¡Hola, chicas! ¿Qué tal? Ya estoy de vuelta, se que soy horrible, una desobligada total.

Muchas gracias a Kitzia, Maryroxy y Anfitrite por sus reviews... siempre las hago esperar de más, lo lamento mucho mucho mucho... espro que este capítulo sea lo suficientemente bueno para compensarles la espera.


"Soprano"

By Ninie

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Capítulo 23: Mina.

—¡Buongiorno, Bellie!

Apenas la vi bajar de su monovolumen en el estacionamiento del instituto, corrí hacia ella no importándome dejar a Alice y Edward atrás.

—Ah… ¡Buen día, Mina! —saludó, un tanto desganada.

Aún se le notaba cansada. ¡Y cómo no!... Después de tremenda desvelada.

Cuando ella y Jacob abandonaron el claro, no faltaba mucho para el amanecer. Alice, Edward y yo, apenas y habíamos tenido tiempo suficiente para volver a la casa y cambiarnos para asistir a clases.

—¡Buongiorno, Black! —saludé también al muchacho que, aletargado, bajaba del lado del conductor y rodeaba para llegar a nosotras.

—¡Wa…! —alzó torpemente la mano y bostezó.

—Tomaré eso como un "Buenos días" —dije contemplándolo. ¡Se veía más zombie que Bella!—. ¿Dónde están "Manchas" y "Chocolate"?

Alice ya estaba detrás de mí, lo supe porque escuché su risilla.

A Jacob no pareció importarle que me refiriera de esa forma a sus amigos, o quizá aún estaba demasiado dormido para entenderlo. Al llegar junto a Bella dio un golpe con su gran palma en el lateral de la camioneta.

—¡Llegamos! —dijo aún con voz modorra. ¿Cómo es que Bella lo dejaba conducir en ese estado?

—Cinco minutitos más —la voz de Quil se oía apagada.

Me colgué de la caja del monovolumen y eché un vistazo al interior. Dos bultos enormes descansaban a lo largo del piso, envueltos en cobertores. Repentinamente, una mano salió del bulto más cercano a mí, sorprendiéndome al punto de haberme soltado y casi caer de espaldas en el duro pavimento. Pero alguien me atrapó.

—¡Fiuf! ¡Gracias, Edward!

—Ten más cuidado —enarqué un ceja, por lo absurdo de la idea de poder lastimarme con el asfalto. Edward me miró muy serio—. "No querrás dejar un cráter."

—¡Ya estás! —quité sus manos de mi cintura y me subí a la parte trasera del monovolumen—. ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba! —comencé a saltar, sacudiendo el vehículo. Sin embargo, apenas y se removían rumiando cosas sin sentido—. ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Yupi-yepa-yepaaa!

Entre carcajadas, los bultos cobraron vida.

—¡¿Qué demonios ha sido eso, Soprano? —cuestionó Embry, mitad molesto porque lo despertara, y otra mitad divertido.

—¡Qué importa, Manchas! ¡Funcionó! —bajé de un salto, y junto con Alice y Bella, caminamos rumbo al edificio.

—¿Manchas?... ¡¿Me llamó Manchas? —chilló indignado por sobre las carcajadas de Quil.

—Se está haciendo tarde. ¡Bajen! —ordenó Jacob, ignorando el berrinche de su amigo—. ¡Y ya levántate "Chocolate"!

Bella, Alice y yo, reíamos por lo bajo mientras dejábamos atrás a los chicos y sus protestas.

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La clase de biología pasó como un borrón, y Edward estaba más mudo que de costumbre. Ya para la hora del almuerzo, su actitud antipática me tenía más que cabreada.

