Qué tal chicas. No las hice esperar mucho... ¿verdad? ¡Anfitrite y Maryroxy, gracias por comentar!
Por ahora no puedo decir más, creo que en el presente capítulo se resolverán algunas de sus dudas, pero por si las moscas, dejaré algunos comentarios para el final.
¡Por ahora, aquí está el capi!
"Soprano"
By Ninie
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Previamente en Soprano...
-Jacob parte del campamento muy de mañana
-Bella tiene un breve lapso histérico al dejarle ir sin una despedida
-Mina se esfuerza inutilmente por demostrar fortaleza y animar a su amiga
-Bella se sincera con Mina, y trata de convencerla de que no se marche a Volterra
-La emboscada en el claro es un éxito, pero Seth capta la presencia de vampiros en el campamento
-Victoria aparece con un nuevo compañero
-Edward llega para enfrentar a la vampiresa, mientras Seth se encarga de Riley
-Mina se desespera cuando cree que Edward está por perder la batalla y actúa impulsivamente
-Victoria captura a Mina, y Bella es la primera en descubrir la trampa...
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Capítulo 30: Hasta el demonio tiene sentimientos.
Edward me veía con una expresión entre furia contenida, desesperación y dolor, y aunque no me era posible escucharle en esos momentos, podía adivinar, sin riesgo a equivocarme, que su voz mental estaría gritando: ¡ATRAE TU ESCUDO, FIORELLA IDIOTA!
Pero era una acción inútil. Necesitaba algunos minutos para recobrar el control de mis propias habilidades.
Por eso le había prometido a papá que no volvería a hacer esto.
—¡No puedo! —susurré, en ausencia de mi telepatía.
Sentí el aliento de Victoria en mi cuello y lo frío de sus dientes cuando rozaron mi piel, incapaz de hacer nada para defenderme.
Edward gruñó tan fuerte que mis oídos no lo soportaban, cerré los ojos resignada, esperando sentir el aguijonazo cuando sus colmillos se hundieran en mi garganta…
Pero el dolor nunca llegó. Me sentí cayendo, incapaz de sostenerme por mí misma. Edward atrapó mi cuerpo antes de que mi cabeza impactara contra el suelo.
Podía escuchar los lastimeros aullidos de Seth, y de otro lobo que probablemente acababa de llegar, mientras Edward pasaba sus dedos por mi cuello examinando el lugar donde Victoria había puesto sus dientes.
Detrás de mí, la vampiresa, profería los lamentos más desgarradores que jamás creí llegar a escuchar. Drásticamente fui arrebatada de los brazos de Edward, ahora sólo podía ver el angelical rostro de un muchachito castaño de pupilas escarlatas.
—¡Grandísima idiota! ¿Por qué no nos llamaste?... ¡Ya me imaginaba que acabarías haciendo algo estúpido…!
—¡También me alegro de verte, Alec! —dije, apenas murmurando.
—¡Alec! —reconocí la vocecita de soprano de Jane.
—¡Voy! —bufó Alec, girando los ojos.
Los alaridos de Victoria cesaron. Jane se acercó y me examinó de cerca.
—¡¿Se puede saber qué mierda tienes en la cabeza?
¡Por algo Jane no era mi persona favorita! ¡Siempre al grano y sin escrúpulos!
Tomó mi brazo izquierdo y lo alzó, soltándolo para que cayera flácido a mi costado. Empezó a negar con la cabeza. Miró en dirección a Bella, quien seguía derrumbada en el suelo, ya no lloraba, pero seguía atrapada en mi escudo. Seth... y Jacob (el debio haber sido el otro lobo que escuché) caminaban de un lado a otro, buscando la forma de liberarla.
—¡Te desprendiste del escudo! —chilló Jane con reproche—. ¡¿En qué estabas pensando? ¡Le prometiste al maestro Marcus que no lo volverías a hacer!
—¡Era una situación de vida o muerte…!
—¡Sí! ¡Eso me ha quedado más que claro! —interrumpió colérica—. ¡Y todo para qué… para proteger a una simple humana!
—¡Bella es mi amiga!
—¡"Amiga", sí, claro! —bufó, escéptica.
—¡Jane! —gruñí con las pocas fuerzas que tenía.
—¡Bueno!... ¡Pues ya que tan poco te importa tu vida, ¿qué tal si aprovecho ahora que estas indefensa? ¡Facilmente podría cobrarme las que me debes, "fenómeno"!
—¡Pues adelante, "engendro de Satán"! ¡No tendrás otra oportunidad igual!
—Eh… ¡Chicas! ¡Chicas! ¡CHICAAAS! —gritó Alec, parando el duelo de miradas—. ¿Por qué no discuten luego? Mi don no tiene límite, pero me resulta aburrido tener paralizada a esta pelirroja hasta que ustedes terminen.
