La prueba y un inevitable reencuentro.
Nunca imaginó verse tan sorprendida como estaba en ese momento. El movimiento en el ministerio era tal y como lo recordaba. Magos y brujas yendo y viniendo agitadamente. Muchos iban con carpetas llenas de hojas en sus manos, otros muchos llevaban carritos con pergaminos. O bien solamente caminaban con prisa, intentando entrar en alguno de los abarrotados ascensores. Maldijo por quinta vez esa mañana, no había una persona que se fijara por donde caminaban, era chocada constantemente de todos lados; y para peor, se sentía vigilada. Relacionó su sensación con lo estresante de la situación, era lógico que se sintiera perseguida por lo que estaba por llevar a cabo. Había empezado mal el día, se había levantado a prisa, pensando estar retrasada. Pero no, estaba en hora. Se había puesto lo primero que encontró en su closet. Un pantalón vaquero ajustado y una polera sin mangas, bien pegada a su cuerpo. El pantalón le ajustaba, sentía como entre las piernas la tela estaba tirante. Odiaba que la ropa le quedara tan apretada, no se percató en su momento de eso, pero ya no podía volver al departamento y cambiarse, no había tiempo.
Cubriendo su ropa con la oscura capa, se metió en el primer ascensor que tuvo a mano, pero a medida que se fue llenando, prefirió haber subido las escaleras hasta el segundo piso. Resopló por sexta vez, mientras empujaba a unos magos intentando bajar. Fulminó con la mirada a todos los hombres que estaban detrás suyo, alguien le había tocado el trasero. Con toda la dignidad del mundo, pudo salir de ese pequeño lugar. Miro hacia los costados. Inconcientemente el corazón comenzó a latirle a prisa. Ese piso le traía muchísimos recuerdos, ¿Cuántas veces habían ido con su madre a buscar a su padre al trabajo? Evitó observar esos pasillos embebidos en el pasado, y fijó su vista en una esquina. Caminando con destreza se dirigió hacia ese lugar, al doblar se halló a un palmo de una enorme puerta doble de roble. Sonrió para si misma, suavemente empujó las gruesas maderas y entró al cuartel.
Todos los cubículos estaban ocupados por magos y brujas. Muchos estaban leyendo El Profeta, o alguna que otra revista. Rastreó rápidamente la oficina principal. Una fila de unos quince hombres estaba delante a una puerta. Junto a ella había un escritorio, con una mujer de cabello oscuro escribiendo rápidamente en un pergamino. Miró a su costado, una plancha de corcho estaba plagada de fotografías. No quiso prestar mucha atención a eso, pero una especialmente llamó su curiosidad. Bellatrix era una de las mas importantes, con un enorme cartel de Buscada debajo de su rostro, el cual hacía morisquetas a la cámara, insultos silenciosos, que de lo más seguro hubiesen ofendido al mas indiferente. Chasqueó la lengua con incredulidad, y miró nuevamente la puerta de la oficina.
Estaba abierta a la par. Un joven de cabello oscuro, medio despeinado y medio peinado, no se podía saber con exactitud si era un estilo muggle, o era así por naturaleza. Pero lo que más le llamó su atención fueron los ojos, verdes, como el campo en donde jugaba de pequeña. Era inconfundible, estaba en presencia de Harry Potter. Sus piernas no respondieron al pedido de ella, el de moverse para caminar hacia el chico, y eso le molestó, no entendía el por qué de su reacción. Cuando las esmeraldas que tenía por ojos, hicieron contacto con sus mirada café, recién reaccionó, y comenzó a caminar hacia él. No supo cómo ni por qué, pero su sensualidad innata salió a flote, contoneando suavemente la cadera, soltando su túnica, dejando a la vista sus piernas envueltas en aquella ajustada tela. La vista de todos los hombres se posaron en ella, incluida la de él. En su rostro dibujó la más hermosa de las sonrisas y se acercó al chico.
- Disculpe- dijo suavemente–. Busco al jefe de aurores, Harry Potter.
- Si…- murmuró el joven–. Un gusto… - trató de sonar indiferente -. Yo soy Harry Potter- aclaró-. Pero ahora no puedo atenderla señorita, estoy en medio de una prueba...
- No se preocupe- lo interrumpió–. Ginevra Wayneman- tendió su mano –. Soy una postulante australiana. Un gusto– la pelirroja sonrió con suficiencia. Primer golpe dado, deslumbrar a todo el escuadrón, incluido, Harry Potter; sin embargo al sentir la áspera palma de Harry en contacto con la suya, no pudo evitar que un imperioso escalofrío la recorriera por toda la espalda.
- Bienvenida señorita- la saludó disimulando su curiosidad, la joven era muy bonita. La pelirroja soltó su mano y caminó para acomodarse detrás del último chico de la fila. Aspiró una enrome bocanada de aire, intentando calmar las reacciones de su cuerpo, era imposible pensar que ese hombre sea el mismo Harry Potter que ella recordaba haber visto cuando tenía diez años. No notó cunado otros ingresantes se formaron detrás de ella, lo único que la hizo reaccionar, fue cuando Harry corroboró sus datos en una planilla –. Ginevra Wayneman- subrayó Harry –. Australiana de veintitrés años- la miró -. ¿Son correctos esos datos?
- Si señor- respondió.
- Bien, usted se graduó allí y estuvo trabajando para su ministerio- levantó la vista de las hojas -. ¿En dónde estudió?- le preguntó extrañando, en ningún lado figuraba el nombre de la institución en donde se había capacitado desde los once años.
- Mi familia me educó en casa, nunca asistí a una escuela de magia. Luego de dar las pruebas pertinentes pude entrar al escuadrón para desarrollar el estudio.
- Perfecto- le sonrió a la vez que miraba al chico detrás de ella -. ¿Tu eres?
