¡Al fin! Finalmente aquí esta el ultimo capitulo, gracias a todos (si es que hay algún varón leyendo esto) por todo el apoyo y su paciencia. Y sí, otra vez me atrase, pero mi computadora valió y me quede a más de una semana y a medias vacaciones sin computadora, ugh... por suerte alcance a pasar todas mi cosas a una memoria antes decirle adiós a la compu... Volviendo al tema les advierto que en este capitulo habrá ligeras menciones de otras parejas, entre ellas Rusia/Bélgica, sí leyeron bien Rusia/Bélgica. Creo que solo a la autora y a mi nos gusta esa pareja, y hablando de ella esta muy feliz de que disfruten el fanfic, les recuerdo que le traduzco todos los reviews, así que háganle saber su opinión. Ah, una vez más gracias, espero disfruten este ultimo capitulo n.n

Título original: "This Dance"

Autora: Sunny Day in February Perfil:/u/561645/

Disclaimer: En serio, ¿por qué debo poner esto?


Esta Danza: Y Todas Las Demás Danzas

Lovino:

M-maldición…

Realmente debí haber visto venir esta pregunta. Debí haberlo visto. Pero no lo hice, por supuesto que lo hice porque soy un estúpido e ingenuo bastardo. Esa es la historia de mi vida, supongo.

Ugh…

XxX

Feliciano y yo nos habíamos sentado en una estúpidamente, no, jodidamente pequeña mesa sobre sillas tambaleantes, comiendo una deliciosa Bruschetta (con tomates, por supuesto, y sin ajo, porque yo odio el jodido ajo) hace ya un rato, sin importarnos el resto del mundo. Todo estaba yendo bien, ya que ambos estábamos ocupados comiendo maravillosa comida y todo es simplemente mejor cuando comes maravillosa comida, demonios, yo inclusive estaba así de cerca de sonreír, ¡eso es lo mucho que disfrutaba el encantador platillo!

Así que tenia la guardia baja y no esperaba que Feliciano abriera su boca (la cual aun estaba medio llena, idiota barbárico) y me pregunto algo que era tan… tan… e-estúpido, maldición…

Naturalmente, simplemente continúe comiendo y pretendí no haberlo oído… lo cual solo puso peor las cosas.

XxX

Feliciano frunció el seño, tomo un pequeño pedazo de pan tostado y me observo con una intensidad bizarra.

—¿Entonces…?

Lo mire extrañado, actuando tan inocente como pude mientras agarraba yo también una pieza de pan. —¡¿Qué? ¡¿Qué pasa?

Él sonrió. —¡Oh estoy seguro que me oíste, Lovi!~

—¡C-como un cuerno que te oí, maldición! —rápidamente aparte la vista de él.

De esta manera era incapaz de ver su cara, pero podía decir que la sonrisa de Feliciano se amplió inmediatamente. —Veee~ Bueno, está bien, si tu insistes, ¡te preguntare otra vez!

—¡Qué- N-no estoy insistiendo nada en la absoluto, tú pequeño trol! Realmente no tienes que preguntar…

—¡Pero quiero hacerlo!~ —Rió tontamente y se inclinó un poco más hacia mí—. ¿Entonces, hermano? ¿Cómo se siente, hm? ¿Estar enamorado de mi suegro España?~

Gemí en voz baja, avergonzado, y me tapé la cara con las manos en un débil intento de ocultar mi cara enrojecida, la cual ardía, ardía con una intensidad que ponía en ridículo a las sonrisas asesinas de Antonio. ¡Es verdad! ¡En jodido ridículo, maldición!

—Solo estoy curioso, ¿sabes?~ —dijo Feliciano ene una voz cantora, aun cuando trato con fuerza de apartar una de mis manos de mi cara. —Me pregunto si tú sientes las mismas emociones burbujeantes y alegres que yo siento cuando estoy con Ludwig… ¡ah! Veee, por favor no me muerdas, hermano…

—¡N-no es nada que te importe, ¿bien? ¡ —gruñí y aparte sus molesta y algo grasientas manos. ¡Y al demonio con lo que él estaba diciendo, por cierto! ¿Yo, mordiéndolo? Sí, claro. ¡De ninguna manera yo iría a morder esa mugrienta mano suya! Prefiero morder una grande y española no no no, no empieces, no empieces.

