Capítulo IV: El Momento de la Duda
"Es irritante", pensó Sora a la mañana siguiente mientras nadaba en la piscina de su padre, algunos pensarían que nadar con este frio era una locura pero a Sora eso la tranquilizaba en cierta forma. Después de tanto tiempo se vuelve a encontrar a Tai y lo único que hace el es tratar de dar excusas, pero no sabía por qué solo se le quedaba mirando como una idiota, no como una idiota no, más bien como una atolondrada niña de 13 años mirando al capitán del equipo de fútbol americano de la escuela, vale que Tai emanaba un encanto salvaje, pero no permitiría que le afectara a ella, ya tenía más que suficiente con Yamato Ishida.
Demasiado en realidad, no quería saber nada de ningún hombre en esos momentos, avanzaba con brazadas rítmicas tratando de que la caricia del agua la relajara. No había como pillar a tu novio en pleno delito para hacerte perder todo interés en una relación. Con un rápido y fluido movimiento salio de la piscina, tardaría mucho en volver a confiar en un hombre.
Sora se puso de pie y se dirigió hacia donde tenía la toalla, un hombre pelinegro y una sonrisa de perplejidad en el rostro lo esperaba con la toalla en la mano
- ¿buscas esto princesa? – Sora regalo a su padre una gran sonrisa
- Te daría un abrazo pero te voy a empapar
- No importa- contesto Haruhiko Takenouchi, envolviéndola con la gruesa toalla blanca al tiempo que le daba un cariñoso abrazo – tal parece que tendré un largo descansó de la universidad
- ¿por eso llevas ropa informal? – pregunto devolviéndole el abrazo
- No, me visto así casi todos los días– dijo guiñándole un ojo
- te gusta tu trabajo, ¿verdad? - pregunto Sora apartándose para secarse el pelo con la toalla
- bueno que te puedo decir, me gusta mi trabajo pero no me gusta estar tan lejos de mi familia
- hablando de trabajo, tendría que ir a la florería para ayudar a mi mamá
- también podrías quedarte aquí para descansar, llevas menos de una semana
- y estamos en una de las épocas mas ajetreadas del año – se colgó la toalla alrededor del cuello- especialmente si tomamos en cuenta que mi mamá y mimi estarán fuera esta noche
- vamos quédate a descansar hoy- dijo pero ella negó con la cabeza
- lo siento Papá pero esta noche encienden el árbol de navidad. La gente tendrá ganas de comprar de modo que conviene tener la tienda abierta – contesto ella no solo por las flores ya que también vendían gran variedad de regalos
- ¿todo por la tienda? – pregunto Haruhiko –¿ no tendrá que ver con que nunca te has perdido el encendido del árbol hasta le fecha?
- En lo absoluto, lo del árbol solo es coincidencia
- Se supone que has venido a descansar, no a trabajar
- Me volveré loca si me quedo sentada si hacer nada, en eso me parezco a mis padres, tengo que sentirme útil
- Tuviste que ponerte a trabajar cuando aun eras demasiado joven – la sonrisa de su papá se difumino un poco
- Papá, todo el mundo trabaja cuando eta en el instituto y la universidad
- Tu de entre todo el mundo no tenias que haberlo hecho – Sora le sonrió y se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla
- Fue algo positivo para mi carácter papá, bueno tengo que darme prisa, mi mamá se debe estar preguntando donde estoy
- Entonces será mejor que te apures, no te preocupes le diré a tu madre que estabas conmigo
- Gracias papá – Sora dio media vuelta para entrar a la casa de su padre para vestirse
Unas horas más tarde Sora se encontraba en la florería, Toshiko estaba a punto de irse así que le estaba dando unas cuantas indicaciones a su hija para poder irse tranquila
- Estas segur que estarás segura aquí sola esta noche – Toshiko se abrochaba los botones de su abrigo
- Estaré bien, mimi vendrá más tarde para ayudarme
- Ok, el muérdago para las perchas de regalo está en la mesa
- Lo sé, fui yo quien las puso ahí, ¿recuerdas'. Toma – Sora le coloco un pañuelo a su madre alrededor de su cuello – tienes que ir muy bonita para ir a una fiesta, además sé que irías a criticar los centros de mesa
- ¿Qué te hace pensar que yo haría tal cosa?