- Philip Stuart- respondió el chico. Ginevra no siguió escuchando. Su mente comenzó a viajar por todo el lugar. Miró a Harry, como hablaba con otro chico mientras corroboraba los datos. La secretaria de él lo observaba complacida, se notaba a la legua su fascinación por él. Apenas la había visto, y esa mujer no le caía bien. Pensó en lo que diría Bella si estuviese ahí, seguramente se hubiese reído a las carcajadas al ver su foto en la pared del cuartel.
- Muy bien- dijo de repente Harry sacándola de sus pensamientos –. Por favor señores, y señoritas- la miró –. Ahora mi secretaria los va a guiar a una sala de conferencias en donde sabrán en qué consistirán las pruebas para aprobar su ingreso al ministerio- uno de los chicos levantó la mano –. Cualquier duda será respondida en unos instantes- sonrió –. Con permiso- se acercó a la secretaria y le dijo algo muy bajo. La chica le sonrió y asintió con la cabeza a la vez que se paraba y se acercaba a los postulantes.
- Buenos días- sonrió la morocha con rasgos orientales –. Soy la secretaria del señor Potter, señorita Chang para ustedes. Yo me encargaré de guiarlos a la sala de conferencias, allí nuestro jefe se encargará de explicarles todo. Síganme por aquí- dijo mientras pasaba por unos cubículos y se acercaba a una enorme puerta de vidrio –. Como verán esta es la sala- la señaló –. Pasen por favor y acomódense, en cualquier momento llega el señor Potter- miró a Ginny inquisidoramente -. ¿Tú estás con ellos?- preguntó con ironía mientras los chicos iban entrando a la sala.
- Por supuesto que sí- respondió –. Soy una de las postulantes.
- Sólo preguntaba- se encubrió inocentemente –. Pareces pequeña para ser un auror…- dijo con sorna.
- Con permiso- la interrumpió ingresando a la habitación, esquivándola monumentalmente. La mujer frunció el seño ante el descaro de la pelirroja y caminó hacia su escritorio.
En menos de cinco minutos Harry entró a la sala con unas cuantas carpetas bajo el brazo. Ginevra las contó, eran alrededor de veinte, la misma cantidad de postulantes. No pudo evitar sonreír al imaginarse lo que Bella habrá tenido que hacer para falsificar aquellos papeles. Harry la miró en el momento que sonreía, ella curvó sus labios aun más y lo miró a los ojos, él le devolvió el gesto y continuó con lo suyo. El chico explicaba cosas sin importancia, la prueba consistiría en aptitudes puramente físicas. La teoría la dejaba de lado, al fin y al cabo, la pondrían en práctica en el momento de demostrar sus habilidades. Lo escuchó con atención, analizando sus movimientos, la forma de expresarse. Se notaba que le gustaba lo que hacía, le ponía pasión a su trabajo. Era una actitud valedera, según ella. De vez en cuando la verde mirada del chico se posaba en la pelirroja más de lo normal. Tal vez al ser la única mujer de toda la sala, le daba algún tipo de trato especial. Conocía sus atributos, toda mujer conoce los puntos fuertes que posee. Por ello no podía decir con exactitud lo que Harry tenía por impresión sobre ella. Ya más tarde, con el tiempo se encargaría de aquello, ahora lo más importante era entrar, lograr el ingreso. Cuando al fin hubo concluido con la breve explicación, uno a uno, se fueron levantando de las cómodas butacas. Una improvisada fila se formó alrededor de la amplia mesa, y en orden, fueron saliendo de la sala.
Harry caminaba adelante, todos los aspirantes iban detrás de él, susurrando palabras incomprensibles entre ellos. Ginevra observaba todo a su paso, minuciosamente detallaba en su mente cada característica del lugar. De vez en cuando, dejaba que los murmullos de sus compañeros llegaran a sus oídos, sin embargo, los descartaba al no encontrarlos suficientemente importantes. Harry continuó su camino, atravesando los cubículos. Muchos de los aurores miraban de reojo a los aspirantes. Especialmente a la pelirroja, ahí no escatimaban en miradas, ella se daba cuenta de ello, y verdaderamente no le era sorprendente. Siempre, en el cuartel del Señor Tenebroso -como solía llamarlo Bella-, había sido el blanco de miradas de muchos de los mortífagos. Sin embargo, tanto Draco como Bellatrix, impidieron que se acercaran más de lo necesario. Al llegar a una pequeña puerta, la marcha se detuvo.
- Este es playón de entrenamiento- anunció Harry -. Como ya les había comentado, en este lugar haremos las pruebas- sonrió mientras abría la puerta. - Adelante por favor- cada uno de los jóvenes comenzaron a pasar por el lugar. Ginevra no pudo evitar sorprenderse al ver su majestuosidad. Era una habitación enorme. Vacía en su mayoría, pero en cada costado estaba lleno de vidrios que separaban un lugar de otro, algunos escritorios repletos de papeles y unas cuantas sillas culminaban con el decorado. El piso era brillante, pero para nada resbaladizo, ella lo comprobó al deslizar su pie por el suelo -. No se preocupe- dijo Harry sorprendiendo a todos -. El lugar es en extremo confiable para los entrenamientos- la pelirroja se sonrojó irremediablemente.
- Yo sólo lo estaba comprobando- el chico le sonrió y prosiguió a explicar las características de la habitación, con propiedades muy similares a la sala multipropósito, citó él, las cuales, por supuesto, Ginevra, desconocía completamente.
- Ahora vamos a necesitar darles un correcto uniforme- dijo observando los perfectos atuendos de las personas en el lugar -. No se alarmen- acotó al notar la preocupación naciente -. El ministerio se encarga de ello- caminó hacia uno de los costados del lugar, y una puerta se materializó -. Acá están los vestuarios, allí encontraran un uniforme para cada uno de ustedes- miró a la chica -. Por supuesto que también está el vestuario femenino, allí encontrara su uniforme señorita.
