He aquí un brevísimo complemento de la historia, y lo lamento, creo que no soy buena con los finales... ¿por qué será? Jejeje... bueno, como sea, creo que di mi mejor esfuerzo con esta historia. ¡Y ni se imaginan la que está por venir muajajaja... pero bueno, todavía está en edición XD!
Sólo una ultima aclaración: este relato no está narrado desde el punto de vista de Mina, sino de un tercero... que supongo vendría siendo yo: la autora jejeje.
¡Espero lo disfruten!
"Soprano"
By Ninie
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Epílogo
Las primeras luces de una mañana inusualmente soleada, se filtraban entre las inmaculadas cortinas blancas de la recámara, bañando con su calidez, parte del torso desnudo de cierto vampiro de rebelde cabellera cobriza, y arrancando suaves destellos diamantados a su marmórea piel.
En su cuello, podía sentir la sutil caricia de la respiración de una morena cuya nívea piel —casi tan pálida como la suya—, emanaba un calor antinatural en un humano. Bajo las sábanas, su brazo izquierdo rodeaba el cuerpo de la joven de melena chocolate, pegándola a su cuerpo.
Sus ojos estaban cerrados, en una expresión de relajada felicidad, perdido en el éxtasis de los sueños de esa hermosa semi-vampira. Tanto que en ocasiones llegaba a sentir como si fuesen propios.
Miró el reloj sobre la mesita de noche, ya era casi la hora en que regularmente ella despertaba. Besó su frente y acarició su cabello. Se sentía tan afortunado por tenerla a su lado.
—¡Edward…! —escapó en un suspiro de los labios de la durmiente.
Estaba soñando con él —podía afirmarlo porque él mismo lo estaba viendo—… siempre lo había hecho. Desde que se conocieron, hace casi dos años. El vampiro ha estado presente en cada uno de sus sueños… aunque claro, ella jamás lo recuerda. Edward sonríe al pensar en la ironía de la situación.
La escena en su mente empezó a desvanecerse y lo siguiente que vio, fue a si mismo con los ojos cerrados. Los abrió repentinamente y se encontró el hermoso rostro de ella, sus ojos grises resplandecían como mercurio, mientras sus labios se iban perfilando en una tierna sonrisa.
—¡Parece que "hemos" tenido un estupendo sueño! —dijo divertida, todavía contemplándolo.
—Sí, lo tuvimos —coincidió inclinándose hacia ella para robarle el primer beso de la mañana.
Pero lo que inició como un tímido roce de labios se fue transformando plácidamente en un beso cada vez más cargado de pasión, por parte de ambos.
—Se han levantado —las sutiles voces infantiles provenían de fuera de la recámara.
La pareja se congeló al momento. Y Edward comprendió cuan lejos habían llegado, pues la morena estaba a horcadas sobre su cuerpo y él la apretaba posesivamente.
La puerta se abrió con estrépito y ella se incorporó en su lado de la cama atusándose los cabellos con una rapidez admirable hasta para un vampiro.
—¡Buen día, corazones! —recibió amorosamente a la parejita. Los niños treparon ansiosamente a su cama para fundirse con Mina en un abrazo triple.
—¡Buen día, mami! ¡Feliz cumpleaños! —dijeron a coro.
Se notaba que lo habían estado practicando, pues pese a ser gemelos, rara vez estaban en la misma sintonía.
—¡Buen día, papi! —agregó tímidamente la pequeña. Disculpándose con la mirada, por no querer romper el abrazo con su madre para saludarlo, como era su costumbre: con un beso en la mejilla— "Hoy es día de mami" —pensó para él.
Edward sonrió, y se acercó a ellos uniéndose al abrazo grupal. Y recibiendo así finalmente, el beso de su pequeña, y después, otro en los labios por parte de su esposa.
—¡Ey! ¡No empiecen con "eso"! —reprochó el pequeño lanzando una mirada acusadora a sus padres. Entonces, un brillo maquiavélico apareció en sus grandes ojos verde esmeralda—. Papá te dará su "regalo" en la noche, mami —añadió en un tono pícaro.
Mina abrió unos ojos como platos y su rostro se tornó carmesí, mientras veía al primogénito de sus gemelos como le devolvía la mirada alzando y subiendo las cejas en un gesto demasiado sínico para su edad.
El niño soltó una risotada, divertido con la expresión de su madre.
—El tío Emmett tenía razón, mami se a puesto colorada —dijo la niña viéndola con ternura.
—¡Emmett! —gruñó Mina, recobrándose.