Resultó que la misteriosa plática que habían tenido él y Jacob con mi hermana, trataba sobre su plan para resguardar a Bella durante la emboscada a Victoria. Edward había tenido la idea de refugiarla en un lugar lejano, en las montañas; y a Jacob se le había ocurrido dejar a Seth como su guardían y "móvil". Despues de verme pelear con Demetri, Sam y Jacob pensaron que sería una buena idea que yo me uniera a Seth en la guardia. Mi hermana estuvo de acuerdo, ya que no le parecía mortalmente peligroso para mí hacer de "guarura", pero por alguna razón Edward no parecía muy feliz con la idea.

A mi no me desagrado tanto la propuesta... ¡Como si tuviera algo mejor que hacer!

Sin embargo su actitud de "¡Me importa un pepino! ¡Hagan lo que quieran!" y seguir haciendo berrinche en silencio, estaba agotando mi paciencia... y la de Jasper, creo, pero él no tenía que aguantarlo 24 horas de corrido ¿verdad?

Harta de tanto mutismo y frialdad, lo dejé sólo cuando hacía la fila para comprar el almuerzo, y fui a sentarme a la mesa del fondo con Alice, Bella y los lobitos.

—Paciencia, Mina —me pidió Alice cuando jalaba la silla al lado izquierdo de Embry para sentarme—. Ya sé que mi hermano puede ser un energúmeno cuando no se sale con la suya. Pero si siguen así, todos en el instituto pensarán que tú y él terminaron.

¡Irónico!... Yo no me enteré de cuando empezamos —murmuré velozmente para mí misma y me senté.

Ví que Embry tenía pegada una notita verde limón en el hombro.

—¡Eea, Manchas! Ya lo sospechaba, pero no pensé que quisieras divulgarlo —dije divertida, retirando la notita y observándola de cerca.

El susodicho se enderezó, aun estaba algo adormilado. Me arrebató la notita y distraídamente la leyó en voz alta:

—"No sirve disco duro."

Alice, Quil y Jacob casi se partían de la risa. Bella me miraba con reproche.

—Yo no se la puse —aclaré.

—Eso pasa cuando eligen el almacén de computación como sala de descanso —comentó Edward con indiferencia, colocando la charola atiborrada de comida en el centro de la mesa.

—El armario de intendencia era muy estrecho… además ya estaba ocupado —se le escapó a Quil.

—¿Cómo…?

—No quieres saber —me interrumpió Edward con cara de asco.

Yo ya conocía esa cara, era la misma expresión de trauma que tenía la noche que mis hermanos se pusieron muy cariñositos en la cabaña.

—Por esta vez confiaré en tu juicio —dije tomando un emparedado de la charola.

Fue un almuerzo tranquilo y sobre todo silencioso… bueno, eso si omitimos los ronquidos de motosierra de Quil.

—No debieron venir hoy, Black —rompí el silencio, compadeciéndome del par de muchachos desplomados sobre la mesa—. Están exhaustos —miré a Bella que cabeceaba recostada en el hombro de Jacob—. Dormir por minutos y en estas condiciones no les hará ningún provecho.

—"Mina. Están en su forma humana."

—"¿Y?" —miré a Edward sin comprenderlo.

¿Qué tenía que ver eso? ¿Su forma humana representaba alguna diferencia en su agotamiento?

Él sólo hizo un gesto apuntando con la barbilla, indicándome que mirara a mi derecha. Mi mano estaba acariciando la cabeza de Embry.

—¿Qué tiene?... A él no parece molestarle —dije cuando vi que el chico sonreía en sueños.

Jacob soltó una risotada, provocando la exaltación de Bella.

Edward gruñó bajo.

—¡¿Es mi imaginación o Cullen está celoso? —dijo el moreno sin dejar de reír.

Nadie dijo nada, ni siquiera Edward. Estúpidamente sentí como mi rostro se encendía. Por fortuna, sonó la campana que anunciaba la reanudación de las clases. Y en el acto todos nos levantamos presurosos por volver a nuestras aulas… yo en lo personal, ansiosa por alejarme de comentarios incómodos.

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¿Yo, voluble?... ¡Nada más tantito!