- Muchas gracias señor Potter- le respondió entrando al lugar.
El uniforme era simple, una sudadera celeste, ceñida apenas al cuerpo. El pantalón era de un color oscuro, la luz del lugar no la dejaba definir su color correcto, oscilaba entre un azul marino o un irremediable negro. Sin embargo, aquello carecía de importancia para ella. Unas zapatillas anudadas en el lateral, culminaba el atuendo. Ginevra se observó en el amplio espejo proporcionado por la habitación, no podía negar que tenía estilo. Se recogió su cabello en una alta coleta, acomodó la varita en su pantalón, y salió al encuentro de los demás. Sin embargo, fuera de aquel lugar, solo estaba Harry, ninguno de sus compañeros en aquellas pruebas había terminado de cambiarse.
- Wow- se sorprendió Harry -. ¡Que rapidez!- exclamó.
- En Australia nos acostumbraron a la rapidez y eficacia- sonrió -. No les gustaba perder tiempo en nimiedades como estas.
- Es una gran lección. La tendría que poner en práctica en este cuartel.
- Es muy útil, aunque muchas veces pase desapercibido, en realidad el tiempo es de suma importancia en una misión.
- Claro que sí- observó a un grupo de aspirantes salir del vestuario, no sin antes regalarle una resplandeciente sonrisa -. Muy bien, veo que ya están todos listos - los hombres vestían el mismo uniforme que la pelirroja, con la diferencia que la sudadera no era ceñida al cuerpo, más bien, un poco suelta –. Ahora un compañero vendrá a ayudarme a llevar a cabo la selección. Esta primera parte constará de un duelo por persona, las parejas serán elegidas al azar. Si logran salir victoriosos, pasaran a la siguiente selección. Por el momento el cupo libre es de cinco puestos, sin embargo hemos logrado mediante mucho esfuerzo que el número de ingresantes aumentara a ocho- sonrió –. Ahí viene Parker- señaló a la puerta de entrada.
- Buenos días- saludó el joven, su cabello era castaño oscuro el cual contrastaba enormemente con el celeste de sus ojos –. Mi nombre es Parker Francis y junto con el señor Potter nos ocuparemos de la selección- se acercó a Harry-. Ya está preparada la simulación, lista para cuando la dispongas- susurró.
- Primero haremos los duelos, después nos encargaremos de eso- respondió –. Ahora armaremos las parejas- anunció.
Ginevra observaba el lugar maravillada. El alto techo permitía que en el momento de la simulación, todo fuera real. Moría de ganas por participar en algo de eso. Bellatrix le había comentado esa nueva forma de entrenamiento que habían copiado de un prototipo muggle. La mujer se había burlado por los bajos recursos que tenían, mira que recurrir a una simulación muggle. Sin embargo la pelirroja sabía que no dejarían nada al azar, algo escondía esa simple simulación. Por momentos toda su atención se concentraba en Harry. La primera y única vez que lo había visto, había sido hacia tanto tiempo ya. Recordaba su delgado rostro, sus largas piernas y brazos. Pero especialmente recordaba el brillo de sus ojos, y en ese momento, un espasmo de frío le recorrió toda la espina dorsal. Ella siempre soñaba, soñaba que caminaba descalza por un prado. El sol iluminaba los árboles, y la suave brisa traía consigo el dulce aroma de la primavera. Una cueva siempre llamaba su atención, y entraba. Cuando se daba cuenta que no podría volver sola, comenzaba a desesperarse. Pero siempre una sombra se acercaba a ella. Nunca le podía ver el rostro, siempre todo era oscuro, pero lo que si lograba ver, eran los ojos. Verdes como las esmeraldas, brillantes, llenos de algo que no comprendía.
- No puede ser él…- musitó sintiendo como sus piernas se debilitaban.
- Wayneman- miró a Harry al escucharlo con los sentidos agarrotados–. Tú te enfrentarás con Reeves- señaló a un chico robusto, el cual estaba de espaldas a ella.
- Bien- respondió observando al muchacho en cuestión, la voz para su desgracia salió débil. Notó como en los labios de su oponente se dibujaba una sonrisa de autosuficiencia. Al mirarla, levantó las cejas sugestivamente, examinándola de la cabeza a los pies. Esto la hizo enfurecer crispándole los vellos de sus brazos, aquel energúmeno la estaba menospreciando. Miró a Harry que hablaba con la última pareja, ya todo estaba dicho, le iba a demostrar a ese tal Reeves, que ella podía con él. Cuando Harry se acercó a ellos, fijo toda su atención en él.
- Todo está permitido, a la hora de la batalla los mortífagos no serán compasivos con ustedes ni con nadie- miró a la chica–. Tampoco les pido que se maten- sonrió –. Que gane el mejor.
Ginevra siguió al robusto hombre hasta un costado del enorme playón. Separados por una distancia de al menos quince metros, se miraban con diferentes sensaciones. Reeves la observaba divertido, deteniéndose muchas veces a la altura de sus pechos, o de su cadera, luego mirándola a los ojos, con la burla en la mirada.
- Eres despreciable- susurró Ginevra.
- Y tu eres hermosa- le respondió con arrogancia–. Pero a pesar de ello lamento decirte que tendré que lastimarte… sólo un poco- la pelirroja le sonrió con cinismo.
- Eso está por verse.
- ¡Varitas en alto!- gritó Parker junto a Harry. La pelirroja miró hacia aquel lado, justo en el momento en donde el chico la observaba. Y sin saber por qué, sin siquiera pensarlo, le sonrió coqueta, notando como él le devolvía la sonrisa-. ¡Ataquen!- su vista volvió iracunda hacia su desagradable oponente.