Feliciano se quejo. —Veee… ¡Lovi, no eres nada divertido! ¡Somos hermanos, puedes decirme!~

—Yo no quiero decirte!

—¡¿Por qué no?

—¡Tengo mis malditas razones!

Mordí mi labio inferior. ¡E-era vergonzoso, maldición! ¿No podía entender ese cabeza hueca que yo aun estaba demasiado… no lo sé, huraño como para hablar de nuestros jodidos —oh Diosnovios, como si fuera la cosa más normal del mundo? Quiero decir, ni siquiera me había acostumbrado todavía a ser… g-gay, por no hablar de tener a un estúpido imbécil amante como Antonio…

…a-aun cuando yo realmente, realmente no quería perderlo.

…no, espera. ¿Qué? ¿Qué?

¿Yo "realmente no quería perderlo"? ¿De verdad pensé algo tan… tan ridículamente meloso y gay y amoroso y gay y estúpido y… y simplemente tan demasiadamente, DEMASIADAMENTE gay? M-mierda, ¿qué carajo? ¿Me estaba volviendo un segundo Feliciano? Oh mi Dios, NO. Sabía que podía estar celoso del tipo, pero vamos, tengo mis limites, gracias.

Pensé en la pregunta de Feliciano un poco más. Maldición, eso era… era simplemente tan… gah. Sentí mi cara ponerse aun más caliente y maldije entre dientes, lo que parecía volverse uno de mis pasatiempos favoritos últimamente, en serio, si me las arreglaba para seguir con esto probablemente haría una serpiente perfecta.

…pero… para responder a la pregunta de Feliciano (silenciosamente en mi cabeza, por supuesto)…

…era extraño. Estar enamorado, eso es. N-nunca lo había experimentado antes. Siempre me sentía raro y un poco tenso cada vez que ese bastardo-tomate estaba cerca pero… por otra parte también me sentía con ganas de sonreír enormemente como una especie de idiota retardado. Sentía que todo lo que usualmente me fastidiaría horrores, era… era menos molesto, siempre y cuando Antonio estuviera a mi lado.

Hablándome. Sonriéndome. Caminando conmigo. "Accidentalmente" rozando su mano contra la mía. Llenando mi cabeza con esponjadas nubes rosas…

…y b-besándome, s-siempre besándome, maldición, siempre, siempre sosteniéndome y besándome y haciéndome sentir mareado y especial y… y…

No importaba, en realidad. En verdad no importaba. Que me hiciera sentir tan… jodido y confundido y asustado, asustado una mierda, pero demonios, no me quería perder ni un solo momento de eso, ni siquiera por todo el dinero del mundo.

Dios. Simplemente no entiendo del todo este asunto del "amor".

Así que, ¿mi conclusión?

Amar a alguien era una maldita perra, maldición.

XxX

Después de un rato, Feliciano al fin paro de quejarse sobre mi terco silencio, eso fue una pequeña victoria, justo como lo era cualquier otro momento de "¡Desafiando a mi Hermano Menor!" lo era.

Pero sus grandes y brillantes ojos ahora estaban observándome aun más atentamente que antes. Jodidamente espeluznante. Me dieron ganas de sacar a un Rusia y huir jodidamente lejos como si él fuera esa chica Belarús, peor como yo era un orgulloso y duro italiano, me quede donde estaba.

Además, de ningún modo que el obtendría las últimas piezas de Bruschetta por una simple mirada escalofriante.

Inesperadamente, Feliciano alzo un dedo hacia mí y pico un cierto punto en mi cuello. Una y otra vez —molesto imbécil— hasta que tuve suficiente y golpee a mi hermano en la cabeza.

—¡Auch, Lovi! ¡Eso duele!~ ¡Eres tan malo!

—Mira si me importa.

Su cara cayó. ¡Bien! Pero no lo detuvo de seguir mirándome expectante.

—Veee… de cualquier modo, hermano… ¿qué es esa marca roja, hm?

