¡Hola de nuevo! ¡Uff! En estos momentos estoy con la alergia a todo lo que da, tengo la nariz más roja que Rodolfo, que Bella avergonzada, o que todos los Weasley juntos jajaja... ok, exagero... ¡pero es que ya no aguanto esta endemoniada estornudadera! ¡Pero lo que más odio es ese maldito árbol de guamuchil junto a mi ventana, las recondenadas florecitas sueltan un polvito que me trae vuelta loca!

¡Mil disculpas, por tomarme estos párrafos en desahogo!..

¡Gracias, gracias, gracias, Anfitrite y Maryroxy, por sus reviews!


"Soprano"

By Ninie

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Muy ingeniosa ¿eh?... —casi podía imaginarlo caminando en círculos alrededor de mí, acechándome como a una de sus presas, esperando el momento oportuno para dar el zarpazo— ¡A ver si te parece gracioso cuando le diga a tu padre lo del experimento! —y ahí estaba… ¡Aguarden! ¡¿Qué?

¡¿Experimento? Trague saliva ruidosamente. Edward y yo volteamos a vernos con idénticas expresiones de pavor. ¿Cómo era posible que el tío Aro lo supiera? ¡Si mi padre se enteraba que yo era "cantante" de Edward querría matarlo… y cuanto antes!

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Capítulo 26: Escape.

—¿Experimento? —¡Maldición, de nuevo me salió la voz chillona!

Querida. Tal vez tu mente me guarde secretos —volví a tragar fuerte—, pero desde donde estás, no puedes proteger la mente de Alec.

¿Alec?... ¡¿Y Alec que pitos toca aq…?

¡Aaaah!

Finalmente caí en la cuenta…

FLASH BACK

En ese entonces yo aparentaba unos quince años —aunque en tiempo real sólo contaba con cinco y medio—, era aproximadamente la época en que —por alguna razón que aún no logro explicarme— me llevaba más o menos bien con los gemelos, pero más con Alec que con Jane. También fue la temporada en que mi crecimiento comenzó a ralentizarse. A pesar de eso, mi mente no había dejado de madurar de manera mucho más acelerada que mi cuerpo. Y eso se denotó cuando comencé a interesarme por ciertas conductas entre los miembros de mi familia, para ser más específica: la relación entre mis tíos y mis tías, e incluso mi hermana y Felix.

Verlos en parejas, intercambiar simples caricias y alguno que otro beso, llegó a despertarme cierta curiosidad morbosa por saber lo que sentían.

Y ese día, mientras Alec me escoltaba a mi dormitorio —era necesario por mi propia seguridad, pues aún siendo la hija de un "maestro", la sangre humana siempre es tentadora para más de uno—, hice la gran pregunta…

—Alec, ¿has besado a alguien?

Atravesábamos el florido atrio del castillo, y me estampé contra su espalda cuando se detuvo de improviso.

—¡Au! ¡Avisa siquiera! —me quejé.

Me dio la impresión de que titubeaba, miró a ambos lados y al fin reanudó el paso. Llegamos a la puerta que daba a la torre y comenzamos a subir la larga escalinata de caracol.

—Alec… —estaba por insistir, cuando interrumpió con otra pregunta.

—¿Por qué preguntas eso, Fio?

—Curiosidad —caminé más rápido para darle alcance y posicionarme a su lado. Le busqué la cara y volví a preguntar—. ¿Lo has hecho?

—¡Hjm! —inexpresivo, profirió un extraño sonido entre gruñido y bufido, pero asintió con la cabeza.

—Y… ¿Qué se siente?

—¡Fio! —negó frenéticamente cubriéndose los oídos, como si le perturbara.

¿Sería algún tipo de trauma?...

—¿Acaso besaste a otro chico? —pregunté inocentemente.

—¡Claro que no! —se ofendió.

—¿Entonces?

Tomó una gigantesca bocanada de aire y la soltó lentamente.

—No es algo que te pueda explicar. Ten paciencia, ya lo sabrás cuando te pase. ¿OK?

—¡OK! —acepté, y pareció relajarse.

