Acercamientos
- ¿No me has mentido?- indagó Harry mientras se llevaba otro bocado de estofado a la boca.
- ¿Con qué cosa?- le preguntó Ginevra con cara de desconcierto.
- Que esto- señaló la comida-, ¿lo has hecho tú?
- ¿Tanto te cuesta creerlo?- la pelirroja negó con la cabeza divertida.
- No te enojes con lo que te voy a decir, pero sabe muy parecido a otro que ya he comido…
- ¿Y quién es la afortunada, o afortunado?- indagó con una sonrisa, las muecas que hacía Harry se le antojaban deliciosas.
- La madre de Ron, esa mujer tiene magia en las manos- la sonrisa de Ginevra se tornó triste, pero el chico no lo notó ya que estaba más concentrado en comer de su plato.
- Has hablado mucho de ella, me intriga conocerla.
- Algún día la conocerás, suele ir de ves en cuando al Ministerio a llevarnos el almuerzo. Es una gran persona- tomó un sorbo de zumo de su vaso-. La primera vez que fui a su casa fue algo impresionante, inmediatamente me hizo sentir como un hijo más. Es la madre que no pude disfrutar- le sonrió a Ginevra con chulería-. Cuéntame de tu familia, ¿a qué se dedican?
La pelirroja quedó en silencio por un momento, su familia, si Harry supiera que la familia de Harry también era la suya, o al menos lo fue, ya que ella ya no se consideraba parte de ella, la distancia y los terribles sucesos del pasado se habían encargado de alejarlos, y ahora ya no había vuelta atrás, todo había quedado en el olvido.
- Mi familia es adorable…- mintió en parte Ginevra, su familia si que era adorable, pero no era más su familia.- Mi madre es ama de casa, adora cocinar, y mi padre trabaja en diferentes sectores inferiores del Ministerio australiano. Draco es hijo de una tía que vive con nosotros, es una mujer bastante irritable, pero le tengo un cariño especial, es algo complicado; mientras que Draco es como un hermano para mí, nos criamos juntos. Lo quiero muchísimo.
- Se nota que lo quieres…- le contestó Harry llevándose un bocado de estofado a la boca-. Si hasta creí que estaban juntos, te lo dije…- sonrió.
- En el pasado muchas veces nos han preguntado lo mismo, aunque…- sus ojos brillaron con picardía-. No voy a negar que a veces nos hicimos pasar por novios, de esa forma evitábamos personas molestas a nuestro alrededor.
- No sabes como te entiendo- se llevó una mano al corazón-. Con Hermione, antes de que al fin empezara a salir con Ron, hemos salido muchas veces juntos, de esa forma yo me evitaba a las chicas con sus pociones de amor, y ella evitaba a todos los muchachos que la invitaban a salir. Otras veces, hacía lo mismo con otra amiga, Luna, que ahora es novia de otro gran amigo.
- Hermione me ha hablado bastante de esa mujer.
- Están de viaje. Pero regresarán para el cumpleaños de Hermione.
- Astoria comentó algo de una fiesta… ¿Cuándo es?
- El diecinueve de este mes, pero lo festejará unos días después, ya que los chicos recién regresan a finales de septiembre.
- Uff, no falta nada, ya estamos a... dieci...- se llevó uno dedo a los labios-, quince.
- ¿Dieci quince?- indagó Harry extrañado.
- Tu me entiendes tonto- le arrojó la servilleta riendo del rostro de desconcierto del chico.
- ¿Con que te traes esas, no?- Harry se levantó y se fue acercando de a poco a la pelirroja.
- Espera… compadécete de alguien convaleciente- pero Harry no la escuchó y comenzó a hacerles cosquillas-. Espera…- Ginevra reía con descontrol, hacia tanto tiempo que alguien no le hacía cosquillas, y se sentía tan bien, si no fuera por ese maldito dolor de cabeza, todo sería tan divertido-. Espera por favor- la pelirroja tomó su brazo y llevó su mano por encima de su pecho izquierdo-. ¿Escuchas a mi corazón?
- Uff…- Harry le sonrió sentándose a su lado.
- Se me parte la cabeza…- Ginevra inconscientemente recostó su cabeza en el hombro de Harry, era cálido y firme, desde aquel lugar podía sentir el suave aroma a la colonia que Harry usaba.
- Deberías recostarte.
- ¿Ya te vas?- Ginevra no sabía por qué, pero deseaba que se quedase con ella, se sentía cómoda a su lado.
