Hola! Qué tal chicas! Me extrañaron?... Yo sí las extraño mucho! Anfitrite, Maryroxy y Kitzia muchas gracias por sus comentarios!... Y lamento hacerlas esperar tanto!... Ya sé qué van a decir: "La misma cantaleta de siempre" jajaja... pero qué puedo hacer =(

Bueno... para empezar, mejor no les quito más tiempo, y aquí va lo que estaban esperando... por que lo esperaban, verdad? Jajajaja... si no no hay bronca jejeje =)...


"Soprano"

By Ninie

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Capítulo 22: Estrategia.

¡Por fin de vuelta en casa! Papá y tío Aro me reciben con los brazos abiertos, felices de verme nuevamente. Sulplicia y Athenedora me abrazan maternalmente, diciendo cuanto me han extrañado, mientras el tío Caius me reprocha el haber tardado tanto.

Heidi me acompaña hasta mi recámara, me meto a la cama y papá llega para arroparme. A mi lado descansa el enorme conejo de felpa que Demetri me obsequió cuando tenía un año… ¡creo que es lo único verdaderamente lindo que ha hecho por mí ese cretino! ¡Amo a ese enorme peluche!

—¡Rabito! —escuché mi propia voz algo lejana.

Una fuerte carcajada aturde mis oídos, y poco a poco comienzo a caer en la realidad. Siento la superficie plana y dura aunque algo acolchonada en mi costado derecho. Aprieto fuertemente a mi conejo de felpa, luchando por regresar a esa reconfortante imagen de mi amado hogar… pero Rabito es demasiado… ¿duro?

—¿Rabito?… —las carcajadas suben de tono, obligándome a abrir lentamente los ojos.

¡Trágame tierra! ¿En que se parece Edward Cullen a un gran conejo de peluche?... ¡Ta cha cha chán!: ¡EN NADA!

Lo solté y ambos rodamos a los lados separándonos. Edward, en un extremo de la tienda, estaba serio, impertérrito. Pero yo, casi embarrada a la pared opuesta… ¿hiperventilaba? Las carcajadas de Emmett se incrementaron, ahora acompañadas por la melodiosa risa de Rosalie.

—¡Buen día! —saludó la rubia.

—¿Dormiste bien, Ella? —inquirió el "oso" en tono burlón.

A decir verdad, ¡dormí de maravilla! Pero mejor no decirlo.

Esa mañana Emmett estuvo rebosante de alegría. Mientras levantábamos el "campamento", no perdió oportunidad para llamar a Edward con el mote de mi peluche. Cosa que lo ponía furioso, pero creo que después de las primeras 30 veces, dejó de tomarle importancia.

—"¡Lo siento mucho!" —me disculpé cuando ya íbamos en el jeep.

—"Mina…" —voltee a verlo temerosa, encogida de hombros y cerré los ojos cuando me pareció que levantaba una mano. Esperaba un coscorrón o algo por el estilo, pero en lugar de eso me revolvió el cabello en la coronilla con gentileza. Abrí lentamente los ojos y me sonrió—. "¡Descuida!... ¡Ya encontrará algo más para molestar y lo olvidará!"

—"¡Tu optimismo me aturde!"

Ambos reímos. Rose y Emmett voltearon a vernos desde los asientos delanteros.

—"Creen que nos reímos de ellos" —informó.

—"¿Han hecho algo que lo amerite?"

—"¿Y cuándo no?"

Reímos con más fuerza, mientras la pareja seguía perdiendo la paciencia.

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Estábamos acercándonos a la mansión Cullen, cuando noté que Edward empezaba a tensarse. Parecía ansioso por llegar a nuestro destino. Apenas abandonamos la carretera para tomar el serpenteante camino a través del bosque, cuando lo vi saltar del jeep y correr en dirección a la casa.

—¡¿Qué pasó? —cuestionaron Rose y Emmett a la vez, mirándome confundidos.

