¡Hola, chicas! ¿Cómo han estado? Espero que bien. Maryroxy, Anfitrite... ¡Mil gracias por sus reviews! No me cansaré de agradecerles, por hacerme un campito en sus agendas para dejarme sus comentarios... ¡me motivan como no tienen idea!

Ahora sí... ¿dónde me quedé?... ¡Ah, ya!

"Soprano"

By Ninie

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

—¿Han visto la película "Experta en bodas"?

—¡Síííí!

—¡La odio!... ¡Auch! —alguien me pateo. Me senté al instante, apartando la revista de mi cara, pero ya era tarde para encontrar a la responsable, y por las miradas que tenían, podría haber sido cualquiera de las tres—. ¡Perdón! Pero no concibo la idea de alguien que pueda dedicarse a planear boda, tras boda, tras boda, tras boda… ¡y seguir perfectamente cuerda! ¡Yo llevo un par de horas hojeando estas cosas —levanté la revista para mostrarla—, y ahora no puedo dejar de pensar en flores blancas y encaje francés!

—¡Eso es, Mina! —Rosalie chasqueó los dedos emocionada, y se volvió hacia Heidi mostrándole otra revista—. ¿Cómo crees que se vería con algo de encaje aquí —apuntaba sobre una página—, aquí… aquí, y aquí?

—¡Maravilloso, Rose! —chilló igual de emocionada.

Las dos aplaudían encantadas.

Puse los ojos en blanco y me volví a tirar en el suelo cubriéndome la cara con la misma revista. Me desconecté del mundo. De hecho creo que hasta alcancé el séptimo sentido, me proyecté astralmente y charlé con Mufasa… eso o tuve muerte cerebral.

Cuando abrí los ojos ya no me encontraba en la sala.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Capítulo 28: Haciéndose a la idea.

—¡Oh, vaya! ¡Me dormí! —murmuré para mi misma al despertar sentándome en la cama.

—Sólo descansaste los ojos… por un par de horas —opinó alguien igual de bajito.

Vi alrededor. Edward estaba en su muy preciado sofá de cuero negro.

—Eh… ¿Hola? —no se me ocurrió nada mejor que decir.

Me sentía un tanto sofocada. Llevé mi mano al cuello y comprendí el por qué.

—¿Quién soy? ¿La abuela de Caperucita? —exclamé, no muy alto pues tenía la garganta seca—. ¿Quién me puso esto?

Enfurruñada y acalorada traté de soltar los primeros botones del cuello. Fue un acto inútil porque "alguien" los había cosido para que no se abrieran.

—Felix…

—¡¿Felix? —chillé alarmada, trozando las puntadas del cuello del batín.

—¡No! Déjame terminar, por favor —pidió con calma, y asentí prestando atención—. Felix la trajo para ti, Heidi te la puso. ¿Tranquila?

—¡Ah!... —asentí—. "Pero… ¡es asfixiante!" —me quejé—. "Y a todo esto, ¿dónde la consiguió?"

—"El día que fue con Heidi y Rose al centro comercial… ¡y agradece que no encontró lo que estaba buscando!"

—"Pues ¿qué buscaba?" —me intrigó.

—"Un cinturón" —alcé una ceja escéptica—. "Un cinturón de castidad" —aclaró y abrí los ojos como platos.

—"Creo que mejor doy gracias a que no estamos en Volterra" —pensé todavía perturbada. Me miró interrogante—. "Te sorprendería la de cosas antiguas que colecciona el tío Caius" —expliqué haciendo una mueca, me parecía recordar que entre ellas tenía una de esas cosas.

Su expresión era inescrutable. Repentinamente sonrió.

—"Aún faltan un par de horas para el amanecer. ¡Duerme un poco más!"

Negué. Ya no tenía sueño. Intenté salir de la cama, pero en menos de un parpadeo Edward estaba sentado en el borde de la cama sujetándome de los hombros.

"Debes descansar. Esta noche será pesada" —recordó.

Tenía razón. Esa noche Seth y yo nos dedicaríamos a resguardar a Bella en las montañas, mientras los demás enfrentaban a Victoria en el claro.

Recordarlo me hizo pensar —tardíamente— en algunos aspectos que no había considerado:

Demetri no se había alimentado desde su llegada hacía casi una semana;Heidi y Felix lo habían hecho regularmente, pero siguiendo mi "dieta". Hasta donde recordaba, nunca habían tenido un solo fallo en sus misiones. Sin embargo, aunque me negara a admitirlo, yo era consciente de que su fortaleza se debía —y en gran medida— a la alimentación "tradicional". De su lado podían tener la experiencia, pero siendo realistas: Felix no era un Einstein; mi hermana —aparte de ser una profesional de la seducción— no tenía más habilidad que las de un vampiro común; y Demetri estaría sediento, irracional y débil.

