Las cosas que duelen

- ¡¿Qué haces?!- exclamó Ginevra alejándolo de si a la vez que le daba vuelta la cara de un bofetón.

- Pero yo…- Avery la miró confundido, pero enseguida percató la mirada de la chica en un sitio detrás de él. Con un escalofrío recorriéndole la nuca se volteó en el lugar para quedar frente a frente a Harry Potter.

- ¿Qué sucede aquí?- preguntó el moreno parco, analizando con la mirada a Avery.

- Yo…

- El muy idiota…- Ginevra se limpió los labios con sus manos-. El estúpido me ha besado sin mi consentimiento- lo miró con furia.

- Es que era una apuesta…- el hombre se encogió de hombros con fingida inocencia, haciendo un alarde silencioso de su rápida improvisación-. Y al parecer la he cumplido- le sonrió con arrogancia.

- No me interesan tus excusas, no te quiero volver a cruzar en mi vida- lo miró con enojo a lo que el joven se marchó a risa limpia, Ginevra se quedó parada frente a Harry sin decir nada, se había salvado por muy poco.

- ¿Estás bien?- luego de unos minutos de silencio preguntó Harry.

- No te preocupes- se acomodó compulsiva el pelo-. Ya pasó.

- ¿Pero cómo pasó?

- Yo no me sentía bien…- se excusó-. Por eso vine aquí, así estaba un poco más tranquila en el silencio de la habitación- lo miró a los ojos-. De repente entró y comenzó a hablarme y luego me besó- hizo una mueca extraña.

- Debes hablarlo con sus superiores…

- No hace falta- lo interrumpió sonriéndole-. Sé que no volverá a pasar- suspiró titubeante, cosa que Harry interpretó por nerviosismo, cosa que así era pero por nada de lo que él imaginase- ¿Y usted que hace aquí?

- Lo vi entrar en la sala y me resultó sospechoso- la observó con cautela-. ¡Y vaya la sorpresa que me llevé ante semejante escena!

- Lo siento…

- No lo lamentes, no fue tu culpa- la miró-. ¿Lo conoces?

- No tengo la menor idea de quien es, no sé ni como se llama.

- Es Avery- la miró preocupado-. ¿Te sientes bien?

- Eso creo…- vaciló masajeándose las sienes con las yemas de sus dedos-. Se me parte la cabeza.

- ¿Has tomado mucho?

- Solamente unas cervezas de manteca- respondió sentándose en una silla.

- ¿Quieres que busque algo para que tomes?

- No se preocupe- se levantó-. Ya se me pasará…- se acercó hacia la puerta con paso lento.

- Con todo el bullicio que hay allí afuera dudo que se te pase rápido- expuso siguiéndola-. En mi despacho tengo un polvo para los malestares. Ven conmigo que te lo administro.

- No se moleste- le pidió.- En serio ya se me pasará.

- Sería injusto que no disfrutases de la fiesta como es debido- cerró la puerta de la sala y comenzó a caminar hacia su oficina. Ginevra lo siguió en silencio, el tremendo sonido proveniente de todas las direcciones podría ser un verdadero causante de una terrible jaqueca-. Pasa - le pidió al llegar al despacho. La pelirroja entró antes que él y se sentó con cuidado en una de las cómodas sillas frente al escritorio. Harry presuroso buscó en varios cajones hasta dar con un pequeño sobre blanco, con cuidado volcó su contenido en un vaso de vidrio y posteriormente invocó agua, y con prontitud se lo tendió a la mujer la cual lo bebió al instante.

- ¡Tiene un sabor horrible!- se quejó ella mientras fruncía su rostro en una equívoca mueca de desagrado.

- Toda medicina sabe feo- Harry rió con ganas.

- No sabía que existía un polvo para los dolores de cabeza…

- Yo tampoco- sonrió al recordar viejos sucesos, el por qué de ese polvo milagroso como solían llamarle con Ron y los gemelos. Al recordar esos momentos no podía evitar que su mente viajase por lugares muy lejanos.

- El que solo se ríe, de sus travesuras se acuerda…- Harry la miró con los ojos brillantes sabiendo exactamente el por qué de su sonrisa.

- Un día con Ron y sus hermanos (son seis hermanos hombres en total)- aclaró sin saber por qué le contaba aquello-, nos emborrachamos con whisky de fuego- rió-. Su madre al ver a todos sus hijos en tan mal estado nos preparó este menjunje- se encogió de hombros-. Es muy efectivo- explicó apoyando su espalda contra la biblioteca que se hallaba a un costado.

- Ah…- asintió sin que se le pasara por alto que Harry se había incluido en los hijos de su madre-. Las madres siempre tienen el remedio exacto para aquello que nos aflige.

- La señora Weasley siempre ha sido como una madre para mi- sus ojos se ensombrecieron-. La madre que nunca pude disfrutar- Ginevra lo miró y sintió un punzante dolor en el pecho al conocer la causa del desasosiego del chico.

- La madre de Ronald debe ser una gran mujer…

- Una de las mejores, siempre que la veo, no puedo evitar ver a mi madre en ella, se hubiesen llevado tan bien…- sonrió con ternura observando un pequeño cuadro sobre una de las bibliotecas, Ginevra miró hacia aquel lado y observó la imagen que devolvía la foto. Una mujer de cabello encendido como ella sonreía a la cámara a la vez que un hombre de cabello oscuro y anteojos redondos la rodaba con sus brazos y besaba con cariño una de sus mejillas.

- Es muy parecido a su padre- dijo con los labios curvos en una impasible sonrisa.

- Siempre me han dicho eso, soy parecido a mi padre y llevo los ojos de mi madre- la miró con el rostro resplandeciente-. Ellos debieron ser muy felices…

- Eso aparentan- murmuró ella volviendo su vista al chico, notando como este la observaba con intensidad-. Muchas gracias…

- ¿Eh?

- Gracias por la poción, me siento mejor- señaló con su mano el vaso de donde había tomado el blancuzco líquido.

