Hoooooolaaaaaa!
Sorry, me ataranté, tenía planeado publicar el capi el viernes, pero ahora si como que me desconecté del mundo real XD!
Anfitrite, Maryroxy, Kitzia... ¡mil gracias por los reviews! Deseo que este capítulo también sea de su agrado... ¡Muchas gracias por seguir conmigo!
"Soprano"
By Ninie
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Capítulo 30: Objetivo.
Comenzaba a clarear y yo seguía como en trance.
Después de la conversación con Edward, me concentré en la "sinfonía nocturna" que interpretaban mis amigos, acompañados por los susurros del viento en los árboles y el traqueteo de la lona de la tienda al sacudirse.
Había estado tan concentrada en los sonidos de mi entorno, que prácticamente me desconecté del plano físico. Pasé la noche en la misma posición —sentada en la tierra abrazando mis rodillas y la cabeza descansando en ellas—. Tan enajenada estaba que no fui capaz de asociar el crujir de los dientes de una cremallera, con una persona saliendo de la tienda... hasta que sentí el calor de un grueso abrigo sobre mis hombros.
Alcé la cabeza exaltada. Jacob estaba acuclillado a mi derecha, sonriendo de oreja a oreja.
—¡Creí que tenías buen oído! —susurró en tono burlón.
—Te oí… sólo no… —traté de hablar igual de bajito que él, pero me pesaba pronunciar algo bien después de horas de silencio.
—¡Te ves terrible! —interrumpió—. ¡Deberías dormir algo!
—No es necesario.
Pero me ignoró y empezó a zarandear a Seth, quien refunfuñó en gruñidos.
—¡Arriba, Seth! ¡Tengo que reunirme con Sam y necesito que estés pendiente mientras Mina descansa un poco!
—¡Déjalo, Black! ¡Estoy bien! —traté de convencerlo, pero Seth entreabrió los ojos girando la cabeza en nuestra dirección, y al verme los abrió por completo.
—"¡Qué pelos!... ¡¿Y eso es estar bien?"
—¡Cállate! ¡Sólo necesito un cepillo! —mascullé apenada mientras intentaba alisar mi cabello con las manos.
Jacob se estaba cubriendo la boca con ambas manos, su risa me recordó al perro del "Varón Rojo" —¿Cómo se llamaba? ¿"Patán"?—.
Entonces reparé en lo que éste acababa de decir.
—¡Pero… ¿Ya es hora? —mi voz sonó más alarmada de lo que hubiera querido.
A mi mente vino el recuerdo de lo ultimo que le había dicho a Edward: "¡Ya no molestes, Cullen! ¡Intento dormir!" Se me hizo un gran nudo en la garganta.
Los latidos en el interior de la tienda llamaron mi atención.
—"¿No le avisas a Bella?" —pregunté.
Ofreció su mano y me ayudó a levantar. Nos alejamos un poco, Seth se quedó haciendo guardia en la puerta.
—No… quise despertarla —susurró como si aún temiera que alcanzara a escucharlo.
Miré hacia la tienda, Seth permanecía echado, pero con las orejas levantadas cual parabólicas. Dentro, no había más ruido que el de los latidos y la respiración de Bella, pero ninguna actividad.
—Además… —continuó Black—. Temo que me convenza para quedarme —confesó apenado, rascándose la cabeza.
—¡Yo te cubriría en el claro!
Sonrió y negó con la cabeza.
—Solo que quieras que Cullen y tus hermanos me conviertan en abrigo —bromeo—. Aún queda una hora, Soprano. ¡Descansa!
Puso su gran palma en mi coronilla y revolvió aún más el nido en mi cabeza. Dio media vuelta y se internó en el bosque.
Me quedé rígida observándole partir sin poder decir nada.
¡Una hora! ¡Sólo quedaba una hora! Mi respiración se volvió apresurada, quería correr a allá y unirme a mi hermana; quería salir corriendo sin rumbo y olvidarme de todo; quería ser obediente y quedarme a hacer mi parte; quería hacer tantas cosas a la vez y el tiempo no me bastaba.
Seth me veía desconcertado desde su lugar, no había formulado pregunta alguna, pero su mirada lo decía todo.
Luché por controlarme, este era el momento menos oportuno para un ataque de pánico. Bella seguramente estaría más asustada que yo, y ya había decidido ser su apoyo.
