Ni me atrevo a mirar la última vez que actualicé este fic… pero bueno, más vale tarde, aunque sea muy tarde, que nunca, y aquí tienen esta entrega de una historia que de repente se quedó en pausa dentro de mi volátil cabeza.
Sé que había prometido una entrega de Cantabile, pero quise postear ésta antes porque ya la debía desde hace mucho. Espero que disfruten el capítulo, se vienen cambios en la huelga de hambre del buen Screamer.
Capítulo 8
Megatron estaba acostumbrado al dolor.
Había sido parte de él desde el primer momento de su vida y nunca se había olvidado de hacerse presente, ya fuera en la forma de heridas mientras extraía energon puro de las minas de Cybertron, o entre los alaridos de la multitud mientras peleaba por su vida en las arenas clandestinas de Kaon. Cuando la Gran Guerra Cybertroniana estalló y combatir a los Autobots se convirtió en algo de todos los días, Megatron se acostumbró tanto a recibir e infligir dolor que se convirtió en la única cosa en su vida que tenía sentido, la única cosa que podía concebir como algo natural.
Así que el dolor no era el problema. Nunca lo sería, sin importar qué tan dañado estuviera su cuerpo o si sus piernas y brazos le fueran arrancados y la vida permaneciera aferrada a él únicamente por la fuerza de su terquedad.
La derrota era la causa de su mal humor, la aceptación de su propio error al no haber sido capaz de sobreponerse a condiciones adversas e inesperadas, el saber que una vez más la sagrada meta de la dominación universal había sido apartada de él. Cada derrota era un paso atrás, uno que tendría que dar sólo para quedar sostenido en una línea tan frágil que hacía que a veces la guerra pareciera una maldición eterna.
Eso es lo que Megatron habría pensado si las condiciones de su más reciente derrota hubieran sido, por decir algo, normales.
Pero no lo eran.
Los Autobots habían obligado a sus tropas a retroceder con una facilidad casi ridícula, y todo por una completa falta de coordinación de su mal llamada Élite Aérea. Por supuesto que Megatron había considerado ciertos cambios en su formación de combate y había adaptado su estrategia a su nuevo Comandante Aéreo, pero la lógica se había rehusado a actuar en su favor y ahí estaba el resultado: regresaba a la base derrotado, con una seria herida en su pecho y con la mitad de sus tropas en condiciones lamentables.
Tal vez ésa era la razón por la que no estaba desperdigando los restos de sus soldados por toda la torre de lanzamiento, o tal vez sus propios niveles de energía estaban tan bajos que no habría podido reunir suficiente poder como para lanzar una sola descarga de su cañón de fusión… O tal vez, sólo tal vez, porque la corazonada que había tenido desde el primer momento en que Optimus Prime lo había impactado con su rifle había cambiado únicamente para volverse más fuerte.
Fuera cual fuera la razón, Megatron sabía que estaba siendo forzado a tolerar nuevamente la incompetencia de sus tropas, y especialmente la burla de cierto ex Segundo al Mando que seguramente lo estaría esperando con una de sus peores sonrisas de triunfo.
A veces ser Comandante Supremo de los Decepticons era una maldición.
-Lord Megatron, solicitud: mantener funciones de movimiento al mínimo. Incremento en la pérdida de energon detectada – dijo Soundwave, sosteniendo a su líder por la cintura aun cuando su propio estado no era óptimo.
Megatron gruñó en respuesta, sin importarle el corto circuito que súbitamente sacudió todo su cuerpo. El dolor era algo con lo que podía lidiar, pero no con la humillación.
-No recuerdo haber solicitado tu consejo, Soundwave – espetó, deshaciéndose del apoyo de su lugarteniente. –Encárgate de que mis soldados sean reparados, por más que merezcan ser fundidos en lugar de eso… ¡y asegúrate de mantenerte fuera de mi vista por lo que resta del ciclo solar!
5…
4…
3…
2…
1…
BOOM!
Como un cronómetro… Starscream apenas parpadeó en cuanto Megatron entró en sus cuarteles personales hecho una furia después de que la torcida pieza de metal que había sido una puerta cayó pesadamente al suelo.
