Feliz cumpleaños Ginevra
- Mi nombre es Arthur Weasley-. sonrió – Estoy para servirles- Draco apretó más fuerte la mano de la pelirroja mientras sentía como su pequeño cuerpo se escondía detrás de si mismo.
- Lo mejor será que nos apresuremos- murmuró Bellatrix frunciendo sus labios hacia un lado mientras reducía los baúles y los metía en el bolsillo de su túnica –. Draco cubre bien el rostro de Ginevra, no queremos que la reconozcan en estos momentos- ordenó.
Con incipiente premura caminaron hacia la puerta de salida, se alejaron de aquel lugar caminando detrás de una gran muchedumbre de personas que habían aparecido a su lado; una vez fuera de aquella habitación, el grupo pudo distenderse. Tomaron uno de los ascensores del ministerio y se dirigieron al atrio del edificio. Muchos magos y brujas iban y venían por los pasillos, cientos de pergaminos volaban por sí solos a la vez que muchos memorándum en forma de avioncitos color púrpura iban de un lado a otro. Con rapidez caminaron hacia una de las chimeneas y tomando polvos Flú se dirigieron al Caldero Chorreante. Agradeciendo el hecho de que ese destino, después de tantos años, todavía esté activado; una vez en ese lugar salieron con premura hacía Londres muggle, perdiéndose entre la multitud de personas que inundaba la calleCharing Cross. Recorrieron las húmedas caminos de la ciudad sin decir ninguna palabra, Bellatrix los guiaba, ambos chicos la seguían sin poner objeción alguna, ya que ambos iban perdidos en sus propios pensamientos. La mujer de cabello rubio rompió el silencio.
- No calculé que tu padre continuara trabajando en el Ministerio- se quejó.
- ¿Y qué haremos si me reconoce?- Ginevra levantó la mirada, preocupada, la voz sonó ronca, por haber estado tanto tiempo en silencio.
- No te reconocerá- suspiró–. Trataremos de evitar que te vea. Por lo que tengo entendido el cuartel de aurores está en la misma planta que en donde trabaja tu padre.
- No sé…- vaciló–. ¿Y cómo sabes que no me reconocerá?
- Han pasado diez años desde la última vez que te vio. Eras una niña y ahora te has convertido en toda una mujer- la miró con escrutinio–. No te hagas problema en vano, no te reconocerá.
- ¿Estás segura?- intentó tragar saliva, pero de sus propios nervios no pudo hacerlo-. ¿Qué hago si me preguntan? ¿Qué respondo?
- No eres la única pelirroja del mundo. Además hemos cambiado tus datos y tu edad. Supuestamente tendrás veintitrés años y tu fecha de nacimiento es en mayo- miró hacia el frente a medida que continuaban caminando–. Lo que te tienes que ocupar de hacer, es evitar estar cerca de ellos a toda costa. Cualquier cosa que te digan, diles que eres de Australia y que toda tu familia vive allí- miró al rubio con sus ojos desorbitados, como siempre sucedía cuando su mente estaba ingeniando algo–. Podemos hacer pasar a Draco por un familiar.
- A mi me parece que no funcionará– refutó el mago señalando a la pelirroja–. Ella y yo no tenemos ningún parecido.
- Eso es lo de menos – miró a ambos –. Tienen rasgos en común. La piel de los dos es pálida y la estructura de sus rostros similar. Serán primos por parte de padre. Draco Wayneman y Ginevra Wayneman- se detuvo frente a la puerta de un edificio antiguo, con la fachada bastante desalineada. El rubio frunció su nariz en desagrado al lugar, Ginevra lo miró sin darle importancia –. Este es el edificio- sonrió al ver la cara de sorpresa de sus acompañantes –. No se asusten, por dentro es un lugar muy cómodo. Apenas terminé mis estudios en Hogwarts vine a vivir con tu madre a este lugar, como sabes ella es un año mayor que yo, así que ella ya estaba asentada aquí- miró al chico.
- ¿Y cómo entramos?- miró el lugar con recelo, evitando pensar en su madre-. No me parece un lugar adecuado- comentó con ironía.
- Esperen…- tocó la puerta del edificio con los nudillos. A los segundos un anciano señor les abrió amablemente la puerta-. Ya verás como te sorprendes al entrar- advirtió.
- ¿En que puedo ayudarlos?- preguntó el viejito, tenía la espalda curvada y una calva prominente en su cabeza.
- Hemos reservado un departamento desde Australia- le informó la mujer sonando falsamente amable.
- Si si si…- la interrumpió –. Lo recuerdo, el señor esta mañana me avisó de su llegada- los miró –. Wayneman, ¿no? – la pelirroja asintió levemente con la cabeza –. Pero me habían dicho que solo eran dos personas- planteó confundido.
- Son solo ellos dos- los señaló –. Yo solamente los estoy acompañando.
- ¿Ustedes son pareja?- preguntó el anciano.
