Capitulo XII: Sentimientos revelados
Soñó con él y despertó deseándolo. Sora se ducho y se vistió, su ropa le pareció extraña en su cuerpo. Se maquillo y pensó en el rostro de Tai. Cuando lo vio en la puerta lo deseo nuevamente.
No se tocaron, se dirigieron a la camioneta con poco más que un roce de las manos, por fuera todo era igual que dos días antes, por dentro, todo era my diferente. Ya que no se preguntaban cómo sería; lo sabían. Ya no se preguntaban si ocurriría; sabían que ocurriría. Y pese a todas las razones por no hacerlo Sora quería hacerlo.
Fueron en la camioneta hasta la estación. No hablaron mucho, observaban el ir y venir de los trenes, todavía no se habían tocado. Ya había pasado la hora, el andén estaba vacío. Y por alguna razón eso no hizo más que agudizar la conciencia de la cercanía de Tai. Estaba a un lado de ella, guardando cuidadosamente la distancia, y Sora juraría que podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de el a través del abrigo. Los minutos pasaban poco a poco. Era insoportable.
Sora se humedeció los labios. Al final de la estación, donde las vías trazaban una curva y se perdían en el horizonte, vio aparecer un tren. Se volvió hacia Tai.
- Mira Tai, creo que… - comenzó a decir
Tai avanzo dos pasos y presiono sus labios contra los de Sora dándole un largo y apasionado beso. No era tentación ni deseo. Era lo más parecido a la necesidad de beber después de varios días en el desierto. Sora aspiro su aroma, se abandonó al placer de sentir sus brazos alrededor. Era como si el contacto con sus labios tuviera alguna propiedad sanadora.
Tai la besaba como si quisiera devorarla. El rugido de la sangre en sus oídos se convirtió en el rugido del tren que se acercaba. El tiempo se detuvo. La urgente necesidad recorría las venas de Sora a cada latido, algo todavía mas intenso pues habían dejado de tocarse. En el tren ella se sneto junto a Tai, temerosa de mirarlo o hablar, temerosa de que pudiera perder el control. Se le hizo asombroso cómo la vida quedó definida a partir de ese momento por la espera: esperar a que saliera el tren, a llegar a la estación de Tokio, a que salieran de la estación y llegaran a su departamento.
Pero finalmente allí estaban, regocijándose en el sabor de la boca del otro mientras subían el ascensor. Se detuvieron sólo mientras recorrían el pasillo hasta su puerta, metió la llave con dedos temblorosos, desesperada por llegar a la cama que los aguardaba dentro. Sora giro el pomo y abrió la puerta.
- Madre mía – dijo Tai
Era pero de lo que ella recordaba. Ella tenía muchas cosas en la mente asi que era obvio que no se había esforzado en limpiar aquél desorden.
- ¿puedes demandarlos por esto? – Tai se agacho para recoger un pequeño puñado de CDs y los colocó en su lugar
- ¿Cómo?, no han roto nada, sólo han desordenado. La verdad no quiero pensar en ello – dijo con fiereza Sora apoyando la frente en el torso de Tai- No quiero verlo, solo quiero irme de aquí. "solo quiero estar contigo" – pensó ella
Y asi sin más que la urgente necesidad volvió. Puede que fuera una forma de olvidar lo que había a su alrededor o sólo una manera de centrarse en lo que realmente importaba.
Dos noches, dos interminables días habían pasado desde que hicieron el amor por primera vez. Dos días en los que no había dejado de pensar en la sensación de tener aquel cuerpo con ella. No importaba que en ese momento estuvieran en un apartamento destrozado. Si cerraba los ojos no vería el caos. Si cerraba los ojos, todo era Tai, todo lo que deseaba.
Tras una espera que se les hizo infinita Sora abrazo a Tai para darle un beso, no podían esperar mas. Se fueron quitando la ropa mutuamente en una carrera y cayeron de espaldas en el sofá. No llegaron al dormitorio que estaba apenas a cinco metros de distancia. No había tiempo ni paciencia.
Con la boca y las manos se acariciaron. Cuando Tai deslizo las manos debajo de su blusa, Sora gimió por lo súbito de la caricia. El tiempo se estiro en un río de sensaciones, su boca sobre el, los dedos de el en su cabello.
Tai tomo a Sora y la atrajo hacia el, ella elevo las cadera para ayudarlo a que le quitara los pantalones y se tumbo entre los blandos cojines bajo el peso de el, pero sobre todo se sintió viva. Había contenido el aliento el aliento de la expectación que la espera y el deseo contenido habian provocado y entonces…Tai se hundió en ella.
