Ya sé que debiera estar estudiando en estos momentos, en lugar de estar aquí jajaja (Cuayi, si lees esto porfas guardate el sape para cuando nos veamos en la school jejeje)... pero como no sé cuando vuelva a tener tiempo de darme una vuelta por el café (sí, porque todavía no tengo internet en mi capullito) aquí dejo un capítulo más previo a una, espero, no muy larga ausencia.


*Nota:

-diálogos

-"mensajes telepáticos"

-susurros a velocidad vampírica

-cantando

"Soprano"

By Ninie

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Capítulo 19: Tortura psicológica.

—"¡Pero que mentes tan… creativas!.. ¿Cómo has sobrevivido con ellos tanto tiempo?"

—"¿Cómo sobrevives a Heidi y Felix?"

—¡Touché!

—Por cierto, Mina. Ahí enfrente hay una enorme cama.

—¡Cielos! ¡Qué observador!

—¿No estarías más cómoda en ella? — insistió en tono cansado.

¡Ciertamente! Estaría muchísimo más cómoda, físicamente, porque psicológicamente me perturbaba solo el pensar en dormir en "su" cama… ¡otra vez!

—¡Naaah! ¡Aquí estoy bien! — respondí estirándome a lo largo del cómodo sofá.

—Pero este es "mi" sofá. — alegó ya sin rodeos.

Apartó mis pies para sentarse en el otro extremo.

—"Ahora que… ¡si tanto te gusta puedo hacerte un huequito!" — agregó sonriendo de lado y en un tono… ¿seductor? Casi me atraganto con mi propia saliva. — ¡Mina, respira! ¡Sólo estaba jugando! — estaba entre preocupado y divertido… ¡No! ¡Definitivamente sólo divertido!

Molesta, me reacomodé cerrando los ojos, y estiré mis piernas sobre él como si fuera parte del mueble.

—¡Como quieras!... "¡Pero olvidas que ya conozco tu punto débil!"

Sentí sus manos en mis caderas, de inmediato supe lo que pretendía. Me adelanté y lo sujeté de las muñecas. Forcejeamos un poco: él tratando de hacerme cosquillas y yo evitando que sus manos me tocaran.

Estaba perdiendo, él era más fuerte que yo… sin embargo, yo era más hábil. Empujé todo mi cuerpo hacia enfrente, y quedé a horcadas sobre él. Al final lo había empujado tan fuerte, que terminó de espaldas en el suelo, llevándome consigo.

Tras el golpe sordo del cuerpo de Edward sobre la alfombra, la puerta se abrió sin aviso previo.

—¡¿Otra vez? ¡No escarmientan! — Alice nos miraba con los brazos en jarras y una simulada expresión de enfado… pero por dentro se moría de la risa. — Mina, baja. Esme preparó la cena.

—¡Sí! ¡Gracias!

Al instante solté sus muñecas y me levanté, pero en cuanto intenté dar un paso tropecé con su pierna y volví a caer. Alcancé a meter las manos para no estampar la cara en el piso.

Alice soltó una aguda carcajada.

—¡¿Quieres dejar de burlarte? — la fulminé molesta y avergonzada. Pero ella sólo rió con más fuerza.

—Lo… lo bueno es… que Edward no… no necesita respirar… — consiguió decir entre carcajadas.

¿De que demonios hablaba?

Me apoyé sobre los codos intentando levantarme, y al mirar hacia abajo, comprendí.

No sólo había tropezado… no sólo había caído sobre Edward… ¡Había tropezado, caído sobre Edward, y mis senos estaban en su cara!

Rodé hacia un lado, apartándome. Inmediatamente me puse en pie, y cuidando no volver a tropezar, salí de la recámara, dejando a Edward tendido en el piso y Alice riendo como una enajenada.

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Abochornada y rumiando cuanta palabrota me pasaba por la mente, bajé a cenar.

—¿Ahora qué hiciste, Soprano?