- Ah…- musitó comprendiendo-. No tienes que agradecerme- bajó la vista volviendo a subirla al instante-. ¿Cómo te sientes en el escuadrón?

- Estoy cómoda. Todos son muy amables y están predispuestos para trabajar- dijo sintiendo que su respuesta no era más que la pura verdad.

- Me alegro que estés a gusto. Es importante que convivamos en un buen ámbito laboral. Igualmente creo que no es momento para hablar de trabajo- le dijo con jovialidad.

- Usted pareciera no estar muy a gusto en esta fiesta…- acotó notando la intensidad en la mirada del chico.

- Personalmente estas cosas mucho no me gustan. Y por favor no me trates de usted, prefiero que me llames Harry.

- Como usted…- sonrió con inocencia-. Como prefieras, aunque te confieso que me costará adaptarme- el le devolvió la sonrisa.

- No me gusta que todo el ministerio esté implicado- ella asintió-, pero no voy a negar que me gusta divertirme.

- Es lógico.

- Pero prefiero hacerlo con las personas a las que conozco, hay muchos que realmente no sé que hacen aquí. ¿Te sientes mejor?- indagó al verla con mejor semblante.

- Si, muchas gracias Harry- se levantó del asiento-. Creo que es hora de que vuelva a la fiesta, si se dan cuenta que los dos faltamos no me cabe la menor duda que será un tema recurrente en los cotilleos de la semana entrante.

- No imaginé que con tan pocos días ya sabrías como se maneja el tema de los chismes en este lugar- dijo con gracia levantándose también.

- No te sorprendas, en todos lados es igual- Harry con caballerosidad le abrió la puerta del despacho y la dejó pasar delante.

- Igualmente es algo fastidioso…- se quedó en silencio al encontrarse con Cho parada frente a ellos mirando con un fastidio mal disimulado a la pelirroja- Hola Cho…

- Hola Harry, te estaba buscando e imaginé que estarías en tu oficina- volvió su vista hacia él y le ofreció una mueca reluciente.

- Solamente estaba ayudando a Ginevra que se sentía mal…

- Pero yo la veo en excelente estado- lo interrumpió enviando una gélida mirada a ella.

- Lo que sucede…- tornó su voz melosa-, es que Harry ha sido muy amable y me ha dado una poción de beber- lo miró y le sonrió con seducción-. Muchas gracias Harry.

- No es nada- incómodo por la presencia de la oriental la miró con exasperación-. ¿Qué necesitabas Cho?

- Solamente necesitaba hablar con alguien, me sentía un tanto sola- se encogió de hombros, Ginevra resopló.

- Hay muchas personas que quienes hablar Cho…- dijo la pelirroja-. Hay unos jugadores de Quiditch que se ven muy guapos.

- Sí que los he visto, también te he visto a ti hablando muy amigable con Viktor Krum- sonrió con malicia.

- La verdad que es un tipo bastante pesado, Hermione me lo presentó, y no podía irme sin hablar de algo ínfimo, no me gusta sentirme desubicada- observó su rostro con desagrado-. Creo que me comprendes- acotó con una sonrisa irónica.

- Oh claro que sí- Harry miraba alternativamente a ambas mujeres entendiendo poco y nada las sutiles indirectas que se enviaban.

- Creo que es hora de dejarlos y que hablen tranquilos- dijo entonces Ginevra mirando a Harry- Muchas gracias por todo lo que has hecho por mi- y con su serpentino caminar atravesó el pasillo, Harry se quedó mirando su figura sin percatarse de lo que hablaba Cho.

-… pero la tendrías que haber visto, su vestido se manchó con café y fue horrible…

- Me esperas un momento Cho…- le pidió Harry yendo hacia el mismo lugar por donde la pelirroja se había perdido. La oriental le sonrió falsamente y refunfuñando por lo bajo caminó hacia el playón en donde la música era más intensa.

o0o0o

Ginevra caminaba en silencio, por poco y Harry los descubría, y sabía que hubiese sido el final del plan, no quería ni pensar que diría Bella si se enteraba de este incidente. Circuló junto a una pareja muy acaramelada los cuales se iban riendo como tontos mientras se acariciaban de una forma indecorosa. Con fastidio buscó a Draco y lo encontró hablando con un empleado del Departamento de Regulación, resoplando se los imaginó hablando de política mágica y volvió a desviar la vista. En una mesa a su lado había una botella a medio llenar de hidromiel, buscando entre las copas encontró un vaso limpio, lo llenó con cuidado y se dirigió hacia un cómodo sofá que en ese momento, ¡Por obra de Merlín! Estaba vacío. Se dejó caer sobre el mullido mueble y echó la cabeza hacia atrás. Las cosas que le había dicho Harry de su familia la hicieron sonreír, su madre siempre protegiéndolos. Imaginó como tantas veces lo había hecho antes ella misma siendo mimada por Molly Weasley, y con los ojos llorosos decidió vaciar su vaso de un solo trago, recordar a su familia la hacía sentir triste.

- El alcohol ahoga las penas…- dijo una voz a su lado, la pelirroja giró con brusquedad su cabeza y se encontró con un chico moreno, a primera vista le pareció atractivo y le sonrió con uno de los gestos más gráciles de su repertorio.

- El alcohol ahoga todos los sentimientos…- miró su vaso vacío y suspiró, si quería tomar más hidromiel debería levantarse a tomar la botella.

- Pero muchas veces nos hace ver las cosas diferentes de como son en realidad- murmuró dándole un largo sorbo a su cerveza de manteca.

- Es cierto…- suspiró y a regañadientes estiró el brazo para tomar la botella de hidromiel, con felicidad se sirvió nuevamente dejando el envase casi vacío a su lado.

- Tu novio parece divertido…- acotó señalando con su vaso al rubio de su amigo.

- ¿Por qué todos piensan que es mi novio?- espetó con fastidio-. Draco es mi primo, mi primo…- recalcó levantando apenas la voz.

