Hola, ah, no he tenido tiempo de revisar el capitulo, pero creo que esta aceptable; ya luego me ocupare de ver que todo se entienda.

Título original: "This Dance"

Autora: Sunny Day in February Perfil:/u/561645/

Disclaimer: No, Hetalia sigue sin ser mio.


Esta Danza: No Te Pares Por Mi

Lovino:

Entonces…

Sabía que había accedido a cenar en casa de Antonio; tenía que admitirme que sería conveniente hacerlo.

También sabía que había accedido a pasar la noche con él, a pesar de que no había respondido a esa significativa pregunta.

De verdad, no lo hice. Estaba seguro que no lo hice. No había asentido o dicho sí. No le había sonreído. No supe que decir. Yo era tan… inexperto y nuevo en todo esto. Nuevo a experimentar estos sentimientos liberados dentro de mí, nuevo a estar con Antonio… así… Era confuso. ¿Debería quedarme por la noche? Tenía un montón de palabras perdidas y no pude responderle de inmediato. Demonios, estaba incluso nervioso de que no le respondería en lo absoluto.

Pero…

…cuando él, después de que había terminado de limpiar la cocina, tomo mi mano en la suya y silenciosamente me guio a su habitación, me encontré a mi mismo pensando que quizá, tan solo quizá, mi corazón enamorado ya había respondido en lugar de mi mente.

Sí. Me estaba quedando. Iba a pasar la noche con él.

No estaba seguro si era una buena decisión.

Pero no me importa una mierda si no lo era, de todos modos.

XxX

Estábamos en la habitación de Antonio. La tenía jodidamente grande.

…la habitación, quiero decir.

Con dedos temblorosos, un inquieto modo de respirar que hubiera matado a cualquier ser humano normal y una anormal cara roja (eso era bastante normal cuando viene siendo mi jodida cara), marce el numero del celular de Feliciano.

Bueno, lo intente, de cualquier manera. Pero seguía equivocándome con los números porque mis manos se estaban sacudiendo incontrolablemente. Joder, odiaba mis malditas manos.

Antonio, quien estaba sentando justo en el medio de su gran cama, chasqueo y me coloco en su regazo. Aparentemente, balancearse torpemente sobre él no era suficientemente satisfactorio para el maldito bastardo-tomate; tenía que sentármele a horcajadas.

Así que lo hice.

Probablemente estaba sonrojado hasta mis jodidas orejas cuando sentí la calidez de sus muslos conectar a mi cuerpo y claro, mis ya aflojados pantalones no estaban haciendo las cosas más fáciles para mí, pero extrañamente, yo estaba bien con eso.

Era mi maldito dedo que no paraba de moverse en todas las direcciones incorrectas lo que me ponía nervioso, no las bromistas manos de Antonio por debajo de mi camisa.

A pesar de que se sentía agradablemente raro.

Lo que fue un verdaderamente mal enunciado.

—Ah, solo llámalo ya, Lovi —dijo Antonio, suspirando—. ¿Qué te está tomando tanto tiempo? Es bastante tarde… Feli probablemente se está preguntando por qué no has llegado aún…

Presiono un impaciente beso en la esquina de mi boca.

Me estremecí, cerré los ojos y deje que me besara antes de dar una respuesta ronca.

—N-no, no lo está, la mayor parte del tiempo está demasiado ocupado saliendo con… con ese idiota japonés y el bastardo-patatas para preocuparse por mí, de cualquier manera. Lo conozco.

Sentí sus labios, ahora, lentamente trazando la forma de mi barbilla, volverse hacia arriba. —…y aun así, estas siendo sorprendentemente insistente en infórmale de tu paradero.

—Cállate. E-él solo debe saber que estará solo en casa esta noche, maldición… —Trate de marcar el número de Feliciano otra vez. Parecía que había atinado esta vez. Ya era hora de que lo hiciera.

—Ah, Lovi, eren un hermano mayor cariñoso —Antonio rio suavemente, acaricio mi cuello y movió sus manos hacia abajo en un movimiento fluido—… me gusta, ajajaja…

En serio me estaba preguntando si estaba hablando de mi estúpido amor fraternal por ese inútil de Feliciano o de la textura flexible de mi trasero, pero antes de que pudiera pensar sobre ello un poco más, escuche la fuerte y molesta voz de dicho hermano en el otro lado de la línea.

—Veee~ ¿Hola? ¿Hermano?

—S-sí, soy yo. —Me moví incómodamente cuando Antonio empezó a desabotonar mi camisa calmadamente, sus verdes ojos ardiendo con una extraña y lujuriosa clase de pasión. No lo había visto así de concentrado en años. Era… era de algún modo… s-sí…

…sexy.

—¡Justamente estaba pensando en ti! —rió Feliciano, perturbando mis nublosos pensamientos —. ¡Oye oye, a que no adivinas quien me está visitando ahora!~

—No me importa un puto culo de rata quién te está visitando, idiota. —gruñí. No era una mentira. Por el momento, no me podía importar menos quién o qué estaba visitando a mi hermano menor.

Pero apostaría a que era Alemania. Jodido bastardo come-wurst.

Las peligrosamente experimentadas manos de Antonio tiraron de mi camisa hasta que salió, solo un poco. Sostuve un jadeo cuando mordió mi hombro desnudo, un extraño silbido escapo de mi boca en su lugar. ¡M-mierda, eso duele!

…en un buen modo.

Jodida mierda.

… ¿hermano? —Feliciano dijo, confundido—… veee… ¿qué estás haciendo? ¿Dónde estás, a propósito? ¿Estás visitando al hermano España?

—S-sí.