- Por supuesto que no- sonrió la pelirroja –. Somos primos y nos han trasladado al Ministerio de Magia de Londres- el señor asintió con una sonrisa y se hizo a un lado permitiendo el paso de los nuevos inquilinos.
- Pero pasen- dijo el señor al notar que estaban en la acera del edificio –. Los acompaño a su departamento– Lentamente caminó hasta el ascensor ubicado en un pasillo –. Mi nombre es Jarod y soy el portero del lugar. Cualquier cosa que necesiten no duden en avisarme- les sonrió mientras abría la puerta del ascensor y los invitaba con su mano a entrar–. Espero que se sientan a gusto con el lugar- en un abrir y cerrar de ojos ya estaban en el séptimo piso del edificio. Draco esta vez ayudó al anciano a abrir el enrejado y se asomaron al pasillo de esa planta. Tanto a izquierda como a derecha había tres departamentos –. El de ustedes es el C- caminó a su izquierda mientras sacaba una llave de su túnica y luego la metía en la cerradura de la puerta. Una vez abierta se quedaron sorprendidos al ver la sala del lugar. Unas mullidas butacas rodeaban una pequeña mesa de café, mientras unas cortinas blancas cubrían el alto ventanal que daban al balcón de la casa. En un costado se veía la cocina comedor adornada por una pequeña mesada que servía de desayunador para cuatro personas, y luego dos habitaciones más, una para cada uno, además de un pequeño baño hermosamente diseñado.
- Es un departamento hermoso- murmuró la pelirroja mientras admiraba el color beige de las paredes del lugar-. La fachada del edificio es todo lo contrario a lo que es por dentro este lugar.
- Nos habían dicho desde Australia que ya lo querían amueblado- los miró–. La cualidad de este lugar es que es puramente mágico, ningún muggle se vería interesado en vivir en un lugar con un aspecto así, sin embargo por dentro tiene muy buenas condiciones- explicó sonriendo-. Que lo disfruten- tendió un juego de llaves a cada uno de los chicos y salió del departamento, pero al instante volvió-. Acomódense como es debido y luego al menos uno de ustedes, si son tan amables, tiene que pasar por la planta baja, por portería- aclaró-, así ultimamos los detalles del consorcio y los términos de pago del alquiler.
- No hay problema- dijo Draco tomando las riendas del pedido-. Yo mismo pasaré dentro de unos momentos a hacer eso que usted me pide- el anciano asintió y por fin salió del departamento.
- Que viejo más molesto- siseó Bellatrix mientras se sentaba en la butaca–. Es el mismo que estaba cuando vivíamos con tu madre- miró a Draco suspirando –. Estoy agotada, encima esta maldita poción está durando más tiempo de lo esperado- miró el reloj de la pared del comedor–. Ya hace casi una hora que la tomé y no siento ningún cambio.
- Ya volverás a tu cuerpo Bella- murmuró Draco con hastío mientras se asomaba por el ventanal.
- ¡Yo me quedo con la habitación de la derecha!- gritó la pelirroja desde el cuarto. El rubio rió mientras negaba suavemente con la cabeza. Bella sacó los baúles reducidos del bolsillo de su túnica y los agrandó. Con su varita los levitó a cada cuarto –. Gracias Bella- dijo Ginevra asomándose por sobre el marco de la puerta.
- Hagan algo de comer que estoy famélica- ordenó la rubia.
- Que humor que tenemos hoy…- mustió Draco suspirando con cansancio.
Sentados en la mesa, luego de una improvisada comida, Bellatrix, ya con su cabello oscuro y ondulado cayendo sin control por su espalda, reía suavemente leyendo un pergamino que una lechuza le había traído recién.
- Bien, según Avery Junior- miró a Draco con burla–: Arthur Weasley se retiró hace un año del ministerio.
- ¿Entonces por qué estaba hoy ahí?- preguntó la pelirroja consternada.
- Uno de sus hijos volvía de Rumania, y fue a darle la bienvenida- la miró.
- Seguramente esperaba a Charlie- desvió la mirada-. Continúa…- pidió intentando que su voz suene sin ningún titubeo.
- El único inconveniente por lo visto es Ronald Weasley, es la mano derecha de Potter- escupió con despecho.
- Con eso no creo que haya problema. Ronald nunca fue una luz, podré manejarlo.- sonrió al recordar a su hermano.
- ¿Estás segura que no tendrás inconveniente?
- Es un chico despistado, no creo que el tiempo lo haya cambiado. Además la última vez que me vio, estaba más atento a hablar de su nuevo amigo que de prestarme atención. No se olviden… - los miro exasperada – que han pasado diez años desde la última vez que lo vi, es imposible que me reconozca.