Edward todavía no podía… ¿Era ese mini-demonio hijo suyo? Bueno… el cabello, los ojos, y ese escalofriante parecido con aquél niño de las fotografías que recuperó Carlisle entre las pertenencias de Elizabeth Masen… ¡Qué diablos, el pequeño era un clon de aquél niño... o sea, él! Conclusión: sí, era suyo.
—¡EMMETT, GRANDÍSIMO HIJO…!
—¡Amor! —Edward alcanzó a salir de su estupor, frenándola antes de que soltara alguna palabrota frente a los infantes.
Al parecer, captó la indirecta. Entonces saltó de la cama y salió corriendo de la cabaña en pos del gracioso de su cuñado. ¡Pobre de él si lo encontraba!
—¡*AHOOOOOO! —¡Y lo encontró!
La palabra hizo eco en el bosque, y Edward se alegró de que los niños no supieran el significado que llevaba... aun.
El pequeño también echó carrera, entusiasmado, cuando escuchó el grito de su madre.
—¡Tony, vuelve aquí…! —lo llamó Edward, inútilmente.
—Papi…
Se volvió hacia la pequeña semi-vampira. Compartía el color de ojos y cabello de su hermano, pero en los rasgos faciales se parecía mucho a su madre… (y en personalidad muchas veces a su abuelo Marcus).
—¿Por qué mami le dice "ajo" al tío Emmett? —preguntó con inocencia.
—Eh… bueno, Lizie… tu mami… —no se le ocurría nada ingenioso que decir.
Por otro lado, se sentía bastante incómodo: podía escuchar las voces de Esme y Rosalie, en la lejanía, suplicando a Mina por que se detuviera; las de Alice, Jasper y… ¡claro!, Tony, vitoreándola; y varios "¡auch!", "¡para!", "¡ya entendí!", etc., del propio Emmett. Sin embargo, no podía ver absolutamente nada.
Eso tenía que ser obra del niño: ¡Siempre bloqueando su don cuando había algo divertido… que diga, importante, que ver!
—¿Papi?... ¿Quieres ir a ver como mami hace puré del tío Emmett?
La expresión de la niña era serena.
—Supongo que alguien debe detenerla —justificó, alzándola en brazos para salir velozmente de la cabaña.
Casi llegando a la mansión, Mina tenía a Emmett contra el suelo. De algo le resultaba familiar esa esena… ¡ah, sí! A él le había hecho lo mismo una vez, en el instituto, durante la clase de deportes. Esa fue la primera vez que Carlisle lo castigó… ¡cómo había echado de menos su piano! Al menos hasta que encontró una actividad más divertida poniendo a Mina de los nervios. Como la tarde que Demetri llegó de improviso, situación que no dudó en aprovechar ya que con la imprimación de Leah, Mina se veía tan afectada emocionalmente que no podía ni soltarlo.
—¿Papi, no ibas a detenerla? —Lizie lo trajo de vuelta, dandole palmaditas en las mejillas.
—¿Eh?… Ah, sí —cabeceó, aun aturdido por los recuerdos—. ¿Fiorella, esta te parece forma de celebrar tu cumpleaños? —preguntó con el tono más estricto que encontró… que no era mucho, porque cuando se trataba de ella tenía la voluntad de una gelatina.
Y era una verdadera suerte que ella lo supiera y le amara lo bastante para saber cuando no ponerlo en evidencia frente a sus hermanos.
Mina suspiró con cansancio y soltó a Emmett.
—¡Papá! ¿Por qué siempre tienes que arruinar la diversión?
—¡No, Tony, tu padre tiene razón!... ¡Emmett, discúlpame por favor! —pidió Mina. Por toda respuesta, el grandullón le dedicó una sonrisa de oreja a oreja y le giñó un ojo. Satisfecha, se volvió nuevamente a su hijo—. Y usted jovencito, no aprenda la imprudencia de su madre…
—¡Jo! ¿Le pides peras al olmo?
Todos se volvieron a la vez en cuanto escucharon la familiar voz del licántropo, saliendo de entre unos cetos.
—¡Seth, hoy no deberías estar aquí! —chilló Alice, alarmada.
Mina intentó decir algo, pero se quedó muda cuando vio como de pronto entre Emmett, Jasper y Rosalie, alzaban al muchacho y se perdían de vista internándose en el bosque.
—Que… ¿Qué pasa aquí? —logró formular, todavía atónita.
—Quiero ir con Seth —pidió la niña a su padre, suplicante.
—Ahora no, Lizie. Estamos esperando visitas —le dijo Esme, tomándola de brazos de Edward para llevarla dentro de la casa, Alice hizo lo mismo con el pequeño.
