Los personaje no me pertenecen..


Alemania no pudo dormir, sencillamente estaba inquieto y algo desconcertado consigo mismo y su forma de actuar la noche anterior. Nunca jamás hubiera hecho lo que hizo con alguien más aparte de Feliciano; no entendía porque con Italia era diferente sin embargo la atracción que sentía por él innegable. No pensaba que podía desarrollar tal "gusto" por alguien de su mismo sexo.

El italiano seguía durmiendo abrazado a él, roncando con la boca entre abierta; se levantó para ducharse, arreglarse y hacer el desayuno. Preparó wurst (*), queso, pan y café, dudando de que eso le gustase a Italia pero no le agradaba preparar pasta para el desayuno como siempre sugería el otro muchacho. Se sentó a la mesa para comer con distracción, no saboreaba su comida como si su mente no quisiese pensar en nada importante; aun seguía confundido. ¿En qué momento dejó ser tan hombre como para tocar a Feliciano y sentirse bien por ello? Se pasó las manos por el cabello nerviosamente.

- ¿Doitsu? – escuchó la voz detrás de sí y volteó a verlo, milagrosamente tenía su ropa puesta, normalmente eso no ocurría en la mañana – Buenos días. – corrió y lo abrazó. Alemania se sintió extraño por un momento pero le devolvió el abrazo. – ¿hay pasta de desayuno? –preguntó alegremente

- no, solo lo que hay en la encimera – respondió con tono frio – apúrate para comer y arreglarte que tenemos que estar en la reunión del G8

- Ve ~ - fue lo último que respondió antes de comenzar a comer.

Una hora más tarde estaban en la sala de reuniones, Feliciano dormía tranquilamente con la cara apoyada en la mesa mientras Francia se peleaba en el suelo con Inglaterra y Rusia sonreía divertido con la riña, América comía sin parar, Japón estaba paralizado mirando la pelea y Canadá en un esquina abrazando su osito; normalmente Ludwig hubiera puesto su puño sobre la mesa con fuerza y les hubiera gritado, pero hoy no era un día normal. Estaba abstraído mirando a la nada. La pelea terminó sin que él se diera cuenta.

-. Iba hablando de la economía, y de los problemas en África y Asia, y por eso tenemos que crear un superhéroe – dijo América destapando su cuarta hamburguesa – yo siempre tengo la razón, porque soy el héroe. ¿Quién está contra mí? – todos alzaron la mano, menos Italia puesto que dormía y Alemania quien vagamente lo había oído. – ¿Alemania está conmigo? – dijo Alfred con una chispa de emoción en la voz

- ¡Nein (*)! – Respondió el alemán – sea lo que sea que planees es totalmente estúpido, nunca dices algo útil al igual que todos ustedes. Cuando tengan una verdadera opinión que valga la pena, háganmela saber – se levantó de la mesa algo ofuscado, su humor estaba totalmente inestable – italiaa! –gritó despertando al muchacho quien lo siguió hacia la salida a trompicones debido a su somnolencia.

Cuando estuvieron de vuelta en casa de Alemania, Feliciano corrió directo a la cocina para hacer el almuerzo, pasta y pizza, adoraba esas dos cosas.

- yo tengo trabajo que hacer. Comeré luego – Aseguró el rubio subiendo al segundo piso a encerrarse en su oficina. Prácticamente se dejó caer en la cómoda silla de cuero detrás de su escritorio y tapó su cara con las manos. Esto está mal, totalmente mal. Desde niño me lo enseñaron, me deben gustar las mujeres, no los hombres ni ambos tampoco, se dijo así mismo. Las mujeres son increíbles, especiales, no hay que nada que las supere pero esto es diferente. Por su mente pasó la imagen de Italia gimiendo de placer gracias a los roces de su inexperta boca en tales circunstancias y sintió una corriente de calor atravesando su ser. Descargó su puño contra le mesa.

-argg.- renegó de frustración en su batalla interna de sentimientos encontrados, generalmente dominados por la negación e inseguridad con respecto a todo lo que creía saber de sí mismo y su orientación sexual. No es que se arrepintiera de haber pasado una placentera noche con su amigo, simplemente estaba confundido.

Infructuosamente trató de despejarse haciendo papeleo que tenía pendiente, pero lo único que logró fue cometer errores y arruinar lo poco que había hecho bien. Las horas se le pasaron como si nada, la noche llegaba frente a sus ojos, tornando la habitación de un color azul naval tenue. La puerta de su estudio se abrió revelando a un Feliciano preocupado.

- Doitsu, ¿te sientes bien? – Se acercó frunciendo el ceño – no has comido el almuerzo y ya estoy preparando la comida - se sentó en el borde del escritorio y le tocó la mejilla, Ludwig se sonrojó, le gustaba demasiado el toque del italiano

- creo que estoy bien...es solo...que... me distraje – mintió antes de morderse disimuladamente el labio. Las facciones de Italia, su cabello, sus manos, su complexión eran algo de su entero agrado y por mas que se negara a si mismo que Feliciano era quien le gustaba, la verdad casi que le pegaba en la cara en un momento como ese.