Fue algo exquisito, insoportable. Aquel cuerpo que la embestía. Y cada vez que lo hacia le arrancaba un gemido de lo intenso que era el contacto,. Nunca tendría suficiente de el, pensaba Sora, mientras Tai la hacia subir hasta la cima del éxtasis, mas y más, hasta su cuerpo no pudo resistir m´s. Por un momento interminable se sintió suspendida en el vació y al cabo rodó por el precipicio en una avalancha de placer, un abrumador embate que la dejó temblando mientras sus gemidos de culminación se mezclaban con los de él.
Tai no quería irse, quería quedarse ahí con Sora pero había ido ahí para ir a ver a Claudio no a hacer el amor con Sora, despedirse de ella fue difícil; salir por la puerta más, después de un largo trayecto Tai por fin llegaba al restaurante, Los filetes eran gruesos y jugosos: os asientos de cuero y el alcohol de primera y justo ahí vio a Claudio, se dirigió hacia el.
- Pensé que no llegarías Yagami – dijo Claudio dándole un sorbo a su whisky
- He venido, ¿no?- dijo el castaño cuando la camarera llega con los platos de ambos - ¿vas a comerte todo eso? – Tai miro el gigantesco trozo de carne de mas de medio kilo de peso
- Cuando puedo, mi mujer me tiene a dieta, dice que esta preocupada por el colesterol y todas esas cosas, pero yo me preocupo de morir de hambre
- Clásico de ti – dijo Tai
Tai descubrió que era una carne muy rica, que merecía la pena darse el lujo, y a continuación se pregunto si volvería a disfrutar de una comida así sin recordar las cosas que cocinaba su madre.
- ¿y dime?, como te ha ido últimamente– pregunto Claudio
- Pues diría que bien, algunos días mal. Bien Claudio dejemos la platica para después, ¿para que has venido?
- Sabes, he estado mirando tu expediente
- ¿Tienes algún problema con eso?
- Claro que no me sorprende, Real Madrid, Inter de Milán, Manchester United, eres el mejor jugador que he conocido, tu lo sabes
- ¿pero?
- Pero siento que tu estás perdiendo el entusiasmo- se metió una patata frita en la boca
- Dame un respiro Claudio, e estado en Chechenia, México, Italia, Argentina. Necesitaba un tiempo para descansar antes de volver a las canchas, no te preocupes por el equipo juvenil, regresare a chile antes de que empiece el torneo juvenil
- Sabes, entrenar a todos esos niños debe de ser muy cansado, creo que cualquiera podría tomar tu lugar como entrenador
- ¿a que quieres llegar con todo esto?
- Tai tú tienes una madre, a quien harías muy feliz si te quedaras por aquí un tiempo, Tal vez deberías tomarte un descanso
- Se supone que eres director técnico, no un asistente social
- Tal vez sea un amigo
- Me necesitan ahí Claudio, no necesitó un descansó
- Tu sabes que mi hijo esta en el equipo, y el te estima mucho como todos lo demás chicos, pero que te parecería tener un trabajo mejor asalariado
- ¿a que te refieres?
- Dado que te mueres de la curiosidad te lo diré, pienso tomarme un pequeño descansó, tengo algunos proyectos que pensaba realizar desde hace tiempo y creo que este seria al momento oportuno, e problema es que no confió en nadie para ocupar mi puesto, así que quiero que tu seas el director técnico del equipo en mi ausencia
- Quieres que yo te remplace
- Se te daría bien, lo sabes – Tai dejo caer el tenedor sobre el plato con un tintineo
- Sabes que no me quedo en un solo lugar mucho tiempo, que harán cuando decida irme
- Se que no lo harás, esta es una gran oportunidad para ti, no la deberías dejar escapar
- Solo será hasta que tu regreses, ¿cierto?
- Si- Claudio levanto el vaso de whisky y lo inspecciono- si es la palabra mágica- tengo 38 años chico, tengo que empezar a pensar en otras cosas
- No lo se Claudio, la verdad estoy inseguro
- Vamos Tai te quiero dentro, ahí esta tu sitio. Con lo que sabes podrías hacer una gran diferencia
- Lo hago en el campo
- Esta es una manera distinta de hacerlo, claro amenos que haya alguna razón por la que quieras rechazar la oferta
Lo único que le llego a la mente a Tai es que pasara con Sora, el ya la había abandonado una vez, no podía hacerlo nuevamente y menos en ese momento
- Vamos Tai, ¿dime que lo pensaras almenos?