Cuando dijo "pelirroja" voltee a ver a Victoria, inmóvil tendida en el suelo, con los ojos abiertos viendo a la nada. ¡Y entonces me di cuenta de que mi cuerpo había recuperado la movilidad!
Logré sentarme por mí misma, y tambaleante acabé por ponerme en pie. Lo primero que hice fue liberar a Bella, quien al comprender que ya no había barrera —cuando Seth logró poner una pata dentro del perímetro— se incorporó y abrazó al lobo rojizo, para despues correr hacia mi.
Jane no la vio con buenos ojos, pero optó por ignorarnos y junto con Alec empezó a "desmantelar" a Victoria. Mientras Edward, Seth y Jacob se internaron en el bosque recolectando los fragmentos del muchacho rubio.
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Bella y yo nos sentamos a la sombra de un abeto y observamos como los gemelos apilaban los miembros aún palpitantes de Victoria, y los cubrían de pinaza para después prenderles fuego. E igualmente horrorizadas observamos los viajes de Edward y los licántropos arrojando trozos de Riley a la llamarada.
—¿Sí comprendes… que lo que estamos viendo dejará traumáticas secuelas en nuestra memoria? —cuestionó Bella, meditabunda.
Intenté responder afirmativamente, pero no pude abrir la boca. Por lo que me limité a asentir muy lentamente.
Bella se volvió y me miró, sus ojos recorrieron mi rostro, atónita.
—¡Mina! ¡Estás verde!
Mis ojos se apartaron de la pira y enfrentaron a los de mi amiga.
—"¡No me siento bien!" —confesé apretando los labios.
Sentía unas náuseas terribles. Resultó inútil tratar de hacerme la fuerte, hay cosas que ni siendo mitad vampiro podré soportar, y ver cuerpos desmembrados consumiéndose en el fuego, definitivamente era una de ellas.
Cerré los ojos y respiré profundo. El olor de la humareda era asqueroso. Creo que me desvanecí por algunos minutos, porque no sentí en qué momento me trasladaron. Cuando volví en mí, comprendí que nos movíamos. Alguien me cargaba en brazos mientras se desplazaba como una ráfaga por el bosque. No tuve que abrir los ojos para saber quién era. Su olor era inconfundible, y su frío tacto en mi mejilla, el más reconfortante que podía existir.
—"Ya estoy bien, Edward. Puedes bajarme."
—"No pretendas hacerte la fuerte" —respondió con la mirada fija en el camino—. "Aún no estás totalmente repuesta."
Si no pensaba soltarme hasta que estuviera por "totalmente" repuesta, se iba a tener que conseguir una kangurera, porque esto iba para largo.
Tomé aire inflando los cachetes, y como no me prestó atención hice una gran pedorrera. Bajó el rostro y sus ojos se encontraron con los míos, pero volvió a apartarlos rápidamente volviendo su atención al frente. Noté que estaba sonriendo.
Por supuesto, no viajábamos solos. Mi mirada se encontró con la del enorme lobo rojizo que trotaba al lado derecho de Edward con Bella aferrada a su lomo.
—¡Jacob! —sonreí al reconocerlo—. ¿Cómo está todo en el claro?
El lobo me respondió con un aullido socarrón, mismo que interpreté como buenas noticias.
—"¿Y Seth?" —pregunté a Edward.
Hizo una seña ladeando ligeramente la barbilla. Miré sobre su hombro izquierdo y encontré al susodicho detrás de nosotros trotando despreocupadamente entre Jane y Alec, quienes lo veían de soslayo con incredulidad.
La expresión de Jane era enigmática. Me preguntaba qué estaría pasando por su cabeza, cuando sentí que Edward se agitaba. Parecía estar conteniendo una enorme carcajada.
—"¿Qué es tan gracioso?" —quise saber.
—"¡Ahora lo sabrás!" —avisó segundos antes de que Jane se atreviera a abrir la boca.
—¡Oye, Bella! ¡Tienes unas mascotas muy interesantes!... Toma mi consejo, y mantenlas lejos de Mina. A los dos años el maestro Marcus le compró un pony, y...
—¡Jane! —interrumpí, ella hizo silencio, pero me veía con una mueca burlesca.
—¡Se lo comió! —soltó de pronto.
Seth tropezó y trastabilló pero de inmediato recuperó el trote. Jacob me dedicó una mirada horrorizada, mientras que Bella me sonreía condescendiente.
—¡JANE! —me removí, avergonzada.
Quería saltar sobre la "Poly Pocket" y darle su merecido, pero Edward no me soltó. Al final tuve que volver a contar la trágica historia del venerable Antares, alias: "Andrés".
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Me percaté de que había reducido la velocidad. Los gemelos nos rebasaron poco antes de salir del bosque. Habíamos llegado al claro.
—¡Sorellina! —Heidi acudió a nuestro encuentro, y miró a Edward, confusa—. ¿Qué pasó? —quiso saber cuando vio que éste no me bajaba.