Después de una muy aburrida clase de trigonometría, durante la cual los hermanos Cullen al parecer optaron por ignorar nuestra presencia y encerrarse en su propio mundo dejándonos a Bella y a mí la importantísima labor de mandarnos notitas elaborando suposiciones cada vez más absurdas e improbables sobre lo que los afectaba, pasé por tantos y tan variables estados emocionales, que incluso llegué a plantearme la posibilidad de estar sufriendo el síndrome premenstrual.

De camino a clase de deportes ignoré al robot que caminaba a mi lado tanto como me fue posible, y habría cumplido mi objetivo de no ser por Alice.

—¡Suficiente! —exclamó cuando estábamos a punto de entrar al gimnasio.

Se paró frente a las puertas extendiendo los brazos para impedirnos el paso.

¡Alice…! —se quejó Edward en un susurro con fastidio.

Ella sacudió la cabeza y alzó una mano frente a él haciéndolo callar.

Tú… —susurró ella también, lo apuntó con el índice, y luego lo dirigió hacia mí:—... y tú… cuando crucemos estas puertas deberán empezar a actuar como la feliz pareja que se supone que son, o…

—¿O qué? —la corté cruzando los brazos. Noté que vacilaba en responder y sonreí. ¡Yo iba a ganar!—. Lo imaginé.

Empujé la puerta y pasé bajo su brazo aún extendido, sin detenerme me dirigí directo a los vestidores.

Cuando Alice y Bella me alcanzaron, estaba terminando de cambiarme. Alice llegó bufando y me miraba de una manera que, si tuviera visión de láser, me habría desintegrado. Bella me pedía… no, suplicaba con la mirada.

—"¡Tú ganas!" —dije derrotada.

Tenía una gran capacidad de tolerancia para con Alice, pero que Bella me mirara como gatito callejero rogando por un poco de leche, era insoportable.

—¿Qué quieres que haga? —pregunté sin verla, atándome las agujetas.

—Sólo mantén la fachada —pidió Alice.

Debió pensar que le hablaba a ella. Ignoré ese malentendido, me levanté de la banca y empecé a buscar mi cepillo.

—¿Con qué objeto?... No le veo ninguna utilidad a esto, Alice —comenté, mientras revolvía el interior del locker.

—Por ahora todo está bien —comentó Bella en un tímido murmullo—, pero en cuanto piensen que estás libre… —como se demoraba, voltee a verla. Estaba cabizbaja, sus ojos se ocultaban bajo esa larga cortina caoba—... ¡Créeme, no te gustará! —alzó el rostro y me miró con pena.

—¡Puedo manejarlo! —dije sonriendo con total confianza.

Revolví un poco más el interior de mi casillero sin resultados y volví a sentarme en la banca.

Mientras me trenzaba el cabello, Alice y Bella seguían cambiándose en silencio. Sólo los murmullos de nuestras otras compañeras bullían en el espacioso vestidor.

Terminé de recogerme el cabello y volví a incorporarme para buscar una liga en el locker, y… ¡ta chan!... ¡No tenía ninguna! Resoplé fastidiada.

—Toma esta, sólo necesito una —alguien me ofrecía una liga blanca con florecitas rosas.

Seguí el curso de la mano extendida frente a mí hasta encontrarme con su propietaria.

—Eh… ¡Gracias, Stanley! —logré decir aun confundida.

¿La misma chica a la que había visto el primer día con una "Mini-Mina-alfiletero", ahora me prestaba una liga para el cabello?

—¡De nada! —dijo muy sonriente mientras yo tomaba su liga y sujetaba el final de mi larga trenza… ¡Me urgía un corte!—. Soy Jessica… o Jess, llámame como gustes —seguía muy entusiasta.

—Yo soy Mina —estreché su mano—. Y puedes llamarme… Mina, ya que "Mi" sería una nota musical.

—Cierto —coincidió divertida, ambas reímos.

