¡Hola de nuevo!... ¡A que no me demoré esta vez! Jejeje... =D
¡Anfitrite, muchas gracias por tu review!... Y también quiero aprovechar para agradecer a las chicas que me han agregado a sus favoritos... ¡Muchas, muchas gracias, de todo corazón!... ¡Y aguante, que ya falta poco para el desenlace!
"Soprano"
By Ninie
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Capítulo 25: Remordimiento.
El camino fue perturbadoramente tenso y silencioso. Así, llegamos a la blanca mansión en el medio del bosque. Como de costumbre, aparcó frente al garaje.
Me estiré hacia atrás para tomar mi mochila y las compras del asiento trasero, y sentí que algo hacía contacto con mi cabello.
Edward había tomado un mechón entre sus dedos y lo analizaba con sumo cuidado.
—E…estaba algo largo —dije algo nerviosa, y me salió como un débil murmullo.
Lo soltó al sonido de mi voz. Tomé las compras y bajé del auto.
La residencia estaba desierta. Imaginé que todos estarían en el claro, así que me encaminé a la casita de campo. Podía escuchar los pasos de Edward tras de mí.
Al llegar, la puerta no estaba asegurada y el efluvio de mi hermana era fresco, tenía poco de haber estado ahí. Entré y fui directamente a la habitación donde me hospedaba. Dejé mi carga sobre la cama y regresé a la sala. Me disponía a salir, cuando...
—¿A dónde vas? —¡Habló!
—Al claro, con los demás... ¿Tú no? —respondí frenándome bajo el dintel y girando la cabeza hacia atrás.
Él negó.
—No tiene caso. Ya no tardan en volver.
—Oh —volví a cerrar la puerta y di media vuelta de regreso a la recámara.
Me sentía extraña. No podía evitarlo. Desde lo sucedido en el centro comercial sentía que algo era... diferente. No quería pensar en ello, pero me resultaba imposible teniéndolo alrededor todo el tiempo.
Era incómodo no tener nada coherente que decir o sobre que entablar conversación, así que fui directamente al baño de la recámara, huyendo... —sí, lo admito— huyendo de su compañía.
Encontré que Heidi ya me había dejado ropa limpia —cuidadosamente doblada sobre el mueble donde se guardaban las toallas—, lista para tomar mi acostumbrada ducha. Saqué una toalla de la gaveta y la colgué en la puerta corrediza antes de regular la temperatura del agua y meterme.
Estaba tomando un muy relajante baño, esforzándome por despejar mi mente. Algo extraño me estaba pasando desde esa mañana: escuché su voz cuando no era ni mínimamente probable que estuviera cerca; y... ¡Diablos! ¡Lo eché de menos! ¡¿Qué otra señal necesitaba para convencerme de que algo no andaba nada bien conmigo?
Esa noche hice un importante descubrimiento: ¡Pensar, definitivamente no es lo mío! Lo único que conseguí fue profundizar más y más en esas incómodas ideas que tanto deseaba eludir.
Apliqué shampoo y cerrando los ojos empecé a masajear mi cabeza, frotando mi cabello y esparciendo la espuma con olor a almendras.
Me sorprendí nuevamente pensando en su aliento, esa suave y fría caricia sobre mis labios... el beso... un momento que jamás se borraría de mi mente, porque aún podía sentirlo como si acabara de suceder. Aún sentía ese cosquilleo en los labios solicitando más de ese electrizante contacto que me disparaba el pulso como nunca nada ni nadie lo había conseguido.
¡Sí, algo andaba verdaderamente mal en mí!
Toda una serie de reflexiones se precipitaron a mi cabeza: su esencia me resultaba extremadamente dulce y… adictiva; sentía esa descarga eléctrica cada vez que rozaba mi piel con la suya; mi rostro ardía y mi corazón se aceleraba cuando me miraba a los ojos o me dedicaba una sonrisa... en pocas palabras, Edward Cullen me atraía… y mucho.
¡Ésta sería mi perdición! ¡De todos los vampiros que conocía, ¿precisamente tenía que poner los ojos en el ex novio de mi amiga? Ante ese pensamiento sacudí histéricamente la cabeza, salpicando espuma contra las paredes.
El fantasma de ese beso seguía rondando mi mente, entonces recordé un momento en especial: cuando estuve a punto de soltarme... ¡él me había seguido, había continuado el beso! ¿Eso que significado tendría? ¿Sería posible que yo también le atrajera aunque fuera un poquito? De pronto me sentí ansiosa... ¡tenía que hacer algo! ¡Cualquier cosa! —menos saltar de un precipicio ¡sufro de vértigo!—.
