¡Hola! Aquí yo de nuevo, espero que el capítulo anterior haya sido de su agrado. Anfitrite, ¡muchas gracias por tu review y los comentarios! Y ya sabe, ¡cuideseme mucho! ¿Oki? Maryroxy, ¡gracias por el review!... por cierto, acabo de leer tu historia: "Un Minuto De Alegría", me gustó mucho, realmente me llegó... antes de darme cuenta, se me escaparon las lagrimas, y mira que es muy dificil hacerme llorar. Espero escribas más historias.
"Soprano"
By Ninie
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Capítulo 27: El secreto de Alec.
Desperté, quizás no con los mejores ánimos, pero sí mucho más descansada que la mañana anterior.
Después de tomar una ducha rápida, salí y me vestí con lo que Heidi me dejó —como siempre— sobre la cama. Ella llegó poco después y me hizo sentar frente al tocador.
No hablamos mucho mientras me peinaba. En realidad yo sólo me dediqué a escuchar. Parecía estar de muy buen humor. Además traía la buena noticia de que Demetri y los demás habían regresado, e Irina venía con ellos.
Mi hermana había vuelto sola esa mañana. Me dijo que Esme no le había permitido a Felix dejar la mansión, porque ella misma quería preparar el desayuno. Así que Heidi sólo había ido por mí.
Finalmente me colocó un par de horquillas en forma de flor con diamantitos, a cada lado sujetando algunos mechones, y terminó.
No era precisamente lo que esperaba. Por lo general cuando ella me peinaba le gustaba improvisar y ser creativa —a veces en exceso— ya fuera haciéndome moños, coletas o trenzas.
—¿Qué pasa? —preguntó tras ver que no reaccioné.
—Son nuevas —miré las florecitas un poco por arriba de mis orejas, me recordaban un poco al personaje de Orihime en Bleach.
Ella sonrió con satisfacción.
—¡Lo sé! Ayer fui con Rose a ese nuevo centro comercial, y me enamoré de ellas. ¡Pensé que eran perfectas para ti! ¿A que sí?
—¡Sí, me gustan mucho!... ¡Gracias! Aunque creí que me harías un moño o una trenza… no sé.
—¡¿Estas loca? —chilló y casi me subo al tocador, de la sorpresa—. El corte acentuó las ondas de tu cabello. ¡Tienes que presumirlas!
—¿A quién?
—No importa. ¡Vamos, vamos!
Me apremió para salir. Pero al levantarme noté otro detalle poco común.
—Dime una cosa, Heidi —ella me vio, atenta, y continué—. Esta telita en mi cadera, ¿pretende ser una minifalda o un cinturón?
—Yo la llamaría micro-falda —opinó Edward desde la sala.
—"Es" —puso mucho énfasis— una minifalda… ¡y deja de espiar! —dijo al aire, ofendida—. No te daña usar una de vez en cuando —se volvió a dirigir a mí.
No me dañaba para nada, pero me conozco demasiado bien y sé que no soy el tipo de chica que usa minifalda, simplemente porque soy demasiado… descuidada.
—¿Y si me inclino demasiado al entrar al auto?
—Ten cuidado con eso.
—¿Y si se me cae algo y tengo que agacharme?
—¡Que lo levante Edward por tí!
—¿Y si tengo que correr?
—No lo hagas.
—¿Y si tengo que trepar a un árbol?
—¡¿Por qué harías eso? —preguntó desconcertada.
—Nunca se sabe —me encogí de hombros.
—Hermanita. Sé que es algo difícil, pero… ¡por una vez en la vida ¿podrías comportarte como una dama?
—¡No es difícil…!
—Es practicamente imposible —me interrumpió Edward, con burla.
Gruñí, molesta. Heidi me miró haciendo un puchero y uniendo sus palmas en señal de súplica.
—Por mí. ¿Sí?
La orgullosa y vanidosa Heidi rara vez recurría a métodos tan degradantes. Por alguna razón estaba actuando de esa manera, ese día parecía significar algo importante para ella. Ya no tuve el corazón para negarle tan simple petición… ¡Y tenía que hacer que Edward se tragara sus palabras! ¡Muajajajajaa!
Le sonreí. Tomé mi mochila y echándomela al hombro batí mi cabello como en comercial de shampoo. Salimos juntas de la recámara.
—Dijo que actuaras como dama, no como top model —se burló Edward de cómo me contoneaba.
Resoplé y rodé los ojos.
