Capítulo II: De Regreso a Casa
"¿Cómo pudo ocurrir algo así?", Taichi Yagami no dejaba de preguntárselo mientras conducía en su moto en aquellas calles de Odaiba, la cual estaba cubierta completamente de nieve, ¿Cómo pudo volver a Odaiba donde nada parecía haber cambiado?, todo seguía casi igual, solo algunas casas estaban pintadas de otro color a como el recordaba hace 9 años atrás, por lo demás poco había cambiado en el tiempo que estuvo fuera, excepto el.
El se había marchado sin decirle ni una sola palabra a nadie, solo su hermana sabia la razón de su partida y aunque ella trato de convencerlo para que se quedara pero su decisión fue absoluta, el se había lanzado a lugares que la mayoría de la gente en su sano juicio rehuía, incluso algunos decían que estaba loco, pero loco tenía que estar para regresar a Odaiba, pero la llamada de su madre le sorprendió mucho. Que Susumu Yagami hubiera logrado dar con él en el último rincón del mundo ya era bastante impresionante, aunque él sabía que Kari tenía que ver con esto, volver a casa era lo último que él quería hacer, pero según lo que le dijo su madre al teléfono su padre recién había fallecido y él sabía que su madre no podía ocuparse sola de lo ocurrido.
Mientras el conducía en su moto notaba como las personas habían empezado a colocar los adornos de Navidad, hubo una época en que eso no le hubiera importado pero ahora el detestaba la navidad, se le ocurría una docena de sitios donde quisiera estar, una docena de cosas que prefería estar haciendo, pero antes tenía que terminar con lo que lo había llevado ahí, ¿y quién sabe cuánto tiempo podía llevarle?, al cabo de unos minutos por fin llego al edificio donde solía vivir, al principio dudo en subir pero después de un rato se metió al edifico hasta estar delante de la puerta donde solía ser su departamento para después tocar la puerta.
- ¿sí?, ¿ quién es?- pregunto la voz de una mujer detrás de la puerta, ¿Qué se suponía que debía contestar?
- Yagami, Taichi Yagami – dijo al fin y las puertas se abrieron. Taichi Yagami, la persona que creyó haber dejado atrás cuando detrás de la puerta vio a su madre, de no ser por la dedicada situación que lo había hecho regresar hubiera sentido expectación por la idea de volver a ver a su madre, curiosidad al menos
- ¿Tai?- su madre estaba mirándolo detrás de la puerta sin creérselo, 9 años habían agregado unas cuantas arrugas en su rostro, pero por lo demás seguía siendo la misma mujer esbelta y amable, tenía el pelo discretamente teñido de un castaño intenso, Susumu Yagami no era de las mujeres que cedían fácilmente al pelo gris, ella siempre había mantenido un firme control sobre las cosas, o tal vez no, pensó Tai mientras besaba la mejilla de su madre, a continuación Tai se vio envuelto en el más tierno abrazo que recordaba haber recibido de ella en su vida- has venido- murmuro – no estaba segura de que lo hicieras, ha pasado tanto tiempo
El tampoco estaba seguro de hacerlo, tan solo se metió a un avión sin tomar la decisión de forma consciente. Puede que no sea algo tan ridículo después de todo.
- Bueno – murmuro Tai
- Creía que no volvería a verte nunca – dijo ella con voz queda- 9 años sin saber nada de ti
- Bien, ahora estoy aquí – dijo el
- Ahora estas aquí – convino ella – bueno pasa, deja el equipaje y ven a sentarte – dijo su madre- te traeré algo de beber
El primer pensamiento que lo asalto fue el de que la casa lucia distinta, más luminosa, más clara, fue como si las habitaciones hubieran perdido esa pesadez que el recordaba
- La casa está bonita – comento al pasar a la sala de estar, un lugar mucho más acogedor y ventilado
- Cambie algunas cosas tras la muerte de tu padre – dijo finalmente su madre tras una breve vacilación
- Me gusta – dijo Tai mientras se dirigía al sillón que se encontraba en la sala – has hecho una esplendida labor con la decoración
- Era hora de un cambio – dijo ella tomando asiento enfrente de el – y dime, ¿Qué tal tu vuelo?
- ¿Cuál?- pregunto él con una sonrisa Irónica – tuve que tomar tres
- Cualquiera, todos supongo
- Sin contratiempos, lo que está bien para un vuelo – comentó el, especialmente en el lugar donde estaba, se tenía que abrir camino desde Chile hasta Japón - ¿Cuándo nevó? – pregunto el mirando hacia los montones de nieve
- Hace dos días, hubieras visto a tu hermana, se emociono bastante
- Si, es típico de ella, por cierto, ¿Dónde se encuentra?