—¿Huh? —inmediatamente toque el punto, frunciendo el seño al efectivamente sentir algo inflamado y un poco familiar. Entonces de repente recordé algunos chupones de cuello bastante intensos de la otra noche —j-jodido pervertido español, maldición— y me estremecí. E-él había estado malditamente entusiasta, e-ese bastardo…

Feliciano se le quedo viendo a la marca roja un poco más y ladeó su cabeza. —…sabes, se ve como un chupe…

—¡Te equivocas! ¡No es un chupetón! —protesté, quizá algo pronto, cubrí el maldito punto con mi mano. —¡Es una picadura de mosquito! ¡Malditos insectos, son un jodido enjambre en la casa de ese bastardo!

—¿En verdad?~ —Mi hermano menor sonrió complacido y se inclino sobre sus codos—. …¿mosquitos, hm? Veee… ¿tienes más picaduras como esas entonces?

—¡Por supuesto que las tengo! ¡Deberías ver mi… mi…! —las palabras murieron en mi garganta. ¿Qué mierda? ¿Había perdido mi jodida cabeza? Yo no podría decirle a Feliciano sobre las… las… ¡p-picaduras de mosquito en el interior de mis muslos!

Ajajaja… ¿Por qué estas retorciéndote tanto, Lovi? Sé que te gusta cuando te beso aquí… y aquí… e incluso aquí… Ah, eres tan lindo…~

Maldición, así que por eso es que mis piernas se sentían tan raras esta mañana.

Fruncí mis labios fuertemente hasta que comenzaron a doler, solo para prevenir el lamer mis ligeramente secos labios cuando esa brumosa memoria vino a mi mente otra vez. Oh no, yo nome estaba calentando por eso, ¡definitivamente no lo estaba!

—¡Ya es suficiente de esa mierda, Feliciano! —Lancé una mirada molesta hacia Feliciano y señale el delicioso pan restante el gran plante enfrente de nosotros. La verdadera pregunta aquí es… ¿Quién va a tener la última pieza?

En el minuto en que note que su expresión de duda pasó a una sorprendida, supe que había cambiado el tema exitosamente.

—¡Ooh! ¿Oh, puedo tenerla, hermano? ¿Por favor? ¡Por favor por favor por favor, por favor déjame tener el ultimo pedazo, por favor!~

Rodé mis ojos. —Claro, adelante.

Pssh. "¡Desafiando a mi Hermano Menor!" había pasado a ser decepcionantemente fácil con el pasar de los años. Un suspiro de alivio escapo de mis labios.

Gracias a Dios que así era.

XxX

Mientras Feliciano estaba masticando lo que quedaba de Bruschetta, me estaba preguntando si debería o no hacer otro viaje al buffet (aunque quedaban otros platillos que se veían sabrosos)

Entonces, de repente, escuche una (demasiado cálida) voz llamando mi nombre: —¡Oh, Lovino!~

Llámame estúpido, pero instantáneamente olvide todo lo que estaba haciendo y planeando hacer por oír esa estúpida voz suya. Tragué saliva y lentamente mira hacia arriba, solo para ver a Antonio, e-ese bastardo. Con su estúpida sensualidad española. Maldito sea él.

Él me sonrió encantadoramente, cruzando las manos sobre su espalda mientras se inclinaba un poco para mí. —¡Hola!

—…s-sí. Hola. —Me le quede viendo. Se veía bien. También estaba algo sonrojado y parecía realmente feliz de verme. Él siempre parecía feliz de verme.

Me gustaba eso. Sonreí torpemente.

—¿Acabaste de comer, hm?~ —Antonio pregunto y le lanzo una mirada al plato en la mesa.

—Quizá. ¿Por qué? —fruncí el seño, perdiendo la sonrisa al instante.

Antonio rió un poco y se inclino hacia mí aun más, cuidadosamente tocando mi frente con la suya. —Porque quiero bailar contigo, querido. He estado esperando para bailar contigo. —Levanto mi cara y movió su cabeza para así poder acariciar mi mejilla con sus labios y suavemente dejar dulces besitos tanto como pudiera.

Resoplé y murmure algo que ni siquiera yo pude oír. B-bastardo…

A pesar de que ya había sido tocado por el español muchas veces (y de… varias formas), todavía sentí un pequeño choque disparándose en mi espalda cuando tomo una de mis manos y se la puso en el pecho.

