¡Hola, hola, hola!... No me pude resistir a subir otro capítulo (aprovechando que tengo internet... y tiempo jejee).
Muchisisísimas gracias por tu review, Anfitrite. Y espero esta vez no causarte conflictos en el trabajo XD.
"Soprano"
By Ninie
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Capítulo 24: ¿Extrañándote?
Los cuatro representantes de la manada, y Bella, se retiraron temprano esa noche. Mi dilema sobre el transporte al instituto había quedado resuelto gracias a mi amiga y Jacob, quienes ofrecieron pasar por mí a casa de los Cullen en la mañana.
Yo me quedé con los demás en el claro, viendo los entrenamientos y en algunas ocasiones participando de ellos. Debido a la obligada siesta a la que me vi sometida a medio día ya no tuve necesidad de dormir, por lo que pude quedarme nuevamente hasta el amanecer. Poco antes de la hora en que había quedado con Bella y Jake, mis hermanos y yo nos separamos de los Cullen para volver a la cabaña.
Al salir de una rápida ducha, sobre la cama encontré la ropa que Heidi, como de costumbre, me había elegido. Me vestí rápidamente y al llegar a la cocina, Felix me esperaba con el desayuno listo. Heidi ya se había marchado de vuelta al claro con los Cullen, y Felix también partió hacia allá en cuanto terminé de comer. Regresé por mi mochila a la recámara y cuando salía de la casa…
—¡Edward! ¿Qué haces aquí?
—Te acompaño —dijo encogiéndose de hombros.
—¿No deberías estar practicando con Jasper y los demás?
Cerré la puerta tras de mí y me acomodé la mochila al hombro.
—Tomé un receso.
—¡Por supuesto! ¡Debes estar agotadísimo! —rodé los ojos y empezamos a caminar.
—No pareces muy segura de querer asistir a clases hoy —comentó observando su reloj. Yo consulté el mío.
—¡Oh, oh! —eché a correr antes que se me hiciera más tarde.
El monovolumen de Bella y yo llegamos a la mansión con una sincronía que ni planeada.
—¡Buenos días, Soprano! —Jacob me saludaba, sacando una mano por la ventanilla.
—¡Buongiorno, Black!... ¡Buongiorno, Bellie!
Cuando me acerqué, Bella abrió la puerta del copiloto y se corrió al medio.
—¡Qué tal, Mina! —nos saludamos con un beso en la mejilla cuando subí—. ¡Hola, Edward!
—¡Buenos días, Bella, Jacob! —respondió cerrando la portezuela y asomándose por la ventanilla. Jacob solo cabeceó y alzó la mano en un saludo silencioso.
—¡Te veo al rato! —me despedí.
Edward se apartó y Jacob arrancó.
—"Fiorella, ¡ten mucho cuidado!" —escuché cuando tomábamos el camino a la carretera.
—"¡Tranquilo! Sobreviviremos" —volví a rodar los ojos.
Bella me miró con curiosidad.
—¿Ahora qué quiere Cullen? —preguntó Jacob, sonriendo. Era muy perspicaz.
—No tiene importancia.
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El cambio era notorio a primera vista. O estabamos rodeadas de meteoropáticos, o Alice y Edward eran más intimidantes de lo que yo imaginaba. El caso es que apenas entramos al laboratorio de biología, Jessica Stanley nos recibió con un efusivo saludo, saltando de su banco y agitando la mano en el aire.
Después de devolverle el saludo y de que me presentaran formalmente con otro par de chicas: Angela y Lauren, fuimos a sentarnos. Nos demoramos un poco al no poder decidir si yo ocupaba el puesto de Alice o ella ocupaba el de Edward. Al final yo terminé en el puesto de Edward y ella en el mío, ya que era la mesa más cercana a la ventana.
Tan puntual como siempre, llegó nuestro profesor, el Sr. Cauldwell. E igual que cada mañana, entró saludando cordialmente al grupo.
Intenté no pensar en que estaba ahí sin Edward, sin la seguridad que —aunque me negaba en redondo a aceptar públicamente—, me proporcionaba su compañía. Pero mi fortaleza claudicó cuando al pase de asistencia, ese hombre notó la asusencia de mi compañero. Al no responder Edward, Cauldwell se fijo en mí, no hizo ningun tipo de pregunta, pero su sola mirada me incomodó.