- Eres muy bonita para terminar con la cara lastimada- dijo el hombre.
- Y tu eres lo suficiente desagradable para dejarte inválido de por vida.
- ¡Que agresiva!- fingió sorpresa-. ¿Eres igual de ardiente en la cama?
- Eso es algo que no te interesa.
- Porque si eres así, me gustaría tenerte desnuda en la mía- curvó las cejas–. No dudo en que sabrás como satisfacer a un hombre- ella enarcó una ceja con disgusto, eso era lo máximo que podía soportar.
- ¡Stupefy!- apuntó con su varita, saliendo un rayo rojo de ella.
- ¡Flipendo!- refutó Reeves haciendo una fluorita con su vara-. ¡Bombarda!- Ginevra corrió a un lado, arrojándose al suelo, un simple hechizo proteico o de repulsión haría que volara unos cuantos metros por el aire -. ¡Incendio!- la atacó ante el desconcierto de ella, un extraño rayo de fuego amenazaba acercándose a su cuerpo.
- ¡Impedimenta!- se defendió poniéndose de pie, corrió hacia un lado y lo apuntó -. ¡Confringo!- el hechizo le dio de lleno en el pecho, provocando que una pequeña explosión rompiera la pechera de la camisa del hombre.
- Maldita perra- murmuró con rencor, sobándose la zona de su pecho, había lastimado –. Ya verás lo que es ser duro con una mujer- la amenazó-. ¡Relaskio!
- ¡Protego!- rió -. ¿Qué pasa? ¿No puedes con una dama?- se burló.
- ¡Bombarda!- repitió, ante el esquivo de Ginevra sonrió -. ¿Es que no eres lo suficientemente fuerte como para repeler mi hechizo?
- No quiero malgastar mis energías contigo- lo miró con desprecio.
- ¡Inmovilus!
- ¡Flipendo!- invocó la pelirroja arrojándolo con fuerza hacia atrás.
- ¡Depulso!- aún con más energía, el hechizo la golpeó en un brazo, provocando que el empuje del pequeño estallido, la arroje al suelo.
Ginevra se levantó presurosa, tomándose el lastimado brazo con una de sus manos. Por entre medio de los dedos, se escurría unos cuantos hilos de sangre, que iban a parar en todo el largo de su antebrazo. Ardía, no era solamente dolor, pero sabía que si no curaba su brazo, para el resto de la batalla estaría inservible.
- Maldito- murmuró entrecerrando los ojos. Reeves sonrió con más arrogancia-. ¡Episkey!- se curó a si misma en un instante –. Ahora verás lo que es bueno.
Ginevra apuntó con su varita hacia uno de los costados de la habitación, en donde un enorme escritorio, totalmente atestado de papeles, decoraba una esquina. Miró a su oponente nuevamente, y por fin sonrió con astucia.
- ¡Accio escritorio!- gritó la pelirroja haciendo que la enorme mesa arremetiera hacia donde ella estaba, a una enorme velocidad. Las hojas que estaban apiladas sobre el, volaban por el aire, cayendo a cada lado de las parejas. Una vez que estuvo a unos escasos dos metros, volvió a apuntarlo-. ¡Depulso!- el enorme mobiliario voló como una bala hacia su oponente.
- ¡Repulsor!- intentó defenderse Reeves.
- ¡Rictusempra!- la mesa comenzó a caer hacia el suelo, las cosquillas iban a impedir la defensa de su oponente-. ¡Depulso!- volvió a arrojarlo hacia el hombre, logrando que lo expulsara por lo menos a diez metros de distancia.
Reeves se levantó débilmente, con la cara totalmente magullada de golpes, y la ropa hecha jirones. La miró con los ojos brillantes de furia, con su varita invocó agua, mucha agua, formando un enorme charco en el medio del enorme playón.
- ¡Ascendio!- invocó que el líquido se elevara por el aire, formando enormes remolinos de agua, que comenzaron a rodear a la pelirroja. Estos violentamente formaban círculos, que al pasar los segundos, tomaban mejor consistencia, y apresaban cada vez mejor a Ginevra en un escaso lugar. Ella observaba la pared del líquido, incrementarse a cada lado de su cuerpo.
- ¡Descendo!- Ginevra intentó contrarrestar el hechizo, sin embargo era muy poderoso- ¡Mierda!- exclamó corriendo hacia un costado, atravesando la pared de agua, la cual la dejó toda empapada. El enorme peso de la pared le había dado de lleno sobre los hombros, y ahora los sentía sumamente adoloridos. Con su varita volvió a invocar la mesa -. ¡Incendio!- el escritorio de envolvió en llamas-. ¡Depulso!- intentó nuevamente arrojándolo contra Reeves, pero un enorme chorro de agua, la golpeó en la espalda, haciéndola caer hacia delante, jadeando del cansancio, y concentrando toda su magia en el próximo hechizo apuntó hacia el remolino-. ¡Finite incantatem!- la enorme torre de agua bajó de repente, desapareciendo de la enorme habitación.
- Hábil, muy hábil- musitó Reeves apuntando a la mesa-. ¡Expulso!- la arrojó hacia la chica.
La pelirroja en un rápido movimiento esquivó la mesa y apuntó directamente a la cabeza del hombre -. ¡Mimblewimble!- el hechizo lo golpeó en el rostro, arrojándolo como un peso muerto sobre el suelo, completamente atontado.
La joven al notarlo vencido, se arrodilló en el suelo agotada, realmente había sido un enfrentamiento complicado.
- Felicidades Wayneman, pasas a la simulación muggle- le anunció Parker, sonriendo amablemente.
- Muchas gracias- desvió su vista a Harry, el cual estaba atento observando el duelo de otros aurores. Ella suspiró con resignación, arreglando su ropa mediante hechizos no verbales.