Metí los brazos en el abrigo y me encaminé de regreso a la tienda. Seth se apartó para dejarme entrar.
—"¡Hazle caso a Jake, y descansa un poco!... ¡Tienes unas ojeras terribles!... ¡Ah! ¡Y péinate!"
Cuadré los hombros e hice un saludo militar hacia mi amigo, antes de entrar en la tienda y volver a cerrar.
En el suelo encontré un gran capullo verde. Bella estaba completamente refundida en el saco de dormir con el cierre hasta arriba.
—¡OH POR DIOS! ¡LOS POKEMON EXISTEN! ¡EXISTEN!... ¡SETH, ENCONTRÉ UN METAPOD! —exclamé en broma. Pero ella no reaccionó—. ¡Bellie, sal de ahí! Ya sé que estás despierta.
Bella soltó un gemido, ahogado —por las paredes mullidas del saco—.
Me hinqué a su lado en el suelo de lona, y bajé el cierre para encontrarme con su espalda, estaba acostada de lado en posición fetal.
—¡Bellie! —susurré conmovida, inclinándome un poco le aparté el cabello de la cara—. ¡Bells, todo va a ir bien! ¡Ya verás!
Rodó sobre su costado y se abrazó a mi cintura sollozando.
—¡Se fue! ¡Se fue y no quise hablar con él! —musitó histérica, entre hipidos y sin pausa—. ¡Me hice la dormida porque no quiero que vaya! ¡No habría sido fuerte para dejarlo ir, y sé que si se lo pido se quedará conmigo, pero lo que él quiere es estar allá y si se quedara será infeliz por no poder ayudar a la manada! ¡Si algo sale mal ni siquiera me di la oportunidad de hablar con él! ¡Soy horrible, Mina! ¡Soy una horrible persona!
—¡Bella, calma! ¡Respira! —levanté su rostro, y sacando entereza de no se donde hablé con una seguridad que en realidad no tenía (estaba tan aterrada como ella)—. ¡Va a estar bien! ¡Volverá! ¡Todos lo harán!
Sus grandes ojos chocolate —enrojecidos— escrutaron mi rostro con detenimiento, y una sonrisa un tanto amarga apareció en sus facciones.
—¡Gracias, Mina! ¡De verdad agradezco el esfuerzo!
Arrugué el ceño, confundida.
Se enjugó las lágrimas con la manga de su suéter y se sentó de frente a mí.
—Pasé suficiente tiempo con Edward para aprender a reconocer una buena cara de póker —explicó sin dejar de verme a los ojos—. En el fondo estás tan asustada como yo.
—Estaría loca si no —no tenía caso esforzarme en negarlo, ella sabía leerme, además quizá la honestidad funcionara mejor en este caso—. Pero no hemos de dejar que el miedo nos controle, Bells. Debemos resistir y confiar en las capacidades de nuestros amigos.
—¿Y si te dijera que hay una forma de ayudarles? —insinuó tanteando mi reacción.
Ya esperaba algo así. Lo imaginaba desde un principio, aún antes de que Edward me explicara lo del sacrificio de "la tercera esposa". Seth y yo estábamos molestos con las decisiones que habían tomado sobre nosotros. Ambos queríamos estar en la batalla.
Pero no éramos los únicos inconformes, Bella tampoco quería quedarse sin hacer nada. Aun sin poder alguno quería asegurarse de hacer tanto como estuviera a su alcance para evitar que cualquiera de sus amigos saliera lastimado.
—Creo tener una idea de lo que tramas… ¡y lo siento, pero… no! Debo mantenerte aquí, pase lo que pase.
—¿Siempre eres tan obediente?
—¡Sólo cuando mi sensata amiga quiere ser una atolondrada!
Hizo una mueca, se sentía frustrada. Sin embargo ese gesto me pareció algo gracioso y no pude evitar sonreír.
—Si estas planeando hacer un berrinche, te advierto que no funcionara. Estoy bien enfocada en mi misión.
—¿No preferirías ir a ayudar a tu hermana?
—¡Ella sabe cuidarse sola! —soné bastante convincente, a pesar de que me preocupaba—. Además, les prometí que te protegería.
—¿"Les"? —reparó, repentinamente curiosa.