- No sabía eso, los rumores que corren en el escuadrón entonces son equivocados- le sonrió con una brillante sonrisa-. Eres muy bonita.

- Gracias… Tú también lo eres- tomó más despacio esta vez su bebida volviendo a girarse hacia el chico-. Dean, ¿no?

- El mismo, y tú eres Ginevra.

- Parece que me he vuelto famosa en estos últimos días…- dijo riendo.

- ¿Por qué lo dices?

- No sé…- se encogió de hombros sintiendo como sus pensamientos ya se hallaban medios nublados-. Al parecer el alcohol ya me está haciendo efecto- Dean también rió.

- Entonces no debes tomar más…- con delicadeza le quitó el vaso de la mano y lo dejó en el suelo.

- ¡Oye!- se quejó ella con sorpresa-. Es mi bebida.

- Pero te hará mal- explicó él-. Te puedo enseñar algo mejor- le tendió mano a la vez que una movida música sonaba alrededor.

- ¡Es el último tema de las Brujas de Macbeth!- gritó Ginevra con euforia, se puso de pie en un salto y se acercó a Dean.

- ¿Quieres bailarlo conmigo?- la pelirroja asintió y tomándolo de las manos se dirigieron hacia donde otras parejas bailaban.

La música era pegadiza, los acordes a su vez eran melodiosos y la letra como siempre completamente enloquecedora, Un troll resfriado y un duende alto era el nombre de la canción. Hermione y Ron bailaban a su lado, la castaña le guiñó un ojo a lo que Ginevra rió divertida, Dean la hacía girar una y otra vez en el lugar, sus brazos eran firmes y su andar muy bueno.

Harry llegó a aquel lugar aliviado de haberse librado de Cho, no tenía ganas de soportarla con unas cuantas copas de más, se ponía efusivamente cariñosa. Su vista sondeó con rapidez el lugar, buscaba alguien con quien hablar sabiendo en realidad que su vista esperaba encontrarse con una joven de cabello encendido. Al ver a Ginevra y a Dean bailando juntos pudo sentir como un efecto ácido se adueñaba de su estómago, no era algo muy importante, pero le molestaba. Con el ceño fruncido rodeó el lugar hasta encontrarse con Astoria que bebía tranquila cerveza de manteca.

- ¿Buscas a alguien?- preguntó la rubia al verlo mirar insistentemente hacia el lugar en donde las parejas danzaban.

- ¿Eh?- las palabras de ella llegaron a sus oídos pero no logró entenderlas.

- ¿Si buscas a alguien?- sonrió con picardía y continuó tomando su cerveza.

- En absoluto…- volvió su mirada hacia ella y tomó una lata de la misma bebida.

- Mmm…- Astoria desvió su vista, sabiendo en realidad a quien buscaba su amigo-. Parece que se están divirtiendo.

- ¿Quiénes?

- Ellos- señaló con su cabeza (en un gracioso gesto) hacia Ron y Hermione.

- Eso parece… ¿Y tú por qué no estás ahí?

- No tengo pareja con quien bailar…- Harry frunció el seño y la miró con burla-. Vale, no está disponible la persona con la que quiero bailar…

- ¿Y cuál es el candidato?

- No te interesa- le sacó la lengua y dejando su cerveza y la de Harry en la mesa, tomó de las manos al chico y tiró de él hacia donde los demás bailaban.

- ¿Pero que…?- Harry solamente se dejó guiar, sabía que era en vano luchar contra la rubia.

- Bailemos, divirtámonos Harry- abrazó su cuello colgándose de él, Harry la tomó por la cintura para no perder el equilibrio-. Tal vez logre hacer que Dean baile conmigo…

- No entiendo…- pronunció Harry conociendo perfectamente las intenciones de su amiga.

- Tendrás el camino libre cielo…- besó con fraternal cariño su mejilla y comenzó a bailar con él, Harry rió y agradeció en silencio la posibilidad que le regalaba su amiga.

Ginevra no se percató de la presencia del chico, estaba divirtiéndose con mucho gusto junto a Dean, el joven mago además de ser divertido era muy bromista, sin dejar de lado la manera espectacular que bailaba. Y al igual que ella le encantaba la canción que estaba sonando en ese momento, y sabía perfectamente hacer ese extravagante paso que el vocalista líder, Myron (como lo llamaban sus seguidras), solía hacer en los recitales mágicos que brindaba la banda.

- ¡Te sale fantástico!- gritó la pelirroja con entusiasmo, riéndose a carcajadas de ese movimiento de pies.

- Te cuento un secreto…- le susurró el chico al oído cuando la volvió a tomar por la cintura-. Lo he practicado por mucho tiempo en mi casa hasta que lo perfeccioné.

- ¿En serio?- preguntó Ginny sosteniéndose de la camisa del chico para no caerse por culpa de reciente pérdida de equilibrio-. ¡Es genial!- se echó hacia atrás siendo agarrada firmemente por el joven, lo abrazó divertida a la vez que decía cerca de su oído:- Quiero que me enseñes a hacerlo…- pidió, Dean asintió y separándola de si, tomándola de la mano a su vez; comenzó a hacerla girar de nuevo, Ginevra se sentía plena, hacía mucho que no se divertía así.

Hermione y Ron se besaban con dulzura a la vez que abrazados se movían al compás de la música mientras que Astoria y Harry bailaban, o por lo menos Harry hacía el intento mientras la rubia se quejaba continuamente de los fuertes pisotones que él le daba.

- ¡Dean!- llamó Astoria al chico, el joven giró la cabeza hacia ella y sonrió-. Quiero bailar contigo, mis pies no soportan más esta tortura- con complicidad le guiñó un ojo a Ginevra la cual comprendió perfectamente a lo que se refería.

- ¿No te molesta?- le preguntó el moreno a Ginny mientras le soltaba la cintura.

- ¡No te preocupes Dean! Ya tendremos oportunidad de volver a bailar, y de que me enseñes- caminó hacia Harry el cual internamente saltaba de felicidad.