—Veo que ya fuiste a cambiarte —comenté, pasando junto a él, e ignorando como me barría de arriba abajo, saqué mi móvil y lo encendí (había olvidado que lo apagué el día anterior).
—No… —dijo un tanto distraído.
—Alice le envió el cambio conmigo —completó mi hermana, tomando la delantera.
¡Así que se había quedado ahí toda la noche! Sorprendida solo musité un débil "¡Oh!", y la seguí.
Edward fue el ultimo en salir, pero pronto nos dio alcance en el bosque.
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Habíamos llegado con el tiempo suficiente para despedir a Carlisle antes de que saliera a su trabajo. Y al entrar saludé a todos los demás como cada mañana.
Las presentaciones fueron más sencillas de lo que esperaba. Irina hablaba realmente poco, lo único que me tenía incómoda era que parecía seguir molesta por que sus hermanas hubieran ido por ella. Me aterraba un poco el imaginar que era como tener en las manos una bomba de tiempo —o una granada sin seguro, ¡vaya!—… aunque siendo racionales: ninguna de esas cosas nos dañaría tanto como una vampira furiosa hambrienta de venganza. Victoria era el mejor ejemplo.
En fin. Como Esme sabía que teníamos que llegar a tiempo al instituto, me arrastró a la cocina casi inmediatamente después de presentarme con la tercera hermana —hablo de Irina, porsupuesto—.
Edward, Heidi, Emmett, Eleazar y... "Tanya" nos siguieron. El primero porque yo era su escudo anti-Tanya; la segunda porque ese día no parecía querer despegarse de mí; el tercero porque no tenía nada mejor que hacer en ese momento; el cuarto por curiosidad… creo; y la última… ¡obvio, por acosadora! El caso es que la cocina se llenó de espectadores. ¡Como que no todos los días veían a un humano —o algo así— comiendo!
Entre el magnífico aquelarre que se encontraba reunido esa mañana, él único rostro que no había visto era el de mi "querido" compañero ex acosador.
—¿Y Demetri? —pregunté mientras desayunaba.
—Por ahí —respondió mi hermana haciendo un ademán a ningún lugar en particular—. Fue a ver a su… novia —dudó al decir la ultima palabra.
—Leah debería estar descansando —opinó Edward.
—Sí —coincidí—. A Sam no le va a gustar que Demetri le quite tanto tiempo. Si de por sí no lo traga —reí al recordar cuando el lobo negro me alentó a que le diera aquella paliza en el entrenamiento.
—¡Bah! Sam puede decir misa.
Di un respingo cuando escuché esa voz. Ni siquiera me di cuenta a que hora llegó Seth —esto de la sordera empezaba a preocuparme—. Tanya y Eleazar se alejaron un poco al lado opuesto de la cocina.
Por fortuna, Seth los ignoró.
—Tenemos el permiso de Jacob —agregó acercándose.
—¿También tú? —pregunta idiota, me salté el plural "tenemos".
—Como si en nuestra posición fuéramos a tener mucha acción —asintió aburrido.
—¡Buen punto! —concordé.
—Pero… ¿no deberías estar en la escuela? —cuestionó Emmett, bastante casual, ignorando también la exaltación de sus primos de Alaska.
—¡Naaaa! —respondió quitado de pena.
—Tienen excursión al bosque —explicó Edward, y Seth asintió.
—No voy a aburrirme más explorando un lugar que ya conozco como a la palma de mi mano —se llevó la mano al frente—… ¡Ey! ¡¿Cuándo apareció eso?
Desde su lugar, Esme ladeó la cabeza en su dirección y arrugó un poco la nariz, apenas sonriendo repentinamente divertida respondió:
—Cuando pisaste en mis hortensias, cariño. Acabo de abonarlas.
—¡IUUUGH! ¡Popó de vaca! —exclamé entre carcajadas, junto con Emmett.
Tanya también rió, contra su voluntad. Mientras que el rostro de Seth se encendió y se miraba la palma con asco.
—¡Lávate bien las manos y ven a desayunar! —demandó Esme en su usual tono autoritariamente maternal.
Por supuesto, la obedeció al instante.
De pronto toda la atención estaba en mi amigo. Incluso ahora Eleazar se mostraba más interesado en saber más sobre los metamorfos que sobre los semi-vampiros. Ahora podía terminar de desayunar sin sentirme observada.
—¿Dormiste bien, Mina? —preguntó Tanya repentinamente, sentándose a mi lado.
