezó tararear las canciones que iban saliendo, mientras, yo veía por la ventanilla completamente perdida en mis pensamientos.

Me sentía sumamente ansiosa, con ganas de arrancar la puerta del auto y salir corriendo, ¿hacia dónde?... ¡no tenía ni idea!; pero sentía la necesidad de encontrarme con alguien, ¿Quién?... ¡eso tampoco lo sabía! Lo único de lo que podía estar segura, era que esos no eran mis verdaderos sentimientos, sino los de Quil y Embry. Ambos me estaban aturdiendo, a pesar de que íbamos varios metros detrás.

¡Sólo un poco más! ¡Sólo un poco más!... me decía a mí misma internamente, casi como si repitiera un mantra. Ya estábamos cerca de la reserva, pronto nos despediríamos y mi tormento terminaría.

—Mina… ¿Qué pasa?

La vocecita de Alice me hizo perder la concentración. Voltee a verla, estaba encaramada en el respaldo de su asiento y me miraba fijamente.

—N…nada… ¿Por? — pregunté y ella ladeó la cabeza sin cambiar de expresión. ¡No me creía!... ¿Por qué?

Entonces me di cuenta, todo mi cuerpo estaba rígido y mis puños apretados al punto de que me había enterrado mis propias uñas dejando marcas rojizas en mis palmas.

—¡Ah!... ya veo. — al instante me destensé, desparramándome en el asiento. Resoplé y me llevé una mano a la frente. — ¡Disculpa si te asusté!

—¡Calma! Ya casi termina. — murmuró Edward, sin despegar la vista del camino.

—Hai… hai. — musité distraída y desganada.

—¿Qué no eras pésima para los idiomas?

—Lo es. — afirmó Edward, sin dejarme responderle a su hermana. — Pero es una… "otaku". — Escupió la última palabra como si de una blasfemia se tratara, y para colmo, ella me miró como si me hubiese sacado un moco ahí mismo y me lo comiera frente a sus ojos.

La reacción de Alice arrancó a Edward una malévola sonrisa, que para mi desgracia, lo hacía ver… ¿sexy?... o… algo así. Estuve segura de que me había puesto más roja que un tomate maduro.

¡Definitivamente, el aire de Forks me hace idiota!

Por milésima vez en lo que iba del día, maldije el momento en que dejé a mi padre hablar con Edward por teléfono. ¡Había creado un monstruo! Y no solo eso, le había dado las armas para destruirme. ¿Por qué?... lo habría esperado de Jane… incluso de Alec o hasta Felix… ¿Por qué mi propio padre?

—¡Sólo bromeaba! No creo que sea tan grave. — sonrió Alice, tratando de animarme. — ¡Por favor, no te enojes!

¡Menos mal! Era reconfortante saber que ni un vampiro reconoce la diferencia entre estar "roja de ira" o "roja de vergüenza".

El volvo se detuvo cuando estuvimos en la entrada de la reserva. Bella se asomó por la ventanilla del copiloto y nos despidió agitando la mano. Hicimos lo mismo que ella.

—"¡Hasta mañana, Bellie!"

Ella asintió y el monovolumen siguió su camino. Cuando los perdimos de vista, emprendimos el retorno.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Alice continuó cantando sólo fracciones de las estrofas, se aburría rápidamente y le cambiaba de estación.

Edward me observaba por el retrovisor, aún con esa sínica sonrisa en el rostro. Recordé lo último que le había dicho antes de entrar a trigonometría: "¡Eres justo lo que necesito!", y volví a sentir mi rostro arder. ¿Por qué tenía que recordarlo precisamente en este momento? Aparté la vista y volví a concentrarme en el paisaje de la ventanilla. En el reflejo del cristal, visualicé a Alice, miraba de Edward a mí sucesivamente, pensativa. Repentinamente, sus ojos se detuvieron en él.

—¿Qué hicieron durante la hora de biología?

No preguntó qué me pasó en biología, ni a dónde fuimos durante esa clase… no, ella preguntó qué hicimos. Y por alguna razón, parecía más interesada por la respuesta de su hermano que la mía.

¿Y si él le contaba lo de mi pesadilla? ¡No! Ya era suficientemente vergonzoso qué "Eddie" lo supiera. Además de que era la clase de cosas que no me gusta compartir con nadie, ¡ni con mi hermana! ¡Por Dios!

Volvió a mirarme por el retrovisor y yo le devolví una mirada suplicante.

—"¡Descuida… no lo diré a nadie!"

Le sonreí y, como ya se estaba volviendo costumbre, el parpadeó un par de veces.

Escuchar eso me proporcionó gran alivio. No me di cuenta que había dejado de respirar, hasta que solté todo el aire emitiendo un involuntario y sonoro suspiro.

—¡Olvídenlo! ¡Mejor no quiero saber! — volvió a hablar Alice con una sonrisita traviesa en sus labios.