Cuando prosiguió y regresó la vista a la lista de asistencia, me sentí aliviada.
—"¡Cauldwell no puede lastimarte!"
—¿Edward? —musité muy débilmente para mí misma.
¿Cómo era posible? ¿Acaso nos había seguido? Pero si se suponía que no debían alejarse de la mansión. Debían mantenerse ocultos mientras el sol brillara sobre el pueblo. ¿Estaría por ahí afuera en el bosque?
Eché un vistazo por la ventana, y con mi perfecta visión recorrí cada centímetro visible del exterior.
No hubo resultados. ¡Por supuesto, era una teoría absurda! Edward tenía cosas mucho más importantes que hacer, que estarnos vigilando todo el santo día.
—Volturi...
—¡Presente! —respondí como autómata, regresando mi atención al interior del aula.
Mi nombre era el último en la lista, por haber entrado tarde al curso.
Cuando el profesor terminó de pasar asistencia, se volvió hacia el pizarrón. Vi a Bella de reojo. Escribió algo en el margen de su libreta y discretamente le dio unos golpecitos con la goma del lápiz, invitándome a leer esas dos palabras:
"¿Todo bien?"
Si algo había aprendido en el corto tiempo de conocer a Bella Swan, era lo perceptiva que podía llegar a ser.
—"Sí. Sólo creí escuchar algo" —confesé. Volteo a verme con esos ojos color chocolate, cargados de curiosidad—. "No era nada" —sonreí para que no se preocupara. Y pareció funcionar.
Sin embargo, no pude dejar de preguntarme qué había sido esa rara experiencia. Escuchar voces en mi cabeza era algo a lo que recién me estaba acostumbrando. Pero escuchar la voz de alguien que estaba a kilómetros de ahí en esos momentos, era desconcertante.
A pesar de todo, la clase se desarrolló tranquila y sin perturbación de ningún tipo. Incluso el Sr. Cauldwell nos dejó salir unos minutos antes de la hora.
¡Pero, por supuesto, como el universo conspira en mi contra, para mí no iba a ser tan sencillo!
—Señorita Volturi, ¿podría quedarse un minuto? —me llamó cuando nos retirábamos.
—Eh... sí, Sr. Cauldwell —esperé frente a su escritorio.
Bella permaneció a mi lado, miró al profesor y luego a mí. Tal vez con él lograba discimular, pero para mí era facil notar esa pequeña arruga en su frente, además de lo que la sentía emanar.
—"No te preocupes, estaré bien."
Hizo una muy rara mueca, similar a una sonrisa forzada.
—Espero en el pasillo —dijo tocando mi hombro antes de salir.
El Sr. Cauldwell guardó silencio unos segundos más, hasta que todos habían terminado de salir.
—Señorita Volturi... eh, ¿le molesta si la llamo por su nombre? —preguntó mirándome de la forma que tanto detestaba. Desvié la mirada y negué en silencio—. Bien, Mina. La noté algo... ausente durante la clase. Entiendo que puede ser un poco difícil adaptarse a una escuela nueva... sólo quiero decirle que si tiene algún tipo de problema, sepa que puede acudir a mí, con toda confianza.
—Eh... se lo agradezco, señor Cauldwell. Y me disculpo por haber estado distraida el día de hoy. Prometo que no volverá a suceder —dije atropelladamente, estaba ansiosa por salir de ahí. Sin embargo, él sólo sonrió.
—Imagino que echando de menos a su "novio" —dijo haciendo énfasis en la última palabra y esperando mi reacción.
Yo, porsupesto, me ruboricé. Bajé el rostro avergonzada. Lo unico que había hecho durante la clase era pensar en Edward. No en la forma que él seguramente suponía, pero era casi lo mismo. Y omitiendo la palabra "novio", sí, lo había estado echando de menos... ¡y primero muerta antes que admitirlo!
—¿Qué razón me da de Edward Cullen? —continuó ante mi silencio. Ya no sonreía.
Tenía que inventar algo, y rápido.
