Mil gracias por sus reseñas :o) Me encanta recibir sus comentarios y más aún que estén disfrutando esta historia. Este capítulo en particular me gustó mucho. Los encuentros incómodos entre Autobots y Decepticons siempre me han fascinado, y creo que la ocasión lo ameritaba.



Capítulo 3

A nadie le sorprendió que Starscream no apareciera durante el reparto de las raciones de energon del siguiente ciclo solar. A nadie le importó, tampoco. Aunque si algún Decepticon se hubiera preguntado el motivo de su ausencia seguramente habría encontrado respuesta en el hecho de que el Comandante Aéreo, como todo oficial de alto rango, tenía el privilegio de contar con una reserva de energon para su consumo personal, lo que hacía innecesaria su presencia en el área pública. El energon no abundaba en tiempos en que los Autobots lo hacían tan difícil de adquirir, pero ninguno de los altos mandos Decepticons había sufrido escasez desde el comienzo de la guerra. Incluso los soldados de menor rango podían darse el lujo de sobre energizarse de vez en cuando. Era una de las ventajas de tomar lo que consideraban suyo sin principios éticos de por medio.

Así pues, la ausencia de Starscream durante el reparto de energon de ese día no era algo fuera de lo común, como tampoco lo habría sido su presencia. La rasposa voz del arrogante Segundo al Mando era uno de tantos sonidos recurrentes en la base Némesis, aunque también era normal no escucharla. Sus constantes cambios de humor lo hacían desaparecer por ciclos enteros, muchas veces huyendo de la ira de Megatron tras un fallido intento de insubordinación, y de repente reaparecer para continuar su interminable arenga sobre su supuesta superioridad y su destino como futuro líder de los Decepticons.

Pero, una vez más, nadie se preguntó por la mesa vacía al final del centro de abastecimiento de energon, la misma que Starscream solía ocupar cuando decidía honrar a sus camaradas con su presencia.

Nadie lo notó, excepto Megatron.

-¿Dónde está Starscream?- preguntó, cuando finalmente se percató de la ausencia de cierta traicionera sombra atrás de su espalda.

-Locación desconocida,- respondió Soundwave, que se aseguraba de que ningún Decepticon recibiera más energon del permitido.

-¿Acaso no recibió el informe sobre el ataque de hoy?

-Informe entregado.

-Entonces debería estar aquí. ¡Hazlo venir!

-Como ordenes, Megatron.

Megatron frunció el ceño. No era extraño que Starscream no se presentara a un reparto de energon, pero millones de años de experiencia lidiando con su inestable Segundo al Mando le habían enseñado al líder Decepticon a reconocer la presencia de un mal presagio. Desechó la idea, sin embargo. Darle cualquier tipo de importancia a un simple presentimiento no era su estilo, y no comenzaría a serlo ahora.

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El sonido de motores de aviones era natural en los cielos terrestres. De la misma manera, el sonido de jets Decepticons se había convertido también en un recurrente en los cielos cercanos a plantas de energía.

Las alarmas se activaron y las peticiones de ayuda a la base Autobot fluyeron mucho antes de que el primer Decepticon se transformara y aterrizara en las instalaciones de la planta de energía. Una vez más Megatron subestimaba la intervención Autobot y privilegiaba la recolección de energía; una seria falta de prudencia, como Starscream solía decir.

Pero la misión no habría podido ser menos importante para Starscream ese día. Ignoró con frío desprecio los gritos de los humanos aterrorizados y los dejó correr sin utilizarlos como tiro al blanco como acostumbraba hacer en tales ocasiones.

Una imponente sombra a su izquierda lo hizo voltear apenas a tiempo para atrapar una de las enormes super turbinas que los Constructicons habían diseñado para transformar la energía termoeléctrica humana en energon a mayor velocidad que un convertidor normal. Starscream retrocedió un paso y casi perdió el equilibrio, pero logró estabilizarse sin dejar caer el aparato que su líder le había arrojado tan violentamente.

-¿Qué es lo que te pasa, Starscream?- le gritó Megatron molesto. –Deja de comportarte como un dron y haz algo útil para variar. Instala esa turbina en el cuarto de máquinas y comienza a extraer energía. ¡Ahora!