- ¿Quieres que me vaya?- inquirió Harry abrazándola con suavidad por la espalda, ayudándola a levantarse de la mesa.
- No…- suspiró mientras aceptaba la ayuda de Harry.- Quédate conmigo…- se sonrojó, ¿acaso ella había dicho eso?
- Me quedo contigo, esperaremos a que llegue tu primo- la abrazó despacio, pasando sus brazos por los hombros.
- Pero si tienes que hacer otras cosas está bien…- se separó con suavidad, no quería parecer desesperada-. Solamente no quiero quedarme sola, me aburro si estoy en mi cama sin nadie con quien hablar.
- No hay problema Gin, yo me quedo aquí mientras tú descansas, te prepararé un té suave y te lo llevaré a tu cuarto- Harry entró a la habitación y la ayudó a abrir la ropa de cama-. Cuantos libros tienes…- murmuró asombrado al ver la enorme biblioteca en la habitación de ella.
- Me encanta leer…
- ¿Tienes algún juego de naipes explosivos?
- Debe haber un mazo en uno de los cajones de la cocina- Ginevra suspiró al sentir la almohada detrás de su cabeza-. Gracias por todo Harry.
- Tú descansa que ya vuelvo- besó con suavidad su frente notando como ésta estaba caliente, no sabía por qué, pero estando a su lado se sentía muy bien, como cuando estaba con Hermione.
Ginevra lo observó salir de la habitación y suspiró con regocijo, Harry le caía bien, más que bien. Era una persona atenta, caballera, noble, un gran amigo, y sobre todo muy lindo. Ese mes que había pasado trabajando a su lado le había demostrado lo diferentes que eran los mundos en donde ambos vivían, eran como el sol y la noche, aunque a ella le gustase el sol, como cuando era pequeña, ya era tarde para echarse atrás. Los rayos del astro rey habían dejado de calentarla hacía mucho tiempo, tomando su lugar la luna, aquella luna fría y tranquila. Si no hubiese sido por la luna ella habría muerto incinerada en el mismo infierno, si no hubiese estado Draco a su lado, jamás habría salido de aquello, y la luna… como le gustaba la luz del sol.
Harry era el tipo de persona que le agradaba, su humor era ideal al igual que su altura, ella no se consideraba una persona muy alta, y tampoco lo consideraba a Harry dentro de esos atributos, con solo alzar sus manos sería suficiente para rodearle los hombros, ponerse en puntas de pie y hundir la nariz en su cuello, sintiendo ese suave aroma masculino que últimamente se estaba tornando adictivo ¿adictivo?. Ginevra frunció el ceño al igual que su nariz, ella no pudo haber pensado eso, ¿desde cuando el aroma de Harry era adictivo? Y dicho sea el paso, ¿desde cuándo era Harry para ella? ¿Cuándo dejó de ser Potter?
- ¿En qué piensas?- dijo una voz a su lado, Ginevra se asustó un poco inclinándose hacia atrás, tenía a Harry a su lado y ella no se había dado cuenta.
- ¿Qué?
- ¿En qué piensas?- repitió corriendo con sus dedos un mechón de cabello de su frente, deteniéndose brevemente a acariciar su piel.
- No lo sé, he quedadazo como prendida en el aire…- bajó la mirada con las mejillas coloradas, si sólo él usara la legerimancia.
- Parecías muy concentrada- respondió él acomodando a los pies de la cama una pequeña bandeja con dos tazas de un humeante té.
- ¿No te ha pasado nunca creer…?
- ¿Qué cosa?
- Creer que las cosas eran de una forma y que al final…
- Siempre…- la interrumpió poniéndole en las manos la taza caliente-. Cuidado que quema- Ginevra miró sus manos grandes, que rodeaban las suyas pequeñas y las acomodó tomando la punta de la porcelana con las puntas de los dedos-. Siempre hay cosas que no son y como nosotros las pensamos, es algo normal del mundo.
- Pero…
- Por ejemplo, tú desde un principio me has caído bien, pero jamás imaginé que terminaría en tu departamento cuidándote.
- Yo también me enfermo…
- El caso es, que jamás imaginé tomarme semejante confianza contigo en tan poco tiempo, cuidar de Hermione es algo natural, hasta con Astoria me daría algo de reticencia, pero contigo es diferente, tienes algo que hace que me sienta cómodo.