Además ese ya no era mi único temor.

Por años, jamás me había preocupado —ni había tenido que hacerlo— por alguien más además de mi familia. Por supuesto siempre valoré la vida humana, pero la suerte de otros vampiros no era algo que me quitara el sueño.

Eso había cambiado, me importaban los Cullen. Me importaba la manada. El solo pensar que cualquiera de ellos pudiera salir lastimado me aterraba.

La otra cara de la moneda: nuestro enemigo era un ejército de neófitos, vampiros en su estado más puro, más fuertes y agresivos de lo que jamás podrían estarlo.

Creo que estas ideas habían vagado por mi mente durante días, pero simplemente me había negado a darles cabida.

"¿Qué pasa?"

Sentí las manos de Edward en mis hombros, rozándolos como cuando quieres infundir calor a alguien. Su mirada era de preocupación.

Aparté la vista, no quería que descifrara el miedo que estaba experimentando. Pero me di cuenta que era algo tarde para eso. Estaba echa un ovillo, abrazando mis rodillas como una niña asustada en una noche de tormenta.

"Nada" —dije tratando de sacar cualquier pensamiento negativo de mi mente. No quería pensar que alguien saliera lastimado.

"Mina…" —insistió alzando mi rostro por la barbilla—. "Es normal tener miedo."

De alguna forma, él siempre se las ingeniaba para ver a través de mí.

"Todo se resolverá. Confía en nosotros" —dijo, ahora tomando mi rostro con ambas manos.

"Lo sé. No necesito otro sermón. Sé cual es mi tarea y que debo confiar en sus habilidades, no en vano vi todos esos entrenamientos…"

Me callé porque sentí que estaba a punto de perder el control. Debía actuar racionalmente. De nada servía ponerme histérica ahora.

"Tranquila… tranquila" —repetía con ternura al tiempo que me envolvía con sus brazos.

Apoyé mi cabeza en su hombro.

"¿Puedo pedirte algo?"

"Dime" —pronunció con precaución. Probablemente pensó que le pediría de nuevo que me permitieran estar en la batalla, porque demoró en responder.

"No me sueltes."

De momento se quedó rígido, pero segundos después siguió respirando con normalidad y me estrechó con más fuerza. Lejos de sentir cualquier dolor, me sentí protegida. Mis miedos no desaparecieron, pero ahora ya no me sentía totalmente sola.

No fui capaz de dormir, aun así, ignoro cuanto tiempo nos quedamos de esa forma. Sólo volví a reaccionar cuando algunos charcos de luz comenzaron a colarse por el ventanal.

—¡Gracias! —susurré muy, muy quedito.

Besó mi coronilla y aflojó su agarre. Entonces fui capaz de separarme.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Edward me dejó usar la ducha primero. En cuanto estuve lista bajé a desayunar mientras él se alistaba. Antes de salir de la recámara, me preparé mentalmente para lucir tan sonriente y optimista como cualquier otro día. No podía permitir que me vieran preocupada o insegura.

Me fue bastante bien manteniendo una buena cara, pero al llegar al instituto las cosas se complicaron un poco cuando Jessica y Angela nos interceptaron en el estacionamiento. Querían invitarnos a una nueva salida de chicas, esta vez a Port Angeles.

Bella se excusó con el pretexto de un campamento que había estado planeando con sus "hermanastros", algo así como "de convivencia en familia". Podrían haber inventado algo mejor, pero la creatividad de Black no dio para más.

Aún así la excusa de Bella fue suficiente, sin una de nosotras la salida se suspendía.

—Pues… ¡será para el próximo fin! —dijo Jessica, optimista.

—¡Claro! —respondió Bella.

Ella y Alice intercambiaron miradas.

—¡Cuenten conmigo! —afirmó la pixie tras pensarlo un poco. Probablemente estaba echando un vistazo al tiempo para asegurarse que no habría mucho sol.

Las cuatro voltearon a verme, esperando mi respuesta.

Se me hizo un nudo en la garganta cuando asentí con una sonrisa totalmente forzada. Me sentí horrible, igual que cuando mentí a mis tíos por teléfono. Era difícil afirmar algo que de antemano sabía que no podría cumplir.