Asentí, forzando una sonrisa. Recordar lo mucho que Edward seguía preocupándose por la seguridad de Bella se sentía como si mi piel se hubiese vuelto completamente humana y la hoja fina de un cuchillo me atravesara el pecho. Sabía que estaba mal sentirme así, no tenía ningún derecho, pero lo sentía.
Tragándome mis emociones, empecé a peinarme tomando un cepillo de mi mochila en el suelo. Desenredé mi cabello y lo recogí en una trenza.
—Anoche… —continuó cambiando el tema—. En sueños creí escuchar que hablabas con Jake —hizo una larga pausa y esperé atentamente a que continuara, dejando de lado el cepillo—. ¿Mina, te vas de Forks esta semana?
Tragué duro, y asentí.
—Cuando termine la batalla —especifiqué—. Sé que no lo había mencionado antes… yo…
—Supusiste que estaba implícito. ¡Lo entiendo!
Nos quedamos en silencio. Ella se recargó en la pared de la tienda que daba a la escarpada. Me arrastré de rodillas y me senté a su lado.
—"Seguiremos siendo amigas…" —empecé, y volteó a verme—. "¿Verdad?"
Sonrió y pasó su brazo derecho sobre mis hombros. Reparó en la prenda que llevaba encima, y su sonrisa se amplió.
—¿Sabes?... Jake tuvo algunos problemas para aceptar mi amistad con Alice —empezó a decir en un débil susurro—. ¡Pero a ti te aceptó rápidamente!... Es algo extraño… Agradable, pero extraño.
Sólo me encogí de hombros.
—¿Tienes que irte tan pronto? —volvió a preguntar.
—Tengo pendientes en casa. Debemos reportar los resultados de la misión.
—¿No puede hacerlo tu hermana? —preguntó a la desesperada.
—No. Hay cosas que sólo puedo hacer yo —respondí preguntándome internamente por qué tanta ansiedad—. Tengo mucho que explicar… —Empezando por lo de Demetri con Leah… ¡eso no sería nada fácil!
Me devané los sesos pensando en una forma de abordar el tema. No podía simplemente llegar y decir: "¡No te enojes, tío Caius! Pero tu primogénito se enamoró de una mujer lobo y ha decidido volverse vegetariano." ¡Serían dos puñaladas de un solo golpe!
—"Además —Decidí compartir con ella.— se me ocurrió que puedo dialogar con el tío Aro para extender el tratado que hizo Carlisle con los quileute, y tengo en mente unos cuantos proyectillos que quiero compartir con mis tíos... pero no estoy segura de los resultados, así que por favor no digas nada hasta que sea algo concreto."
Bella sonrió encantada, asintiendo.
—¡Gracias por la confianza!
Sonreí. Si supiera que su mente es mucho más segura que la mía.
—Puedes ir y volver. Unos días de ausencia en el instituto no te afectarían —propuso retomando el tema.
Afuera, Seth emitió un ladrido agudo, en aprobación a la sugerencia de Bella.
—¡Seth! ¡Deja de "chonear"! —chillé.
Bella rió, vio alrededor y tomó la laptop del suelo —donde yo la había dejado la noche anterior—. La puso en sus rodillas y abriendo el bloc de notas empezó a escribir.
"Sinceramente, ¿quieres irte?"
Iba a decir: "¡Sí!", pero apenas abrí la boca, ya no me sentí tan segura de la respuesta. Tuve que pensar detenidamente lo que iba a decir. ¿Por qué dudaba? ¿Qué podría retenerme en un lugar como este, tan distinto a mi verdadero hogar?
Cierto, aquí había hecho buenos amigos. Bella, Angela, Jessica, Seth y los tres mosqueperros. Mis primeros amigos humanos. También estaban Esme, Carlisle, Emmett, Rosalie, Alice, Jasper y… Edward.
Y así encontré una buena razón por la cual volver a casa…
—¡Sí!
¡Demasiado Edward no era sano para mí!
—¡No quiero que lo hagas! —dijo angustiada—. ¡No ahora que estaba mejorando!
Mis ojos se clavaron en ella. ¡¿Mejorando en qué? Para mí ella seguía tan patosa como el día que la conocí.
Su mirada se perdió en la pantalla sobre sus rodillas, sus dedos titubeaban sobre el teclado, indecisa. Cerró los ojos, suspiró y empezó a escribir rápido. Y empecé a comprender que no hablaba de ella misma.
"Siempre estuve en contacto con Alice, pero cuando los Cullen volvieron, ya no podía hablar igual con Edward, era doloroso."