Sin embargo lo que ella no sabía era que Harry la había observado en todo el duelo. Impresionado por la agilidad de ella, y la gran habilidad que tenía en contrarrestar los hechizos y atacar a su oponente con rapidez. Se vio sumido al brillo que irradiaba el encendido cabello de ella al moverse de un lado hacia otro al son de sus movimientos. Cuando la enorme masa de agua la empapó por completo, su vista no se pudo despegar de la forma de sus pechos debajo de la mojada sudadera. Intentando desviar los ojos hacia otro lado miró a Reeves, el cual se hallaba sumamente enfurecido por el ataque de ella. En cambio Ginevra estaba impasible, a pesar de los golpes, su mirada mostraba decisión. Cuando ella lo venció sonrió con alegría y se dirigió hacia otra pareja, no debía mostrar debilidad en el momento de la selección, sin embargo en su planilla pudo copiar la dirección de la casa de la chica.
La simulación consistió en una imagen computada muy realista. No había entendido lo de computada, Parker le explicó muy brevemente que era un invento muggle en donde se fingía algún tipo de lugar con diversos obstáculos. Al principio se mostró media incrédula a algo relacionado con los muggles. No tenía un buen pensar de ellos, y por nada del mundo quería salir perjudicada por eso. Insegura se adentró a ese lugar. Y no pudo evitar verse sorprendida por la complejidad que contenía la simulación. Los ojos le brillaron al ver las ruinas de una enorme mansión, las estrellas brillantes bajo el cielo nocturno, y hasta la suave brisa de la noche. Si sus sentidos no la engañaron, juró que pudo sentir el aroma a tierra mojada y el ruido de los animales en la oscuridad. Forzando un poco la vista, instando atravesar la bruma que descansaba sobre el firmamento, halló una entrada a la mansión. Al ingresar, la habitación cambió. Se sobresaltó al verse envuelta en un remolino de colores y sensaciones. Cerró los ojos asustada y al volver a abrirlos una tétrica habitación la congeló hasta los huesos. Los cuadros corroídos con el tiempo y caídos a los pies de las paredes. Una mesa en el medio del salón, cubierta por pergaminos y montículos de tierra. Estaba casi segura que si pasaba la mano por ese lugar, el tacto que le devolvería hubiese sido tal como lo recordaba. Había sillas con patas rotas y astillas en el suelo. Un sillón con parte de su cuero rasguñado y maltratado. Suspirando, conjuró un lumos en su varita y comenzó a investigar el lugar con paciencia y determinación. Los anteriores cuatro postulantes habían terminado la simulación, pero no les estaba permitido cruzar palabra alguna, por lo que no sabía lo que le esperaba.
En un abrir y cerrar de ojos no supo de dónde pero al menos tres encapuchados se abalanzaron hacia ella, al sentir el ardor de un hechizo que le rozó el brazo, supo que eso no era simulado. Sin pensarlo ni un instante más, desenfundó su varita y comenzó a defenderse en primera instancia, y luego a atacar a diestra y siniestra, intentando vencerlos. Uno de los encapuchados cayó casi al instante. Corrió hacia un lado esquivando un rayo azulado que rozó su pantorrilla. Trastabillando se tropezó con sus mismos pies enredados. Rodando de lado, con la varita preparada apuntó a uno de los hombres. Para su mala suerte el atacante la esquivó. Maldiciendo, mirando hacia todos lados se puso torpemente de pie. Cuando se cruzó con uno de los encapuchados logró agacharse antes de que la atacara, y con un simple no verbal, lo dejó completamente descartado. Ahora la pelea era uno contra uno. Ya estaban en igualdades. Ese encapuchado no había participado en ningún momento, seguramente era el más poderoso de los tres. Eso le dio una mala espina, pero juntando fuerzas venció el inexistente miedo que creyó que podría tener y se enfrentó a él. No le podía ver el rostro. No sabía si era un hombre o una mujer lo que estaba frente a ella. Haciendo uso de toda su concentración, blandiendo levemente su varita intentó adentrarse en la mente. Pero no pasó nada, era como una enorme muralla transparente la cual no podía atravesar en esos momentos. Lo único que podía extraer era su propio reflejo, la imagen que esa persona tenía de ella. Con la ira corriendo por sus venas, ante semejante burla, pues ella lo consideraba de esa forma, se puso en guardia. La herida en su pantorrilla le escocía demasiado, y un fuerte golpe que se dio en la rodilla al caer al suelo le molestaba. El brazo le sangraba bastante, podía sentir el líquido viscoso fluir sobre su piel, aunque no era demasiado, le dolía y molestaba al blandir la varita, ya que era el brazo derecho, y ella era diestra. Maldiciendo para sus adentros observó al encapuchado. Levantó su mano, intentando lanzar algún hechizo, su mente ni siquiera alcanzó a tener reacción alguna cuando un sonoro Depulso la estrelló en el suelo. Cayendo de costado, volviendo a golpearse la rodilla herida sintió como un fuerte pinchazo no le permitía ponerse en pie. Asustada se tocó la pierna, viendo la sombra de la persona acercarse a ella. Suspiró levemente cuando notó que no tenía ningún hueso roto.