Me sentí un verdadero monstruo al contemplar la emoción con la que aceptaban mi respuesta.

El resto de la mañana fue muy similar. Viera hacia donde viera, no podía dejar de pensar: "¡Esta es la última vez!" La última vez que saludaba a Bella y los muchachos en el estacionamiento; la ultima vez que compartía el almuerzo con ellos en la cafetería; la última vez que me divertía a costa de Lauren Mallory en clase de deportes; y —¡Gracias al cielo!— la ultima vez que soportaba las miradas lascivas del profesor de Biología.

Si hace tres semanas me hubiesen dicho que me sentiría así, me habría partido a carcajadas, y habría mandado al manicomio al idiota que me lo dijo. Jamás imaginé que llegaría a tomarle algo de aprecio a un lugar tan tedioso como el instituto de Forks. Habiendo crecido entre vampiros, el convivir con humanos unas cuantas horas a la semana, significaba un cambio radical. Pero lo más absurdo, era que me gustara. Por supuesto, no lo admitiría, pero así era: me gustaba ser una estudiante de preparatoria, me gustaba fingir ser una humana común.

¡Y pensar que el primer día Alice prácticamente me llevó a dos rayas! Ese recuerdo arrancó una sonrisa de mis labios.

—"El que solo se ríe, de sus maldades se acuerda" —la voz de Jessica atrajo mi atención.

—Tal vez recordaba un buen chiste —aventuró Alice.

Las cuatro —Alice, Bella, Jessica y Angela— me miraban, especulativas.

La clase de deportes había terminado y estábamos en los vestidores.

—Solo recordaba la cara de Mallory cuando le derramó el agua al entrenador Clapp —mentí, y las chicas volvieron a reír.

Ellas al igual que yo, se dieron cuenta de que la rubia intentaba darme en la cara con el balón, pero yo lo esquivé y terminó por estrellarse contra el entrenador mientras se re-hidrataba.

—Por cierto… ¡Qué reflejos, Mina! —dijo Angela, aún sonriendo.

—Debes tener un sexto sentido —opinó Jessica.

—O un ángel guardián —añadió Bella, con mirada sospechosa.

—Algo así —dije por seguir el juego.

La realidad era que Edward me había advertido lo que tramaba Lauren, mentalmente.

—Bien, chicas. Yo las dejo —avisó Jessica radiante de alegría, después de aplicarse brillo en los labios—. Tengo que ir a arreglarme para mi cita con Trevor.

—¿Trevor? —hablamos a coro Alice, Bella y yo.

—El chico del centro comercial —explicó Angela—. Al que bañó Jess cuando lo de los "tacos de castor" —se dirigió a mí.

Bella y yo reímos mientras Alice repetía dubitativa: "¿Tacos de castor?"

—Sí, bueno… el chico que rocié con agua de jamaica se llama Trevor —habló Jessica un poco avergonzada—. Y casualmente trabaja en el puesto de tacos. Cuando ustedes se fueron, nos alcanzó y… ¡me pidió mi número! —dijo feliz dando saltitos—. ¡Ésta será nuestra tercera cita!

Alice también se puso a dar saltitos con ella, parecía algo más que simple solidaridad de su parte. Angela sonreía, Bella y yo intercambiamos miradas de confusión.

"A la tierra que fueres…" —dije sólo a Bella, y empecé a dar saltitos junto con el par de locas.

—¡Ahora sí, ya me tengo que ir! —dijo dejando de saltar repentinamente y consultando su reloj de pulsera—. ¿Te llevo Angela?

—Eh… sí.

—¡Bye, bye! —se despidió Alice.

—¡Suerte en tu cita! —deseó Bella.

—¡Se van con cuidado!

—¡Oush! Mina, ¡suenas como mi madre! —se quejó Jessica.

Las demás chicas rieron.

—¡Scusi! —me disculpé seriamente perturbada, ¡¿yo su madre?—. Entonces… ¡Diviértete!

—¡Eso está mucho mejor! —dijo satisfecha y se dirigió a la salida.

Angela fue tras ella y se volvió antes de cruzar la puerta.

—¡Nos vemos el lunes! —dijo, para después seguir a su amiga.

—¡Hasta el lunes! —respondieron Bella y Alice, aunque ya no las escuchó.

De nuevo recordé que ya no estaría ahí para ese día.

—Mina, ¿Qué pasa? —preguntó Alice al notarme pensativa.

Bella también me veía intrigada.