—Tiene cita con el dentista... en Seattle —dije lo primero que se me ocurrió—. Le ha estado causando molestia una muela.
—Oh. Eso explica su cara de fastidio el día de ayer —supuso, rascándose la barbilla.
Mordí mi labio para no reír. Entonces me miró curioso.
—¿También la señorita Cullen tenía cita?
—Eh, no. Pero quiso aprovechar el viaje y adelantó la suya.
¡Mentir se me daba fabulosamente, porque Cauldwell me creyó! Volvió a ofrecerme su ayuda antes de despedirme y finalmente salí de esa aterradora aula.
Bella, como prometió, me esperaba en el corredor. Teníamos el tiempo justo para llegar a nuestra proxima clase.
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La verdad no se cómo sobreviví, pero logré llegar a la hora del almuerzo conservando la poca cordura que me quedaba.
Seguía preguntándome cómo era posible escuchar su voz estando él ausente. Por desgracia la respuesta más lógica que encontré, era que quizás estaba acostumbrándome demasiado a su voz, sus irrupciones en mi mente, sus jaloneos, sus rabietas, sus bromas pesadas,... todo él.
¡¿Qué diablos pasaba conmigo?
Se me escaparon algunas palabrotas cuando me sorprendí pensando en él de nuevo mientras hacíamos la fila para comprar el almuerzo en la cafetería. Suerte para mí que Bella no hablara italiano o habría pensado que era una completa vulgar. Sólo se volvió a verme, como casi siempre: con curiosidad. Pero su expresión se transformó rápidamente cuando miró el contenido de la charola. ¡Los ojos casi se le salen de las cuencas!
Entonces también yo bajé la vista y vi las cosas que había estado cogiendo. Llevaba todo lo del menú.
—¿Exageré?
¡Pregunta retórica!
—¡¿Tú qué crees? —dijo con sarcasmo puro.
¡Wow! Bella y sarcasmo eran una combinación hilarante. Me encogí de hombros y le pagué a la cajera, quien me miró como si fuera un bicho raro —no distaba mucho de la realidad, pero ella no lo sabía—. Los muchachos aún no llegaban, así que fuimos a sentarnos solas a la mesa de siempre.
—Mina, ¿Qué es lo que te pasa?
—Mmmm... no me decido. ¿Emparedado o pizza? ¿Tú cuál quieres? —respondí mirando la charola... y evadiendo su verdadera pregunta que, sabía, iba enfocada a mi comportamiento de toda la mañana.
La veía de reojo, mientras fingía estar interesada en el almuerzo. Ella me veía arrugando un poco el entrecejo. De pronto volvió a ver toda la comida frente a nosotras.
—¡No creo que podamos con todo eso!
—¡Descuida, aquí llegan los refuerzos! —acababa de divisar a los muchachos entrando a la cafetería.
Jacob llegó, le dio un beso a Bella y se sentó a su izquierda. Embry se sentó a mi derecha, y Quil entre sus dos amigos.
—¡Ey! ¡No es justo! —exclamó éste último, apuntando a nuestra charola—. ¡Alcanzaron tarta de manzana!
—"¡Al que madruga, Dios lo ayuda!" —dije sonriendo—. ¡Sírvete!
—¡No me dices dos veces! —ni tardo ni perezoso tomó la rebanada de tarta.
Mientras degustaba su tarta, Embry se me quedó mirando muy analíticamente. Me decidí por la rebanada de pizza y le dí una gran mordida, masticando muy rápido, con nerviosismo. Por alguna razón no me gustaba su mirada, era un mal augurio.
—¿Qué tienes, Soprano? —preguntó finalmente, para luego agregar:— ¿Extrañas a tu "novio"?
—¡Edward no es mi novio! —dije más alto de lo que hubiera deseado... o de lo que hubiera sido prudente.
Estaba furiosa porque ese tonto cachorro había dado en el clavo... excepto en lo de "novio".
Me percaté que varias cabezas a nuestro alrededor se volvieron a verme con curiosidad. Otros estiraron el cuello disimuladamente, asumo que aguzando el oído para enterarse de algo más.
Por fortuna reaccioné rápido y fingí no haberlos visto. Puse una falsa cara de corderito degollado...