- Si la prensa amarillista te escuchara, pensaría que me estás queriendo decir otra cosa- lo interrumpió Ginevra un tanto nerviosa, a ella no le gustaba el camino que estaban tomando aquellas palabras, le daba miedo lo que podía llegar a decir, tenía miedo sobre lo que ella podía sentir.
- No soy bueno en estas cosas…- Harry se rascó la cabeza con nerviosismo, y las mejillas algo sonrojadas-. No quiero que me mal interpretes, pero creo que me siento muy bien contigo, como amigos claro.
- Sí, como amigos…- Ginevra se llevó la taza a los labios y bebió un poco del té, estaba dulce-. Me gusta…
- Tú no sabes que yo soy un experto en té, algo así como un catador de vino, pero en vez de eso, té.
- ¿Qué es un catador?
- ¿No sabes lo que es un catador?- Harry se acomodó en el pequeño lugar que Ginevra había dejado junto a su cama-. Un catador en el mundo muggle prueba vinos, describe su sabor.
- ¿Existe eso?
- Claro que sí, yo he recorrido varias bodegas en mis vacaciones…
- Mi profesión no es esta, yo debería haber sido catadora, entonces.
- ¿Te gusta el vino?
- Me fascina…- le sonrió con honestidad observando como los ojos de Harry brillaban de diversión-. He probado bastantes de índole muggle, un tío que tenía en Australia adoraba tomar un vino diferente en cada comida.
- ¿Cuáles son tus preferidos?
- El blanco, pese a que no sea el más recomendado, el Chardonnay es mi preferido, especialmente esos que son frutados- cerró los ojos recordando la sensación del sabor en la punta de su lengua.
- En mi casa tengo una pequeña bodega, algún día te invitaré a tomar de mi cosecha del 94.
- ¿La cosecha del 94?- Ginevra sonrió abiertamente-. No me aguantaré hasta probarlo…- se llevó nuevamente la taza a la boca, era un hecho, Harry le caía demasiado bien-. ¿Has encontrado el mazo?
- Por supuesto, no te salvarás de la paliza que te daré, soy un experto en los naipes explosivos.
- Eso lo veremos, mira que he sido entrenada por los mejores jugadores del mundo mágico.
- ¿Ah sí?- Harry sonrió mientras repartía las cartas-. ¿Y se puede saber quienes son esos ilustres del juego?
- Mis hermanos…- Harry levantó la vista divertido.
- No sabía que tuvieses hermanos- Ginevra se mordió la lengua, no debería haber dicho eso.
- Si, tengo algunos, pero por problemas familiares hace mucho tiempo que no los veo.
- Igualmente dudo que me ganes, mis maestros han sido los hermanos gemelos de Ron, y ellos en el juego son los mejores- Ginevra le sonrió con suavidad, si él supiera que ambos habían tenido a los mismos maestros.
- ¿Empiezas tú?- Harry rió cuando la primer carta que levantó la chica explotó en sus manos envolviéndolos en una nube de humo negro.
o0o0o
Aquel había sido un lunes extraño, todos los lunes resultaban ser algo tediosos, pues comenzaba la semana, y con ello, el trabajo, y así seguido por cinco días sin parar, por lo menos en su caso. Sin embargo ese día era diferente, jamás lo habría predicho, era un día normal, con un cielo normal y la rutina normal. Los infinitos papeleos de siempre, la sonrisa de su secretaria, sus eternos monólogos sobre las citas de esa semana, siempre igual. Cuando Ginevra entró a su despacho simplemente fue de casualidad, justamente que a ella le diera ese trabajo, podría haber sido cualquier persona, pero le agradó desde un primer momento, y tal vez, de todos los oficios que les tocaban tomar a los recién ingresados, aquel era el menos pesado.
Y ahora estaba allí, leyendo uno de los tantos libros que había encontrado en la biblioteca de ese cuarto, mientras que ella, la culpable de ese atípico día, se encontraba durmiendo a su lado, acurrucada entre las sábanos, con los labios un poco abiertos y el cabello suelto, desparramado en la almohada. Habían jugado a los naipes explosivos hasta hacía unas horas, pero ella estaba agotada y se había dormido de inmediato. Entre una cosa y otra el horario del ministerio había terminado, e inesperadamente se había salvado de un día bastante denso. En cualquier momento el primo de Ginevra llegaría y él se tendría que ir. Sin embargo aquello no le agradaba, a pesar de no haber hecho mucho la había pasado bien, más que bien. En realidad no podía negar que por momentos sus ojos se perdieran en las manos de ella mientras barajaba los naipes, o que por momentos su mirada se desviara a los labios de la pelirroja la cual los fruncía mientras pensaba, o simplemente los mordía. Tampoco podía evitar sentir el aroma a flores de su cabello, cuando ella lo movía de un lado a otro, buscando la forma de sentirse más cómoda.