—¿Trevor? —repetí—. ¿Cómo el sapo de Neville Longbottom? —comenté con aire distraído, aún no me atrevía a decirles lo que en realidad estaba pasando por mi cabeza.

Como era de esperarse, ambas me miraron con una mezcla extraña de compasión y… exasperación.

—Ah… ¿Y qué tiene de especial la "tercera cita"? —pregunté.

—Es cierto —coincidió Bella lanzando una mirada interrogante a Alice.

—Primero díganme, ¿qué es todo eso de los "tacos de castor"?

Bella y yo reímos nuevamente. Y le contamos toda la historia sobre mi confusión gramática y el accidente con la jamaica, sólo para terminar por enterarnos de que una "tercera cita" significaba "beso" —¡Puff! ¡Gran cosa!—.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

—Mina, ¡por favor!... ¡Empiezas a marearme!

—¡Disculpa, Seth! —detuve mi incesante caminata y me senté abrazando mis rodillas frente a la tienda de campaña.

¡Un poco más, y habría hecho zanja en la tierra!

Cometimos el error de llegar al refugio con anticipación de dos horas. La pequeña tienda de campaña, los sacos de dormir y las provisiones, todo estaba perfectamente instalado, aun así todavía quedaba tiempo de sobra hasta que "caperucita roja" —nombre clave para Bella, idea de Seth— llegara.

—¿Por qué no intentas relajarte? —dijo sentándose junto a mí.

—No lo sé, creo que estaba esperando a que lo sugirieras —dije sarcástica.

¡Lo ofendí, sin duda lo ofendí! Pero más que eso parecía triste y avergonzado. Me volví rápidamente hacia él.

—¡Perdóname, Seth! No quiero ser grosera. ¡No es culpa tuya que esta maldita incertidumbre me tenga hecha una bruta…!

—¡Tranquila, Mina! ¡Respira! —me palmeó la espalda sonriente—. Yo estoy igual… sólo creo que lo llevamos de maneras distintas.

—Al menos tú podrás monitorearlos a distancia y saber como la están pasando tus hermanos.

—Sí —respondió pero sin mucho ánimo—. No estoy seguro de que tan bueno pueda ser eso —ladee la cabeza buscando su rostro, no entendía por qué decía eso—. Ver la pelea sin poder participar será frustrante —confesó.

—No desesperes, tu momento llegará —dije esta vez palmeando yo su hombro—… algún día —agregué dubitativa, y él rió.

—Nuestro momento, Mina. Nuestro momento —recalcó, pasando su brazo sobre mis hombros.

Ambos reíamos momentáneamente divertidos, cuando un enorme moreno hizo su aparición frente a nosotros con una delicada y pálida chica, en brazos.

—¡Cuida dónde pones las manos o tu amigo Cullen podría molestarse! —dijo "Lobo Feroz"… que diga, Jacob, divertido mirando a Seth.

Éste y yo nos miramos, y rodamos los ojos al tiempo que pronunciamos: "¡Seguramente!", con total ironía.

Aún así me soltó y de inmediato me puse en pie para recibir a mi amiga.

—¡Bellie! Ven a ver esto —tiré de su mano en cuanto Black la puso en el suelo—. Ya está todo listo dentro de la tienda —expliqué emocionada mientras la arrastraba al interior para mostrarle mi trabajo.

—¿Qué es todo esto? —musitó algo divertida, observando los sacos de dormir, las almohadas y almohadones regados por el piso y la cantidad de chucherías (galletas, pastelillos, dulces, chocolates, gomitas, etc.) y bebidas de distintos sabores que había llevado, además de algunas latas de atún y sopas instantáneas—. Mina, acampamos por una noche, no es el fin del mundo… ¿Esas son palomitas para microondas? —logró articular pretendiendo no reír. Yo asentí sonriendo—. Pero aquí no hay microondas…

—¡Sabía que algo se me escapaba!... Pero igual podríamos empollarlas…

—Con semejantes temperaturas, Jake, Seth y tú, probablemente, pero no yo. Dime… ¿Cómo hiciste para traer todo esto? —volvió a preguntar Bella.

—En la M.M.M. de Emmett —respondí. ¡Sonó raro, lo admito! ¡Hasta yo quise reírme!

—¿M.M.M.?

—La "Mega Mochila Mágica"… que de mágica no tiene nada, pero hasta Black cabe ahí dentro si se nos antoja —expliqué—. Además Seth también ayudó a cargar… Pero ya dime, ¿Qué opinas? —cuestioné extendiendo los brazos y girando al mostrar todo el entorno.