Llegamos al final de la escalera, la puerta que comunicaba con la salita de mi dormitorio estaba frente a nosotros. Alec entró primero y revisó que estuviera vacía —¡la paranoia de papá a veces no tiene límites!—, luego revisó la recámara y salió.

Lo acompañé hasta la puerta y antes que se fuera tuve una "brillantísima" idea.

—¡Espera! Quiero hacer un experimento.

—¿Experimento? —se volvió antes de bajar el primer peldaño.

—Aha —asentí, animada—. ¡Bésame!

Se tambaleó, retrocedió y se pegó de espaldas a la pared.

—¡Ahora sí te volviste loca!... ¿Tienes idea de lo que me haría el maestro Marcus si mis dientes se acercan a diez centímetros de tu cuello? ¡Ni qué esperar si te… beso!

—No lo sabrá.

—¡No! ¡Definitivamente, no!

Dio media vuelta y emprendió la retirada.

—¡Pooorfi!

¡Mi curiosidad debió ser mucha para suplicar de esa forma! Palabra mágica, porque al instante se frenó. Giró lentamente y me miró hacia arriba. Regresó a paso lento.

—¡Bien!... pero sólo porque también tengo un poco de curiosidad —dijo enigmático.

—¿Curiosi…?

Mi pregunta fue ahogada por sus labios. Además de la sorpresa, no sentí absolutamente nada. Al menos hasta que sus manos aferraron mi cabeza y sus dientes mordieron mi labio. No dolió mucho ciertamente, pero al instante lo aparté de un empujón —un mero reflejo, tal vez el instinto de supervivencia—, provocando que rodara escaleras abajo.

Reaccioné a tiempo, había hecho sangrar mi labio, pero no me transmitió su ponzoña…. Aunque sí fracturó varios peldaños en el descenso.

La versión oficial, fue que le metí el pie jugando.

FIN FLASH BACK

A pesar del tiempo, seguía riendo descontroladamente cada vez que recordaba ese episodio.

—Buen intento, tío —dije procurando contener las ansias por reír—. Pero esta vez no vas a inculparme por lo que le hayas hecho a la Secadora…

Lavadora.

—¡Da igual! A mí no lograrás manipularme con eso.

¿Segura? —percibí el tono malicioso tan propio del tío Aro.

—Síp —dije con toda confianza—. ¿Con quién se molestará más mi papá, conmigo o con tu "consen"?

¡Mierda!

¡Arooo!... —se oyó un golpe seco— ¿Y… de qué experimento hablan? —preguntó el tío Caius.

¡Oh, oh!

—¡Qué calamidad! ¡Estoy por entrar a un túnel!

¿Túnel? Que yo sepa no hay tún…

—¡Bye, bye tiítos, los quiero! ¡Cuídense mucho! ¡Mua! —colgué y apagué el móvil. Acto seguido, reí como una posesa.

Edward me veía de reojo. Era evidente que no entendió nadita.

—¿Qué? —pregunté finalmente, sujetándome el vientre, adolorida.

—¿Túnel? —cuestionó con una media sonrisa.

¡¿Por qué tenía que verse tan sexy aún cuando se burla de mí?

—¿Qué? ¿No has visto? —apunté a las copas de los árboles que se cerraban sobre el camino—. ¡A mi me parece un laaaargo túnel!

—¡No tienes remedio!

Respiró cansado y se masajeó el puente de la nariz. Aún así alcancé a verlo sonreír.

Pero de pronto su expresión cambió, la sonrisa se borró de su rostro, apretó la mandíbula y su ceño se arrugó ligeramente.

—Edward. ¿Qué pasa? —me preocupé.

—Visitas —fue su limitada respuesta.

Y tuve que conformarme con eso, porque no volvió a pronunciar palabra. Y se notaba que algo lo incomodaba.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Aparcó a un costado de la casa, el sitio habitual frente al garaje era ocupado por una Explorer negra de vidrios ahumados, con matrícula de Alaska.

Desde el recibidor comprobé que eran cuatro las visitas, dos rubias y una pareja de morenos. Carlisle conversaba con ellos tranquilamente en la sala. En el momento que entré los cinco giraron sus cabezas hacia mí. Al ver sus ojos comprendí que todos eran vegetarianos.