- Te conozco demasiado bien mamá, diviértete – dijo besando a su madre en la mejilla
- Gracias otra vez hija, pero no te quedes toda la noche trabajando, sal a salir el encendido del árbol seguro te divertirás
- Vamos mamá, se te hace tarde así que fuera – ordeno Sora señalando la puerta
- Ya me voy, cuídate hija – se apresuro a decir Toshiko saliendo rápidamente
Sora vio la puerta cerrarse detrás de su madre, solo tenía que esperar a que mimi llegara para que empezaran a platicar un rato, de momento tenia la tienda para ella sola, olía el aroma perfumado de las Rosas, Claveles y jancitos y empezó a recordar, cuando era niña en el parque nadie quería jugar con ella cuando conoció a Tai, el se acerco a ella para regalarle un pequeño clavel, desde ese momento comenzó una larga amistad con él, habían pasado 19 años desde entonces y ahí estaba el de nuevo, Taichi Yagami después de 9 años de estar ausente vuelve a su vida como si nada, ella pensaba que las cosas pasaban por algo, y pensó que justo después de que cortara con matt Tai regresara, Sora sacudió la cabeza y trato de no pensar más en eso cuando la puerta de la tienda aviso con un tintineo la llegada de un cliente, ella se giro para atenderlo y allí estaba el… Taichi Yagami, de pronto la tienda se le hizo muy pequeña, el no vaciló, no miro los arreglos florares que había a su alrededor, se dirigió directo hacia ella.
- ¿estás buscando flores? – pregunto en un tono frio
- Te estoy buscando a ti – Tai era más alto a como lo recordaba Sora, superaba con creces su metro sesenta y siete porque de pronto se encontró mirándolo a la barbilla.
- ¿Qué quieres?, ¿estoy trabajando?
- La tienda está vacía. Tenemos que hablar – Tai la miraba con esos ojos oscuros y turbulentos, Sora sintió la misma sensación del día anterior
- Tengo cosas que hacer – dijo sin voltearse
- Vale, hablare contigo mientras las haces – Sora emitió un sonido de frustración y se dirigió al mostrador
- No veo de que tenemos que hablar
- Qué te parece si empiezo a explicarte la razón por la que me fui
- No sé y no me interesa
- Vamos Sora, después de tanto tiempo de no vernos así es como me recibes
- Mira Tai es la última vez que te lo digo, no quiero hablar de nada contigo, además creo que fui clara lo que te dije el día anterior al que te marchaste
- Lo sé …- dijo bajando la mirada – me dijiste que no querías volver a verme en tu vida
- Valla parece que si tienes memoria, bueno ahora si me permites tengo que trabajar – Tai dejo de insistirle tanto a Sora así que se dirigió a la puerta no sin antes decirle unas palabras
- Sabes, siempre me arrepiento de aquella pelea que tuvimos, fue algo que no debí haberme metido, si tuviera la oportunidad pediría un poco más de tu atención, ya lo vez no sirvo para odiar pero no me canso de esperar un poco mas – al oír eso una lagrima callo del rostro de Sora, por suerte ella estaba volteada así que Tai no pudo notarlo- estaré aquí unos días, probablemente después de navidad , si cambias de opinión ya sabes dónde encontrarme
Tai salio a la acera, era medio día, el todavía seguía sintiendo la suavidad de Sora en la palma de su mano, tal vez debió haberle llamado alguna vez para que supiera que se encontraba bien pero él había decidido que tenía que olvidarla a toda costa pero tal parece que no había cumplido su objetivo, nunca pudo quitarse de la cabeza esa extraña mescla fragilidad y fortaleza que Sora emanaba, ni el sabor que debía ensañar aquella boca suya.