—Que en algo te pareces a Alice, les gusta hacer las cosas en grande. ¿De casualidad no trajiste un televisor en esa bolsa mágica? —preguntó pretendiendo ser irónica… ¡Jo... ilusa!

—¡Quién quiere un televisor, cuando tienes una laptop con Internet de banda ancha!… ¿alguna película en especial que se te antoje ver? —respondí sacando el aparato de mi mochila, no ocupaba mucho espacio.

Bella abrió mucho los ojos y se llevó una mano a la frente.

—¡Debí suponerlo! —musitó en un suspiro.

Afuera, Seth y Jacob reían.

—También habría traído mi guitarra para cantar canciones frente a la fogata, pero la dejé en Ital…

—¿Fogata? —Jacob entró a la tienda, desconcertado—. Ni se les ocurra hacer fuego por ningún motivo, llamaría la atención.

—Ya lo sé —respondí con obviedad y llamé a mi amigo—. ¡Muéstrales, Seth!

—Trajimos esto —les mostró una pequeña lámpara de baterías con la forma de unos tronquitos con una llama en el centro (un souvenir que había conseguido Felix en alguna parte, y lo tomé prestado)—. ¡Da el pego! ¿Verdad?

—Sí, lo único malo es que no sirve para asar bombones —reflexioné.

Bella y Jacob intercambiaron miradas.

—¿Ustedes dos son reales o los inventó la Warner? —preguntó Jacob seriamente mirándonos de uno a otro y apuntándonos con el dedo, luego miró a su novia y le susurró:— ¿Será contagioso?

A ella se le escapó una risilla.

Seth y yo nos abrazamos al tiempo que chillábamos: "¡Nadie nos comprende!" Cosa que le hizo aún más gracia a la pareja.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

—¿Por qué tengo que quedarme? —se quejó Seth en un indignado susurro.

Los cuatro estábamos apretujados dentro de la tienda, Bella y Jacob embutidos dentro de uno de los sacos. Yo a la derecha de Bella y Seth frente a nosotros tres. Los licántropos y yo no necesitábamos el calor de los sacos de dormir. Además, con el calor de ellos y el mío propio, sentía la urgencia de salir y bailar con el viento, que para entonces soplaba enloquecido… o ya siquiera ponerme a hacer ángeles de nieve.

—Hay tres buenas razones —respondí, moderando el volumen—. La primera es, mantener la tienda calientita mientras Bellie duerme. La segunda, es que me evites la pena de ser el mal tercio. Y la tercera… bueno, ¡con la primera y la segunda basta!

Ambos me vieron en silencio por algunos segundos.

—¿Al menos puedo entrar en fase ya?

—Está bien, Seth. ¡Ve! —dijo Jacob aburrido.

—¡Nooou! —me quejé en un chillido muy quedito, para no despertar a Bella. Su novio me miró alzando una ceja—. Está bien… ¡Ve! —acepté resignada.

Seth salió y se alejó de la tienda.

—¿Qué pasa contigo, Soprano?

—¿Otra vez con el apodo? —lo miré haciendo un mohín.

—¡Ya no estamos en el instituto! —dijo sonriendo con suficiencia—. Pero, en serio. ¿Qué es lo que te pasa? —me miró inquisitivamente—. Actuabas muy rara en la mañana, y aún lo sigues haciendo.

—Nada. Sólo nervios por la batalla que me perderé —mentí con toda naturalidad, pero demasiado precipitada.

Su expresión no cambió en absoluto.

—No te creo —dijo muy serio.

—Me tiene sin cuidado tu opinión, Black —indiferente me encogí de hombros.

Tomé la laptop y me puse a jugar "puzzle bubble", consciente de que me seguía observando.

—Mentiste. No irás con tus amigas a Port Angeles ¿verdad?

Voltee a verlo desconcertada. ¿Cómo sabía? ¡Creía que era buena mintiendo!

—¿Qué te hace pensarlo?

—Arrugaste ligeramente los labios al responder, las personas lo hacen cuando mienten.

No pude evitarlo y solté una carcajada, cubriéndome la boca casi de inmediato cuando vi a Bella removerse en sueños.

"¡Vamos, Jake! ¿Ahora te crees Cal Lightman?" —alegué volviendo a concentrarme en la pantalla sobre mis rodillas.