- Se fue con TK de vacaciones, pero no te preocupes, me dijo que volverían antes de navidad
- Bueno, era lógico que esos dos quedaran juntos
Los dos se quedaron mirando la nieve como si fuera la primera vez que la veían, lo cierto es que no sabían que decirse después de tantos años, era pero que estar con un extraño, con un extraño no importara lo que dijera, allí, en cambio todo lo que dijeran tendría sus repercusiones. Pasaron los segundos y el silencio se estiro hasta los limites hasta que el castaño trato de romperlo
- Este es…
- ¿Es tu…- dijeron al mismo tiempo por lo que se detuvieron – primero tu
- Este es un café muy bueno – dijo con un gesto
- Me alegra que te guste
- Una de las cosas que adoro de Chile es el café que hacen, deberías probarlo
- ¿y qué haces en chile? – preguntó curiosa
- Bueno, estos ultimo años estuve viajando a varios lugares del mundo, España, México, Brasil, Bolivia hasta que mi viaje me llevo a Chile, ahora estoy entrenando a un equipo de futbol juvenil
- No entiendo porque insistes en ir a esos lugares , he oído que las calles de México no son de lo más seguras y ni hablar de Bolivia y esos lugares
- Por favor, te puedes meter en problemas más graves en algunos barrios de Tokio
- Supongo que tienes razón – dijo su madre dándole un sorbo a su taza de café
- Y dime, ¿Cómo han estado todos mis amigos? – pregunto él con cierta curiosidad aunque en realidad poco le importaba
- Bueno no estoy segura, creo que a Izzi le dieron una beca universitaria y Joe ahora está trabajando con su padre en el hospital – dijo para quedar en silencio tratando de recordar otra cosa- a, Sora y Matt se van a cazar el mes que viene
Al escuchar eso Tai cambio la expresión que tenia, esa noticia si fue un golpe en el estomago para él, en teoría eso no debería importarle nada pero tal parece que después de 9 años sus sentimientos no habían cambiado nada, cuando su madre comprendió lo que había dicho trato de arreglar las cosas
- Perdona Tai, no quise…
- No te preocupes, eso no importa ya – comento para darle el último sorbo a su taza de café cuando su madre se levanta, la conversación se había terminado ya
- ¿ qué te parece si te enseño tu habitación?
Ambos se levantaron para dirigirse a lo que era la vieja habitación de Tai, nada había cambiado en ella, todo seguía igual a como lo había dejado, tal parece que fue el único lugar de la casa que no redecoraron
- Espero que no te moleste, desde que te fuiste este fue el último lugar que quise tocar, esperando que cuando volvieras la encontrara igual
"Nuevos comienzos, viejos recuerdos", pensó él para después entrar despacio hacia su habitación sin prestarle mucha atención, solo se dirigió directo a la ventana, esa siempre había sido su vista favorita se veía la mayor parte de Odaiba y mas allá, en la distancia la lengua del mar resplandeciente bajo el Sol, Tai tenía la mirada totalmente perdida recordando viejos tiempos cuando oyó que su mama se acercaba
- Te eché mucho de menos cuando te fuiste – dijo ella con voz queda observando el mar desde el horizonte – es terrible para una madre que su hijo desaparezca – Tai noto una cuchillada de culpa
- Mamá- empezó a decir con impotencia sin saber que decir en realidad, tan solo sabía que irse había sido su única opción
- Solo preguntarme cada noche donde estarías, si estarías vivo… si estarías en algún lugar y desearías volver a casa, siempre albergué al esperanza de que en caso de querer ayuda me la pedirías – el silencio se apodero de ellos y Susumu apoyo la cabeza sobre el frio cristal de la Ventana - ¿Por qué lo hiciste Tai?, ¿Por qué?, ¿acaso te hicimos algo?, ¿les hicimos algo a ambos?
- Tu no nos hiciste nada a ninguno de los dos, al contrario siempre nos protegías de todo, me fui por que necesitaba estar solo
Susumu se irguió y se volvió hacia él con los ojos secos, para gran alivio de Tai
- No sé si es cierto o si solo estas siendo amable, pero me alegro que estés aquí
- No digas nada Mamá, a mi también me alegra estar de vuelta
- Bueno supongo que querrás descansar un rato, tuviste un largo viaje
- No te preocupes por mi mamá, no estoy cansado, de hecho creo que daré una vuelta
- De acuerdo, tendré lista la cena cuando vuelvas
El castaño se dirigió a su madre para darle otro beso en la mejilla para después salir de ahí.