Me volví y la miré. Era fácil reconocer esa sonrisa, fuera en el rostro que fuera, no dejaba de ser hipócrita.
—Claro. Como un bebé —respondí, devolviendo su sonrisa.
—Lo sé. Espero que no te moleste, pero anoche me di una vuelta por la cabaña.
—Para nada. No estaba roncando… ¿o sí? ¡Moriría de la vergüenza! —exageré llevándome las manos a la cara y negando frenéticamente.
—No. Pero estabas abrazando a Edward cual si fuera un peluche —dijo mordaz con una risita notablemente fingida.
Los presentes no fueron nada discretos al quedarse en completo silencio y escuchar.
—¡Ah!… ¿En serio? —me hice la sorprendida—. ¿Cómo?... ¿Así? —jalé a Edward y me abracé a él, quien no opuso resistencia alguna, por el contrario, me devolvió el abrazo. Tanya asintió sin muchas ganas. Lo solté—. Entonces estamos a mano —dije despreocupada, mirando a Edward como si fuera lo más natural—. La mayoría de las veces, el peluche soy yo.
—Una de cal por las que van de arena —citó Esme, sonriente.
Ambos —Edward y yo— reímos, lo que no pareció agradarle mucho a "ricitos de fresa".
En cuanto terminé el desayuno, Edward estuvo a punto de levantarme de la silla como de costumbre. Pero al ver lo corto de mi falda se retractó. No pude aguantarme las ganas de reír.
—"Hoy tendrás que tratarme como a una dama" —me mofé mientras salía de la casa por mi propio pie.
—"Y todo por la absurda rivalidad de Kate y Heidi por ver quien tiene la hermana más sexy" —se quejó abriéndome la puerta del auto, y reí con más ganas.
¡Así que era eso! Ya me parecía que Heidi actuaba especialmente extraña ese día.
—¿Puedo saber que es tan gracioso? —Alice ya estaba en el asiento trasero.
Edward rodeó el auto y abordó rápidamente. Lo arrancó y pronto estuvimos lejos de la casa. En el camino al instituto la pusimos al tanto.
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El resto de la mañana, en el instituto, resultó ser uno de los más agradables que había disfrutado durante mi estancia en Forks; con una Alice hiperactiva bailoteando de aquí para allá, una Bella tropezando con sus propios pies cada dos por tres, y un Edward bastante… paranoico —a falta de una mejor definición— que no dejaba de ver sobre su hombro y volver la cabeza a todos lados. Incluso consideré el empezar a buscar un exorcista —¿se anunciarán en la sección amarilla?—, sin embargo, decidí esperar a que disparara sopa de guisantes por la boca... ¡no sucedió! Pero a la hora del almuerzo, descubrí el origen de su paranoia: yo.
Acabábamos de tomar asiento en la cafetería, y comenzaba el ritual de cada día: un poco de charla con nuestros amigos quileute, comentarios sobre las clases, un poco molestando a Quill y otro poco a Embry, algunas críticas sanas a la empalagosa parejita de nuestra mesa —Bellie y Jake—, algunos refunfuños de Alice quejándose de no poder ver el futuro en nuestra presencia, Edward zampándome un cuernito —de pan— entero en la boca… bueno, eso era nuevo. Aunque no distaba de nuestro trato regular.
En fin. Mis dudas se despejaron cuando cierto compañero de trigonometría pasó junto a nuestra mesa. Ya en ocasiones anteriores había sorprendido a Edward fulminándole directamente, estaba más que claro que no lo tragaba, aunque no decía por qué.
Lo extraordinariamente inesperado, sucedió cuando ese chico pasaba justo por mi lado, cargando una pila de libros, y éstos se le cayeron.
La escena resultó bastante rara, la viera por donde la viera.
Fue rara porque en la torre se encontraban algunos textos repetidos —¿para que quería el mismo libro cinco veces?—.
Fue rara porque ese chico tenía fama de todo menos de nerd.
Y fue rara porque Edward —quien, llegué a creer, lo aborrecía— se acercó rápidamente y le ayudó a recogerlos.
—¡Que caballero, Edward! Sabía que tarde o temprano tus verdaderos sentimientos por Arson saldrían a la superficie —me burlé cuando el muchacho se había ido.
Y como cada vez que lo molestaba, Jacob me hizo la dupla con sus carcajadas.
—¡Mira que no lo he hecho por gusto! —se defendió Edward irritado—. ¡Ese cab…bezón —rectificó rápidamente—, sólo quería apreciar el panorama! —con la vista apuntó hacia abajo.