- Entonces es un problema menos, si tu padre no trabaja más ahí, el único con posibilidad de reconocerte queda descartado- continuó leyendo –. También está Percy Weasley- hizo un mohín con los labios -. ¿Es que toda tu condenada familia tiene que trabajar en el Ministerio?- Ginevra se encogió de hombros retirando importancia al comentario de la mujer, ya estaba acostumbrada a los comentarios ácidos de ella, especialmente hacia el resto de su familia, e intentaba que eso pasase desapercibido –. Igualmente tampoco creo que sea un problema, al parecer es Secretario de Relaciones Exteriores, por ello es raro que esté en el ministerio- la miró –. Confío en que sabrás como arreglártelas.
- Por supuesto- se levantó -. ¿Alguien quiere café?
- Si por favor- respondió Draco.
- Yo no- los miró –. Me voy yendo a la estancia- miró a Draco –. Ya veremos como te infiltramos en el ministerio querido, por ahora no se me ocurre nada – miró a la pelirroja –. Ginevra, mañana no nos veremos, sabes que hay que ultimar detalles, igualmente te mandaré una lechuza felicitándote por tu cumpleaños – la abrazó –. Mucha suerte en el ministerio.
- Gracias Bella…- le sonrió –. Lo lograremos.
- De eso no cabe duda- tomó la pequeña botella que estaba sobre la mesa y bebió un profundo sorbo, casi de forma instantánea su cuerpo comenzó a cambiar. La piel empezó a burbujear impasiblemente, a la vez que la cara se le estiraba y su oscuro cabello se iba aclarando hasta quedar en un rubio ceniza totalmente lacio. Salió del departamento, y lo último que escucharon de ella fue el fuerte cerrar, de la puerta del ascensor.
- Solos por fin- dijo Draco a la vez que sonreía con altanería reclinándose sobre la silla.
- Si… hay mucho que hacer- Ginevra miró a su alrededor –. Es un lindo departamento- lo recorrió con la mirada deteniéndose por momentos en algún lugar.
- Es más de lo que esperaba- la observó en silencio -. ¿Estás preparada para esto?- preguntó el chico con un dejo de angustia, conocía perfectamente a la pelirroja y sabía lo cruento que era aquello para ella.
- Claro que sí- se sentó a su lado –. Por fin podremos redimir los favores que el señor nos hizo- lo abrazó.
- Nunca quise algo así para ti- murmuró él mientras la atraía a su cuerpo sentándola en su regazo.
- Creo que es lo mejor que nos podría haber pasado- susurró ella mientras acariciaba la nuca del rubio, le agradaba mucho estar así a su lado.
- ¿Tu crees?- parecía dudoso.
- Si- sonrió –. Nunca nos separamos, estuvimos juntos en los buenos y malos momentos.
- A veces pienso que tendríamos que haber buscado más ayuda- suspiró alejándola con las manos para así mirarla a los ojos, perdiéndose en el cariño y afecto que había en ellos.
- Pero buscamos muchísimo Draco, y el único que nos ayudó fue nuestro señor. Le debemos nuestro bienestar- respondió despacio queriendo volver a convencerse como siempre lo hacía de la misma idea.
- Tienes razón- besó su mejilla y se quedaron sin decir nada por un momento.
- Siento que pasará algo bueno- lo miró –. No se, tengo ese presentimiento. No me mires raro- acotó divertida ante la mirada de burla de Draco.
- No sé que podemos sacar de bueno de todo esto.
- Créeme, tengo una corazonada- miró hacia el techo –. No sé por qué, pero presiento que esto va a cambiar nuestras vidas- nuevamente se quedaron en silencio.
- Estás diferente- comentó el rubio cortando con el momento.
- ¿Diferente?- lo miró con sorpresa.
- Estás con más vida, pareces verdaderamente feliz.
- Londres es el culpable ¡Amo Londres!, hace años que no vivíamos aquí- rió animada acomodándose aún más en la piernas del chico.
- Señorita…- se paró, alejándola de si -. ¿Quiere recorrer Londres de mi mano?- extendió su brazo.
- ¡Oh señor!- se llevó unos dedos a la boca fingiendo incredulidad –. ¿No cree que es un poco impertinente llevar a una joven dama de paseo por una ciudad tan moderna siendo desconocidos?- fingió escándalo con una sonrisa en los labios.
- Draco Malfoy- se inclinó –. Un gusto madame.
- Ginevra Molly Weasley- sonrió –. Acepto su invitación.
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El continúo sonido de su reloj despertador lo sacó de sus sueños, se desperezó con flojera en sus sabanas. Tanteó con la mano la pequeña mesa de noche junto a su cama. El reloj se movía estrepitosamente a la vez que sonaba fuertemente, de un manotazo lo arrojó hacia delante, cayendo al suelo; haciéndose añicos. Volvió a recostarse sobre la almohada. Suspiró con cansancio, se restregó los ojos cual gato al despertar y los abrió. La luz del sol se filtraba por las rendijas de la oscura cortina de la ventana. El techo de su habitación, blanco como siempre, con la misma mancha desde hace dos años. Sonrió al recordar como la habían hecho. Ron había comprado un extraño spray de caramelo, al no poder accionarlo lo hizo explotar con la varita, el resultado, esa mancha imposible de sacar.