Alcé la vista, desconcertada al escuchar aquella voz familiar. Además de Esme, Rosalie y Jasper, Seth se encontraba en la cocina y sentado a la mesa, devorando un monstruoso emparedado hecho con un baggette.

Lo miré apantallada del tamaño de tal "bocadillo" y segundos más tarde procesé su pregunta. Sin querer, pensé en lo que acababa de ocurrir en la recámara y me ruboricé.

—Acabo de ver el video. — continuó, sonriendo.

¡Con que a eso se refería! El alma me volvió al cuerpo.

—¡Promete que no se lo mostrarás a Aetara y Call! — supliqué poniendo cara de becerrito en matadero.

—Lo… lo intentaré.

Esme me sirvió un poco de arroz blanco con mantequilla y algo de ensalada. Me senté al lado derecho de Seth y empecé a comer. Rosalie y Jasper tomaron asiento frente a nosotros mientras Esme nos servía un par de vasos con té helado.

—¿Qué pasó allá arriba?

—¡Ay!

—¡Perdona, Seth!

—"¿Por qué tan nerviosa, Fiorella?"… ¡No podrías ser más torpe!

Gruñí bajo, pero ignoré el comentario de Edward, y me abstuve de voltear a verlo. Sin embargo, tenía razón, estaba actuando de manera por demás torpe. El mejor ejemplo era como la pregunta de Jasper me puso tan tensa, que sin querer había disparado un guisante directo al ojo derecho de Seth.

Mientras limpiaba la cara de mi amigo con una servilleta, Alice llegó y se sentó en las piernas de Jasper, aun sonriendo.

—¿Por qué reías, amor?

—¡Vamos! ¡Cuenta! ¿Ahora qué hicieron estos dos? — animó Rosalie mirando a su hermana.

—"¡La cartera Gucci que tanto te gusta, es tuya si cierras el pico!"

Alice me miró emocionada, y le dediqué mi mejor sonrisa al tiempo que asentía.

—¡Lo siento, Rose!... Es un chiste privado. — me guiñó un ojo y salió de la cocina.

La seguí con la mirada y me encontré con Edward en la puerta. De nuevo me miraba de esa forma rara como si tuviera algún tipo de trastorno mental.

Jasper siguió a su esposa. Pero en realidad no me importaba mucho si ella le contaba. No era de los que usaban ese tipo de información para burlarse de los demás… o al menos no de mí. Así que me volví a enfocar en mi cena.

—¡EY! — el licántropo saltó de pronto, llamando la atención de los presentes. — ¡Ahora que lo pienso, esta es la primera vez que los veo juntos! — dijo mirando sobre mi hombro.

¿Juntos?

Me giré. Edward estaba sentado a mi derecha.

—"Quiere decir que no nos había visto a los dos al mismo tiempo desde…"

—"Lo entendí, genio… No necesito intérprete." — me defendí y regresé a mi plato escondiendo mi cara de Edward.

—Mina. — me llamó Seth, y no pude evitar voltear a verlo. Sus ojos se abrieron como platos. — ¿Qué te pasa? ¡¿Tienes fiebre? — puso su mano en mi frente.

—¡Yo no, pero tú estás ardiendo! — me preocupé al sentir lo caliente de su mano. Sin embargo él sonrió tranquilamente.

—De hecho… esa es su temperatura normal. — respondió Edward susurrando en mi nuca.

Sentirlo tan cerca me erizó la piel. Estaba apoyando un codo en la mesa y ligeramente inclinado hacia mí. Cuando me enderecé, vi que su rostro estaba a centímetros del mío.

—"¿Qué estás haciendo?" — me atrevía a mirarlo a los ojos en un arranque de valentía.

—"No comprendo. ¿A qué te refieres?" — se hizo el desentendido y me sostuvo la mirada.

—"¡Deja de actuar tan raro! ¿Qué es lo que pretendes?... ¿Es otro juego?... ¿Estás taaan aburrido que se te ocurrió molestarme para divertirte un rato?"

—"¿Molestarte?" — enarcó una ceja y sonrió de lado.

—"Ya, en serio, Edward. ¿Qué te metiste?"

