El inicio del plan.
- ¡Hace años que no disfrutaba tanto de un día de compras!- exclamó la pelirroja entrando cansada al Caldero Chorreante.
- Ron va a matarme- Hermione rió nerviosa-. ¡Gasté los ahorros para los regalos de Navidad!
- No es el fin del mundo- le dijo Astoria la cual cargaba una enorme caja en sus brazos-. Tienes unos meses para volver a juntarlo.
- Ya compramos todo lo que necesitamos para mañana- dijo la castaña ocupando un lugar en una de las tantas mesas de la taberna, sacó una lista de su bolsillo trasero del pantalón y comenzó a leer -. Creo que no nos falta nada…- se llevó el dedo índice a los labios pensativa.
- ¿Creen que gustará mi vestido?- preguntó la rubia abriendo la caja que llevaba la vaporosa prenda de muselina púrpura.
- Yo lo veo un poco exagerado para una fiesta de bienvenida- terció Hermione observando maravillada unos zapatos.
- Tú no tienes derecho a decirme nada, has gastado no sé que cantidad de libras en esos zapatos blancos- la castaña se puso colorada y le sacó la lengua.
- El vestido es muy bonito Astoria- dijo Ginevra-, yo no tengo la menor idea de lo que usan en esas fiestas así que ustedes me dirán si está bien- sacó un pantalón oscuro de una tela brillante.
- ¿Qué tela es?- preguntó Hermione.
- Creo que satén- acarició el género -. Además me servirá para ir a trabajar.
- ¿Y con qué te lo pondrás?
- En casa tengo una blusa de gasa estampada muy linda, me la regaló Draco para mi último cumpleaños- comentó recordando la hermosa prenda con la que se había aparecido su primo la tarde anterior en el departamento.
- ¿Cuándo cumples años?
- El once de a…agh…- tosió tratado de corregir su error-. Perdón, me he ahogado con la cerveza…- dijo dejando su vaso a un lado, con la voz áspera -. Mi cumpleaños es el once de mayo ¿Y el de ustedes?- indagó intentando pasar desapercibido su error.
- El mío es el diecinueve de septiembre- dijo Hermione llevándose a la boca una papa asada.
- Y el mío es el veinticinco de marzo. Soy un año y medio menor que Hermione.
- ¿Ustedes dos iban al mismo colegio?
- Así es- asintió Hermione mostrando su vestido de algodón beige -. ¿No es hermoso?
- Es muy lindo- le respondió la pelirroja.
- Con Hermione…- Astoria dio un sorbo a su cerveza-. Nunca tuvimos trato en el colegio. Ella iba un año anterior al mío y además estábamos en diferentes casas.
- ¿En qué casa estaban?
- Yo estaba en Gryffindor, al igual que Ron y Harry- explicó-. Pero ella estaba en Slytherin, yo no puedo entender como acabaste ahí- le dijo a la mujer con la mirada furibunda.
- Tradición de familia- se encogió de hombros con gracia.
- ¿Acaso las casas se llevan mal?
- Los Gryffindor y los Slytherin se odian a muerte. Pero luego comenzamos a trabajar juntas y descubrimos que nos llevábamos bien.
- Así es. Nunca estuve de acuerdo con esas primitivas ideas de la pureza de sangre y el aislamiento de los mestizos. Una de mis mejores amigas es una mestiza- miró a Hermione.
- En todos lados siempre se hace esa diferencia- comentó Ginevra, recordó que en Durmstrang a un niño de primer año lo expulsaron por ser hijo de muggles.
- ¿Acaso tú estás de acuerdo?
- No, para nada. Pero es bueno que ustedes hayan roto con ese estereotipo y hayan sido amigas a pesar de esas diferencias.
- No te creas que a mis padres les hizo gracia. Mi madre discutió muy fuerte conmigo y la última vez que la vi fue hace casi un año- Astoria revolvió sin ganas su comida-. Mi hermana no me volvió a hablar, la muy estirada se casó con un compañero de su casa, un tal Zabini. Dapnhe siempre fue la preferida de mis padres- sonrió con tristeza-. Pero en el ministerio he encontrado a muy buenos amigos, Hermione, Ron y Harry han pasado a ser los más cercanos.
- Ron siempre insiste en emparejarlo con uno de sus hermanos- comentó divertida Hermione.
- ¿Tiene muchos hermanos?- preguntó con interés, uno completamente diferente al que percibió Hermione.
- Uf…- hizo un ademán con su mano-. Está Bill el cual se casó con una veela, Fleur, y tuvieron una pequeña la cual tiene dos años. Luego los gemelos Fred y George, no se han casado todavía pero hace unos cuantos años que salen con dos compañeras del colegio. Percy se ha casado recientemente con una compañera del ministerio, ella está embarazada. Y luego está Charlie, el continúa soltero, por ello Ron siempre insiste en emparejarla con él.
- ¿Y no tenían una hermana?- Hermione asintió perdiendo la sonrisa.
- Ginny se llamaba, al menos así le decían. Ella estudió en Durmstrang y de repente de un día para el otro desapareció sin dejar rastro- se eoncogió de hombros con una triste mirada-. Molly y Arthur, los padres de Ron, se han desvivido en su búsqueda, luego del ascenso del Innombrable la búsqueda cesó. Nunca más se ha tocado ese tema- guardó silencio-. Este domingo hubiese cumplido veintiún años- miró a Astoria-. Hubieses visto como se puso Molly, pobrecita- Ginevra desvió la mirada y observó un punto fijo en el suelo, toda esa información la tomó por sorpresa, mi hermano favorito casado y con un hija. No pudo evitar sonreír al imaginárselo jugando con la niña.