¡Un momento! ¿Yo estaba riendo con "el enemigo"? Tal vez su magia negra ya me estaba haciendo efecto… tal vez ella había tomado mis ligas para hacerme algún tipo de brujería; tal vez la liga que me prestó estaba hechizada… o tal vez… sólo tal vez… he visto demasiada televisión y mi cordura se había tomado unas largas vacaciones, porque desde que llegué a Forks todo mi universo parecía estar de cabeza.

—Temo ser algo… imprudente —volvió a hablar, y tuve que olvidarme de mis teorías paranoicas de conspiración para prestarle atención—. Pero… Mina, ¿es verdad que estás comprometida con Edward Cullen? —me veía ansiosa y con ojos muy abiertos en espera de una respuesta.

¡Mina! ¡Mantén la fachada! —susurró Alice velozmente.

La miré de reojo, había dejado de atar sus agujetas, estaba rígida escuchando atentamente. Bella estaba a su lado, ella me veía con sus palmas unidas disimuladamente en señal de súplica. Y frente a mí estaba esa sonriente chica, podía sentir en ella nervios, angustia y euforia, todo a la vez… ¿Cómo me gustaría saber que piensa? ¡Maldito Edward, el sí puede!

¡Aguarden! ¡Edward! Todo esto era por él. ¿Y si Alice tenía razón? ¡Al diablo con lo que piensen o no! ¿Qué ganaba con engañar a estas personas con un supuesto compromiso? ¡Nada!

Jessica aguardaba pacientemente a mi respuesta. ¿Qué pasaría si le decía que no? La imaginé coqueteándole a Edward en la cafetería, junto con otras tantas chicas, todas esforzándose por obtener su atención…

—Sí. Estamos comprometidos —mentí tan rápido que me llevó un par de segundos comprender lo que acababa de hacer.

¡Eso! —Alice celebró dando un brinquito y volviendo a su posición inmediatamente, mientras que Bella soltaba el aire tranquila.

—¡Eso es…! ¡Wow! ¡Felicitaciones! —dijo igual de sonriente, aunque esta vez pude percibir que era una sonrisa hipócrita, pues por dentro parecía decepcionada.

—¡Molto grazie, Jess! —devolví la sonrisa. Yo también podía ser hipócrita—. Ahora, con su permiso chicas —me despedí de Jessica, Alice y Bella—. Debo recuperar el tiempo perdido por la suspensión —guiñé un ojo y salí del vestidor.

Edward ya se encontraba ahí, en una esquina apartado del resto de nuestros compañeros. Consciente de que Jessica venía detrás de mí —lo supe por su escandaloso perfume aroma a fresa—, corrí hacia él y salté colgándome de su espalda con mis brazos alrededor de su cuello.

—"¿No podías manejarlo?"

También puedo cambiar de opinión —susurré antes de cerrar los ojos y besar su mejilla.

Lo sentí sonreír. ¡Por fin! Después de una larga mañana de profunda apatía, Edward Cullen estaba sonriendo. Algunos de nuestros compañeros aullaron, otros gritaron: "¡Es todo, Cullen!".

Me puse más roja que un tomate.

—¡CULLEN! ¡VOLTURI!

Los taladrantes berridos del entrenador Clap solo podían significar una cosa: seguía molesto. Me solté y baje colocándome al lado de Edward.

—No quiero que la escena de la otra clase se repita, así que… ¡Volturi, vas con Newton! ¡Y Cullen, con Stanley!

No se por qué, pero en ese momento sentí la imperante necesidad de poner mis manos en el cuello del entrenador y ¡presionar!… ¡presionar!… ¡presionar!…

—¡Tranquila, amor! Es solo una hora.

¿Edward dijo eso?

Ni siquiera tuve tiempo de sorprenderme cuando sentí sus fríos labios en mi frente, dio media vuelta y se dirigió a su lugar. Sé que me puse aún más roja de lo que ya estaba, sobre todo porque nuestros compañeros lo habían oído y estaban cuchichiando. Me tragué mi vergüenza y fui a reunirme con Newton.

—¿Lista para el voleibol, Mina?