Terminé de enjuagar mi cabello, cerré la regadera y salí rápidamente. No pensando mucho en lo que estaba haciendo me vestí, sin siquiera darme tiempo para secarme bien, salí del baño con el cabello escurriendo sobre mi espalda y hombros. Atravesé la recámara y llegué a la salita.
Edward estaba de pie tras un sofá, aburridamente haciendo zapping en todos los canales del televisor.
—¿Intentas romper un record? —comentó, volviendo lentamente su mirada de topacios hacia mí—. Nunca sales tan rápi...
¡Crak! El control remoto impactó contra el piso.
De no haber estado tan nerviosa en ese momento, probablemente me habría partido a carcajadas nada más de ver su cara. Era extraño verlo abrir tanto la boca. Noté que me veía de arriba a abajo y sin ningún discimulo.
Baje la vista hacia mí misma, buscando aquello que podía haberlo dejado en ese estado. ¡El camisón se me adhería completamente al cuerpo, debido a la humedad! Y para colmo... ¡era blanco! Lo que permitía que algunas partes nada pertinentes se transparentaran.
Mi lado pudoroso me gritaba que corriera a esconderme —dentro de un closet si era necesario—, pero una emoción mucho más fuerte me hizo avanzar, un extraño magnetismo que me llevó a encontrarme frente a frente con Edward. Sus ojos se habían oscurecido, eran negros como el ónice, pero no tuve miedo alguno pues sabía que lo que él estaba sintiendo no involucraba el aroma de mi sangre.
Sin mediar palabra alguna, nuestros labios se encontraron nuevamente. Volví a perderme en esa intoxicante mezcla de sensaciones. En ese momento sentí una fría y húmeda caricia sobre mis labios, éstos se entreabrieron por sí solos permitiéndole profundizar el beso. Era consciente de mi nula experiencia como besadora, pero eso dejó de ser un problema cuando le dejé la tarea a mis instintos.
De pronto ya no sentía el suelo bajo mis pies, sus manos en mi cintura me sostenían pegada a su cuerpo. Mis piernas se enredaron en torno a sus caderas. Una de sus manos subía y bajaba por mi espalda, con movimientos tortuosamente lentos e incitantes; mientras la otra bajó hasta tocar mis glúteos.
Me sorprendí pensando que era la primera vez que alguien me tocaba el trasero. A Demetri le había ido realmente mal intentándolo.
Edward sonrió contra mis labios. Abrí los ojos y me separé un poco, preguntándome qué le resultaba tan gracioso. Fue entonces que me di cuenta de que nos habíamos movido de lugar, ahora estábamos frente al sofá. Edward se dejó caer y yo quedé a horcadas sobre él. Nos vimos nuevamente a los ojos por unos breves segundos antes de que atacara mi cuello con múltiples besos recorriendo mi mandíbula para después bajar por mi clavícula.
Me removí, extasiada con sus caricias, y al hacerlo, sentí algo bajo su pantalón rozar mi entrepierna. Por un segundo pensé que lo estaba imaginando, pero cuando se le escapó un leve gruñido y apoyó su frente en mi pecho respirando entrecortadamente, confirmé mi sospecha.
Intentaba regular mi propia respiración, pero volví a quedarme sin aliento cuando sentí sus labios deslizarse hacia mi escote. Sus manos subieron nuevamente acariciando mi espalda hasta llegar a mis hombros, hizo una pequeña pausa en sus caricias y solicitando mi permiso con la mirada, deslizó pausadamente los tirantes de mi camisón… se lo permití.
Quedé expuesta de la cintura hacia arriba. Siempre me deprimió un poco que mis pechos no fueran grandes como los de Heidi… o Rosalie, pero por la forma en que él me contemplaba en ese momento, me hacía sentir… perfecta. Un suspiro escapó de mis labios cuando los acarició con su gélido tacto.
Él sonrió complacido con mi reacción y continuó haciendo lo mismo pero con sus labios. Cerré los ojos y mordí mi labio inferior conteniendo un gemido. Pero cuando sentí la caricia húmeda de su lengua, ya no pude contenerlo más.
Mi espalda se arqueó involuntariamente, y él volvió a gruñir algo ronco cuando me deslicé sobre él. Esa sensación empezaba a gustarme —quizás demasiado—, seguí moviéndome ahora de forma consciente, con toda la intención de disfrutarlo… y, por qué no… provocarlo.
Apretando los labios echó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos, y empujó sus caderas contra mí.
Le besé en la comisura de los labios, y con mi lengua recorrí su mandíbula de camino a su cuello mientras desabotonaba su camisa y mis manos recorrían su pecho y abdomen. Con sus manos en mis caderas me ayudaba a moverme acelerando y ralentizando de manera alternativa. Con cada roce sentía mi cuerpo entero arder.