—No, pero te conozco, Soprano. Generalmente eres una estupenda actriz. De no saber que lo tuyo con Cullen es una farsa, me lo creería tan fácilmente como todos en el instituto.

De nuevo lo miré y sonreí. ¡Eso que ni qué! ¡Y para probarlo tenía un soldadito de plomo!

—Pero hoy cometiste ese error, y creo que se debe a que no querías tener que mentirles —agregó, y mi sonrisa se desvaneció—. Sólo asentiste con la cabeza, porque de haber respondido "Sí" te sentirías comprometida a ir con ellas.

¿Desde cuando Jacob Black era tan analítico? ¡Con esa carita de enajenado mental! —aunque bueno, eso probablemente se debía a que generalmente sus ojos están sobre Bella—.

Desee decirle: "¡Al diablo! ¡Este no es tu asunto, Black!"; pero no tenía caso seguir inventando pretextos —Angela y Jessica no estaban presentes—, además, esa repentina suspicacia en él, me tenía bastante mosqueada.

"Bueno, ¿y a ti qué más te da si voy o no voy?" —dejé la laptop a un lado y giré todo mi cuerpo en su dirección para mirarlo de frente, con Bella durmiendo en el medio.

—Sólo tengo curiosidad de saber cual era la necesidad de mentir… esta vez.

"No podía decirles que no iré, preguntarían por qué" —respondí—. "Además eso de las despedidas no se me da."

—¿Despedida?

"Sí, Black. En cuanto todo esto termine, me iré."

—Pero… —se le notaba sorprendido—. ¿No vas a terminar al menos el instituto?

Negué, amargamente. ¿Por qué me resultaba tan difícil dejar Forks?

"Vine de misión. No de vacaciones, ni por un diploma."

—¿Regresarás a Volterra?

—Ese es mi hogar —murmuré asintiendo, pesadamente.

Su mirada bajó hasta encontrarse con su "Bella Durmiente" al lado. Yo también la contemplé en silencio. Esa chica tenía algo especial, como un aura cálida a su alrededor, aunque ella misma lo ignorara. Se ganaba fácilmente el aprecio de las personas, inspiraba ternura y confianza. Había conquistado el duro corazón de un vampiro. Y en mi breve estancia yo también había aprendido a quererla.

—¡Te echará de menos! —musitó Jacob con tristeza.

No supe que responder, o mejor dicho, no pude responder porque un gran nudo se me hizo en la garganta. Sabía que así sería, el cariño que le había tomado a esa frágil humana, era mutuo. Yo también la extrañaría. A todos, incluso a los idiotas de Embry y Quill, o la prepotente de Lauren Mallory —¡y esto ultimo era en verdad patético!—.

—Seth se ha demorado —comentó de pronto rompiendo el imperante silencio y aligerando el peso de la culpa en mi pecho al desviar el tema.

—Mmm… es verdad. Iré a dar un vistazo. ¿Puedes…?

—¡Descuida! Me las arreglaré para mantenerla calientita —Respondió antes de que terminara mi pregunta, en un tono malicioso.

—¡Más te vale comportarte, Black! ¡Tengo muy buen oído! —amenacé y se echó a reír.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

No había rastro de mi amigo por ningún lado… bueno, rastro sí había —¡y por doquier!—, pero la pinche bola de pelos no se encontraba a la vista, y no quería alejarme mucho de la tienda —¡sólo por si las dudas! No es que desconfiara de Black—.

Me senté en el tronco de un árbol caído —¡Menuda labor la nuestra protegiendo a Bella del ataque de neófitos si terminaba aplastada por un jodido árbol que pudiera caer sobre la tienda a causa del endemoniado viento!— a esperar que se dignara a aparecer.

Pero como no soy la encarnación de la palabra "paciencia", no pasó mucho antes de que intentara concentrarme con todas mis fuerzas y gritar mentalmente:

"¡An-Choa a Pepe-Roni! ¡An-Choa a Pepe-Roni! —¿Se nota que estábamos de antojo al momento de elegir nuestros códigos?—. ¡An…! ¡DEMONIOS! ¡SETH, ¿DÓNDE TE METISTE?"

"¡Calma! Aquí estoy" —la voz, aunque mental, sonó apagada.

Vi alrededor sin resultados, todavía no dominaba eso de localizar voces sin usar el oído. Y el viento era tan salvaje que me revolvía los cabellos de tal forma que obstruía mi visión. Hastiada los recogí todos y me puse el gorro de la sudadera. Sólo entonces pude ver a duras penas la figura de un enorme lobo saliendo de la penumbra del bosque.