- De acuerdo, pensare en ello – dijo Tai con la sensación de que la arena se le encapaba de los dedos.
Se suponía que estar de vuelta en Tokio tendría que resultarle familiar, reconfortante. Sora no sabia por qué no era asi. En su lugar se sentía extraña, asfixiada, con tanta gente y tanto cemento. Sólo habían pasado dos semanas. ¿Cómo podía sentirse tan fuera de lugar?
Había buscado por todas partes una posible pista de la contraseña de Matt, pero no había ni rastro de ningún trozo de papel escondido en un cajón y desde luego tampoco estaba escrito en una pared rodeado de flechas.
Así que puso a Scorpions en el equipo de música y empezó a cantar mientras iba echando algunas camisas, playeras, blusas y Jeans en su bolsa de viaje. Estaba mas que harta de llevar siempre lo mismo. También lo estaba de limpiar. Aún quedaba mucho por hacer, y ni siquiera había empezado por el rincón de su dormitorio que usaba como oficina; tan solo había logrado amontonar los papeles desparramados por toda la superficie. Debería seguir. En su lugar sacó un vestido para ponerse el día de la fiesta y lo metió en su bolsa.
Cuando Tai llamo al timbre, le abrió por medio del portero automático y lo espero expectante en la puerta.
- Vaya- exclamo echando un vistazo a su alrededor
- ¿es un "vaya" bueno o un "vaya" malo
- Vaya significa que has hecho un montón de cosas – se dirigió hacia ella-. Vaya significa que todo tiene mejor pinta – le paso la mano por la cintura -. Vaya significa que me encantan tus labios – murmuro inclinándose hacia ella pero Sora se retiro
- ¿A dónde vas?
- No podemos pasarnos todo el día haciendo el amor- trato de incorporarse y estiro la mano hacia su ropa
- Yo creo que si – Tai estiro el brazo hacia ella – déjame demostrártelo
- No- dijo ella con firmeza- no podemos perder el tren de regreso
- Vamos, el último tren a Odaiba sale a las 11, o podríamos quedarnos
Sora pensó con anhelo en pasar la noche con él, los dos solos
- Esta Wesker Tai, y mis padres. No estoy segura de poder enfrentarme a sus preguntas
Por que eso significaba enfrentarse a cosas a las que aun no podía. ¿Cómo iba a explicarle a su madre lo que estaba haciendo si ni ella misma lo sabía?
- Tenemos que irnos. De verdad. dijo Sora con un suspiro
- Supongo que tienes razón – Tai se levanto y tomo su chaqueta. La siguió entonces al dormitorio y la observo mientras terminaba de hacer la maleta.
- Ves por alguna parte el cargador de mi Black Berry? – pregunto mirando en el escritorio y en el buro
Tai tomo una fotografía enmarcada que estaba apoyada contra la pared
- ¿y esto? – Tai hizo un gesto con la cabeza al ver mejor de que foto se trataba
Sora le quito la foto y la metió en su maleta, la arena de la playa, el cielo rojo, el abrazando a Sora mientras veían la puesta de sol mientras Sora esbozaba una sonrisa, el rostro de ella en la foto mostraba sencillamente felicidad, le sorprendía que ella tuviera esa foto, Tai veía como Sora miraba aquella foto.
- Ojala todo fuera como en ese tiempo – dijo con cierto tono de melancolía
- ¿estas bien?- pregunto Tai – dijo volteando hacia el caos que reinaba en su escritorio
- Oye.
- Mi ipod – dijo con desesperación – es de los pequeños. Azul – no podía soportar la ternura de Tai en ese momento
- No lo veo- dijo Tai levantando libros y papeles- vi uno azul en la casa del bosque. ¿es posible que Matt se lo llevara sin decírtelo?
- No veo por que no, No me contaba lo que hacía- sintió una constricción en la garganta – No importa – Sora pestaño ferozmente. Nada importaba ya y se estaba hartando de que Tai estuviera siendo testigo de todas sus crisis nerviosas. Agarró el bolso y salio del cuarto
- Espera – Tai la alcanzo y la obligo a girar hacia el – Matt es un idiota, el no te merecía
- No es eso – Sora se detuvo – normalmente no soy un manojo de nervios como ahora
- Lo se.