—¡Es... mi futuro esposo! —dije entre suspiros con las manos unidas en el pecho.
Los muchachos rieron descaradamente, mientras que Bella, completamente roja, se esforzaba por contener la risa. Aunque tuve éxito y nuestros compañeros de alrededor se tragaron mi patética actuación, mis compañeros de mesa detectaban fácilmente el sarcásmo implícito en cada suspiro.
—¡Vale, vale! —aceptó Embry aún sonriendo. Luego agregó en voz más baja:— ¡Te ha salido naturalito! —y siguió carcajeándose.
—¡Grazie! —murmuré yo también antes de morder nuevamente el trozo de pizza. Mastiqué perfectamente y tragué—. Y por cierto. ¡Dejen de llamarme "Soprano"! —los tres me miraron con caras de "¡ni sueñes!"—. Por lo menos aquí en la escuela, a nuestros compañeros les parecería extraño —supliqué con cara de tristeza.
Ellos intercambiaron miradas, mientras que Bella y yo hacíamos lo mismo.
—Mmm... ¿Me das el helado de chocolate? —preguntó Jacob alzando una ceja.
Miré a Bella, tal vez ella lo quería. Se encogió de hombros indiferente.
—¡Todo tuyo!
—¡Hecho! —aceptó, él y Quil asintieron.
—¡Ey! ¡No puedes decidir por mí! —se quejó el otro.
—De hecho, sí puedo.
—Vale. ¡Pero no deberías!
—¡Por favor, Embry! —hice un puchero.
Me miró sorprendido, también Jacob y Quil. Se dieron cuenta de que, por primera vez, lo había llamado por su nombre.
—¡Bien!... ¡Pero deja de verme así!
—¡Buen chico! —le palmee con suavidad la cabeza.
—¡No me provoques, S...Mina! —se corrigió.
—¡Wow! ¡Hablassss parsssel!
Me miraron confundidos.
—¡Olvídenlo! —rodé los ojos. ¡Aquí nadie entiende mi humor rowlingnesco!
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—Algo te pasa —escuché que susurró Bella, en clase de Trigonometría.
Voltee a verla y traté de sonreír, pero creo que sólo me salió una mueca lastimera, porque al instante cambió su cara seria por una de pena.
—Puedes confiar en mí. Recuerda que mi mente es segura —parecía muy orgullosa de decirlo—, y no hay vampiros con súper oído por aquí en este momento.
Era cierto. Esta era la primera vez que podíamos hablar en total confianza. Y si alguien podía guardarme cualquier clase de secreto, esa era Isabella Swan.
—"Vas a pensar que estoy loca" —dije bajando la cabeza apenada.
—¿Más? ¡Imposible!
La miré feo.
Luego, reímos quedito, pero aún así el profesor Varner debió escucharnos porque nos dirigió una mirada de látigo.
—Ya, en serio, Mina. ¿Qué pasa? —volvió a susurrar con la vista al frente.
La miré por el rabillo del ojo y suspiré.
—"OK... ¿Recuerdas que temprano te dije que creí haber escuchado 'algo'?" —esperé a que asintiera y continué—. "Creo... que escuché... a Edward" —confesé poniéndome completamente roja. Bella se giró un poco para verme y sonrió—. "¡Lo ves! Ahora piensas que estoy loca."
—No, no, no es eso —se apresuró—. Me parece gracioso porque... hace tiempo, a mí me pasó lo mismo —ahora ella se ruborizó.
La noche que acampamos en Goat Rocks, en un insólito desborde de confianza, Edward me había platicado muchas cosas sobre él, incluyendo lo relativo a su relación con Bella... y de como fue que terminó. Pero ahora que escuchaba la versión de Bella, podía comprender mejor el dolor de Edward cuando lo recordaba. Sí, ella sufrió mucho. Pero el amor de Jacob había sanado sus heridas.
En cambio, Edward... él seguía amándola, y ahora no sólo tenía que verla al lado de Black, sino que sufría internamente por el dolor que sabía que le había causado con su partida. ¡Sus heridas no sanaban, se atenuaban!