- Mira que el baile no es lo mío…- aclaró el chico mientras tomaba su cintura, sorprendiéndose por la angostura de esta.

- No te preocupes, creo que peor que mi primo no podrías hacerlo- miró a Draco el cual continuaba hablando con un compañero- ¡Que aburrido!- Harry miró hacia el mismo lugar y compartió su risa.

- A mi me obligó Astoria- dijo en un leve susurro acercándose a ella, la canción había terminado y Ginevra lo escuchó perfectamente puesto que la siguiente canción recién estaba comenzando.

- A Draco le haría falta un poco de su ánimo- comentó desviando su mirada hacia la bruja que bailaba con Dean.

- No dudo en que se lo haga saber- dijo Harry comenzando a moverse lentamente, la canción que había en esos momentos era mucho más lenta que la anterior.

- Tan mal no bailas Harry…- mustió la pelirroja cerrando los ojos, Harry la sostenía aún por la cintura pero no se animaba a acercarse más.

- Sólo espera a que te pise…- Ginevra rió con su voz cantarina y abrió los ojos mirándolo intensamente, pero en ese momento un fuerte estruendo los atrapó. Harry intuitivamente arrojó a la pelirroja al suelo cubriéndola con su cuerpo, luego de ese primero momento, sólo oía a los demás toser mientras buscaba a Ron y Hermione los cuales vio en el suelo tratando volver a la realidad. Astoria ayudaba con su mano a Dean y luego todo era humo, solamente podía observar a los que estaban más cerca. Ginevra estaba debajo suyo, ella tenía los ojos cerrados y el rostro cubierto con sus manos, el cabello opaco por el polvillo y su rostro blanco.

- ¿Q… qué pasó?- preguntó ella tratando de levantarse, Harry se movió hacia un lado sacando la varita de su pantalón.

- No sé…- pero unas risas le dieron a entender que no era nada grave.

- Fueron Parker y Miller…- murmuró Hermione acercándose a ellos, el humo ya dejaba ver a las demás personas alrededor riendo divertidas-. Los vi cuando jugaban con un detonador trampa de los hermanos de Ron, y se les cayó…- tosió-. ¡Demonios! No podían jugar con otra cosa.

- Ya Hermione, tranquila- la calmó Ron acariciándola.

- ¿Estás bien?- le preguntó divertido Harry a Ginevra tendiéndole la mano.

- Sólo un poco aturdida- rió-. Al final no podrás pisarme- se encogió de hombros con una mirada divertida.

- Ya habrá oportunidad- la habitación ya estaba despejada y Parker y Miller tenían la ropa completamente chamuscada y el rostro manchado de hollín, mientras que a su alrededor una decena de magos y brujas se reían sin reparo.

Ginevra volvió a servirse cerveza de manteca mientras probaba un pastel que alguno de sus compañeros había traído, miraba a las personas reír mientras Harry y Hermione intentaban arreglar el desastre que había sido causado anteriormente, Draco se sentó a su lado estirando las piernas golpeándola sin querer con una de ellas.

- Ten más cuidado- le dijo ella en broma.

- Menudo susto me hicieron llevar estos idiotas- chasqueó la lengua-. Lo primero que se me vino a la cabeza fue a la estúpida de mi tía con todos sus amigos maniáticos- la pelirroja se carcajeó negando con la cabeza.

- Ella no vendría así de la nada Draco- le explicó bebiendo de su vaso.

- Últimamente me puedo esperar cualquier cosa de ella- suspiró-. Al menos la fiesta está divertida.

- Una de las mejores en las que hemos estado…

-Avery se ha acercado a hablar…- le susurró cubriendo su rostro con su vaso de hidromiel.

- A mi también, luego te cuento lo que pasó- respondió ella.

- Bien…- suspiró volviendo a tomar de su vaso.

La mirada de la pelirroja se posó nuevamente en Hermione y en Harry, en como ella lo tomaba del brazo y le sonreía con generosidad, en como se les unía Ron y se sumaba a la diversión abrazando a su novia siendo plenamente conciente del cariño que ella sentía hacia su amigo. Ginevra siempre supo de la amistad que había entre ellos, muchas veces en el transcurso de la guerra alguna que otra edición vieja de El profeta había llegado a sus manos y había visto aquella recompensa por las cabeza de su actual jefe y la castaña, sabía que su hermano estaba enfermo de alguna extraña enfermedad y en esos momentos lo agradecía completamente, al menos no correría riesgo alguno su vida en el campo de batalla. Ahora sus ojos solamente se posaban en Harry en su perfil, en como el puente de su nariz se unía con una mediana frente cubierta de mechones de cabello oscuro, en como sus labios finos se movían al son de sus palabras y como se curvaban en una sonrisa. Suspiró ovillando su cuerpo, apoyando sus brazos en las piernas, hacía solo un instante él la había protegido como un simple reflejo. Entendía que para él era algo usual y nada fuera de lo normal, pero el sentirlo de esa forma, como tantas veces la había cuidado Draco, hizo que en su estómago naciera una pequeña molestia. En ese ínfimo instante en donde no fue consciente de la explosión ni del humo, en donde solo el cuerpo irradiante de Harry sobre ella y el olor a su colonia ocuparon su mente nublando sus sentidos; era como si todo a su alrededor hubiese comenzado a girar en círculos sin entender nada de lo que pasaba, solo siendo reflexivo sobre aquella persona. No permitiendo que su cabeza comenzara a imaginar cosas extrañas volvió a desviar su vista, Astoria reía a su lado, estaba junto a Draco el cual también sonreía, pero ¿en qué momento había llegado allí? Ignorándolo, le sonrió devolviéndole el saludo y se levantó de aquel lugar dejándolos solos, al fin y al cabo sabía que su amigo estaba algo interesado en su nueva amiga.