—¿Qué visitas? —cuestionó Mina, desconcertada.
—Ya las verás, cielo. Ahora vamos a que te cambies. ¿O piensas usar camisón todo el día? —intentó distraerla su esposo. No podía decirle nada. Era una sorpresa.
—Mmm… no estaría de más, puedo proponer una fiesta de pijamas —dijo de manera ocurrente—… ¡Ey! ¡Espera, no me cambies el tema, Edward Cullen! ¿Por qué Seth no puede quedarse?
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—"Mas le vale a esa alfombra con patas no aparecerse por aquí el día de hoy."
Mina compartía el mismo pensamiento que su esposo —exceptuando lo de "alfombra con patas"—, media hora después, cuando Carlisle llegó, acompañado por tres miembros de la familia Volturi: Heidi, Jane y Marcus.
—"Descuida. Los chicos ya lo han puesto sobre aviso."
Hacía rato que Emmett, Rose y Jasper habían vuelto del bosque... sin el licántropo.
El resto de la mañana se desenvolvió pacíficamente. Incluso Bella se pasó por ahí para felicitar a su amiga —y ayudó con la extinción del pastel de frutas que Felix había enviado con Heidi—. Todos en Volterra le enviaban sus felicitaciones, y saludos para la familia completa. Todos querían asistir, pero tenían deberes que cumplir en Italia.
—¿Y cuándo es que piensan visitarnos? —preguntó Jane entre la conversación.
—Probablemente en vacaciones, pero apenas iniciará el semestre —respondió Mina, apenada. Acababan de inscribirse a la Universidad de Washington. Cabe señalar que ella y Jasper tomarían las mismas clases, gracias a una antigua sugerencia de Edward.
—Pero... tienen que ir —insistió Jane, con su tonito de niña caprichosa—. El maestro Marcus les ha comprado una villa a las afueras de la ciudad...
—Jane...
—¿Es eso verdad, papá? —Marcus asintió, ligeramente avergonzado.
Mina se enterneció, a la vez que sentía algo de culpa. Su padre lamentaba mucho el ya no convivir recurrentemente con ella. Pero el saberla al lado del hom...bueno, vampiro, que ella amaba, lo tranquilizaba. Podía ver con claridad la fuerte relación entre ellos y eso era suficiente para él.
Así como a Edward, los pensamientos de Marcus, le hacía infinitamente feliz. Porque era una confirmación más de que este era su destino. De que así era como debía ser.
—Al terminar el primer semestre... podríamos irnos de intercambio a Italia —comenté Edward de manera casual—. ¿Qué opinan ustedes? —preguntó a sus hermanos, Esme y Carlisle.
—¡Italia!... ¡¿Por que no nos estamos llendo ya? —chilló Alice emocionada.
Podía ver el recorrido de tiendas que iba trazando mentalmente. ¡Su hermana era un caso perdido!
Los demás asintieron en acuerdo con su propuesta, todos lo apoyaban, a sabiendas de que eso haría más feliz a Mina. En eso estaban cuando un grito de terror explotó en la segunda planta de la casa.
Alice fue la primera en llegar, estaba arrodillada en el suelo del corredor, frente a la puerta abierta del cuarto de baño, abanicando a Bella con una toalla.
—¡Tranquila, Bells, respira! ¡No es sangre!
Pero Bella estaba en shock, mirando al par de "mini-beast" —dícese Lizie y Tony—, chapotear en la bañera repleta de un líquido rojo y espeso. Finalmente, haciendo caso a las palabras de Alice, llenó sus pulmones de oxígeno...
—Sa... sa... sa...
—¡Ya cuza, ya cuza...!
Mina estiró una mano y tapó la boca a Emmett, que se había puesto a cantar.
—¿Sa...salsa de tomate? —logró terminar Bella, reconfortada.
—¡Carlus Anthony, Mabel Elizabeth!... ¿Se puede saber que están haciendo? —Mina miraba a los gemelos, con los brazos en jarras, taconeando un pie en el suelo de azulejos.
La casa se quedó en silencio. Un "silencio sepulcral" que sólo Anthony podía provocar a su padre. Tenía talento para inhabilitar el don de casi cualquier vampiro (excepto aquellos que como el de su tío Jasper, no tenían nada que ver con la mente), sin embargo solía perder el control con facilidad.
Los dos pequeños se habían congelado con los brazos extendidos al frente mientras se salpicaban uno al otro —está de más decir que el baño había quedado hecho una porquería—, con idénticas expresiones de horror... porque, si Tony temía a alguien verdaderamente, esa era la —apodada por Jacob Black— "mami-berserker".