—Ah, Lovi… por favor baila conmigo, mi amor. Vamos

Respire con voz temblorosa y me encontré asintiendo, aprobando su pedido. Pero de verdad, e-era natural estar tan… tan jodidamente abrumada por sus estúpidas palabras lentamente dichas como para protestar, maldición. P-por supuesto que sí lo era. Tenía que serlo.

Po-porque esa era la única explicación lógica a porqué solo unos segundos después me levante de mi asiento y lo seguí tan obedientemente.

XxX

Antonio nunca soltó mi mano mientras me guiaba a las pista de baile. Tampoco miro o hablo con otras naciones mientras pasábamos entre ellos. En realidad era algo divertido, francamente. Parecía como si estuviera determinado a llevarnos al brillante suelo tan rápido como fuera posible y nada pudiera detenerlo, absolutamente nada.

Mientras estábamos caminando —o corriendo, para lo que importa— hacia la pista de baile, debió haber sido muy obvio para las otras personas presentes que probablemente nosotros teníamos una relación bastante intima. Quiero decir, los dedos de Antonio y míos estaban entrelazados fuertemente y ya que yo estaba sonrojado como una jodida adolecente enferma de amor, estaba seguro que nos veíamos como una estúpida pareja de amantes.

Pero aun así, nadie parecía poner extra atención hacia nosotros. Nadie dejo de hacer lo suyo para mirarnos a mí y Antonio y nadie parecía en realidad sorprendido por vernos así. Claro, capte una sonrisa amable de América y un giño de complicidad de Polonia, pero eso fue todo. No hubo murmullos repentinos, ni susurros, ni ningún cambio en absoluto.

Era extraño, pero ese simple conocimiento era muy, muy reconfortante para mí: él saber que estaba bien. Que los otros lo aceptaban, no, que los otros lo esperaban de nosotros. No es como si él no obtener su aprobación me habría detenido de salir con Antonio, pero hacia las cosas muchos más fáciles.

Por ejemplo, ahora no tenía que darles un cabezazo a todos alrededor para obligarlos a aceptar nuestra relación. Y eso era bueno. Sí, lo era. Me había salvando de un horrible dolor de cabeza.

XxX

Durante las últimas semanas me había empezado a gustar bailar. Los movimientos, la música, el intimar con tu pareja, las rápidas vueltas y gros de cada baile... todo era bastante genial —aunque jamás lo admitiría abiertamente— y excitante. Me había sentido como un jodidamente buen bailarín, pero solo porque Antonio era un jodidamente buen bailaron, con ese delgado y suave cuerpo suyo, haciendo que mi propio cuerpo se moviera en cualquier dirección que él quisiera sin encontrar resistencia alguna.

Claro, sabía que yo no era tan malo bailando, pero comparada con ese imbécil español, todavía era un principiante.

Así que cuando me encontré en la pista de baile del aristócrata austriaco, de repente ya no quería bailar.

¡Quiero decir, mierda! ¡Esa pista era jodidamente grande! ¡Y estaba vacía! ¡Y había luces iluminándonos —solo a nosotros— y en el momento en que Antonio y yo caminamos a la piste de baile, la atención de todos de repente estaba sobre nosotros! ¡Todo el mundo nos miraba! ¡Era tan irónico: entonces no era especial que Antonio y yo fuéramos amantes, pero demonios, aparentemente, sin duda era especial el entrar a la gran pista sin otras naciones en ella! ¡¿Qué mierda?

Antonio noto mi inquita postura y mis nerviosos vistazos a los otros a nuestro alrededor y se rió, me giro para estar cara a cara, sus manos descansaban en mi espalda. —¿Qué pasa, Lovi? ¿Tienes pánico esenció, hm?~

Me puse nervioso. —¡Cállate! ¡¿Y qué si lo estoy? ¿No estás jodidamente asustado? ¿Siquiera sabes que somos los únicos en la pista?

—Oh no, estoy completamente consciente de eso. —Sonrío tontamente, su cara daba a entender que no le podía importar menos si éramos los únicos o no. Supongo que realmente no le importaba en lo absoluto, siempre y cuando fuéramos capaces de bailar. Estúpido optimista.