—¡Buo...na… sera! —saludé, insegura.

—¡Bienvenida a casa, cielo! —Esme apareció de no se donde, besó mi frente y me abrazó—. ¿Qué tal su día en el instituto? —preguntó cuando Edward entró detrás de mí y también lo recibió con un beso y un abrazo.

—Bien. Tal parece que "alguien" ha hecho una nueva amiga —respondió, e intercambiamos miradas.

Obviamente se estaba burlando de la travesurita que le jugué a mi compañera de deportes.

—Así es —coincidí con él, para luego agregar—. Mallory y yo somos uña y mugre, como tú y Newton.

Me sostuvo la mirada, pero después de unos pocos segundos, los dos rompimos a reír. Sólo un leve y falso carraspeó nos hizo parar.

Una de las vampiras rubias, una de rizos rojizos me veía con especial interés. Luego pasó sus ojos a Edward y sonrió abiertamente.

—Hola, Tanya —saludó Edward, sin mucha convicción. Pasó un brazo por mis hombros y me condujo hacia las visitas.

Le vi abrir la boca, estuvo a punto de decir algo pero se contuvo al momento que el vampiro moreno musitaba sorprendido:

—¡¿Mabel?

¿Mabel? Ese era el nombre de mi madre. ¿Por qué conocía ese nombre? ¿Ese vampiro había conocido a mi madre?...

—¡Eleazar! ¡Carmen! —la voz de Heidi provino de la entrada.

El vampiro apartó su vista de mi para buscar a mi hermana, mientras que la vampira morena seguía mirándome como si fuera algún espejismo, podía sentir confusión, alegría… nostalgia, todo junto.

—¡Heidi, Felix… qué sorpresa encontrarlos aquí! —el vampiro de nombre Eleazar avanzó hasta encontrarse con mis hermanos, seguido por su pareja.

Se dieron un abrazo y estrecharon las manos. Yo observaba a Felix y Heidi, saludando y riendo con la visita de los Cullen, pero no podía prestar atención a lo que decían porque podía sentir la mirada de Carmen sobre mí, y eso me incomodaba… ¡incluso más que la mirada inquisitiva de "Tanya"!

—¡Mina! —di un respingo cuando escuché que mi hermana me llamaba—. Ellos son Carmen y Eleazar —avancé y estreché sus manos—, formaban parte de la guardia hace bastante tiempo pero ahora se han unido al aquelarre de Denali: Tanya, Kate y… ¿Dónde está su hermana? —Heidi miraba en todas direcciones mientras yo saludaba a las dos rubias—. ¿Qué pasó con Irina?

Las hermanas se miraron una a otra, cabizbajas. El ambiente se sintió tenso, ambas estaban muy, pero en serio, muy angustiadas.

—¿Y Alice? —preguntó Carlisle rompiendo el silencio.

—Está cerca… —respondió Edward, pero en ese momento la puerta se abrió.

—¡Uff! ¡Disculpen la demora! —entró Alice acompañada de Jasper, Emmett y Rosalie—. Me di una vuelta por La Push y hablé con Sam. La manada estará alerta por si saben algo de Irina y procurarán no lastimarla.

—¿Procurarán? —espetó Rosalie inconforme.

—Si ella decide atacarlos, no habrá mucho que puedan hacer, excepto defenderse —respondió Jasper con lógica.

Kate y Tanya pusieron caras de horror.

—¡Eso no ayuda, Jasper! —insistió Rosalie golpeando a Jasper en las costillas.

—No es culpa de Jazz —intervino Alice.

—Sólo soy realista —se justificó él mismo.

—¡Niños!

—¡Cálmence!

Pronto la sala se convirtió en un insoportable barullo, todos hablaban a la vez tratando de hacerse entender. Tal parecía que los únicos que nos habíamos quedado fuera de todo ese embrollo éramos Edward y yo. Me volví para verlo. Él observaba la discusión apáticamente.