Bueno, no sólo Tony... ¡Todos le temían!
—Tía Heidi ha dicho que apestamos —la tímida vocecita de Lizie, salió de uno de los "Hellboy Mini Toy" frente a ellos.
—¿Apestan, Heidi? —Mina se volvió irritada hacia su hermana, mirandola con ojos entrecerrados. Heidi retrocedió instintivamente.
—Bu... bueno... ¡Es que... huelen a licántropo! —respondió la aludida.
—Ah, OK, eso si es probable ya que pasan mucho tiempo con Seth... y los otros chicos de la manada —agregó rápidamente, nerviosa. Y la voz no le salió chillona de puro milagro—. Pero, ¿que tiene que ver la salsa de tomate? —los vio de nuevo, arqueando una ceja.
—El tío Emmett dijo que la salsa de tomate limpia el olor a zorrillo —dijo esta vez el niño.
Mina se quedó sin palabras. Emmett empezó a retroceder fuera del cuarto preparándose a salir corriendo de la mansión si era necesario. Pero justo cuando se giraba, Mina empezó a convulsionar a carcajadas.
—Vengan aquí los dos —los llamó entre risas, poniendose en cuclillas para abrazarlos... tal como estaban, cubiertos de tomate—. Esto amerita un largo y escrupuloso baño, con estropajo mucho jabón, shampoo y limpiapipas...
—¡¿Limpiapipas? —fue el murmullo general.
—Sí, tengo que sacarles todo ese tomate de los oídos antes de que les llegue al cerebro y el daño sea irreversible —dijo completamente seria, y tanto Lizie como Tony la miraron ceñudos. A lo que Mina volvió a reír sueltamente, divertida con sus expresiones.
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—¡Parece un angelito!
—Sólo lo parece... ¡Auch, Fiorella!
—Ya sabes que a mami no le gusta que hables mal de Tony, papi —dijo la pequeña Elizabeth, sentada en las piernas de su abuelito materno, mientras su hermano dormía, cual angelito, entre los brazos de su madre.
—De todas formas yo fui bastante específica con lo de: "parece" —comentó Jane, haciendo comillas con los dedos, sentada junto a Mina y Edward en el jardín. Ganandose una fulminante mirada por parte de ésta—. Aunque sí es un angelito, despues de todo —se corrigió, y la mirada de su prima se suavizó—. Un angelito de satán —agregó, y esta vez no se salvó de un sonoro coscorrón.
El resto de los presentes rió. Pero ahí acabó el asunto, por descontado estaba iniciar una nueva discusión, pues Mina sabía muy bien que en el fondo, Jane amaba a su pequeño angelito de satán.
La familia al completo estaba reunida fuera de la mansión, sosteniendo diversas conversaciones en grupos pequeños: Alice se esforzaba por introducir a una renuente Bella en la planificación de unas vacaciones en Italia, con Heidi y Rose; Carlisle recordaba viejos tiempos con su amigo Marcus; Emmett planeaba la revancha contra Mina —¡No era posible que siempre lo venciera! ¡Ella no era tan fuerte!—, con ayuda de Jasper; Esme y Jane esperaban, pendientes del momento en que la ojigris sucumbiera al cansancio, para hacerse cargo de los niños, todo mientras ellas y los jóvenes padres escuchaban un poco de cada conversación. Y de vez en cuando hacían intervenciones entre los grupos.
—¿Aún no tienes sueño, Lizie? —preguntó su abuelo, extrañado, pues el gemelo de ésta llevaba casi una hora dormido.
—Nopi —respondió la niña, pero su respuesta perdió convicción cuando se le escapó un gigantesco bostezo—. Quiero a mi Se...
—¡Vamos, princesa! —se envaró Edward, ahogando las palabras de su hija con su exclamación mientras extendía los brazos hacia ella—. ¿Quieres dar un paseo por el bosque?
—¡Voy a ver a mi S...!
—Sí, mi cielo —la cortó Mina, igualmente de rápido que Edward—. Vas a ver a tussssamigos las ardillas del gran castaño —Marcus observó señudo a su hija ¿porque arrastraba las palabras de pronto?—... Pero no te los comas, ¿OK?
—Lo dice la que se chupó un poni completo...
—¡Jane! No frente a los niños...
—¡Pero yo no quiero ver ardillas! —chilló la niña, por primera vez emberrinchada—. ¡Quiero a mi S...!
—¡Sh, sh, sh!... ¡Ya, cariño! ¡Tranquila! —Esme se había incorporado y había arrebatado a la niña de brazos de Edward, meciéndola cariñosamente—. Te prometo que vas a ver a tu amiguito —le susurró en el oído, sin especificar a qué amiguito se refería, pues cualquiera podría escucharla.