-Justo a tiempo, líder – se burló el Seeker, mirando con satisfacción la gran herida decorando el pecho de Megatron. –Nunca decepcionas con tus brutales y predeciblemente violentas entradas.
-¡Ahórrame la ironía barata, tonto! – rugió Megatron mientras avanzaba hacia su objetivo. Starscream reprimió el instinto de retroceder (o de volar muy lejos de ahí) mientras su líder lo alcanzaba y lo abofeteaba tan fuerte que lo levantó del piso. Starscream terminó su corto vuelo estrellándose contra la pared y aterrizando sobre su espalda con una de sus piernas colgando humillantemente sobre su rostro.
-Ggg… s-supongo… que tu ataque a la planta de energía fue un fracaso… - dijo Starscream, protegiéndose la cabeza con las manos y preparándose para la paliza de su vida. Sin dolor, no hay triunfo. Sin dolor…
Pero no hubo dolor, al menos por el momento. –Tu suposición es correcta – contestó Megatron, avanzando hasta la computadora de Starscream y empezando a presionar botones. –Los Autobots nos estaban esperando, como si hubieran sabido todo sobre el ataque.
-¿Estás sugiriendo que hubo una fuga de información? Qué mala suerte… o qué excusa tan pobre para justificar tu fracaso.
-Mala suerte, pero no para ti, considerando que estoy seguro de que tal fuga ocurrió desde tu computadora, ¡y que fuiste tú quien envió la información a los Autobots! – rugió Megatron mientras golpeaba la consola tan fuertemente que abrió un agujero del tamaño de su puño que de inmediato empezó a echar chispas.
Starscream se sentó calmadamente en el piso y se frotó la dolorida mejilla. –No tienes pruebas de lo que dices, y ahora menos después de lo que has hecho… Maldición, debí haber mandado hacer reemplazos de la consola de mi computadora también.
-Debiste haber mandado hacer reemplazos de tu chispa vital porque estás caminando sobre una línea muy peligrosa, Starscream.
-Siempre dices lo mismo – dijo Starscream, sin atreverse a moverse cuando Megatron alcanzó una silla y sentó frente a él, no tan cerca como para tocarlo (o golpearlo) pero sí lo suficiente como para ratificar su dominación sobre el caído Seeker. Por primera vez durante la conversación, Starscream sintió miedo.
-Es una fea herida la que tienes en el pecho, Megatron… deberías hacer que te la atiendan.
-Tu preocupación es conmovedora – respondió Megatron. Su furia comenzó a disminuir cuando descomprimió un cubo de energon, un púrpura, deliciosamente púrpura, cubo de energon… -Pero no te preocupes, todo lo que necesito es energizarme.
Los tanques de energía de Starscream se quejaron dolorosamente, ansiosos del vital combustible que estaba tan cerca de ellos, y que a la vez era tan inalcanzable. ¿Qué clase de enfermo era Megatron, atreviéndose a energizarse en presencia de Starscream, y cómo se atrevía a disfrutarlo tanto?
Starscream pudo escuchar el suave roce del energon deslizándose por la garganta de Megatron, esparciéndose por todo su cuerpo y llegando a sus tanques de energon con una suavidad casi sensual.
-Puedo ver tu juego – continuó Megatron, tirando el cubo, ya vacío. –Esperabas que yo viniera aquí y te convirtiera en un montón de chatarra para que pudieras proclamar toda la razón que tenías. Lamento decepcionarte, bufón, pero eso no va a pasar. Me acusas de predecible, pero eres tú cuyas intenciones son tan transparentes como ridículas. No, Starscream, no habrá castigo físico para ti hoy. Ésa es una patética victoria que no vas a tener, y simplemente porque yo lo digo.
Los ópticos de Starscream se estrecharon. Si sus tanques de energía no hubieran estado tan cerca de bajar a la mitad de su capacidad, habría vaciado sus armas sobre la odiada figura de su líder.
Megatron sonrió, notando la perturbación en el rostro de su ex Segundo al Mando. -¿Qué es lo que pasa, payaso? ¿Acaso tu infantil y patético plan no funcionó? Ah, puedo ver tu satisfacción cuando me viste entrando aquí, pensando que haría un ejemplo de ti y que te daría la razón para seguir con tu tonta huelga de hambre, o como sea que la llames.