"Sin duda eres el mejor enterado. ¿Quieres explicarme que pasa aquí? Antes que tenga que subirme a una mesa y gritar a lo Tarzán."

"¡Tu serías más un George de la Selva!" —dijo pensativo, y lo fulminé.

Me tomó de la mano y nos escurrimos al tercer piso.

Estaba tan intrigada por saber que estaba pasando y tan ansiosa por escapar de ese manicomio, que no tuve tiempo para asimilar el hecho de que estábamos solos en su recámara.

Era fácil ignorar el desastre que se había armado en la sala una vez que usábamos nuestro sistema de comunicación telepático. Cada vez que escuchaba la voz de Edward en mi cabeza, todo lo demás quedaba en segundo —tercer, cuarto, quinto…— plano, él tenía enteramente mi atención.

Me explicó que Irina, la hermana de Tanya y Kate, había desaparecido recientemente y la estaban buscando. Al parecer, Laurent —fugitivo amigo de Victoria— había pasado un tiempo en su aquelarre, y se había hecho "muy cercano" a Irina. Ella estaba decepcionada por su muerte y guardaba rencor contra los quileute —ellos le habían dado caza cuando intentó matar a Bella—. Y ahora sus hermanas temían que estuviera planeando algún tipo de venganza.

En cuanto a Carmen y Eleazar, ellos habían dejado hace tiempo a mi familia. Pero visitaban Volterra "periódicamente" —en lenguaje vampírico serían algunas décadas entre cada visita—, y la última vez que lo hicieron, fue poco antes de que yo naciera, razón por la cual habían conocido a mi madre.

"Parece que ya lograron llegar a un acuerdo" —dijo Edward después de un rato.

Y efectivamente ya no se oía el relajo que tenían cuando subimos.

Se dirigió a la puerta, y se volvió a verme esperando que lo siguiera. Pero yo era incapaz de levantarme del sofá, no estaba segura de querer enfrentar a Carmen en ese momento. No después de saber que había sido amiga de mi madre.

"No creo que pueda verla a la cara y decírselo."

"¿Decirle qué?"

"Que murió, por mi culpa."

Regresó y volvió a sentarse conmigo. Pasó su brazo derecho sobre mis hombros.

"Carmen y Eleazar son buenas personas… lo entenderán" —intentó animarme.

Pero no era eso lo que me preocupaba.

"Lo sé. Y por eso es más difícil."

Con su otra mano tomó mi rostro por la barbilla y me obligó a verlo. Me miró fijamente, parecía estar buscando algo en mis ojos. Hubo un extraño brillo en los suyos, como si repentinamente pudiera entenderme, como si supiera exactamente como me sentía.

Sin decir nada me atrajo a sus brazos. Hundí mi rostro en su pecho y luché por reprimir los deseos de llorar. Me tomó más de dos minutos reponerme, no quería que me vieran triste.

Respiré profundo y me separé lentamente, dando tiempo para que él mismo me soltara.

—Gracias —musité.

Nos pusimos de pie al mismo tiempo. Él se adelantó a abrir la puerta y la sostuvo para mí. Mientras avanzábamos por el corredor, volvió a pasar su brazo sobre mis hombros, y… ¡se sentía bien! De hecho me gustaba bastante esa sensación. Su apoyo me hacía sentir fuerte, segura. Era como un extraño vínculo de confianza, como si finalmente fuéramos verdaderos amigos… o algo así. Al menos me sentía lista para aceptar eso.

Al llegar a la planta baja, vi que Demetri se había unido al grupo. La sala estaba prácticamente llena, pero aún así notaron nuestra llegada, ya que todos voltearon a vernos con evidente curiosidad.

—¿Dónde se habían metido? —Felix nos abordó de inmediato, mirando a Edward con disgusto mal disimulado.

—Pues arriba —respondí resaltando la obviedad de la situación.

—¿En su recámara? —me preguntó apuntando a Edward con su índice.

"Aquí había mucho ruido y yo no me enteraba de nada. Sólo subimos a hablar. ¡Felix, no armes una escena por favor!" —dije mentalmente, mientras Demetri murmuraba algo de lo que no fui capaz de enterarme al estar concentrada en Felix, pero si escuché las risitas de Alice, Rosalie y Emmett.