"¿Dónde estabas?" —pregunté

"Así ya no quepo en la tienda, y fui a dar un breve recorrido."

¡Claro! ¡Debí suponerlo! Si antes estábamos apretados, acompañados de algo más grande que un gran danés emularíamos una lata de sardinas.

El viento azotó con más fuerza —¡Como si con derribar árboles no le bastara!— y me tumbó el gorro dejando nuevamente mi cabello a su merced. Volví a colocármelo y cerré la sudadera hasta arriba para evitar que el viento volviera a tumbármelo.

"¿Tienes frío?"

—¿Eh?... "No. Es agradable esta frescura" —respondí—. "Si tan solo el viento cediera un poco, sería perfecto."

Llegó hasta donde me encontraba y se echó en la tierra a mis pies, parecía aburrido. Pero pude sentirle algo apesarado, o quizás decepcionado. Empecé a acariciarle el lomo, su pelaje era largo y suave como el de un cachorrito.

"¿Estás bien?"

Volvió su enorme cabeza y me miró fijo. A través de sus facciones caninas, me pareció ver algo similar aun puchero.

"Te vas" —percibí una nota de reproche en su voz mental.

"Escuchaste a Black" —deduje—. "Sí, me voy."

"¿Por qué no lo habías dicho?"

"¡No me veas así!" —sus ojos me veían tan acusadoramente como sonaba su voz—. "Si no lo había dicho fue porque creí que se sobreentendía, vine con un fin específico… y mañana se vence el plazo."

"¿Y tienes que irte tan pronto?... Al menos deberías quedarte hasta terminar las clases, como dijo Jake."

"Seth, tomar clases es sólo una farsa... como... como el compromiso con Edward que Alice inventó."

¡Y qué invento! La de consecuencias que había creado esa bromita.

El lobo se apoyó en sus patas delanteras hasta que su cabeza estuvo a la altura de la mía, y sus ojos se clavaron en los míos. Detestaba cuando alguien hacía eso. Era la misma mirada inquisitiva de Heidi cuando pretendía psicoanalizarme. La misma mirada que tanto Bella como Edward habían empezado a dominar… ¿y ahora también Seth?

—¿Qué? —me quejé apartando la vista al cielo.

"No. Nada" —respondió en el acto—. "¿Seguirás en contacto?" —su tono era más afable… y un tanto resignado.

—¡Por supuesto, tonto! —me lancé y abracé al enorme lobo por el cuello.

Era cálido… muy cálido… ¡demasiado! ¡Era como abrazar una caldera! Tuve que apartarme o me calcinaba. Temí que se ofendiera, pero antes de darme cuenta me cruzó la cara de la barbilla a la raíz del pelo, de un lengüetazo.

Esa debió ser una de las experiencias más asquerosas de mi vida. ¡Es mi amigo y lo quiero mucho, pero que te embarren la cara de baba, con una lengua como de vaca, no es para nada lindo!

Estuve a punto de soltarle una palabrota, pero cuando me miró con esos ojos de tierno cachorrito —en toda la extensión de la palabra—, no pude sino echarme a reír.

º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º º˚°º∙.∙º°˚º

Después de una buena charla, mi amigo se había quedado profundamente dormido, pero yo permanecí insomne a su lado, recostada en su lomo ya sin mi sudadera, purgando por refrescarme aunque fuera un poco.

Cierto. Nadie me obligaba a estar ahí pegada, pero no sabía de que manera compensarle el haber omitido decirle que me iría apenas terminara la batalla.

Eran cerca de las dos de la mañana y me encontraba admirando el cielo, el viento parecía haber cedido un poco después de haber hecho y desecho cuanto quiso con mi cabello. Algunos brillitos diminutos lograban escapar del manto nuboso allá arriba y me entretenía tratando de contarlos antes de que una espesa nube llegara y volviera a apagarlos.

Mientras mis ojos se clavaban en el cambiante firmamento, mis oídos estaban en total alerta a cualquier ruido extraño. Por desgracia lo único "extraño" ahí era la admirable capacidad de Bella para pegar ojo abrazada a una motosierra —de haber podido, creo que hasta los árboles habrían huido cual "ents", apenas cayó dormido Jacob—. Probablemente parte de mi incapacidad para dormir se debía a los taladrantes ronquidos de éste. ¡Al menos los de Seth eran de chiflidito! Ligeramente más aquiescentes.

"¡Mina!"