Estiró su largo y pesado brazo y lo sacó de debajo de la sábana. Miró su reloj pulsera, las diez de la mañana, rodó de lado mientras cerraba los ojos, pero los volvió a abrir cuando algo a su lado se movió. Giró de nuevo hacia ese lado. Una enorme masa de cabellera castaña inundaba el lado derecho de su cama. La joven tenía finos rasgos en su rostro. La tez blanca, y por lo que se notaba debajo de la sábana, un menudo cuerpo. Harry carraspeó intentando despertarla. Pero no dio resultado. Intentó hacer memoria… La noche anterior… Creo que era medianoche y estaba mirando tranquilo un par de películas muggles cuando Dean y Seamus me pasaron a buscar para salir a una disco… uh... No se pudo negar ante la insistencia de sus amigos, una vez en el lugar, luego de unas cuantas rondas de tragos no podía recordar más nada. De repente al intentar conocer los detalles de la noche anterior su cabeza comenzó a dolerle.
Se levantó con cuidado, evitando despertar a la chica, y caminó por el largo pasillo hasta la cocina, buscó en varios estantes y frascos, hasta que encontró lo que buscaba. Una pequeña bolsa con un polvo blancuzco. Lo vertió sin miramientos en un vaso, y lo llenó hasta la mitad con agua. De un solo sorbo se lo vació, mientras volvía caminando a su habitación. Al entrar la chica ya estaba despierta, se estaba vistiendo.
- Eh… yo…- dijo nerviosa la muchacha totalmente colorada.
- No te preocupes, yo tampoco recuerdo nada.
- Me llamo Juliette- se presentó suavemente mientras abrochaba su pantalón vaquero.
- Harry, un gusto- extendió su mano que ella aceptó.
- Bueno Harry…- lo miró – un gusto haber dormido a tu lado, aunque no recuerde nada- miró las sábanas.
- No te preocupes, yo las arreglo.
- Está bien- musitó terminando de arreglarse. Atinó a salir por la puerta.
- Te acompaño.
- Gracias- la chica pasó a su lado. Juntos caminaron hasta la puerta del departamento, Harry la abrió.
- Adios- dijo el chico, sin saber que más decir.
- Espero volver a verte- lo miró –. Eres muy lindo- acotó caminando por el pasillo llamando al ascensor, pero antes se detuvo dándose la vuelta -. ¿Tienes idea que puedo tomar desde aquí?
- Acá a unas cuadras tienes la estación de subterráneos Green Park, podrás combinar hacia donde desees.
- Podría acostumbrarme a vivir en un lugar tan lindo como este…- suspiró entrando al ascensor, esa zona de Londres, por la cercanía del inmenso parque, era muy exclusiva.
Harry cerró la puerta con cansancio. Ya estaba agotado de eso, se le había hecho una costumbre despertar cada mañana del domingo con una mujer diferente a su lado, siempre y cuando no estuviese saliendo con alguien, cosa que no podía llegar a extenderse más de tres meses. En el último período esa extraña manía que tenía había cesado, pero inexplicablemente la noche anterior había vuelto a suceder.
- Hermione va a matarme…- murmuró mientras se metía bajo la ducha de agua caliente.
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- ¡Draco!- gritó divertida la pelirroja mientras entraba a su departamento –. Eres un asqueroso…- escupió burlona.
- Mira quien habla de asquerosos señorita Bulgaria- rió mientras se dejaba caer en uno de los mullidos sofás.
- Por lo menos el búlgaro estaba bueno- le sacó la lengua –. Pero tu inglesa…- sonrió–. Era mas fea que un troll con tutú.
- Cállate- le tiró un almohadón –. Se me parte la cabeza, nunca más te voy a hacer caso.
- Bien que te gusto el whisky de fuego- sonrió–. Es delicioso.
- Si que es delicioso, pero no sé de donde averiguaste que había una fiesta de magos. Eres sorprendente.
- Oh perdón señor Malfoy Junior- lo miró burlona sabiendo que Draco odiaba a su compañero–. Avery fue el que me dijo que había una fiesta, y no tenía pensado perdérmela por nada del mundo.
- Está bien…- refunfuñó cansado-. Pero ya cállate que la cabeza me va a explotar. No me gusta que me compares con el idiota de Avery- la miró –. Por cierto, no te lo había dicho…- dijo recostándose sobre el sillón, cerrando los ojos –. Feliz cumpleaños- Abrió un ojo y la miró, ella estaba parada en el mismo lugar con los labios curvados en una sincera sonrisa.
- Es cierto…- dijo contenta –. Yo también me había olvidado- se abalanzó sobre el chico –. Gracias por acordarte- llenó las mejillas de Draco de besos y caricias.
- Bueno ya está…- la sacó de encima con una mueca de disgusto –. Que pesada te pones pelirroja- bufó-. Me voy a dormir que mi cuerpo no soporta nada más…- se paró y fue caminando hacia la puerta de su habitación.