-¿pasta? –le ofreció Feliciano con ternura y Ludwig simplemente sonrió

- no, no en este momento – soltó un suspiro ahogado y superpuso su mano a la de Italia, ¿que mas daba si le gustaba el muchacho? No era un crimen de pena capital o al menos no en esta época. Se levantó de la silla aun con la mano de Feli en su mejilla y sin miramiento alguno el italiano lo besó en la comisura del labio. Así como la noche anterior unas cosquillas lo invadieron y lo invitaron a aumentar la cercanía con el muchacho.

Juntaron sus bocas sin pena alguna, era algo que necesitaban, esta vez Ludwig usó su lengua primero al introducirla en la boca de Italia en lo que rápidamente se convirtió en una pequeña lucha apasionada. La atmosfera se tornó pesada, como si no hubiese suficiente aire para respirar y el poco que había, estuviese tan caliente como para ahogarse; Alemania se aflojó la corbata de un tirón al sentir que le ahogaba, mordió el labio inferior de Feliciano.

- ahhh Ludwig…–suspiró el chico de cabello oscuro entre dientes y comenzó a desabotonar la camisa del otro con celeridad, quería tocar su piel hermosa y blanca también quería besarla, la noche anterior no había tenido esa oportunidad. Dejó caer la camisa a un lado – no te quites la corbata – le dijo al otro al emprender la agradable tarea de llenar de caricias y besos el pecho y el abdomen del rubio. Feliciano se detuvo un momento en el ombligo de Alemania para tentarlo con su lengua mientras se quitaba la camisa, el rubio se removió inquieto, ahogó un quejido de satisfacción y enredo sus dedos en el cabello del castaño – Ludwig, me gusta el sabor y el olor de tu piel– comentó el italiano en un susurro pasando su nariz cerca de la línea del pantalón de Alemania quien gruñó con deleite; Feliciano le quitó la correa y deshizo el primer botón para luego plantarle un beso húmedo justo encima del punto palpitante de la piel expuesta, eso fue un detonante para el alemán quien haló el cabello de Italia y accidentalmente tiró del pequeño mechón de pelo ,el cual era la zona erógena de Feliciano; casi aulló de placer al dejar caer su cabeza hacia atrás y comenzó a jadear, un visible bulto se formó en sus pantalones.

- ¿Italia? – preguntó Ludwig sorprendido al ver la reacción del muchacho, claramente él no sabía de la propiedad casi mágica y erótica de aquel mechón. Feliciano se envaró y abrazó a Ludwig con todas sus fuerzas, respirando agitadamente contra el hombro descubierto del alemán.

- quiero...per favore(*)…-se mordió los labios. Aunque era alguien a quien no le costaba decir ciertas cosas, lo que tenía en mente era muy difícil de pronunciar – ¿podemos… hacer el amore? – La mirada de ojos azules cayó encima suyo – te quiero, te quiero mucho y te quiero dentro de mí. – ambos se sonrojaron notablemente; Ludwig se quedó pensativo. No era tan inocente como yo pensaba, se recalcó él mentalmente. Decirle que no a Feliciano le destrozaría el corazón al chico y probablemente la autoestima, además Alemania deseaba aquello de una u otra forma, desde el fondo de si, desde su parte más instintiva, deseaba unirse con Italia.

Sabía que era lo que tenía que hacer para cumplir el pedido de Italia, sólo necesitaba algo en específico para facilitar las cosas.

-aguarda – dejó a Italia en su oficina para ir a su cuarto y sacar de uno de los cajones del closet un pequeño botecito de color discreto con la palabra lubricante escrita en la etiqueta. Al entrar a la oficina las cosas del escritorio estaban apiladas en una esquina del mismo y Feliciano estaba sentado en la silla de cuero. Al ver a Ludwig se puso de pie revelando su completa desnudez y se sentó en el escritorio. Alemania encendió una pequeña lámpara empotrada en la pared y se acercó a su amante descargando en la mesa el objeto que traía consigo. -¿estás seguro de esto? – le preguntó mientras le frotaba los brazos a su amigo.

-sí, lo estoy – besó a Alemania, lo abrazó atrayéndolo hacia el escritorio se recostó un poco y le rodeó el torso con una de sus piernas – deseo mucho esto, Ludwig. – el rubio tembló por culpa de la anticipación

- Con calma. Necesito que te relajes primero – le pidió al tomar la botellita en su manos y aplicar un poco del gel en sus dedos, Italia asintió y cerró sus ojos; la confianza que tenía en Alemania era ciega. – solo...he hecho algo similar con una chica unas dos veces...espero que salga bien. –separó un poco más las piernas de Feliciano con cuidado, el italiano suspiró por aire antes de que Ludwig introdujera uno de sus dedos en él. Gimió de gozo – relájate, calma. – le solicitó mientras le acariciaba el vientre, el otro asintió frenéticamente con la sensación placentera martillándole la mente. Un segundo dedo fue introducido con cuidado y Feliciano volvió a gemir ayudando a que la erección creciente en los pantalones del alemán se endureciera. Ludwig comenzó a hacer espacio con sus dedos en el interior de Feliciano mientras le besaba el pecho.

