Hello, amiguis! Me extrañaron?... Bueno, tal vez no mucho jejeje... pero para quienes siguen aquí esperando más de este loco fanfiction, aquí dejo un capi más... que ya no falta mucho para el fin!


"Soprano"

By Ninie

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Capítulo 21: De camping.

—¿Para qué es todo eso? —Pregunté señalando las enormes mochilas que Emmett trepaba al jeep.

Yo sólo llevaba una pequeña con un cambio de ropa extra, cosa que hacía siempre —incluso en mi mochila del instituto llevaba uno para emergencias—.

—¿Hasta dónde iremos? —Volví a preguntar, ante su silencio.

—¡Es una sorpresa, Ella! ¡Paciencia!

—¡Mina! —Demetri estaba en la puerta del garaje.— ¿Puedo robarte unos minutos?

Le noté preocupado, y definitivamente serio. Nunca desde que lo conocía lo había visto en ese estado.

Asentí y salí con él al enorme "jardín". Tranquilamente empezamos a caminar alrededor de la casa.

—No puedo alejarme mucho…

—Lo sé. Estás castigada. —No lo dijo con malicia ni burla

¡Raro!

Se detuvo y tomó asiento en una enorme roca.

—Heidi y Felix me han puesto al tanto de lo que sucede, y… ¡También quiero ayudar! —Me miró fijamente.

Al instante arquee una ceja, no pude ocultar cuan sorprendida estaba.

—Esa humana… ¡Hmm!... ¿Isabella? —Asentí.

—Bella. —Corregí mientras me sentaba a su lado.

—Bien, Bella es… o algo así como familia de "Leah".

No me pasó desapercibida la devoción con la que decía su nombre. Sonreí.

—Hay algo más… —Continuó, un poco incómodo. — Lo… lo que te hice prometer antes de regresar a casa con los gemelos… lo de la cita, no tienes que cumplirlo.

—Era de esperarse... Leah te jalaría las orejas. —Dije sonriente al verlo nervioso.

—No… Ella no tuvo que ver. Ya lo había decidido antes de conocerla.

Ahora sí me confundí. ¿no tenía que ver con "su lobita"?

—Cuando el maestro Marcus dijo que tenías una relación con Edward Cullen —Me estremecí, ¡vaya que papá tenía imaginación!—, no lo podía creer. Es más... ¡me negaba a aceptarlo!… ¿Sabes por qué?

—Eh… creo… tener una idea. —Sacudí la cabeza intentando no pensar en ello.

—Te equivocarías. —Lo miré feo.— No pretendo parecer ególatra, pero así como me rechazabas a mí, rechazaste a muchos otros pretendientes… yo traté de hacerme a la idea convenciéndome de que simplemente tú… —No se atrevió a continuar.

—…

—…tú…

—…

—…

—¿Yo qué? —Me desesperé después de diez segundos… ¡los conté!

—¡No te enojes! —Suplicó.

—¡OK! No lo haré. —acepté demasiado rápido.

—Me convencí de que tú… no-eres-capaz-de-enamorarte. —Dijo de corrido. Lo fulminé entrecerrando los ojos.— ¡Dijiste que no te enojarías!

Tomé una gigantesca bocanada de aire y la solté lenta, muy lentamente.

—¿Y?... ¿Entonces por qué no me dejabas en paz? —Pregunté tratando de contener mi enojo.

—Bueno… no por ese detalle iba a perder la esperanza de obtener "algo más". —Me miró de arriba abajo como en los viejos tiempos.

¡Plaf! Esta vez si no pude contenerme, le voltee la cara de una bofetada… ¡igual a los viejos tiempos!

—¡OK! ¡Me lo merecía! —Dijo con toda calma. ¿Cuándo iba a dejar de sorprenderme?— A lo que quiero llegar es —Continuó.—, que… ¡necesito que me perdones, Mina! —Sus pupilas carmesí estaban fijas en mí, cargadas de arrepentimiento. No, no dejaba de sorprenderme.— Por todas las veces que intenté propasarme contigo… ¡No! ¡Eso fue divertido! —Y ese era el Demetri que conocía.— Pero sí por haberte juzgado como alguien incapaz de amar, me equivoqué.