—"Ay, Mina. — suspiró dramáticamente mientras negaba, y pasó un brazo sobre mis hombros. — ¡No seas paranoica!"

Me ruboricé en cuanto me tocó. Me ponía muy nerviosa que estuviera actuando de esa forma tan… poco común. Era casi como si estuviera… ¿coqueteando? Bueno, algo así. Era algo que me hubiera esperado de Demetri (de hecho ya lo había intentado). Pero viniendo de Edward, esos movimientos eran terriblemente… ¡efectivos! ¡Maldición! Realmente me estaba poniendo en jaque.

¡Esto no podía estarme pasando!

—¡Suficiente, par de enajenados!... — habló Rosalie y volteamos a verla. — Es fascinante que puedan comunicarse entre ustedes sin tener que abrir la boca para nada. ¡Pero hacerlo con terceros presentes es bastante…!

—¿Desesperante?... ¿Incómodo?... ¿Grosero?...

—¡Egoísta! — completó Rose ignorando las propuestas de Seth.

—¡Perdón!... ¡Perdón!... ¡Perdón! — me dirigí a cada uno.

Me sonrieron dando a entender que me disculpaban.

Respiré hondo y miré a Edward de nuevo.

—"¡Lamento mucho haberte… aplastado!"

Como respuesta me dio unas palmaditas en el hombro y se volvió a acomodar en su lugar. Sintiéndome más tranquila, relajada y libre, seguí comiendo.

—"¡Yo no!"

Me atraganté con el arroz cuando lo escuché, y empecé a toser desesperada.

Fue Seth quien, alarmado, me palmeó la espalda. Mientras que Rosalie me acercaba el vaso de té, podía escuchar a Edward reír quedamente.

—¡Con calma, Mina!... Respira. — Esme se acercó preocupada.

Cuando pude dejar de toser, le dí un sorbo a la bebida.

—¡EDWARD ME ESTÁ MOLESTANDO! — lo acusé con su madre.

Ella lo miró severamente. Mientras él soltaba una carcajada.

—¿Ahora qué te dijo? — preguntó sin apartar la mirada de él.

Abrí la boca varias veces, pero me di cuenta de que no sabía que decir.

—¿Mina? — Rosalie me miraba con curiosidad. De repente sonrió. — ¡Largo de aquí! — se levantó y quitó a Edward para sentarse a mi lado.

—¿Vienes, Seth? — preguntó él desde la puerta.

Voltee a ver al licántropo a mi izquierda. Acababa de zamparse un enorme pedazo de emparedado, y el baggette completo ya había desaparecido "mágicamente".

Se bebió el té de un gran trago y siguió a Edward fuera de la cocina, no sin antes agradecer a Esme.

Sin ese vampiro cerca, pude terminar de cenar tranquilamente.

Conversé un poco con Esme y Rose. Y después la rubia y yo nos sentamos a ver TV con los muchachos, hasta que Seth tuvo que marcharse y yo me retiré a dormir.

Edward se quedó con Emmett y Jasper.

Rosalie me llevó una mochila que Heidi había preparado previamente para mí, con algunos cambios de ropa. De ahí saqué un camisón y me metí a la ducha.

Cuando salí me decidí a tomar la cama, no iba a seguir discutiendo con ese necio vampiro por el estúpido sofá.

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La mañana del jueves desperté hecha un lío entre las sábanas… para no perder la costumbre. Aún adormilada, me encaminé a tomar mi ducha matutina, pero el ruido del agua corriendo me indico que "alguien" me había ganado.

Resignada, tomé una bata y salí de la recámara para echar un vistazo a lo que hacían los Cullen a esas horas.

Alice ya se habría marchado al instituto. Esme estaba en la cocina, preparando el desayuno. Casi me hacia sentir mal que tuviera que hacer eso por mi… ¡casi, porque su comida era adictiva! ¿Cómo sobreviviría sin ella al regresar a Volterra?... Felix era un buen sustituto… ¡pero no era ella!

—¡NO MAMES!