La parte triste, pero que había arrancado a Bella esa sonrisa, eran esos extraños delirios que llegó a sufrir en ese tiempo en el que decidió intentar recuperarse, poco antes de que Jacob se convirtiera en lobo y se imprimaran. Delirios en los que escuchar la voz de Edward en situaciones de peligro, la habían convertido en, lo que ella llamó, una adicta a la adrenalina.
—Bueno. Pero... es distinto —le dije cuando salíamos de la clase—. "Tú estabas enamorada de Edward. En cambio, yo escucho su voz en mi mente la mayor parte del día... por eso creo que ya me ha... trastornado."
—Creí que dirías "traumatizado" —comentó divertida.
—Para el caso es lo mismo.
Reímos.
—¡Ahí vienen! —Jessica Stanley susurró a alguien más, desde los vestidores, cuando entramos al gimnasio.
Bella y yo éramos las últimas en llegar, así que era de suponerse que se refería a nosotras.
—"Creo que nos están esperando" —le dije, y ella volteó a verme, interrogante—. "No me preguntes para qué. No leo mentes ni veo el futuro."
Entramos al vestidor y fuimos directamente a nuestros casilleros. Nos cambiamos rápidamente con la ropa de deporte. Me cambié de calzado muy rápido, y mientras Bella hacía lo mismo, yo me recogía el cabello.
—¡Hola, chicas!
—¡Hola, Jess! —respondimos a la vez.
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—¡¿Quieres explicarme cómo fue que terminamos aquí?
—Yo misma sigo sin dar crédito a esto —murmuré mientras me veía en el espejo del probador.
—Jessica puede ser muy persuasiva si se lo propone —dijo Bella igual de bajito, tratando de atarse los cordones de la blusa en la espalda.
Llevábamos cerca de dos horas recorriendo tienda tras tienda en el Mini Centro Comercial de Forks, la "novedad del pueblo" —según el 96% de nuestros compañeros de instituto (a lo que oí)—. Tan era así, que durante toda la clase de deportes, Stanley se la pasó repitiéndonos lo fabuloso que sería visitar juntas dicho establecimiento.
Esa chica era un verdadero cuchillito de palo —no corta pero, ¡cómo jode!—. Total que al terminar la clase, nos despedimos de la escolta lobuna —¡Toda una hazaña!—, para reunirnos con Jessica y Angela en una "PromeDiverTadeChi." ("prometedoramente divertida tarde de chicas", según Jess).
Seguía mirándome al espejo, probándome cuanta blusa me pasaban por encima de la puerta. Ya iba por la decimo quinta blusa de la tienda que devolvía, y Bella seguía peleandose con los cordones. Me desesperé y le ayudé.
—Soy inmune a Alice y sus caritas de cordero degollado —comenté retomando el tema—. ¡Y me dejo convencer por Jess de ésta locura!... "O soy vulnerable a los humanos, o me manipuló con esa muñequita vudú."
Bella soltó una carcajada y se tapó la boca al instante.
—¿Qué pasa ahí? —Stanley asomó la cabeza por arriba de la puerta—. ¡Ay, pero qué lindas se ven!... El turquesa te sienta de maravilla, Mina.
—Y el rojo, el morado, el verde, el rosa, el gris... ¡Por Dios! ¡Hasta el amarillo canario se le va a ver bien, Jessica! ¡Deja de torturarlas con tanta ropa! —murmuraba Angela entre dientes desde afuera.
Sólo yo la escuché y tuve que contenerme de reír. La puerta del cubículo se abrió y ambas entraron.
—¡Wow! ¡Bella! —exclamó Angela—. ¡Te ves genial!... ¿Es el mismo tono de tu vestido del baile de fin de curso?
—Eh... sí —respondió escuetamente, ruborizándose sobremanera.
Angela se mordió el labio, nerviosa y Jessica se arreglaba el cabello en el espejo con disimulo.
Un largo silencio se hizo en el lugar, y yo sabía por qué. Recordar ese baile, para ellas era recordar la época en que Bella y Edward eran pareja. Tratando de pensar como una humana promedio, supuse que debía ser una situación incómoda traer esos temas a colación delante de la novia actual: Yo —supuestamente—.