—¡Oh! Y has llegado a esa conclusión porque mi padre dijo que estoy con Edward. —Deduje apáticamente. Si de esa suposición dependía la existencia de mis sentimientos, estaba perdida, condenada a ser reconocida como una bruja sin corazón… OK, tal vez exageré un poco.

—Mmm…Nnooo. —Alargó la palabra dándole cierto énfasis.— Ayer… venía dispuesto a hacerte cumplir la promesa. Pero cuando entré y los encontré en la sala… vi la forma en que lo mirabas… y me convenció de mi error.

¿La forma en que lo miraba? ¿Qué forma? Demetri si que estaba trastornado con eso de la imprimación. Si antes era una mera teoría, ahora lo afirmo: ¡el amor vuelve estúpidas a las personas… y a los vampiros más!

Abrí la boca y estuve a punto de decirle que todo era inventado, pero el se adelantó…

—Por cierto… ¡se ve que disfrutan el castigo! —Dijo ya más animado poniéndose de pie.

Lo imité y empezamos a caminar de regreso.

—¿Qué clase de castigo es ese de encerrarte con tu novio? ¡Eso para mí sería un premio! —Explicó al ver mi cara de desconcierto.

—¡Idiota! —Había comprendido por donde iba la idea.— ¡Por supuesto, "el león cree que todos son de su condición"!

—¡Oh, vamos, Mina! —Se rió escandalosamente, muy diferente de cómo estaba hace unos pocos minutos.— ¿Edward no te ha quitado la virgin…?

Todo pasó muy rápido, pero aún así, alcancé a escucharlos: Un gritito ahogado de Esme, acompañado del sonido de la loza impactándose contra el piso; una risita de Alice; un carraspeó de Jasper;… ¿Un quejido de Emmett? —probablemente Rose lo pellizcó para que no se riera—.

Estuve a punto de tirarle un puñetazo a mi… "primo", pero alguien se me adelantó.

Demetri desapareció de mi vista, salió despedido hacia el bosque derribando un par de árboles en el trayecto. Edward estaba en su lugar, aún con el puño extendido en dirección al bosque.

—¡Porco! —Gruñó muy bajo, antes de dar media vuelta y tirar de mi mano.— Emmett y Rose esperan. —Dijo mientras Demetri volvía velozmente del bosque sólo para despedirse agitando una mano y volver a perderse en dirección a la casita de campo.

Seguí a Edward, pero con la mirada clavada en el suelo, no era el momento más oportuno para intentar verlo a la cara… menos si sabía que la mía estaba completamente roja.

Demetri era capaz de decir muchas estupideces, debería estar acostumbrada, pero no. Las barrabasadas que decía ese imbécil seguían siendo impactantes. ¡No dejaba de superarse a sí mismo!

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A pesar del altercado con "el idiota", y de que todos se habían enterado —excepto Carlisle que estaba trabajando a esa hora—, nadie hizo comentarios al respecto… ¡ni siquiera Emmett!

¡Insólito!

El viaje a Goat Rocks fue más largo que la última vez, pues ahora íbamos en el jeep. Emmett aparcó en una vereda escondida y caminamos bosque adentro.

Estaba emocionada y ansiosa como nunca, habían pasado dos semanas desde la última vez que probé la sangre… —¡Ehhh! ¡Creo que eso sonó bastante sádico!—.

Emmett encabezaba el grupo, indicando el camino con una de las enormes mochilas a la espalda. Rose y yo le seguíamos de cerca mientras que Edward se quedaba en la retaguardia, cargando la otra mega-bolsa y mi propia mochila.

Reconocí algunos lugares por los que había pasado la vez anterior. Seguíamos adentrándonos y cada vez estaba más desesperada. ¿Por qué teníamos que ir a paso humano? ¡Quería llegar ya!