Con Percy en cambio era diferente, estaba escrito prácticamente que iba a casarse con rapidez, y que mejor que alguien similar a él. No le cabía duda que su mujer sería igual de meticulosa que su hermano. La simulada soltería de los gemelos no le extrañaba, el día en que ellos dos sentaran cabeza sería un día memorable. A pesar de que la última vez que los vio tenían diez años menos que en esos momentos, estaba claro que nunca serían partidarios a lapidarse frente al altar, como ellos llamaban al casamiento. Y por último Charlie, el siempre fantaseando con los animales fantásticos. Tal vez Astoria lograría que él viviera esas cualidades de la vida de las cuales estaba desprovisto. Suspirando, Ginevra se llevó la cerveza de manteca a los labios, intentando de esa forma que ese remordimiento, esas ganas de aparecerse en el perímetro de la madriguera y entrar a su casa, se esfumaran de su cabeza.
Inconcientemente se despidió de sus nuevas amigas, ellas cruzaron un par de palabras más a las que ella contestó con aparente alegría. Con cansancio tomó las enormes bolsas en sus manos, redujo unas cuantas para poder pasar por la chimenea, y se arrojó a ella anunciando la dirección de su casa. En pocos segundos su vista se vio iluminada por los cálidos colores del departamento que compartía con Draco. Al salir, sacudió el hollín que se había acumulado en sus hombros mientras dejaba las bolsas a un lado de la mesita de café que había en medio de la habitación. Se dirigió a la habitación de Draco, extrañada por no encontrar al chico dando vueltas por la casa. Bufó resignada al no encontrarlo. Con desgano se recostó en el largo sillón de la sala, mirando hacia el techo. Levantó sus largos y finos brazos al aire y miró sus dedos. Las uñas casi transparentes perfectamente emparejadas y cubiertas con un suave esmalte rosado gracias a la insistencia de Astoria en ir a una peluquería muggle a hacerse una belleza de manos.
Rodó de lado, quedando a su vista la inmensa cantidad de bolsas que inundaban la mesa, al igual que la enorme chimenea en donde unas pequeñas brasas irradiaban un reconfortante calor a pesar de estar aún en verano. No hacía ni una semana que se encontraba en aquel lugar, y misteriosamente se sentía más cómoda que como jamás lo había estado. Astoria y Hermione eran personas admirables, de acuerdo al poco tiempo que trató con ellas. La segunda sentía una impresionante adoración por su hermano, por un lado se alegró, el era muy afortunado por tener a una persona así que lo quisiera de la forma en la que ella lo hacía, pero por otro se entristeció, quizás quién sabe, pero tal vez la hubiese conocido mucho tiempo antes y ellas dos hubiesen podido compartir todas esas cosas que estaban haciendo. En Durmstrang todas las mujeres eran frías, el compañerismo era prácticamente nulo. La única amiga que había alcanzado a tener fue retirada del colegio por sus padres cuando se hallaban en quinto año. Luego, unos meses más tardes ella también se iría, pero escapándose junto con Draco para aliarse con el Señor Tenebroso. Juliette era el nombre de la chica, nunca jamás había vuelto a saber algo de ella. A pesar de haberle enviado muchas lechuzas, nunca jamás recibió una respuesta. Le constaba que los pergaminos le llegaban, ya que la lechuza volvía con las garras vacías.
Volviendo a suspirar se sentó en el lugar y estiró la mano para agarrar una de las bolsas. En ella se hallaba ese pantalón que se pondría al día siguiente, sonrió al extenderlo en sus piernas, disfrutando del suave tacto del satén en sus manos. Lo dejó a un lado y abrió una pequeña caja, la cual creció al instante dejando a la vista unos zapatos blancos de tacón mediano, se los colocó en los pies y comenzó a caminar por la sala. Se sentía tan extraño. No podía recordar cuando había sido la última vez que había tenido una fiesta de ese estilo. Tal vez fuese unos días antes de la caída de su señor. No lo recordaba con claridad, esos últimos días todos estaban muy alterados, los mortífagos iban de un lado hacia otro, y esa mañana de ese fatídico mayo apareció Bellatrix con el rostro impregnado de lágrimas y con unos cuantos hechizos desapareció todo lo que había en la habitación, con gritos y nerviosismo los hizo levantar a ella y a Draco y salieron con apremio desapareciéndose y posteriormente apareciendo en un desconocido lugar completamente atestado de suciedad. Desde ese momento la vida dio un vuelco completa, y las cosas no resultaron ser las mismas.
La blusa de gasa se adhería perfectamente a sus ceñidas caderas. El conjunto del pantalón oscuro con los zapatos blancos y el hermoso estampado de flores rosadas sobre la tela porosa blanca, hacían una combinación de ensueño. Miró su cabello, el cual brillaba como nunca antes lo había hecho, tal vez era que nunca lo había notado, o tal vez no lo había podido apreciar en suficiencia. Las amplias cortinas de pelo a ambos lados de su cabeza, cayendo con gracia sobre sus hombros a la altura de su baja cintura. Los diminutos rizos en la punta de su cabella rompían con la rigidez de la caída. Los ojos le brillaban de entusiasmo, como hacía mucho que no lo hacían. Llevó una de sus blancas manos al rostro y acarició su mejilla, la suavidad del tacto la reconfortó. Con desfachatez giró sobre sí misma observando su reflejo, viendo como cu cabello oscilaba al son de su cuerpo, como ese brillo, cual relámpago en una oscura tormenta, irradiaba tranquilidad. Se sonrió a si misma nuevamente y se comenzó a desvestir.