Hizo una pausa, meditando y continuó escribiendo.
"Aún le quiero, pero no como a Jacob. Y a pesar de que él se esforzaba por lucir perfectamente bien, lo conozco suficiente para saber que en el fondo estaba sufriendo. Tratar de hablar con él era doloroso, porque me recordaba que yo tenía la culpa de que tuviera que fingir."
Bella seguía escribiendo tan rápido que creí que iba a botar las teclas, y yo no dejaba de preguntarme a dónde demonios quería llegar con todo eso.
Para no hacerla sentir presionada me entretuve soplando las microscópicas partículas de polvo que flotaban en el ambiente. ¡Cualquier cosa con tal de distraerme! Hasta que dejé de escuchar sus dedos sobre el teclado. Me volví y encontré a Bella observándome con el ceño notoriamente arrugado.
—¿Qué haces?
—¡Soplo pelusitas!
Por su expresión, parecía que acabara de verme salir del trasero de una mula. Evadí su mirada y me fijé en la pantalla.
"El día que volvimos de las vacaciones, fue la primera vez que hablé con Edward desde que supo que estaba con Jacob. Lo ví recargado en su volvo, sonriendo, y por vez primera desde que volvieron, no fingía. ¡De verdad se veía feliz!… ¡Fue el día que te nos uniste en el instituto!"
—"¡Ah!...Sí, lo recuerdo bien… De hecho, el muy desgraciado estaba burlándose de mí, porque Alice me llevó a rastras hasta la oficina principal" —recordé haciendo una mueca y cerrando las manos en puños.
"De alguna manera, siento que le diste un nuevo sentido a su vida."
—"Ahá: ¡Hacer de la mía un infierno!"
Bella soltó una carcajada.
—¡Deja de hacer eso, ¿quieres? —me regañó, aun riendo.
—¿Qué?
"Deja de fingir que no sientes nada por él."
—¡Oh, claro!... Si por "sentir", te refieres al deseo irrefrenable de arrancarle su sexy cabellera, folículo por folículo.
—Al menos ya admitiste que lo encuentras "sexy" —se puso colorada sólo de pronunciar la palabra, pero no dejó de lado su sonrisa triunfal.
¿Y ahora para dónde me hacía? ¡La cagué!... ¡Ya qué!
—"¡Bueno, obviamente, ciega no estoy!" —me excusé, absteniéndome de agregar "sólo algo sorda, medio pendeja y bastante loca", en la oración—. "Pero eso no significa nada" —concluí.
Su sonrisa se ensanchó.
"Si no significa nada. ¿Por qué te has puesto roja?"
¡Me acorraló!
"Sé que crees que siempre ando en la luna cuando estoy con Jake. Pero he observado suficiente de ustedes para notar que tienen… química."
"Y ese beso en el centro comercial fue más de lo que los dos quieren aceptar."
¡El beso! ¡El recondenado beso! Su sola mención me hizo volver a sentir ese hormigueo en mis labios. Y trajo de vuelta el recuerdo de lo que posteriormente sucedió en la sala de la casita de campo.
Bella tenía razón. Pero como ya me lo había dicho a mí misma antes…
—"La química no basta" —no era razón suficiente para querer quedarme… y no era suficiente para que él me quisiera aquí.
—Por ahora, quizás —admitió, aún permanecía esperanzada—. Pero si te quedaras más tiempo…
Negué frenéticamente. ¿Qué tenía que hacer para convencerla de que no había ningún futuro que nos involucrara a Edward y a mí "juntos"? ¿Tan culpable se sentía que tenía que aferrarse a una fantasía como esa?
Si bien yo jamás lo había experimentado, sí era testigo de que el corazón de un vampiro no sana… ¡jamás! ¡A mi padre le llevó un siglo entero darse una nueva oportunidad —con mi madre—, y aún así nunca ha dejado de amar a Didyme —su difunta esposa—!
Estuve a punto de soltarle todo a Bella. ¡Gracias al cielo fui capaz de contenerme antes de decir algo que la haría sentir aún más miserable!
Ella interpretó mi silencio como que estaba considerando su idea.
—¿Qué tal una década? —propuso, y abrí los ojos como platos.
—¡¿ESTÁS DE BROMA? —me costó un trabajo enorme abstenerme de soltar una estridente carcajada. De haberlo hecho, probablemente habría volado la tienda.