Tai sacudió la cabeza con gesto impaciente, podía hacer muchas estupideces en su vida pero tratar de enrollarse en una relación con su mejor amiga, esa era la mayor estupidez que podría hacer, no la mayor estupidez que pudo hacer fue nunca haberle declarado sus sentimientos, no lo que tenía que hacer era ayudar a su madre en todo lo que pueda y salir de ahí lo antes posible antes de sentirse obligado a quedarse ayudando a su madre y a su hermana con las finanzas de la casa, pero se sentía inseguro, puede que tras nueve años estuviera empezando a hartarse del polvo, el cansancio, los incómodos catres y no olvidemos los molestos insectos, eso significaba que necesitaba tomarse un descanso, pero eso no significaba volver a Odaiba y retomar el negocio que habida dejado su padre.
Contemplo como la luz se hiba atenuando en el horizonte y pensó en las puestas de sol a lo largo del ecuador, donde la transición de la oscuridad y la luz tenía lugar en un abrir y cerrar de ojos, donde los atardeceres y los amaneceres tenían lugar a la misma hora fuera la estación que fuera, donde las estaciones eran más cálidas que incluso llegabas a dormir casi sin ropa por el calor que hacia, pero antes de que pudiera recordar mas varias imágenes de Sora llegaron a su cabeza.
Para tratar de apartarlas abrió la puerta del establecimiento de Yoshie, la mujer estaba detrás del mostrador metiendo las magdalenas que una mujer le hiba pidiendo cuando ve a Tai entrar
- Ya era hora de que regresaras, apenas me saludaste ayer – dijo Yoshie metiendo las ultimas dos magdalenas que le habían pedido- ¿ y que es eso de La U. de chile, pensé que el ultimo equipo en el que estabas era en el Real Madrid
- Bueno que te puedo decir, me apeteció un clima más cálido, además después de estar en Madrid jugué en el Inter de Milán y luego viaje a México para jugar en el América y en la UNAM y luego llegue a chile
- Sigo pensando que estas demasiado flaco, da igual donde hayas estado – tomo un bollo del mostrador- ten toma una de estas, no dos.
Tai la observo con una amplia sonrisa en el rostro cuando vivía en Odaiba Yoshie era uno de los pocos adultos con los que había tenido trato, uno en el que siempre pudo confiar además de su abuelo y su madre, cierto que el hacia algunas cosas que desobedecían las reglas pero no era un criminal, A Yoshie nunca le había importado esos comentarios, siempre lo había tratado como una persona y el la adoraba por ello.
- ¿y cómo es Chile? – pregunto al tiempo que le pasaba una taza de café
- Precioso, con espacios abiertos, lo que más me gusta de ahí es la playa de Viña del Mar, pero créeme, los mosquitos son la muerte, tal vez te mande una postal de ahí
- Genial, la pondré con mi colección
Tai hecho una mirada por encima del hombro de la mujer y vio que tenia la pared decorada de un arcoíris de diversas postales, la mayoría era las que Tai le mandaba a ella de vez en cuando, vio que las había guardado todas. Al irse de casa había dejado atrás todos los lazos y así había continuado, el creía que así era más fácil, la poca compañía que necesitaba era la de sus colegas, sus promotores o en alguna relación pasajera con chicas que conocía, era la vida que le iba bien.
No le había mandado ni una sola carta a su madre o su hermana para no convertirlas en el objeto de la ira de su padre y mucho menos a Sora o a cualquiera de sus amigos, sin embargo no se había parado a pensar por que le había mandado aquellas postales a Yoshie, además no estaba seguro de querer saberlo, seria más fácil llevarse el café a la mesa y dejar a Yoshie con sus clientes, no necesitaba mas lazos.