Con la ropa cambiada, un cómodo jogging gris haciendo juego con una sudadera amarilla ofrecía la viva imagen de una mujer de entre casa. Ordenó las habitaciones con apremio, limpió cada esquina, debajo de cada lugar. Con insistencia miraba su reloj de pulsera, Draco debería haber llegado hacía tiempo, suspirando se desplomó en el sillón una vez que hubo terminado su tarea. Miró hacia el techo, un poco de humedad se asomaba por la punta izquierda del balcón, ceñuda la observaba con recelo. Fue entonces cuando la chimenea comenzó a brillar, la pelirroja solamente giró la cabeza para observar como la delgada figura de Draco acompañado de la voluptuosidad de Bellatrix se hacían presentes.
- Buenas noches Ginevra- la saludó con cordialidad Bellatrix.
- Buenas noches Bella- se levantó de su butaca y se encaminó hacia ellos. Draco tenía una clara mueca de disgusto mal disimulada, Ginevra le sonrió con complicidad esperando a recibir una respuesta, del por qué de su mirada. Pero antes de que pudiese decir algo Bellatrix comenzó a hablar:
- Había venido más temprano al departamento, pero desgraciadamente solo me encontré con Draco- Bellatrix se sentó en una silla-. No me imaginaba que pudieras hacer amistades tan rápido Ginevra- la miró con burla-. Pero eso es muy bueno, mientras más rápido entres en confianza mejor para nosotros- sus largos y huesudos dedos repiquetearon en la mesa.
- ¿Cómo has estado?- preguntó la pelirroja disimulando su sorpresa, no entendía por qué en su estómago una sensación vértigo se había hecho presente.
- Bastante bien, por suerte tu padre dotó de una exquisitas comodidades la casa que regaló a tu madre- dijo la mujer a Draco, el cual desvió la vista-. No seas tonto querido- sonrió con ironía-. Deberías sentirte orgulloso de tu padre, sirvió al señor tenebroso hasta el final de sus días…- la sonrisa se ensanchó-. Tu madre, bueno ella nunca estuvo del todo de acuerdo, pero por suerte Lucius la pudo controlar. Tú has visto en el estado en el que ha quedado.
- Esta semana iré a San Mungo a visitarla…- dijo pero se vio interrumpido por la estridente voz de su tía.
- Por supuesto que no te reconocerá, como es lógico. Pero al menos tendrás un cargo menos de conciencia. Como bien sabes yo no puedo ni asomar una uña en aquel lugar, tendría toda una tropa de aurores a mi acecho- la pelirroja miró a su amigo con una mueca extraña, de alguna manera quería transmitirle una tranquilidad incierta, una pausa antes de decir algo de lo que se pudiera arrepentir.
- En el cuartel de aurores hay una foto tuya en donde ofrecen una recompensa.
- ¿Y cuanto piden por mi cabeza?
- Diez mil galeones- se encogió de hombros-. Toda una fortuna ¿no?- se burló.
- Bah…- exclamó la mujer chasqueando la lengua-. Son unos incompetentes, mira que diez mil galeones por mi cabeza, es un regalo para el ministerio- rió con estruendo.
- Iré a darme un baño- dijo Draco entrando a su habitación.
- Ve tranquilo querido sobrino. Yo me quedaré aquí con Ginevra.
- ¿Te quedarás a comer?
- No, me encantaría, pero debo volver lo antes posible- llevó un enredado mechón de su cabello hacia atrás de su oreja y se inclinó hacia ella-. Avery me ha comentado que mañana harán una fiesta en el Ministerio ¿Se han asegurado la invitación?
- Ambos seremos partícipes- le respondió con la voz neutral.
- Perfecto entonces, están haciendo bien su trabajo ¿Has encontrado algo interesante?
- Nada novedoso. Potter me hizo cargo de viejos archivos, tal vez pueda encontrar algo valioso por allí.
- ¿Qué tipo de archivos?
- Investigaciones prácticamente incompletas sobre ataques a la comunidad y hacia el ministerio.
- Encontrarás varias de nuestras hazañas- sonrió con malicia.
- No lo dudo…
- ¿Y cómo vas con Potter?
- He pasado a integrar parte de su grupo más próximo. Me ha sido fácil hacerlo.
- Excelente ¿Crees poder sonsacarle la suficiente información?
- Ten por seguro que así será. Por cierto, a Avery no lo he podido ver en ninguno de estos días- la miró con recelo cruzándose de brazos-. ¿Sabes exactamente en dónde trabaja?
- Lo mantienen cautivo frente a un escritorio todo el día. Yo me encargaré de decirle que asista a la fiesta de mañana, allí sé que hallaran alguna manera de poder hablar- miró su reloj-. Ya me voy, no quiero que se haga más tarde- se acercó a la chica y le dio un beso en cada mejilla-. Hasta pronto Draco- el chico sacó su desnudo brazo desde la puerta del baño a modo de saludo-. Luego hablamos- terminó de decir para luego perderse en las llamas verdes de la chimenea.
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- Draco tienes que controlarte frente a ella- susurraba Ginny mientras se peinaba frente al espejo del lavabo del cuarto de baño.
- ¿Cómo quieres que hagas eso? si sabe perfectamente que nunca pude hacer nada por mi madre.
- Sabes que ella disfruta de ser superior a alguien. Quiere demostrarte que es mejor que tú- se asomó por la puerta del baño-. Y no es así. Pero debes controlar tus impulsos, acaso ¿no recuerdas la vez anterior?
- Lo recuerdo.
- Yo le tuve que pedir al Señor Tenebroso que te levantara el castigo.
- Lo sé…
- ¿Entonces?- se acercó a su habitación, sentándose a su lado en la amplia cama-. No dejes que tenga una excusa para hacer lo que quiera contigo.
- Pero es irritante que se crea la mejor en todo.