—Angela tiene razón. ¡Te sienta de maravilla ese color, Bella! No cabe duda que el azul es tu color.
Las tres me miraron con distintas expresiones: Angela, apenada; Jessica, sorprendida; y Bella agradecida.
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Pese a la cantidad de tiempo invertido en la selección de prendas, no fue una actividad tan tortuosa como imaginaba. En cierta forma, me divertí. Salir de compras con humanos no era tan malo después de todo. Pensando en las veces que había acompañado a Heidi, era como si comparara una refrescante brisa con un huracán.
Al concluir con nuestro largo recorrido por las boutiques, tomamos un breve receso haciendo lo que yo había deseado hacer por semanas: ¡visita a la estética! Mientras a mí me cortaban el cabello, Bellie, Jessie y Angie se relajaban con un facial y manicura. Cuando terminaron y pudieron abrir los ojos, casi se infartan al ver mi nuevo look. De llevar el cabello a la cadera, me lo había cortado a los hombros.
—¡Sólo es cabello! Ya crecerá —les dije.
¡Y ellas, por supuesto, no tenían ni idea de lo rápido que eso sucedería!
Al dejar el salón, Jessica nos arrastró hasta una tienda de discos. Dejamos nuestras compras en el área de paquetería y entramos.
Su actitud despreocupada era digna de admiración, apenas escuchamos sonar "Años Luz" de Shakira, empezó a bailar recorriendo los estantes. Dio media vuelta hacia nosotras, aún estáticas en la entrada. Puso los brazos en jarras y nos miró retadoramente.
Voltee a ver a Angela, miraba alrededor como buscando un lugar apropiado para esconderse.
Bella me veía a mí, como si esperara a que yo le dijera que hacer.
Miré a Jessica de nuevo; y otra vez a Bella. Me encogí de hombros y seguí a Jess bailando también.
—¡¿Mina? —Bella parecía desconcertada.
Jessica sonrió complacida y siguió avanzando al ritmo de la música.
—¿Ya tienes este? —me preguntó mostrándome un CD.
—¿Bromeas? ¡Por supuesto que s... —me distraje cuando noté que su mirada se perdía en algún punto detrás de mí—… sí! ¿Jess?
Pasé mi mano frente a su rostro. Tenía una sonrisita idiota y juro que podía ver corazoncitos en sus pupilas.
Me di vuelta y encontré la razón de su bloqueo mental: el guapo chico de la registradora, miraba en nuestra dirección…
—MAYBE YOU'RE MY LOVE… Aitai ima...—mi móvil empezó a timbrar exaltando tanto a Jessica como a mí. Dejé que siguiera sonando mientras salía de carrerilla de la tienda—... Yasashii kimi ni Sakura kissu Tokimeitara...
—¡Ciao...!
—¡¿Se puede saber en qué estabas pensando? —la vocecita de la ayudante de Santa me taladró el tímpano antes de que pudiera decir algo más—. Se llevan a Bella de compras... ¡SIN MÍ!
Los siguientes veinte minutos los pasé al teléfono escuchando el monólogo de una furica y desconsolada Alice. Para cuando se hubo desahogado por completo, las chicas ya iban saliendo de la tienda. De ser humana por completo, se me habría acalambrado el brazo.
Angela convenció a Jessica de tomar un receso y comer algo antes de volver a casa. Así que terminamos en el área de comida rápida, sentadas en una mesa para cuatro, mirando alrededor sin poder decidirnos.
Después de un interesante debate, Jessica se decidió por la comida mexicana, ordenando una orden de flautas... ¡Iugh, repollo! ¡Los cobertores flotarían esa noche en la residencia Stanley!
Bella pidió tacos dorados en el mismo puesto que Jess. Mientras que Angela y yo optamos por ordenar arroz frito, shop suey y pollo cantones, en un puesto de comida china.
—No me fijé que había un asadero —me lamente mirando a mi derecha, las chicas también voltearon—. Me habría gustado probar los tacos de castor.
¡Prrrfffff!
Jessica roció su bebida sobre un moreno que estaba en la mesa de al lado. Increíblemente, éste no se molestó, de hecho estaba atacado de risa igual que mis amigas.