Segundo mal presagio. Starscream nunca aceptaba dócilmente ser reducido a labores que consideraba denigrantes para su rango, tales como la mera extracción de energía. Que obedeciera en el más completo de los silencios definitivamente indicaba que algo no estaba funcionando correctamente ese día, pero Megatron no tuvo tiempo de profundizar en tales pensamientos. Los motores de los Autobots ya eran bastante audibles y el líder Decepticon se apresuró a ponerse al frente de sus tropas para la batalla que se avecinaba.

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Starscream ignoró el sonido de los primeros rayos láser. Se dirigió hacia el cuarto de máquinas e instaló distraídamente la super turbina, que inmediatamente comenzó a extraer energía.

Pasaron un par de minutos en los que lo más emocionante que ocurrió fue el sonido monótono del aparato. Todo era tan aburridamente rutinario y, aunque no lo hubiera sido, esa mañana el Comandante Aéreo estaba negado a cualquier factor de motivación.

La prueba contundente vino cuando escuchó claramente pasos acercándose y no hizo nada al respecto. Tampoco reaccionó cuando sintió, más que vio, un arma apuntándole.

-Sólo mueve un dedo y te juro que le estarás rindiendo cuentas a Primus hoy mismo, Starscream.

El Seeker miró a Ironhide de la misma manera en que habría mirado a un insecto.

Ironhide frunció el ceño. -¿No vas a defenderte?

Starscream se cruzó de brazos y se recargó cómodamente en una de las consolas del cuarto de máquinas.

-¿Por qué habría de hacerlo?- fue su desinteresada respuesta.

-Tal vez por el hecho de que estoy apuntándote y de que estoy a punto de convertirte en un montón de chatarra derretida.

Starscream sonrió. -¿Vas a dispararle a un enemigo indefenso? No lo creo, Autobot.

-¿Y desde cuánto te consideras inofensivo, pila de partes de repuesto?

-¿Puedes dejar los insultos a un lado? Son bastante aburridos, por no decir primitivos.

La mueca de Ironhide se hizo más ácida. -¿De qué se trata esto?

-No sé de qué hablas.

El especialista en armas analizó rápidamente los alrededores, su desconfianza más despierta que nunca.

-No es ninguna trampa, te lo aseguro,- se rió Starscream.

-Sí, claro… y voy a creer en tu palabra. Después de todo, la honestidad es tu especialidad,- espetó Ironhide con desdén mientras avanzaba cautelosamente hacia su enemigo. -¿Qué estás haciendo aquí solo? ¿Por qué no estás peleando allá afuera junto con las otras escorias Decepticon?

La sonrisa de Starscream se hizo aún más irónica. -¿Por qué habría de hacerlo?

-Tus juegos están empezando a molestarme, Starscream. No olvides que tengo un arma apuntando directamente a tu rostro.

-Para serte honesto, Autobot, no podía importarme menos.

Inconscientemente, Ironhide bajó su arma y se rascó la cabeza, completamente confundido. -¿Pero qué demonios te pasa? ¿Tuviste una sobrecarga en tus circuitos lógicos?

-Digamos que hoy no estoy de humor para la violencia.

Ironhide permaneció en silencio por algunos segundos, totalmente seguro de que sus sensores de audio habían captado las palabras equivocadas.

-Oh, ya veo lo que pasa… - dijo finalmente. -¿Cómo te atreves a venir a una batalla en ese estado tan lamentable? No creí que ni los Decepticons fueran tan estúpidos como para embriagarse antes de intentar asaltar una planta de energía. ¿Puedes siquiera caminar en línea recta?

-¡No estoy sobreenergizado, Autobot estúpido!- gritó Starscream, cediendo a su enojo natural por un momento.

Ironhide volvió a apuntarle, recordando de súbito con quién estaba tratando. -¡Mucho cuidado como me hablas, montón de basura! Yo soy el que tiene el arma, ¿recuerdas? Ahora, ¿cómo desconecto esa turbina?

-¿No es bastante obvio?

Ironhide miró inseguro la turbina que continuaba transformando energía en energon puro.

-¿Qué?- se burló Starscream. -¿No sabes cómo desactivar una simple turbina? ¿Que acaso no eres un modelo antiguo, Autobot? Eres una vergüenza para la tecnología.