- ¿A qué hora te levanto?- interrogó ella divertida por el humor de su amigo.
- ¿No vas a dormir?- preguntó con intriga.
- Si, pero siempre me levanto más temprano que tu- la pelirroja se acercó al desayunador, y tomó un cepillo de cerdas.
- No me levantes, quiero dormir hasta cualquier hora.
- Que descanses entonces- musitó ella mientras se desenredaba el cabello sin darse cuenta de que Draco de acercaba por detrás.
- Te prometo que… - la abrazó por la espalda – después te compro algo lindo por tu cumpleaños, pero ahora estoy muy cansado.
- Tonto- lo besó en la mejilla –. Descansa- le volvió a sonreír mientras negaba con la cabeza, decididamente adoraba a Draco.
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- Bienvenido Harry querido- saludó la señora Weasley dándole un suave beso en la mejilla.
- ¡Hola Harry!- dijo animada Hermione-. Que cara…- se burló al ver su rostro de cansancio.
- No empieces con tus retos por favor- se frotó las sienes-. Me duele la cabeza.
- Seamus y Dean me habían comentado que te iban a pasar a buscar por tu departamento para ir a un bar muggle- mustió Ron a la vez que le pasaba un brazo por sus hombros.
- Fuimos a "una disco"- con sus dedos encomilló aquella expresión, no sabía como llamar a esos complejos nocturnos tan modernos.
- Me habían invitado, pero tu-ya-sabes-quien no me dejó ir- susurró el pelirroja haciendo que Harry riera por aquel sinónimo.
- Te escuché Ronald…- espetó Hermione desde la cocina en donde ayudaba a Molly junto con Fleur.
- No estoy hablando de ti mi vida- respondió cohibido, haciendo reír a todos los presentes.
- ¿Cómo te está yendo en tu puesto Harry?- preguntó Arthur el cual estaba sentado.
- Muy bien, la verdad mejor de lo que esperaba. Justamente mañana vienen postulantes de la comunidad mágica internacional para integrarse al escuadrón- le explicó sentándose frente a él.
- Eso es fantástico.
- Claro, también tengo entendido que habrá un gran intercambio cultural para promover la cooperación.- continuó viendo como su amigo se acomodaba a su lado.
- Harry está en lo cierto- comentó Percy con solemnidad –. Yo mismo tuve que hacer de intermediario con otros países, de esa forma intentamos incentivarlos para unirse a esta nueva comunidad.
- Es cierto- dijo Hermione que entraba a la sala con una enorme bandeja con tazas –. En el Departamento de Misterios hay muchos cupos libres, no damos a basto con el trabajo.
- Kingsley me había comentado algo ayer cuando fui a esperar a Charlie- murmuró Arthur acariciando su mentón.
- Por eso estaba tan repleto el departamento de trasladores- murmuró el pelirrojo recién nombrado mientras comía una porción de tarta de melaza.
- Traga antes de hablar- lo regañó su madre.
- Mañana va a ser un día agitado- suspiró Harry bebiendo su cerveza de mantequilla.
- ¿Cuántos postulantes tienes?
- Alrededor de veinte, tengo que preparar las pruebas.
- ¿Usaran el galpón de entrenamiento?
- Si, Kingsley lo mandó a acondicionar para facilitar el entrenamiento. Ese lugar será el indicado para la simulación.
La comida transcurrió en calma, con risas y charlas como siempre sucedía en la madriguera. A pesar de ser una fecha especial para la familia, no dejaban que el recuerdo los afecte. Sonreían con alegría. A un lado de la mesa, una foto con movimiento de la pequeña Ginny sonreía con gracia, a la vez que bailaba alrededor de si misma con un ancho vestido de flores y un gran sombrero de dama. La última foto de la pequeña, del mismo día que cumplía once años. En ella el cabello lo llevaba corto, por arriba de los hombros. El rostro era el de una niña, las mejillas y su pequeña nariz llena de pecas. Ese día nadie imaginaba que luego de diez años, nunca más la habrían vuelto a ver. Una pequeña vela estaba encendida junto a la foto, junto a un pergamino dorado, que citaba en su piel, Felices veintiuno Ginny.
Ni Harry ni Hermione la conocían, Harry la había visto aquella vez cuando tenía once años y le había preguntado a la familia como pasar hacia el andén 9 y ¾, pero esa fue la única vez. Al año siguiente, luego de que Ron lo pasara a buscar por su casa, la pequeña Ginny ya había viajado al norte, a Durmstrang, ya que extrañamente el colegio asignado había sido ese. Hermione en cambio nunca la había visto, pero sabía perfectamente la historia de la pequeña. En su sexto año desapareció, y esa fue la última vez que la familia tuvo noticias de ella.
- Bueno, como todos saben hoy es un día muy especial- dijo Molly mientras servía el postre con las manos temblorosas.
– Hoy nuestra pequeña Ginny estaría cumpliendo los veintiún años- completó Arthur mientras una pequeña lágrima caía por la mejilla de Molly.