Starscream sonrió también, recuperándose de su momento de debilidad. Reemplazó su lujuria por el aroma del energon en los labios de su líder por la fuerte convicción de que la derrota nunca sería una posibilidad. –Me alegra ver que entiendes que mi huelga de hambre significa más que una simple negativa a energizarme. Después de todo, el juego es mucho más divertido si el oponente es alguien con al menos una célula cerebral trabajando en el bote de basura que tiene por cabeza.
-No has perdido tu sentido del humor, eso es bueno. Normalmente estarías lubricándote en ti mismo de puro miedo. Pero espera, supongo que ya no puedes permitirte ese lujo. ¿Qué tan bajos están tus niveles de energía, Starscream? ¿A la mitad?
-Puedes sumar dos más dos, Megatron, estoy sorprendido. ¿Acaso aprendiste en tus tiempos de esclavitud cuando contabas los cubos de energon que llenabas en las minas para tus amos?
La táctica no funcionó, al menos en apariencia. Si Starscream estaba controlando su miedo, Megatron ciertamente estaba haciendo lo mismo con su furia.
-Las minas, sí… - Megatron dijo con cierto aire de nostalgia. –Fue ahí donde aprendí el valor del energon. El energon lo controla todo. Guerras estallarán, vidas encontrarán su término, mundos enteros serán destruidos, pero al final todo es debido al energon. Como bien sabes, la rápida consumición de energía es la gran debilidad de nuestra especie. Necesitamos energizarnos constantemente, o morimos. Información inútil para un niño consentido como tú, pero ahora que la falta de combustible ha empezado a corroer tu pobre juicio, tal vez entiendas que esto no es un juego. El suicidio no es tu estilo, Starscream, pero ahora que has cruzado la línea ya no tienes otra opción más que continuar tu lento proceso de auto destrucción. ¿Aún te parece gracioso, tonto? ¿Te divierte que tus sistemas empiecen a fallar, recordándote lo frágil que tu vida es a fin de cuentas? Sí, nosotros los Cybertronianos somos dioses. La eternidad está a nuestro alcance, pero remueve el energon de la ecuación, ¿y qué te queda? Una débil y perecedera vida… justo como la tuya. Tu huelga de hambre fue una elección brillante, Starscream. Como puedes ver, la última risa será mía, como siempre ha sido.
Starscream se levantó lentamente, en parte para ahorrar energía y en parte para puntualizar lo decidido que estaba. Si Megatron estaba dispuesto a llevar la charada hasta el final, también él. –Pareces olvidar que aún no he dicho mi última palabra, Megatron, y que dicha palabra no será una de derrota. No creas mis amenazas, cree en los hechos. Fuiste derrotado hoy no porque los Autobots sabían lo que planeabas, sino porque yo no estaba ahí para hacer tu trabajo sucio. Sí, ríe todo lo que quieras, líder, insúltame como siempre haces, golpéame hasta que te canses, pero sabes perfectamente bien que me necesitaste hoy. ¡Tú me necesitas!
Los rostros de Starscream y Megatron estaban tan cerca que una tensa estática empezó a circular entre los dos. El próximo paso estaba a punto de ser tomado y Starscream estaba listo para responder.
O eso creía él.
-Necesitarte… ¿y para qué rayos necesito a una alimaña traicionera como tú? – gruñó Megatron, sujetando a Starscream por el cuello y poniéndolo contra la pared.
Starscream reprimió la necesidad de quejarse. La victoria estaba de nuevo a su alcance, aunque se recordó a sí mismo que no vendría desprovista de dolor. Pero Starscream soportaría cualquier cosa. Admitía que podía ser un maldito terco, pero lo que estaba en juego ahora era el combustible más vital de todos: su propia dignidad.
Sin embargo, no pudo evitar el parpadeo de sus ópticos cuando Megatron levantó un poderoso puño y lo detuvo a pocos centímetros de su rostro.
-Te acobardas, como siempre – se burló Megatron. -¿Qué ha cambiado entonces, Starscream, además de tus tanques de energon que poco a poco se vacían? Yo te la enseñaré, la única cosa que va a cambiar hoy y que decidirá el rumbo que tu estúpido juego va a tomar.
Muy pocas veces Starscream había odiado tanto a Megatron. –Haz lo que quieras, pero debes saber, líder, que no te tengo miedo… ¡No te temo!