—Son "al pastor" —me corrigió el muchacho lo más educadamente que pudo, entre carcajadas, volviéndose a nosotras.
—¡Ups! ¡Perdón!... ¿Estás bien Jessie? —le di unas palmaditas en la espalda mientras la pobre tosía desesperada.
El chico se levantó y fue hacia los baños. Supuse que a secarse.
—Mina, cuéntanos. ¿Cómo fue que te comprometiste con Edward? —soltó repentinamente Jessica cuando terminamos de comer.
Esta vez fui yo la que casi escupe su bebida… y sobre Angela.
Por el entusiasmo con el que formulaba su pregunta, podría asegurar que llevaba todo el día esperando el momento de soltarla.
—Ehmm... bueno... —¿Y ahora que inventaba?—. Nuestras familias han sido amigas desde hace años... —¿Qué clase de respuesta era esa? ¿Dónde estaba mi creatividad de en la mañana para mentir?—. Aunque llevábamos tiempo de no vernos, hace poco estuvieron de visita en mi casa —¿Casa?... bueno, no podía decir "castillo", ¿verdad?—. Y... ¡Sólo pasó!
—¿Sólo pasó? —no la convencí.
¡El corte! ¡Seguro era culpa del corte! ¡Como Sansón perdió su fuerza, yo perdí mi talento improvisativo!
—Bueno... la verdad es que... a mí Edward me gusta desde que éramos niños —dije bajando la cabeza, y juntando las yemas de mis índices (imitando a la tímida Hinata Hyuuga).
Escuché la risita ahogada de Bella, no supe si porque mi actuación le parecía graciosa o porque sabía que eso era imposible.
—¡Qué tierno! —chilló Jessica.
—MAYBE YOU'RE MY LOVE… —respondí casi en el acto, necesitaba escapar de esa conversación.
—Fiorella. ¿Qué crees que haces? —¡Genial! (nótese el sarcasmo) Otro sermón y ahora por parte del mismísimo Edward—. ¡Sólo tú acompañarías la comida china con agua de plátano!
¿Eh? ¿Estaba riendo?
—¿Estás bien, Mina? —Bella me miró preocupada.
—Edward. ¿Cómo sabes...?
—¡Pss, pss! —Angela susurró picándome el hombro.
Cuando voltee a verla me indicó con la mirada que viera algo detrás de mí. Era Edward, a varios metros de nosotras, recargado en un grueso pilar. Alzó la mano y saludó sonriendo de lado.
—¡Que romántico! Vino a buscarte —volvió a chillar Jessica muy quedito.
—"Cierra la boca o te van a entrar moscas."
—"¡Cállate!"... —la cerré—. Ahora vuelvo, chicas —me levanté y, guardando el móvil, caminé hacia él—. "¿Qué haces aquí?"
El muy desgraciado volvió a sonreír, altanero.
—¿Ustedes creen que el compromiso de Mina con Edward sea arreglado? —preguntó Jessica en un susurro a las chicas—. No la veo muy entusiasmada.
¡Auch! Jessica me había descalabrado... metafóricamente hablando. Si los pies no se me enredaron y di el costalazo en ese momento, fue porque Dios es muy grande.
—¡Jess!
—¡Piénsenlo!... —insistió, ignorando la llamada de atención de Angela—. La máxima muestra de afecto entre ellos es tomarse de la mano... digo... ¿ni para un beso?
—Ehh... pero sí se han dado algunos...
—¡En la frente y la mejilla no cuenta, Angela!...
O hablaban demasiado rápido, o yo caminaba en cámara lenta, porque alcancé a escuchar todo eso antes de llegar a donde "mi novio" —¡Ja!— se encontraba.
Pero esto no podía quedarse así. No me había esmerado tanto con esta loca mentira para que todo se fuera al "toliro" por una insignificancia como esa. ¿Un beso?... ¡No era gran cosa!
¿Jessica quería ver entusiasmo? ¡Le mostraría lo que era entusiasmo!
En cuanto estuve frente a Edward salté y rodee su cuello atrayéndolo hacia mí, cerrando los ojos deposité un beso sobre sus labios.