Después de veinte largos minutos, Emmett se detuvo y dejó caer la enorme mochila al suelo.

—¡Aquí! ¡Es perfecto! —Dijo satisfecho consigo mismo.

Rose y yo frenamos también, en ese momento capté el aroma de un alce. Tenía poco de haber transitado por ahí, su esencia aún estaba fresca en el ambiente.

¿Perfecto para qué? Me pregunté. Pero el ardor en mi garganta me decía que me callara y pusiera colmillos a la obra.

—¿Emmettito lindo de mi corazón? —Supliqué uniendo mis palmas y batiendo las pestañas como alas de colibrí.

—¡Sí, Ella! ¡Date vuelo!

¡En sus marcas, listos, fuera…! No esperé a nadie y seguí el efluvio del alce.

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—¿Satisfecha?

—¡Aha haa! —Solté a mi presa y corrí hacia donde Rose aguardaba.

—¡Santo Dios! ¡Eres un desastre! —Sonreía mientras me escaneaba de arriba a abajo, moviendo la cabeza negativamente.

No tenía un espejo a la mano, pero tampoco lo necesitaba. Ya me daba una idea de cómo debía lucir. Heidi siempre me reprendía por perder el control cuando me entrego por completo a la caza, sin tener el menor cuidado con mi propia integridad.

Bajé la vista, examinándome yo misma, y… ¡Oh, diablos! ¡Tenía razón!

Mis ropas eran un completo caos. Después de dos alces y un suculento puma, el ultimo había dado buena pelea… no para mí, para mis jeans. Eso sin tomar en cuenta que mi blusa se había salpicado de rojo.

—Tengo un cambio extra en mi moch… ¡douh! —Mis ánimos decayeron cuando lo recordé…— ¡Edward tiene mi mochila!

—¡Tranquila! Yo voy por ella. —Con sus manos peinó un poco mi cabello.— En esa dirección hay un pequeño arroyo. —Señaló mirando a mi izquierda.— Ahí puedes lavarte un poco, voy por tus cosas.

—¡Grazie, Rose!

Tomamos rumbos distintos: yo hacia el arroyo, y ella hacia donde nos separamos de los muchachos.

Rápidamente capté el sonido del agua corriendo y aceleré el paso. Pronto estuve frente al hermoso arroyo de agua puramente cristalina. Me descalcé y fui adentrándome, el agua me llegaba a la cadera. Pude ver mi reflejo en la superficie del agua. Para nada parecía un desastre… ¡era desastre y medio!

Refregué mi cara rápidamente y mojé mi cabello para desenredarlo.

Me retiré la blusa ensangrentada y la arrojé a la orilla, contemplando con horror que la sangre había penetrado incluso en el top que usaba debajo. Espantada me saqué el top con rapidez y ahogué un grito de pánico cuando vi mi lindo sostén de encaje con bordado de mariposas, completamente arruinado.

Desesperada empecé a mojarme el pecho tratando de limpiarlo, pero la sangre no salía, sólo se adhería más a los tejidos. Estaba a punto de echarme a llorar cuando escuché que Rosalie volvía.

—¡Lo he arruinado por completo! ¡Y con lo que me gustaba! —Chillé acercándome a ella sin poder dejar de mirar las horribles manchas.— ¡Tenías razón, soy un desastre! ¡Mira cómo lo he dejado! ¡¿Por qué seré tan…? —Un golpe sordo me hizo ver al piso, mi mochila había caído y los pies frente a mí… ¡no eran los de Rosalie!

Alcé la vista lenta y dramáticamente, esperando lo peor… ¡y sí!

Edward veía mi busto con los ojos dilatados y la boca medio abierta. ¿Era eso una reacción normal?

Estuve a punto de gritar… ¿Qué? No se. Pero tenía que gritar. Sin embargo, apenas tomé aire, Edward me tapó la boca.