Lo que haya dicho lo hizo acreedor a un zape por parte de mi hermana.

Carmen se levantó de su lugar y se acercó.

—Eres idéntica a Mabel… excepto en…

—¿Los ojos? —completé, y Carmen sonrió—. Creo los saqué de papá —rápidamente Emmett alzó su cabeza y me miró con escepticismo—. Sus ojos eran grises antes de convertirse. Hace mucho, pero mucho tiempo —expliqué.

—Heidi ha dicho que Marcus es tu padre biológico —no me di cuenta a que hora se había acercado Eleazar—. Aún no entiendo como puede ser posible…

—Bueeeno. Yo prefiero saltarme los detalles, pero algo es seguro: no hubo cigüeña.

Emmett, Demetri y… ¿Jasper?, estallaron en carcajadas; mientras que el resto de los presentes intentaba contenerse. Edward también se agitaba a mi costado.

¡Fiorella! —susurró velozmente en mi oído, y supe lo que significaba: me había pasado de la raya.

—¡Scusi!

—Descuida, Mina. Ahora me queda claro que no sólo heredaste algo de tu padre —dijo Eleazar con una sonrisa—. También tienes el ingenio de Aro.

—Y no olvidemos el temperamento del maestro Caius.

—Sorella, otro per favore.

—¡Con gusto!

¡Paff!

Heidi le dio otro zape a Demetri. Los demas rieron ligeramente mientras éste reclamaba. Sólo Tanya y Kate permanecieron en silencio. Seguían preocupadas por su hermana desaparecida.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Carmen y Eleazar prácticamente me acapararon. Ella parecía feliz de conocerme; y él casi… maravillado, con sólo observarme por unos minutos, supo de mi don defensivo y mi capacidad empática, incluso sabía de mi habilidad telepática antes de que siquiera la usara en él.

—Nunca había conocido a un vampiro o humano con más de un don —dijo mientras conversaba con ellos.

¡Y ahí estaba la clave: yo salí campechana*!

—¡Eso es interesante! —comentó Edward de pronto, sentándose a mi lado y uniéndose a la conversación.

Eleazar sonrió. Miré a Edward aún sin comprender qué era tan interesante. Y como casi siempre, el pareció entenderme.

—Eleazar piensa que la empatía se asemeja un poco al don de Marcus —explicó Edward—. Y aún siendo humana, pudo encontrar en Mabel el potencial para desarrollar un don defensivo… un escudo.

Tenía mucho sentido. De hecho esa había sido la razón principal por la que tío Aro contrató a mamá —era la recepcionista, hasta que ella y papá se conocieron— en el puesto que hoy ocupa Gianna. Los planes de tío Aro cambiaron abruptamente.

Sonreí al recordar la cara de trauma de mi tío cuando me contó su versión de la extraña historia de amor de mis padres. De pequeña solía asombrarme, pero ahora que había conocido a Edward y Bella, ya no me parecía algo tan inverosímil. ¡Menos aún siendo testigo del despertar de ese poderoso lazo entre Leah y Demetri!

Y hablando de Demetri, aprovechamos su presencia, siendo el mejor rastreador de la Guardia Volturi, Heidi y yo lo convencimos de que ayudara buscando a Irina. No fue algo sencillo de conseguir —alegaba que esa no era nuestra encomienda—, pero al caer el sol (o lo que aplique en un lugar tan sombrío como Forks), él y Kate salieron en compañía de Alice y Jasper.

Por otra parte, Tanya se había quedado platicando con los Cullen (Edward incluido). Heidi y Felix conversaban y se ponían al día con Eleazar; mientras que yo pasé la tarde acosando a Carmen con preguntas sobre mamá.

Aunque la había conocido por poco tiempo, se habían hecho buenas amigas. Carmen conocía los planes de tío Aro, por lo que ella esperaba encontrar a mi madre convertida la próxima vez que visitaran Volterra. Si fue una desilusión para ella saber que no había sido posible, yo no me di cuenta.