Miré a mi nuevo compañero, aún aturdida.

—Ajá —dije apenas con un hilo de voz—. Eh... ¿Voleibol?

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¿Voleibol? ¡En mi vida había jugado voleibol! Pero para ser mi primera vez, creo que no lo hice tan mal... ¡Despues de casi dejar inconsciente a Newton de un pelotazo!

Total, cuando salimos del gimnasio, Edward estaba de mucho mejor humor. Lo que no dejaba de intrigarme era la bipolaridad de Alice: un intante estaba alegre y al siguiente triste, como si recordara algo desagradable.

—"¿Qué le pasa a Alice?"

—"Pronto lo sabrás" —respondió Edward completamente relajado, mientras caminabamos por el estacionamiento.

Alice redujo el paso, dejando que nos adelantáramos.

—Bella...

—¿Qué ocurre, Alice? —Bella se detuvo y volteo a verla, preocupada.

Iba a detenerme también, pero Edward pasó un brazo por mis hombros obligándome a caminar con él, el volvo estaba a sólo unos pasos.

—Esto no te va a agradar... —la duende se demoraba, como si le doliera mucho lo que estaba por decir.

Llegue hasta el auto y me recargué él, esperando a que las chicas nos alcanzaran. Tragué saliva con dificultad cuando vi la expresión mortificada de Alice.

—Mañana... —suspiró—. Mañana será un día soleado.

… ¡Toing! Por poco y me voy de espaldas. ¿Ese era el gran problema?

—Ya sé que no te agrada venir sola...

—¡¿Sola? —regresé hasta ellas— ¡Perdón que interrumpa pero... ¿Sola? ¡¿Y qué soy yo? ¡¿Un m...chicle embarrado en la pared? —iba a decir "moco" pero recapacité a tiempo. Y creó que Edward lo notó porque le escuché reir muy bajito.

—¡¿TÚ? —cuestionó Alice, incrédula.

—No, mi gemela malvada...

—¿Es que hay una peor?

—¡Cálla, Quil!

—¡Gracias, Black!... ¡Y sí! ¡Yo! —respondí a Alice.

—Pero... ¿Tú no... —Bella me veía con ojos como platos— …brillas? —susurró la última parte viendo en derredor.

—Muy poco, casi ni se nota. La gente normalmente cree que es maquillaje.

—¡Entonces no pareces una esfera disco cuando sales a la calle! —soltó Embry.

Todos, incluyendo a sus amigos, lo fulminamos.

Avancé lentamente algunos pasos hacia él sin perder el contacto visual.

—¿Insinúas... que estoy... gorda? —murmuré apretando los dientes, asesinándolo con la mirada.

Pude ver el movimiento de su manzana de adán cuando tragó saliva ruidosamente.

—Eh... yo... ¡No...!

—Deja de aterrorizar gente y vámonos —intervino Edward cargándome como de costumbre. Patalee un poco pero no me soltó—. ¡Suficiente, Mina! Por hoy ya has demostrado tener más personalidades que una entrega de oscares.

—Ja-ja. Redoble de tambores por favor —ironicé.

—¡Po, ro, rom... zas!

—¡Gracias, Manchas! Ahora, brindémosle un aplauso a Edward Cullen, comediante frustrado.

Un rápido "¡plafp!" se escuchó. Edward se volvió y miró a su hermana con resentimiento.

—¡Ella dijo "uno"! —se defendió Alice inocentemente.

Volvió a dar media vuelta y continuó cargandome hacia el auto. Bufé escandalosamente mientras los muchachos reían. Alice se despidió rápidamente de Bella y nos adelantó a subir al auto. Sin darme oportunidad de despedirme también, Edward me hizo sentar en el asiento del copiloto.

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Al llegar a la mansión Cullen, Edward estacionó frente al garage. Rosalie trabajaba en el jeep de Emmett mientras escuchaba música en el estéreo de su BMW.