—"¡Si gritas, Emmett y Rose se asustarán!" —Dijo por fin mirándome a los ojos y no a los…— "¡Piensa!"

¡Tenía razón! Probablemente vendrían a ver que pasa... Eso no me convenía dada la situación.

Con su mano derecha sobre mi boca y la izquierda en mi nuca, la distancia entre nosotros era nula. Y al estar tan escasa de prendas podía sentir perfectamente lo frió de su cuerpo… un frío que inexplicablemente me hizo sentir demasiado… ¿acalorada?

Tenía que apartarlo, lo sabía. Pero mi cuerpo se negaba a responder cualquier orden, simplemente estaba paralizada. Ni siquiera podía apartar la mirada de sus cálidas e hipnotizantes orbes doradas.

—¡Hic! —¡Por fin! Una reacción involuntaria de mi organismo rompió la conexión.

—"¿Mina?" —Edward, sorprendido ante mi inesperada convulsión, retiró su mano de mi boca.— "Tienes…"

—¡Hic!

—"¡Hipo!"

—"¡Noo! ¿Qué te hace pensar eso?"… —dije sarcástica.— ¡Hic!

Había olvidado el hecho de que me encontraba semidesnuda. Pero lo recordé cuando, al soltarme, Edward deslizó su mano por mi espalda, produciendo una especie de descarga eléctrica sobre mi piel. Me separé instintivamente cuando rozó mi cadera, rehuyendo la sensación de cosquillas. Levanté mi mochila del suelo y fui tras unos arbustos a cambiarme de ropas.

—"¡No vayas muy lejos!"

—"¡Lo que digas, mamá!" —Respondí con fastidio.

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En lo que regresábamos a donde Rosalie y Emmett esperaban, no intercambiamos palabra. Para esto yo ya me encontraba "presentable", estrenando jeans y una sencilla blusa lila de tirantes, pero seguía sintiéndome algo incómoda.

—¿Qué pasa chicos? ¿Por qué tardaron tanto?

—Sí. Ya íbamos a buscarlos. —Completó Rosalie encontrándonos junto con Emmett.

—A "alguien" le dio un ataque de hipo. —Respondió Edward tranquilamente. A lo que Rose y Emmett rieron.

—"¡Fue tu culpa por taparme la boca!" —Me quejé.

—"Ibas a gritar."

Le dirigí una mirada asesina.

—"No era para menos." —Respondí desviando la mirada, cuando sentí que mi cara enrojecería.

—"¡No te vi a propósito!"

—¡BASTA! ¡LO ESTÁN HACIENDO DE NUEVO! —Chilló Rosalie, exasperada.— Si tienen algo que decir háganlo en voz alta, es muy molesto ver sus muecas sin entender lo que está pasando por sus cabezas.

Edward iba un poco delante de mí, no supe en qué momento se detuvo hasta que me estampé en él.

—¡Ey…! —Iba a quejarme, pero algo al frente llamó más mi atención.

—¿Te gusta? —Preguntó Emmett con ensoñación.

Lo voltee a ver. ¡Así que esa era la "sorpresa"!

Habían levantado una especie de campamento. Dos grandes tiendas de campaña estaban armadas en torno a unos troncos, en cuyo centro se encontraba una pequeña fogata.

—Es… algo nuevo… —Admití.— ¡Genial!

—¡Sabía que te gustaría! —Emmett estaba feliz.

—Y… ¿Cuál es mi suite? —Bromee.

—Nenas, roja. Nenes, azul. —Respondió.

—¿Nenes? —Me reí.— ¡OK! Iré a peinarme. —Avisé corriendo hacia la tienda.

—¡Ya era hora! —Escuché a Rosalie burlarse.

Al instante di la vuelta y regresé para abrazar a Emmett.

—¡Gracias, Emmettito hermoso! —Dije besando su mejilla derecha.

Rosalie gruñó bajito y le guiñé un ojo.

¡Venganza cumplida!

—"Juegas con fuego." —Advirtió Edward, pero lo noté divertido.