Seguí su ejemplo, y al ver hacia abajo vi mis muslos casi completamente expuestos por la "micro-falda". Me dio un poco de vergüenza y discretamente le di unos jaloncitos a la prenda para cubrir tanto como fuera posible —que no fue mucho—.
—¡Debiste decirme! —le reclamé, enojada—. Habría sido todo un placer patearlo en medio de los…
—¡FIORELLA!
—¡Ojos, Edward! ¡Los ojos! —aclaré, divertida al verlo escandalizado.
Alice y los chicos se partían a carcajadas. Bella también reía pero con discreción.
—¡Mina, eres única!
—Sí —Edward coincidió con Bella, despeinándose más el cabello—. La "única" capaz de provocarme jaqueca —puntualizó apoyando los codos sobre la mesa y sujetándose la cabeza con ambas manos.
—¡Aww! ¡No tenía idea! —dije con vocecita empalagosa, acariciándole el cabello. Hice un pucherito—. ¿Me perdonas?
Me miró y trató de ahogar una carcajada.
—A estos ya les gustó dar espectáculo —comentó Embry.
—¡E…! —iba a quejarme pero un plátano selló mi voz—. ¡Quieres dejar de hacer eso! —chillé a Edward después de masticar y tragar—. ¡Un día vas a hacer que me atragante!
Los muchachos reían divertidos, sin proponérnoslo, terminamos convirtiéndonos en el entretenimiento de nuestros compañeros.
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Quien haya dicho alguna vez que siente "mezcla de sentimientos", dudo mucho que haya tenido la misma perspectiva que yo. Y es que no es nada sencillo sentarte y convivir tranquilamente en una casa llena de personas —o, mejor sea dicho: vampiros— cada una pensando y sintiendo de manera distinta a las otras.
Vale. Tal vez Jasper si ha estado en mis zapatos —¿o soy yo quien está en los suyos?... ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?—, pero al menos él tiene la ventaja de poder manipular esas emociones si lo desea, en cambio yo, ¡tengo que aguantarme!
En algún punto de mi estancia con los Cullen debí acostumbrarme al optimismo perenne de Emmett ante cualquier situación; la frivolidad de Rosalie maravillándose al captar su propio reflejo en alguna superficie lustrosa; la curiosidad de Carlisle cada vez que se tocaba el tema de mi naturaleza híbrida; la frustración de Alice al ser bloqueado su don con mi presencia; la felicidad desmesurada de Esme cuando contemplaba la unidad de su familia; la paciencia de Jasper manejando el ambiente pluri-emocional de los presentes; hasta me había acostumbrado a la bipolaridad de Edward.
Pero ahora, también debía pretender ignorar el nerviosismo de Seth al sentirse estudiado por Eleazar; la fascinación de éste mientras analizaba al primero; la pena de Carmen al no poder evitar que su esposo se mostrara tan interesado en el muchacho; los celos de Tanya —no hace falta explicar por qué—; la angustia de Kate por la actitud inconforme de su hermana pródiga; y la ira reprimida de la misma Irina.
De todo este catálogo, tengo que admitir que quien más me inquietaba era ésta última.
—"Edward."
—"¿Sí? ¿Qué pasa, Mina?"
—"¿Cuántos segundos calculas que tenemos antes de que el reactor explote?" —pregunté sin apartar mi mirada de Irina.
Ella no se daba cuenta de que la observaba, estaba demasiado ocupada mirando a Seth "con odio jarocho".
—"No puede evitar sentir cierta aversión, pero no atentará contra él."
A pesar de la confianza en la voz de Edward —voz mental, ¡obvio!—, no podía dejar de preocuparme.
¡A saber en qué estuvo, pero repentinamente tuve una ideota! Saqué mi móvil, escribí rápidamente un mensaje de texto y lo envié.
Diez minutos después mi móvil timbró con la respuesta.
"Revisa tu e-mail."
En respuesta escribí un: ¡Gracias, "Juanita"! Y con mi mente pedí permiso a Carlisle para usar su computador e impresora. El me asintió en silencio con una sonrisa, sin abandonar su conversación con Eleazar. Me dirigí a su estudio mientras los demás estaban distraídos en otros asuntos. Creo que el único que se dio cuenta fue Edward, pero le supliqué mentalmente que permaneciera cerca de Seth, y lo hizo.