—¡Alguien va a ser castigada! —canturreó Jane divertida dando saltitos alrededor de Edward.
—¿Qué hiciste, Mina? —cuestionó mi hermana entrecerrando los ojos y con los brazos en jarras.
¡La que se me venía encima!
—Mee…mee…
—¡Muuu! ¡Muuu! —Emmett se burló de mí.
—¡Cuac! ¡Cuac! —hizo también Felix.
—¡Oink! ¡Oink! —le siguió Alice, dando una palmadita a Bella.
—¡Pio! ¡Pio! —respondió ésta.
—Eh…¿Kikirikiiii? —murmuró Rosalie, dudosa al notar que los anteriores la miraban.
—¡Gordogordogordogordo!
—¡PAREN LA GRANJA! —chilló Heidi, exasperada. De pronto se quedó pensativa—. ¿Y eso ultimo qué era?
—Un guajolote —respondió Demetri.
Me estaba costando un esfuerzo titánico contener las ganas que tenía de carcajearme cual hiena. Pero el buen humor desapareció en cuanto Alec habló:
—Mina se desprendió de su escudo —soltó con desparpajo—. ¡Mira, Jane! ¡Más perritos! —dijo emocionado y trató de acercarse a la manada. Tuvo suerte de que Esme lo detuviera a tiempo.
—¡FIORELLA VOLTURIIIIII! —gritaron a la vez Heidi, Felix y Demetri.
¡Estaban que escupían fuego! Cerré los ojos y busqué refugio en Edward. Él me sujetó con fuerza instintivamente y me acunó contra su pecho, alejándome de los tres ogros.
—¡No sabía que pudiera hacer eso! —escuché comentar a Carlisle interesado.
—¡Eso es porque NO DEBE HACERLO! —recalcó Heidi—. Por eso, ahora la muy bruta no puede ni mantenerse en pie sola.
—¡Sí puedo! —dije todavía temerosa, con mi cara enterrada en el pecho de Edward.
—¿Ah, Sí?... ¡Pues adelante! —me retó—. ¡Bájala, Edward!
Él no parecía tener intenciones de obedecerla. Así que le pedí telepáticamente que me bajara. Lo hizo. Y por fortuna logré mantenerme en pie… por cinco segundos, antes de que una chiquilla —que en mi vida había visto— se arrojara contra mí como una leona.
Por supuesto, todos reaccionaron, pero quien la detuvo fue… Jane. Y lo más increíble, es que no lo hizo usando su don. ¡La detuvo con sus propias manitas!
—¿Y esta por qué sigue viva? —interrogó.
Ella, Rosalie y Jasper rodeaban a la jovencita —aovillada en el suelo— sin quitarle el ojo de encima.
Apenas y lograba escucharla, un zumbido me llenaba los oídos. Ni Victoria había conseguido asustarme tanto. Tal vez porque esta vez no lo esperaba.
—Le dí la opción de rendirse. No vi necesario aniquilarla en cuanto se mostró voluntariamente dispuesta a dejar de atacarnos —respondió Carlisle, confuso miró a la muchachita, luego a mí (sentada en los hombros de Felix… ¡ignoro como llegué ahí!), luego a Bella (de pie entre Seth y Jacob), de nuevo a mí, de nuevo a Bella, y otra vez a la chiquilla.
Y no era el único. Los demás parecían igual de confusos. Edward tomó aire antes de explicar:
—Nos equivocamos.
—Victoria no me quería a mí —dijo Bella, y todas las miradas se posaron en ella, quien me miraba.
Todos siguieron el curso de su mirada hasta mí.
—¿Cómo…? —musitó Esme, perturbada.
—Robaron algunas de las cosas que guardaba en el locker del gimnasio —expliqué.
—¡Oh!...¡¿Se llevaron tus tangas? —exclamó Alice, con fingido asombro.
—¡ALLIEEEEE!
—¡Mina no usa esas cosas!
—¡AJÁ…! ¿Eh? ¡ALEEEEC!... ¿Y tú cómo sabes? —cedí ante la curiosidad.
—Eeee… yo…
—Entró a tu recámara buscando el CD que te prestó hace dos meses —Edward respondió por él, con la mirada perdida.
Me pregunté que estaría viendo en la mente de Alec. ¡Ojala no fuera mi ropa interior! Cabecee y volví a concentrarme en Alec…
—¡¿Y no se te ocurrió revisar en el anaquel de discos compactos que está en la salita?
—¡Lo hice!... ¡Y no estaba!
—¡Ups, entonces creo que me lo traje! —recordé—. Y en todo caso, ¿por qué supones que lo guardaría el cajón de…? ¡¿QUÉ HACES, JANE?