En cuanto bajé del auto fui con ella, y detrás de mí fue Alice. Seguía decaída aún cuando sabía que yo estaría con Bella al día siguiente. ¿Qué nadie apreciaba mi compañía? Edward no quería que me quedara con ella y Seth en el refugio; y Alice no parecía convencida de que fuera al instituto sin ellos. ¿Qué creían que haría? ¿Comérmela?

—¡Hola! ¿Qué haces, Rosey? —me acerqué caminando a saltitos con las manos en la espalda, ladee un poco la cabeza y estiré el cuello para alcanzar a ver algo dentro del cofre, pero con esas llantotas era muy alto, incluso Rosalie usaba un banquillo para asomarse.

—¡Hola, Mina! Sólo le hago una "revisión de rutina" —sonó como uno de esos doctores de la tele.

¿Carlisle sonaría igual? La verdad no le había prestado mucha atención.

Bajó del banquillo y me observó con detenimiento mientras se limpiaba las manos con una franela.

—¡Vaya! Creo que nunca te había visto tan alegre —dijo sonriendo—. ¿Qué hiciste?

—Nada, Rosey. ¡Me ofendes! —dramaticé llevándome una mano al pecho.

—No te guíes por las apariencias, Rose. Sólo absorbió el buen humor de Edward —Jasper acababa de entrar. Abrazó a Alice por la espalda y besó su mejilla.

Sólo entonces Alice sonrió.

—¿Y por qué estaría tan feliz ese amargado?

—Mina casi le tumba la cabeza de un pelotazo a Mike Newton —respondió Alice, ya más relajada por el don de Jasper.

Los dos rubios empezaron a reír y, contagiadas por Jasper, Alice y yo también.

Las ganas de reír se me fueron, cuando éste se puso serio. Miró a su esposa y le dio vuelta en sus brazos para verla de frente. Le tomó el rostro con ambas manos y la miró con ternura.

—¿Qué pasa, amor?

Alice hizo un puchero y lo abrazó, escondiendo el rostro en el pecho de su marido. Rose y Jasper voltearon a verme.

Miré de uno a otro en varias ocasiones.

—Mañana será un día soleado —dijo Edward robando mi respuesta y dejándome con la boca medio abierta.

Alice se agitó entre los brazos del rubio, como si estuviera sollozando.

—¡Y Mina si puede salir de casa! —completó en un murmullo ahogado por el pecho de Jasper, éste sonrió.

En cuanto ví que Jasper sonreía lo entendí, finalmente descifré esa emoción que tanto luchaba Alice por reprimir: Envidia.

¿Cómo no lo vi antes? Ella preocupada por no estar con su mejor amiga, y yo: la entrometida, restregándole en la cara que si podía.

—¡Alice! —fui hasta ella y le palmee el hombro—. ¡Perdóname! No debí ser tan presumida. Lo cierto es que si tengo esa ventaja es puramente accidental.

—No es accidental. ¡Es suerte! —chilló.

—"La suerte es un accidente, ¿no?"

—"¡No voy a decirle eso, Edward!" —lo fulminé por sobre el hombro de Jasper.

De pronto Alice se dio vuelta y me abrazó.

—¡Perdóname tú! No debería molestarme por algo así. Debería darme gusto que Bella tendrá compañía.

Ahora que habíamos sacado ese tema a colación, tuve que obligarme a pensar en algo sumamente importante.

—Bueno... eso está por verse. Ahora que lo pienso, no sé como llegaré mañana al instituto —comenté pensativa mientras salíamos del garaje—. No es que me moleste correr —expliqué—, pero obviamente alguien lo notaría. Creo que tendré que irme muy temprano para que nadie me vea llegar... ¡Sí, eso haré! —resolví cuando ya estabamos entrando en la casa.

Los cuatro me miraban inexpresivos.

—Te presto mi auto —ofreció Edward.

Esme y Carlisle iban bajando las escaleras, ellos y los demás miraron a Edward con asombro.