Abrí mi correo electrónico y fácilmente encontré el archivo que estaba buscando —estaba hasta arriba en la larga lista de correos pendientes de leer—. Encendí la impresora y el documento empezaba a imprimirse, cuando mi móvil volvió a sonar con el tono que menos me esperaba escuchar: la musiquita de los "X Files".
—¡Ciao, Alec! ¡Qué sorpresa…!
—¿Mina, se puede saber qué estás tramando? —soltó precipitadamente, susurrando muy despacito como si hablara en secreto.
—¡También me da gusto escucharte, por cierto! —dije sarcástica.
—¿Para qué le pediste esa información a Gianna? La sorprendí escaneando uno de los expedientes para tí.
—¿Y? Estoy autorizada para consultar nuestro propio acervo.
—¿Para qué necesitas ese expediente?
—Tengo mis razones, y NO tengo por que darte explicaciones a ti —me enojé.
Ni un "¡Hola, Mina! ¿Cómo has estado?", o "Gusto en saludarte"… no, sólo ataca, ataca, ataca. ¡Sólo su hermana lo aguanta! Y a veces creo que ni ella.
—Vale. A mí no. ¿Pero qué tal a los maestros? —intentaba amedrentarme.
No lo dejaría.
—Dudo que ellos se dieran a la tarea de buscar y escanear el documento —y mejor que no lo hicieran o el tío Aro, con su aptitud en el manejo de todo lo que es tecnología, habría fundido el escáner, la computadora, y chance hasta tumbaba la red—, se lo pedirían a "Juanita". Así que opté por saltarme toda la burocracia e ir directamente con ella. ¿Eso es delito?
Una aclaración: "Juanita" es como llamo de cariño a Gianna.
—No —suspiró—. ¡Pero no hagas cosas buenas que parezcan malas! ¿Capici?... Cuando vi a Gianna escurrirse en los archivos y mandar esa información, pensé que estabas tramando algo peligroso.
—¡Aww! ¡Aún te preocupas por mí! —dije haciendo una vocecita en extremo melosa.
—¡Claro, tonta!
—¡Awww! ¡Y me has llamado tonta! ¡Qué tierno!
—¡A ti sí que te ha afectado el aire de Forks!
—¡La verdad sí! Un poquitín —reí—. Y… ¿de casualidad está papá por ahí?
—No. Me escondí. Te estoy llamando desde las mazmorras.
—¡Acogedor! —ironicé—. Sólo he hablado con él una vez desde que estoy acá. ¿Por qué no me llama? O ya tan siquiera que me mande un SMS. Yo creía que el tío Aro era el único peleado con la tecnología.
Alec rió al otro lado de la línea.
—No creo que sea ese el problema —sonó repentinamente serio—. Lo que pasa es que hablar contigo a larga distancia lo pone en verdad muy triste y siente deseos de llorar.
—Alec, los vampiros no lloran.
—¡Ajá! ¿Entiendes el problema? —empezó a reír.
Puse los ojos en blanco.
—¡Pedazo de…! —me distraje cuando vi que el documento había terminado de imprimirse—. Luego hablamos, tengo algo que hacer.
Colgué. Tomé todas las hojas, las apilé ordenadamente y bajé a encontrarme con los demás.
—Irina. Necesito mostrarte algo.
Los presentes voltearon a verme con caras de confusión.
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Valió la pena. Después de que Irina revisara por sí misma el historial "delictivo" de Laurent, fue menos pesado convencerla de que éste no era tan inocente como había pretendido mostrarse con ella y sus hermanas. Una cosa era que hubiese decidido cambiar para quedarse al lado de Irina. Pero otra muy distinta era que lo hubiera botado todo para acudir en auxilio de su ex compañera nómada —Victoria—, rastrear a una humana por venganza —ajena— y casi merendársela.
La forma de vida que había elegido, previa a su estancia en Alaska, había dejado una huella demasiado grande como para borrarla de la noche a la mañana. No le sería sencillo renunciar a sus viejos hábitos… menos aún si ni siquiera se había dado el tiempo suficiente para intentarlo.
De haberlo hecho no dudo que lo consiguiera. Jasper era un buen ejemplo de lo que se puede lograr con algo de voluntad… y Carlisle, claro —pero él nunca había probado la sangre humana así que no era lo mismo—, en este caso el mejor ejemplo era Jazz.