Abrí los ojos para admirar una vez más el rostro de ese hermoso dios griego que me tenía entre sus brazos... y lo que vi me dejó petrificada.
La puerta principal estaba abierta. Heidi nos veía desde la entrada con su mano aún sobre el pomo, y la cara completamente deformada en una expresión traumatizada —algo así como "El Grito" de Munch—. Edward se tensó junto conmigo.
—¡Ahora sé lo que se siente estar del otro lado! —musitó Felix al lado de mi hermana, cubriéndose los ojos con una mano.
Edward y yo seguíamos inmóviles. La expresión de Heidi se transformó lentamente en una de furia y tragué saliva ruidosamente.
—¡Me decepcionas! —susurró mirándome a los ojos, y sentí como si me hubiera abofeteado con un guante de box relleno de plomo—. ¡Fuiste a cortarte el cabello sin mí! —chilló, dejándome pasmada—. Estoy tan indignada que saldré a caminar por veinte minutos más.
Tomó la mano libre de Felix, dio media vuelta y cerró la puerta nuevamente con un sordo "¡plaf!", dejándonos solos una vez más.
Me quedé rígida, contemplando el lugar vacío donde segundos antes estaban mis hermanos. Al parecer, nos estaban dando algo de tiempo extra.
Pero esa breve intervención bastó para devolverme algo de coherencia. Con mis manos en su pecho, me impulsé hacia atrás y él me soltó, descansando las suyas en mis muslos. Podía sentir su mirada en mí, pero permanecí cabizbaja, no me atrevía a verlo a la cara.
Acomodé los tirantes de mi camisón en su lugar y bajé de sus piernas, sentándome al lado. La dura realidad me azotaba con la fuerza de un tsunami.
Comprobado estaba: la atracción era mutua. Pero era solo eso, algo puramente físico. Y si quería evitar "complicaciones", tenía que parar —lo que sea que nos estuviera pasando— antes de llegar más lejos.
—Esto... no debe repetirse —él habló antes que yo.
Había robado mis palabras, sin embargo, por algún motivo, me dolió escucharlo.
Asentí en silencio. Me puse de pie y terminé de acomodarme la ropa. Regresé a la recámara.
—Por una vez estamos de acuerdo en algo —murmuré desde la puerta sin mirar atrás, temiendo que mi voz se quebrara.
Cerré la puerta tras de mí con toda la calma que pude reunir y una vez que me encontré sola mordí mi labio con fuerza ahogando cualquier sonido lastimero que pretendiera salir de mi boca.
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A la mañana siguiente, después del record de una semana entera de sueños tranquilos, las pesadillas parecían haberme alcanzado. Desperté en repetidas ocasiones durante la noche, sofocando mis lamentos contra la almohada. Por la mañana unas pronunciadas ojeras delataban mi malestar, y por primera vez desde que abrí el regalo de cumpleaños de Gianna, me vi obligada a echar mano de ese kit de maquillaje, aplicando una considerable cantidad de corrector bajo mis ojos. Era una lastima que no existiera maquillaje para el interior de los ojos, pues estaban tan irritados que pude haber pasado por una neófita. Total que cuando salí de la cabaña, acabé usando gafas oscuras. A riesgo de que me gritaran por ahí: "¡Préstame tu sol!"
En esta ocasión Alice fue a buscarme, Edward había pasado la noche en la mansión… y allá seguía.
—¡Cuídate mucho, sorellina! —Heidi me despidió en la puerta con un sofocante abrazo y una voz cargada de dulzura, como si temiera que en cualquier momento fuera a romperme.
Ella siempre me protegía, pero nunca antes la había visto tan preocupada.
—¡Calma, Heidi! Sólo voy a clases —dije simulando una alegría que no sentía, para tranquilizarla.
Pero es imposible engañar a la persona que te conoce mejor que nadie en el mundo entero.
Sonrió con indulgencia, manteniendo el teatro frente a Alice, como si me creyera realmente.
—¿Y? —Alice rompió el silencio en lo que nos encaminábamos a su casa.
La miré como si no comprendiera su interrogante. Ella bufó.
—¿Por qué Edward regresó a casa? ¿Qué pasó anoche?
Era claro que no iba a rendirse fácilmente.
—Nada, Allie —respondí todo lo tranquila que pude, evitando pensar en lo que realmente pasó esa noche—. El experimento terminó. Es evidente que su autocontrol esta… en… control —¿Qué estupidez era esa?
—¿Su autocontrol esta en control? —repitió procurando no reír—. ¡Vaya redundancia! —rodé los ojos—. Mmm… creo que acabas de rodar los ojos. Pero no puedo estar segura si traes esas cosas encima…
—¡Deja! ¡Deja! —chillé apartando sus manos.