o0o0o

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Así decía en uno de aquellos extraños libros muggles que su padre leía con tanto ahínco, esa frase fue siempre algo que perduró en su memoria hasta la actualidad, y Ginevra no se sentía confundida en decir que lo que vivía era la más plena de las felicidades. Ya pisando un mes de octubre medianamente comenzado, la pelirroja se hallaba como nunca antes lo había estado. El trabajo en el ministerio era por el momento aburrido pero se divertía en muchos instantes gracias a las continuas visitas de sus amigas, especialmente de Hermione, con la cual, tal vez simplemente por ser de alguna manera su cuñada, se sentía más unida. La chica resultó ser una persona de un corazón gigante que estaba constantemente al tanto de los problemas de su novio, al cual adoraba, y de Harry el cual consideraba su hermano mellizo. Draco también parecía atravesar algo diferente, por primera vez él mismo era el dueño de sus decisiones y gobernaba plenamente en su vida. Bellatrix solamente se comunicaba con ellos mediante lechuzas y desde el día de la fiesta no habían vuelto a saber de ella.

- … entonces Harry y Ron decidieron ir a buscarme a la casa de mis padres…- Hermione a su lado hablaba de una vieja pelea que habían tenido, Ginevra encontraba muy interesantes oír los momentos que había pasado junto a su hermano, con el cual Ginevra había desarrollado una linda relación, a su entender, pero que por idea de él no continuaba más allá.

- Lo que sucede es que le recuerdas mucho a su hermana- le había dicho Hermione una vez, y Ginevra se vio triste por eso.

En ese momento su trabajo estaba bastante avanzado, gracias al cielo y a Merlín había llegado al año mil novecientos setenta y nueve. En esa época las grandes carpetas habían ido incrementando su volumen, no le sorprendía encontrar tantas personas muertas por parte de los motífagos, ya que ella era plenamente consciente de los hechos de los cuales se los culpaba. Sin embargo el solo ver la cantidad de personas a las que habían asesinado, sumado al inmenso número de niños inocentes que habían muerto, produjo que muchas dudas se agolparan en sus cabeza. Entendía perfectamente el motivo por el que Tom mataba a esas personas, lo comprendía, al fin y al cabo se adhería a ello, por algo también se consideraba una mortífaga, pero de allí a matar a tantas personas inocentes, un abismo muy grande se había abierto en esos momentos, pero igualmente no la amedrentaba de continuar con su espionaje, siempre que encontraba algún dato interesante, ella misma se ocupaba de hacer una copia y luego en el departamento que compartía con Draco, lo organizaba en la ya inmensa carpeta que habían armado.

Sin embargo jamás imaginó que en una de esas carpetas iba a encontrar un archivo que hiciera que el dolor del cual hacía tanto tiempo se había despegado, volviera a sí arremetiendo contra ella sin siquiera la aplicación de una mísera anestesia muggle intravenosa.

Categoría 1979.

Prewett, Fabian y Gideon (hermanos)

En el día de la fecha del presente año dos cuerpos posteriormente reconocidos fueron hallados en el hogar que compartían en el pueblo de Ottery St. Catchpole. Ambos eran miembros activos de la Orden del Fénix, presuntamente mortífagos fueron los causantes de su esporádica muerte (más detalles en el Resultado del encantamiento Prior Incantato)

Ginevra sin darse cuenta sintió como sus mejillas se bañaban en lágrimas y que sus manos comenzaban a temblar, rápidamente las limpió con un pañuelo que había en su montículo y caminó con premura al baño intentando que el agua fresca mejore su estado. Fuera de eso, a pesar de lo poco que quedaba del día, supo que ya no podría continuar con el papeleo al menos hasta la próxima jornada. Excusándose mediante una terrible jaqueca se dirigió a su departamento sin esperar a Draco, y sin importarle nada más agrandó aquella carpeta que llevaba escondida entre los pliegues de su abrigo y comenzó a leerlos.

Cuando Draco llegó a la casa se encontró con un hecho que lo devastó, su adorada amiga se hallaba sobre uno de los sofás con el rostro abnegado en lágrimas y sobre sus piernas una carpeta abierta con las hojas arrugadas, la pequeña y garabatada caligrafía azul se había corrido por el llanto de la chica.

- ¿Qué sucede?- le preguntó él presuroso a abrazarla.

- Ellos… ellos eran mis tíos…- dijo y volvió a romper en llanto dejando que el chico la consolara. El mago solo asintió y cerró los ojos, sabía que aquello algún día pasaría, y lo que más temía se estaba volviendo realidad, aquel miedo del que tanto les había costado despegarse estaba volviendo a ella, y la inseguridad en esos momentos era el peor error que podían cometer.

Las palabras de aquel informe se grabaron a fuego en la memoria de ella, maleficios imperdonables, magia oscura y crueldad. De sólo pensar que ella pertenecía a aquellas personas que tanto habían torturado a sus tíos antes de morir. Pero a pesar de todo evitó esos pensamientos justificándose en que era otra época y aquellas personas ya están muertas o bien detrás de algún barrote de Azkaban, ni siquiera quiso imaginar al Tom que ella conoció detrás de todo aquello, no, eso es imposible, se dijo.

Como estaba acostumbrada, aquel suceso dio vueltas por su mente una y otra vez, pero ante todo intentaba no mostrarse mal frente a sus compañeros, lo que menos quería hacer en esos momentos era levantar algún tipo de sospecha. Como buen auror que era, esas cosas no debían afectarlas. Haciendo un nudo con todo lo que sentía decidió que lo mejor era olvidar ese pasado y continuar adelante, al fin y al cabo, a pesar de ser sangre de su sangre, esas personas ya estaban muertas. Por ello cada vez que se sentaba en su escritorio frente a ese viejo archivador, cerraba los ojos y rogaba a Merlín, Cirse y a todos los magos legendarios que le dieran fuerza para continuar, y que por favor, no se encontrará con nada más.