- La conoces, sabes como es- suspiró-. Yo te acompañaré a San Mungo a visitar a tu madre- lo miró- ¿Quieres?
- ¿Me acompañarías?
- Claro que sí- lo abrazó, ella sabía lo importante que era para Draco su madre, aunque no lo demostrara, le dolía que ella estuviese entre esas cuatro paredes en San Mungo.
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La hora antes de llegar al ministerio pasó rápido como el viento en una furiosa tormenta. Ginevra peinaba su cabello mientras se ponía unas pequeñas gotas de su floral perfume. Draco terminaba de abotonarse la camisa mientras acomodaba su varita en uno de los bolsillos de su pantalón oscuro, por el rabillo del ojo miró a su amiga la cual volvía a entrar al baño. Bufando caminó hacia ese cuarto y la miró con resignación.
- ¿Cuántas veces te has retocado el maquillaje?
- No te pongas histérico en estos momentos Draco- le respondió la pelirroja mientras se pasaba rouge por los labios.
- Vamos a llegar tarde- insistió mirando su reloj pulsera.
- Ya estoy- le respondió con cansancio Ginevra metiendo en su pequeño bolso el sobre con maquillaje-. Wow- exclamó divertida.- ¡Que cambio!- rió- ¿Hace cuanto que no te vestías tan elegante?
- Búrlate todo lo que quieras- le respondió con la voz fría-. Tú tampoco estás nada mal- la miró pasando sus ojos de arriba hacia abajo.
- Por supuesto que no estoy nada mal- giró sobre si misma haciendo que su blusa de vaporosa gasa se inflara de aire.
- Vamos que llegaremos tarde- se acercó a la chimenea y pasó la pequeña vasija de polvos Flú hacia Ginevra. Ella tomó un enorme puñado y con un audible Ministerio de Magia desapareció en aquella habitación. Draco continuó a ella desapareciendo tras la mujer.
El enorme y brillante atrio era poco concurrido a esas horas. Las seis de la tarde era el horario en donde la mayoría de los magos y brujas se hallaban en sus hogares cocinando lo que comerían esa noche. Ginevra esperó a que Draco llegara y una vez que estuvo a su lado comenzó a caminar hacia los ascensores. Las pocas personas que caminaban, lo hacían de un lado al otro. Los que lo hacían en el mismo sentido que la pareja eran magos de no más de treinta años. La pelirroja saludó con una sonrisa a varios compañeros del cuartel, al igual que Draco que inclinó su cabeza hacia un grupo de jóvenes brujas que le sonrían lascivamente. Ginevra las miró con suficiencia, y en un dejo de celos fraternal hacia su casi hermano lo tomó del brazo indicando claramente a aquellas señoritas, que el muchacho rubio a su lado, no estaba disponible para ellas. Draco la miró de mala manera, ella bufando lo guió hacia el ascensor, mientras un vergüenza debería de darte… salía en un imperceptible murmullo de sus labios.
La segunda plata del ministerio si era un enjambre de personas. Brujas perfectamente ataviadas con sus mejores ropas hablaban animadas con sus compañeros de trabajo. Ginny con recelo se abrazó más al brazo de su acompañante, tirando con fuerza al notar que él quería soltarse.
- No vinimos a que andes de levante- le susurró fingiendo sensualidad en su oído.
- Pienso sacar provecho de lo que hago mi querida amiga- respondió parco.
- ¿Tú que pensarías si yo coqueteo con todo hombre que se cruce por mi camino?
- Ni se te ocurra…- murmuró fingiendo una sonrisa hacia uno de sus compañeros de departamento.
- Entonces compórtate- le pidió comenzando a adentrarse entre las personas.
- No eres mi madre…
- Hazme el favor de no comenzar con esto…- lo miró con rabia contenida en sus ojos castaños.
- Yo no comienzo con nada Ginevra.
- No me gusta el tonito que estás empleando conmigo- lo amenazó con su dedo.
- No me vengas con estos planteos, por favor- se soltó con brusquedad de su brazo.
- ¡Draco!- exclamó con la voz más levantada, siendo igualmente insignificante para llamar la atención de los demás.
- Sé bien lo que debo hacer- le respondió con frialdad acercándose a su rostro.
- Si estás de mal humor yo no tengo la culpa.
- No me gusta que me molestes con tus celos sin fundamento.
- ¿Celos sin fundamento?- puso ambas manos en su cintura en forma de asa.
- Yo haré lo que se me venga en ganas.
- Mira… si tú estás enojado por lo que Bella te dijo, no tengo que pagar yo por lo que tu sientas. Yo sólo hago las cosas para que estés mejor- lo miró dolida-. Igualmente no sé para qué te explico si tienes la cabeza tan dura que eres incapaz de entender- replicó ofendida- ¿Y sabes qué? Has lo que quieras- se alejó de él comenzando a caminar hacia el cuartel de aurores.
Ginevra iba tan enfundada en sus cavilaciones que no notó cuando un hombre se cruzaba en su camino. Golpeando de lleno su hombro con el brazo de aquella persona se vio perdiendo su estabilidad. Sin saber como, lo único que su cuerpo esperaba era aquel fuerte golpe contra el piso, sin embargo eso nunca llegó. Su brazo era sostenido con fiermeza por algo cálido. Abrió sus ojos, los cuales había cerrado al momento de recibir el golpe, y pudo enfocar su vista en aquella fuerte y varonil mano que se cerraba sobre su fino antebrazo. Luego sus ojos resbalaron hacia el rostro de aquella persona, la cual de alguna forma la habían salvado de un momento demasiado bochornoso, y se quedó sin palabras. Harry Potter la estaba sosteniendo con la sonrisa dibujada en sus labios, y no pudo entender el por qué, ni el como, pero en su estómago una cálida sensación nació, intensificándose hacia el exterior, logrando que sus mejillas se sonrojaran de pena.
