Capitulo XI: una gran confusión, ¿más allá de la amistad?

- ¿Qué has hecho que?- mimi se detuvo y se quedo mirando fijamente a Sora

- Me he acostado con el

Hacia una mañana fría y la nieve caída durante la noche había cubierto de un manto blanco las calles. Estaban dando el paseo que se había vuelto habitual desde que tenían memoria.

- Te has acostado con el – repitió mimi caminando de nuevo – creía que habías decidido no hacerlo

- Eso creía, pero simplemente …ocurrió

- Oh si, ya me sé yo esa historia – Mimi la miro con gesto especulativo - ¿y?

- ¿Qué?

- ¿Cómo fue?, ¡Tai es de los chicos que te pueden mantener despierta toda la noche? Tu desde luego tienes esa pinta. De hecho pareces exhausta – dijo Mimi al ver los ojos de la pelirroja

- Eso es porque no he dormido, aunque no porque estuviera con Tai – se apresuro a decir – todo paso en la tarde

Tras lo cual ella había vuelto a casa y no había dejado de dar vueltas en la cama toda la noche, al amanecer el nuevo día ella seguía sin comprender su comportamiento. Mimi la miro con suspicacia

- ¿Estas dándole vueltas a la cabeza otra vez? – pregunto mimi

- No lo sé- dijo Sora conforme atravesaban la plaza- . No sé que estoy haciendo. No se si estoy así por lo de Tai o si sigue tratándose de Matt. Ayer no pensaba que lo fuera, ¿pero y si el subconsciente me está jugando una mala jugada?

- Estas dándole vueltas a la cabeza otra vez – dijo mimi afirmando la pregunta que había hecho antes

Sora se agachó a recoger una piña que había sobre la nieve

- Lo que estoy haciendo últimamente no es propio de mi – se quejo

- Se te permite. Todo el mundo tiene alguna vez sexo por despecho con alguien, especialmente después de una mala ruptura. Y tienes que admitir que la tuya con Matt ha sido de esas

- Por favor mimi, tal vez tengas razón con lo del sexo por despecho, ¿pero con tu mejor amigo de toda la vida?

Mimi abrió la boca pero volvió a cerrarla

- Tienes tus razones

- O puede que este mas fastidiada con esta situación que lo que creo

- O puede que sientas algo de verdad

Sora caminó en silencio escuchando el crujido de la nieve bajo sus pies. Al otro lado de la plaza, el árbol de navidad de la ciudad resplandecía con sus guirnaldas y sus bolas de cristal.

- No sé qué es lo que pasa, Tai y me lo confesó pero yo no estoy segura de lo que siento por el, yo siempre lo he visto como mi mejor amigo – dijo finalmente – hay algo en la manera en que me toca, parece que es sincero…¿pero cómo puedo saberlo yo?

- Deja de diseccionar la situación. Olvídate de Matt, olvídate del desastre legal. Te apuesto que si Tai te hubiera dicho lo que sentía 9 años atrás te aseguro que todo sería diferente, te apuesto que no lo estarías pasando por el microscopio como ahora

- ¿y como se supone que he de saberlo? – exploto Sora - . No puedes apartar de la escena a Matt, ni tampoco la situación en que me encuentro, está ahí, apuesto a que si nada de esto hubiera pasado Tai aun estaría en áfrica o en el polo o en donde sea que se le antoje ir. Y en cuanto esto termine regresara a su vida. Tomara un avión y todo habrá terminado – tiro la piña a lo lejos – Debo de estar loca – murmuró – no quiero involucrarme con Tai y arriesgarme a cometer el mismo error

Mimi le rodeo los hombros con gesto comprensivo.

- Demasiado tarde, amiga mía, ya lo estas

Unas horas más tarde Tai empujo la puerta de la florería y aspiro la conocida confusión de aromas florares. Podía haber llamado a Sora al móvil. No era necesario ir a buscarla en la tienda. ¿y que?, la razón era que quería verla, y si para eso tendría que atravesar todo el mundo pues lo haría. Y al parecer tenia qué hacer averiguaciones por qué no la veía por ninguna parte.