Aquella tarde de sábado como nunca el clima los sorprendió, con Draco saldrían a hacer unas cuantas compras, como no trabajan, aprovecharían para tomar un descanso, ese último mes había sido agotador. Draco había engordado, cosa que le venía bastante bien, porque a palabras de Ginevra, estaba demasiado delgado, el rubio la culpaba a ella y al maldito trabajo de esos incómodos kilos de más, pero lo cierto es que le sentaban muy bien. Ya no parecía aquel muchachito delgado y debilucho, que los vaqueros no le prendiesen no tenía nada de malo, bastaba con ir a comprar algunos nuevos, dicho sea de paso, de esa forma renovaban el guardarropa, que según la pelirroja, como era de esperarse, ya estaba muy anticuado.

Ginevra había conocido Londres muggle gracias a sus dos nuevas amigas, varias veces se había encontrado con Hermione para tomar el té, costumbre a la cual se había vuelto a acostumbrar después de tantos años, o bien con Astoria en los días de semana, la rubia acostumbraba en los días libres viajar hacia la casa de unos familiares lejanos. El centro comercial significaba todo un lujo para ella, siendo pequeña su familia jamás había dispuesto de mucho dinero, se había acostumbrado a utilizar ropa de segunda mano y usada, luego estando confinada en el colegio, se debía conformar con el horrendo uniforme que les daban, y después viviendo con los mortifagos Bellatrix se encargaba de los atuendos, al menos había una gran variedad y medianamente podía elegir. El sueldo que pagaba el ministerio era una buena suma, además había que agregar los cuantiosos galeones y libras que había transferido Bella a las bodegas de ambos.

Con las manos llenas de bolsas y el rostro enfadado de Draco caminaron hacia una de las tantas confiterías que rodeaban la zona a la cual concurría generalmente con Hermione, a pesar del simulado mal humor de su amigo, ella sabía perfectamente que aquello les había hecho bien. Mientras esperaban sus pedidos hablaban de cosas triviales, el trabajo, los compañeros, lo que debían o esperaban hacer la próxima semana, extrañamente ambos tuvieron la misma sensación, era tan paradójico hablar de esas cosas cuando en realidad estaban haciendo todo lo contrario, tal vez fuese el hecho de que sus destinos eran totalmente diferentes al del resto, o que las cosas que se fueron dando nadie más las había vivido, pero era agradable, y aunque ninguno lo hubiese dicho, se sentía bien y tal vez, muy en el fondo, deseaban vivir con esa simple tranquilidad.

- ¡Gin!- gritó una voz detrás de la mesa que ambos ocupaban, ambos giraron la cabeza hacia aquel lugar.

- Hermione…- la pelirroja sonrió, era agradable siempre hablar con ella. Ron caminaba detrás de la castaña con el mismo rostro de hastío que Draco.

- ¡Que coincidencia encontrarlos acá!- la chica dejó su enorme cartera sobre una de las sillas que rodeaba a las mesas en donde Ginevra y Draco estaban, y Ron a su lado suspiro y se sentó saludando con una inclinación de cabeza.

- ¡Hemos salido a reventar nuestro primer sueldo!- Hermione rió a la vez que le hacía señas a la camarero con su mano en alto.

- Esto es genial, espero que no les moleste compartir mesa con nosotros, con Ron también hemos venido a comprar unas cosas, y tú sabes como son los hombres Gin, así que podremos comprar tranquilas, Draco podrá compartir su mal humor con el de mi futuro marido- besó a Ron rápidamente evitando de esta forma que él replicara, el pelirrojo le sonrió embobado a la vez que sus orejas se ponían coloradas, Ginevra rió.

- Compramos mucha ropa, especialmente para él; no tiene paciencia para elegir un buen atuendo, así que yo me ocupo de eso- la pelirroja se encogió de hombros mientras chupaba con su sorbete el té frío.

- Con Ron hago lo mismo, al menos puedo respirar tranquila cuando Harry lo acompaña, ¡Él sí que tiene buen gusto!

- Ahora nos darán un soliloquio del último grito de la moda en algún desfile de Milán…- susurró Ron a Draco haciendo que este ría.

- O pero aún, tal vez quieran aparecerse en alguna avenida parisina…

- Merlín nos salve…- mustió Ron perdiendo el color en su rostro.

- ¿Te sucede algo mi cielo?- le preguntó Hermione tocando su frente con preocupación.

- No es nada cariño, tú continúa comiendo.

-… y como te decía, el libro que había leído era muy pero muy completo…- la castaña continuó hablando con su amiga a la vez que se llevaba un bocado de tarta a la boca inorando completamente a sus acompañantes.

- ¿Cómo puedes soportarla viviendo con ella?- le preguntó Ron divertido.

- Al menos es solamente una prima, peor debes estar tú que eres el novio- Ron asintió ahogándose con el zumo que estaba bebiendo.

- Las mujeres y su maldita manía por la ropa. Hermione no era así, pero luego de la guerra cambió bastante…- miró a su mujer con cariño-. Vivió cosas muy duras.

- La guerra siempre deja más caídos de los que aparenta.

- ¿En Australia se sintió mucho el conflicto?

- Más o menos- Draco respondió al instante, debía tener cuidado con ese tipo de preguntas-. También nos vimos afectados, pero digamos que la distancia que había ayudó bastante.

- Aquí fue de terror, con Harry y Hermione permanecimos viajando de un lado a otro prácticamente por un año…

- Algo de eso había leído, habrá sido difícil.

- Fue complicado…- suspiró-. Pero al menos todo salió como deseábamos, y a pesar de las bajas y las personas que fallecieron, se logró acabar con él- se estremeció-. De solo recordar su rostro siento un miedo en el pecho- se sobó la zona.

- Solamente he visto fotografías, ¿cómo era?

- Horrible, pálido como la cera, níveo; su voz era metálica y su crueldad no tenía límites, no dudaba ni un instante en matar familias enteras de magos o muggles inocentes.

- ¿Muggles inocentes?

