Los personajes no me pertenecen.
Italia se sirvió mas pasta para completar su desayuno, parecía nunca estar satisfecho luego de haber solo comido un plato de su alimento favorito. Además estaba comiendo demasiado los últimos dos días desde que Ludwig le había dado su negativa de hacer el amor nuevamente; estaba triste y se desahogaba con la comida. No entendía el rechazo de su amante si parecía que había sido algo igualmente satisfactorio para ambos la primera vez, aparte de que aun dormían juntos y de que Ludwig aceptaba sus besos y muestras de afecto. Comprendía que la forma de ser de Alemania no era exactamente muy cálida y amorosa, y que tampoco estaba perfectamente cómodo con su nueva preferencia sexual, aunque no era motivo suficiente para ser tan radical e indiferente con las necesidades íntimas de Feliciano.
- Hungría te llamó – la voz gruesa de Ludwig irrumpió en la cocina sobresaltando el corazón de Italia pero solo porque amaba esa voz – te está esperando en casa de Austria antes del almuerzo.
- Si lo sé…gracias, Doitsu – respondió el italiano con el ánimo de siempre disminuido, Alemania lo notó – ¿Doitsu?
- si
- ya no…- ¿le iba a preguntar ya no me quieres?, pero eso sería muy predecible - ¿Por qué? – Ludwig alzó su cejas en gesto de confusión - ¿Porqué ya no quieres que estemos juntos? ¿Yo hice algo mal? – Italia estaba al borde de las lágrimas, el rechazo nunca le había importado hasta ahora. Nada dolía más que ser rechazo por quien más quieres. Alemania suspiró con fatiga, el chico había entendido todo mal.
- No has hecho nada malo, no es nada de eso… es que tengo problemas conmigo mismo –se pasó las manos por el cabello con estrés – creí que ya lo había...superado pero las dudas y todo lo que siento no desaparece – rara vez hablaba tan abiertamente de lo que pensaba y sentía, pero no iba a permitir que el muchacho pensara que había hecho algo mal, se preocupaba demasiado por él. – Dame tiempo… -Italia asintió con lentitud y deliberadamente le dio un abrazo a Alemania.
- Te daré tiempo y sé que las dudas van a desaparecer, Doitsu. – comentó el italiano con el rostro escondido en el cuello del otro.
Mientras ellos se abrazaban, la puerta principal de la casa se abrió dando paso a Prusia, quien normalmente habría hecho un escándalo al entrar para hacer notoria su presencia pero aun seguía con un poco de jaqueca luego de pasar la mayor parte de la noche bebiendo cerveza. La casa estaba silenciosa y las estancias como la sala y el vestíbulo vacías y tranquilas. O no había nadie en casa o estaban en la planta alta. Necesitaba algo de comer y caminó hacia la cocina, donde encontró una escena a la que sus ojos no daban crédito. El pequeño italiano estaba parado en las puntas de sus pies acariciando el rostro y besando superficialmente los labios de su hermano quien estaba casi de espaldas a él; Giilbert se quedó con la expresión de sorpresa totalmente congelada en el rostro y volvió a la sala en silencio. Pareció no ser notado.
West es un… ¿marica?, fue lo primero que pasó por la mente de Prusia, ¿Feliciano...lo...convirtió en gay? Prácticamente se revolvió todo su blanco cabello buscándole un lado lógico tratando de comprender el asunto, Con razón duermen juntos, pensó; su hermano era muy macho y rígido en su forma de ser, o eso era lo que había creído hasta que vio el increíble suceso de ese día. Pero él en su cabeza ya se estaba formando un plan para al menos intentar cambiar eso, no iba a permitir que West fuera un "rarito" así tuviera que tomar medidas radicales.
Iba a hacer su entrada ruidosa y característica de siempre para aparentar normalidad, tendría casi que actuar.
-¡West! –Gritó a todo pulmón desde la sala -¡estoy, en casa! ¡El único, asombroso e increíble yo! –esperaba que con eso los de la cocina dejaran sus muestras de afecto. Habían casi 4 metros separación entre Italia y Alemania cuando Gilbert pisó la estancia. -Kesesese ~, aquí están.