- ¡Cuánto lo siento!- exclamó enderezándose.
- No te preocupes, yo me debería haber corrido, no noté que ibas tan pensativa- miró por sobre el hombro de la chica al rubio que había dejado atrás. Ginevra dirigió su mirada hacia el mismo lado que él y bufó.
- A veces me exaspera- dijo sin saber por qué.
- Es normal que una persona tenga actitudes que nos molesten.
- ¡Es que es tan intolerante!
- Sin embargo lo debes querer para salir con él…
- ¿Yo con Draco?- rió suavemente-. Se está equivocando jefe- lo corrigió.
- ¿Cómo?
- Draco no es mi novio, él es mi primo. Vivimos juntos en el mismo departamento, ambos nos hemos trasladado desde Australia- le explicó.
- ¿Primos?- Harry sonrió sin poder evitarlo, los ojos brillaban.
- Ajá, solamente somos primos- sonrió coqueta-. Pensé que usted lo sabría…- dijo de forma insinuante acercándose levemente hacia él.
- ¿Por qué tendría que saberlo yo?- le preguntó igual o más seductor que ella.
- Como usted es el jefe…- se encogió infantilmente de hombros-. No sé, pensé que conocería parte de la vida privada de sus aurores a cargo.
- Sólo me interesa la vida privada de unos pocos…
- ¿Y yo no me hayo incluida entre esas pocas personas?- una mano suave y cálida al tacto cubrió sus ojos. Ginevra sorprendida llevó sus dedos hacia allí y quitó las manos. Girándose sobre sí misma se encontró con Astoria la cual sonreía cálidamente, sus mejillas estaban encendidas, así como su cabello revuelto.
- Pensé que ya no iban a venir ¡Estás hermosa!- dijo con la voz entrecortada. Se llevó una mano al pecho respirando profundamente- ¡Por Merlín! ¡Como baila Parker! Me ha dejado agotadísima- comenzó a buscar con su vista a su alrededor.
- Si buscas a Draco está por allí- señaló con su cabeza hacia un grupo de chicas las cuales sonreían animadas al rubio.
- ¿Y qué hace allí?- Astoria frunció su nariz en signo de desagrado.
- No me lo preguntes. Hoy ha tenido un humor de troll insoportable- suspiró-. Si quieres atenerte a su humor te lo regalo con moño y todo.
- Con que mal humor- sonrió guiñándole un ojo a Harry y Ginevra-. Ya sabré a que atenerme- la rubia se alejó de ellos caminando con avidez hacia donde se hallaba el chico, tal vez las cervezas de manteca de más y algún que otro vaso de whisky de fuego, pero fueron razón suficiente como para perder la compostura y arrojarse con los brazos abiertos hacia el chico, abrazándolo con cariño.
- ¡Draco!- canturreó con la voz cantarina, colgándose del cuello del chico.- ¡Que guapo que estás!
- Astoria, tú también estás muy guapa- le dijo cordial.
- No seas modesto- lo abrazó mirando sugestivamente a las chicas con las que él estaba, las cuales se fueron de allí muy ofendidas.
Ginevra reía con gracia de lo hecho por su amiga. Sin más había alejado a las tediosas brujas que andaban detrás de Draco con una facilidad impresionante.
- Parecen que se llevan bien esos dos- comentó Harry mirando divertido a su amiga Astoria.
- Así parece…- su mirada se posó por unos leves instantes en la espalda que extrañamente le resultaba familiar, sin despegar su mente de aquel lugar miró a Harry el cual le hablaba sobre algo. En ese momento, junto cuando le iba a preguntar de qué estaba hablando apareció Hermione riendo audiblemente del brazo de Ron. Este llevaba el cabello peinado hacia atrás, un simple pantalón de jeans y una camisa celeste.
- ¡Gin!- la saludó efusiva Hermione con un abrazo.
- ¡Que linda que estás!- Ginny la tomó de ambas manos y la hizo girar en el lugar- ¿Has entrenado los zapatos?- le susurró en el oído haciendo reír más a su amiga.
- Ni los nombres, que aún no se lo he dicho.
- ¿Cómo estás Ron?- saludó la pelirroja al chico.
- Muy bien ¿y tú?- respondió éste un poco retraído, todavía le resultaba muy difícil hablar con una persona tan similar a su hermana.
- Excelente ahora- miró a Hermione que miraba hacia todos lados-. Si buscas a Astoria, está con Draco allí- señaló una mesa en donde ambos charlaban animados.
- No, no es eso- dudó un momento-. Ven conmigo…- tiró de su mano y la llevó hacia un baño.
- ¿Qué sucede?- le preguntó sorprendida.
- No es que sea algo grave, es que acabo de ver a mi ex, que también está en la fiesta- sonrió con complicidad.
- ¿Y?- preguntó con la voz fría, fallando al intentar disimular el rencor en su voz ¿Acaso engañará a mi hermano? Se preguntó.
- Es solo que no quiero que me vea, me vendrá a hablar y a Ron no le caerá nada bien.
- ¿Quieres que yo lo entretenga?- le preguntó ya más tranquila, no era lo que ella pensaba.
- ¿Estás segura?- la pelirroja asintió- ¡Te quiero tanto!- la abrazó.
- ¿Y cómo es?
- Es búlgaro, cuando lo veas tal vez te guste- salieron del baño, Hermione continuaba tirando de su mano-. Ves…- señaló a un grupo de chicos-. Allí está, es el más alto…
- No me digas que es Viktor Krum- la miró con los ojos abiertos, lo conocía perfectamente. Me he pasado años admirándolo en los pasillos de Durmstrang…
- ¿Lo conoces?