- Ese es el problema Tai, últimamente me has visto muy estresada, sabes que yo no soy así
- Lo se – dijo sin alterarse – recuerda que te conozco desde primero de primaria
- Yo… - dejo escapar una larga bocanada-. No puedo creer que me lo tragara todo. Me veo en esa foto, sonriendo, feliz e ignorante, y recuerdo que esa foto me la tome un poco antes de empezar a salir con matt, de seguro desde antes ya me engañaba con otras mujeres y yo no tenía ni idea
- Confiar en las personas no es un crimen – Tai le acaricio la mejilla con sus dedos
- Pero es peligroso- repuso ella con seriedad – Ya ni siquiera puedo confiar en mi misma, ya no se en que confiar
- Puedes confiar en esto – susurró y apretó los labios contra los suyos
Largo rato después de que hubiera anochecido los dos reposaban juntos en la cama entre sabanas revueltas, el acto amoroso había sumido a Sora en una pesada languidez. Tenia que volver, lo sabia, pero no le importaba. En vez de ellos, se quedo allí, con la cabeza apoyada en el pecho de Tai.
- Cuéntame algo sobre ti
- ¿Qué quieres saber?
- Que hacías en todos los lugares a los que ibas por ejemplo – Tai le recorrió la espalda trazando hipnóticos círculos con los dedos
- Cuando estuve en España no sabía qué hacer, solo era un simple extranjero esperando cumplir un sueño, un día me encontraba practicando con mi balón en el parque, un extraño sujeto me vio, me dijo que tenía talento, resulto ser el entrenador del Real Madrid y me ofreció un lugar en el equipo, ese fue mi gran debut en un equipo europeo de primera división, estuve en España casi un año, incluso gane un Pichichi
- ¿Un pichichi?
- Es el trofeo para el mejor goleador de la liga
- Lo se Tai, no creas que ando tan oxidada en el Soccer
- Me alegra oír eso, bien después de estar un tiempo en el real Madrid decidí que era tiempo de cambiar de ambiente y ahí es donde empecé a viajar a distintos lugares del mundo, en algunos me unía a los equipos, en otras ocasiones solo era porque me apetecía ir a un lugar diferente
- ¿Cómo Siberia?- pregunto Sora
- Como Siberia- afirmo Tai
- Mis estudios los termine en México, pero créeme que era la pesadilla de los maestros
- ¿Por qué?
- Me cole algunas clases, solté animales en el laboratorio de biología, afloje los tornillos de la puerta de la sala de profesores para que se quedaran encerrados este tipo de cosas.
- Suena a algo que Taichi Yagami haría
- Si que me conoces, después de terminar mis estudios pensaba en estudiar alguna carrera pero desgraciadamente no pude terminarla
Sora le acaricio la mejilla
- ¿Y que pensabas estudiar?
- Derecho, al igual que mi padre
- Vaya, no me imagino al gran Taichi Yagami, un crack del deporte como abogado
- Supongo que tienes razón, pero mi padre tenia esperanzas de que estudiara leyes como el
- Lastima que el falleció
- No importa, estoy seguro que el estaría orgulloso de mi
- Bueno, amenos ya has vuelto a casa
- E vuelto a Odaiba – corrigió el – No a casa
- ¿estas seguro de eso?
Tai se quedo mirándola un largo rato
- Es distinto a lo que recordaba, no sé si es porque ya no está mi padre, o que ha cambiado sin más. o que yo he cambiado
- Tu tampoco eres como te recordaba
- ¿Qué es lo que recordabas?
- A un chico rebelde, cabeza dura, Impulsivo y problemático
- Sigo siendo problemático
- Sabes tu estas igual a como te recordaba, tus cabellos naranjas, tus ojos color miel, tu carácter mandón
- Yo no soy mandona
- O, si que lo eres
- Debe ser duro todo lo que estas pasando ahora
- No te preocupes Tai, todo esto me esta sirviendo para ver la verdadera persona que es Matt, siempre pensaba que matt era el chico bueno y tu…
- Un maleante y un delincuente – clavo la mirada en ella - . La mayoría en Odaiba me catalogaba así, solo tú, tu madre, Yoshie y mi hermana sabían cómo era en realidad – noto que Sora volvió a tener esa mirada de tristeza – siento mucho lo que te ha hecho el y lo que te está haciendo pasar
Ella le devolvió la mirada y, de pronto, fue como si todas las líneas de su rostro asumieran una importancia especial su mirada pareció ampliarse hasta comprender todo su universo. El tiempo se detuvo, como si la existencia de los dos pendiera del espacio de cada latido de su corazón. Y entonces lo supo, una verdad solida e innegable que se ocultaba desde el primer momento en que lo conoció cuando apenas eran unos niños…
Estaba enamorada de él.