Me quedé observándola sin comprender. De pronto Edward le dio un coscorrón y ella soltó una risotada. Tal vez fue sólo mi imaginación, pero por primera vez me pareció ver a Edward avergonzado.

—¡Sólo era una teoría! — dijo aun sin poder dejar de reír. — Están muy raros desde esta mañana y no me cuentan nada.

—No necesitas saberlo "todo". — logró decir Edward recuperando su temple, y Alice le hizo un puchero.

Lo viera por donde lo viera, esos dos no se parecerían más si hubiesen sido gemelos. Podían quejarse ocasionalmente de sus respectivos dones, pero en el fondo lo disfrutaban tanto que a veces les molestaba no poder usarlo.

No supe en qué momento empecé, pero estaba riendo y no podía detenerme. Ellos me miraban entre confusos y divertidos. Pero no me preguntaron nada, simplemente me dejaron reír hasta que el vientre empezó a dolerme tanto que ya no pude más. Igual que esa misma mañana cuando encontré a Edward vestido de "caja fuerte" (Que no le hayan la combinación).

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

—¡¿ESTÁS DROGADA O QUÉ?!... — ni siquiera me molesté en esperar una respuesta, y le cerré la puerta en las narices a Heidi.

Creo que nunca antes había estado tan molesta con ella en toda mi vida. ¡¿Cómo se atrevía a decir eso?! ¡¿Cómo se atrevía a siquiera pensarlo?!

Inmediatamente puse el pestillo a la puerta de la recámara donde me quedaba. Me puse los audífonos y me tumbé sobre la cama tratando de encontrar un poco de paz.

Desde que llegamos del instituto nos dividimos en grupos. Habíamos pasado toda la tarde recorriendo el bosque, buscando algún tipo de rastro o pista que nos indicara si Victoria o sus "soldados" andaban cerca. Desde que nos quedábamos en Forks, lo hacíamos aproximadamente cada dos o tres días. En esta ocasión, nuestro grupo fue el más pequeño, sólo éramos Heidi, Edward y yo.

De nuevo esos dos se estaban excediendo haciendo comentarios burlescos sobre mi persona e intercambiando miradas sospechosas de vez en cuando. ¡Me estaban poniendo de nervios! Hasta que no lo soporté más y me separé para seguir por mi cuenta… ¡nunca debí hacerlo! ¡Debí haber aguantado vara hasta que el recorrido terminara! ¿Por qué? Pues porque al volver a la cabaña, Heidi no tardó en arrastrarme hasta la recámara que compartía con Felix y empezó a psicoanalizarme. Y su "brillantísima" conclusión fue que: ¡Yo sentía celos!... ¡No manchen… ¿YO CELOSA?!

¡Absurdo! ¡Inconcebible!... Cuando me di cuenta, estaba mordiendo la almohada. Era inútil, ni la música podía relajarme en esos momentos.

Escuché un golpeteo en la ventana, y lo primero que me vino a la mente fue… ¿una lechuza? Pero yo no vivía en el mundo de Harry Potter, por lo que debía ser mi amigo Seth.

Necesitaba hablar con alguien y distraerme un poco, para variar. Así que aventé nuevamente el reproductor y corrí a la ventana a mi peludo amigo. Pero cuando la abrí, me encontré con un muchacho alto, moreno y atlético, de chispeantes y cálidos ojos negros que me sonreía de oreja a oreja.

Me quedé en shock. ¿Quién demonios era ese tipo?

—¡Hola, Soprano! — agitó su mano frente a mi rostro, de inmediato reconocí esa voz, aunque era la primera vez que mis oídos la escuchaban.

—¡Seth!

—¿Sorprendida?

—Mucho. — asentí.

Se hizo a un lado y pude salir por la ventana. Empezamos a caminar sin rumbo.

—Hoy estuviste explorando, ¿verdad? — empezó a preguntar.

—Eh… sí. — no era un tema que me interesara recordar, pero Seth no tenía la culpa.

—¡Lo sabía! — sonrió satisfecho. — Me pareció percibir tu aroma en el bosque de camino a aquí.

—¿Mi aroma?... ¿Qué tiene mi aroma? Ahora que recuerdo, Jacob mencionó algo al respecto. Pero no entendí. — confesé apenada, mientras intentaba oler mi codo.

—Para nosotros el olor de los vampiros es bastante molesto, demasiado… dulce. Y viceversa, para ellos nuestro aroma tampoco es muy grato. — empezó a explicar mientras me adelantaba un poco. Aproveché que iba delante de mí para aspirar su aroma y comprobar lo que decía. Sin embargo no me pareció que oliera mal. — Pero el tuyo… no es desagradable.

—Tampoco el tuyo. — respondí.

Seth se detuvo de golpe y choqué contra su espalda.

—¡Auch, mi nariz!

—¡¿Q…qué haces? — se volvió a mirarme, estaba completamente rojo.