Sin saber cómo, ni en qué momento, ni de dónde sacó la energía, levantó su brazo entumecido por el dolor y pronunciando un claro y quebrado Bombarda expulsó a su atacante a unos cuantos metros. Fueron escasos segundos, en donde pudo vislumbrar como un escudo cubría del hechizo al encapuchado. Y en ese instante un golpe seco le dio de lleno en el brazo izquierdo, y en uno de sus muslos. Un rasguño ardiente atravesó su mejilla haciendo que sus ojos se llenaran de lágrimas pinchantes. Sintiendo todo su cuerpo temblar, en medio de aquel ataque un débil Protego la defendió un instante, para luego caer derrotada en el suelo, totalmente agitada. En ese mismo momento la habitación volvió a la normalidad. El suelo brillante volvía a ser frío y la oscuridad y el olor rancio de la habitación se dejó de lado, dando paso a las luces del enorme playón y su normal escenografía. Cerró los ojos un segundo, intentando asimilar la pérdida en el duelo. Miles de pensamientos cruzaron por su mente, en especial la decepción. No poder entrar al cuartel sería un completo desastre. La primer y última misión que le sería encomendada, fallándose a sí misma, a Draco, y a Bellatrix. Bella… pensó, sintiendo como un escalofrío recorría toda su espalda al pensar en como se enojaría y lo que podría llegar a hacerle. Con los ojos abiertos observó como el encapuchado se quitaba la gruesa y oscura tela del rostro. Sorprendida intentó ponerse en pie, fallando en un principio, pero luego logrando hacerlo. El mismo Harry Potter había sido su atacante y le tendía la mano para ayudarla a ponerse en pie.
- Que impresionante demostración señorita Wayneman- le dijo en una sonrisa.
- ¿Usted cree?- preguntó tomando su varita con la mano temblorosa, y comenzando a curar sus heridas del brazo.
- Su técnica es muy buena, no me queda más que felicitarla.
- Lo hace sonar muy positivo, pero no superé la simulación- se detuvo al sentir como la rodilla se le vencía de dolor-. ¡Demonios!- exclamó sintiendo un ardiente pinchazo.
- No te muevas- le pidió el chico inclinándose a su lado –. Yo estoy acostumbrado a este tipo de heridas…- movió su varita haciendo adecentar el dolor -. ¿Ves?- ella sonrió al sentir como el ardor redimía.
- Debería ser sanador…- bromeó.
- Lo mío es ser auror- le volvió a tender la mano –. Creo que está de más decirle que ya ha sido aceptada…
- ¿En serio?- se sorprendió abriendo enormemente los ojos. Él asintió con la cabeza-. ¡Muchas gracias!- rió –. No sabe lo feliz que me siento.
- Me imagino- le devolvió la sonrisa –. Ahora puede ir al vestuario y curar sus heridas. En media hora esperaremos a los seleccionados en el playón.
- Muy bien jefe- comenzó a caminar hacia el vestuario, con una mueca victoriosa bailando en sus labios, y un brillo inusual en los ojos.
El agua tibia corriendo por su desnudo cuerpo borró medianamente el dolor de su humanidad. Las heridas leves habían cerrado, pero las cicatrices de algunas tiraban en su piel, y realmente era molesto. La ducha era un cubículo individual cubierto por una gruesa cortina de tela celeste. Salió envuelta en una amplia toalla que logró invocar. Con los pies descalzos dejando su huella sobre el frío piso llegó a un pequeño banco en donde se sentó esperando que su rodilla dejara de temblar. No imaginó que el golpe había sido tan fuerte. Ya luego en la casa se pondría uno de los tantos ungüentos que tenían en el baño. Con su varita se secó medianamente el cabello, dejando que un poco de humedad sirviera para moldearlo de alguna manera. Vistió la ropa que había traído. El vestuario de entrenamiento estaba manchado y lleno de sangre. Con unos cuantos hechizos lo dejó reconstruido, y con otros más, ya estaba limpio. Maldijo otra vez, vaya uno a saber la cantidad de veces que lo había hecho en ese día. El pantalón ajustado le hacía arder las heridas. Sopesando alguna idea decidió que no había nada que hacer. Luego de ponerse su remera se puso su túnica y salió al encuentro con sus compañeros.
Harry y Parker estaban en un costado hablando con dos personas, si mal no recordaba uno de ellos se llamaba Seamus, y el otro Steve. Harry les estaba indicando unas cosas mientras les mostraba unos papeles. Al verla, el chico le regaló una reluciente sonrisa. Ella se acercó a él parándose a su lado. Cuando los dos muchachos se hubieron ido, él chico la volvió a mirar.
- Veo que ya estás repuesta- le dijo.
- No se crea… Mi cuerpo está muy adolorido- se sobó el brazo-. Pero lo importante es haber quedado seleccionada.
- Si no has podido relajarte del todo puedes ir a nuestra enfermería, en el cuartel disponemos de una sala de primeros auxilios por los heridos en entrenamientos.
- No se preocupe- lo interrumpió levantando una mano-. No hay nada que un buen descanso no solucione.
- Me agrada el espíritu que tienes- ella asintió –. Te tengo que dar unos papeles que tendrás que llenar…- le dio una pequeña carpeta de cartón- .Como verás son simples planillas con tus datos, tienes que corroborarlos y luego llevarlos con la secretaria del área de Recursos Humanos.
- ¿Y en dónde queda la sección?
- En el primer piso, ala B- le mostró una planilla –. Debes entregársela a Astoria Grenngrass, dile que vas de mi parte, ella sabrá que hacer- sonrió –. No quiero que mis aurores sean partícipes de toda la burocracia.
- ¿Acaso usted abusa de su poder?- planteó divertida.
- No es un abuso, yo lo llamo más bien una facilidad. Seamos sinceros, no creo que sea agradable tener que esperar hasta las cinco de la tarde a que por fin puedas tener una entrevista- ella negó-. Me alegro que estés de acuerdo.
- ¿Cuándo empiezo?
- Si no me equivoco mañana mismo. O a más tardar el jueves. Necesitamos con urgencia ocupar los puestos libres- suspiró.
- Mañana mismo me tiene aquí- apretó la carpeta en su pecho-. Un gusto señor- lo saludó inclinando la cabeza.
- El gusto es mío- devolvió el saludo con una sonrisa tonta.
- Hasta pronto- se despidió de Parker.