-¿Líder?- preguntó Megatron, poniendo su mano en el hombro de Starscream casi afectuosamente. –Ahí es donde te equivocas, Starscream. Ya no soy tu líder. Fuiste removido de tu rango, ¿recuerdas? Y de la misma manera ya no dependes de mi mando, ni tampoco del ejército Decepticon.
-¿Q-qué…? - murmuró Starscream, esta vez sin importarle el miedo en su voz.
-Toleré tu pequeño juego porque me divertía, y también porque quería demostrarte lo equivocado que estabas, un trabajo que estás ejecutando sin falla alguna. Pero hoy cruzaste la línea cuando alertaste a los Autobots, y no te atrevas a negarlo porque caerás muerto en este mismo instante. Cometiste alta traición. ¿Y cuál es el castigo para tal crimen, Starscream? Dime, si es que todavía recuerdas el código de honor que una vez juraste hacer tuyo.
Starscream estaba perdido y lo sabía, pero no había llegado tan lejos para rendirse, todavía no. –Mátame si eso te satisface. ¡No eres más que palabras vacías y acciones brutales, Megatron! ¡Destruyéndome sólo probarás que yo tenía razón, ante tus ojos y los de tus idiotas seguidores!
Megatron sonrió, retrocediendo un poco pero sin soltar a Starscream. -¿Destruirte? Vaya, Starscream, veo que tus bancos de memoria no han comenzado a fallar como el resto de tu procesador. La muerte sería en verdad lo que debería hacer con un traidor entre nuestras filas. Pero tú ya no eres un Decepticon. Eres un civil, un neutral, uno cuyo valor no es más grande que el polvo bajo mis pies.
Starscream forcejeó mientras Megatron lo arrastraba hacia el corredor, pero fue inútil.
-Y un civil no es digno de recibir el castigo que el Código Decepticon dicta en caso de traición – continuó Megatron, tomando la bandera blanca cuando casi había alcanzado la puerta. –Un civil es indigno de vivir entre verdaderos Cybertronianos, guerreros que están al servicio de la sagrada causa de la fuerza.
Starscream miró hacia atrás con desesperación, aterrorizado mientras sus cómodos cuarteles personales eran dejados atrás. La bandera blanca, ahora atrapada en el puño de Megatron, de repente le pareció terrorífica. –¡Tú… tú no puedes echarme, Megatron! Si lo haces, sólo probarás—
-¿QUÉ? – Megatron interrumpió a Starscream, sacudiéndolo como un muñeco. -¿Que soy un monstruo, un líder intolerante que es incapaz de resolver nada sin el uso de la violencia? Interesante, considerando el hecho de que dejarás esta base en una sola pieza y con tu sucia chispa vital todavía dentro de su cámara. Tus tanques de energon vacíos, sin embargo, no son culpa mía. Ahora dime, ¿a quién tienes que culpar por eso?
Los pasillos que llevaban al Centro de Mando estaban casi vacíos, pero eso no suavizó la humillación de Starscream. Ser exhibido en frente de sus camaradas de armas (antiguos camaradas de armas) de esa manera sólo reforzó su resolución de hacer que Megatron se arrepintiera de cada una de sus palabras y del día en que había sido creado.
Megatron llegó hasta el elevador y abrió las puertas. –Espero que te quede suficiente energía para volar; mis más sinceras condolencias si no es así. Como sabes, el agua salada no es gentil con nuestros sistemas después de una exposición prolongada.
-¡Espera! ¡No hagas esto, Megatron! ¡Podemos resolverlo, maldición!
-Muy tarde para eso – espetó Megatron antes de arrojar a Starscream al interior del elevador como si se estuviera deshaciendo de algo asqueroso. La bandera blanca fue la siguiente, cayendo indignamente sobre la cabeza de Starscream. –Tuviste tu oportunidad y decidiste traicionarme. Adiós, Starscream. Ahora que te has convertido oficialmente en un civil, te daré un pequeño consejo amistoso: ten cuidado. Los Decepticons no somos precisamente conocidos por nuestra amabilidad con los de tu clase. Autobot o neutral, si no estás con nosotros eres el enemigo. Asegúrate de esconderte en el agujero más profundo que encuentres o daño colateral será el único epitafio que tendrás.