Me descolocó por completo ver a la pequeña psicópata sentada muy cerca de la hoguera, arrojando cositas blancas al fuego. Daba la imagen de una niña exploradora asando bombones frente a la fogata una noche de campamento… al menos hasta que el repugnante olor de la humareda me hizo comprender que Jane no arrojaba "bombones", eran trocitos pequeños de vampiro. Acababa de hacer cebiche de neófita en nuestra presencia, y ninguno nos dimos cuenta. ¡Así de letal era ese pequeño engendro del mal! —¡Me salió un verso sin esfuerzo!—.
Sacudí los hombros de Felix para que me pusiera en el suelo, y corrí dando traspies, hacia ella.
—¡Carlisle dijo que se rindió! ¡¿Acaso estás sorda? —reclamé molesta.
—¡Y posteriormente te atacó! ¡¿Acaso estás ciega? —devolvió en el mismo tono, con mirada amenazante cruzándose de brazos.
—¡Era sólo una niña! ¡Merecía otra oportunidad!
Sus ojos encontraron los míos y con una mirada que me provocó calosfríos, habló con voz solemne:
—¡No existen segundas oportunidades para quien quebranta las reglas!
Sus palabras me dejaron helada, me tomó varios segundos reaccionar…
—¡Sí las hay! —chillé exasperada—. ¡Sé que el tío Aro ha aprobado situaciones similares en el pasado!
Jane explotó. Nunca antes había experimentado de primera mano la verdadera fuerza física de la enana, hasta ese día. Tiró de mi brazo, y débil como estaba no pude resistirme cuando me hizo caer de rodillas a su lado. Me empujó por los hombros y me obligó a ver de cerca los trozos que aún quedaban de la niña. Las falanges parecían tener vida propia, y algo que parecía cartílago de la oreja daba la impresión de que vibrara. No quise ver, cerré los ojos asqueada mientras escuchaba la vocecita silbante de mi compañera en mi oído.
—¡Eso, ya no es una "niña"! ¡Entiéndelo!... ¡Es un monstruo, creado y entrenado para el único propósito de asesinar! ¡Y tú eras el blanco!... ¡¿Por qué nunca entiendes…? —se interrumpió abruptamente.
La ira que sentía fue suplida por una nota de vergüenza. Me soltó y se puso en pie de un salto, empujó los restos de la neófita al fuego dando una patada y se perdió en el bosque. Como siempre, Alec fue tras ella.
Yo me quedé ahí, en la tierra. Profundamente contrariada. Alguien se acercó arrastrando ligeramente los pies, lo que me hizo suponer que quería ser notado. Miré hacia arriba y encontré el rostro siempre amigable de Jasper.
—¡Ven! —me pidió tendiéndome las manos, las tomé y tiró de mí hasta ponerme en pie—. Esta vez, tienes que aceptar que ella tiene algo de razón —dijo con cautela mientras caminábamos lejos de la hoguera.
¡¿Razón? ¡¿Jane tenía razón en ser una sádica? Estuve a punto de replicar, pero "alguien" me interrumpió.
—Permíteme, Jasper.
El rubio asintió una vez y se fue dejándome sola con Edward.
Rodé los ojos y seguí caminando hasta quedar a la sombra de los árboles, en el contorno del claro.
—"¿También crees que era lo correcto?" —pregunté al ver que me había seguido, recargándome en un grueso arce, cruzada de brazos.
¡Lo último que me faltaba era que él también estuviera de acuerdo con esa actitud tan desalmada!
—"No. Pero ya no hay nada que se pueda hacer. ¿Verdad?" —respondió. Su voz era pausada y dubitativa.
—¡Siempre es tan impulsiva e irracional!—farfullé cerrando las manos en puños sin poder contenerme—. ¡Es… es… esunachiquillacaprichosa! —solté de manera atropellada.
Edward puso sus manos en mis hombros, recorrió mis brazos como una suave caricia y al final tomó mis manos, deshaciendo la tensión en ellos. Alcé el rostro y le vi arqueando una ceja.
—"Sí, ya sé lo que vas a decir. Es igual a mí" —acepté—. "Tal vez por eso no congeniamos, polos iguales se repelen" —terminé encogiéndome de hombros, resignada.
—"Lo que iba a decir, es que efectivamente, sí es una chiquilla caprichosa" —explicó, y volví a verlo, escéptica—. "Considera esto: ella fue convertida cuando sólo tenía trece años. Es como si se hubiera congelado en esa edad… Aun así no puedes negar que tiene sus buenos momentos" —puntualizó.
Pensándolo un poco, lo cierto es que la enana ese día había actuado moderadamente. Además de haberme rescatado de las garras de Victoria; me volvió a proteger cuando la neófita me atacó; y se había comportado bien con Bella… hasta el momento.
—"Edward. ¡Dime que piensa Jane de Bella!" —me urgía saber.
Tan desesperada estaba que al despegarme, el grueso tronco del árbol se estremeció y algunas hojas llovieron como confeti —una de ellas se ensartó en mi fleco haciéndome bizquear—.