—"No. ¡Yo soy el fuego, 'Nene'!"

Ni siquiera esperé a ver que cara ponía, corrí despavorida hacia la tienda. ¿Por qué tenía que decirle eso? Debió ser uno de mis "Lapsus Pendejus".

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Me metí en la tienda mientras ellos se quedaban afuera haciendo yo no se qué. Al fondo de la tienda había una mesita baja y sobre ella un espejo y un cepillo. Seguramente Rose lo había colocado ahí. Me senté de rodillas, sobre mis piernas, y empecé a arreglar mi cabello.

Mientras lo hacía, no pude evitar recordar lo que había sucedido en el arroyo. Y menos aún pude evitar pensar en el calor que creció en mi cuerpo al sentir a Edward tan cerca. ¿Qué me estaba pasando? ¡Yo no era así!

—¡VERDAD QUE SÍ, ELLA! —La potente voz de Emmett me sacó de mis pensamientos.

No tenía ni la más remota idea de que estaba hablando, no había prestado atención a su plática por estar pensando en… tonterías.

—¡Sí, Emmetin! —Respondí, a falta de mejores argumentos.

—¡¿Ven? ¡Todo arreglado! —Escuché que les decía a los otros.

Terminé de desenredar mi cabello y salí a reunirme con ellos en la fogata. Rosalie y Emmett compartían uno de los troncos, muy abrazaditos. Edward estaba en el otro, no tuve otra opción que sentarme a su lado.

—¿Ahora qué se supone que haremos? —Rosalie robó mi pregunta.

—¡Contar historias de terroooor! —Respondió Emmett tratando de sonar aterrador.

—De vampiros y hombres lobo no, por favor. ¡Que me traumo! —Bromee.

Edward y Rosalie rieron, pero Emmett se quedó muy serio. ¿Tendría planeado contar de esas?

—¡Qué tal si empiezas tú, Ella! —Me retó.

—¡OK! —Acepté. Tenía una buena historia que contar.— Gianna, la secretaria del tío Aro me contó una cuando era pequeña. —Aclaré cuando tuve toda su atención.— El papá de Gianna y sus amigos, fueron los protagonistas de un evento sobrenatural… en toda la extensión de la palabra.

»Él y su grupo de amigos, siempre estaban haciendo travesuras aquí y allá, sin medir las consecuencias.

»Uno de esos días que estaban de ociosos, decidieron irrumpir en una propiedad abandonada. Era un viejo centro nocturno en ruinas. Aun conservaba parte del mobiliario original, aunque en estado deplorable. En el centro había una gran pista de baile, en la cual uno de los muchachos encontró tirado un viejo trozo de tela azul. Cuando lo examinaron mejor, comprendieron que se trataba de un vestido de gala en muy mal estado. Uno de ellos bromeó un poco, fingiendo bailar con él, como si fuera una chica de carne y hueso.

»Después de divertirse un rato con el vestido, recorrieron todo el lugar hasta llegar a un segundo piso, donde en un pequeño balcón se hallaba un piano destartalado e inservible. Aburridos decidieron salir del lugar, pero cuando bajaban la escalera, escucharon música proveniente del piano, supuestamente averiado.

»Asustados bajaron con mayor rapidez, pero al cruzar la pista, quedaron estupefactos al encontrarse con la figura de una hermosa mujer bailando. Ella portaba un resplandeciente vestido de lentejuelas azul. La mayoría reaccionó y salio corriendo del lugar, sólo uno de los chicos se quedó petrificado en su lugar. Cuando ya estaban afuera, sus amigos se percataron de su ausencia y volvieron por él. Lo sacaron casi a rastras pues se negaba a reaccionar… ¡quedó catatónico de por vida!

»Poco después supieron que ese lugar se encontraba abandonado desde que fue clausurado por un incidente donde el novio de una bailarina la mató a disparos, en ese mismo lugar, mientras trabajaba.