Me di vuelta y lo encaré, alcé mi brazo derecho y con la mano toqué su mejilla sonriendo tan angelicalmente como pude sin apenarme.

—¡Qué lindo!... Te daría las gracias si no supiera que mi padre te dijo que no tengo permiso de conducir.

—Ya decía yo —dijo Emmett saliendo de la cocina con una lata de refresco en mano—. No era común tanta generosidaaaaaaaad.

Todos lo miramos con idénticas expresiones de repugnancia, después de tremendo eructo.

—¡Tenías razón, Felix! ¡Ésto es diverdito!

—Yo le diría asqueroso —contradijo mi hermana, apostillada en la entrada principal con una bolsa de víveres en cada brazo. Se adelantó hasta Carlisle y le devolvió unas llaves—. ¡Gracias por prestarme el auto, Carlisle! —se dio vuelta y entró en la cocina—. ¡¿Te dejo sólo unos minutos y eso es lo que haces? ¡Me avergüenzas, Felix!... ¡Tú y tus asquerosos hábitos! Contigo como ejemplo, no me sorprende que Mina tenga tremendos modales en la mesa.

—¡¿QUE YO QUÉ? —entré precipitadamente.

Heidi tenía a Felix acorralado en una esquina, apuntándole con el índice.

—¡Lo del otro día fue solo para molestar a Edward!

—¡Ahá! —Edward estaba detrás de mí—. ¡¿Admites que encuentras placer al sacarme de quicio?

—¡No tanto como tú al ponerme en ridículo!

—"¡Eres una chiquilla revoltosa!"

—"¡Y tú un amargado insípido!"

—"¡Tú...!"

—¡Muchachos! ¡Haya paz, por favor! —Jasper estaba en medio de los dos, separándonos y calmándonos con su don.

Vi los ojos de Edward, completamente negros, y en la lejanía escuché una exclamación grupal:

—¡Jaaaspeeer!

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Esta vez desperté en el bosque. Mi cabeza descansaba en el regazo de Heidi, ella deslizaba sus finos dedos por mi cabello mientras observaba uno de los enfrentamientos de entrenamiento.

—Ha crecido mucho en sólo dos meses —comentó con la vista en el claro—. Ya amerita un corte.

—¡Qué va! Me tiño de rubia y me hago llamar "Rapunzel"... total que ya tengo mi propia torre. Sólo me faltaría el dragón.

—Encadena al maestro Caius en el atrio y dile que Demetri se enamoró de una lobita. ¡Verás como empieza a escupir fuego!

—¡Felix! —lo retó mi hermana mientras yo le daba un patadín en la pantorrilla.

—¡Uy! ¡Por favor! ¡No le digan al maestro Caius lo que dije!

—¡Nyaa*!... No bromées, que este es un tema serio —le dije.

—Mmm... ¿Lo de tu cabello o lo de Demetri? —preguntó sentándose al lado derecho de Heidi.

—¿Tú que crees?

—Que si te tiñes de rubia el maestro Marcus te rapa.

Heidi le dio un zape.

Me levanté y estiré un poco.

—A veces me desespera que seas tan corto de ideas, pero te quiero, "troll" —me incliné y besé su frente.

Después fui a reunirme con Bella y Seth en una orilla apartada de lobos y vampiros. En esa ocasión Seth había acudido en su forma humana.

Saludé a los muchachos y estaba por sentarme con ellos, cuando escuché multiples pasos movilizarse al mismo tiempo. Todo pasó tan rápido que no estoy segura de cómo logré reaccionar. Detrás de mí venían Rosalie, Emmett, Felix y Demetri, liderados por Jasper. Apenas los vi comprendí que su postura era de ataque, ¡venían contra nosotros!

Jasper llegó primero y saltó sobre Bella. La aparté de su camino, y obligándome a no pensar que era un amigo, lo arrojé contra los otros que ya casi estaban sobre nosotros. Jalé a Seth del brazo y extendí mi escudo mental sobre los tres materializándolo al instante. ¡Nunca antes lo había podido hacer tan rápido!