—"¡Despreocúpate! No tiene intención de hacerle daño. Si es lo que temes" —dijo bastante tranquilo mientras tomaba la hojita con su índice y pulgar derechos con sumo cuidado.
—"De hecho así es" —confesé, y bajé el rostro, ocultando tras el fleco el rubor que seguramente estaría invadiendo mis mejillas.
—"Escucha. Esto te sorprenderá, y puede que no creas en mí, pero Jane te entiende mejor de lo que piensas…"
—"Tienes razón. Estoy sorprendida" —interrumpí, todavía viendo al suelo—. "Y no…" —mi voz se cortó, insegura de decir que no creía en él. Porque lo cierto era que sí lo hacía.
Estaba sorprendida por lo que había dicho, pero estaba aún más sorprendida por darme cuenta de lo fácil que se había hecho para mí creer indiscutiblemente en sus palabras. ¡Lo creía! Y no por porque Jane me hubiera dado motivos para hacerlo, sino por el simple hecho de que él lo decía. ¿Qué me había hecho? ¿Qué extraño poder ejercía sobre mí? ¿Algún tipo de don extra? Y de ser así, ¿era consciente de él?
—¡Fiorella!
Esta vez al decir mi nombre, no sonaba a una llamada de atención. Por el contrario, cuando levantó mi rostro por la barbilla, —sacándome de mi ensimismamiento— y usó ese nombre, lo sentí más como una caricia.
Comprendí que había desconectado por completo, atrapada en mis propios pensamientos. Tenía que reaccionar, y pronto, si no quería que notara cuan abrumada me encontraba. Pero no tenía ni remota idea de lo que había estado diciendo —Después de mi descubrimiento personal apenas y escuché un débil murmullo incomprensible—.
—¡Perdón!... ¿Qué decías? —parpadee confusa.
Su ceño se arrugó, parecía estarme evaluando, o esperando que explicara mi estado ausente. Pero no dije nada más, sólo esperé a que él hablara. Respiró profundo y se rindió…
—"Decía"… —empezó de nuevo e hizo una pausa, como tanteando si le estaba prestando atención, y al comprobar que así era, continuó—… "que Jane te entiende mejor de lo que piensas, y quizá es momento de que tú trates de entenderla a ella."
¡Jo! ¡Sí, cómo no! ¡Entenderla!... ¡Ni con un doctorado en psicología lograría entender la defragmentada psique de esa liliputiense!
—"¡Ey, no es mala idea!" —comentó de pronto algo retraído.
—¿El qué? —me saqué de onda.
—"Jasper ha botado mis sugerencias en el pasado, pero tal vez si alguien conocido —me miró de reojo— le acompaña, se decida a estudiar la carrera de psicología."
—¡Eh… oh… no me digas! ¿Volví a pensar en voz alta? —tartamudee.
—¡De acuerdo! No lo diré —pero asintió con una media sonrisa.
¡Y qué sonrisa! Presioné mis labios antes de que ese pensamiento saliera de ellos. Edward me miró confuso, pero sin dejar de sonreír. Sus ojos dorados brillaban con un resplandor que antes no había notado. Había algo diferente, no sabía qué, pero estaba segura de que algo en él era diferente.
Por supuesto, el seguía hablando, y por la forma atontada en que ahora lo veía, debió suponer que lo estaba escuchando. Pero poco —o mejor dicho, nada— me enteré de lo que decía. De manera que me tomó desprevenida cuando me tomó de la mano y dijo "¡Vamos!" —la única palabra que logré discernir—.
Tuve pena de volver a mostrarme ignorante. Así que dejé que me condujera bosque adentro. Me abstuve de realizar cualquier pregunta, y cuando estuvimos lo suficientemente cerca de los murmullos, comprendí lo que iba a hacer… o mejor dicho lo que "yo" debía hacer.
—Ya han sido muchos años de rencor injustificado. Deberías explicarle, aunque no lo creas, ya es lo bastante madura para comprend… —la voz de Alec se apagó súbitamente cuando estuvimos lo bastante cerca para ser notados.
Desee preguntar de qué estaban hablando, cuando los menudos cuerpecitos de los gemelos entraron en mi rango de visión. Pero esa duda dejó de tener importancia cuando la voz mental de Edward inundó mi cabeza con sólo una palabra, una orden: "¡Escúchala!". Voltee pero ya no estaba conmigo.
Jane estaba tendida en el pasto, boca a bajo con los talones cruzados en el aire. Parecía tener algo entre las manos, pero estaba de espaldas de manera que no pude ver que era.
Alec estaba frente a ella, sentado con las piernas cruzadas al frente —como si estuviera haciendo yoga—. En cuanto me vio se incorporó y caminó en mi dirección. Me dedicó una sonrisa de aliento al pasarme de lado para alejarse, al igual que lo había hecho Edward.