- No llores madre- la abrazó Bill.
- No te preocupes hijito- lo miró con ternura –. Ella desapareció de nuestras vidas, pero siempre estará presente en nuestro corazón- miró a sus hijos y a su esposo.
- Siempre estaba sonriendo- murmuró Charlie con una sonrisa un tanto torcida.
- Era muy alegre- continuó Bill –. Siempre iba conmigo a todos lados.
- Adoraba volar con Fred y conmigo- dijo George intentando no llorar, Fred a su lado asintió con los labios muy juntos.
- Estaba ilusionada con empezar el colegio- musitó Ron apretando sus manos con impotencia –. Nunca pude entender por que la mandaron a Durmstrang, ella debió haber asistido con nosotros- Hermione a su lado le oprimió la mano con cariño mientras lo acariciaba con ternura.
- Las cosas no se pueden remediar Ron- comentó Arthur con los ojos brillantes –. Ahora recordemos a mi pequeña con felicidad, como ella hubiese querido.
- Chicos…- dijo Molly mirando a Harry y a Hermione, al igual que al resto de las nuevas integrantes, sus cuñadas –. Estoy segura que se hubiese llevado muy bien con ustedes. Ella era una chica llena de vida, con mucho amor para dar. Cuando era más niña, siempre me pedía que le contara historias de Harry Potter- lo miró con nostalgia-. Estaba muy ilusionada por conocerte, por ir al mismo colegio que sus hermanos. Pero el destino quiso que no sea así.
- Tranquila mami- la abrazó Percy –. Ella esté donde esté va a estar bien- miró a sus hermanos -. ¿Acaso no es una Weasley?
- Tienes razón hijo- lo apoyó su madre a la vez que levantaba su copa –. ¡Por Ginny!
- ¡Por Ginny!- brindaron todos al unísono. Hermione y Harry intentaron sonreír pese a que el momento no haya sido nada agradable, lo único que podían hacer en esos instantes, era apoyar a la familia y seguir adelante. El reloj mágico de la Madriguera tenía las agujas de cada miembro de la familia detenidas en un solo lugar. Todos excepto Ginny señalaban en casa, la aguja con la pequeña imagen de ella señalaba desaparecida.
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El lugar era desgraciadamente reconocido para ella. Todo a su alrededor estaba medianamente oscuro. La densa vegetación a su derecha era el lugar de escape hacia el pueblo aledaño al colegio. El angosto arrollo a su izquierda separaba el camino de un bosque aún más turbulento. El suelo cubierto de piedras y tierra, el sonido del agua al golpear furiosamente sus límites. Una sombra, un hombre cubierto con una tela oscura está parado frente a ella. Escucha su voz, fría y metálica, siente miedo, ella lo sabe. Sin embargo no duda, tiene esa esperanza de que tal vez, solo tal vez, la pueda ayudar.
- Ginevra, mi nombre es Ginevra- dice una adolescente pelirroja a un hombre alto con la túnica cubriéndole el rostro.
- El mío es Draco- la acompañó el rubio a su lado–. Vinimos con usted porque queremos que ayude a mi amiga. Ella tiene pesadillas que no la dejan en paz.
- ¿De qué tratan tus pesadillas Ginevra?- indagó con solemnidad aquel encapuchado.
- Es sobre algo que pasó hace unos meses...- respondió con tristeza.
- ¿Me dejas entrar en tu mente para ver lo que te perturba?- preguntó amablemente el hombre.
- ¿No le hará daño?- preguntó el rubio abrazando protectoramente a la chica.
- Eres muy parecido a tu padre Draco…- dijo el extraño dirigiendo su mirada al joven mago.
- ¿Conoce a mi padre?- escupió con asombro, hacía tanto tiempo que no sabía nada de ellos.
- Claro que sí - lo miró –. Lucius es un viejo amigo, y tienes sus mismos rasgos, muy parecidos a los de Narcissa.
- ¿Cuál es su nombre señor?- preguntó la chica.
- Díganme Tom, Tom Riddle.
- ¿Usted me podrá ayudar?
- Por algo vinieron a mi encuentro, ¿o no es así?- los miró con inquisición.
- Ya hemos recorrido todo el pueblo pero todos prometen y ninguno cumple- espetó Draco con suficiencia -. ¿Cómo sé que usted no nos está mintiendo?
- Yo no les cobraré. Sólo necesito que me den su confianza.
- Draco…- la pelirroja miró a su amigo –. Yo estoy segura- Draco la miró a los ojos, viendo la decisión en ellos, y con un suave movimiento asintió al hombre.
- Bien, ¿Qué edad tienen?
- Yo tengo quince, y ella tiene catorce años.
- Bueno Ginevra, ahora entraré en tu mente y trataré de remediar ese recuerdo que te perturba - miró al chico –. Necesito que la sostengas, en caso de que las cosas se descontrolen tocas mi hombro y volvemos todo a la normalidad.
