Emm... Hola ^^ Lamento mucho el retraso, lo lamento de veras, pero he estado ocupada y no pude actualizar hasta hoy. Enserio, perdon... pero el lado positivo es que la espera para el próximo capitulo sera más corta. Ahora, hoy tendremos los lindos cameos de Bélgica y su hermano al que decidí nombrar como Países Bajos en lugar de Holanda, porque Holanda es una parte de el país no la nación (aunque a sus habitantes no les molesta ser llamados Holandeses o que se refieran a Holanda como al país entero, pero personalmente prefiero el otro modo), y porque en el original ponía Netherlands (excepto una parte que ya verán); su nombre humano en este fic sera Daan y lo divertido de todo esto es que Sunny Day in February es neerlandesa, ¡wiii!~
Título original: "This Dance"
Autora: Sunny Day in February Perfil:/u/561645/
Disclaimer: Bimbo no me pertenece... ¡Ah! y Hetalia y esta historia tampoco lo hacen.
Esta Danza: Días Aleatorios Antes Del Baile –parte 2
Lovino:
Cada vez que veía a Antonio hablando y pasando un buen rato (y siendo jodidamente apuesto, ese sexy bastardo) con otras naciones o personas, habían varios pensamientos brotando en mi cabeza como pequeñas chispas histéricas.
Sip, montones de pensamientos. Montones y montones de pensamientos. Era agotador, en verdad. Las ideas que recorrían fanáticamente mi cerebro (después de haber sido testigo de Antonio traqueteando con otro imbécil), eran mayoritariamente algo como…
La próxima vez que ese bastardo Alemán trate de hablarle de nuevo, voy a arrancarle su cabeza de patata y arrogarla a la horrible bendición cubierta de lava que es el infierno.
…o…
¿Q-qué diablos está haciendo la mano de Francia en el pecho de Antonio? ¿Qué jodidos demonios? ¿Lo está palpando? Oh mi Dios, sí lo está. Sí, eso definitivamente es palpar. ¡Mierda! ¡Mantente jodidamente lejos de él, tu baboso caracol, bastardo del vino!
…o inclusive…
Santa mierda. Él NO debería estar usando esos pantalones ajustados mientras está hablando. Estoy seguro que es considerado un crimen en algunas partes del mundo. Sí, él debería quitárselos. Quitárselos ahora mismo. Quizá lo ayude con eso y entonces lo besaría y entonces yo… yo… ¡qué DEMONIOS estoy PENSANDO, maldición!
…sí.
Claro, esa clase de pensamientos saliendo de mi insegura (y frecuentemente enrojecida) cabeza no eran nada fuera de lo común. Sin embargo, casi cada vez veía a Antonio teniendo una conversación, siempre había un pensamiento que fielmente seguía cruzando mi mente…
Debe ser condenadamente lindo ser capaz de hablar con otros de ese modo.
Antonio es una muy cálida y sociable nación. Amigable, simpático y agradable, eso es lo que él es, eso es lo que él respira. Su presencia es siempre muy placentera y aunque yo nunca se lo diría en persona, se que su gran personalidad es una de las muchas cosas que amo de él.
También amo su espíritu. Su sonrisa. Sus ojos. La forma en que me mira, me toca. La forma que me hace sentir acerca de mí mismo. Demonios, incluso amo su obscuro y perturbador pasado y las gruesas cicatrices en su cuerpo, causadas por él mismo y otros, gracias a muchos, muchos años de guerras. Lo habían hecho el hombre que es estos días. Un amable y amoroso, pero también peligrosamente apasionado hombre, que no le importa luchar por sus metas con todo lo que tiene adentro.
Era aterrador, pero al mismo tiempo muy… b-bueno… sexy, supongo.
¡P-pero nunca se lo diría! ¡No, yo nunca, jamás se lo diría! En primer lugar porque no quería parecer un algún estúpido idiota enfermo de amor, y en segundo lugar porque él ya lo sabe, de cualquier modo. No tengo que decirle cosas que ya sabe, maldición…
Pero… Antonio no era siempre un idiota despreocupado. Podía deprimirse, también.