Respiré profundo, dándome ánimos para soportar lo que fuera que pudiera pasar. Tal vez una resolución, o una nueva riña. Lo que fuera, estaba segura que sería algo memorable.
Me acerque, pretendiendo tomar el lugar que había dejado Alec. Pero Jane se giró apoyada en sus codos y me miró fijamente. No tenía la típica mirada psicópata, sino una mirada extrañamente torturada. Eso me paralizó. Tardé más de un segundo en recordar que yo podía sentir su estado anímico, y dado que no había rastros de ira reprimida —como la mayoría de las veces— me sentí más tranquila y me senté sobre mis talones.
Tampoco tuve que preocuparme por iniciar una conversación, ya que Jane empezó:
—Hace tiempo hice una… amiga, la quería mucho, y ella a mí —inició con voz extrañamente tímida—. También quería a Alec. Siempre se preocupaba por nosotros, era muy dulce y amorosa… ¡Como la madre que siempre quisimos tener! —por la forma en que su voz se rompía, hubo momentos en que de verdad consideré la posibilidad de que empezara a llorar.
Además de que podía identificarme con lo que decía. Por desgracia yo no tuve a mi madre conmigo, pero me estaba dando cuenta de que lo que sentía por Esme era sorprendentemente parecido a lo que Jane había sentido por esa "amiga".
—Cometí el error de suponer que siempre la tendría en mi vida, y eso no fue posible. ¡Ella era humana! —continuó.
Me mordí el labio reprimiendo el impulso de abrir la boca hasta el suelo. ¿A esto se refería Edward cuando dijo que Jane me entendía? ¿Por eso no lastimaría a Bella?
—Pero como todos los humanos, ella era demasiado frágil para sobrevivir en nuestro mundo. No ha sido fácil superar esta pérdida, pero verte sana y llena de vida lo hace más llevadero… ¡claro, cuando no siento deseos de estrangularte yo misma! —concluyó riendo amargamente.
Me quedé pasmada. No sabía si estaba bien reír solidariamente sin comprender ni gota de lo que decía. Creo que hice una mueca, parecida a una sonrisa, pero la confusión no me permitió dar más y terminé preguntando:
—¿A mí?
Ella dejó de reír, y volvió a mirarme como al principio.
—Sí —sus ojos parecieron iluminarse mientras escrutaba mi rostro.
Extendió su mano frente a mí ofreciéndome lo que había estado sosteniendo, yo le tendí la mía y dejó un guardapelo plateado y redondo, en mi palma. Lo abrí mientras ella seguía hablando.
—Esa mujer a quien quise como a una madre… era Mabel —finalizó cuando atónita observé a la mujer en la foto del interior.
De pronto necesité mucho aire. Tomé una gran bocanada y contuve el aliento. No quería llorar, pero mis ojos parecían no estar de acuerdo porque mi visión se nubló y casi al instante las gruesas gotas saladas corrieron por mis mejillas.
¡Ahora tenía sentido! ¡Ahora entendía a Jane! Y si me odiaba, no podía culparla por hacerlo… ya no. Si bien era cierto que yo no tuve a mi madre conmigo, siempre supe que ella me amaba, y la prueba estaba en que yo estaba aquí ahora. En cambio, la madre de Alec y Jane los había abandonado siendo muy jóvenes —asustada de los dones que estos poseían, temerosa de sus propios hijos—, y cuando finalmente encontraron a alguien que los amara, llegué yo y los condené nuevamente a la soledad.
¡Sí! ¡Jane tenía todo el derecho a aborrecerme! Y sin embargo, en la última hora lo único que había hecho era protegerme.
—¡No llores!... ¡Por favor! —dijo, y su voz se rompió en la ultima frase, arrojándose hacia mí y abrazándose a mi cuello—. Sé que es difícil de creerlo porque la mayoría del tiempo te estoy amenazando de muerte —susurró con voz temblorosa y su cabeza contra mi pecho—, pero te quiero. ¡Y si a veces actuó irracionalmente es sólo porque no quiero perderte a ti también!
Su pequeño cuerpo se agitaba, sollozando —sin lágrimas, por supuesto—. Nunca creí que ese pequeño demonio pudiera verse tan frágil como en ese momento me lo parecía. Como si tuvieran mente propia, mis brazos la rodearon y devolví el abrazo. También las lágrimas habían cedido, como si la voz de Jane fuera el interruptor.
—¡Gracias, Jane! —logré decir con voz ronca.
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Al pasar el momento emotivo, continuamos conversando sobre cosas menos relevantes. Me contó como iba todo en casa: la única novedad era el debut y despedida de Caleb —un idiota vanidoso y prepotente de la guardia— como el "cebo interino" en ausencia de Heidi. ¡Pero a mi hermana no hay quien la iguale!
Yo la puse al corriente de lo que había estado haciendo en Forks. Le conté sobre el instituto y las amigas que había hecho ahí. También sobre los muchachos de La Push, lo cual la dejó patidifusa cuando le expliqué que las que ella creía que eran mascotas de Bella, en realidad eran humanos.