—¿Qué escondes?
—Tengo unas horribles ojeras.
—¿Y por qué tienes ojeras? —se interesó.
—Mira, Allie… a veces la gente sufre de algo llamado "insomnio" —expliqué como si estuviera hablando con una preescolar—. ¿Captas?
—¡OK! —respondió en el mismo tono—. Y… ese "insomnio", ¿tendrá relación con que Edward no estuviera ahí anoche? —cuestionó con picardía.
—Mmm… más bien creo que se relaciona con nachos, helado, churros locos, arroz frito, chop suey, pollo cantonés y agua de plátano —enumeré con los dedos, rememorando todo lo que había ingerido el día anterior en la visita al centro comercial.
—¡Arrg! ¡Me rindo! —dijo notoriamente fastidiada, sacudiendo en el camino un árbol, con un patadín—. Está claro que ninguno de los dos piensa abrir la boca.
Como imaginé, también había interrogado a Edward sin resultados.
La frustración de Alice era en cierto modo cómica, tanto que logró arrancarme una sonrisa, una real, no una simulada como aquella con la que me había despedido de mi hermana.
Para eso ya habíamos llegado a la mansión Cullen, Edward estaba afuera junto a su volvo conversando con Jasper, y otra vez me veía de esa forma extraña.
—¡Deslumbraaadoo! —canturreó Alice en un susurro, y Edward apartó su vista de mí al instante.
Miré a Alice de reojo, y recordé que ya había escuchado esa expresión antes. Bella la había utilizado en la cafetería del instituto: le dijo a Edward que yo lo deslumbraba. Eso sucedía regularmente cuando me hacían reír... ¿Mi sonrisa lo deslumbraba? Ante esta idea absurda no pude evitar volver a reír. Entonces Alice me volvió a ver, interesada.
—"Acabo de recordar un chiste buenísimo, luego te lo cuento" —dije para apaciguarla mientras trataba de recordar alguno.
—¡EEEELLAAAAA! —Emmett llegó de no se dónde, y antes de que pudiera preverlo me había quitado las gafas—. ¡Por todos los cielos, Ella! ¡¿Qué le ha pasado tus hermosos iris de plata? —dijo tomando mi rostro entre sus manos para obligarme a verlo.
—No es nada, Emm… —¿Plata? ¿No era ese el color favorito de…? Busqué a Edward con la mirada…
—No durmió bien porque la culpa la carcome —el comentario de Alice se ganó toda mi atención.
—¡¿Culpa? —espetamos a la vez Emmett y yo.
—Sí. Por no esperar a que yo pudiera acompañarlas al nuevo centro comercial. ¡Eso —apuntó a mis ojos—, se llama karma!
Emmett y yo intercambiamos miradas escépticas.
—Pues cúbrete el "karma" y vayan con cuidado —dijo besando mi frente y devolviéndome las gafas. Después entró a la casa.
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—¿Qué tal su muela, señor Cullen?
—Mucho mejor, señor. Gracias por preguntar —respondió cortésmente cuando el profesor de biología lo abordó a nuestra llegada, en el estacionamiento.
—¡Me alegro por usted!... ¡Buenos días, señorita Cullen!... —se dirigió a Alice. Ella respondió con una sonrisa y un asentimiento de cabeza—. ¡Buongiorno, "Mina"! —saludó con toda confianza resaltando la falta de formalismo al decir mi nombre.
—¡Buongiorno, signore Cauldwell! —respondí ante la mirada absorta de mis acompañantes.
El profesor sonrió abiertamente, se dio por satisfecho y siguió su camino. Alice se colocó frente a mí con los brazos en jarras.
—¿"Mina"? ¿Desde cuando el Sr. Cauldwell te tutea?
—Al parecer desde ayer —Bella respondió por mí, uniéndosenos en el camino.
Me sorprendió verla ahí. ¿Tan sorda estaba que no oí los lamentos de ultratumba que profería el motor del trasto? Miré en todas direcciones pero no encontré el monovolumen rojo.
—¿Bellie…? ¿Cómo…? ¿Dónde…?
—¿Quisieras terminar una de tus pregu…?
—¡Shhhh! —estirando un brazo, tapé la boca de Edward.
Lo cual fue un error enorme, porque al tocarlo las imágenes de la noche anterior se rebobinaron en mi cabeza, dejándome momentáneamente desorientada.
—¿C…cómo llegaste? —logré articular con dificultad, obligándome a mirar a Bella.
—Hoy venimos en el rabbit de Jake —respondió.
—¿Vienen en un conejo?... ¡Aguarda! ¿Black tiene un conejo? ¡Debe ser un conejo mutante!
Las carcajadas de Jacob, Embry y Quill, saturaron mis oídos. Los tres morenazos acababan de alcanzarnos.