Por fin pude respirar tranquila cuando la ira de la vampiresa fue sustituida por comprensión y aceptación. Obviamente, esperar que viera a Seth como un amigo —como lo hacían los Cullen, mis hermanos y yo… excepto Demetri que, carente de toda pena, lo llamaba "cuñado"—, era pedir demasiado. Pero al menos se estaba esforzando en ser lo suficientemente tolerante.
El jueves estaba por terminar, y eso nos acercaba cada vez más al trágico evento. Los visitantes de Denali se marcharon esa misma tarde. A pesar de que ofrecieron quedarse y ayudar en la emboscada a Victoria, tanto Carlisle como mis hermanos y yo, estuvimos de acuerdo en que era preferible no involucrar a más inocentes —además, ya todos habían notado la extraña vibra entre Tanya y yo—. De haber sido posible, yo hubiera preferido llamar refuerzos y dejar a la manada, Carlisle y su familia fuera de todo, pero ya estaban demasiado involucrados, y la seguridad de Bella era lo más importante ahora —misma que no se lograría si mis tíos se enteraban inoportunamente de que ella conocía "el secreto"—.
Escoltamos a Tanya y su familia hasta el auto —me costó horrores discimular mi felicidad, en cambio, Edward no tuvo reparo en mostrarse aliviado—. Acababan de marcharse y aún estábamos en el jardín, cuando mi móvil empezó a sonar nuevamente con esa melodía tan particular.
—¿Llamada de Mulder y Scully? —preguntó Emmett, sonriente mientra caminábamos de vuelta a la sala.
—Casi —dije encogiendo los hombros. Saqué el móvil y contesté—. ¡Imbécil!
Emmett tropezó y casi tumba el valiosísimo jarrón chino de Esme.
—¿Eh? ¡Si no he dicho nada! —se quejó Alec, contrariado.
—Sólo retomaba el tema donde nos quedamos —respondí satisfecha mientras regresaba al interior de la casa, detrás de los demás.
—No perdonas una, ¿verdad? —dijo con rencor—... Pero no te hablaba para eso.
—¿Entonces? —cuestioné, impaciente dejándome caer en uno de los sofás de la sala.
Emmett se llevó a Felix frente al televisor y lo encendió con el remoto buscando el canal de deportes. Carlisle, Esme y Jasper subieron a sus respectivos estudios. Alice tomó asiento en la sala, pero en un sofá apartada dos metros de mí —lo necesario para que no la cegara mi presencia—, y Edward se dispuso a tocar su piano ambientando un poco la residencia.
Rosalie y Heidi se perdieron escaleras arriba, dijeron algo relativo a un "nuevo proyecto" del que no alcancé a enterarme porque Alec volvió a hablar.
—¿Tú le dijiste a Sulpicia 'mi secreto'?
—Claro que no —me ofendí.
—Pero tú fuiste la única que me vio 'hacerlo' en el baño de la recepción.
La melodía de fondo desafinó desastrosamente. Alcé el rostro y miré a Edward sentado de espaldas, congelado y con los dedos engarrotados aplastando las teclas.
—¡¿Y crees que yo sería capaz de ir cantando esas leperadas por ahí? —dije distraída sin quitar la vista de Edward. Me intrigaba.
—Eh… tienes razón. ¡Discúlpame! Tal vez fue papá. ¡Voy a preguntarle!
—¡Okirori! ¡Bien pensado!
—¡Arrivederci!
—¡Sayonara!
—¿Por qué siempre tienes que darme la contra?
—Porque quiero. Y ya. ¡Bye! —colgué y solté una carcajada.
Edward seguía petrificado aunque el piano tenía rato que había dejado de escucharse.
—¿Qué estaba haciendo en el baño?
Voltee a ver a Alice, quien había formulado la pregunta. Emmett y Felix dejaron su lugar y se acercaron prestando mucha atención. Edward medio se desentumió y giró sentado sobre el banquillo. Los cuatro me miraban esperando la respuesta. Una respuesta que no les podía dar.
—Lo siento. No puedo. Es demasiado fuerte hasta para mi léxico —dije apenada.
Los ojos de Edward se abrieron como platos. Y me picó la curiosidad.
—Edward, ¿Qué tienes?
No reaccionó.
—Mina. ¿Qué hizo Alec? —insistió Felix con dureza y una expresión casi tan traumatizada como la de Edward.
Emmett no hablaba, pero se mordía las uñas —o eso me pareció—. Mientras que Alice me veía contrariada, parpadeando dos veces cada cinco segundos, como una especie de tic nervioso.