- Hola mimi, ¿esta Sora? – pregunto a la castaña la cual era prácticamente la mano derecha de Sora

- Esta atrás – dijo haciendo un gesto con la cabeza en la trastienda

- Gracias – Tai paso junto a ella en dirección a la parte trasera de la tienda. Por delante la tienda parecía el jardín del Edén: flores de todo tipo se intercalaban con campanas de viento, y una gran variedad de adornos que no sabría identificar. La parte trasera sin embargo era una zona funcional en la que los tesoros del almacén se almacenaban en cajas de cartón y las flores permanecían en hileras de cubos negros, las flores blancas estaban agrupadas en hileras de dos en dos listas para transportarse. Y la persona que las estaba transportando no era otra que Sora.

Estaba mirando para otro lado, y con un pie abría la puerta de atrás mientras trataba de guardar el equilibrio para que no se le cayeran los jarrones. Oyó una voz de mujer, pero no oyó lo que decía con la música de la radio. Debió de ser una broma, porque Sora se río. Entonces ella miro hacia donde estaba el y una enorme sonrisa brotó de sus labios, una sonrisa segura y encantadora y por un momento lo único que deseo fue aferrase a aquella imagen. Sora se tambaleo y la bandeja que levaba se inclino, Tai atravesó la habitación y consiguió quitarle la bandeja antes de que estuviera a punto de caerse.

- La tengo –dijo, levantándola con un poco de gesto valorativo – pesan mas de lo que parece

- Es por el agua – explico ella – gracias por sostenerla, si se me llegara a caer mi madre me cortaría el cuello

- Pues habría sido una pena, es un cuello my precioso

Tai vio pasar por los ojos de Sora la sorpresa, el placer y algo asi como la incomodidad. Por encima de las flores, capto el aroma que era solo de Sora, un olor sutil, esquivo y muy atrayente. Observo como se humedecía los labios con la lengua. Antes de que pudiera decir nada, sin embargo la puerta se abrió y apareció Toshiko Takenouchi.

- La próxima vez que acepte un encargo de Nancy Pittman recuérdame que vaya a que me examinen la cabeza – ordeno a su hija - ¿muguetes en Diciembre? ¿para cincuenta mesas? Esa mujer ha perdido el juicio. ¿Quién invita trescientas personas a la boda de su hija? No es posible que tengan tantos amigos, digo yo. Vamos, vamos, saquémoslas cuanto antes o se quedaran congeladas- dijo mientras colocaba un pie en el tope de la puerta – Hola Tai. ¿podrías ayudarnos ya que estas aquí? ¿Qué estás haciendo aquí por cierto?

- Ser reclutado por lo que parece – murmuró Sora mientras Tai tomaba otra de las bandejas de centros

- Bendito seas Tai – Toshiko tomo otra – me alegra que el espíritu navideño siga vivo en ti muchacho

Con sorprendente rapidez dado el peso de los centro florares, salio al callejón en el que se aguardaba una furgoneta verde y blanca cuyo interior estaba equipado con estanterías para colocar las bandejas, Toshiko dejó la bandeja en su sitio y se metió dentro para acomodar las que Sora y Tai habían añadido.

- ¿Por qué no te quedas aquí? – sugirió Tai- nosotros te las traeremos, asi tardaremos menos

- Cuanto mas rápido mejor, ya vamos retrasados

No era exactamente lo que había pensado al ir a la tienda, pero había conseguido ver a Sora mientras se pasaban las bandejas, intercambiando sonrisas. Trabajar juntos creaba una especie de intimidad. Lo único que deseaba era a ella, pero era un hombre paciente. Después ya la tendría para el solo. De momento se conformaba con aquello

Las estanterías estaban llenas y mas bandejas se alineaban en hileras en el suelo de la furgoneta. Y aun así todavía más centros en la tienda.