—En primer lugar —habló Quill, él y Embry pasaron sus brazos sobre mis hombros en un gesto de camaradería que me hizo sentir como si fuera Fujioka Haruhi*, quedando uno a cada lado—, se traduce como "liebre", no "conejo".
—Y en segundo —le siguió Embry, hizo un ademán señalando al auto blanco en el que llegaron el martes pasado—, ese es un rabbit.
—¡Oooh!
—Y este fue otro instructivo segmento con "Beto y Enrique"**… Volviendo al tema… ¿Por qué lo dejas llamarte por tu nombre? —insistió Alice exasperada.
—Si se te ocurre una forma de pedirle que no lo haga, dímela —la reté.
Alice se quedó pensativa. Miré a Bella y estaba igual. De pronto las dos intercambiaron miradas de complicidad.
—No necesariamente tienes que pedírselo tú —respondió Bella.
Las dos veían a Edward. Y él les devolvía la mirada enarcando una ceja.
—¡Uh! ¡Ya déjenlo! —me safé de "Queto y Embrique", y las tomé a cada una de un brazo. Tiré de ambas y las obligué a caminar hacia el edificio—. En nada me afecta que un profesor me llame por mi nombre de pila… ¡total, para eso se inventaron los nombres ¿no?
—Pero…
—¡Sin peros, Allie! Además no estaré mucho tie…
—¡Holaaa!
—¡Jessie, Angie, buenos días!
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No fue fácil, pero durante las clases tuve que obligarme a permanecer atenta a mis notas, evitando cualquier contacto visual con compañeros y profesores. Por fortuna la estilista me había dejado fleco, eso ayudo bastante a ocultar mis ojos al momento de quitarme las gafas. A la hora del almuerzo pude colocármelas de nuevo.
—¡Yo lo hago! —dije con demasiado entusiasmo (de nuevo exageré), arrebatando la charola que Edward acababa de tomar en la cafetería, en mi afán de aparentar que todo era "normal".
—¡No, por favor! —Bella arrancó la charola de mis manos y se la devolvió—. La mitad del estudiantado podría quedarse con hambre —explicó a los hermanos Cullen.
—¡Oush! ¡Lo de ayer fue un pequeñísimo, minúsculo errorcito de cálculo, Bellie! —intenté defenderme, pero Edward ya estaba sirviendo por su cuenta y haciendo la fila en la registradora.
Bella se quedó mirando todo lo que llevaba.
—¡Creo que salió la misma! —murmuró entre dientes sacudiendo la cabeza.
Dio media vuelta y se encaminó a la mesa de siempre. Alice y yo la seguimos.
Nuestros amigos quileute ya estaban ahí. Jacob se levantó al instante, le dio un fugaz beso a Bella y le acomodó la silla. Increíblemente hizo lo mismo con la de Alice y luego la mía. No pude evitar verlo sorprendida.
—¡Gracias, Black! ¿A qué debemos tanta caballerosidad?
—¿Qué? ¿Uno no puede ser amable con las amigas?
—Lo increíble, es que nos llame 'amigas' —susurré a Alice a velocidad vampírica.
—¡Dímelo a mí! —susurró ella igualmente y soltó una risita.
Edward llegó con la comida y tomó asiento, como de costumbre, a mi lado.
—Por cierto… —continuó hablando Jacob—. ¡Gran actuación la de ayer! —dijo con malicia.
Embry sacó algo de su bolsillo y lo puso sobre la mesa frente a mí y Edward.
—¡Felicitaciones!
Él y Quill rieron con ganas.
—Se han ganado el Oscar —dijo Quill entre carcajadas.
Tomé al muñequito y lo examiné de cerca. Sabía lo que era, simplemente que no me hacía a la idea.
—Esto es un soldadito de plomo —dije apática.
—Míralo bien. Sólo necesitas… "ima-gina-ción"*** —respondió Embry haciendo un extraño ademán con las manos, como si estuviera dibujando un arco iris invisible, frente a sus ojos.
—…
Por cinco segundos completos, todos lo miramos inexpresivos. El seguía como estatua con las manos suspendidas en el aire. Hasta que Jacob se atrevió a decir:
—¡Cric-cric! ¡Cric-cric!
—Ya déjense de burradas y explíquenme, ¿qué actuación? —interrumpió Alice bajando las manos de Embry de un manotazo.
Alguien pasó por detrás y al instante sentí una impresionante ola de felicidad. Disimuladamente voltee y me encontré con Jessica tomando asiento en la mesa de atrás junto con Mike, Lauren, Angela y Ben.
—Hoy Jessie es la viva imagen de la alegría —comenté distraída.