- ¡Cómo para no conocerlo!- exclamó sorprendida- ¿Estoy bien? ¿No se me ha corrido el maquillaje?- preguntó a su amiga mientras se tocaba el rostro.
- Estás perfecta…- sonrió-. Ponte seria que ahí me vio.
- ¡Hermione!- pronunció el muchacho claramente acentuando el gutural en la letra ere.
- ¡Viktor!- lo saludó sonriente recibiendo con poca gracia los dos besos en la mejilla que él le ofreció- ¿Cómo has estado tanto tiempo?
- Oh, muy bien, tú ya sabes, viajando de un lado a otro jugando Quidditch ¿Y tú? ¿Sigues de novia con el muchacho pelirrojo?
- Como siempre, yo con Ronald prácticamente me caso- rió alegre-. No te he presentado a mi amiga…- miró a la pelirroja.
- Señorita, pensé que no venía con Hermione- se inclinó levemente hacia ella tomándole la mano-. Viktor krum, un placer.
- El placer es mío señor Krum- sonrió coqueta-. Ginevra- el hombre besó sus dedos y le sonrió con seducción.
- Discúlpenme…- los interrumpió la castaña-. Los dejo solos por un momento que Ronald me está buscando…
- Ve tranquila amiga, yo me quedaré junto a la agradable compañía del señor Krum.
- Puedes llamarme Viktor.
- Y tú llámame Ginevra…- fue lo último que alcanzó a oír Hermione antes de llegar junto a su novio y a su mujer amigo.
- ¿Qué hacías hablando con Viktor?- le preguntó celoso Ron.
- ¿Me hablas a mi?- se hizo la desentendida mientras tomaba una copa de hidromiel de una de las tantas mesas.
- Hermione…
- Solamente le estaba presentando a Gin- miró hacia la pareja-. Ella se entusiasmó mucho al verlo y yo le comenté que lo conocía. Entonces se la presenté- se encogió de hombros- ¿Hice mal?
- No…- dudó-. Creo…
- ¿A quién miras Harry?- preguntó la castaña al verlo con la mirada perdida.
- A nadie- respondió cortante quitando la mirada de la mujer pelirroja.
- ¿Acaso…?- se llevó la mano a la boca- ¿No me digas que te gusta Ginevra?
- No digas bobadas, porque yo…
- ¿Entonces para que miras con tanta insistencia hacia aquel lado?- intimó.
- Solamente estoy viendo a las personas que asistieron- le reveló sin poder evitar que la ironía plagara su voz.
- No suenas muy seguro de tus palabras…- se ciñó a Ron-. A mi no me engañas ¿te gusta mi amiga?
- Ya cállate…
- No le sigas preguntando que lo harás poner colorado…- farfulló el pelirrojo riendo con sorna.
- ¿No me digas que tú lo sabías?- miró ofendida a su novio.
- ¿Qué cosa?
- Que a Harry le gusta Ginevra.
- Pero mi vida…- la abrazó con cariño besando dulcemente su frente-. Conoces a nuestro amigo Harry, el día que no le guste una mujer, exceptuando claro a mis cuñadas, tú y mi madre, será el fin del mundo.
- ¡Ey!- Harry le pegó en la nuca-. Ni que fuera tan insensible-. Hermione lo miró ceñuda mientras sonreía con burla-. Y no olvides a McGonagall y Sprout- completó sintiendo como un escalofrío le recorría la espalda ante la sola idea.
- ¿Decías?- le preguntó Hermione con inocencia abrazada a su novio.
- Bueno…- titubeó. La miró con los ojos entrecerrados y aparentó ofensa-. No tienes nada que decirme…
- Pero si yo no he dicho nada…- sonrió-. Tu amigo aquí presente fue el que lo hizo- hizo una fluorita con la mano señalando a Ron.
- ¡Yo no dije nada!
- Claro que lo has hecho.
- ¡Que no!- Harry suspiró negando con la cabeza, sonriendo metió las manos en los bolsillos de su pantalones y observó a la pelirroja. Ella hablaba animada con Viktor Krum. No podía negar que era una mujer linda, eso ya lo había aceptado. Para Harry toda mujer tenía su belleza, pero el caso de Ginevra era diferente. El color de su cabello era peculiar, parecido al de Ron, más bien parecido al de todos los hermanos Weasley, sin embargo cada uno tenía matices diferentes de coloración, en el caso de ella su rojo era intenso y brillante. Mechones más claros de pelo recorrían el largo dándole un matiz más suave. Ron tenía sus fundamentos al haberse confundido de persona, quizás, él mismo hubiese pensado que ella era la hermanita perdida de su mejor amigo, no obstante esa idea solo cruzó por su cabeza un instante siendo disipada por el conocimiento de los papeles que se hallaban en los archivos de ella, era sumamente imposible que la chica fuera otra persona. Estirando las piernas miró hacia otro lado, Draco estaba hablando con una animada Astoria, el chico parecía ultrajado y algo cansado, frunció el ceño, a pesar de saber que en realidad era el primo de Ginevra, ese hombre seguía sin caerle bien. Su vista se volvió hacia la pelirroja que en ese momento lo estaba mirando. Sus ojos encendidos lo observaban desde la lejanía y regalándole una radiante sonrisa se volvió hacia Krum con una gracia innata. Harry movió la cabeza intentando despejar las ideas y se dispuso a tomar algo, una buena cerveza de manteca lo ayudaría a acomodar sus pensamientos.