Bueno, yo no era un bastardo despreocupado como él, ¡estaba jodidamente inquieto! Trague saliva y apreté los ojos, chocando mi cabeza en el pecho de Antonio. —M-mierda…

—¿Lovi? —Antonio me dio unas palmaditas en la cabeza, preocupado—. Eh, no te asustes, querido, en verdad no tienes porque estarlo. ¿Te das cuenta de lo bueno que eres bailando?

—…eso es solo gracias a ti, maldición —murmure—… eres muy bueno, tu bastardo.

Se rió entusiasmadamente. —Gracias, creo. Pero se necesitan dos bailarines para hacer de una danza una buena danza… y sin ti, estoy seguro que no habría sido una buena danza.

Volteé a verlo con confusión. —¡¿Qué mierda estás diciendo, idiota?

—Ah, eso no es lindo. No me sueltes palabrotas, Lovi —Antonio sonrió y me puso más cerca—. Estoy diciendo que fuiste quien me hiso bailar así, justo como tú me necesitas para bailar así. Es alguna especie de círculo…

Estuve muy tentado a soltar algunos comentarios sarcásticos a su alegre cara por decir mierdas raras y filosóficas como esa, pero decidí que era mejor no hacerlo.

Antonio la sonrisa de Antonio se suavizó. —Solo confía en mí, Lovino. Todo estará bien. Te prometo que estará bien y no estoy planeando romper esa promesa… pero tú tienes que creer en mí, mi amor. Tienes que.

—Hmpf. —Me le quede viendo inútilmente a su aflojada corbata. Maldición, debí haberla amarrado mejor.

—Ahora… ¿Confías en mi, Lovi? —me pregunto Antonio, bajo su cabeza con el fin de mirarme.

Malditos sean esos hermosos ojos verdes de cachorrito. Gruñí suavemente, pero asentí muy ligeramente con la cabeza.

—Bien. —Antonio de repente tomo mi cintura y una de mis manos, posicionándome en una danza que reconocí como Rumba mientras me susurraba en el oído.

—Entonces danza conmigo, Lovino.

E inesperadamente, había música.

XxX

La Rumba era una danza lenta – la más lenta de todas las danzas latinas que había. No era una danza muy difícil. La cosa más importante que realmente tenías que tener en cuenta al bailar la Rumba, era menearte en tus lentos movimientos, usar los movimientos para coquetear con tu pareja de baile y mantenerte cerca de él.

Esta danza se parecía a la muy seductora y atractiva Cha-Cha, solo que con menos pasos, menos pies saltarines y muchos más tintes sensuales.

Era una danza peligrosa, una apasionada y seductiva danza, que siempre tenía que ser realizada con cierto grado de precaución: la pareja que guía tenía que tratar de ganar sobre su compañero baile, quien, o bien acepta al otro o solo lo rechaza completamente. Era una historia. Una historia con un final triste o feliz para el que guía, dependiendo del humor de su pareja.

…esta información fue más o menos hacinada en mi cabeza en las últimas semanas por Antonio, quien siempre estaba ansioso de enseñarme más sobre el trasfondo de danzas específicas. Pensé que eso no me importaba un carajo, pero de algún modo, aun podía recordar la mayoría de las estúpidas cosas que me dijo sobre los muchos tipos de bailes latinos y de salón. No sabía por qué. Desearía sí haber sabido por qué. Quizá… quizá yo pensé que era interesante, o algo cursi como eso.

Y quizá, tan solo quizá, esa era la razón por la que actualmente estaba moviendo mi cuerpo al ritmo del de Antonio mientras él me alejaba de él y me aceraba en el último momento.

Antonio me sonrió con sutil e inhibida pasión, sus pulgares dibujaban péquelos círculos en el dorso de mis manos como si me estuviera diciendo un mensaje secreto, un mensaje solo para mí. Me guió por el suelo de madera, sus alentadoras manos se deslizaron hacia mis caderas para hacerlas moverse lenta y cuidadosamente, antes de tomar mis manos otra vez. Luego juguetonamente me "pidió" con gestos significativos que caminara como el caminaba, que me deslizara como él se deslizaba, que bailara como él bailaba.