—¡No me veas así! —se hizo la ofendida—. ¡Como si el tiempo significara mucho para ustedes los "inmortales"! —se cruzó de brazos, indignada.
Se escuchó bastante cómico eso de "inmortales". De pronto imaginé que en lugar de volver al antiguo y algo lúgubre —¡Pero eso sí, muy estimado!— castillo de piedra, me dirigía a un hermoso y luminoso palacio en las nubes con rejas de oro en las que se leía "Olimpo". Sí que se me había frito el ingenio, porque esa imagen se parecía mucho a una escena de la película "Hércules" de Disney.
—Bell…
No pude continuar lo que iba a decir. De hecho olvidé por completo lo que sea que iba a decirle. Afuera Seth había empezado a gimotear.
—¿Ahora qué, Seth? —pregunté cabreada por la interrupción.
Bella y yo veíamos hacia la entrada.
—"Los neófitos han llegado al final de la pista" —respondió.
De inmediato me tensé. Bella lo notó y me tocó el hombro, apremiándome por información.
Pasé saliva con dificultad y empecé a repetirle cuanto Seth me decía.
—Captaron el rastro de los que están en el prado, y se han dividido en dos grupos. Alice lo predijo así… Sam ha convocado a la manada para encabezar la emboscada… Emmett se lo está pasando genial…¡¿Emmett se lo está pasando genial? —repetí y mi voz se tornó más chillona, ¡que envidia me daba Emmett!
—¡Mina! ¡Concéntrate! —Bella me sacudió.
—¡Está bien! ¡Está bien!...
—"Uno de los neófitos ha descubierto nuestro olor y Leah le ha tumbado antes de que ni siquiera pudiera volverse" —dijo Seth emocionado.
—¡Tu hermana es la lechuga!
—¿Qué? —Bella me miró confundida.
—¡Perdón!... Me refiero a Leah. Es genial…
Seth había dejado de "transmitir", su propia respiración se cortó de súbito y empecé a notar que había demasiado silencio.
—"¿Seth?"
—"Los huelo. Están cerca" —fue su respuesta.
Aspiré profundamente, y también logré percibir algo de la natural esencia dulzona con la que estaba tan familiarizada.
—¿Cómo lo supieron? —musité para mí misma.
Me puse en pie de un salto y tiré de Bella conmigo. Desgarré un lado de la tienda y llamé a Seth, telepáticamente.
El lobo color arena se acercó al instante, retrocedimos hasta la escarpada falda del acantilado y nos colocamos frente a Bella. Ella estaba tan contrariada que no podía articular, pero no era necesario, podía sentir su miedo y confusión.
No tuve que concentrarme mucho para recrear mi escudo alrededor nuestro. Una vez a salvo los tres dentro de él, fijé la vista en el lugar de donde provenía el aroma del vampiro, esperando a que se mostrara. Pero algo no encajaba del todo. ¿Desde cuando un neófito era tan cauteloso?
—"Son dos" —dijo Seth, muy seguro de sí—. "¡Qué dices, Mina! ¿Uno y uno?" —su tono era algo fanfarrón.
Estiré la mano y aferré el pelambre de su nuca, temiendo que se lanzara —olvidé que estábamos encerrados en mi "cúpula mental"—.
—"¡Espera!... Es raro. No están actuando como neófitos."
Una mujer de cabellera naranja y un muchacho no mayor que Bella —diría que yo, pero resultaría algo ambiguo—, salieron de entre las sombras del bosque. Avanzaron con demasiado cuidado, la mujer no apartaba su vista de Bella.
—¡Victoria! —murmuró mi amiga.
Voltee a verla, estaba más pálida de lo que creí posible en ella, casi translúcida… ¡Helena Ravenclaw le vedría guanga!
¡Y no sé porque chingados me pongo a pensar cosas como esa, en momentos tan críticos!
—"Es nuestra única oportunidad" —insistió Seth, suplicante—. "¡Si escapa, lo volverá a intentar!"
—"Y ya no tendremos el elemento sorpresa de nuestro lado" —coincidí.
Me sentí restringida. Bajé el cierre del abrigo y me lo quité. Bella comprendió lo que iba a hacer y me aferró por el brazo.
—¡No!
Los ojos de Victoria no se apartaban de ella. Confiando en mi escudo mental le dí la espalda para encontrarme con Bella, y con la mano libre tiré de la cadena en mi cuello.