- Está bien…- murmuró dubitativo.
- ¡Legeremens! - el hombre apuntó con la varita a la chica.
Miles de pensamientos se arremolinaron en su mente. Ella siendo alzada por su hermano mayor, Bill la sostenía por la cintura a la vez que la sentaba en sus hombros. Charlie la corría intentando alcanzarla para hacerle cosquillas. Fred y George volaban junto a ella, le estaban enseñando a jugar al quidditch. Miraba a Percy escribir con esmero en un largo pergamino mientras comía grageas de colores, él le sonreía y le tendía la pequeña bolsa, convidándole. Su madre le contaba una historia, la que siempre pedía escuchar, su padre la abrazaba y le daba un sonoro beso en su mejilla. Ron le sonreía mientras le contaba lo maravilloso que era el colegio a donde asistía, y le decía que él mismo se encargaría de mostrárselo. Unos ojos verdes, solamente ellos y sus pupilas oscuras ocuparon todo el recuerdo.
- Feliz cumpleaños Ginny.- dijo Molly mientras le sonreía apareciendo su silueta en un paisaje oscuro.
Ginevra se despertó toda sudada, crueles lágrimas caían de sus ojos. Hacía tiempo que no recordaba esos momentos. Su familia, suspiró al recordarlos, a veces (muy rara vez) le hacían falta. Como ese día, su cumpleaños, si estuviese en casa lo más seguro es que su madre hubiese hecho un enorme pastel. Todos sus hermanos la saludarían y le cantarían el feliz cumpleaños. Tal vez un novio estaría a su lado, y algún que otro sobrino jugando y saltando a su alrededor. Pero ella se había arrancado esas sensaciones a la fuerza, cuando había decidido irse con el Señor de las Tinieblas. Draco fue su única fuente de apoyo en ese momento, luego de todo lo acontecido y las crueles distancias, solamente su ayuda fue la necesaria.
Caminó con la ropa de cama pegada a su cuerpo, el sueño la había hecho sudar de sobremanera. El largo cabello ondeaba en su cintura, cayendo con una gracia natural. Se acercó al enorme ventanal de la sala, aquel que daba hacia el pequeño balcón. Se sentó apoyando su rostro en el frío vidrio, acunando sus piernas en sus brazos, flexionando las rodillas. Hundió su rostro en el hueco que formaban sus extremidades inferiores, intentando de esa forma volver a desgarrar de su corazón los recuerdos, los felices y terribles recuerdos que la carcomían por dentro. Enormes lágrimas caían por sus mejillas, como siempre lo hacían el día de su cumpleaños. Sollozando suavemente se vio sorprendida cuando un cálido cuerpo la abrazó regalándole paz y tranquilidad. Draco siempre estaría a su lado, y de eso, nunca podría dudar. Lo miró con tristeza, mientras acariciaba su blanco rostro, se perdió en la ternura de sus grises ojos, mientras se dejaba hacer, mientras se dejaba querer. Él la cuidaría, siempre estaría para ella. Se venció en el abrazo, dejando que toda su frustración se filtrara de su piel, dejando que el dolor se escondiera, y poco a poco permitiendo que la paz la inunde, dejando a ambos jóvenes abrazados, enredados entre sus manos.
- ¿Estás mejor?- preguntó suavemente Draco en su oído.
- Si… Gracias por estar.
- Siempre vamos a estar juntos Ginevra- susurró.
- Gracias Draco…
- Siempre serás mi hermanita- la apretó a su pecho-. Nunca te dejaré sola.
- Te quiero tanto…- murmuró ella acariciando las manos del chico. Draco sonrió besando su coronilla.
- Vamos a dormir, mañana tienes que levantarte temprano- se levantó, a la vez que le tendía la mano para ayudarla.
- ¿Puedo dormir a tu lado?- preguntó la chica con timidez.
- ¿Cómo cuando tenías pesadillas?- sonrió al recordar esos viejos tiempos.
- Eres él único que me puede calmar- le sonrió –. Por favor…- juntó sus manos – te prometo que no te voy a destapar, ni voy a roncar ni te voy a pegar.
- La última vez que dormimos juntos me habías dicho lo mismo. Y no pude pegar un ojo en toda la noche- ella hizo un puchero con sus labios –. No me vengas con falsas lágrimas.
- Draco…- se quejó –. Mírame- se señaló -. ¿Qué hombre no querría dormir conmigo?
- Cualquiera menos yo, recuerda que eres mi hermanita. Sería incesto- se rió.
- ¡Draco!- le tiró con un almohadón –. Estoy muy agobiada con todo esto, mañana tengo que presentarme en el ministerio a trabajar en una farsa que no tengo la menor idea de cómo llevar a cabo. Hoy es mi cumpleaños y estoy más sensible que nunca. Y lo único que te pido es que veles por mis sueños. Pero claro el señor no quiere dormir con la molesta Ginevra. Avery tenía razón…- refunfuñó –. Tendría que estar viviendo con él en vez de con un cavernícola, un troglodita como tú- espetó con los ojos brillantes, a punto de llorar, a la vez que se giraba en sus talones cruzándose de brazos.