—¿De verdad, abuelita? —la miró, esperanzada. Esme le guiñó un ojo—. Llévala, hijo... oh-oh... —los ojos ambar de la vampiresa se quedaron abiertos con estupefacción, mientras veía la enorme e imponente figura que salía de los matrorrales a espaldas de Edward.
Todos volvieron la vista, para comprobar el par de brillantes ojos que precedía a un espeso pelaje color arena, saliendo de las sombras.
—¡Oh por Dios! —salio el murmullo de los labios de Bella, la única que al parecer conservaba el habla.
La pequeña Lizie soltó un gritito de alegría, escurriendose de los brazos de su abuela, para correr a abrazarse al enorme lobo, que la recibió gimoteando con alegría y cruzándole la carita con un gran lenguetazo.
¡Iugh! Mina conocía esa sensación, y aunque no se la deseaba a nadie, no podía dejar de admirar el afecto con el que su pequeña recibía aquella noble caricia, a la que ella solía referirse como: "facial de lengua". Estaba claro —a juzgar por las caras de asco de todos— que la única que encontraba tierna esa muestra de afecto, era la pequeña imprenta de Seth.
La siempre serena expresión de Marcus Volturi se transformó en una mueca de horror indescriptible.
—¡Mierda, mierda, mierda...! —murmuraba Mina, negando desesperadamente con la cabeza. Reconociendo la expresión desencajada en el rostro de su padre, como la misma de hacía casi dos años...
—¡PERO QUÉ CARAJOS...! —la imponente voz Marcus hizo eco, espantando las lechuzas de tres millas a la redonda. El pequeño Anthony se incorporó de golpe, sobresaltado y Mina intentó arrullarlo.
Todos, sin excepción compartieron una sensación de dejabú, al recordar el día en que Marcus supo que su dulce Mina estaba embarazada.
La pobre Elizabeth veía a su abuelito, completamente pasmada. El enorme lobo la escudó con su costado, enfrentando la mirada del ancestral vampiro.
El hambiente era demasiado tenso, nadie había dicho una palabra pero inconscientemente, toda la familia Cullen —mas Jane— se había extendido, estratégicamente en defensa del lobo. El silencio se prolongó indefinidamente, hasta que el mismo Marcus encontró las palabras para romperlo...
—Ahora entiendo porque mis nietos huelen a perro...
—¡Papá!
—¿Entonces así son las cosas? —escupió, muy a disgusto sin apartar su vista de los ojos negros del canino. Bajó la cabeza, derrumbándose sobre una de las bancas de piedra del jardín, con la cabeza entre las manos—... ¡Sólo desearía que no crecieran tan rápido!
Mina fue la primera en relajarse, conocía tan bien a su padre, que lo único que percibió en ese ultimo suspiro fue: resignación.
—Abuelo, ¿por qué tu pelo sigue siendo negro?
Con grandes signos de interrogación sobre sus cabezas, todos voltearon a ver al pequeño, que con ojos entornados —somnoliento— observaba con insistencia a Marcus.
—Ahora no, Tony... —murmuró Emmett, removiéndose incómodo.
—Pero, tío... Tú dijiste que cuando conociera a Seth, el cabello del abuelo se pondría verde chillón...
—¡Eeemmeeett!
—¡Hora de la revancha! —Jasper palmeó la espalda de su hermano, empujándolo hacia la semi-vampira.
Mina entregó a Tony a los siempre disponibles brazos de su esposo y se lanzó a la caza de su risueño cuñado.
—¡Atrápalo, mami!
—¡Mami, no le hagas mucho daño!
—¿Estas situaciones son muy frecuentes?
—Como no se imagina —respondió Edward a su suegro, con una sonrisa torcida en los labios, sin apartar los ojos de "su Fiorella", su amor... su todo.
FIN
*Aho: Imbécil o idiota (en japonés).
Efe, i, ene... siempre siento feo al leer esas tres letras en mayúsculas, pero se siente realmente peor el tener que escribirlas. No me creo que logré llegar hasta aquí. Mi unico consuelo está en las historias que están por venir, que ya tengo más ideas listas para trasladar al papel —o en todo caso, a Word—.
Y ya para finalizar, quiero dar gracias a todas las chicas que estuvieron siguiendo mi historia, tanto activamente dejando comentarios, como aquellas que lo hicieron desde las sombras, y a quienes amablemente me agregaron a sus alertas y favoritos... ¡Muchas, muchas gracias a todas!