—El chico en la cafetería del centro comercial le pidió su número ayer, y acaba de llamarla para pedirle una cita —dijo Edward.
—¿Al que le disparó la hidrobomba**** de jamaica?
—El mismo.
—¡Eso Jessie!
—¡Ya, ya, ya, ya, ya… no me cambien el tema! —se desesperó Alice.
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—¡Allie, por favor!
Ella seguía evadiéndonos a Bella y a mí, aún dentro del vestidor mientras nos cambiábamos para la clase de deportes.
Gracias a tres indiscretos cachorritos, había terminado enterándose de que el día anterior su hermanito y habíamos compartido un "pequeño intercambio" en el centro comercial. ¿Estaba furiosa? ¿Indignada? ¿Decepcionada?... no lo supe con claridad. Y no dejaba de preguntarme cómo podía caber tanta negatividad dentro de un ser tan "compacto" como Alice Cullen.
—¡Alice, no puedes evitarnos por siempre! —Bella le cerró el paso a la salida cuando las otras chicas se habían ido. Se veía más que desesperada.
—¡Tuuuu! —Alice la apuntó con su fino dedo índice, acusadoramente—. ¡¿Eres mi mejor amiga y me ocultas información como esta?
—¡No lo oculté! Sólo… —Bella enrojeció, y con voz tímida continuó:—, no había salido el tema a colación.
—¡Y tú! —era mi turno. Se volvió hacia mí y me hizo retroceder contra el casillero, hundiendo su dedo en mi pecho—. ¡Esta misma mañana te pregunté qué había pasado para que Edward volviera a casa, y me dijiste que "nada"! —canturreó la ultima palabra, en una burda imitación de mí.
—Ya no es necesario probar su autocontrol. Además fue solo un beso sin importancia. Edward no se fue por eso…
—¿Edward dejó la casa de campo? —interrumpió Bella, curiosa y sorprendida.
Alice la miró entrecerrando los ojos.
—¡Qué coincidencia! ¿No, Bella?... Seguro compartes mi opinión.
Bella centró su achocolatada mirada en mí, me sentí vulnerable, como si estuviera leyendo en mis ojos la verdad. Mis labios temblaron vacilantes, y los apreté por reflejo, con miedo de decir algo comprometedor. Con miedo de confesar.
—¡Mina! —la voz de Alice se había dulcificado—. ¿Qué es lo que no quieres decir? —ya no estaba enojada. En ella sólo podía sentir… ternura… creo.
—¡Alice! —Bella se acercó y tomó su mano, apartándola de mí—. Salgamos antes de que el entrenador Clap…
—¡CULLEN, SWAN, VOLTURI!
—…¡Ya no importa! —suspiró poniendo los ojos en blanco.
Alice me dejó en paz.
—Sólo una cosa más —me detuvo en la puerta de los vestidores—. ¡Ya quítatelas! Hace horas que tus ojos están bien —dijo quitándome las gafas.
—Ya me parecía que hoy el mundo se veía un poco sombrío —comenté parpadeando para acostumbrarme a la luz. Había olvidado por completo que las llevaba puestas.
Cuando salimos del vestidor, la mayoría de las parejas estaban hechas. Me dirigí hacia mi compañero de la semana. Mike Newton sonrió cuando vio que me acercaba, pero a medio camino alguien me detuvo por los hombros.
—¡No, Volturi! —el entrenador Clapp me giró hacia la izquierda—. Desde hoy tu compañera es Mallory.
¿Por qué no me gustaba ese "desde hoy"? Quise hacer una mueca en cuanto vi a la desabrida de Lauren Mallory frente a mí, pero Mike la hizo primero cuando comprendió que su pareja sería mi… ¿mi?... quiero decir: Edward.
¡Cómo me habría gustado haber empezado la semana con Lauren como compañera! Y no es que la chica fuera toda miel, por el contrario, era una verdadera arpía. Habría sido divertido aprender a jugar voleibol con ella… ¡muuuy divertido! Pensé con malicia recordando los descontones que le había provocado a Newton en mi etapa de aprendizaje.
Pero por desgracia ahora cualquier fallo de mi parte sería injustificado… y premeditado. Así que por peor que me cayera la rubiecita; por mucho que detestara su mal genio; por más que deseara arrancarle la cabeza cada vez que hacía un comentario despreciativo sobre mis amigas; por más que me repateara su maldita revolución hormonal cada vez que se quedaba admirando a Edward… tenía que tragarme mis emociones y permanecer serena… ¡Serena, Fiorella! ¡Serena!
—¡VOLTURIII!
—¡Ups! ¡Perdona, Mallory! Se me resbaló —la falsedad de mi disculpa era apabullante hasta para mí.