-¡Cállate, porquería Decepticon, no soy tan viejo como crees!

Starscream sacudió la cabeza. –Si tú lo dices… ¿Tal vez quieres que la desconecte por ti?

-¡Quédate donde estás! ¡Soy perfectamente capaz de deshabilitarla yo solo!

-Sólo te estaba ofreciendo amablemente mi ayuda.

-¡Métete tu amabilidad por tus propulsores traseros! ¡Dije que me encargaría yo mismo!

-Lo que tú digas.

Starscream se acomodó sobre la consola, disfrutando el espectáculo de Ironhide analizando torpemente el mecanismo de funcionamiento de la turbina con una mano mientras que con la otra no dejaba de apuntarle con su arma. Era bastante divertido. De repente el plan del Decepticon estaba teniendo resultados inesperados pero muy satisfactorios.

-Ni siquiera consideraría tocar el cable verde si fuera tú, Autobot. Trata el rojo,- sugirió sonriendo.

-¿Te pedí tu ayuda, acaso? Besaría a un Quintesson antes que confiar en ti,- gruñó Ironhide mientras, más decidido que nunca, dirigía sus dedos hacia el cable verde.

-Como quieras.

Al momento en que Ironhide desconectó el famoso cable verde, la turbina comenzó a emitir un chillido agudo y a lanzar grandes cantidades de humo. El especialista en armas Autobot retrocedió horrorizado ante el riesgo inminente de explosión, pero justo en ese momento un rayo le rozó el rostro e impactó el inestable aparato.

De inmediato, Ironhide giró sobre su hombro y apuntó su arma hacia Starscream, cuyo cañón de brazo aún humeaba un poco.

-Rayo nulificador,- se apresuró a explicar Starscream antes de que al sobresaltado Autobot se le escapara un tiro. -Activaste precisamente el mecanismo de auto destrucción de la turbina y no había otra manera de neutralizarlo. Puedes decir que acabo de salvar tu vida.

El Seeker volvió a cruzarse de brazos e Ironhide bajó su arma una vez más. Por un momento consideró seriamente si no era él quien estaba sobreenergizado. Quien fuera que estaba enfrente de él, no podía ser el Comandante Aéreo Decepticon.

-¿Pero por qué... quién…?

Starscream hizo una mueca despectiva. –No estoy de humor para explosiones hoy, es todo.

Un sonido salvador proveniente del comunicador interno del Decepticon rompió el incómodo silencio que siguió.

-Esa es mi señal de retirada. Ya nos veremos de nuevo, Autobot,- dijo mirando su muñeca.

-¡No creas que te vas a escapar tan fácilmente! Aún tienes mucho qué explicar.

Starscream descruzó los brazos y se dirigió tranquilamente hacia la salida. –Al contrario, todo está dicho ya. Espero que este encuentro no haya sido tan aburrido para ti como lo fue para mí.

-¡No estoy bromeando, Starscream! ¡Detente ahora mismo o por Primus que te obligaré a hacerlo!- gritó Ironhide apuntando de nuevo a la cabeza de su enemigo.

-Tendrás que dispararme por la espalda, entonces. Adiós, modelo antiguo. No olvides mantenerte alejado de los cables verdes.

Ironhide bajó su arma, incapaz de dispararle al más odiado de sus enemigos mientras lo veía desaparecer por la puerta y perderse en la deslumbrante luz de la mañana.

¿Qué había sido eso? ¿Una alucinación? Definitivamente tendría que pedirle a Ratchet que revisara su procesador cerebral. Estaba seguro de una cosa, sin embargo. Realmente necesitaría un buen cubo de energon alto grado.

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Starscream se sentó ante su computadora personal y subió las piernas cómodamente a la consola. Un análisis minucioso de su estado físico le reveló que había gastado una cantidad insignificante de energía durante el reciente ataque a la planta de energía humana. Quién lo hubiera pensado… la paz tenía sus ventajas después de todo.

Lo único desagradable había sido el golpe que Megatron le había dado por perder una de sus queridas super turbinas, pero el daño recibido no había sido de gravedad. Si su plan tenía éxito, los días de ser el receptor favorito de las agresiones de su líder estaban contados.