Y sí, ya que hemos (de algún modo) iniciado oficialmente a… hm… s-salir, he visto a un sombrío Antonio en más de una ocasión.
No me gustaba en absoluto.
5 días antes del baile de Austria
A medida que Antonio y yo caminábamos por la calle, miraba el nuevo teléfono en mis manos y no pude evitar sonreír levemente. ¡Mi nuevo teléfono era una jodida pieza de arte! ¡Dios, tan malditamente negro y brillante! ¡Absolutamente lo amaba! ¡No podía esperar a restregárselo a Feliciano en la cara! ¡Él estaría tan jodidamente celoso!
—¿Y? —Antonio sonrió y de repente me dio un codazo—. Te gusta, ¿no?
El codazo casi hiso que tirara la pequeña cosa negra, di un grito ahogado, rápidamente inserte el teléfono en uno de mis bolsillos mientras lanzaba una malvada mirada en dirección al español.
—¡Q-qué mierda, bastardo! ¡Casi se me cae de las manos!
Antonio se encogió de hombros y sonrió aún más ampliamente. —¡Ah, perdón por eso, Lovi! Pero no puedo evitar codearte, ¿sabes? ¡Ah, todo es tu culpa!~
—¿Mi culpa? —Me le quede viendo con confusión y una ceja alzada—. ¿A qué te refieres con mi culpa? ¿Qué es mi culpa?
Antonio se rió y tomó mi mano, poco a poco entrelazo sus cálidos y suaves dedos alrededor de los míos en un mero abrir y cerrar de ojos. Sentí mi cara calentarse al instante.
—…bueno, es tu culpa por ser tan lindo y adorable, mirando de esa manera al teléfono que te di —dijo él, apretando mi mano un poco.
Volví la cabeza y medio-fruncí el seño, porque fruncir el seño con enojo mientras tu cara esta jodidamente sonrojada no es una cosa muy fácil de hacer.
Especialmente cuando tu más bien quería sonreír como un imbécil sin cerebro, solo porque tu… tu p-pareja tomo tu estúpida mano y aun la estaba sosteniendo fuertemente. Dios, quiero decir, ¿qué diablos fue eso?
Antonio se acerco a mí un poco más, sus labios rozaban cuidadosamente mi cara. —Me alegra mucho que te gustara, Lovino…
—Sí bueno… m-me debías un teléfono, de cualquier modo —murmuré malhumorado, pero no trate de alejarlo—. Bien podría estar feliz por eso. P-pero no me malentiendas, tu asesino de teléfonos.
—No lo hare, Lovi. —Sonrió y hocico mi mejilla juguetonamente, antes de darle una rápida lamida.
B-bastardo pervertido.
—¡D-deja eso, idiota! —apreté los dientes, cubrí mi mejilla llameantemente roja por la vergüenza y le di un firme empujón a la nación sonriente enfrente de mí. ¡Sí, eso le enseñara a no molestarme en público, maldición! ¡Jodido idiota!
No sabía que acababa de lanzar a Antonio justo a los brazos de una de las pocas naciones con la que él no podía tratar en absoluto.
Los Países Bajos.
Oh, y Bélgica estaba ahí, también. Ella incluso me saludo.
Antonio siguió sonriendo al principio, riendo y frotándose la parte trasera de la cabeza, diciendo que lamentaba haber caído así de repente, pero entonces miro arriba.
Y reconoció a sus viejas colonias.
Podía sentir escalofríos recorriendo mi espalda cuando note que el alegre brillo en los ojos de Antonio estaba cambiando rápidamente en uno cauteloso y absolutamente molesto cuando miro a la nación neerlandesa. Yo literalmente lo vi cambiar al imbécil que solía ser.
Sus ojos se volvieron obscuros. Sus labios una delgada línea. Su sonrisa fue borrada en cuestión de segundos y también lo fue la agradable atmosfera.
Era jodidamente aterrador.
No había ya nada amigable ni feliz en él, porque él ya no era el apasionado e idiota Antonio.
Por ahora, él era España.