—¡Tranquilo! Sólo te huelo. — respondí con una horrible voz nasal, lo que provocó que ambos estalláramos en carcajadas.

Era un hecho: ¡Charlar con él era mi medicina para el mal humor!

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

En esta ocasión fue el turno de Seth para relatarme cómo había sido su día. Además de contarme muchas cosas sobre su familia y los otros muchachos de la manada.

La próxima vez que me encontrara con Embry y Quil, ya no los vería como unos completos desconocidos, ahora estaríamos en igualdad de condiciones.

Cuando volvía a la cabaña ya era muy tarde. Volví a entrar por la ventana, aunque me sentía mejor, todavía no me apetecía encontrarme con mi hermana. Aun recordaba lo que me dijo y quería arrancarle la cabeza.

¿Por qué? ¿Podría ser que tengo el complejo de la "Reina de Corazones"? ¡Cuando me enojo me apetece arrancar cabezas!... pero, ¿Por qué me molestaba en principio?

Me dirigí a tomar una ducha antes de ir a dormir. Y mientras estaba ahí, seguía dándole vueltas a esa pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué me molestaba tanto lo que Heidi había dicho? ¿Por qué me enfurecía al punto de querer destazarla?...

Me llevé ambas manos a la boca para ahogar el gritito que intentó salir de mi garganta cuando encontré la respuesta a mis preguntas. La razón por la que me irritaban tanto las deducciones de mi hermana, era porque… ¡eran ciertas!

Recordé el día anterior, el momento en que conocí a Bella. En cuanto supe quien era ella, un sentimiento de "desagrado" se apoderó de mí, pero lo deseché rápidamente antes de siquiera intentar comprenderlo. Y esta misma mañana, cuando en mis pensamientos critiqué a Edward por estar celoso de Mike… en realidad eran mis propios celos los que hablaban. ¡Maldición, Heidi tenía razón! Bajo ninguna circunstancia ella debía saberlo.

Salí de la ducha y me puse mi pijama. Ya me había metido a la cama y me disponía a dormir, cuando me envaré de golpe recordando algo importantísimo que había pasado por alto...

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Ya era de madrugada y yo deambulaba como zombie alrededor de la habitación. Había decidido no dormir hasta que encontrara una solución a este nuevo dilema: Edward estaba en la cabaña, específicamente en la sala, y podía leer mi mente estando dormida. Después de todo lo que había pasado ese día y los descubrimientos que acababa de hacer de mí misma, no podía correr el riesgo de que mi subconsciente me traicionara. Y lo pero es que estaba exhausta, necesitaba dormir más que nada en el mundo.

—¿No piensas dormir hoy? — ni cuenta me di de cuando había entrado a la recámara, es más, no escuché la puerta… ¿Qué no tenía seguro? — ¿Mina? — me sujetó por los hombros y me sacudió un poco cuando vio que no respondía.

Lo había escuchado y tenía una respuesta a su pregunta, pero me costaba reaccionar. Incluso mis movimientos eran aletargados cuando intenté soltarme de su agarre.

—¿Te decepciona?... Hoy no habrá función de frutas bailarinas. — le respondí después de casi dos minutos, en una velocidad que *Shimizu Keiichi me envidiaría.

—¡Mina! — dijo casi en un susurro, sin que pudiera resistirme me cargó hasta la cama y me arropó. Intenté levantarme pero me empujó. Luego se inclinó en mi oído. — Dijiste: "¡Persevera!" y eso haré… pero si no funciona, ¡No diré nada, vea lo que vea!

—¿Lo prometes? — susurré yo también igual de lento que antes. Su risita me hizo cosquillas en la oreja.

—¡Sí! ¡Lo prometo!

—¿Edward?

—¿Dime?

—¿Por qué susurramos? — de nuevo sentí cosquillas.

—Porque estás demasiado agotada para usar tu telepatía.

—¡Oh!

—¡Duerme!

—¡Hai! — y más cosquillas, incluso sentí que el colchón vibraba un poco.

Entonces… ¡me rendí!

¡Morfeo había ganado esta partida!


*Shimizu Keiichi: personaje del ánime La Corda d'Oro. El del chelo.

¡Hola, hola! ¿Hay alguien por ahí todavía?... Me disculpo por la demora, este no ha sido un buen comienzo de año jejeje... he tenido algunos molestos (no todos) contratiempos, el principal creo que sería el hecho de que estoy sin internet desde diciembre ¡snif, snif! =(

Otro es: lógico, los estudios... y demás similares y conexos jajaja.

Espero que aún haya quienes estén dando lectura a esta ocurrencia mía titulada "Soprano"... que mucho no tiene que ver conmigo, yo soy "contra-alto" jeje XD... pero en fin.

Besos y abrazos para mi querida Azulpurpura, quien sé no deja de estar pendiente de mis absurdas historias.