—¡Ni idea! —estaba igual de confusa que ellos.

Emmett aceleró, algo que yo creía imposible. Estuve tentada a seguir el ejemplo de Edward y saltar del vehículo, pero logré controlarme… al menos hasta que la mansión estuvo a la vista.

—¡¿Qué ha pasado? —entré precipitadamente.

Ahí estaban: Carlisle, Esme, Jasper, Alice, Felix, Heidi, Demetri y Edward. Todos voltearon a verme con expresiones similares de preocupación. Rápidamente repasé sus rostros, mientras esperaba una respuesta. Fue Alice quien se atrevió a hablar.

—He visto a Victoria… Ya tomó la decisión… ¡Vendrá! —había concluido casi en un murmullo cargado de pesar.

La tensión de Alice me abrumó tanto que ni me percaté de la llegada de Emmett y Rose hasta que ésta última preguntó:

—¿Cuándo?

—En cinco días… —respondió su hermana.

¿Cinco días? ¡¿Sólo cinco días? Me quedé en el limbo, pensando en todo y nada a la vez, confundida, nerviosa y aterrada.

—En un rato más nos reuniremos con la manada quileute en el claro… —la voz de Jasper era tranquilizante.

Una onda de calma saturó el ambiente. Tuve que aferrarme a Emmett cuando sentí que las piernas me traicionaban.

—¡Perdona, Mina!

—¡Está bien, Jazz!... ¿Dónde es eso? —quise saber cuando salí de mi trance.

—"Eso no importa ahora…" —miré a Edward, impávido como siempre. Se acercó y me ayudó a sostenerme—. "Deberías descansar un poco."

Sintiéndome como una vil muñeca de trapo, dejé que me condujera a la celda… que diga, su recámara. Una vez ahí, comprendí que descansar era lo que menos podía hacer en esos momentos.

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Heidi me había llevado ropa limpia, así que opté por tomar un baño y despejarme un poco. Cuando salí, Edward ya no se encontraba en la recámara. Aproveché para bajar también y terminar de enterarme de la situación.

—Ella… —Emmett fue el primero en notar mi presencia.

Todos voltearon a verme cuando lo escucharon.

Aparentemente seguían tal y como estaban cuando me retiré. Me acerqué a dónde se encontraban Alice y Jasper, y me dirigí a ella.

—¿Cuántos vienen? —me pareció que dudaba un poco.

—Veinte… aproximadamente —respondió con la vista fija en un punto detrás de mí.

Seguía igual de desanimada que cuando llegamos. ¡Detestaba verla así! No era propio de ella.

—Sería conveniente pedir refuerzos —sugirió Felix.

No fui capaz de corresponder, y empecé a morderme el labio, con nerviosismo mientras pensaba con la vista hacia el techo.

Si por refuerzos se refería a Alec y Jane, podíamos ir descartando la idea. Ya suficiente problema era una vampiresa vengativa como para traer a una mini-vampira sádica y su freak-brother.

—Pero… necesitamos refuerzos que estén dispuestos a cooperar —estoy segura que dí un respingo cuando escuché a Heidi hablando detrás de mí.

Volví a quedarme pensativa mirando al techo… ¿era eso una telaraña? Emmett pagaría caro por no haber sacudido cuando Esme se lo pidió.

—La guardia cuenta con muchos miembros decididos a cooperar si Mina se los pide "cordialmente" —observó Demetri.

No pude evitar verlo y enarcar una ceja al entender su doble sentido.

—¡Cordialmente puedes irte a chin…!

—¡Mina!

—…China, y me traes unos palillos para el cabello, por favor —completé después de la llamada de atención de Esme—. Volviendo al tema —proseguí ignorando las risas sofocadas de Emmett y Jasper—, sólo podemos convocar a miembros de nuestro "pelotón", lo que nos deja como únicas opciones a Alec y… —hice una mueca amarga.

—¡Jane! —completó Felix, con desgana.