Normalmente, yo estaría feliz de desempeñar mi papel como la reacia pareja de baile con todo lo que tengo dentro, pero ahora, con toda la maldita Europa (y algunas otra naciones también, maldición) mirándonos fijamente a mí y a Antonio como idiotas descerebrados, estaba más cómodo con el acto de la mansa pareja de baile

Eso hiso que Antonio riera disimuladamente. —Ah, Lovi que sorpresa – tú raramente me dejas conquistarte así de fácil, mi amor.

Apreté los dientes. —Yo nunca te dejaría conquistarme, idiota…

—No me tientes, Lovi… —dijo roncamente.

Involuntariamente temblé un poco. —J-jodete.

Antonio suspiró, sonrió y abruptamente me empujo hacia su pecho por un momento, presionando la parte inferior de mi cuerpo contra la suya fuertemente. ¡¿Q-que de…? Jadeé e incluso casi chille (masculinamente, por supuesto) por los repentinos movimientos, pero sorprendentemente logre actuar como si nada vagamente erótico acabara de pasar.

Sin embargo el bastardo español vio a través de mí y su sonrisa se amplió. Su cara se acerco más y más a la mía y bruscamente me robo un beso, sin importarle que todas las demás naciones podían verlo. Cuando nos separo y yo lo mire con una extraña mezcla de deseo, dificultad para respirar y enojo en mi avergonzada cara, él solo se encogió de hombro inocentemente.

—¡Te lo advertí!~

No hace falta decir que su lindo comentario fue recompensado con un fiero golpe de uno de mis puños de acero en su nariz.

Ah, como amaba el sonido de un español lloricón en la noche. Casi era mejor que el sonido de la audiencia sorprendida y divertida detrás de nosotros, dándonos un clamoroso aplauso.

XxX

Después de que yo y Antonio fuéramos los suficientemente valientes para bailar la primera danza, más naciones se atrevieron a entrar a la pista de baile – con o sin pareja de baile.

Muy pronto, nos vimos rodeados por naciones como Prusia y Canadá, Inglaterra y América, Hungría y Austria, Lituania y Polonia, Finlandia y Suecia, Islandia y Noruega y muchos más, girando y girado en danzas como el Jive, la Samba, el Paso doble y un par de valses.

Vi a Feliciano arrastrando a un reacio Alemania a la pista, vi a Francia hablándole a esa linda chica Seychelles (parecía que ya había superado lo de Canadá) e inclusive vi a Suiza y a su quieta "hermana" tratando de bailar – claro, era malditamente rígido y raro, pero al menos se estaban divirtiendo: una mirada a sus rostros sonrojados era suficiente para confirmar eso.

Durante el resto de la noche Antonio nunca me dejo ir y me pidió bailar cada jodida danza con él. Todas —y cada una—. Y yo estúpidamente acepte también. Era malditamente agotado, te lo puedo decir, pero me divertí. Bailar… era divertido, en verdad. No solo los bailes sugestivos, en los que Antonio estaba prácticamente follandome, sino también los alegres, rápidos y lentos. Algunas de las muchas, muchas danzas lograron hacerme reír en voz alta y cada vez que lo hice, Antonio se me quedaba viendo y se sonrojaba y comentaba lo hermoso que ve veía sonriendo. Entonces yo me sonrojaba aun más que él y le daba un cabezazo endemoniadamente fuerte y subsecuentemente, continuábamos bailando.

XxX

Demasiado pronto llego la hora para la última danza del baile.

Y justo como Antonio predijo hace un tiempo, resulto ser una simple y lenta danza.

Eso me alegro en verdad – estaba jodidamente exhausto y casi colgando en los brazos de Antonio mientras lentamente nos movía a ambos por el suelo. La mayoría de las naciones ya se habían ido de la casa de Austria y las únicas que aun seguían presentes en la pista de baile éramos yo y Antonio, Hungría y Austria, Feliciano y Alemania y Prusia y Canadá.

Oh, y Bélgica aun estaba en el bar, platicando y riendo con su enorme hermano y… espera, ese no era los Países Bajos, era… ¿Rusia?

¿Rusia? ¿Y Bélgica? ¿Coqueteando?

…oh, bueno, a quién le importa.