Perdí la noción del tiempo —¡nada nuevo!— conversando con Carmen. Cuando ella se disculpó para ir unos momentos con Eleazar y mis hermanos, vi que afuera todo era profundamente negro. Un bostezo intentó salir de mi boca, pero discretamente lo reprimí apretando los labios —o para ser más exactos: me lo tragué—.

Alguien se acercó y me tocó los hombros…

—Deberías ir a dormir —era Edward susurrando en mi nuca.

¡Y yo que creí que había sido discreta!

"Nada se te escapa, ¿cierto?" —dije pretendiendo ignorar el estremecimiento que me provocaba sentirlo tan cerca—. Non ho sono (No tengo sueño) —mentí.

Se movió frente a mí poniéndose en cuclillas para estar a mi altura —yo estaba sentada en una de las sillas del comedor—, y me vio a los ojos.

—Non Molto (No mucho) —corregí. Pero seguía sin convencerlo—. ¡Per favore! —susurré haciendo un mohín.

Miré hacia mi hermana y Felix, quienes conversaban muy entretenidos con Eleazar y Carmen. No quería ser yo quien interrumpiera el reencuentro de los viejos amigos.

"Yo puedo acompañarte para que ellos se queden."

Me demoré en reaccionar. Estaba petrificada de la impresión. ¡Edward se estaba ofreciendo a hacerme compañía esa noche!... No parecía algo lógico.

Volví mi rostro lentamente hasta encontrarme con el suyo. Lo observé detenidamente. Una ola de… lujuria, me azotó, y el rostro de Edward se deformó en una mueca de molestia que sólo duró una milésima de segundo. De no haberlo estado viendo de cerca y tan concentrada, no me habría dado cuenta.

Busque el origen de tan abrumadora emoción, y encontré a Tanya contemplando a Edward mientras hablaba con Rosalie en el lado opuesto de la habitación.

Sonreí… o eso pretendí. Porque, para ser sincera, no me hacía mucha gracia que digamos.

"¿Me usas de escape porque Tanya te acosa con sus pensamientos?"

Dejó su posición de cuclillas y se levantó. Tuve que verlo hacia arriba. De nuevo tenía esa expresión con la mandíbula apretada y el ceño fruncido. Igual a cuando llegábamos del instituto. ¡Ahora entendía esa reacción! Él ya se esperaba algo así en cuanto supo que estaban aquí.

—¡Con su permiso! —me levanté.

—¿Sí, Mina? ¿Tienes sueño, querida?

—De hecho sí, Esme —dije frotándome los ojos con cansancio.

Alcancé a escuchar a Heidi que empezaba a despedirse.

—Hermana, no te preocupes. Tú y Felix pueden quedarse. Estaremos bien… ¿Verdad? —me volví hacia Edward.

Los ojos de Tanya se abrieron desmesuradamente cuando él asintió con una media sonrisa.

"¡Gracias!"

"No hay por qué. Además tú me has ayudado con Cauldwell."

Sonreímos con complicidad. Pero repentinamente él guió su mirada a Felix. Mi hermano lo veía fijamente. Lo que sea que estuviera pensando, con mi visión periférica vi que Edward asentía.

—¡Buona notte! —nos despedimos de todos.

Acabábamos de salir de la gran casa cuando escuché a Tanya preguntando por qué Edward iba conmigo. Me pareció que él refunfuñaba entre dientes, y entendí por qué cuando la voz de Emmett respondió alegremente:

—Porque Mina no puede dormir sin "Rabito".

Estuve a punto de dar media vuelta y regresar a amordazar al oso, pero Edward me atrapó por la cintura y echó a correr por el bosque.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

"¿Desde cuándo?"

"¿Desde cuándo, qué?"

"¿Desde cuándo te acosa Tanya?"

"No hablaré de eso."

—¡Ahahaa!... ¡Acabas de admitir que lo hace!

—¡Ya duérmete, Fiorella!

—¡Vamos, "Anthony"! Sólo es una preguntita.