—¿Entonces?... ¿Qué hacemos, sorellina?

Me dejé caer en uno de los sofás de la sala, sosteniéndome la cabeza con ambas manos y revolviéndome el cabello desesperada. En eso sentí una fría y pequeña mano palmeándome la espalda.

—¡Calma, Soprano!

Dejé de halarme los cabellos y miré a mi izquierda arrugando el seño.

—¡Aaalliiie! —hice un mohín. Sin embargo, ella me respondió con una sonrisa.

—¡Deja de romperte la cabeza!... Recuerda que tenemos aliados en La Push.

—Y… ¿Serán suficiente?

Su semblante se tensó, no parecía preocupada, pero tampoco tranquila… más bien, insegura.

—Eso creo. Sabes que estoy ciega en lo que respecta a ti y ellos —respondió.

Siguieron en el mismo plan de apatía, ahora yo me les había unido. Pronto llegó la hora en que nos reuniríamos con la manada en ese supuesto claro, y abandonamos la mansión.

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—¡Wow! ¡Este "claro" es tan amplio que el "Ave Negra" podría aterrizar aquí, es más… hasta un 747 podría hacerlo!

Después de atravesar el bosque a pie, habíamos llegado a una amplísima sección despejada sin más que árboles y más árboles alrededor.

Tras mi observador comentario, noté que todos me veían con idénticas expresiones de confusión.

—¡¿Qué?... ¿Nadie lo había pensado? —inquirí.

Seguían mirándome como si fuera un Picasso. Los labios de Esme temblaron ligeramente.

—Está nerviosa —dijeron Heidi y Edward a dueto, antes de que Esme pudiera hablar.

—¡No lo estoy! —traté de defenderme, pero sólo conseguí que mi voz sonara desesperadamente aguda.

Esme me miró con ternura y se acercó para abrazarme.

—¡Todo va a estar bien! —susurraba acariciando mi cabello.

Y por imposible que pareciera, sus palabras me tranquilizaban de una forma que ni Jasper habría conseguido. Me hacía sentir segura y en paz, no relajada como con el tacto de Edward, sino la misma seguridad y paz que sentía en los brazos de… papá.

Un grupo de voces que hablaban de manera desordenada, hizo que me apartara de la vampiresa para tratar de ubicarlas. Entre ellas había tres bastante conocidas: Seth, Embry y Quil.

Por más vueltas que daba a mi cabeza, no lograba ubicar el lugar exacto de donde provenían aquellas voces. Escuchar con mi mente no me daba una posición exacta de los quileute.

—¡Prepárense! Ya están aquí —avisó Edward con la mirada fija en un punto indefinido de la oscuridad del bosque.

Esme me soltó y se colocó a mi lado, extendiendo un brazo sobre mis hombros. El resto de los Cullen y mis hermanos formaron una línea, todos enfocados en la misma dirección. En pocos segundos me fue posible divisar nueve figuras en la oscuridad. Cuatro de ellos se adelantaron al resto, en una formación como de diamante, entre ellos reconocí a Seth en la retaguardia. Carlisle avanzó un paso con deliberada lentitud.

—Bienvenidos —saludó a los lobos.

—"Gracias" —una voz desconocida, respondió mientras era coreada por la de Edward en un tono extraño y sin gracia.

Mis ojos se clavaron en el enorme lobo negro que encabezaba el grupo.

—"Venimos a escuchar, pero nada más. Nuestro autodominio no nos permite rebasar ese límite" —ya no tenía dudas, era ese lobo el que hablaba, mientras Edward reproducía sus palabras para los demás.

—Es más que suficiente. Mi… —Carlisle se interrumpió cuando notó que el lobo no lo estaba mirando a él.

—"¿Algún problema?" —cuestionó el lobo, fijando sus penetrantes ojos en mí.