Mientras se quedaban viendo el uno al otro, no dijeron mucho, en realidad. España estaba mirando ferozmente a los Países Bajos y él le estaba devolviendo la mirada con su usual postura serena e indiferente, sus manos estaban puestas casualmente en los bolsillos de su chaqueta.
—Hallo, Spajne.
—…Holanda.
Su hermana Bélgica miro preocupada a las dos silenciosas naciones antes de voltear a verme a mí. Tenía una sonrisa rara y angustiada en su cara y articulo un "lo siento" para mí, antes de agarrar a su hermano mayor de su manga y llevárselo.
Aun cuando él estaba marchándose, nunca perdió contacto visual con España, hasta que Bélgica lo golpeo en el pecho con bastante fuerza y empezó a parlotearle algo. Sin embargo, yo estaba feliz de que lo hiciera, ya que se las arreglo para evitar una posible discusión o incluso una pelea entre su hermano y nuestro viejo jefe.
Muy pronto, ambos se habían ido.
Pero España aun tenía una mirada extraña en sus sombríos ojos sin emociones cuando le pregunte si estaba bien.
Él sonrió amargamente y sacudió la cabeza. —Nunca supe lo que pasaba por su mente.
—España —suspire y me puse delante de él…
Él ni siquiera pestañeó. En su lugar, estrecho los ojos. —Je. Quizá debí haberlo sabido.
—España —dije otra vez, tomando la parte superior de sus brazos.
Él rechinó los dientes y apretó los puños. Lo sentía temblar. —Debí haber sabido qué estaba planeando hacer. Ese traidor. Mierda, ese malagradecido peque…
Lo jale hacia abajo y presione mis labios contra los suyos.
Se cógelo.
Bien. Eso era bueno.
Cerré mis ojos y ligeramente mordí su labio inferior. No hubo reacción. Fruncí el seño y mordí un poco más fuerte. Un suave gemido escapo de su boca permitiéndome profundizar el beso. Y lo hice. Empuje mi lengua y la moví contra la suya, tratando desesperadamente de conseguir una respuesta, de hacerlo suspirar y sonreír de nuevo. Porque él tenía que hacerlo, maldita sea. Él simplemente tenía que hacerlo.
Sentí que su cara se calentaba y la tome en mis manos, manteniéndola en su lugar mientras lo besaba a fondo. Mis dedos temblorosos acariciaban sus mejillas, cuidadosa y esperanzadamente pero aun así algo tímidos y quizá inclusive asustados de hacer algo más audaz que eso.
Pero resultó ser suficiente.
Los brazos de España se movían lentamente alrededor de mi cuerpo. Una de sus manos se poso en el centro de mi espalda y me atrajo más cerca hacia su acogedor y cómodo pecho, mientras la otra mano fue colocada debajo de mi barbilla y dulcemente inclinaba mi cabeza hacia arriba, a fin de devolver mis besos con la irrefrenable pasión que estaba esperando. En realidad esperaba que me besara sin compasión, que me besara hasta que ya no pudiera ver claro y Dios, por fin lo hizo. Le dejé besarme, morder mis labios y mordisquear mi cuello mientras yo suspiraba, agarrando la tela de su ropa entre mis manos.
Estúpido bastardo. Y-ya era hora de que hicieras algo, maldición…
Cuando me separe de él, vi que España había vuelto a ser Antonio. Su cara estaba brillantemente roja y nerviosa, su sonrisa era feliz y maravillosa. Sus ojos finalmente comenzaron a brillar otra vez, vívida y animadamente. Fruncí el seño y mi corazón dio un vuelco cuando mire esos ojos. M-mierda. A pesar de que su cara ya se había puesto así de roja, solo sabía que mis mejillas estaban más rojas que las suyas. Maldita sea.
Trate de no poner atención a mis labios palpitantes (jodido bastardo mordedor) y respire profundamente.
—…gracias por el teléfono, supongo.
Él parecía estar confundido y me miro por un momento. Entonces se dio cuenta de algo y una sonrisa agradecida apareció en su cara. Tomo una de mis manos, la llevo a sus labios y la beso amorosamente, todo eso sin perder de vista mi cara.
—Gracias a ti, Lovi. Por recordarme algo que importa más.