—"No puedo permitir que Victoria siga matando" —le mostré el emblema de mi relicario—. "¡Además, si escapa ahora, viviremos con la incertidumbre de cuándo volverá a atacar! ¡No quieres eso de nuevo! ¿Verdad?"
La pobre estaba totalmente horrorizada.
—"¡Por favor! ¡Confía en mí…!"
—¡Riley!
Prácticamente dí un salto de la sorpresa cuando escuché claramente la voz dulce y suplicante de Edward. Me di vuelta rápidamente, estaba entre nosotros y Victoria, dándonos la espalda para encararla a ella y su compañero.
—Te está mintiendo, Riley —continuó—. ¡Escúchame! Te miente del mismo modo que mintió a los otros que ahora están muriendo en el claro. Tú ya sabes que ella los ha engañado, porque te ha utilizado para ello, ya que ninguno de vosotros pensó jamás en ir a socorrerlos. ¿Es tan difícil creer que su falsedad también te alcance a ti?
El chico rubio estaba profundamente confundido.
Edward se movió apenas unos centímetros hacia un lado y Riley compensó el movimiento de modo automático ajustando de nuevo su posición.
—Ella no te quiere, Riley —insistió con voz persuasiva, casi hipnótica.
De haberme hablado así a mí, fácil me habría convencido hasta de cacarear como gallina… ¡Y otra vez estaba pensando en burradas! Sacudí la cabeza discretamente y volví a prestar atención.
—Nunca te ha amado. Victoria amó una vez a alguien que se llamaba James y tú no eres más que un instrumento para ella.
Pude sentir la rabia de Victoria incrementarse al escuchar alquel nombre. Retrajo los labios en una mueca que mostraba todos sus dientes. Sus ojos seguían clavados en Bella.
Riley lanzó una mirada frenética en su dirección. Pero en cuanto Edward volvió a llamarlo, se concentró en él de forma instintiva.
—Ella sabe que te mataré, Riley. Quiere que tú mueras, para no tener que mantener más su fachada. Sí, eso sí lo ves, ¿verdad? Ya has notado la renuencia en sus ojos, has sospechado de esa nota falsa que se percibe en sus promesas. Llevas razón. Ella nunca te ha querido. Todos los besos y todas las caricias no eran más que mentiras.
No pude evitar sentir pena por el chico. Sentí su inseguridad, y el temor a ser traicionado… peor aun: temor a no ser correspondido.
Edward trasladó su peso de nuevo unos cuantos centímetros más hacia el muchacho, y éste volvió a cambiar su posición esta vez con más lentitud.
—No tienes por qué morir —le prometió Edward—. Hay otras formas de vivir, distintas a la que ella te ha enseñado. No todo son mentiras ni sangre, Riley. Puedes seguir un camino nuevo desde ahora. No debes morir por culpa de sus engaños.
Edward deslizó un pie hacia delante y hacia un lado. Riley se retrasó algo más de lo necesario para compensar el avance de Edward.
Victoria se inclinó hacia delante, sobre sus talones.
—¡Es tu última oportunidad, Riley! —susurró Edward.
El rostro del joven vampiro mostraba verdadera desesperación mientras escrutaba a Victoria en busca de respuestas.
—¡Él es el mentiroso, Riley! —intervino Victoria.
Los dedos de Bella se clavaron en mi brazo. No me hizo ningún daño, pero su reacción me tomó por sorpresa.
—Ya te advertí acerca de sus truquitos mentales. ¡Tú sabes que te quiero!
¡Embustera! ¡No era verdad!
¡Pero el muy bruto le creyó! Apretó la mandíbula y cuadró los hombros. Se tensó para atacar.
Victoria se encontraba agazapada. Sus manos se habían convertido en garras a la espera de que Edward se separara sólo un centímetro más.
Ya quería ver su reacción cuando intentara acercarse un poco más. Se llevaría la sorpresa de su vida cuando impactara contra la pared de mi escudo.
—"¡Déjame ir, Mina!" —suplicaba Seth, con su pelo completamente erizado—. "¡Edward está solo!"
No fue una decisión sencilla, pero mi amigo tenía razón.
—"Bien" —acepté.