—¡¿Cómo no me dí cuenta? —decía mientras caminábamos de regreso con los demás—. ¡Más con ese hedor! ¡Si ningún animal huele tan… así! —concluyó ante mi mirada más feroz.
—¡Por cierto, también tu olor les desagrada a ellos!
No pude evitar reírme de la cara que puso. Era como decirle a Rosalie que le ha salido un grano en la nariz. Me estaba carcajeando de lo lindo pero casi me ahogo con mi propia saliva cuando llegamos al claro y vi todo lo que habían montado.
La gran hoguera había quedado en el olvido. En el extremo opuesto del amplio "ex campo de batalla" se habían reunido vampiros y quileutes —de los cuales sólo reconocí a Leah, Seth, Jacob, Quil y Embry, ya que a los otros sólo los había visto como lobos— para lo que parecía una especie de celebración post batalla.
Jane y yo nos miramos una a la otra, igual de desconcertadas.
—¡SOPRANO! ¡CÁIGANLE! —gritó Quil agitando un brazo en el aire. Tenía a una adorable niñita no mayor de dos años en sus hombros.
—¿Soprano? —me cuestionó Jane.
—Larga historia —dije aparentando aburrimiento.
Debía ir pensando en una buena historia que inventar, cualquier cosa menos la verdad, o también querría extinguir a Edward.
—¡Vamos a co…onversar un rato con ellos! —corregí automáticamente antes de decir "comer".
—¡Tonta! —rió y tiró de mi brazo—. ¡Si tienes que comer, tienes que comer!... Además yo tengo curiosidad por conocer a tus amigos los cachorritos.
En cuanto mencionó el comer, recordé que no había desayunado nada esa mañana y mi estómago rugió como si me hubiera tragado un violín con todo y violinista, o peor aún… un chelo.
Ni la manada ni las humanas que estaban con ellos se dieron cuenta, pero todos los vampiros presentes voltearon en nuestra dirección.
—¡Dios! ¡Esto es tan vergonzoso! —me tapé la cara con ambas manos, pero un delicioso y apetecible aroma me hizo apartarlas.
Edward estaba frente a mí sosteniendo un plato con dos perros calientes —¡sin ofender a los chicos de La Push!— ya preparados. Me veía con gesto aprehensivo.
—¡Dime que no tienes intención de hacer lo mismo que con el plátano! —solicité, recordando cierto día en la cafetería del instituto.
—No tengo idea de qué significa eso, pero creo que prefiero no enterarme —murmuró Jane apartándose de nosotros con expresión perturbada.
Decidí ignorarla y mientras Edward estaba distraído vigilando los movimientos de la enana, tomé una de las salchichas y le di una mordida. Cuando me escuchó tragar se volvió hacia mí alzando las cejas.
—¿Qué?... ¿Me vas a decir que era tuya?
Negó desenfadado. Me distraje mirando como Alec conversaba entretenido con Seth. Jane se acercó, los presentó y ella devolvió el saludo cortésmente.
—"¡Parece que todo ha salido bien!" —dijo tras observar a los chicos.
—¡Sí! —suspiré—. ¡Gracias!
Si él no me hubiera convencido, por mí misma jamás habría tenido esa conversación con Jane y ahora seguiríamos como perros y gatos —o como Tom y Jerry; o Silvestre y Piolín; o Bugs y Lucas; etc—.
Sonrió, y otra vez ese brillo en sus ojos de topacio me atrapó. El tiempo seguía corriendo y yo simplemente no tenía la fuerza para apartar la mirada.
Alguien debió contar un chiste muy bueno, o algo, y nuestros amigos rieron escandalosamente. Esa fue la pauta para romper el contacto visual.
—"¿Qué es todo esto?" —pregunté ocupando mi boca en masticar el resto de la salchicha, por temor a que los nervios volvieran mi voz chillona, como siempre.
—"Alice…"
—"Con eso basta" —puse los ojos en blanco, y él rió.
Por supuesto. Solo ella podía pensar en festejos a pocos minutos de una cruenta batalla.
—"Tómalo como una fiesta de despedida" —sugirió.
—"En ese caso… ¿dónde están los strippers?"
—"No ese tipo de despedida" —respondió con acritud entrecerrando los ojos.
—¡Lástima! —suspiré con fingida decepción, miré en dirección a un par de muchachos quileute—. "Esos dos se verían muy bien" —añadí con picardía, disfrutando como se le desencajaba la mandíbula.
—"¡Colin y Brady son niños!" —gruñó, mentalmente.
—Lo dicho... ¡una verdadera lástima! — volví a suspirar y me alejé dando saltitos.
Antes de sentarme a la sombra con Bella y Alice, eché una miradita atrás, comprobando que Edward seguía enraizado donde le dejé, todavía con el plato en la mano y una cara muy graciosa de aturdimiento total. No pude reprimir las ganas de reír.