Las puertas cerrándose fueron las únicas testigos de las amenazas del desterrado Seeker. Nadie más vio su puño temblando de rabia y frustración. Y nadie más que él supo sobre el hambre que se abría paso entre sus sistemas.
Horrible, horrible libertad…
El viento, viejo conocido, por una vez no proveyó ningún alivio mientras se estrellaba contra el rostro de Starscream. Mientras estaba de pie en la plataforma de la torre de lanzamiento, el Seeker encaró el horizonte rosado con temor. Por primera vez el cielo, su reino, no tenía ningún significado. La libertad se presentaba a sí misma como una carrera que no sería capaz de terminar. El tiempo seguía corriendo, y con él la vida se le escapaba justo ante sus ópticos. Sin dolor, en cámara lenta, pero escapándose sin lugar a dudas.
Cuando la torre de lanzamiento empezó a cerrarse, Starscream tuvo claro que ya había sido olvidado por los que estaban abajo; si acaso, era un mal recuerdo que pronto sería erradicado.
Encendió sus propulsores y flotó sobre el océano mientras la única parte visible de la base Némesis desaparecía bajo el agua, no dejándole más que el ridículo reflejo de la bandera blanca en su mano.
Su primer impulso fue dejar una marca permanente en la maldita torre con sus rayos nulificadores, pero el hambre fue más sabia. Controlado el primer impulso, Starscream regresó a los pensamientos que importaban más: su propia supervivencia. Cierto, sus tanques de energon tenían suficiente como para llevarlo a cualquier planta de energía cercana y terminar con la amenaza de muerte. ¿Pero qué caso tendría hacer eso? Regresaría a dónde había empezado, pero infinitamente arruinado, porque ya no era el Segundo al Mando Decepticon. Maldición, ni siquiera era ya un Decepticon…
Entonces llegó el segundo impulso, y la experiencia le había enseñado que dicho impulso siempre era el correcto. Su dignidad, casi tan importante como su vida, tenía que subir el escalón hacia el primer lugar en el pódium. Había empezado su huelga de hambre por una razón y no estaba dispuesto a rendirse esta vez. No terminaría de rodillas ante Megatron, rogando por la burla que la piedad de su líder era.
Se transformó, permitiendo que la claridad retornara a su mente. Le tomaría una buena cantidad de energía alcanzar su objetivo, pero valdría la pena.
El juego apenas empieza, Megatron. Este civil está a punto de poner tu mundo de cabeza y hacer de tu vida un infierno. Te arrepentirás de haberme maltratado, ¡pero sobre todo te arrepentirás de no haberme destruido cuando tuviste la oportunidad!
-Marco.
Silencio.
-Oye, ¡dije Marco!
-Mm… ¿qué? Oh sí… ¿Polo? ¿Eso es lo que dijo Spike se supone que debo responder?
La cabeza de Bluestreak se asomó por la entrada del Centro de Mando. -¿Cuál es el propósito de este juego, por cierto? Empiezo a creer que sólo quieres deshacerte de mí, Red.
-No, ¿por qué querría eso? – dijo Red Alert sin despegar su atención de los monitores de vigilancia. Aunque podría tomar un poco de tiempo libre de Bluestreak ahora que lo dice… Rayos, ¿por qué Inferno tenía que dejarse herir y pasar la noche en el Área de Reparaciones? ¿Y por qué Bluestreak tenía que ser asignado para cubrirlo? ¡Bluestreak!
-Eh… ¿no te aburres aquí? – dijo Bluestreak. –Quiero decir, aparte del ataque de hoy, los 'Cons han estado más bien tranquilos, y así se quedarán, porque vaya que les pateamos los oxidados traseros hoy. ¿Viste cómo derribé a Skywarp con un solo disparo? ¿Lo viste, Red? Apunté a su chip de equilibrio, y por más que Sunstreaker diga que estoy mintiendo, en realidad lo hice, y di en el blanco. ¿Y cuál fue el resultado? Skywarp cayó a tierra, ¡así!
-Sí, sí… - farfulló Red Alert, su falta de atención incapaz de desconectarlo de la molesta palabrería de Bluestreak. ¿Por qué Bluestreak tenía que hablar tanto? Inferno era mucho mejor conversador, sin mencionar que podía decir lo que tuviera que decir en diez palabras en lugar de cien.