Ginevra escuchaba con desgano el monólogo de Viktor. Gran fraude había resultado ser el tipo, todo un narcisista que solamente hablaba sobre si mismo y sobre sus hazañas en el Quidditch. Resignada observó sus manos sosteniendo la cerveza de manteca, miró el reflejo de su cabello y volvió a suspirar, maldecía el momento en donde Hermione la había incitado en hablar con el búlgaro. Forzando una sonrisa observó al hombre con el que hablaba, o mejor dicho observó al hombre que hablaba, ella solamente respondía con cortantes monosílabos sin la posibilidad de extenderse más. De repente un escalofrío recorrió su espalda, con la piel erizada por la sensación miró hacia ambos lados, siempre que a ella le sucedía eso presentía que alguien la observaba. Su vista se fijó en el muchacho de cabello indomable que en aquellos momentos miraba hacia otro lado, tal vez… pensó para si misma. Al encontrarse con la mirada de Harry intuitivamente le sonrió, produciendo una extraña mueca en el chico, él desvió la vista al parecer apenado y se dirigió hacia una de las tantas mesas.
-… y entonces el buscador francés vino volando y me envistió con furia- gesticulaba Krum moviendo exageradamente sus brazos.
- Que bárbaro…- musitó Ginevra con cara de hastío.
- ¿Estás segura de que no nos conocemos de algún otro lugar? Sé que me has dicho que no, pero te veo un rostro familiar.
- Te estás confundiendo, yo estudié en mi hogar. Además jamás he vivido en Irlanda.
- Siempre que te veo me haces recordar a alguien- el hombre le quitó importancia al tema con una mueca y continuó hablando-. Como te decía, entonces el árbitro cobró falta hacia el otro buscador y yo…
- Viktor…- lo interrumpió suavemente con una sonrisa- ¿Me esperas un momento? Iré a buscar algo para tomar y vuelvo.
- Ve tranquila Ginevra, yo te esperaré aquí- el hombre se dio vuelta y continuó hablando con otra persona igual de grandota que él.
La pelirroja bufó resignada y comenzó a buscar a Harry con la mirada, era un buen momento para comenzar con el plan. Esquivando personas y saludando a unos cuantos llegó hacia el playón simulación en donde aún más personas se agrupaban bailando una estridente música que perforaba sus oídos. Las luces de colores, simuladas a su entender, iluminaban todo a su paso dando el especto de una disco muggle al lugar. Continuó mirando hacia todos lados, pero no podía dar con el muchacho. Resignada por el momento se apoyó contra la fría pared junto a una enorme mesada repleta de comida. Con recelo tomó una lata de cerveza abierta y sonrió al encontrarla llena. Sin pensarlo dos veces se la llevó a los labios disfrutando de la agradable sensación del dulzor recorrer toda su garganta. Con la vista perdida observó a la gente bailar, las parejas disfrutar de la compañía del otro en un lugar así, sin importar que medio ministerio los estuviese viendo. Sonrió con melancolía, a ella le encantaría estar de esa forma en ese lugar. Un fuerte agarre en su brazo la tomó por sorpresa, ella con los ojos entornados y sumamente abiertos miró a su lado, a aquello que estaba tirando con fuerza de su mano. Avery se hallaba a su lado sonriéndole con petulancia como siempre lo hacía. Algo en el estómago de Ginevra se revolvió, ese chico nunca le había caído bien, de alguna manera tenía un mínimo contacto al formar parte de los mortífagos, pero tanto ella como Draco le tenían recelo.
-¡Ginevra!- la saludó el castaño tomando sus suaves manos entre sus huesudos dedos y la besó con sus húmedos labios. La pelirroja le sonrió mordazmente y con desprecio limpió el frente de su mano en una servilleta de papel que había sobre la mesa.
- ¿Cómo has estado?- inquirió intentado sonar indiferente.
- ¡Oh muy bien! Me he puesto muy feliz cuando ella me lo dijo, no te pudo ver, como bien sabes aquí en el ministerio me tratan peor que a un elfo doméstico.
- ¿A sí? ¿Por qué será?- se hizo la tonta mirando hacia ambos lados.
- Me dijo que tenía que hablar unas cosas contigo- le susurró en el oído, el aliento a alcohol que desprendía llegó a las fosas nasales de Ginevra revolviendo aún más su ya intrincado estómago.
- Espera…- lo detuvo en seco-. Aquí no…- farfulló.
- ¿Dónde…?
- Ve hacia la sala de conferencias, en un momento estaré allí. Entra detrás mío.
- Bien…- le respondió alejándose de ella. Ginevra se acomodó la blusa sobre sus pechos, entre tanto brío se le había desacomodado.
Harry entró al enrome playón abarrotado de personas, con desasosiego observó como Cho se acercaba a él, como un gato acechando a su presa. Al tenerla a su lado le dio una nimia excusa y se alejó de ella evitando su contacto. La mujer había tomado un poco de más y estaba tediosa de cariño. Por el rabillo del ojo observó como la pelirroja que atormentaba su noche se alejaba con decisión del lugar, mirando hacia ambos lados como si quisiera ocultarse de algo. Con curiosidad la siguió con la mirada hasta que se perdió en el pasillo del cuartel. Sin pensarlo dos veces se coló entre la gente y se dispuso a ir detrás de ella, al menos sabría que le estaba pasando, actuaba de una forma extraña.
La espalda de la chica era larga y estrecha, y aún se hacía más pequeña en su cintura la cual tenía adherida la voluminosa blusa con un largo lazo de raso. Sus caderas se expandían levemente, el pantalón oscuro la hacía parecer más estilizada, al igual que los zapatos de bajo taco. Su cabello oscilaba en su espalda siguiendo el movimiento de sus pies. La joven se detuvo en la sala de conferencias y con premura abrió la puerta del lugar adentrándose con sigilo.