Alice y Jessica se carcajeaban a más no poder después de que Lauren pisara "accidentalmente" la esfera de plástico rellena de aire —dícese "balón"— y cayera de sentón en mitad de la cancha. Bella me veía con sospecha, mientras que Angela ni por enterada se dio.
Corrí hacia donde había ido a parar el balón. Me agaché para tomarlo, y un escalofrió me recorrió la espina, podía sentir la mirada de alguien, además de las chicas, sobre mí. Ya sabía quien era. El único que podía provocarme esa reacción… era Edward. Evité verlo a la cara cuando tuve que pasar cerca de él, pues probablemente me reprendería por lo que acababa de hacerle a su nueva fan numero uno —Jessica había salido del conteo—. Miré a otro lado silbando "Cielito Lindo", cayendo en el cliché de aquel que "tira la piedra y esconde la mano".
Lo escuché reír por lo bajo, y mi corazón se aceleró involuntariamente ante el sonido de su melódica risa.
¡Y otra vez con cursiladas, Mina! Me reprendí internamente por sentirme feliz, por abrigar la esperanza de que todo volvería a ser como antes de "ese" garrafal accidente.
Sacudí la cabeza y me obligué a poner los pies sobre la tierra: ya nada podría ser como antes. Lo hecho, hecho estaba. Sólo me bastaba resistir hasta el sábado, al concluir con la misión volvería a casa, a mi hogar; regresaría a mi vida normal, o tal vez se me asignaría una nueva misión —¡quién sabe!—; y con algo de suerte —muchos clavados de cabeza, choques eléctricos, y un gigantesco magneto cerebral o Alzheimer (¡si bien me iba!)—, podría sacar "esa noche" de mis recuerdos.
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Por supuesto, Lauren seguía molesta y yo no estaba con ánimo de iniciar ningún tipo de confrontamiento inútil. Me tardé en la ducha más de lo acostumbrado, hasta que el vestidor se había vaciado.
Cuando salí, sólo Edward esperaba a las puertas del gimnasio.
—No importa cuanto lo intentes, no te convertirás en pasa —rompió el silencio con una de sus acostumbradas críticas.
Rodé los ojos.
—¿Y las chicas?
—Se fueron a La Push.
—¿Cómo? ¿Tres lobos, una vampira y una humana en una liebre?
—Así como lo dices…
—Sí, parece el comienzo de un mal chiste —reflexioné—. Pero me refiero a que es un espacio muy reducido para cinco personas.
—No hay mucha diferencia a como llegaron en la mañana. Y Alice es compacta.
¡"Compacta"! Yo ya había pensado eso, me pareció gracioso que pensara igual.
Al abordar el auto volvió a hacerse el silencio. Sería difícil sobrevivir al largo recorrido sin mediar palabra, o en nuestro caso, sin discutir por tonterías. Antes no me había importado, pero ahora tenía demasiadas cosas en la cabeza como para permanecer indiferente.
Repentinamente tuve una idea: hacer lo que normalmente hacía Alice. Traté de alcanzar el botón del estéreo, y nuestras manos se rozaron… ¡el había pensado lo mismo!... De nuevo. Me tomó algunos segundos reaccionar, era como si cada vez que lo tocaba mi mente se bloqueara y me quedara congelada.
¡Reset, Mina! ¡Reset!
Él reaccionó primero y encendió el aparato.
—El remoto está en la guantera.
Abrí el compartimiento, y ahí estaba el diminuto control, tal como había dicho. Presioné las flechas: derecha e izquierda; buscando algo de mi agrado. Me detuve cuando dí con una canción súper ochentera pero muy alegre…
...the phone rings in the middle of the night
my father yells what you gonna do with your life
oh daddy dear you know you're still number one...
Era tan contagiosa que no tardé en ponerme a cantar junto con la radio…
—But girls they wanna have fun oh girls just wanna have... that's all they really want... some fun...
Edward me veía enarcando una ceja. Fue sencillo captar la indirecta.
—¡OK! Demasiado estrógeno para ti —dije cambiando de estación.
You are the music in my…
¡Cursi! ¡Cambio!
I get down (down) on my knees (knees)
And I start to pray (praise the Lord)
'Til the tears run down from my eyes
Lord somebody (somebody) ooh somebody (please)
Can anybody find me somebody to love?...
¡Me encanta esa canción! Pero no deja de ser cursi… ¡Cambio!
...I really need you tonight
Forever's gonna start tonight
Forever's gonna start tonight
Once upon a time I was falling in love
But now I'm only falling apart
There's nothing I can do
A total eclipse of the heart
Once…
¡¿Es que todas las estaciones están en mi contra? ¿O estamos en febrero y soy la última en enterarse?