Le devolví la mirada, completamente consiente de mis mejillas ardientes y de mí, de repente, muy, muy seca garganta. —¿Q-que demonios estas…?
—Ah, te amo, ¿lo sabías? —Antonio rió y apretó mi mano de nuevo, presionándola contra su pecho. Inhale fuertemente por la nariz, maldición, él era cálido. Sus manos siguieron perezosamente las curvas y pliegues de mis dedos y nudillos mientras él se inclinaba y beso todo lo que era mi mano. Yo solo pude observarlo haciendo eso. Estaba haciendo mi mayor esfuerzo en no sonrojarme tanto como temía que estaba haciendo, pero naturalmente, falle jodidamente.
—E-estamos afuera, maldición —finalmente me las arregle para balbucear, apartando mi mano con poco entusiasmo—, así que deja de babear sobre mi mano.
Antonio se rió. Probablemente quería recordarme el divertido hecho de que yo fui el que empezó a ponerse cariñosos con él en la jodida luz del día, en el medio de la jodida calle en un jodido día soleado en primer lugar… pero en lugar de eso, asintió y obedientemente dejo ir mi mano.
Empezamos a caminar otra vez.
—Se está haciendo tarde, Lovi. Y me está dando hambre. ¿Qué te parece si te llevo a ese lindo y pequeño restaurante del que me he enterado, hm? —me pregunto.
—No se —dije francamente.
Antonio paro de caminar y miro hacia mi enrojecida cara. La comisura de sus labios se estaba levantando un poco.
—¡¿Qué? —Pare de caminar también y me queje, cruzando mis brazos.
Él sonrió y sacudió su cabeza. —Oh, no es nada. Solo quería mirarte.
—Bastardo repulsivo.
—Te encanta.
—¡V-vete al cuerno!
Y con eso, el día aun llego a un buen final.
…la cena estaba deliciosa, por cierto.
2 días antes del baile de Austria
Era ya muy tarde en la noche —o muy, muy temprano en la mañana— mientras yo caminaba a toda prisa por el enorme pasillo de la casa de Antonio.
Maldije cuando mis pies descalzos estaban parados en el frio, gracias a esos horribles azulejos de mármol, y me envolví un poco más en las sabanas de la cama de Antonio. ¡Maldición, ¿por qué ese bastardo tenía que tener esa casa jodidamente grande y fría? Y en verdad, ¿tenía que abrir todas las 75 ventanas? ¡Mierda!
Me torne más lento cuando note una pequeña mesita familiar al final del pasillo… y el grotesco y raro teléfono blanco que descansaba sobre ella. Arrugue la nariz. Cuando era un pequeño niño, aun inocente y lindo y constantemente rodeado por ardillas miadas, ese estúpido teléfono solía espantarme a horrores. Jodido Antonio y sus jodidos justos para teléfonos estropeados. ¿No fueron mi teléfono y el de Feliciano un regalo de su parte? Hmmm.
Bueno, de todos modos, el teléfono estúpido sería muy útil, porque yo iba a llamar a alguien.
Secretamente. Sí.
Alcance la mesa y tome la cosa blanca (del mal) y me le quede viendo un momento. Okay. No hay vuelta atrás ahora. Tenía que hacer esto.
Exhale profundamente… y rápidamente marque el número. Entonces espere en silencio y un poco asustado.
Muy bien. Muy bien. Ahora toma el teléfono, tu rubia atolondrada. ¡Tómalo! ¡Tómalo! ¡Tómalo!
¡Toma el maldito teléfono de una vez!
—¿…quién es…?
¡Alguien lo tomo! Con cuidado exhale otra vez y apreté el teléfono cuando escuche la adormilada voz femenina.
—¿…eres Bélgica? —pregunte.
No seas su perturbador hermano con una voz aguda, no seas su hermano con una voz aguda, no seas su hermano con una voz aguda.
—…sí, soy Bélgica… eso creo…
Phew. Suspire por el alivio. —Oh. Eso es bueno.
Estuvo tranquilo en el otro lado de la línea por un tiempo. Podía oírla bostezar y casi podía oírla rascar su cabeza en confusión.
—…¿Roma? ¿Eres tú?