- buenos días, Prusia – el Italia lo saludó con una sonrisa la cual Gilbert devolvió, siempre le había caído bien Italia a pesar de las circunstancias actuales.
- ¿No volvías en una semana? –Comentó Alemania con frialdad –Creí que dijiste que ibas a arruinar los bares de Francia de tanto beber.
- el vino no me gusta, nada como una cerveza. Por cierto anoche bebí muchas pero quiero una justo ahora– Prusia abrió la nevera y sacó una cerveza de lata –West, hoy voy a salir a tomarme muchas cervezas, ya sabes, el asombroso yo no puede pasar mucho tiempo sin alcohol. Parece que tú también necesitas unas cervezas... que dices si…– pausó – ¿salimos a beber esta noche?
-No, tengo mejores cosas que hacer –llevó unos platos al fregadero mientras Italia lo miraba con una sonrisita tonta; cada pequeña cosa que hacia Ludwig le parecía fascinante.
-West, eres un bastardo aburrido. Vamos a divertirnos.
-Que no y es mi última palabra. –replicó sin siquiera mirar a Prusia al pasarlo de largo al salir de la cocina
- si Bruder (*) no sale para divertirse, yo le traeré diversión a su casa. Kesesese ~ - murmuró y notó a Italia mirándolo con la cabeza ladeada -¿Qué?
-¿trajiste a Gilbird (*), Ve~?
-está en su casita del jardín. – el muchacho salió corriendo a toda prisa mientras Prusia comenzaba a formularse los planes exactos para esa noche.
...
Prusia tenia las cervezas sobre la mesa de centro en la sala y música alemana típica en la radio, solo hacía falta su hermano y lo otro que tenía planeado. Italia se había ido hace mucho rato ya y volvería al día siguiente; estaba haciéndose de noche.
- ¡West! – Gritó estando al pie de la escalera – ¡no te hagas el imbécil y baja, aquí hay unas excelentes cervezas esperándote! – Esperaba que eso lo animara sino iría por él – ¡Además estoy yo, el asombroso Prusia. Nunca pasas tiempo con tu hermano mayor!
Alemania suspiró fatigado, sabía que si no iba su hermano iba a molestarlo hasta hacerlo bajar. Cuando algo se le metía en la cabeza, nadie lo hacía cambiar de parecer, además un poco de relajación que involucraba alcohol no estaba mal de vez en cuando, mucho menos cuando su cabeza estaba tan revuelta que sentía su vida hecha un caos. Bajó y Gilbert estaba acostado en sofá con una cerveza en la mano.
-¡Bruder! Sírvete una – le señaló la mesa con las bebidas – tienes una cara fatal, como si llevaras días sin dormir ni divertirte como se debe. – exactamente es así, pensó Alemania al sentarse frente a su hermano en uno de los muebles y luego tomar una de las bebidas.
-tengo muchos problemas, papeleo atrasado, algo con unos vegetales y la e-coli …- problemas con mi dudosa sexualidad, completó en sus pensamientos – Problemas en general.
- lo que te hace falta es diversión, beber, descansar y una muy buena mujer que te haga olvidar hasta cómo te llamas, Kesesese ~ - su tono de voz ciertamente fue extraño pero Ludwig lo ignoró, lo que no dejó pasar fue la mención de una mujer, se sintió muy incomodo.
- ¡idiota, no digas esas cosas!
- ¿Qué cosas? – Preguntó con falsa inocencia sabiendo a que se refería el rubio – ah, ya estás grandecito, West y soy tu hermano mayor, podemos hablar de cualquier cosa.
- sí, lo que tú digas – le respondió el otro con indiferencia. Alguien tocó a la puerta y Gilbert casi que salió corriendo a abrir. ¡Chicas, tiempo sin verlas!, fue lo que escuchó Alemania en el vestíbulo. ¿Qué estaba planeando Prusia?..