Starscream consultó su cronómetro interno. El visitante que esperaba ya tenía cuatro breems de retraso. No era nada para sorprenderse, pero no por eso era menos molesto. La impuntualidad estaba en la parte alta de la lista de odios del Segundo al Mando Decepticon.

Poco antes de que los cuatro breems se convirtieran en cinco, el recién llegado se anunció con sonoros pasos que no tenían ninguna intención de pasar desapercibidos.

Starscream oprimió un botón y la puerta de sus cuarteles personales se abrió, dejando el paso libre al visitante.

-¡Finalmente te dignas a aparecer! No sé por qué tuve la ingenua idea de que podías ser un poco más puntual,- se quejó Starscream.

-Deja de ladrar, Screamer. Al menos vine, ¿no es así?- gruñó Skywarp mientras la puerta se cerraba tras de él.

-¿Por qué no te teletransportaste?

-Yo nunca invadiría tu privacidad.

Starscream le lanzó a su compañero aéreo una mirada asesina.

Skywarp se encogió de hombros. –De acuerdo, de acuerdo… no es fácil teletransportarme aquí con todos tus malditos sistemas de securidad, ¿estás satisfecho ahora? ¿Y para qué me llamaste, a todo esto? Tu mensaje decía que era urgente y confidencial.

-Lo es. Necesito que me hagas un favor personal.

Skywarp frunció el ceño. -¿Qué? ¿Toda esta discreción para simple un asunto personal? ¿Y de dónde sacaste la estúpida idea de que yo te haría un favor precisamente a ti?

-Del hecho de que te pagaré generosamente por tus servicios.

La expresión de Skywarp se suavizó. -¿Qué tan generosamente?

-Cinco cubos de energon.

Skywarp meditó por unos instantes. -¿De qué se trata el favor?

-Nada complicado. Necesito que te teletransportes a la unidad de almacenamiento 15-D y me traigas cinco puertas que encontrarás ahí.

-¿Puertas?

-Es lo que dije.

-¿Para qué quieres cinco puertas?

-Eso es asunto mío.

-En verdad que estás loco, Screamer.

-El tiempo está corriendo y pronto terminará el turno nocturno. Apresúrate si no quieres llamar la atención.

-De acuerdo, de acuerdo… ten listos esos cubos de energon.

Skywarp desapareció sin esperar respuesta.

Starscream no tuvo que esperar mucho. Pocos astro segundos después, el Seeker negro y púrpura regresó, cargando con dificultad tres de las famosas puertas.

-¡Cuidado, idiota!- gritó Starscream, levantándose apresuradamente de su asiento y apenas evitando que las puertas cayeran estrepitosamente al suelo. -¿Qué quieres? ¿Que toda la base se entere de lo que estamos haciendo?

-Ese es tu problema. Ahora espera aquí, que todavía hay dos más por traer.

Skywarp se desvaneció de nuevo. Otro favorito en la lista de odios de Starscream era tener que apoyarse en camaradas aéreos tan irrespetuosos, pero tenía confianza de que pronto generaría cambios importantes en ese aspecto también.

El teletransportador reapareció de nuevo con la última parte de su carga.

-Bien. Colócalas ahí,- dijo Starscream apuntando a una pared.

Skywarp refunfuñó algo ininteligible pero obedeció. –Bueno, está hecho. ¿Dónde está mi energon?

Starscream activó un mecanismo en su antebrazo y un panel oculto en la pared se abrió, revelando una unidad de almacenamiento.

-¡Oh, así que ahí es dónde lo guardas!- dijo Skywarp alegremente. –Me pregunto por qué nunca lo encontré antes…

-Supongo que debido a tu brillante inteligencia. Por cierto, en caso de que estés planeando futuros robos te recomiendo que lo pienses dos veces a menos que quieras perder tus brazos de una manera terriblemente dolorosa. Soy el único que sabe cómo desactivar el sistema de seguridad, así que no intentes nada estúpido.

-Eres tan aguafiestas.

Starscream comprimió cinco cubos y se los entregó a Skywarp, que los almacenó en su cabina de piloto. -¿Alto grado?- preguntó.

-Dos lo son.

-¿Sabes algo, Screamer? Cambié de opinión. Creo que me arriesgué mucho al ayudarte con tus ideas raras. Mis honorarios acaban de duplicarse.