Antonio articulo un "lo siento" para mi antes de dar una vigorosa lamida en el punto de mi dolor. Y otra. Y otra. Me estremecí y con poco entusiasmo trate de alejarle. Naturalmente, fallé.

Mientras tanto, Feliciano no tenía idea de lo que estaba pasando y siguió traqueteando como el inconsciente perdedor que era. —Oh, ¡está bien!~ ¡Veee, me alegra que tu y España sean tan buenos amigos! Oye, ¿cuándo volverás a casa?

—Es por eso que te llamo, F-Feliciano —tome un tembloroso, pero profundo suspiro cuando Antonio me empujo cuidadosamente, acostándome en la cama—… n-no voy a ir a casa esta noche. Me quedare aquí. En casa de Antonio.

En el minuto en que las palabras dejaron mi boca, Antonio dio una extática sonrisa y literalmente se tiro encima de mí y me abrazo. Apretadamente. Se sentía tan bien, tan cerca, tan, pero tan cerca…

Tal vez un poco demasiado cerca; ¡yo seguía en el jodido teléfono! Maldita sea, ¿qué ese hombre no tenía ninguna vergüenza?

Grazne un vil gemido y puse una mano sobre el receptor. —¡T-tu jodida pieza de mierda, que demonios, brincándome así!

—¡Ah, pero tú lo dijiste!~ —susurro Antonio—…¡dijiste que te ibas a quedar conmigo esta noche! ¡Soy tan feliz!

La intensidad de mi sonrojo incremento. —¡E-eres un idiota!

Él solo rio y me beso de una manera que hiso que mi idiota corazón, azotado de amor, aleteara y se fundiera a la vez. J-jodido bastardo… sentí que yo agarraba el teléfono en mis manos más fuerte. M-maldición, l-lo odiaba por besarme tan… tan agradablemente y aun así tan codiciosamente al mismo tiempo…

Él jadeaba con suavidad cuando por fin se apartó y agarró mi muñeca, la muñeca que estaba sosteniendo el teléfono, sin apartar la vista de mí.

—Cuelga.

—¿Q-qué? —jadee, mi mente todavía un poco aturdido por ese último beso.

—Cuelga, Lovino. Le dijiste a Feli que te vas a quedar conmigo, así que has terminado. Ahora, cuelga, querido.

Por alguna razón desconocida, tenía que fruncir el seño en protesta —siempre tenía que— y sacudir la cabeza con furia. —… ¡n-no, tu bastardo, no he terminado de hablar con Feliciano aun!

El español elevo una ceja —¿Ooh? ¿Es así?

—¡Sí!

—Bueno, no por mucho.

—¿Qué demonios se supone que significa eso?

Antonio se encogió de hombros alegremente, simplemente arrancó el pequeño teléfono de mi mano y lo arrojó por la jodida ventana.

Desapareció en el claro cielo azul de afuera y unos segundos más tarde escuche un débil y de algún modo triste sonido de algo estrellándose, probablemente en una de las rocas que rodean la casa de España.

Oh, genial. Justo cuando finalmente había terminado de pagar la maldita cosa.

Mire fijamente en dirección a la ventana abierta. Luego mire a Antonio. Entonces de nuevo a la ventana. Entonces, finalmente, de vuelta a Antonio.

—Así que tú has destruido mi teléfono.

Él sonrió y se inclinó hacia mí, con sus exploradores labios húmedos de frotando los míos cuando me respondió.

—Ah… de verdad lo hice, ¿no es así? Lo siento…

—No me vengas con "lo siento" si no es enserio, t-tu bastardo demente. Me debes un jodido teléfono.

—Hm-hm…~

—¡Lo digo en serio!

—Se que lo haces. Pero Lovi, por favor deja de preocuparte tanto sobre cosas triviales como un tonto teléfono. Hay cosas más… importantes de las que preocuparse ahora, ya sabes…

Antonio tomo mi cara en sus manos y me beso una vez más, profunda y lentamente, explorando ansiosamente el interior de mi boca hasta que él noto que mi cuerpo se debilitaba por la falta de aire, ya que yo no notaba nada, maldita sea. En ese punto estaba muy atrapado en tener histéricos sentimientos felices para notar una mierda. Cuando él eventualmente me aparto, yo estaba jadeando por aire como un fumador empedernido e inclusive me estaba preguntando por qué.

—T-tu jodido b-bastardo —murmuré áspero, pero no sonaba amenazante en absoluto…

El español ni siquiera se molesto en reaccionar y se concentro en quitarnos la ropa lo más rápido posible, acariciándome cada vez que veía una oportunidad para hacerlo. Normalmente, yo estrellaría un furioso puño en esa jodida cara pervertida suya y le gritaría que se quedara lo más lejos posible de mí.

…bueno, no esta vez.

Él podía acariciarme si eso quería. Él podía hacerme lo que sea si eso quería. Yo se lo permitiría. Demonios, yo inclusive lo ayudaría.

M-mierda.

Si eso era de lo que trataba el amor, entonces yo estaba soberanamente jodido.

XxX

La última cosa que recordaba haber oído antes de ser violado por todo lo que era Antonio, fue el calmado y tranquilizante sonido de su voz, diciéndome que me relajara y no me preocupara por nada; él cuidaría de mí. Elegí creerle.

La última cosa que recordaba haber visto antes de ser tragado por todo lo que era Antonio, fueron sus ahora obscuros, hambrientos, pero aun cálidos ojos, admirándome. A mí. A mí y solo a .

Y la última cosa que recordaba haber dicho antes de ser devorado por todo lo que era Antonio, fue un débil gemido.

—…t-tú aun me debes un t-teléfono, bastardo…