Enfurruñada, apagué el aparato y guardé el remoto de nuevo en la guantera. Me tumbé en el asiento cruzada de brazos. Me pareció que Edward iba a decir algo, pero apenas intentó abrir la boca, ambos saltamos alterados con los primeros acordes y platillazos de "Shissou" de Last Alliance.
Con el corazón latiendo desbocado por el susto, me llevé la mano al bolsillo derecho de los jeans para sacar el móvil. Suerte que nadie me llamara durante las clases, porque —obviamente— había olvidado ponerlo en vibrador. Pero eso dejo de importarme cuando recordé que esa melodía significaba una llamada de Volterra, de mi hogar, de mi…
—¡Papi! —Contesté apenas abrí el celular.
Un par de risas masculinas se escucharon al otro lado de la línea.
—¡No, bambina¡ ¡Io sono!
—¡Tío Aro! ¡Qué gusto escucharte!
—¿Y qué hay de mí, principessa?
—¡Tío Caius!...
¡Me sentía tan bien al escucharlos! Sentía que algo de la paz perdida retornaba a mí con solo escuchar sus voces. Me recordaba que tenía un hogar, una gran familia, un par de amorosos tíos y un padre comprensivo esperando por mí.
—¡L'estraneo molto! —dije muy bajito, aunque ya sabía que era inútil.
—E noi a te, carina —respondió el tío Aro.
—Los nuevos miembros que entreno necesitan una buena lección de humildad.
—Calma, tío. Prometo que en cuanto termine la misión, iré a patear todos los traseros que quieras —dije divertida.
Al tío Caius le gustaba verme combatir con los recién llegados. Ser derrotados por una chiquilla parecía ser la clave para moldear su carácter. Y el tío decía que de esa forma podía probar su resistencia.
—Por cierto, ¿Qué tal vas con la misión?
Se me encogió el corazón. ¡Era la hora de mentir! Miré a Edward, y él me asintió.
—Aún no tenemos nada sólido —dije tan segura como pude—. No tiene caso tratar de seguirla, Victoria parece tener un sexto sentido para el peligro. Pero sabemos que volverá a Forks, y cuando lo haga aquí estaremos esperándola.
—Sí. Carlisle mencionó que una de sus hijas tiene visiones del futuro, y que podrá verla cuando decida volver —comentó el tío Aro, sin poder ocultar su emoción al mencionar el don de Alice—. Te ruego que en cuanto tengan noticias nos llames. Te enviaremos los refuerzos que sean necesarios.
Me sentí horrible. Mentirles a ellos era tremendamente difícil.
Cerré los ojos, sintiéndome peor que basura.
—Sí, tío —respondí.
—Mina. Esto no es un juego, ni un simulacro de batalla —era casi como si el tío Caius oliera mis mentiras—. Victoria lleva mucho tiempo fugitiva, ella sola es muy peligrosa. Ahora cuenta con un ejército y mientras el tiempo corre, su número aumenta. Así que no intenten detenerlos solos.
—No sabes cómo deseo que todo esto termine…
—Eso es porque no tienes a quién culpar por lo de la lavadora… —soltó rápidamente el tío Caius, para mi suerte, cambiando de tema. Pero al parecer algo o "alguien" le tapó la boca.
—¡Ay, tiíto! ¿Ahora qué hiciste?... Un día de estos vas a volar el castillo.
—Lo del microondas fue un insignificante desliz… por cierto, ¡ya supe que me echaste de cabeza con Marcus!
¡Diablos! ¿Para qué se lo recordé?
—¡Uy! Ese fue un "insignificante desliz" —copié sus palabras.
Las carcajadas del tío Caius saturaban la bocina.
—Muy ingeniosa ¿eh?... —casi podía imaginarlo caminando en círculos alrededor de mí, acechándome como a una de sus presas, esperando el momento oportuno para dar el zarpazo— ¡A ver si te parece gracioso cuando le diga a tu padre lo del experimento! —y ahí estaba… ¡Aguarden! ¡¿Qué?
¡¿Experimento? Trague saliva ruidosamente. Edward y yo volteamos a vernos con idénticas expresiones de pavor. ¿Cómo era posible que el tío Aro lo supiera? ¡Si mi padre se enteraba que yo era "cantante" de Edward querría matarlo… y cuanto antes!
*Fujioka Haruhi: protagonista de Ouran High School Host Club.
**Beto y Enrique: personajes de "Plaza Sésamo".
***"Ima-gina-ción": un ademán como el que hace Bob Esponja en el capítulo donde juega con Patricio dentro de una caja de cartón.
****Hidrobomba: ataque Pokemon de tipo agua.
¡Yahoo hoo! ¡Capítulo terminado!... ¿Aún me leen? Espero recibir comentarios... si no, pues ni modo jejeje...
Besos, Ninie.