Desafortunadamente no supe cuál fue la reacción de Jessica, ya que en el momento en que sentí la frescura de Edward me perdí por completo. La misma energía que sentí aquél día en el arroyo, cuando rozó mi espalada desnuda con su mano, volvió a hacerse presente, pero emanando de sus labios hacia todo mi cuerpo.
Podía sentirle rodear mi cintura y apretarme con fuerza contra su cuerpo. Ignoro si fue consciente o por falta de fuerzas, pero me solté resbalando hacia abajo. Para mi sorpresa, Edward se inclinó sin despegar sus labios de los míos. ¡Eso me gustó más de lo que hubiera querido! No se parecía nada a ese absurdo experimento con Alec hacía algunos años...
Edward me soltó repentinamente, y descansando su frente contra la mía musitó:
—Despídete. Nos vamos.
No podía entender tal cambio abrupto de temperamento, pero estaba demasiad aturdida para ponerme a pensar en ello.
—Hm —asentí, y sin chistar regresé a la mesa.
Me percaté de que Edward no había ido sólo, cuando en el camino me crucé con Seth cargando las compras de Bella y mías.
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¿Qué les dije a Jessica y Angela, o cómo nos despedimos de ellas? No logro recordarlo, aún cuando íbamos en el auto seguía en shock. De no ser por Seth y sus esporádicos comentarios críticos a la conducción temeraria de los vampiros, el trayecto a La Push habría sido monstruosamente incómodo y silencioso.
Para ser la primera vez que cruzaba el límite del tratado, no lo disfruté como hubiera querido. Pasé todo el camino con la vista en la ventanilla, viendo sin ver realmente. De cuerpo presente, pero mente ausente. Apenas y me di cuenta de que estábamos en territorio quileute cuando Bella me palmeó el hombro, pidiéndome salir del auto para que ella pudiera hacer lo mismo.
Seth sostenía la puerta. Bajé y Bella salió detrás de mí. Estábamos frente a una gran cabaña de tronco artesanal color maple, en el interior de la reserva. Una mujer morena salía de ella secandose las manos en su delantal impecablemente blanco y se detenía en el pórtico, mirándonos con precaución.
—¡Buenas noches! —saludé por simple educación... aunque estuve segura que mis palabras sonaron más como una pregunta que como un saludo.
—¡Buenas noches, Sue! —repitió Edward inmediatamente después. Ya había rodeado el auto y se encontraba a mi lado.
La mujer sólo asintió, conservando la prudente distancia que mantenía de nosotros. Sus ojos negros se abrieron desmesuradamente cuando vio como de imprevisto, Seth me tiraba del brazo y me hacía ir hacia ella.
—Mamá. Ella es Mina.
Ella me miró de hito en hito, con temor mal discimulado.
—¡Es un placer conocerla, Sra. Clearwater! —a riesgo de que me rechazara, le tendí mi mano. Y ella educadamente... ¿la estrechó?
—El placer es mío —respondió, tratando de sonar tranquila, pero no podía evitar sentirse algo intimidada—. Se habla mucho de ti por aquí últimamente.
—¡Uy! Espero que bien —sonreí con nerviosismo, evitando exponer demasiado mis colmillos, por supuesto.
—¡No cuentes con ello! —un borrón pasó a mi lado y me dio un ligero aventón en el trayecto.
—¡Leah! —la regañó su madre, pero ella se perdió en el interior de la casa—. ¡Discúlpate!
—¡No!
—Es por demás —suspiró Seth, resignado. Lo miré sin comprender—. Sigue molesta por la paliza que le diste a Demetri.
—Significa que tendré que aprender a vivir con su antipatía, porque ese cabeza hueca se las gana a pulso.
Seth y Bella rieron... y un poco después, también la Sra. Clearwater.
—Con su permiso, Sue. Debemos retirarnos —informó Edward desde su mismo lugar al pie de la escalinata.
¡Gulp! Tragué saliva al darme cuenta que aun nos quedaba un largo camino por recorrer… a solas.
Bien, bien, bien... hasta aquí lo dejaré por hoy.
¡Ojo! Aviso que en el siguiente capi podría estar un poquín subido de tono.
Ahora sí, me voy a hacer la meme jejeje. Nos leemos pronto... espero.
Besos, Ninie.