-Por cierto, ¿qué tan llena está el Área de Reparaciones? Sé que tuvimos algunos heridos hoy, aunque nada en comparación con las bajas que tuvieron los 'Cons. ¿Tienes esa información, Red? O tal vez puedas contactar a Ratchet y preguntarle. Traté de hacerlo antes pero me amenazó con una herramienta, ya sabes, el viejo Ratchet… ¿Entonces puedes preguntarle? No es nada serio, pero recibí un disparo en la muñeca y las junturas me han estado doliendo todo el día… Nada serio, repito, pero aún así me gustaría una revisión si es posible. ¿Crees que puedas—?
-¡Oye! – Red Alert dijo, girando su silla y finalmente llegando al fin de su frágil paciencia. -¿No quieres seguir jugando, Blue? ¿Por qué no vas a la guarida de los Dinobots y ves si te puedo escuchar desde ahí? O mejor aún, ¿por qué no te tomas la noche? Te relevo de tus deberes de vigilancia. Yo puedo encargarme de todo solo.
Bluestreak pareció sorprenderse, aunque no precisamente por las palabras de Red Alert. –Eh… ¿Red?
Red Alert se levantó de su silla. –En serio, insisto. Tuviste una pelea ruda hoy, deberías irte a descansar.
-Pero Red… - continuó Bluestreak, mirando a la gran pantalla sobre el hombro de Red Alert.
La cabeza de Red Alert comenzó a sobrecalentarse. -¿Qué? ¿Crees que soy incapaz de hacerme cargo de la seguridad de esta base?
-Pero yo...
-¿Con quién has estado hablando, Bluestreak? ¿Con Inferno?
-Red…
-¡Lo que te haya dicho Inferno es mentira! La única vez que la seguridad de esta base fue penetrada fue por su culpa. ¿Inferno te mencionó ese pequeño detalle o convenientemente lo olvidó?
-¡Starscream!
Red Alert se quedó con la boca abierta, vacío de palabras. Golpe bajo… golpe muy bajo. Algunos Autobots lo habían molestado por su alianza temporal con Starscream para obtener el Negavator, además de que los rumores de su obsesión por el Seeker se habían esparcido más rápido que el óxido cósmico, pero nunca habría esperado que Bluestreak tomara el lado de los burlones.
-Cómo te atreves… ¡Eso ya pasó! No sé qué te dijo Inferno, pero yo—
-¡No, tú no entiendes! ¡Starscream está aquí!
Red Alert giró hacia atrás tan rápido que casi cayó al suelo, pero su chip de equilibrio definitivamente falló cuando vio la imagen en la pantalla de Teletraan I.
Starscream en persona estaba afuera de El Arca, con una bandera blanca en las manos y la expresión más perturbadora desplegada por todo su gris y atractivo rostro.
-Ah, no entiendo… - Red Alert escuchó a Bluestreak como a un billón de años luz. -¿Starscream está… rindiéndose?
Red Alert no respondió, aún atrapado por esa sonrisa que lucía obscena en el rostro del Seeker. ¿Qué rayos era eso? ¿Inocencia? ¿Burla? En el caso de Starscream, podía ser cualquiera. Peor, podía ser las dos. Una cosa de la que Red Alert estuvo seguro fue de que la fugaz tranquilidad en El Arca estaba por terminar.
Continuará.
¿Cómo olvidar el episodio 'Auto Berserk' en el que Starscream y Red Alert se aliaron temporalmente?
El juego que Bluestreak y Red Alert están jugando es el de Marco Polo, común en Estados Unidos. Se juega en agua, creo, pero ya hemos visto a los Autobots adoptar costumbres terrestres y adaptarlas a su cultura.
El próximo capítulo estará listo pronto. Sufrí un grave síndrome de página en blanco respecto a esta historia, pero afortunadamente ya pasó. También me disculpo por la falta de humor en este capítulo (ésta es, a fin de cuentas, una mezcla de drama y humor), pero ya habrá tiempo para eso en el siguiente.
Gracias por su paciencia y sus comentarios. Siempre es un gusto leerlos :o)