Desde que llegamos nos habíamos separado. Él se quedó en la sala, mientras que yo me encerré en el cuarto. Después de tomar mi rápida ducha me metí a la cama, pero el agua me había espantado un poco el sueño. Así que, en lo que volvía, decidí molestarlo un poco para pasar el rato.

"¿Y qué quería Felix?" —cambié mi pregunta cuando no respondió la otra.

Tardó un poco en responder…

"Nada raro. Si te pongo una mano encima, me decapita."

"No imagino con qué, porque no creo que quiera poner sus dientes en tu cuello. Sería poco masculino… ¿no crees?"

Edward río suavemente.

"Sólo está cuidándote."

"¡Claaaro! ¡Y ahora es que se le ocurre! ¡¿Cómo es que nunca me defendió de Demetri?" —renegué.

"A él nunca lo vio como un peligro."

¿Peligro?... ¿Qué diferencia podía haber… ignorando el "encanto" de mi sangre?

Como fuera, por mi propia salud mental, lo mejor sería dejar de darle vueltas a ese asunto. Cerré los ojos y traté de contar ovejitas.

"¿Desde cuándo?"

Abrí los ojos desconcertada por la pregunta.

"¿Desde cuando, qué?"

¡Dejabú! Habíamos vuelto al principio, sólo que ahora era él quien preguntaba.

"Demetri. ¿Cuándo empezó a 'acosarte'?"

Pude haber respondido como él con un simple "no hablaré de eso"… pero yo no sería tan cobarde.

"Creo que desde que dejé de crecer."

"Eso sería… ¡a los siete años!" —sonaba escandalizado.

Nunca me había detenido a pensar en eso —de hecho, rara vez me detengo a pensar en algo—. Pero cuando lo dijo, no pude evitar notar que tenía razón.

"Eh… sí. ¡Gracias por las pesadillas!"

Lo escuché reír al otro lado de la gruesa pared.

"¡Pobrecita!... ¿Te leo un cuento para que lo olvides?" —dijo con burla.

"¿De horror? No, gracias."

El sonido del pestillo me hizo sacar la cabeza de debajo de las mantas, me senté de un salto cuando una brisilla me descubrió los pies.

—Dije que no. ¿Qué haces aq…?

Me tapó la boca con su mano. Estaba hincado en el suelo junto a mi cama, con la vista fija en la puerta.

"Creo que Tanya viene en camino" —dijo y me soltó.

"¿Crees?" —arquee una ceja, incrédula.

"Con tu voz en mi cabeza me es difícil escuchar lo demás."

"¿Y por eso tratas de ver a través de los muros? Que yo sepa no eres Clark Kent."

Puso un dedo sobre sus labios, solicitando silencio.

Arrugué el ceño, molesta. Y rodando los ojos sólo gesticulé un sarcástico: "¡Perdóname la vida!" Esperé algunos segundos observando su rostro en espera de alguna reacción, hasta que finalmente la vi: su mandíbula se tensó.

"Viene."

"¡Porque no le dices de una buena vez que no te interesa y ya!" —sugerí encogiéndome de hombros. Empezaba a darme sueño y bostecé.

"Ya lo hice hace tiempo."

"Mmm… ¡recuérdaselo!" —volví a acostarme y me tapé hasta arriba.

"No lo ha olvidado."

"¿Entonces que chigados quiere?" —aventé las mantas desesperada haciendo una pataleta.

Por cierto, este es buen momento para confesar que somnolienta, soy algo volátil. Y el hecho de que el impedimento para dormir fuera una vampiresa obsesionada con Edward, no lo mejoraba.

Él se movió rápidamente levantando el desorden que yo había hecho y volvió a cubrirme, evitando mirar más de lo necesario. Se notaba que le ponía nervioso verme en camisón. Sonreí sin poder evitarlo, me gustaba ponerlo nervioso.

¿Cuándo me volví tan perversa?

"Conozco esa sonrisa, tienes un plan."

"Eh… sí. Un plan" —mentí. Ahora debía pensar en uno.

"Y bien. ¿Cuál es?" —quiso saber desesperado.

"Dormir."

"¡Fiorella!" —suplicó cuando vio que me acomodaba para dormir.

"Dile que tengo el sueño ligero y no quieres despertarme. Tendrá que irse."