Me senté de un bote al escuchar la voz de Edward. Miré alrededor desconcertada, casi giré mi cabeza trecientos sesenta grados. Pero no había señales de él. Parpadee confusa y aguardé, ya estaba por volverme a recostar cuando lo escuché de nuevo.

"¡Desearía saber cómo la estás pasando!"

"E… ¿Edward?" —pregunté, esperando que no fueran imaginaciones mías. Tal vez se andaba por los alrededores.

"¡¿Mina?... ¿Dónde estas?" —respondió de inmediato, sobresaltado.

"En el campamento, con Bella, Seth y Jacob. ¿Tú donde estás?"

"En… el claro."

¡Ja-ja! El claro estaba demasiado lejos para poder escucharlo. ¿Qué estaba tramando?

"Ya, en serio... ¡Dime dónde estás!"

"Es cierto. ¿Cómo es que puedo escucharte?"

"Eso me pregunto yo… ¡esto es muy raro!"

No se si estaba asustada o emocionada, pero acababa de descubrir que era capaz de usar telepatía a larga distancia. ¿Podría usarla para comunicarme a casa desde aquí?... Tal vez no, ya que Edward —además de los lobos— era el único capaz de devolver la "llamada".

"Y… ¿Cómo va todo? ¿Has conseguido dormir algo?"

"¡Jo! ¡Hasta crees! Con los ronquidos de Black y Seth, y los balbuceos sin sentido de Bella, es imposible."

"Sí. Tiene la costumbre de hablar dormida" —sonaba divertido.

"Si al menos comprendiera algo de lo que dice sería más entretenido. Pero hasta ahora sólo he distinguido las palabras 'leyenda' y 'tercera esposa'. ¿Significan algo para ti?"

"Mmm… no. Pero no me gusta quedarme con la duda. Permíteme."

Pasaron varios minutos y no volví a escucharle, me estaba quedando dormida cuando le oí gritar mi nombre tan fuerte que instintivamente me cubrí los oídos… ¡lo cual resultaba totalmente inútil!

"¡AQUÍ ESTOY! ¡AQUÍ ESTOY! ¡NO TIENES QUE GRITARME! ¡SIENTO QUE LA CABEZA ME EXPLOTA CON TUS BERRIDOS! ¡Y si no quieres que me quede dormida, la próxima vez que me dejes en espera al menos sé considerado y pon una melodía de fondo, o qué se yo cuenta en alemán, árabe o lo que se te antoje, al cabo que los vampiros pueden pensar en muchas cosas a la vez."

"¿Terminaste?" —preguntó, pacientemente una vez dejé de chillarle.

"Aguarda… ¡YABA DABA DOOOOOOOOOO!" —grité de pronto esperando asustarlo tanto como él a mí—. "Ahora sí. ¿Qué averiguaste?" —pregunté todavía molesta.

"Es una historia demasiado larga…"

"¡Pues sintetiza!"

"La tercera esposa es el personaje en una de las leyendas quileute. El sacrificio de esa mujer propicio la victoria de la tribu en la batalla contra los 'fríos'."

"¿Fríos?"

"Así nos llaman a los vampiros" —explicó cansino—. "Es importante que vigiles muy bien a Bella, Mina. Cuando se lo propone puede ser muy ingeniosa, y temo que intente algo descabellado."

"Por descabellado te refieres a un 'sacrificio'."

"Sí."

"No le quitaré el ojo de encima. ¡Bella estará a salvo! ¡Te lo prometo!"

"¡Gracias!"

Sentí una extraña opresión en el pecho. Quería a Bella y estaba totalmente decidida a protegerla con uñas y dientes —en el sentido más literal—, pero no podía evitar sentir algo de envidia por la forma en que Edward se preocupaba por ella, por la forma en que seguía velando por ella aún desde lejos. Me odié por sentirme así, y me odié aún más por no ser capaz de disimularlo cuando cortantemente le ordené a Edward que me dejara dormir y me concentré con todas mis fuerzas para no escuchar más su voz.


Awwwww... Estoy que me caigo de sueño, y todavía me quedan muchas cosas por hacer... ¡Qué webaaaaaa!

Espero que el capítulo os haya resultado interesante... y ahora que me dio por hablar así ¬¬... Bueno, ya estoy disvariando, seguro ya no tardo en reír como psicópata... me dicen que cuando estoy somnolienta, actuó como si estuviera ebria —me pregunto cómo actuaré estando ebria...—.

En fin...

¡Buenas noches, que descansen!

Saludos, Ninie.