—¿Qué le dijiste? —cuestionó Alice observando a su hermano divertida, y agregó:— ¡Lo que se ha perdido Rose!
—¿Yo? ¡Nada! —me hice la desentendida.
Bella me veía desconfiada, pero ni ella ni Alice insistieron. En lugar de eso, retomaron un tema que yo daba ya por zanjado.
—¿Ya pensaste bien mi sugerencia? —inquirió Bella.
—Esme y Carlisle estarían muy felices si aceptas.
—Perdón, pero… ¡me he perdido! —mi cabeza daba vueltas buscándole sentido a sus palabras—. ¿De que estamos hablando?
—De quedarte una temporada —respondió Bella—. Terminar el instituto, ir a la universidad…
Dejó la frase en el aire mientras me veía de manera significativa. Entonces comprendí el tema que Bella pretendía abordar, y no era lo relativo a los estudios.
—Bella, la química no es suficiente —repetí mirándola fijamente.
—¿Química?... No sabía que te gustaran las ciencias —murmuró Alice confundida tocándose el labio con el índice.
¡Se me había ido la lengua! Dije en voz alta lo que pretendía decir sólo a Bella. Que hubiera —como ella le llamaba— "química", no era razón suficiente para aferrarme a una relación con Edward. ¡Tenía que entenderlo ya!
De milagro Alice no siguió haciendo preguntas. Se distrajo fácilmente cuando Emmett y Jasper llegaron con una pequeña planta de energía portátil y un equipo de sonido. Apenas medio se disculpó y nos dejó para ir a instalar un programa de karaoke.
Temí que Bella aprovechara para volver al ataque, pero mi salvadora llegó.
Jane se sentó ocupando el sitio de Alice y saludó nuevamente a Bella. Al parecer ya habían tenido oportunidad de conversar un poco cuando yo me desvanecí en las montañas.
—Hay algo que todavía no entiendo —dijo Jane de pronto, mirando a Bella—. ¿Por qué pensaron que la pelos naranjas te quería a ti?
—Porque Edward mató a James para salvarme —respondió.
—¡Aaaah! —alargó la expresión mientras parecía seguir reflexionando—. Pero sigo sin entender... digo… si yo estuviera en su lugar y quisiera vengarme de Edward, trataría de darle donde más le duele e iría por su pareja, no por la chica que salvó. ¿No es lo más lógico?
—Bellie era la novia de Edward —expliqué.
—¿Lo era?... Como sea —corrigió rápidamente sacudiendo la cabeza—, "era" es tiempo pasado. La novia ahora eres tú —me miró interrogante. Bella y yo intercambiamos miradas—. ¿O no?
—Creo que ese fue el error. Tanto de Victoria, como nuestro —dije—. Ella debió haber escuchado los rumores, y dio por sentado que eran la verdad.
—Bueno, eso es porque ustedes han sido muy convincentes —interrumpió Embry, estaba de pie a un lado de mí, podía ver sus pies.
—¡Nadie te preguntó, Manchas!
Le dí un golpecito con la palma de la mano en una pantorrilla y perdió el equilibrio, no fue suficiente para tumbarlo, pero sí para que se manchara la cara con la mostaza de su hamburguesa.
Bella y yo nos reímos, pero Jane seguía absorta.
—Entonces, no —se dijo pensativa, respondiendo a su propia pregunta.
—Nope —corroboré, todavía carcajeándome de Embry.
—Pero el Maestro Marcus dijo…
—Sólo lo supuso, Jane.
—Oh —parecía más confundida que al principio.
La vi con ganas de seguir haciendo preguntas al respecto, así que en cuanto escuché que Alice pedía un voluntario para cantar con ella, me levanté como un resorte alzando la mano y gritando "¡Yooo!". Y así logré darme a la fuga del interrogatorio.
Ahora sí, chicas. Sobre la pregunta de ambas: por qué el objetivo era Mina, en la parte final del capítulo está la respuesta.
Respecto a sí se trataba de venganza contra los Volturi, la respuesta es: no. Victoria sólo quería vengarse de Edward, y ¿qué mejor forma que aniquilando a su "prometida"?
En cuanto a qué chin... llegó Edward: fue gracias a Seth y su enlace mental con el resto de la manada. Edward, a través de los lobos pudo ver lo que sucedía en el campamento y reconoció a Victoria. Ya sabemos como es de alarmista, no pudo esperar y fue en su auxilio —también Jacob, sólo que él llegó primero—.
OK... creo que esas eran las dudas por ahora. Por favor, si hay algo más en lo que no me haya explicado bien, díganmelo. Estoy consciente de que muchos detalles se me suelen escapar al momento de plasmar las ideas en palabras. XD
Muchas gracias por comentar! Por ahora me despido. Cuidense mucho! Nos estamos leyendo!
Besos, Ninie.