—¡Osito, modera tu vocab…A LA MADRE!

—¡Niños! — los reprendió Esme.

Rose y Emmett se quedaron de piedra cuando me vieron entrar en la cocina.

—No presten atención, siempre se ve así por las mañanas… es por la estática. — dije tranquilizándolos.

Era perfectamente consciente de lo fatal que mi cabellera lucía cada mañana, mucho más cuando dormía a mis anchas.

—¡Buenos dí…AY WEY!

—Jazz, tú ya me has visto así. — le reclamé al rubio.

—Sí. Pero no deja de ser impactante.

Le dí un puñetazo en el brazo. Los tres empezaron a reír.

—Sólo es un poco inquieta al dormir. — comentó Esme, en mi defensa.

Apenas asentí cuando la voz de Edward llegó desde la parte de arriba…

—¡¿Inquieta? Anoche se cayó tres veces de la cama.

Los muchachos e incluso Esme rieron con más fuerza.

—¿En serio? — murmuré distraída. No recordaba haberme caído.

Rosalie contaba con los dedos.

—Pero… yo escuché cuatro golpes.

¡Diablos! ¡Era cierto!

Sin embargo, Edward ya no respondió a la incógnita de Rose.

—El baño está libre. — avisó.

—¡Gracias! — respondí al aire, y me encaminé a la puerta.

—¡Mina, no tardes! El desayuno está casi listo.

—¡Entendido, Esme!

Cuando llegué a la recámara, fui directamente a la mochila.

—Alice dejó tu ropa lista, en el baño.

—¡Bien! ¡Gracias! — me di vuelta para dirigirme al baño cuando me topé con él.

Estaba parado detrás de mí, secándose el cabello con una toalla pequeña. No pude evitar recorrerlo de arriba abajo. Ni siquiera se había cerrado bien la cremallera, podía ver parte de sus boxers. Llevaba el torso desnudo exponiendo su pálido, perfecto y bien marcado tórax. Cualquiera que viera mi cara habría gritado "¡Olliiitaaas paraaa la babaaa!".

Suerte que estuviera entretenido con su cabello, como para notar el estado de babosidad en el que me había puesto. De esa forma me dio tiempo para reaccionar con más sensatez.

Lo rodee y encendí el equipo de sonido en el camino, antes de encerrarme en el cuarto de baño, con la esperanza de que la música pudiera disfrazar los frenéticos latidos en mi pecho.

Quise darme de topes contra la pared cuando en el maldito aparato empezó a sonar "Claro de Luna", pero me contuve para no estropear los lujosos azulejos.

¡En casos como este, lo único que queda es reírse de uno mismo!... Y eso fue lo que hice. ¡Total! ¡Ya más loca no podía parecer!

—"¡Mina! ¿Qué…?"

—"¡No te importa!"

Escuché su risita ahogada detrás de la puerta. Cada vez estaba más segura de que el muy maldito era consciente de lo que me provocaba y lo hacía a propósito para su propia diversión.

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Cuando salí de la ducha, me vestí rápidamente. Cada vez me molestaba más el tener el cabello tan largo. Pensé en peinarme un par de trenzas, pero mi cabello seguía húmedo y por más que busqué en las gavetas, no encontré con qué secarlo.

—¿Tienes secador de pelo? — pregunté asomándome a la recámara con la puerta medio abierta.

Edward, desde su "amado" sofá, me miró como si me acabaran de salir alas de murciélago.

—¡Mira a quien le preguntas! — me respondí yo misma. — Al que no conoce ni lo que es un peine.

Rodó los ojos, e iba a decir algo, pero atravesé la habitación y salí de ella.

Iba a preguntarle a Rosalie si ella tenía un secador, pero al pasar por el segundo piso, escuché ruido en su recámara. Me detuve ahí y di unos golpecitos en la puerta.

—¿Q…quién… es? — la voz de Rose sonaba entrecortada.

—Soy Mina. — respondí.

La puerta se abrió apenas unas diez pulgadas. Aún así alcancé a ver a Rosalie completamente despeinada y con la ropa algo torcida.