Para cuando Jasper y los demás volvieron a arrojarse, chocaron contra la pared invisible de mi escudo y fueron repelidos.

—¡Auch! —se quejó Emmett, poniéndose de pie a varios metros de distancia—. ¡Demetri! ¡No dijiste que esa cosa iba a doler!

—No siempre duele. A veces sólo te avienta —respondió Demetri incorporándose y ayudando a Rosalie.

—¡Debiste advertirnos que podía dar descargas! —le reclamó la rubia.

—¿Por qué crees que me negué a seguirlos? —comentó Heidi ayudando a Felix a incorporarse—. Sólo el masoquista de Demetri se ha llevado unos... noventa y nueve impactos... perdón, ya cien.

—¿Ya acumulé los cien?... ¿Y qué me gané?

—¡Una piña por el...!

—¡EMMETT! —espetó Edward, avanzando con paso tranquilo hasta llegar frente a nosotros. Extendió una mano y tocó el campo invisible que nos cubría.

Bella dio un respingo cuando vimos el chispaso azul contra la palma de Edward. En ese momento me percaté de que la pobre, ademas de asustada, estaba aferrada a mi costado; y al mismo tiempo yo sujetaba con fuerza el brazo de Seth.

—"Ya pasó, Mina. Sólo era una prueba."

—¿Prueba?... —musité aún aturdida. Poco a poco la coherencia iba volviendo—. ¿Una prueba?... ¡¿NOS HAN DADO ESTE SUSTO DE MUERTE POR UNA ESTÚPIDA PRUEBA? —exclamé a voz en grito.

—¡Perdona, Mina! —Jasper se acercó a donde estaba Edward—. Sólo queríamos ver que tan rápido reaccionas en una situación de peligro.

Jacob, Embry y Quil, también se habían acercado, seguidos por Carlisle, Esme y Alice. Ahora todos estaban alrededor nuestro. Miré al lobo rojizo...

—¿Cómo permitiste esto? —le reclamé.

—"Era necesario. Ahora 'todos' —miró a Edward de refilón—, nos hemos convencido de que Bella estará segura contigo y Seth el sábado."

Estaba enojada, furiosa como nunca, pero si esta absurda demostración servía para acallar cualquier duda, lo aceptaría. Respiré profundo, tratando de tranquilizarme. Pero todavía estaba algo preocupada...

—¿Y si yo no hubiera reaccionado?

—¡Tonterías, sorellina! ¡Siempre reaccionas, esa es tu mejor cualidad! —Heidi se abrió paso entre Edward y Jasper—. ¿El Maestro Marcus te dijo alguna vez porque te nombró "Mina"?

Yo negué. ¿Había una razón especial para llamarme así? ¡Yo creía que le gustaba como sonaba!

—"Mina" significa "protectora" —respondió Edward.

—En base a lo que acabamos de ver, el nombre te va —comentó Bella. Ya estaba más relajada.

Me quedé pensando en las palabras de Heidi, Edward y Bella. ¿Era yo una protectora? ¡Me gustaría pensar que sí!

—¿Piensas tenerlos ahí toda la noche? —cuestionó Felix tocando el escudo con su índice repetidas veces sacando chispitas.

Sonreí, me calmé y atraje el escudo nuevamente a mí, liberando a Bella y Seth.

—No creí que fueras capaz de hacer esto —dijo Seth asombrado cuando solté su brazo.

—¿Crear un escudo invisible?

—No. Dislocarme el hombro —respondió frotándose la extremidad.

Entrecerré los ojos y le saqué la lengua.

— ¡Amai**!


*Nyaa: es una expresión japonesa, como decir "¡Ya!"

**Amai: Débil.


Quiero dar las gracias a mi buena amiga, Claudia, quien inspiró algo de la escena en la cafetería.

¡Es todo por ahora, y prometo un nuevo capítulo muy muy prontito!

Besos, Ninie.