En aquel momento cruzó el umbral de la sala con dos despampanantes chicas una de ellas rubia, podría decirse que nada especial, bonita en general y la otra mujer tenía un matiz exótico, destacaría en cualquier lugar. De cabello negro en ondas, lindo rostro, buen cuerpo y sonrisa hermosa. Ludwig tragó saliva al verla; al menos sabía que las mujeres le gustaban aún.
-Les presento a West, mi hermanito. – Les guiñó el ojo gesticulando hacia el otro hombre– él necesita algo de diversión. Creo que Natasha lo puede ayudar. –el rubio se paralizó, ni siquiera saludó, mientras que la chica de cabello negro le sonreía, esa era Natasha. – pero pónganse cómodas por favor. – Prusia les entregó una cerveza a cada una de las chicas mientras Alemania mantenía el semblante serio. Gilbert no le podía estar haciendo eso.
Prusia las invitó a sentarse con él en sofá. Reía con ellas, flirteaba, les susurraba al oído y sus manos eran traviesas al vagar por la piel expuesta de las mujeres; Alemania estaba indiferente a la situación, consideraba la opción de irse del lugar antes de que Gilbert le susurra a Natasha en el oído. La muchacha se acercó a Ludwig y se sentó en el brazo del sofá con una sonrisa radiante.
- si hubiera sabido que el hermanito de Gilbert era tan apuesto, me hubiera arreglado mejor – comentó la chica en un murmullo apenas audible al rozar la oreja de Ludwig con sus dedos, él se sobresaltó y ella carcajeó un poco.
Ludwig se soportaba los coqueteos para no ser descortés, eso se decía a si mismo pero la verdad era que en cierta forma lo disfrutaba; se le subía el ego a la nubes con saber que él era atractivo para ambos sexos. Y entre cerveza y cerveza, su actitud se relajaba un poco más, se había tomado unas 5 cervezas fuertes en más o menos una hora, se sentía muy sediento antes de bebérselas.
Sin embargo estaba cansado, necesitaba dormir o al menos intentar dormir para continuar con el papeleo al día siguiente y sentía ya los efectos del alcohol en él.
- Discúlpenme – se paró del mueble – que pasen buena noche. – y se dedicó a caminar hacia su cuarto con paso lento, no había prisas. Estaba a dos puertas de su cuarto cuanto sintió unos pasos detrás de él. Y volteó encontrándose con Natasha. -¡¿Por qué me estás siguiendo? - Ella sonrió y se acercó rápidamente para susurrarle a Alemania.
- su hermano me ha pedido que lo siga y lo seduzca descaradamente, eso es lo que voy a hacer – la voz de la chica era seda pura que podía encender fuego en cualquiera que la escuchase, y Ludwig no era la excepción. Ella le comenzó a besar el cuello; a él muchas veces lo paralizaba el shock inicial de la lujuria por lo cual no tomó iniciativa alguna ni tampoco hizo ninguna tentativa de rechazo simplemente se dejó llevar. La mujer hábilmente comenzó frotarle la entrepierna por encima del pantalón para después hablar con aquella voz seductora.
- nos vamos a divertir mucho esta noche….
...
La luz del sol le hirió en los ojos; pestañeó para ajustarse a la luminosidad y el dolor de cabeza le martilló con fuerza. Lo único que cubría su cuerpo era una sábana blanca; miró a su alrededor y recordó el porqué estaba en tal situación…
- No, no, me niego a continuar con esto – dijo él estando en el borde de la cama completamente desnudo. La chica comenzó a masajearle la espalda en un intento por recuperar la chispa inicial que había generado en él.
- Juro que no te vas a arrepentir luego, dulzura. – Le besó el cuello – haré lo que quieras.
- toma tu ropa y vístete en el baño del pasillo – fue lo último que le dijo a la muchacha…
Sentía que había hecho lo correcto; haberse acostado con aquella mujer habría sido como una traición hacía Feliciano; el italiano había depositado toda su confianza en Ludwig y él iba a respetarla sin importar si tenían una relación o no; no podía traicionarlo, era su amigo, su compañero de cama. Aparentemente además de la atracción por Italia, habían sentimientos de lealtad, preocupación, tal vez afecto y cariño. Una traición sería imperdonable, no se perdonaría así mismo.