—¿Interrumpo algo?

—¡Nada más tantito! — respondió Emmett divertido, desde atrás de Rose. — ¿Qué se te ofrece?

—¡Sólo préstale tu secador de pelo! — respondió Edward apenas abrí la boca.

En qué momento llegó, o cuanto tiempo llevaba ahí… ¡lo ignoro!

Rosalie asintió y desapareció por unos segundos para volver con el solicitado objeto, y me lo dio. Apenas lo tomé, me vi nuevamente transportada, cual vil peluche, bajo el brazo de Edward, de regreso a la recámara.

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—Hijo, tienes que tratar a Mina con más delicadeza y respeto. — Esme trataba de hacerlo entrar en razón después de que vio como me llevaba a la cocina cuando me terminé de peinar. — No puedes decidir por ella y transportarla de un lado a otro como si fuera un mueble… es un ser… hmm…

—¿Semihumano? — propuse dejando de comer cuando vi que titubeaba.

Ambos se encogieron de hombros.

—¡Déjalo, Esme! — le pedí. Era por demás insistir en algo que sabía que él no haría. — Como dice el dicho: "Árbol que nace torcido…"

—¡Sirve para columpio!

—Eh… Sí, Emmettito. Lo que digas.

Esme, miraba al cielo como pidiendo: "¡Piedad!"

Rosalie jugaba con uno de los cuchillos de la cocina, uno grandote como de carnicero, y parecía estar considerando las posibilidades de hacerse el haraquiri. Creo que solo se detenía porque si rompía el cuchillo sufriría la ira de Esme.

—¡Cuánto silencio!... ¿Es mal momento? — preguntó mi hermana.

Ella y Felix acababan de llegar de… ¡Sabrá Dios dónde! ¡No se habían aparecido por ahí en toda la mañana! ¡Y eso que son mis tutores!

—¡Mira, nena! ¡La "conejita" se hizo trenzas! — Felix se acercó y alzó mi cabello para mostrarle a Heidi. — ¡Cuando se peina así parece una linda muñequita de porcelana! — me abrazó por la espalda y besó mi coronilla.

Los demás estaban riendo, mientras yo no hallaba donde meterme de la vergüenza. ¿Por qué Felix tenía que ser tan expresivo?

—¿Conejita? — se interesó Emmett.

—Sí. ¡Una vez la vestí de conejita! — respondió mi hermana, emocionada. — ¡Se veía tan preciosa que desde entonces de cariño la llamamos así!

Emmett se me quedó viendo muy serio.

De pronto Edward se levantó y le dio tremendo zape, que hasta a mí me dolió.

—¡No esa clase de "conejita", Babas! — dijo algo… ¿molesto? — Era una bebé y le pusieron un mameluco con rabito y orejas de conejo. — explicó.

—¡Oooh!

—¿En qué estabas pensando, amor? — preguntó Rose cariñosamente, pero con una mirada gélida hacia su esposo.

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El resto de la mañana fue mortalmente aburrida. Tuve la esperanza de que por la tarde, con la llegada de Alice, mis ánimos mejorarían al tener alguien menos desesperante con quien conversar… además de ponerme al tanto de los acontecimientos en el instituto.

¡Sólo para estar al corriente, no es que me gustara el chisme!

Sin embargo, con la llegada de la enana (¡Sí, ya sé! ¡El burro hablando de orejas!), solo se incrementaron los niveles de tensión que, por culpa de Edward y su… "tortura psicológica", ya andaban por los cielos.

—¡Adivinen quién les manda saludos! — fue lo primero que dijo cuando entró en la sala dando saltitos, devolviendo a Edward las llaves del volvo.

—¿Bellie? — aventuré.

—¡Ah, claro!… pero además de ella.

—¿Bobo, Tonto y Patético? — volví a adivinar, pensando en nuestros "amigos" quileutes. Emmett rió por lo bajo.

—¡Seguro¡… pero además…¡y no me digas que Newton! — se apresuró a agregar.