—Sí…¡Qué diga, no!... No eres Black...bueno sí, pero sólo de color. Eres un perrote negro como un grim… ¡Eh….sin ofender!… Creí que eras el otro Black, pero sólo eres negro, no Black… ¡Ay, ya me hice pelotas!... ¿Quién eres? —pregunté finalmente.

Todos los presentes me veían con las bocas abiertas… hasta los lobos —los hocicos—.

—¡Esto de los nervios se ve bastante grave! —murmuró Esme.

—"Él es Sam. El alfa de la manada" —Edward me sacó de mi ignorancia.

Lo escuché sin apartar la mirada del lobo en ningún momento.

—¡Ah!... "¿Sam Uley?" —lo cuestioné directamente.

—"."

—"Mina Volturi. Mucho gusto" —pude haberle tendido la mano, pero por la distancia, solamente hice una inclinación de cabeza.

El lobo simplemente se me quedó mirando desde su posición a varios metros de nosotros.

Era la escena perfecta para escuchar grillitos como melodía de fondo, pero todo lo que oí fue el ulular de una lechuza.

—¡Perdón! Es la costumbre —me disculpé, avergonzada.

El lobo cabeceó y volvió a concentrarse en Carlisle. Éste estaba por retomar el tema, cuando la presencia de otro lobo en el claro, captó la atención de todos.

—¡¿Qué diablos cree que hace? —chillé desesperada al encontrarme con la figura de un enorme lobo rojizo con una chica aferrada a su espalda.

Al parecer yo no era la única inconforme. Pude escuchar perfectamente los gruñidos de Edward, Sam y… Rosalie.

Trotando ágilmente, el lobo rebasó a sus compañeros. Al detenerse, la chica bajó torpemente de su espalda.

—¡Bellie! —me adelanté unos pasos para sostenerla antes de que se diera de lleno contra el suelo. Alice también se había acercado.

—Gracias, chicas. Estoy bien —logró enderezarse ella sola.

Dejé que Alice se encargara y fui directo contra el lobo.

—¡¿ESTÁS DEMENTE, BLACK?...¿Eres Black, verdad? —esperé a que asintiera y continué…—. "¡Pudo haberse lastimado! ¡Es peligroso que la lleves en tu espalda de esa forma!"

—"¿Qué sugieres? ¿Que la aferre con el hocico?" —se defendió Jacob.

Por una fracción de segundo vino a mi mente la imagen de aquella familia de gatitos que habitaban en los alrededores del castillo, para cambiarlos de lugar, la madre los tomaba por el cuello con su hocico. Voltee a ver a Bella, al lado de nosotros.

—"Estaba siendo sarcástico."

—Lo sé.

—"¿Y por qué sonríes?"

—Porque tengo una imaginación muy volátil —confesé.

Jacob resopló y me dio un leve cabezazo en el hombro. Me tambalee soltando una carcajada. Tuve la impresión de que Heidi hizo amago de lanzarse contra él, pero cuando me vio reír se contuvo.

—"Los atacantes… ¿son diferentes a vosotros?" —Sam hablaba nuevamente con Carlisle, por mediación de Edward.

Al instante volví a ponerme seria y dirigí mi atención a ellos, igual Jacob.

—Todos ellos han sido transformados hace poco, apenas llevan unos meses en esta nueva vida —respondió Carlisle—. En cierto modo, son niños —sentí que alguien me miraba, y no me equivoqué, era Jacob. Capté su indirecta: me comparaba con ellos. Le dí un codazo en las costillas—. Carecen de habilidad y estrategia, sólo tienen fuerza bruta —fue mi turno de mirarlo significativamente, y me dio un empujón con su costado.

—"¿QUIEREN DEJAR DE JUGAR?" —las voces mentales eran de Sam y Edward.

El primero fulminaba a Jacob; el segundo a mí. Ambos bajamos la cabeza, avergonzados. Como perro con el rabo entre las patas… a Jacob le quedó mejor el aforismo.