Se frotó los ojos antes de levantarse y ponerse los pantalones, tenía hambre. Luego se ocuparía de reclamarle a Gilbert por las idioteces que se le ocurrían a veces. Al llegar a la cocina ahí estaba el hombre de cabello blanco. Alemania apretó los puños antes de cortar el buenos días que su hermano iba a darle.
- ¡Tú maldito albino imbécil! – Le gritó apuntándole con el dedo - ¡¿Cómo demonios se te ocurrió la idea de contratar a una prostituta para que me sedujera? ¿Estás loco? –Descargó el puño en la mesa – ¡maldita sea, Gilbert!
- ¡Bastardo desagradecido!. – Le respondió alzando la voz – Nunca hubiera podido conseguir a alguien mejor que Natasha para que tuvieras una buena noche. Además no son prostitutas, son damas de compañía.
- ¡Es lo mismo! ¡Por tu culpa casi me acosté con esa... esa... con ella! – en la casa de Alemania las paredes casi tenían oídos, con aquella forma de gritar era imposible que alguien ignorara aquello; Italia había vuelto, pasó la noche en casa de Austria y justo volvió en la mañana para oír a medias lo que Ludwig había gritado.
El muchacho estaba feliz de volver a la casa que casi era su hogar, pero oír cosas tan amargas tales como que su Ludwig se había acostado con una mujer, le borraba la sonrisa a cualquiera, incluso al alegre italiano. Se abrazó a sí mismo, mientras las lágrimas le brotaban tratando de no hacer ruido. Doitsu nunca estuvo seguro de nada de lo nuestro, ¿Por qué habría de importarle hacer el amor con alguien más?, se dijo el italiano sin poder reprimir su llanto. Mientras tanto en la cocina continuaba la discusión.
-Inútil, no vuelvas a intentar interferir en mi vida, porque te juro Gilbert que no responderé por mis actos – la hostilidad en la voz del rubio era perfectamente palpable.
- No me vengas con amenazas, West. Yo no te tengo miedo, además lo hacía por tu bien. – Le espetó Prusia con altivez – Estar tanto tiempo con ese italianito llorón, te volvió marica. – Todo el color huyó del rostro de Alemania – Estaba tratando de encaminarte de nuevo pero obviamente no funcionó. Eres más maricón de lo que pensaba. – le dijo con mofa – ningún hombre de verdad podría rechazar a Natasha. – esa fue la gota que derramó el vaso; Alemania le asestó un puñetazo en la cara a su hermano mayor.
- Vete al demonio, Gilbert – extrañamente la voz de Ludwig fue más calmada que su acción anterior. Prusia estaba casi en el suelo sosteniéndose la nariz y maldiciendo. Ludwig dejó la cocina con rumbo a la salida de la casa, lo menos que necesitaba era sentir la atmosfera pesada que se había creado. De camino a la sala se encontró con Feliciano llorando al estar sentado en el piso. – ¿Italia? – su voz estaba totalmente teñida de preocupación. -¿Cuándo volviste? ¿Qué te pasó? –el muchacho ni siquiera lo miró, simplemente salió corriendo y gritando escalas arriba. – ¡Espera, Italia! –salió corriendo tras él hasta el cuarto del italiano, pero la puerta se le cerró en la cara. Claramente Italia no quería verlo…
Continuará…
Bruder: hermano
Gilbird: el pajarillo amarillo que siempre acompaña a Gilbert :P
perdón por demorarme..el pc estuvo fuera de mi alcance y no sé porque se me dio dificil escribir este cap.. aun no me termina de convencer, por lo cual agradeceria mucho sus comentarios :)Sobre todo en el manejo que hice de Prusia, no sé que tal..
Todas las opiniones,criticas,dudas,comentarios..son bien recibidos..
saludos :D