Me encogí de hombros. Tomando en cuenta mi "encanto natural", y el hecho de que ni Edward ni yo hablábamos con alguien además de ellos cuatro en el instituto, no había mucho de dónde escoger.

Voltee a ver a Edward, que estaba sentado a mi lado en el sofá de dos plazas, esperando ver si él adivinaba. Pero en lugar de decir algo, el estaba rígido, apretando las manos en puños y un gruñido bajo intentaba salir de su garganta.

De inmediato volví a ver a Alice, pero no necesité preguntarle, porque enseguida ella misma respondió.

—El señor Cauldwell. — lo dijo notoriamente divertida.

¿Qué había de divertido en que un profesor, posible acosador, te envíe saludos? Para mí, nada. Yo tenía la carne de gallina. Ver a ese hombre, o el sólo pensar en él me traía malos recuerdos.

Quizás estaba exagerando, prejuzgando y formándome un concepto errado sólo por una mala primera impresión. Pero hasta donde recordaba, jamás me había equivocado en esa clase de juicios.

—¡Jazz! ¿Podrías hacer algo con estos dos? Esa aura negra a su alrededor empieza a preocuparme.

—¡Sólo deja de jugar con ellos! — respondió el rubio desde la butaca frente al televisor. — ¡Mina ya fue torturada demasiado el día de hoy! — como no queriendo, sus ojos se clavaron en Edward.

Como era de suponerse, Jasper había sentido todo por lo que yo había pasado esa mañana.

—Pero no estoy jugando. ¡Es la verdad!

—¿Tendrás algo más interesante que contarnos, que no involucre a Cauldwell? — soltó Edward de repente.

Alice hizo como que pensaba.

—No, eso no me interesa. — comentó Edward atento a su hermana. — … tampoco eso… ni eso… ¡olvídalo!

—¡Ey! ¡Pero yo no me enteré de nada! — reclamé.

—No creo que te interese. — dijo tranquilo.

—¡Tú no puedes saber eso!

—Pero lo sé. — agregó con suficiencia.

Yo estaba perdiendo la paciencia, y él continuaba sonriendo cínicamente. Me erguí apretando los puños sobre mis rodillas, luchando contra el impulso de llevar mis manos a su cabeza y… ¡arrancarle su sexy y alborotada cabellera cobriza!

—¡No puedes decidir por mí! — hablé apretando los dientes con rabia.

—"¡Me gusta como arrugas la nariz cuando te enojas!"

Ese último comentario me desarmó por completo. Ya ni siquiera sabía si estaba enojada.

—¿A dónde vas, Mina? — me interceptó Alice cuando vio que abandoné el sofá y me dirigí a las escaleras.

—A dormir.

—Pero… ¡apenas son… las siete! — concluyó viendo su reloj.

—Tomaré un calmante. — resolví ya impaciente por largarme de ahí.

Para eso, Edward ya estaba riendo sueltamente.

—¿Un… calmante? — repitió Alice, incrédula.

—¡Cierto! Necesitaré algo más fuerte… ¡Jazz!

—¡No lo haré! — respondió de inmediato, aunque parecía divertido con la situación.

—"Si no lo haces… ¡Juro que lo mato!" — dije sólo al rubio, mientras fulminaba a su sonriente hermano con la mirada.

Jasper soltó una carcajada.

—¡Está bien! — dijo finalmente y se levantó para acompañarme. — ¿Vienes? — preguntó a Alice al pasar a su lado.

—¡Me quedo! — negó sonriendo de esa forma particular que delata que algo se está cocinando en su perversa mentecita.


Bueno, eso es to...eso es to... eso es todo por ahora jajaja. Espero tener oportunidad de escribir el siguiente capítulo pronto (que lo dudo). Saludos a quienes me siguen leyendo, si no dejan review esta bien, aprecio el tiempo que dedican a echarle un ojito a mi fic.

¡Pero que calor hace!... Ya quiero llegar a mi casita.

Bye, bye... cuidense mucho!

Besos, Ninie.