Estiré mi brazo derecho hacia atrás y empujé a Bella detrás de mí. Victoria no la perdía de vista, por lo que sus ojos la siguieron y por un breve instante chocaron con los míos, pero los desvió rápidamente de vuelta a mi amiga —quien era un pelín más alta que yo—.
—"¿Listo?" —pregunté a Seth, y él gruñó como respuesta—. "¡Ahora!"
Retraje mi escudo, para que sólo nos cubriera a Bella y a mí. Seth quedó libre y a mi señal dio un increíble salto aterrizando sobre Riley.
—¡No! —gritó Victoria, contrariada.
Seth arrancó un dedo a Riley, lo arrojó y chocó contra las rocas muy cerca de nosotras.
Victoria apenas y prestó atención al muchacho que supuestamente amaba. De nuevo sentí pena por él.
—No —repitió entre dientes, mientras Edward comenzaba a moverse hacia ella, bloqueándole por completo el acceso a Bella.
Riley volvió a ponerse en pie, y lanzó un golpe brutal al hombro del lobo.
—¡Seth! —chillamos Bella y yo al unísono.
Él se retiró y comenzó a girar sobre sí mismo, cojeando.
Riley avanzó las manos de nuevo, preparado…
—¡DÉJALOOO! —grité con todas mis fuerzas. ¡Como si dejar sordos a los presentes fuera a ayudar en algo a mi amigo!
—¿Qué es eso? —murmuró Bella.
Entonces vi con toda claridad como una luz violeta envolvía el cuerpo de Seth. ¡Lo volví a hacer!... ¡Y otra vez no supe cómo! Pero no importaba, Seth estaría a salvo.
Volví a concentrarme en Victoria y Edward. Ella se deslizaba hacia atrás, moviéndose de un lado al otro, intentando encontrar un hueco en su defensa. Él seguía su juego de piernas con agilidad, acechándola perfectamente concentrado, leyendo sus intenciones en sus pensamientos.
Un espeluznante alarido me hizo voltear hacia donde se encontraban Seth y Riley, mi amigo acababa de arrancarle otro gran trozo de la mano arrojándolo al bosque.
Riley rugió de furia y Seth saltó hacia atrás, mientras el neófito lanzaba un golpe hacia él con la mano destrozada.
Victoria se abrió camino en zigzag hacia el extremo más lejano del pequeño claro. ¡Intentaba escapar! Interiormente se debatía entre su sed de venganza y el instinto de supervivencia.
Estuve segura de que Edward también podía ver eso.
—¡No te vayas, Victoria! —murmuró en el mismo tono hipnótico de antes—. Nunca tendrás otra oportunidad como ésta.
¡Y tampoco nosotros!, pensé.
Ella le mostró los dientes y siseó en su dirección, pero parecía incapaz de alejarse.
—Siempre podrás huir luego —ronroneó—. Tendrás mucho tiempo para eso. Es lo que haces siempre, ¿no? Ese es el motivo por el que te retenía James. Le eras útil, pese a tu afición a los juegos mortales. Una compañera con un asombroso instinto para la huida. El no debería haberte dejado. Bien que le habrían venido tus habilidades cuando le cogimos en Phoenix.
Un rugido brotó entre los dientes de Victoria.
—Sin embargo, eso fue todo lo que significaste para él. Es de tontos malgastar tanta energía vengando a alguien que sintió menos afecto por ti que un cazador por su perro. No fuiste para él nada más que alguien oportuno. Yo lo supe —Edward se golpeaba la sien con un dedo.
Victoria se precipitó de lado contra los árboles, y él se colocó en el lugar apropiado para bloquearla tan pronto como ella pensó el plan. Frustrada, atacó de forma deliberada hacia delante.
Edward también cambió de posición, conforme se acercaron el uno al otro.
Bella iba a escupir el corazón de un momento a otro. Sus latidos desenfrenados me ensordecían, y su respiración se había vuelto violenta contra mi nuca.
—"¡Bella! Por favor, trata de respirar correctamente. Todo esto se irá al traste si sufres un infarto ahora."
—¿Co…co…cómo puedes hacer bromas en un momento como este? —me chilló en la oreja.
—"¡Perdona, estoy nerviosa!" —confesé encogiéndome de hombros.
Los alaridos de Riley no habían dejado de escucharse. Y ahora además de sentir pena por el pobre ingenuo, ahora me sentía algo culpable por la ventaja que mi don le había dado a Seth.