- ya per favore…- dijo entrecortadamente el chico de pelo castaño – solo hazlo…- comenzó a frotarse su propio miembro, la anticipación lo estaba matando.

- no seas tan impaciente – Alemania retiró sus dedos con lentitud para desabotonarse el pantalón deslizarlo por sus piernas al igual que su ropa interior y se aplicó algo de lubricante en el lugar más obvio. Se posicionó en la entrada de Italia agarrándole por la cintura e hizo que le rodeara con la otra pierna. Se deslizó con cuidado, tratando no de seguir su loco impulso de embestir al pobre muchacho quien estaba prácticamente gritando de placer o de dolor, el rubio no lo sabía.

-duele – se quejó Feliciano con la voz temblorosa, al alemán lo consumió un calor abrazador y gruñó; a veces le gustaba provocar dolor en la intimidad pero se recordó a sí mismo con quien estaba compartiendo esa intimidad y el calor se esfumó un poco.

- prometo ser cuidadoso… – su voz se oía ronca y gruesa. Sus movimientos eran suaves y precavidos, estaba yendo en contra de sus deseos al ser tan calmo pero no quería causar daño a Italia, quien no hacia otra cosas que jadear, tocarse a sí mismo y gemir; aunque de todas formas el rubio lo disfrutaba, lo prohibido, lo diferente a él le encantaba y disfrutaba también del hecho de estar con Feliciano. Luego de unos cuantos minutos, no aguantó más el ritmo soso y decidió acrecentar la velocidad de sus penetraciones. Los jadeos inundaron la habitación al tiempo que una delgada capa de sudor empezaba a cubrir ambos cuerpos.

- no creo poder…continuar – dijo Alemania entre jadeos apretando los muslos del muchacho con firmeza – estoy cerca… – se mordió los labios fuertemente hasta hacerlos sangrar; el sabor de sangre en su boca le hizo llegar al clímax, éste último acompañado por un largo gemido de placer. Feliciano al sentir la calidez provocada por la semilla de Ludwig en su interior, llegó a su límite de lujuria y logró alcanzar un orgasmo que hizo que su cuerpo temblara en éxtasis, por supuesto sin dejar de lado los sonidos que escapan de sus labios. Su propia semilla se esparció por su abdomen.

Les costó varios minutos calmarse y normalizar sus respiraciones. Alemania sacó su miembro del interior de Feliciano y le dio unos cuantos besos en el rostro sudoroso.

- Lo siento si te dolió mucho… - lo dijo con algo de inseguridad.

- No, no me dolió mucho. Estuvo perfecto –le sonrió y le besó los labios, dejó sus pequeñas manos apoyadas en las mejillas rosadas de Alemania – se siente demasiado bien, Ve ~... – murmuró por lo bajo – ya entiendo porque la gente lo hace.

- ¿son imaginaciones mías o tú...has visto algunos de los dvd's que tengo en casa? – se rió muy discretamente, Italia se sonrojó muchísimo.

- Ve ~... si vi algunos... ¡Lo siento, Doitsu! – comentó con su vocecita de siempre, ya no había rastro de lujuria en ella.

- tendría que haberlos escondido mejor – comentó Ludwig al aire – yo también lo he disfrutado, disfruté estar contigo – le regaló unas cuantas caricias en la piel cercana al ombligo –creo que ahora si tengo ganas de un poco de pasta.

-¡Pasta! – Dio un brinco repentino – ¡yo la sirvo! ¡Quiero cenar pasta! –iba salir corriendo pero se quejó y se apoyó en el hombro del alemán.

-ve despacio y ponte algo de ropa – comentó Ludwig e Italia asintió. Aunque se fue despacio no se puso ni una prenda encima, el rubio solo sonrió, su muchacho no cambiaba y esperaba que nunca lo hiciera.


(*)wurst: salchicha alemana.. no puedo evitar ponerle doble sentido a esto jajja

(*)Nein: No

(*) per favore: por favor

Ay Doitsu se quedó con la corbata puesta..que rico.. x_x jaja e Italia se pervirtió en la casa de Ludwig O:! Que tal estuvo este cap? me costó un poco la descripción de algunas cosas :P Para el proximo me demoro un poquito mas porque no estaré cerca del pc ):

Muchas gracias a quienes leen y dejan review y tambien a quienes no dejan, aunque quisiera oir sus opiniones

Todas las opiniones,criticas,dudas,comentarios..son bien recibidos..

saludos :D