- ¿Cuántos quedan? – pregunto Toshiko saliendo de la furgoneta para poder acoplar una última bandeja

- Seis – dijo Sora - ¿qué quieres hacer?, dar dos vueltas, o por fin usaras todos estos años jugando tetris – dijo en broma aunque no veía cómo iban a meter mas de tres o cuatro bandejas en el sedán y aun consiguiéndolo, correrían el riesgo de que se volcaran

- Por poco que me guste la idea habrá que hacer dos viajes. Ya vamos muy justas de tiempo

- Yo tengo una idea mejor – dijo Tai sacando sus llaves – puedo traer la camioneta de mi mamá hasta aquí, tienen que caber las seis bandejas

- Oh, no podríamos…-empezó a decir Sora.

- Oh si, claro que podríamos- los ojos de Toshiko resplandecieron de alegrí tarde. La iglesia esta adornada, pero aun tenemos que entregar las flores para la entrada y los servicios de la capilla y el salón de recepción. Le hablare bien a Santa de ti si nos ayudas, Tai. O te pagare la gasolina

- Pero…-empezó a decir Sora

- Fenomenal – Tai sonrió ampliamente-. Voy a necesitar toda la ayuda del mundo con Santa

- Estupendo – Toshiko rodeo el vehiculó hasta el asiento del vemos allá entonces

- ¿en donde? – pregunto Tai

- Sora lo sabe – las luces traseras del vehiculó se encendieron cuando Toshiko puso en marcha el motor y salio del callejón

Sora lo miro con un contrito encogimiento de hombros mientras entraban de nuevo a la tienda.

- Mi madre a veces es como un huracán

- ¿y que madre no lo es? – pregunto Tai con una intensa sonrisa

- Fuiste muy amable al prestarte a ayudar, pero esto ya es pasarse – la trastienda le pareció súbitamente pequeña. Los botones de rosas se cernían sobre ellos por todas partes y Sora sintió que se mareaba, Aunque no tanto como por la presencia de Tai

- No pasa nada- dijo el sin prestar importancia- Deja que traiga el todoterreno hasta aquí para que podamos cargarlo

- No has venido hasta aquí a cargar centros de flores- se quejo que tienes otras cosas que hacer- frunció el ceño-. ¿A que has venido por cierto? Has venido por una razón, ¿Verdad?.

Tai extendió una mano y rozo los muguetes con las yemas de los dedos

- Por supuesto

- Pues eso es lo que importa, ¿que querías?- Tai clavo la mirada a ella

- A ti

Sora sintió que se quedaba sin aire en los pulmones. Estaban totalmente vestidos, y, por un momento sintió la misma excitación que si estuvieran desnudos en una cama. Trago saliva al sentir la garganta seca de repente

- No es muy práctico – consiguió decir

- ¿Qué no es muy práctico?

- Tu y yo

- Desde ayer ya no estoy seguro de que importe

- ¿y que dirá Wesker si se entera? De todas formas tenemos trabajo. No podemos dejarnos llevar por…

- ¿Dejarnos llevar por qué?

Al empezar a hablar estaban uno junto al otro, pero de alguna manera él se había movido sin que ella se percatase de manera que en ese momento se encontraban uno frente al otro separados por un mostrador. El aroma de los muguetes los envolvía. Tai la miraba con intensidad, su boca muy cerca de ella.

- Ayer no hablamos de ellos – observó el inclinándose sobre ella

- ¿de que tenemos que hablar? Nos acostamos, no lo lamento, fue asombroso, per…

Tai se inclino un poco más y le roso los labios con los suyos

- Me alegro que estemos de acuerdo en eso, fue asombroso, lo suficiente para repetir.

Sora noto la oleada de calor, Aquella caricia, aquel leve roce de sus labios había bastado para hacerla vibrar por dentro como una campana. Por un instante sólo pudo pensar en ello, en el. La voz de mimi al saludar a un cliente se filtro en ellos

- Este no es el lugar – dijo Sora con voz temblorosa

- Pues habrá que encontrar uno, Entretanto, tenemos que ocuparnos de las flores de tu madre

- No tienes por que hacerlo- dijo ella. Y si tenía que estar con él toda la noche, podría terminar cediendo a aquella resaca de seducción como un nadador que se sumerge por última vez.