Apenas conseguía mantener los ojos abiertos cuando Antonio rápidamente envolvió con sus brazos alrededor de mí con más fuerza y se rió entre dientes.

—¿Y, Lovi? ¿Qué piensas del baile, hm?

Bostecé y restregué perezosamente mi mejilla contra su pecho. —…pudo haber sido peor, supongo…

Es curioso, el palpitar de su corazón aumentó - yo lo oí.

—¿Te… gustó? ¿El estar aquí conmigo, quiero decir? ¿Lovino?

—…no fue… horrible… —murmuré, tímidamente levante la vista para verlo otra vez.

La expresión dichosa en su cara hiso que mi corazón saltara por el deleite y mi cara caliente solo se estaba calentando más al darme cuenta que yo había hecho a Antonio sonreír y contemplarme así. Por mucho tiempo, yo… yo no supe que podía hacer español brillar así… quizá debería dejarlo sonreír así más seguido. Por el otro lado, no. Mejor no. Su sonrisa me hacía sentir acogedor y suave y sentía como si fuera a vomitar arcoíris de mierda si me acurrucaba más de lo que ya estaba, maldición, ¡y ni siquiera necesitaba los jodidos CD de Mika para eso!

—Deberíamos estar agradecidos de haber sido invitados, Lovino —dijo Antonio quitando algunos mechones de cabello de mi cara—, porque de no haber sido por la invitación de Austria, nosotros…nosotros probablemente no estaríamos juntos, Lovi. Seguiríamos actuando raros y tontos con el otro…

Fruncí el seño. —…España, nosotros aun actuamos raros y tontos con el otro.

—Ah, sí, ¡pero en buen modo! ¡Ahora solo se puso mejor! ¿No lo crees?

—…bueno, quizá

Antonio tenía razón. Si Austria no hubiera invitado a Antonio o no hubiera planead un baile para su loca ex esposa en primer lugar, nosotros aun… bueno, tendríamos una muy disparatada, quizá incluso insalubre tipo de amistad con un montón de frustración sexual y tensión…

Está bien, quizá iba a agradecer a Austria. Como que se merecía un gracias por hacer que su amigo español y yo estuviéramos juntos.

…pero no aquí. No ahora.

Antonio suspiró y apoyo un poco su barbilla sobre mi cabeza. —Después de hoy, seremos una pareja de verdad, Lovi…

—Hm-hm… —Eso no sonaba tan mal. En realidad eso no sonaba mal en absoluto.

Me abrazo amorosamente y se me quedo viendo. Gruñí. Estúpido bastardo, no podía quedarse quieto por un momento, malita sea. Aun así, le devolví el abrazo igual de amorosamente. Po…porque eso es lo que haces, con alguien que tú… que tú amas… o algo…

Dios, de algún modo deseaba que mi cabeza explotara. Eso era demasiado para mí como para lidiar, maldición… o no… no, en verdad era demasiado. Pero aun así se sentía bien…

…oh, al puto infierno con eso. Abrase a Antonio aun más fuerte.

—…tu sabes que yo haría cualquier cosa en el mundo por hacerte feliz, ¿verdad?~ —dijo Antonio, riendo alegremente como una reacción a mi repentino deseo de abrazar.

—L-lo sé… —asentí, sonriéndole muy, muy débilmente. Escuche como la música en el fondo se apagaba lentamente.

Antonio lo escucho también y suspiró otra vez. —ah, parece que el baile se está acabando, Lovi…

Solté un bufido. —Eso dicen…

Él sonrió ante el comentario y continúo. —…pero, ¿sabes qué, Lovi? A pesar de que esta danza va a terminar en pocos momentos… nuestra danza solo va a empezar. Y estaré feliz de bailarla contigo, Lovino…

Whoa. Críptico.

—¿Danza? —Fruncí mi cara—. ¿Qué demonios, de que danza estas hablando?

—¡Esta danza! ¡Nuestra danza! —se señalo a él y luego a mí, antes de presionar sus labios en los míos suavemente. Automáticamente me incline más hacia el beso.

—…esta danza, nuestra danza… —repitió con voz entrecortada mientras paraba de besarme y me miraba a los (algo aturdidos) ojos:

—…y… todas las demás danzas.

XxX Fin XxX