- Hasta mañana…- el joven la observó caminar hacia la salida –. Harry…- lo llamó en un susurro.
- ¿Si?- le preguntó desconcertado.
- Por fin tendremos especímenes dignos de los cuales alardear- insinuó apuntando con la cabeza a la pelirroja que se perdía en la lejanía.
- Ya cállate- le pego con las carpetas.
- Dí lo que quieras, pero no le quitaste los ojos de encima ni por un momento. Además, eso de tomar mi lugar en la simulación…
- Sólo quería ser yo el que la probara…
- Tú la quieres probar de otra forma…- murmuró insinuante.
- ¿Has dicho algo?- preguntó amenazador-. Recuerda que todavía soy tu jefe.
- Haz que yo recuerde en contarle esto a Ron, serás su hazmerreír durante una semana- rió.
- Lo que me faltaba…- murmuró Harry resignado. Sin embargo el rostro de la mujer había quedado prendido de su mente como una fotografía. Y el suave contacto de su piel al tenderle la mano, todavía cosquilleaba en su palma.
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Ginevra caminaba por el pasillo del segundo piso. Le había preguntado a una secretaria, la amable mujer le había indicado el lado derecho, al final. Cuando sus ojos vislumbraron el pobre cartel en donde rezaba Recursos Humanos suspiró con alivio. Con los nudillos de las manos golpeó la madera de la puerta y esperó a ser atendida. Un frío adelante le dio el paso. Ella ingresó con calma y observó a una mujer rubia detrás de un ordenado escritorio, con una pluma vuelapluma a su lado escribiendo a toda velocidad lo que ella le dictaba.
- Buenos días- saludó la pelirroja –. Busco a Astoria Greengrass.
- ¿Para qué la requiere?- preguntó la mujer levantando la vista. Los ojos celestes centellaron al darle el breve reflejo del sol que se colaba por la ventana.
- El señor Potter me dijo que le de estos papeles- tendió la carpeta.
- ¿Y tú quién eres?- le preguntó recibiendo lo que le daba.
- Mi nombre es Ginevra Wayneman- respondió altanera, no le gustaba el tono que usaba esa mujer.
- Ah… Ya veo…- murmuró leyendo unas planillas –. Así que nueva mujer en el cuartel- sonrió –. Pues bienvenida seas, nos hacen falta mujeres en el escuadrón- rió-. Esperemos que tu presencia nos sea de ayuda a todas nosotras en controlar a estos energúmenos- suspiró –. No te asustes- acotó al ver el desconcierto de la pelirroja –. Ya con el tiempo sabrás lo que son.
- Sé muy bien que los hombres pueden ser más histéricos que las mujeres- esa tal Astoria le estaba cayendo bien –. Lo sé por experiencia, mi primo es demasiado malhumorado.
- ¡Por fin una más que está de mi lado!- le tendió una mano-. Bienvenida seas al grupo de mujeres atormentadas por magos egocéntricos- Ginevra rió.
- ¿Y cuántas personas forman parte del club?
- Contigo seremos tres, Hermione la novia de un auror, tú y yo.
- ¿Ninguna mujer más?
- Hay otras…- dijo dejando la carpeta a un lado –. Pero no tienen el suficiente carácter como para poner los puntos sobre la mesa.
- La secretaria del señor Potter…
- Bah…- la interrumpió con una mueca de desagrado-. Esa insulsa oriental es de lo más arrastrada que puede haber.
- No me cayó para nada bien…- recordó el rostro de la mujer.
- Es una come hombres, su presa principal es Harry. Pero el pobrecillo no le da ni la hora…- rió –. Contigo me llevaré bien. Eres agradable.
- Al menos no me sentiré tan desubicada entre tantos hombres…
- Llámame Astoria- le pidió-. ¡Es mi nombre!- exclamó divertida la rubia.
- Llámame Gin, Ginevra es muy largo.
- Qué hermoso nombre, es como... como...- chasqueó la lengua al no poder recordar-. ¡Como la bebida muggle!- se relajó en la butaca.
- ¿Bebida muggle?
- ¿No la conoces?- la pelirroja negó-. Un día te llevaré a que la pruebes, no sabes lo que te pierdes.
- ¡Muero de ganas!- ambas rieron divertidas.
Las planillas estaban completas a un lado, cada uno de los puntos habían sido charlados dando paso a una amigable conversación en donde fueron descubriendo muchos puntos en común e ideales similares, al menos, pensó Ginevra, tendría a alguien con quin hablar y con quien llevarse bien, el trabajo no se le haría tan tedioso.
- ¿Hace falta que te traiga algo?- preguntó la pelirroja a la chica luego de una agradable media hora en donde hablaron todo tipo de temas.
- No Gin, no hace falta nada- cerró la carpeta-. Cualquier cosa yo te digo…- suspiró.
- Te quería hacer una pregunta…- dijo dubitativa.
- Dime.
- Yo de Alemania viajé junto a un primo. Su nombre es Draco Wayneman…
- ¿Quieres saber si le puedo conseguir un puesto en el ministerio?- la pelirroja asintió-. No dudes en decirme estas cosas- sonrió- . ¿Qué sabe hacer?
- Había trabajado en el Ministerio de magia de Alemania en uno de los departamentos, en el de Regulación Mágica- improvisó, sabiendo que esa información la podrían falsificar con facilidad.
- Hagamos algo. El Ministerio anda buscando ocupar varios puestos libres. Dile que mañana pase por esta oficina así revisamos su currículum. Veré que puedo hacer con él.
- Gracias Astoria- sonrió.
- No es nada cariño...
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- ¿Y qué te dijo?- le preguntó Draco a su amiga mientras caminaban agitados por el atrio del Ministerio.
- Debes llevar el currículum que tienes en las manos que ella misma te dará una entrevista.