—Esta noche son veinte, diez para vosotros y otros diez para nosotros —continuó Carlisle cuando recobró la atención de Sam—. No debería ser difícil. Quizá disminuya su número. Los neófitos suelen luchar entre ellos.

Los lobos estaban eufóricos. Me era difícil distinguir lo que decían entre tantas voces distintas. Pero eso dejó de importarme cuando comprendí que las cuentas no me cuadraban. ¿Diez y diez?

—"Estamos dispuestos a enc…"

Interrumpí con un falso carraspeo. Sam, Carlisle y Edward me miraron desconcertados.

—¡Once, Carlisle! ¿Olvidas que Demetri está con nosotros ahora?

—No, Mina. No lo olvido —dijo, en tono condescendiente.

La agarré al vuelo: ¡Yo estaba fuera de sus cálculos!

Y al parecer ya lo habían acordado, porque todos rehuían mi mirada.

—¡HEIDI! ¿ESTO FUE TU IDEA?

Ni mi hermana se atrevía a mirarme a la cara. Bufé exasperada y di media vuelta, dispuesta a alejarme de ese lugar. Ya no tenía caso estar ahí, era claro que su decisión estaba tomada, no me necesitaban para nada.

—¡Fiorella! —la voz de mi hermana me hizo detenerme—. No tienes permiso para alejarte. Recuerda que sigues castigada.

Regresé y atravesé la línea de vampiros tras Carlisle. Fui hasta la orilla del claro y me dejé caer reclinada en el tronco de un árbol, cruzada de brazos.

Desde ahí escuché como retomaban el tema, y Carlisle explicaba a Sam los pormenores de la situación. No pasó mucho antes de que Bella fuera en silencio a sentarse junto a mí. Y no hicimos más que observar —ella atentamente y yo con aburrimiento— las explicaciones de Jasper a los licántropos sobre la manera adecuada de enfrentar a un neófito.

Después de su breve cátedra, Jasper no tardó en llamar a Emmett.

—De acuerdo, que sea Emmett el primero —decidió—. Es el mejor ejemplo de ataque de un neófito.

—Es que no ha visto a Mina cazando.

Escuché el comentario de Demetri, y rápidamente lo ubiqué en el otro extremo del claro, al lado de un lobo gris —el más pequeño de la manada—.

Fingí demencia e ignoré el comentario —por lo pronto—. Guardé silencio y seguí observando el desarrollo de la pelea entre Emmett y Jasper. Ya le haría pagar por ese comentario, ¡Oh, sí! ¡Demetri pagaría!

Ya estaba imaginando cientos de formas de tortura. ¡Jane no era la única capaz de provocar dolor a un vampiro! ¡Muajajaja!

—¿Mi…Mina? —murmuró Bella—. Me estás asustando.

En ese momento me di cuenta de que estaba riendo de manera psicópata y me tapé la boca.

—Otra vez —pidió Emmett tras ser derrotado por su hermano.

—Eh, ahora me toca a mí —protestó Edward.

—Aguarda un minuto —Jasper sonrió y dirigió su mirada hacia nosotras posándola en mi compañera—. Antes quiero demostrarle algo a Bella —hizo una seña a Alice para que se adelantara. Ella obedeció adentrándose al espacio vació entre vampiros y lobos—. Sé que te preocupas por ella. Deseo mostrarte por qué no es necesario.

Bella, a mi lado, pasó saliva con dificultad. Yo le di unas palmaditas en la espalda, para tranquilizarla. Era obvio que Jasper no lastimaría a Alice, y también lo era que ésta no era tan vulnerable como aparentaba.

Jasper se acuclilló ante su esposa. Ella permaneció inmóvil y sonrió para sí misma. Él se adelantó con sigilo para luego deslizarse hacia la izquierda.

Alice cerró los ojos y el corazón de Bella latió desbocado cuando vio a Jasper acechado su posición. Él saltó, pero Alice reaccionó evitando su ataque por una fracción de segundo. Dio media vuelta y volvió a lanzarse sobre ella, pero lo evadió nuevamente y sin ninguna dificultad, conservando los ojos cerrados y esa sonrisa de satisfacción presente en su rostro.