Emmett frente a mí, me miraba con ojos muy abiertos. Podría jurar que estaba asustado. Rosalie a su lado, me miraba dudosa. Mientras que Edward permanecía inmutable.

—¿Eso sucedió en Volterra? —Cuestionó finalmente Emmett.

—Así es. La gente aún teme acercarse a ese lugar, por eso el tío Aro compró el terreno y lo remodeló, ahora forma parte del ala este del casti…

—¿QUÉEE? ¡Jamás pondré un pie en ese lugar!

—¡Osito! ¡Es sólo una historia! —Trató de animarlo Rosalie.— No es real, ¿verdad, Mina?

—Creo que es sólo una leyenda urbana... Ya he estado ahí. ¡Es tan normal como cualquier otro lugar! —Dije apoyando a Rose.— ¿Es que no piensas ir a visitarme nunca? —Hice un pucherito como los de Alice.

Tres cabezas se giraron hacia mí, casi pude escuchar el crujir de sus cuellos por la velocidad con que lo hicieron.

—¿Qué dije?

—¿Vi…visitarte? —Respondió Emmett con otra pregunta.

—Eso hacen los amigos ¿no?... Además, tengo la teoría de que Heidi y Demetri pudieron estar involucrados en esa historia. —Agregué pensativa.

—No es eso… Es que yo… —Su mirada se desvió fugazmente hacia Edward y volvió.— Creí que tú podrías…

—¡Miren la hora! —Rosalie se levantó agitada.— Heidi se enojará conmigo si no cumplo con sus instrucciones… ¡Mina, a la cama! —Ordenó.

—Aquí no hay cama, Rose. —La miré entrecerrando los ojos.

—¡A tu bolsa, entonces! —Insistió.

—Casi me siento una Polly Poket. —Comenté, pero a ella no pareció hacerle gracia. Suspiré resignada y me levanté.— ¡Buona notte!... Me voy antes que me lance una pokeball. —Murmuré, antes de meterme en la tienda roja.

Sólo escuché la risa ahogada de Emmett.

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Detrás de mí, entró… ¿Edward? Lo miré confundida, y arquee una ceja.

—"¿Qué haces aquí?" —No me resistí a preguntar.

—"Le dijiste a Emmett que aceptabas cambiar a Rosalie por mí." —Se apuntó al pecho con el índice.— "Lo imaginé… no prestabas atención ¿verdad?" —Dedujo.

¡Ohhhh! ¿Así que era eso lo que me preguntaba? Y yo de imbécil que le dije que sí.

—"Cambiaré con Rose…" —Dio media vuelta dispuesto a salir de la tienda.

—"No. ¡Déjalo!... No es algo distinto a las ultimas noches." —Dije restándole importancia.

—"¿Segura?"

Me encogí de hombros y me metí en una de las bolsas de dormir. Me acomodé boca arriba, boca abajo, de un lado, del otro… y no encontraba mi posición. Gruñí molesta.

—"No tienes sueño."

—"¡Ni pizca!" —Respondí.— "¡Maldita adrenalina post cacería!"

Rió muy bajito.

—"¿Conversamos?"

Me rodé nuevamente y quedé boca arriba. Escuché movimiento a mi lado, pero seguí con la vista al techo.

—"¿Sobre qué?"

—"¿Cuál es tu color favorito?"

Su pregunta me tomó por sorpresa. ¿Qué con mi color favorito? Además, no tenía uno.

—"Depende de mi estado de ánimo." —Respondí, ladeando la cabeza. Él también estaba acostado contemplando el techo.

—"Entonces… ¿Cuál es tu color favorito?" —Insistió, volviendo su rostro hacia mí.

Como en ocasiones anteriores, volví a perderme en sus ojos.

—"Oro." —Solté sin pensar.

Él frunció el ceño.

—"¡Ese no es un color!"

—"Pues para mí, sí." —Alegué. Él no iba a ganarme.

—"Entonces…" —Volvió a mirar al frente (el techo).— "¡¿Está bien si digo que el mío es el plata?"