- ¿Un muggle qué podía esconder? ¿Qué podía saber? Absolutamente nada, solamente tenía esa manía contra ellos simplemente porque su padre lo era, porque abandonó a su madre estando embarazada…

- ¿Cómo es eso?- la conversación comenzó a tomar un viraje inesperado y toda esa nueva información era algo que Draco no se esperaba.

- ¿Acaso no has leído Ascenso y Caída del más terrible hechicero?- Draco negó-. ¡Pero si fue un best- seller en ventas!

- He oído hablar de él, pero jamás me imaginé que las cosas que decía fuesen ciertas.

- Una gran parte es verdad, como siempre hay situaciones que son exageradas o bien inventadas, pero si uno lee entre líneas, así como dice Hermione, fácilmente encontrará un buen resumen de lo que fue su vida.

- Le diré a Ginevra que lo compremos, estoy seguro que ella tampoco lo había leído.

- Hazlo, si estás interesado en la vida de… de…- titubeó, todavía le costaba decir ese nombre- de Vol… Voldemort- susurró bajito.

- Así que Voldemort era de sangre mestiza- rió con ironía-. ¿Quién lo iba a decir?

- Fue algo que nadie se esperaba, causó un revuelo enorme, hasta que se terminó confirmando su nombre Tom Riddle, y su parentesco con la familia muggle apellidada así. Recuerdo la cólera que despertó Harry en él cuando lo llamó por su nombre de pila…

- ¿Tom Riddle?- Ron asintió y eso fue suficiente para Draco, todo el tiempo que había vivido junto a su amiga bajo el resguardo de aquel hechicero, todas las cosas que ellos dos desconocían y que tanto tiempo les habían ocultado. Y más importante aún, ¿por qué Ginevra podía llamarlo Tom? ¿Acaso no repudiaba todo lo que tenía que ver con los muggles? Draco continuó comiendo lo que tenía en su plato sin lograr degustar los bocados que se llevaba a la boca, ahora el hermano de Ginevra estaba participando en la conversación de ellas pero sin embargo solamente los oía como en un lejano murmullo, las palabras de Ron martillaban en su cabeza como si algo oculto a punto de descubrir estuviese palpitando en su mano.

- Draco…- la pelirroja le tocó la mano-. Draco…- ahora movió su brazo-. ¡Draco!- lo volvió a llamar y él recién volvió a la realidad en ese momento.

- ¿Qué pasa?

- Que ya nos vamos, ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

- No, solamente me quedé pensando- se levantó de la mesa y siguió a su amiga junto al pelirrojo.

- ¿Te has quedado pensando en lo que te conté?- preguntó el chico.

- Me has dejado perplejo, es normal que las personas se interesen por esos temas, pero jamás me imaginé semejante cosa, es simplemente increíble.

- Es complicado de entender, cuando Harry nos lo contó no lo podía creer, con Hermione quedamos anonadados, pero es así, tal y como te dije.

Lamentablemente para los chicos Hermione y Ginevra continuaron caminando por el centro comercial, decidieron cruzarse a uno que había enfrente y ellos terminaron disgustándose cuando ellas entraron en una lencería y se demoraron más de una hora, Ron y Draco se sentaron en una pequeña y alejada mesa y pidieron un café cargado a la vez que hablaban de cosas triviales, el pelirrojo sentía cierto rechazo hacia aquel hombre, siempre fue medio desconfiado de los demás, pero lo había aceptado por ser el primo de Ginevra, pero nada más, sin embargo al menos resultaba algo agradable estar hablando con él, aunque preferiría estar en el departamento de Harry tomando una cerveza de manteca o bien volando en una escoba sobre la madriguera.

o0o0o

- ¡Nos vemos en el trabajo!- gritó Ginevra viendo desaparecer a Ron y Hermione por la chimenea del Caldero Chorreante

- ¡Por fin volveremos a casa!- exclamó Draco con cansancio.

- No te quejes…- murmuró ella chasqueando la lengua-. Bien que usarás todo lo que hemos comprado- dijo mirando su reloj pulsera-. ¿Vamos a casa?

- No…- ante la mirada interrogante de ella continuó-, quiero comprar unos libros.

- ¿Tú unos libros?- curvó una ceja en una graciosa mueca.

- Aunque te parezca imposible así es, Ronald me ha dicho algo y me he quedado con la duda- comenzó a caminar hacia fuera de la taberna deteniéndose frente a la pared de ladrillos.

- ¿Qué te dijo?- preguntó observando como su amigo sacaba su varita y tocaba la pared haciendo que los ladrillos cambiaran de posición.

- Ya sabrás, sé que te interesará…- miró hacia el frente y quedó maravillado igual que la pelirroja.

- Es increíble…- dijo ella boquiabierta-. Hace tantos años que no pisaba estas calles…- comentó emocionada.

- Wow- ambos observaron con poco disimulo las coloridas pancartas de los comercios, el lugar había sido agrandado y había muchos más negocios de los que ellos podían recordar, el primero que observaron era uno que se especializaba en la venta de objetos muggles encantados como teléfonos o televisores, luego un enorme cartel daba la bienvenida a un local de libros de autores no mágicos, y así sucesivamente mucho tipo de referencias de ese tipo. Sonriendo al ver la gente pasar con sus hijos más pequeños, puesto que los más grandes ya se hallaban estudiando miraron una a una las vidrieras, Ginevra quedó prendida en el local de escobas voladoras, el último modelo de la Saeta de Fuego era de ensueño, sonrió al recordar a sus hermanos, sabía que ellos adorarían tener una de aquellas.

- ¿Dónde lo comprarás?- indagó luego de un rato ella mientras comían un helado de Fotescue en una de las tantas mesitas de la heladería.

- Si todavía existe Flourish y Boots, me imagino que lo conseguiré allí.

- ¿Pero qué es lo que buscas?- ella se inclinó hacia él y lo miró con interrogación.