Los movimientos de ambos fueron cobrando más y más velocidad. Alice se movía con tal gracia que llegó un momento en el que parecía estar bailando.

No pude evitar sonreír, olvidando completamente que debería estar furiosa con ellos por haberme dejado fuera.

Finalmente Alice rió y saltó a la espalda de Jasper con los labios pegados a su cuello.

—¡Te pillé! —dijo antes de besar su garganta.

Él rió entre dientes al tiempo que meneaba la cabeza. Pude sentirlo aún desde la distancia: estaba un poquito frustrado, pero satisfecho.

—Eres un monstruito aterrador, de veras —dijo con ternura a su amada.

Los lobos farfullaron con cautela.

—¿Ves? —susurré a Bella—. ¡Las mejores cosas vienen en envases pequeños!

Ella sonrió, ya más tranquila.

—Mi turno —escuché decir a Edward, y ambas volvimos nuestra atención al centro del claro.

Sin esperar respuesta, se adelantó a entrar en el espacio de "entrenamiento". Mientras, Alice acudió a sentarse con nosotras.

—Hace frío, ¿eh? —preguntó, con una expresión engreída después de su exhibición.

—Mucho —admitió Bella, yo sólo asentí sin apartar la vista de Edward, que se deslizaba hacia Jasper con movimientos felinos y atentos.

—No te quito el ojo de encima, Bella —susurró Alice de repente, y tan bajito que yo apenas la escuché.

Volví el rostro y vi que tenía los labios pegados al oído de Bella. ¿Por qué? ¿Qué quiso decir con esa "advertencia"? Miré de una a otra, pero ellas estaban atentas a la demostración de Edward y Jasper.

Me concentré nuevamente en la "clase", ambos estaban haciendo amagos a medida que se acortaba la distancia entre ellos.

—Avisaré a Jacob si decides llevar a la práctica tus planes —continuó con reproche. Voltee a verla y nuevamente estaba susurrando a Bella al oído—. Que te pongas en peligro no va a ayudar a nadie. ¿Acaso crees que algún neófito daría media vuelta si murieras? La lucha no cesaría ni por su parte ni por la nuestra. No puedes cambiar nada, así que pórtate bien, ¿vale?

Bella hizo una mueca. Obviamente no estaba de acuerdo.

—Te tengo vigilada —insistió Alice, mientras Bella la ignoraba.

En cierta forma, la comprendía. Me identificaba con ella. A mí también me sobreprotegían, la diferencia entre nosotras era que yo no era tan… humana. Yo podía defenderme, sabía luchar. La única razón por la que me dejaban de lado era la falta de experiencia. ¡Era tan injusto!

—Dejémoslo en empate y volvamos al trabajo —la voz de Jasper me alertó que acababa de perderme de un interesante encuentro.

Bufé exasperada.

Todos pasaron por turnos, mientras Bella y yo seguíamos observando. Noté que mi amiga poco a poco iba perdiendo convicción y sus ojos empezaban a cerrarse por el cansancio. Sin pretenderlo me contagió uno de sus bostezos, así que antes de caer rendida, tenía algo pendiente por hacer. Me puse en pie y estiré un poco mis brazos, mientras Bella y Alice me miraban interrogantes.

—¡Jasper!... —el susodicho volteó a verme, notoriamente sorprendido por el inesperado cambio de Jazz a Jasper—. Ya sé que no se me ha contemplado para éste enfrentamiento —continué abriéndome paso hacia el circulo de prácticas—, pero aún así me gustaría intentarlo… ¿puedo? —me coloqué en el centro.

Intercambió miradas rápidamente con Carlisle y Heidi, entonces me asintió colocándose en posición de ataque, mientras Demetri, el siguiente en la práctica, se retiraba.