- ¡Está bien!- aceptó cansado –. Pero si me llegas a destapar te tiro de la cama.
- ¡Gracias!- exclamó contenta mientras se abalanzaba a él, abrazándolo.
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El sol le daba de lleno en la cara. Se dio vuelta a un lado, destapando al chico que dormía junto a ella. Draco murmuró entre sueños mientras se daba vuelta y abrazaba a la pelirroja por la espalda. Ella sonrió mientras intentaba cubrirse del sol que entraba por la ventana abierta. Unos pequeños pájaros cantaban parados en un cable junto al ventanal, la chica abrió los ojos con pereza, focalizó los animales, y con un una palabrota se desperezó en la cama. En ese momento se dio cuenta del sol, ya estaba de día, el sol con ese brillo solo podía significar que ya era de mañana y una mañana muy avanzada, y ella debía estar en el ministerio más tardar a las nueve. Veloz como la luz se levantó de la cama pegando un gritito de histeria y corrió hacia el baño. Hizo tanto ruido al intentar bañarse, cepillarse los dientes, peinarse y vestirse a la vez que despertó a su compañero de piso.
- ¡Ginevra que mierda estás haciendo en el baño!- exclamó cubriéndose el rostro con un almohadón.
- Me quedé dormida, tendría que estar en el ministerio hace dos horas- respondió envuelta en una toalla mientras salía apresurada hacia su habitación.
- ¿Te fijaste la hora que era?- indagó molesto caminado hacia la cocina, su pecho desnudo perfectamente formado estaba cubierto por una camisa mal abrochada.
- Pero ya salió el sol.
- Estamos en Londres, es verano, es lógico que salga temprano.- dijo al pasar por su lado sobándose los ojos -. ¡Son las ocho de la mañana estúpida!- le gritó mirando el reloj de la cocina.
- ¿Las ocho de la mañana?- preguntó cohibida –. Y yo que pensé que me había quedado dormida…- se encogió de hombros mientras entraba en su habitación –. Quiero el café bien cargado Draco.
- ¿Y por qué tengo que prepararte yo el desayuno?- la pelirroja rió alegre mientras se observaba en el espejo de su habitación. Ese día sería el gran día.
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Harry estaba parado en el pasillo del cuartel de aurores. Una larga fila de aspirantes estaba esperándolo. Miró su reloj, nueve menos diez, ya podía ir tomando lista de los que estaban presentes. Se acercó a uno de los postulantes dispuesto a corroborar los datos, cuando una persona llamó su atención. Una joven con el cabello pelirrojo caminaba sensualmente hacia donde se encontraban ellos. Vestía un pantalón vaquero ajustado con una blusa de algodón azul de tiritas. Cada curva de su cuerpo se veía resaltada con su oscura vestimenta, el largo cabello bailaba sobre sus hombros cayendo como cascada sobre su espalda. La túnica azul marino caía por sus caderas, abierta a la par, no dejando nada escondido a la imaginación de los presentes. Sus ojos marrones brillaban de entusiasmo. Todos los aspirantes la observaban embobados. Ella se acercó sonriente hacia ellos, y se dirigió a Harry mientras le regalaba una deslumbrante sonrisa.
- Disculpe…- dijo suavemente –. Busco al jefe de aurores, Harry Potter.
- Si…- murmuró –. Un gusto, yo soy Harry Potter- trató de sonar indiferente mientras ella le regalaba una deslumbrante sonrisa de sorpresa -. Pero ahora no puedo atenderla señorita, estoy en medio de una prueba…
- No se preocupe- lo interrumpió –. Ginevra Wayneman- tendió su mano – .Soy una postulante australiana. Un gusto – la pelirroja sonrió con suficiencia. Primer golpe dado, deslumbrar a todo el escuadrón, incluido, Harry Potter.
Muchas gracias por la enorme aceptación que ha tenido esta historia, quiero agradecer sus alertas y favoritos, y especialmente los reviews en ambos fics (claro). Y a los que leen y no dicen nada, también por supuesto. Poco a poco la historia irá tomando un rumbo más definido, creo que con este capítulo se han asentado las pautas para comenzar con la trama como debe ser, así que espero que me digan que impresión les dio, sé que es extraño, pero ya se irán resolviendo los enigmas.
Les mando saludos a Joanne, a Rose y a Karla, que de alguna u otra manera siempre están en contacto conmigo, las quiero.
Les deseo una muy feliz navidad, tal vez pueda actualizar antes de que se termine el año, y si no es así, de corazón espero que todos sus deseos y sueños se cumplan, que tomen y coman cosas ricas y que se diviertan muchísimo.
Espero sus hermosos comentarios, siempre logran levantarme el ánimo en esta epoca en donde uno anda melancólico.
Besos, Jor.