De cualquier forma Sulpicia ya se había enterado y Alec no escaparía de un castigo excelso. Pero aún así, no me atrevía a pronunciar aquellas palabras que, por travesura, Alec había escrito con un marcador en el baño de la recepción: "Puto el que lo lea".
Y hasta entonces caí en la cuenta…
—¡¿SOY UNA PUTA?
¡PRAAAAAM! El piano proporcionó un efecto —accidentalmente— dramático a mi nada prudente exclamación, cuando Edward recargó el antebrazo para no irse de espaldas.
Todo quedó en absoluto silencio —omitiendo el decrescendo del piano—, yo seguía aturdida ante la revelación, ¿Cómo pude caer en la absurda broma de Alec?; los demás se habían quedado mudos y aún más confundidos que al principio.
Repentinamente una risa escandalosa —que increíblemente no pertenecía a Emmett—, me devolvió a la realidad. Edward estaba prácticamente revolcándose en el suelo, no supe en qué momento había ido a parar ahí, pero estaba que se desarmaba a carcajadas. Y ahora todos —incluyendo a los ausentes que bajaron al escuchar mi grito— lo miraban a él, incrédulos.
—¡A MÍ NO ME PARECE GRACIOSO! —chillé completamente roja de vergüenza.
—¡Caí… caí… caíste… caíste en la… broma… de Alec! —consiguió decir entre carcajadas.
Alcancé a ver de reojo que también Felix estaba riendo. Y así era como Edward lo había descubierto: en los pensamientos de mi cuñado.
—¡Cualquiera cae! No hay pierde. ¡Felix cayó!
—¡Douh! —se quejó Felix dejando de reír abruptamente, cabizbajo.
—Yo sigo sin entender que pasa aquí —murmuró Alice inconforme.
Una vez que compartimos la horrible broma de la que habíamos sido victimas, los demás también rieron sueltamente. Lo único extraño fue que Felix nunca nos dijo que estaba haciendo en el baño en primer lugar.
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—Misete koi wa dokyo ni aikyou. Mitete ato wa nariyuki desho. Kokoro no junbi wa chanto shitokou. Wow… wow… Eight beat yori mo sexy dance de ¡ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! Omotta toori ni hanjikete hora tenshi no power… Ike ike… happy night noritai dake. Ike ike motto atsuki feel the power. Odoritai shoudou tanoshinde shimasou… Wow… wow… Ike ike forever owaranaiyo. Ike ike...
—¡Conejita! Cantas precioso… pero quiero ESCUCHAR la tele —se quejó Felix.
—Y yo quiero un pony… pero no todos obtienen lo que quieren. ¿Verdad? —comenté malhumorada.
—Tenías un pony… y te lo comiste —terció mi hermana.
—Ese no era el objetivo. Creí que Andres podía ser convertido.
—¡¿Cómo? ¡Mina, no tienes ponzoña!
—Y, gracias a Andres, hora lo sé.
Heidi suspiró y negó bajando la mirada. Felix hacía un gesto similar.
¡No era justo! Ellos asesinan gente, ¡humanos! Sólo para beber su sangre, y a nadie parece importarle… ¡Ah pero que yo beba la sangre de un lindo pony me convierte en un horrible monstruo! Creo que ni a Voldy lo criticaron tanto cuando se chupó esos unicornios. Por cierto. ¿Cómo sabría la sangre de unicornio? ¡Para empezar ni siquiera es roja!
Noté que había demasiado silencio. Recorrí la sala con la mirada y encontré que todos me veían horrorizados.
—Bien. Sí. Me chupé un pony. ¡Supérenlo!...
—¿Querías… crear… un Pony vampiro? —cuestionó Rosalie, saliendo de su estupefacción.
—Corrección: ¿Un pony vampiro llamado "Andres"? —chilló Alice, aún más desconcertada.
Antes de poder responder, me vi distraída por la risa sofocada de Edward. ¡Total! Si él ya lo sabía, no era justo que los demás se quedaran con la duda.
—En realidad, su nombre era "Antares" —dije, y las expresiones de Alice y Rose se suavizaron al encontrar más lógica en un nombre como ese.
—Pero Mina era incapaz de pronunciarlo —explicó Edward divertido, para mi mayor vergüenza.
Las chicas y Emmett rieron descaradamente, mientras que Jasper apenas sonrió y me vio con indulgencia.
—Sí, bueno tenía menos de un año y la pronunciación se me daba fatal… Chicas —Llamé a Rose y Heidi, cambiando de tema—. ¿Si se dan cuenta de que esto es un esfuerzo completamente inútil?