—No, yo soy el neófito —pedí. Jasper me miró aún más sorprendido—. ¿O no, Demetri?

El interpelado detuvo su paso y se volvió lentamente hacia nosotros, evidentemente nervioso. Jasper sonrió comprensivo, retrocedió y salió del campo de batalla.

Como buena neófita, me lancé al ataque contra Demetri sin aviso previo, tomándolo completamente por sorpresa. Aterricé sobre su pecho, apenas y alcanzó a reaccionar lanzándome hacia un lado pero inmediatamente me recuperé y volví al ataque.

Demetri me evadía una y otra vez, un par de veces estuvo a punto de atraparme, pero mi lado salvaje despertaba por breves instantes, como disparos de adrenalina, dotándome de fuerza y agilidad extras.

—¡VAMOS, ELLA! ¡TÚ PUEDES! —aullaba Emmett.

—¡CONEJITA! ¡RECUERDA LO QUE TE HEMOS ENSEÑADO! —gritó Felix, desesperado.

—¡Duh!... Soy el neófito, ¿recuerdas?... Se supone que no hay entrenamiento previo… ¡Y DEJA DE LLAMARME "CONEJITA"!

Rugidos caninos hacían eco en el bosque —los lobos se estaban carcajeando—.

—"Te tomas tu papel muy en serio, ¿eh?… ¡ya acaba con él!" —¿Ese era Sam?

El lobo negro estaba justo detrás de Demetri, por lo que pude verlo de frente. Sonreí, y el lobo profirió un ladrido sordo, incitándome a que terminara.

—¡A petición del público…! —dije antes de abalanzarme hacia Demetri. Simule arrojarme sobre él, pero salté más alto pasándole por encima y empujándolo por la espalda. Se tambaleó. Apenas toqué el suelo con un pie, volví a impulsarme golpeándolo de costado con mi hombro. Su cuerpo salió despedido, y aprovechando su vulnerabilidad al no manipular la gravedad, le dí alcance y detuve su curso cayéndole encima con mis colmillos perfectamente posicionados en su garganta—. ¡Tienes suerte de que pelee como neófito! —susurré.

Los lobos aullaban eufóricos. Jasper negaba sonriente.

—¡Demos gracias de que Mina sea única en su especie! ¡Encontrar neófitos como ella sería nuestro fin! —dijo a todos en general, para luego mirarme acusadoramente— ¡Como neófito, apestas!... —dijo sonriendo—. Mañana seguiremos con la instrucción —se dirigió a los lobos—. Por favor, os invitamos a volver a venir para observar.

—"Sí. Aquí estaremos" —respondió Sam.

Empecé a alejarme para volver a mi aburrido "rincón de los lamentos", cuando escuché que la manada quería familiarizarse con los efluvios de todos para evitar errores al momento de la batalla. Ignorándoles seguí mi camino. No tenía caso que me olfatearan, yo no estaría presente ese día.

—"¡Ey! ¡Soprano!" —me detuve al reconocer la voz de mi amigo—. "Eso fue… ¡Wooow!"

—"Gracias, Seth."

—"Apuesto a que serías de gran ayuda en el enfrentamiento."

—"No importa. Ya lo decidieron" —suspiré resignada.

—"Creo que también me dejarán fuera."

—"¡Temen que los opaquemos!" —bromee.

Ambos reímos un poco y al final suspiramos derrotados. En realidad no era tan gracioso como para hacernos olvidar la desgracia de ser los patitos feos.

—¿Hay espacio para un miembro más en el club? —Bella se había acercado a nosotros.

—¡Adelante, Bellie! ¡Bienvenida al "Loser's Club"!

Un aullido inesperado nos hizo dar un respingo a las dos.

—¡Ah jijo…! ¿Sam no conoce lo que es el tacto? —chillé.

Bella y Seth rieron.

—"Lo siento. Me llaman."

—¡Ve con cuidado! —lo despedí.