—"¡Ya lo sabía!" —Dije bastante ufana, volviendo a ver hacia arriba también.

Sentí una brisilla tenue cuando su cabeza volvió a girar hacia mí —lo vi por el rabillo del ojo—.

—"¡¿Cómo?" —¿Estaba nervioso?

—"¡Tu volvo!"

—"¡Ah, claro!"

—"¿Qué pensabas que diría…?"

—"Nada… ¿Comida favorita?" —Se apresuró.

—"Lasaña. Pero… ya lo sabías."

—"¿Película?" —Prosiguió.

—"Underworld."

—"¡Debe ser broma!... ¿Cómo es que te dejan ver esa basura?"

Voltee a verlo, le saqué la lengua y le di la espalda.

—"Mina." —Me llamó.

Sabía que no lo engañaría, pero aún así, cerré los ojos y fingí estar dormida.

Edward siguió insistiendo, llamándome cada vez más molesto, pero no le respondí. Repentinamente sentí su gélido tacto sobre mi hombro derecho. Me sacudió un poco, pero yo, obstinada, me negué a reaccionar.

—"¡Mina!" —Esta vez su voz sonaba a súplica.

Casi me convence, pero logre mantenerme estoica… hasta que sentí como las yemas de sus dedos se deslizaban suavemente hasta mi cuello, y apartaban mi cabello con delicadeza.

—¡Fiorella! —Susurró a mi oído.

Su fresco aliento acarició la piel de mi cuello. No pude evitar reír muy bajito.

—"¡Me haces cosquillas!" —Me quejé, aún sonriendo.— "¿Cuál es la finalidad de este interrogatorio?... Creí que ya habías escuchado mi audio-biografía en voz de Marcus Volturi."

—"Imagino que habrá cosas que hasta a él se le escapan."

—"¡No es justo!"

Rodó de vuelta a su lugar, dejándome espacio para volver a mi posición anterior.

—"¡Ya sabes más de mí que yo de ti!" —Dije frustrada.

Su melódica risa invadió la tienda. ¡Esperen!... ¿Melódica?... ¿Desde cuando soy tan cursi?

—"¿Tienes alguna meta, propósito o sueño que te gustaría cumplir?" —Volvió al ataque con preguntas.

—"Mmm… bueno… espero encontrar la forma de convencer a mis tíos de no cazar humanos, pero el vegetarianismo es prácticamente imposible para ellos… al menos me gustaría que no cazaran gente inocente." —Edward ladeó su cabeza hacia mí, yo hice lo mismo, su expresión me era confusa: no sabía si era sorpresa o incredulidad lo que veía en él.— "¡Se vale soñar! ¿No?"

Me sonrió con tal ternura que por unos momentos me olvidé de todo.

—"Hubo un tiempo en que yo pensé igual. ¡Y puedo decirte que cazar criminales no me hizo sentir mejor!"

¡¿Qué? ¿Él lo había hecho?... ¡Había probado la sangre humana!... Bueno, yo también, ¡pero fue un accidente y a Gianna no le molestó!

Esa noche, en una tienda de campaña en medio del bosque más peligroso —para los humanos— de Washington, conocí la historia de Edward Anthony Masen. También me contó como fue su experiencia cuando Carlisle lo transformó, dándole una nueva oportunidad, y cómo él la rechazó en su "etapa de rebeldía".

Esa noche, conocí al complicado Edward Cullen.


Hasta aquí por el momento... les aviso que ya nada más me falta el final, todavía no me decido como hacerlo, pero lo que sí se es que termina en el cap 33 jejeje... como ven?

Espero no demorar mucho para el siguiente cap. Pero igual nunca se sabe =(

Muchas gracias por sus reviews, Maryroxy, Anfitrite y Kallfu... me mantienen inspirada!

También muchas gracias a quienes me han agregado a sus favoritos y alertas, espero que sigan disfrutando de la lectura, tanto como yo lo hago al escribirla!

Besos, Ninie.