—Yo… supongo que sí. Um… hola.
—Oh. Está bien. Hola. ¿Por qué me estas llamando?
—Yo… tengo que preguntarte algo. ¿Te importa?
—Um… Bueno, no quiero ser grosera ni nada, Roma, pero es algo tarde. Estoy cansada. Y no he hablado contigo en meses.
—Oh.
Éste probablemente pudo haber sido un muy buen momento para hacer esa cosa en la que soy mejor, además de escapar: despotricar sin sentido. Pero no lo hice. Ser grosero con bastardos como Antonio y Alemania era un puto pedazo de pastel, pero Bélgica era una mujer. Una mujer con la que crecí y por la que incluso sentí atracción por un tiempo. En estos días, ella era más como una especie de hermana para mí, sin embargo.
Teníamos una relación extraña. Por eso, no era capaz de gruñirle o coquetearle. Eso era...incomodo. Lo juro, hablar con ella era horriblemente confuso.
—Ugh —Bélgica suspiro de repente—… está bien, te escuchare. Pero solo porque eres una lindura.~
¿Ves? ¿Ves a lo que me refiero? ¡Jodida mierda extraña!
—Está bien —mire alrededor para estar seguro que no había nadie por aquí—, Bélgica, me estaba preguntando… ¿Tu y los Países Bajos están invitados al baile de Austria?
—¿Hmm? Por supuesto que lo estamos, tontito, ¡él casi invito a toda Europa! ¿Por qué? —dijo Bélgica.
Mierda. Mordí mi labio inferior.
—¿Roma?
—No, no es nada.
Mierda mierda mierda.
Ella se rió en voz baja —Eres un mentiroso, Roma. Estas preocupado, ¿verdad? Preocupado por qué pasara cuando Daan y Antonio se encuentren en el baile, ¿hm?~
Maldición. Era buena.
—Yo no dije eso.
—No, no lo hiciste. Pero estoy en lo cierto, ¿sí?~
Me imagine su cara felina mientras me hablaba. Mujer loca.
—Escucha, Roma —continuo Bélgica—, Antonio sabe que Daan va a ir al baile de Austria. Pero Inglaterra también estará ahí, y en verdad, no creo que Antonio vaya a estar muy feliz de verlo, tampoco. O a Portugal, para lo que importa.
—¿Cuál es tu punto?
—Roma, va a haber un montón de naciones en el baile de Austria que desprecian o solían despreciar a Antonio. Eso es normal. Antonio no siempre fue en disparatado campesino que es ahora, ¿recuerdas? Algunas naciones que solían ser una de sus colonias, como mi hermano, aun tiene sentimientos incómodos hacia él, incluso ahora. Pero aun así, no tienes que preocuparte. Los tiempos han cambiado, Roma. Ya no empezamos a pelear de inmediato. Antonio está completamente consiente que vera naciones en el baile de Austria que en realidad no quiere ver en absoluto, y una de ellas es Daan. Pero el estará preparado para eso.
Solté un bufido —Como un cuerno lo hará, maldición.
—Ve y pregúntale a Antonio si no me crees, Roma.
—Hmm
—…estas durmiendo con él, ¿verdad?~
Mis ojos se abrieron. —Y-yo no…
—Lo estas.
—¡M-maldición, no lo estoy!
—Calla, Roma. Eres un pésimo mentiroso. Él es un hombre afortunado de tenerte y eso es todo. Te veré en la fiesta de Austria, ¿está bien? Me asegurare de advertirle a Daan que se aleje de Antonio, pero no creo que esté planeando charlar con él, de cualquier modo.
—…gracias.
—Ni lo menciones.
Después, cuando había colgado y me arrastre de vuelta a la cama de Antonio, no pude conciliar el sueño. Ni siquiera cuando Antonio (ese bastardo se había despertado) coló sus brazos alrededor de mi cintura y me jaló cerca de él sin siquiera preguntarme dónde había estado. Probablemente ya sabía.
Pero cuando adormiladamente susurro en mi oído que no debía preocuparme tanto y que me amaba, me encontré a mi mismo quedándome dormido, de cualquier forma.