—¡¿INÚTIL? —chillaron en estéreo, y salté como impulsada por un resorte.
Maldije la hora en que se me fue a ocurrir sentarme en medio de ellas. Pero maldije aún más el haberme dejado convencer de ayudarles con el "proyecto": escoger el vestido de novia para la nueva boda de Rose y Emmett.
—Sí. Inútil —reafirmé y empecé a caminar rodeando el sofá para desentumirme—. Alice ya debe saber qué vestido escogerás, los modelos de las damas, y hasta todos aquellos mínimos detalles como la tanga de elefantito que usará Emmett en la luna de miel.
—¿Voy a usar una tanga de elefantito? ¡Qué guay!
—Solo era un decir, Emmettin —expliqué.
—¿Entonces no?
—No sé. Depende de Rose... ¡Como sea! Volviendo al punto. Ya no le veo el caso a tanta —miré el desparrame de papeles por el suelo, sofás, mesitas, y hasta en la espalda de Heidi. ¿Quién fue el gracioso que le pegó una página con cinta adhesiva?—… "documentación" —concluí y arranqué la hoja de su espalda para darle un efecto dramático a mi argumento.
—Yo creo que la planeación es divertida, y ayuda a quitarme el estrés —comentó Heidi sonriente, arrebatándome la hoja para alisarla sobre la mesita de centro.
Rosalie asintió en acuerdo con ella.
¡Por favor! ¿Heidi, estrés?
—¡Vamos, Mina! ¡No seas amargada! Ese es el papel de Edward —dijo Rosalie con malicia, y el aludido gruñó.
¡Douh! ¡Golpe bajo para mí!
Aventé la revista que tenía en manos y tomé otra nueva. Me tiré boca abajo en la moderna "alfombra de papel" y seguí viendo vestidos de novia.
—"Algo me dice que esta noche tendré pesadillas" —comenté a Edward, quien acompañaba a los muchachos viendo una película.
—"Vestidos blancos, velos, azahares, alcatraces y tiaras brillantes… ¡Uy sí! ¡Aterrador!" —me respondió con sorna.
Cual desproporcionado y deforme shuriken, lancé la revista… pero Edward la esquivó y le di a Felix en la nuca.
—¡MIIINAAA!
—¡Es que esa colección esta del nabo! —me excusé.
Aunque la moda era lo ultimo que me importaba.
…
Dos horas después… yacía inmóvil, boca arriba con una revista cubriéndome el rostro. Para distraerme pregunté:
—¿Han visto la película "Experta en bodas"?
—¡Síííí!
—¡La odio!... ¡Auch! —alguien me pateo. Me senté al instante, apartando la revista de mi cara, pero ya era tarde para encontrar a la responsable, y por las miradas que tenían, podía ser cualquiera de las tres—. ¡Perdón! Pero no concibo la idea de alguien que pueda dedicarse a planear boda, tras boda, tras boda, tras boda… ¡y seguir perfectamente cuerda! ¡Yo llevo un par de horas hojeando estas cosas —levanté la revista para mostrarla—, y ahora no puedo dejar de pensar en flores blancas y encaje francés!
—¡Eso es, Mina! —Rosalie chasqueó los dedos emocionada, y se volvió hacia Heidi mostrándole otra revista—. ¿Cómo crees que se vería con algo de encaje aquí —apuntaba sobre una página—, aquí… aquí, y aquí?
—¡Maravilloso, Rose! —chilló igual de emocionada.
Las dos aplaudían encantadas.
Puse los ojos en blanco y me volví a tirar en el suelo cubriéndome la cara con la misma revista. Me desconecté del mundo. De hecho creo que hasta alcancé el séptimo sentido, me proyecté astralmente y charlé con Mufasa… eso o tuve muerte cerebral.
Cuando abrí los ojos ya no me encontraba en la sala.
He aquí el resultado de tantos delirios, que cuando empiezo con una idea y me llega otra, empuja, empuja, empuja y algo que tenía pensado fuera serio, se convierte en casi una caricatura... a veces me imagino a Mina y los demás personajes poniendo caritas al estilo ánime, con los ojos de rollito o la gotita bajándoles de la cabeza jajajaja... esta probado y comprobado que la seriedad no es lo mío XD.
Espero hayan disfrutado de esta catástrofe de capítulo, o que al menos les haya resultado entretenido.
Besos, Ninie.