—¡Nos vemos en casa! —avisó Bella cuando escuchó que lo despedía.

—"¡Mina Volturi!" —la voz de Sam me tomó por sorpresa—. "Excelente demostración."

Busqué al lobo negro con la mirada, gesticulé un gracias, y le dediqué una amplia sonrisa. Me miró fijamente por unos segundos, y se perdió en el bosque.

Después de olfatear a la familia Cullen completa, a mis hermanos y al idiota de Demetri, los lobos empezaron a retirarse. De momento no me pareció relevante, hasta que noté un pequeñísimo e insignificante detalle… ¿dejaron a Bella?

En pocos segundos Jacob trotaba de regreso, pero esta vez en su forma humana, descalzo, con el pecho desnudo y la melena enmarañada y alborotada. Sin perder tiempo se dirigió a donde se encontraba Edward y empezaron a hablar en cuchicheos.

—Mina.

—Eh, ¿sí? —voltee a ver a Bella, quien parecía estar tan atenta como yo a la conversación de esos dos, aunque sin duda ella tenía menos probabilidades de escucharlos.

—¿Oyes lo que dicen? —preguntó sin perderlos de vista como si intentara leer sus labios.

—"No. Están demasiado lejos."

—Pero, tienes oído vampírico, ¿no?

—"Aún así, tengo limitaciones. Estamos en un campo abierto, la distancia es considerable y… están susurrando a propósito" —hice una mueca de disgusto.

—¡Chester! —se quejó cruzando los brazos y resopló. Asentí en acuerdo con ella—. Cambiando de tema… —volví a verla cuando noté que se demoraba en hablar—. ¿Cómo es que puedes comunicarte con Jake y Sam?

Suspiré y me encogí de hombros.

—Hasta antes de venir a Forks, nunca había podido hacer eso —le expliqué—. Siempre he podido hacerme escuchar por medio de telepatía, pero nunca me había sido posible escuchar a alguien más. La primera vez fue con Seth, y la segunda Edward. Y hoy, me he dado cuenta de que puedo escuchar a todos los de la manada, pero sólo mientras son lobos… ¡oh!, y si hablan ordenadamente —agregué.

—¿Ves lo que piensan, como Edward? —al instante negué.

—Yo no veo, solo escucho. Pero lo que escucho no creo que sean propiamente pensamientos, sino, diálogos… —Bella me miro confusa—. ¿Cómo me explico?... creo que solo escucho cuando ellos quieren que lo haga. Lo que internamente están pensando no logra llegar a mí a menos que lo moldeen con palabras.

—Ah… creo que ya entiendo. ¿Y con Edward es igual? —parecía muy interesada.

—Sí… bueno, más o menos. "En un principio lo escuchaba por accidente. Ahora él parece haber encontrado la forma de controlarlo. Pero aún no entiendo por qué puedo escucharlo" —confesé.

—Tal vez porque sus dones se relacionan con la mente —propuso.

Nos quedamos pensativas.

—¡No!

Las dos nos tensamos al escuchar el tono irritado de Edward y volteamos a verlos. Heidi estaba con ellos.

—¿Por qué eres tan terco, Cullen? ¡Eres muy desconfiado! —Jacob también había subido el tono.

—¡Heidi! ¡No deberían…!

—¿Por qué?... Yo estoy de acuerdo con el perr…dón, con Black —se corrigió rápidamente mi hermana.

Edward desvió la mirada de ellos y la fijó en nosotras desde el otro extremo del claro. Sus ojos vacilaron de una a otra en varias ocasiones.

—Cullen —la voz de Jacob era apremiante.

Edward cerró los ojos, resignado.

—Hagan lo que quieran, no es de mi incumbencia después de todo —musitó, dio media vuelta y se internó en el bosque.


Bueno... hasta aquí lo dejaré por el momento. Espero ver... hmm... leerlas pronto! Chaito! Me tengo que ir, porque me prestaron la compu un ratín!