- Yo no opino igual. Tiene sus beneficios. Ganare puntos con Santa, es mi buena acción del día y, además puedo hacer esto

Tras decirlo la estrecho entre sus brazos y le dio un apasionado, aunque rápido, beso.

- Mas tarde completare la faena – le prometió mientras la soltaba y le daba la vuelta

Sora se quedo allí de pie, mirando fijamente al vacio, pensando en lo patética que era. Tenia muchas buenas razones para creer que acostarse con Tai no había sido una muy buena idea y que era algo que no debería repetirse. Y le había faltado tiempo para derretirse como una colegiala nada más de verlo. Se humedeció los labios y trato de ignorar el pequeño rubor que había iniciado en ella el beso de Tai. De nada serbia que en su cabeza hubiera decidido que lo mejor seria guardar la distancia. Su cuerpo tenia otra opinión.

- Baja por la siguiente calle y gira a la izquierda- explico-. Vamos al nuevo club de campo de Odaiba

- ¿Ya no es el club de Tenis y de Ocio de Odaiba?

- Exacto

- Ha llegado el informe económico sobre la situación de mi madre- comento Tai cuando tuvieron que detenerse en un semáforo

- ¿y? – insto Sora agradecida por el cambio de tema

- Nada raro, parece que mi padre antes de morir a dejado todo en orden

- Que bien, me alegra oír eso

- TK y yo hemos estado echando un vistazo a ver si encontrábamos la contraseña, pero no ha habido suerte

- Esto es frustrante – dijo Sora sacudiendo la cabeza-. Lo que necesitamos está dentro de ese maldito ordenador, lo sé. Y no podemos acceder a ello

- Me parece que estas olvidando a cierto geniecillo electrónico cuyas computadoras es su especialidad

- Hablas de Izzi

- Exacto

- Olvídalo Tai, Izzi está fuera de la ciudad y según mimi llegara después un día antes de navidad, y no podemos esperar tanto

- Vale tienes razón – Tai giro-. Tal vez deberíamos llamar a Wesker

- No es por llevarte la contraria, pero solo en último caso. No sabemos que hay dentro de ese ordenador exactamente. Si resulta que no guarda nada que me absuelva, lo ultimo que queremos es darle mas munición, Aún busca un objetivo, ¿recuerdas?- y lo ultimo que necesitaban era que el policía sospechara que había algo entre Tai y ella. Sora expulso una bocanada de aire llena de frustración-. A la derecha, aquí

Girar al otro lado los llevaría a la autopista qué conducía a la casa segura y al ordenador y a las preguntas

- Hay alguna posibilidad de que Matt se haya podido dejar algo en tu departamento- pregunto Tai siguiendo las instrucciones de Sora para llegar al club de campo situado a las afueras de Odaiba

- Seguro que los federales ya pensaron en ello, Por eso lo revolvieron de cabo a rabo

- No hablo de ficheros o documentos. Quiero decir que si podría haber escondido una contraseña o algo así. Tengo que ir a Tokio pasado mañana a ver a un amigo. Podrías venir conmigo y echar un vistazo

Y así tendrían tiempo e intimidad para averiguar qué era lo que había entre ellos. Probablemente no fuera un acto inteligente, desde luego no era sensato pero se mentiría así misma si decia que no queria hacerlo.

- Esta bien-e oyo decir-. No puedo imaginar qué podremos encontrar nosotros que ellos no hayan encontrado, sobre todo teniendo en cuenta el estado en que me han dejado mi casa, pero no pasara nada por comprobar.

Y pensar en lo que podrián hacer mientras investigaban le causó una espiral de deseo que le recorrió todo el cuerpo.

- Lo haremos mañana entonces- dijo Tai acercando el coche hasta la entrada de servicio del club de campo- . Y ahora dime, ¿Dónde tenemos que poner estas flores?