-¿Pero cómo te atreves…?

-Diez cubos, y cinco tienen que ser de alto grado. Entrégamelos ahora o no sólo me llevaré esas puertas a su lugar de origen, sino que divulgaré por toda la base que estás enamorado de la Autobot Moonracer.

-¡Eso no es cierto!

-¿En verdad? ¿Entonces por qué tienes imágenes de ella almacenadas en tu computadora?

Los ópticos de Starscream se entrecerraron amenazadoramente, emanando brillos mortales. -¿Estuviste mirando mis archivos privados?

Skywarp sonrió con cinismo. –Sólo algunos; la mayoría están muy protegidos. ¿Qué tanto escondes en tu computadora?

-Nada de tu maldita incumbencia.

-Como sea. Si quieres que mantenga mi vocalizador cerrado mejor será que seas generoso con tu compañero aéreo favorito.

Por un momento, pareció que Starscream estaba a punto de descargar sus rayos nulificadores sobre su irreverente subordinado, pero de repente, para el asombro de Skywarp, la expresión del molesto rostro del Comandante Aéreo se suavizó y una sonrisa cínica apareció, como si de repente hubiera recordado algo.

-Pero claro… ahora que lo pienso no es una mala idea. Mejor evitar las tentaciones,- dijo para sí mismo, olvidando por un momento la presencia de Skywarp.

-¿Eh?

Starscream se dirigió hacia el panel abierto lleno de cubos de energon. -¿Diez, dijiste? ¿Y por qué no quince? Tengo una mejor idea: tómalos todos. La mitad son del mejor alto grado que probarás jamás.

-¿Q-qué? ¿T-todos? ¿De qué se trata…?

Starscream no ocultó su diversión. La expresión de confusión absoluta en el rostro de Skywarp era hilarante.

-Dije que te puedes llevar todos mis cubos. Veintinuno en total.

Skywarp retrocedió lentamente, como si estuviera ante una bomba a punto de explotar.

-¿Cuál es el truco?- preguntó con voz seria, algo totalmente inusual en él.

-No hay ningún truco. Te estoy regalando toda mi reserva personal de energon. ¿Acaso no puedo tener un detalle amable con mi más traicionero compañero aéreo?

-Hablando de traiciones… no me lo trago, Screamer. Aquí hay una trampa y una muy peligrosa por cierto. Quédate con todo tu energon, yo me largo.

-¿Vas a despreciar veintinún cubos de energon, Skywarp? Sabía que eras idiota pero no tanto,- dijo suavemente Starscream, tomando un cubo y sacudiendo seductoramente su contenido.

Skywarp miró el tentador líquido pero no se atrevió a avanzar.

La amable sonrisa de Starscream desapareció de su rostro y en su lugar apareció su característica mueca de enfado. -¿Envenenaría mi propio energon, imbécil? ¡Vamos, llévatelo todo y terminemos con esto! Estás desperdiciando mi valioso tiempo.

Incapaz de resistirse más tiempo, Skywarp se transformó cautelosamente en su modo alterno. –Sólo coloca los cubos en mi cabina de carga. No podré llevármelos todos de otro modo.

Mientras sentía cómo Starscream apilaba los cubos adentro de su cabina, Skywarp se maldijo a sí mismo por ser tan ingenuo. Tal vez esa impulsiva debilidad le costaría la desactivación total. Con Starscream nunca se podía saber.

Sin embargo, si Starscream estaba planeando asesinarlo no sería en ese momento. La compuerta de su cabina de carga se cerró y la mano de Starscream se posó con firmeza en su ala derecha.

-Este trato está concluido. Si sabes lo que te conviene mantendrás el vocalizador cerrado sobre lo que pasó aquí y cualquier cosa que hayas visto en mis archivos privados. No voy a repetirlo, Skywarp.

Skywarp no contestó, pero antes de teletransportarse fuera de los cuarteles de Starscream tuvo tiempo para pensar que, desde que conocía a su arrogante Comandante Aéreo, era la primera vez que su rasposa voz le producía escalofríos.

Continuará.



No sé quién estaba más confundido, si Ironhide o Skywarp. Una cosa es cierta: los dos necesitan un buen trago.

Espero que hayan disfrutado este capítulo :o)