- Luego de la guerra se editó un libro biográfico de Lord Voldemort, al parecer hay muchas cosas allí escritas que tú y yo desconocíamos…

- ¿Para qué quieres eso?- replicó cortante-. A los muertos debes dejarlos donde están, muertos- sentenció.

- Si a ti no te interesa conocer las cosas que nos ocultaron, allá tú, pero yo no me quedaré con la duda.

- ¿Pero de qué duda hablas?- dijo ella haciendo una mueca de incredulidad-. ¿Qué nos podría haber ocultado? ¿Dónde nació? ¿Cuándo nació?- él bufó-. A mi no me interesa saber esas cosas, creo que no deberías gastar dinero en ello.

- Es mi dinero, y si quiero gastarlo en eso lo hago, y si no te gusta lo lamento Ginevra…

- Pero Draco…

- Yo quiero saber- replicó con seriedad-. Ronald me ha dicho unas cuantas cosas que ambos desconocíamos, y ten por seguro que son más que interesantes, dime, ¿Acaso sabías que era de sangre mestiza?

- ¿Quéeee?

- No, no lo sabías…- ella lo miró perpleja-. Hazme caso y comprémoslo- tiró de su pequeña mano y caminaron hacia la librería

Una vez dentro se dirigieron hacia los estantes de biografías, y allí estaba lo que buscaban, Ascenso y Caída del hechicero más terrible, su portada era simple, una envoltura de cuero con las letras labradas en un color cobre intenso, Rita Skeeter era la autora de tan frondosa investigación.

- ¿Skeeter?- Ginevra resopló, todos conocían a aquella mujer por su continúa falta de escrúpulos, siempre se preguntó cómo había saltado a la fama, y allí se dio cuenta de cómo había sido.

- Debe ser bueno…- mustió Draco revisando el tomo-. Mira…- le mostró la primer página en donde rezaba que ese tomo pertenecía a la vigésimo séptima edición.

- Ah bueno… debe ser muy… interesante.

- Llevémoslo- juntos se dirigieron hacia la caja en donde una amable mujer regordeta envolvió con esmero el pulcro encuadernado.

- En total es un galéon con dos knuts- dijo la señora, Draco sacó una bolsa de monedas de su bolsillo del pantalón y pagó el saldo.

- ¿Sabe si los datos de este libro son fidedignos?- preguntó la pelirroja.

- Pero claro que sí querida, sino no tendría el éxito que tiene. Skeeter, una muy amiga mía por cierto, ha recolectado datos del mismo Harry Potter y sus amigos, mejor informados que ellos no hay nadie, además consiguió unas notas del mismo Albus Dumbledore e información diversa que se fue recolectando a lo largo de las emboscadas que el escuadrón de aurores fue llevando a cabo en distintos puntos operativos de mortifagos. La edición que ustedes llevan es la última, la más actualizada, cada tres meses siempre se le suman algunas páginas, cuando eso pase pueden venir aquí, nosotros nos encargamos de agregarlas in cargo- sonrió-. Espero que lo disfruten y que vuelvan pronto.

- Muchas gracias.

- Gracias a ustedes corazones.

Salieron del negocio y comenzaron a caminar sin sentido, la numeración iba subiendo poco a poco y ya se hallaban a una altura de noventa, sin mirar los carteles de los locales observaban absortos las vidrieras coloridas y relucientes llenas de vida. La pelirroja vio hacia las estanterías de enfrente y se maravilló con la decoración de aquel lugar, las paredes coloridas y por dentro repleto de personas riendo y comprando. Intrigada se acercó y miró las cosas que vendían, eran bromas, nostálgica recordó a sus dos hermanos Fred y George, ellos siempre solían hacerlas, cada vez que su madre o padre les daba algo de dinero ellos lo primero que hacían era ir a Zonko y gastar todo allí. Siempre lograban que ella sonriera. Pudo sentir como Draco se paraba detrás suyo y miraba con cierto recelo los objetos expuestos, a él no le gustaban ese tipo de cosas, siempre había sido una persona muy recatada en ese sentido. Suspirando ella giró y lo abrazó, volver a aquellas calles había removido un montón de recuerdos que la hacían llorar, cosa que no quería, y los brazos del chico eran su mejor consuelo.

- ¡Y no se te ocurra volver a robarnos!- exclamó un hombre empujando a un joven de mirada astuta de ese negocio, Ginevra se quedó observando a aquella persona y sintió como su corazón comenzaba a palpitar con furia.

- ¿Qué se estaba llevando?- dijo otra voz, luego se asomó otra cabeza, igual a la anterior, por la misma puerta.

- Unas cajas de bromas- bufó-. ¡Maldito ratero! La próxima vez no se lo dejaré pasar.

- Vamos a casa…- pidió Ginevra a Draco en un susurro, él la observó, pálida como la cera temblando como una hoja, y luego sumó uno más uno, levantó la vista, el número 93 adornaba la puerta, se hallaban en Sortilegios Weasley, el local de Fred y George Weasley, y esas personas estaban frente a ellos, sin darse cuenta de que su hermanita perdida estaba allí.


Se sorprenderán de verme aquí después de haber pasado tan poco tiempo. Yo también lo hago.

La verdad es que no es por gusto, pero no me mal interpreten, siempre es agradable actualizar, pero el tiempo libre que tengo en estos momentos es por culpa de la Gripe A. Mi facultad ha cerrado por un mes y nos han reprogramado todos los exámenes, por lo que decidí tomarme unos días libres para descansar, y aquí me tienen :)

Hoy he recibido una noticia desagradable, aquí en Argentina se retrasará el estreno de la película que todos esperamos como una medida de prevención de la gripe, no saben la tristeza que tengo... Así que sus reviews me levantarán mucho el ánimo, y si alguno filma la película y accede a mandármela por algún lado me haría infinitamente feliz... No quiero inducirlos a comenter un delito, en serio lo digo. Simplemente con que me digan, "fue genial" o "fue una porquería" me conformo, y me refiero tanto al estreno como a los reviews que me TIENEN que dejar.

Los quiero, Jor.