- ¿Qué le has dicho?
- Dije que habías trabajado en el departamento de Regulación Mágica en Alemania, así como lo armó Bella- bufó molesta al llegar al ascensor y verlo lleno –. Mejor vamos por las escaleras…
- Pero Gin…
- Es sólo un piso para ti- rió rodando los ojos –. No puedes ser tan histérico.
- ¿Me vas a acompañar?
- ¿A dónde?
- A hablar con esta mujer.
- Draco- rió deteniéndose en el primer piso –. No te va a comer.
- Sabes que es la primera vez que lo hago…- se excusó con el ceño fruncido.
- Bueno, está bien. Te acompaño hasta la puerta y luego me voy.
Juntos caminaron hasta el departamento de Recursos Humanos. Astoria estaba sentada nuevamente detrás de aquel prolijo escritorio.
- Astoria…- la llamó Ginevra. Cuando la rubia levantó la vista, sonrió con alegría –. Te presento a mi primo- señaló al chico –. Draco Wayneman.
- Un gusto- la saludó Draco con solemnidad.
- Wow Gin, no me habías dicho que tu primo era tan guapo- rió mientras se levantaba –. Astoria…- se presentó tendiéndole la mano, el chico sonrió embelezado, la mujer era muy linda.
- Yo me voy al cuartel, no quiero llegar tarde el primer día…- comentó Ginevra despidiéndose de ambos, notando la poca importancia que le dieron a su retirada.
Al llegar al segundo piso el constante ida y vuelta de personas era igual que el día anterior. Decidió presentarse en la oficina de Harry para saber qué hacer. Caminando por el pasillo observó como la estirada secretaria oriental sonría con descaro a un muchacho que esperaba en la puerta del despacho del jefe. Chasqueando la lengua se hizo anunciar a la mujer, la cual sonrió cínicamente y la hizo tomar asiento. Al tomar su lugar pudo ver una joven castaña que caminaba por el pasillo seguida por la figura de un hombre que no llegó a ver, al cual lo llevaba tomado de la mano. Sin darle importancia observó como un auror en uno de los tantos cubículos leía con desgano la edición matutina de El Profeta, ¿es que acaso es lo único que leen?
- Pero cariño…- se quejó el hombre recién llegado.
- Debes conocer a tus nuevos compañeros- lo regañó la mujer con dulzura.
- Hermione…- se quejó-. Ya habrá tiempo para eso. Ahora todavía estoy medio dormido…
- Harry me comentó que una mujer logró pasar la selección, Astoria me dijo que le había caído muy bien.
- Lo que nos faltaba…- bufó –. Que una loca más se sume al extraño club que llevan adelante.
- No es extraño, solo somos mujeres desesperadas- rió con suavidad pellizcando la mejilla del chico.
- Hazlo tú- bostezó.
- No tienes remedio…- suspiró acercándose al escritorio de Cho –. Cho, mi querida compañera…- dijo en un tono falsamente dulce -. ¿Sabes si los nuevos aurores han llegado?
- Dentro con Harry hay tres chicos- miró su lista –. Y ellos dos- señaló con la cabeza a Ginevra y a un muchacho-, también son parte de los nuevos.
- Muchas gracias querida- miró a la pelirroja –. Mira ella debe ser…- tiró de su novio parándose frente a Ginevra –. Mucho gusto- la saludó –. Mi nombre es Hermione Granger.
Ginevra levantó la cabeza sorprendida y le sonrió gentilmente al recordar su nombre, era la amiga de Astoria. La observó con cuidado, sus rasgos eran delicados, ojos castaños al igual que su cabello.
- Un gusto Hermione- sonrió.
- Te presento a mi novio, compañero tuyo- tiró del brazo de Ron el cual miraba hacia otro lado.
- Mi nombre es Ginevra Way…- se quedó en silencio cuando observó el rostro de aquel muchacho, demasiado conocido para ella.
- Él es Ronald, Ronald Weasley, pero le decimos Ron- miró a su novio, el cual observaba a la mujer pelirroja con sorpresa.
- Ginny…- murmuró sin despegar la vista ni un instante del rostro de la chica, de su cabello encendido, de sus ojos marrones y de las pecas de su nariz. En ese mismo momento Harry abría la puerta de su despacho, quedando frente a frente ante ese inevitable encuentro.
Sé que no tengo perdón, pero ustedes sabrán entenderme, una cosa por aquí y otra por allá, y al final el tiempo no me alcanza para nada, y eso que estoy de vacaciones... En fin... ufff, no se imaginan el calor que está haciendo aquí en Argentina, no sé ustedes pero yo me estoy derritiendo lentamente, practicamente no puedo soportar e calor que irradia la pc, es demasiado, comprenderán que el calor no es mi fuerte...
Muchos besos para Rosa, Karla y Joanne, lamentablemente no estoy tan en contacto con ellas como me gustaría, pero al menos nos mandamos señales de vida de alguna u otra manera. Las adoro a las tres.
Saludos especiales también para todos los que dejan reviews, a Eli como siempre que me deja practicamente one shots como comentario y a todos los demás que me maravillan con sus palabras. Espero sus comentarios, dentro de poco intentaré actualizar la otra historia, no he tenido mucho tiempo de escribir pero sí muchas ideas, así que un día de estos me sentaré y escribiré hasta que las manos no me den para más.
Y como no me podía faltar, cariños, pero muchos cariños para las chicas del foro Chocolate y Menta, pasen por mi profile y allí encontrarán el link, ustedes me hacen reir cada día que postean alguna de esas imágenes que hacen que mis hormonas revoloteen por todo mi cuerpo, jaja Pasen y participen, no se arrpentirán.
Muchos besos y espero sus comentarios, que como siempre me llenan de alegría, ¡el final de este capítulo se lo merece con creces!
Jor