"Sí, claro. Tan ligero como una piedr…"

"¡Bueno, ya! ¡Entra!" —ordené alzando las mantas y haciéndole un espacio.

No reaccionó, así que tiré de su brazo y lo tumbé en la cama. Antes de que pudiera decir algo lo aprisioné abrazándome a su torso —como si fuera mi "Rabito"—, igual que en aquél vergonzoso despertar en el campamento. Habría sido más sencillo pretender serenidad e indiferencia si los redobles histéricos de mi corazón no me ensordecieran.

—¡Edward! —insólitamente pude escuchar el susurro mezclado con mis latidos.

Tomé aire y traté de acompasar mi respiración, como si estuviera profundamente dormida.

—¡¿Tanya? —Edward sonaba sorprendido—. No te oí venir.

¡Qué buen actor! Los pasos de Tanya se acercaron.

—Eso es algo difícil de creer.

Contuve el aliento para no reír.

—¿Qué haces aquí?

—Hoy no pude platicar contigo… —se interrumpió.

"¡Uy!¡ Aquí es cuando el acoso se tipifica!"

"¡Fiorella!" —me retó.

—¿Qué haces… ahí? —la voz de Tanya sonaba muy cerca.

—Le gusta abrazar mientras duerme —respondió tranquilamente— ¿Quieres intentarlo? —le clavé las uñas en la espalda. ¡Primero abrazo a un puerco espín!

—¡Paso!

Sentí el colchón hundirse a mis pies.

Hubo un largo silencio.

—Sí —volvió a hablar él. Probablemente respondiendo a una pregunta mental. Se hizo otro silencio—. Hace tiempo aclaramos este punto. Nada ha cambiado.

—Bien. Pero no me culpes por intentarlo —dijo ella resignada con una risita nerviosa—. Cambiando de tema… ¿Cuándo te volviste niñera de la "princesita Volturi"?

¡Princesita Volturi! ¡Se mofaba de mí la muy desgraciada! Y por si fuera poco, a él le parecía gracioso —se agitó y rió muy quedito—.

—Tanya, que no te escuche, por favor… podría subírsele a la cabeza —bromeó—. Y no soy su niñera.

—¿Entonces es tu "clavo"? —soltó ella rápidamente.

"¿Clavo?" —cuestioné a Edward.

"Se refiere al dicho de 'un clavo saca otro clavo'."

"Eso sólo sería físicamente posible si la madera fuera delgada o el clavo muy largo, y el segundo clavo se introdujera en sentido opuesto con mucha exactitud. ¡Además yo no soy ni clavo, ni grapa, ni ningún material de carpintería!"

Edward soltó una carcajada. Me removí incómoda.

—¡Ed…ward... cállate! —musité con voz modorra simulando estar dormida y enredé una pierna en su cadera.

Dejó de reír y me acarició la cabeza.

—Si estoy equivocada solo dilo, no tienes que burlarte así de mí —se quejó Tanya, avergonzada.

—Lo siento. Pero también me ofende que pienses eso de mí. Yo no utilizaría a Mina, ni a nadie de esa forma —hubo otro largo silencio y continuó—. No quiero ser grosero, pero no tengo porque responder. Esto es solo entre ella y yo —dijo en un susurro, acariciando mi mejilla—. Y ahora, tengo que pedirte silencio. No quiero despertarla.

—¡Descuida —la voz de Tanya sonaba forzada—, ya lo entendí!

El colchón volvió a levantarse y escuché el "clic" de la puerta al cerrarse.

Me sentí triste, desilusionada, abatida, como si tuviera un enorme hueco en el pecho.

—¡En verdad te quiere! —murmuré con dificultad, más dormida que despierta.


*Campechana: (o campechano), esta palabra se usa comúnmente para decir que se combinan varias cosas. (Por ejemplo: cuando pones carne asada y tripa en un mismo taco, lo llamas campechano).

¡Okay!... Eso es to...eso es to...eso es tooodo por ahora. ¡Cuídense mucho, y nos leemos en el siguiente capítulo!

Besos, Ninie.