Sorprendido caminó hacia ese lugar, tal vez ella se sintiera mal y deseaba poder ayudarla de alguna manera, consiguiendo de esa forma una excusa para acercarse a ella. Sin embargo se detuvo a medio camino al ver a un hombre un poco más alto que él dirigirse hacia ese lugar, mirando hacia ambos lados entró a la habitación cerrando la puerta tras de si. Ceñudo Harry reconoció al joven como Avery, siempre sospechó que su padre era un mortífago y que él estaba vinculado con ellos, sin embargo nunca consiguieron las pruebas suficientes. Sin pensarlo dos veces se encaminó hacia el lugar, para que de alguna forma sus dudas fueran resueltas.
- ¿Alguien te ha visto?- le preguntó la pelirroja al recién entrado.
- Absolutamente nadie- sonrió mirándola con lujuria-. Estás bonita.
- No vinimos a hablar de cómo estoy o no estoy- replicó en un susurro- ¿Qué te dijo Bella?
- Me pidió que te proporcionara de toda la información que necesitases, ya sé que es un poco densa pero le dije que sí. Tampoco quiero agobiarte con los informes…
- Está bien…- lo detuvo.- Yo cuando tenga algo te lo voy a pasar.
- Eso es lo que quería oír- se inclinó en la larga mesa apoyando su cadera en ella- ¿Y tú cómo estás? ¿Cómo lo llevas?
- Es complicado…- se acomodó el cabello sobre un hombro.- No es fácil fingir ser alguien que no eres con tantas personas conocidas.
- Te vi hablando con Potter.
- Es parte de mi plan- respondió cortante.
Harry estaba detrás de la puerta, podía ver las suaves figuras que al parecer hablaban entre ellas, un débil murmullo se dejaba oír, sin embargo la música estaba lo suficientemente alta como para no entender lo que ellos murmuraban. Acercándose más a la puerta, pegando su oreja en ella pudo sentir las voces más fuertes. Es parte de mi plan… ¿Qué significaba eso?
Ginevra de repente tuvo un impulsivo presentimiento, miró la puerta con alarma y luego miró a su acompañante.
- ¿Qué sucede?- le preguntó este ante la cara de alarma de la chica.
- No preguntes, sólo bésame- vaciló-. Aparenta descontrol por favor- le pidió acercándose a él.
- Pero…
- Hazlo- ordenó aproximándose. Avery no se hizo rogar y la tomó en sus fuertes brazos y la besó con precipitación, siempre había ansiado probar esos labios, Draco Malfoy nunca lo había dejado acercarse a menos de un metro de ella, y ahora la tenía así, sonrió para si, cuando Malfoy se entere…
Ginevra sintió todo su cabello erizarse ante el asqueroso contacto, los labios mojados le humedecieron su boca, y con la más absoluta repugnancia se dejó hacer. Lo tomó por los brazos, en una clara posición de defensa, dejando el cuadro perfecto ante la entrada de quien sea que estuviese detrás de la puerta. Cuando oyó el chirrido de la madera correr hizo más fuerza para alejarlo, sus dedos se tensaron sobre los músculos del chico mientras su cerebro pedía el alejamiento inmediato de él. El simple contacto la ponía nerviosa.
Harry no soportó más y abrió la puerta, decidió que lo haría al descuido, fingiendo que era una interrupción sin intenciones. Pero lo cierto es que se moría de ganas de saber lo que estaban haciendo ellos dos allí dentro, no poder verlos le corroía las entrañas de expectación. La puerta se corrió a un lado y lo que vio le congeló la sangre. El joven estaba abalanzado sobre ella besándola con desenfreno, las manos de la pelirroja lo sostenían por los hombros en una posición de claro rechazo. Un monstruo rugió en su interior ante semejante escena y quiso moler a golpes a Avery allí mismo.
Sé que soy la peor persona del muendo, que jamás contensto los reviews y menos aún los mails o los mensajes de texto que me mandan ciertas personas (ya sabés que sos vos unicornio) Pero primero, no había hecho tiempo, segundo no tenía crédito, y tercero, no tengo tiempo nuevamente. Dentro de una semana rindo un parcial, la semana pasada he rendido dos, y dentro de otras dos semanas más rindo un final, y dependiendo del próximo parcial tendré otro parcial encima o no.
Este capítulo lo tengo preparado hace muchísimo tiempo, pero por cuestiones de tiempo no lo he publicado, pero esta tarde lo he corregido, y creo que ya era hora de que actualizara algo.
Muchos besos a Ginevre, que me ha llegado tu mail y las hermosas fotos de tu casamiento, me he reído muchísimo con la de las espadas, pero no he podico contestarte, al igual que tú ando de un lado para otro sin tiempo, pero apenas me sienta tranquila en medio de tanto estudio pasaré a contestarte, al igual que el hermoso review que me has dejado en el one shot.
Joanne, creo que ya te dije, y no te creas que me olvidé que ayer fue 20 de junio, no te das una idea de las ganas que tenía de estar con vos, espero que la hayas pasado bien y que no te hayas amargado la noche pensando en personas indeseables, sabes bien a lo que me refiero. Te quiero muchísimo.
Karla, hace como mil años que no hablamos y extraño mucho tus palabras, esto es para tí y espero que te guste, siempre que pienso en esta historia me acuerdo de tí, te quiero.
Y ahora sí, los dejo para seguir con lo mío, saben que los reviews me harán muy feliz, más en estos momentos de tantos nervios y llanto en donde todo me pone nerviosa. Pero si todo sale bien, me tendrán un mes seguido senatada frente a la PC escribiendo sin parar, así que espero sus animos.
Besos, Jor.