Victoria y Edward habían comenzado la lucha. Se desplazaban ágilmente por todo el claro era casi como ver "El Tigre y El Dragón" pero en cámara rápida y sin actores chinos. Uno de ellos —no supe quien porque me distraje con los ensordecedores lamentos del rubio— chocó contra la pared rocosa sobre nosotras, y pequeños fragmentos comenzaron a desprenderse, rebotando en el escudo.
No me preocupé mucho. Podía venirse la montaña abajo y seguiríamos intactas. Lo que si me preocupaba era que la batalla seguía prolongándose. ¿Edward realmente podía solo con ella?
¡Victoria debía ser más fuerte, bebía sangre humana! Y ni siquiera se inmutaba ante las súplicas de su compañero.
Sabía que era algo relativamente normal, pero no podía evitar ver con cierto asco la forma en que el cuerpo del vampiro era cercenado parte por parte con las —repentinamente aterradoras— fauces de Seth. Me encontraba totalmente atrapada contemplando aquella repugnante escena. Y no pude evitar preguntarme si yo sería capaz de hacer algo como aquello. Se suponía que estaba entrenada para hacerlo, pero… ¿tendría el estómago para soportarlo?
—¡Edward! —jadeó Bella.
Retorné mi atención a la batalla de él con Victoria, y algo frío se instaló en mi estómago cuando le vi atrapado bajo las garras de la vampiresa. Apenas fui capaz de escuchar un gemido ahogado, cuando los dientes de Victoria se clavaron en su cuello.
¡No quería ver eso! ¡No podía ver eso!... Sólo…
Cobijé a Bella con el abrigo de Jacob, su mano se cerró en el aire cuando instintivamente trató de sujetar mi muñeca. Me arrojé en dirección a Victoria, al cruzar el escudo la fuerte descarga del exterior —que ahora me veía como una extraña—, me dio el impulso necesario para envestirla lejos de ahí.
Logré apartarla de Edward, pero me había convertido en peso muerto. No era capaz de mover un solo músculo. ¡Era el precio a pagar por desprenderme de mi escudo!
Victoria se incorporó rápidamente y haló de mi trenza hasta ponerme de pie.
—¡Nooo! —gruñó Edward, frustrado.
Pero, la vampiresa me sujetaba de frente a ellos, con sus labios cerca de mi garganta. No necesitaba ver su rostro para saber que estaba sonriendo.
El rostro de Bella estaba constreñido y completamente bañado en lágrimas.
Seth había terminado de esparcir los pedazos de Riley para evitar que se regenerara, y se colocó al lado de Edward.
En cuanto a Edward, esa era la primera vez que su rostro me causaba verdadero temor, el odio en sus ojos era más de lo que jamás había experimentado. Ambos estaban agazapados. El menor error de Victoria y la harían pedazos en un dos por tres.
—¡Perdiste! —musité, mis labios eran lo único que podía mover—. ¡Morirás antes de cumplir tu venganza!
La vampiresa aspiró hondo. Me sorprendió darme cuenta de que no estaba asustada, por el contrario, estaba feliz. Eufórica.
Miré directo a Edward, completamente sorprendida. No imaginé que él pudiera llegar a sentir algo así. Simplemente no me parecía que fuera una emoción muy acorde con él, pero no había dudas. ¡Edward tenía miedo! ¡Tenía mucho miedo!
Una mano nívea de dedos finos y uñas largas se alzó frente a mi rostro, mostrando un trocito de tela. Me tomó más de lo humanamente posible comprender lo que era. ¡Era una liga para el cabello! Una liga color lavanda con estampado de estrellitas blancas… ¡Era una de las ligas que había perdido en el locker de los vestidores! ¡Era "mí" liga!
Ahora entendía cómo nos habían encontrado: siguiendo mi aroma.
Con vergüenza tuve que admitir que la mente de Bella era mucho más rápida que la mía. Ella fue mucho más lejos que mi burda deducción:
—¡No viene por mí! —musitó mi amiga, de rodillas en la tierra. Con sus ojos fijos en el rostro de la vampira detrás de mí, parecía estar en shock. Sólo entonces lo entendí...
¡El objetivo de Victoria no era Bella!... Era yo.
¡Ahahahaaaa!... ¿Qué les pareció el capítulo? Espero lo hayan disfrutado, y no lo olviden... ¡el final está cerca!
Besos, Ninie.