Así como ahora la observaba, no sabía hace cuanto tiempo, ni tampoco el por qué, pero Harry simplemente comprendía que la piel de su rostro era más fina de lo que jamás imaginó ver, que sus labios eran rosados, brevemente resquebrajados por la temperatura que había tenido, que su cabello cobrizo brillaba al compás de su respiración y que su pecho subía y bajaba acompasadamente como una suave danza. Sus dedos estaban levemente expuestos debajo de una de las mantas, Harry no pudo evitar querer sentir aquel suave tacto. Eran finos y largos, algo fríos, como aquella sensación que en esos momentos surcaba su cuerpo con el solo imaginarse el cosquilleo de aquellos dedos en su espalda desnuda, en su espalda húmeda, mientras su labios la devoraban como un lobo hambriento.
Harry limó su rostro con las manos, ¿pero en qué estaba pensando? Era una compañera de trabajo, una amiga en las más extremas de las situaciones. No pensaba de Hermione de esa forma, y ella es su mejor amiga, menos aún pensaba así de Luna o de Astoria. No comprendía porque esa pequeña pelirroja lograba que sintiera aquello, que se sintiera como un adolescente repleto de testosterona revoloteando alrededor de su primer amor. A él jamás le había pasado eso, no había habido necesidad, sin embargo ahora…
Si simplemente pudiera, si extendiera un poco más la mano como lo estaba haciendo ahora y tocase su mejilla, sintiendo el delicado calor que refulgía, confirmando la suavidad de la que tanto sospechaba, aquello era peor de lo que imaginaba, él que creía haber visto todo cuando había conocido a Fleur, la media veela esposa de Bill en aquel torneo de hacía tantos años. Ginevra era algo extraño, deseaba tantas cosas con ellas, había escuchado de aquello, Hermione siempre los obligaba a ver a él y a Ron esas películas extremadamente empalagosas en donde dos personas se conocían y se enamoraban perdidamente en tan poco tiempo. Pero eso no le sucedía a él, debía ser un encaprichamiento, de esos que se pasan rápido. Una y otra vez esa misma excusa se pasaba por su mente, como si fuera uno de esos cohetes muggles que viajan al espacio a velocidad de la luz, y que diera vueltas y vueltas y vueltas sin parar. Era extraño, no debía pensar en aquello. Apenas la conocía, trabajaba con ella.
Pero no era excusa, ¿cuántas veces se había despertado junto a una mujer de la cual ni siquiera sabía el nombre? Simplemente se estaba encubriendo de algo que no comprendía, era su jefe, no podría permitirse salir con alguien como ella, amiga de Hermione, esa mujer lo mataría, lo colgaría de su propio pellejo a la torre más alta que encontrara, lo torturaría hasta el cansancio y luego le diría que se lo tenía merecido, por meterse con su amiga. Pero ver a Ginevra durmiendo a su lado era más fuerte, si solamente inclinara un poco la espalda podría sentir más de cerca el aroma de su perfume, podría rozar con sus labios su piel, sus labios.
No, aquello no le podría estar sucediendo. Esta bien, debía admitir que su vista se había desviado por su cuerpo unas cuantas veces en el cuartel, y que incluso en el primer día, en donde se había hecho la selección había quedado un tanto obnubilado por las siluetas la chica, no es que fuese voluptuosa, no llevaba dos globos llenos de aire por delante, ni tampoco por detrás, era delgada, pero tampoco un esqueleto, era bonita y era simpática, tenía unos ojos hermosos y cálidos, que muchas veces le hacían acordar a la madre de Ron. Pero el siempre miraba esos atributos en las mujeres, así como admiraba las infernales curvas de su secretaria, aunque era un tanto pesada para él. No por nada él había tomado su prueba, había participado del simulacro y la había vencido, observando la espontaneidad de sus movimientos, la redención de su cuerpo.
Esa mujer lo traía de la cabeza.
- ¿Qué haces?- preguntó una voz a su espalda, Harry continuaba encimado en la biblioteca buscando algo con que entretenerse.
- Eh…- el chico se giró y sonrió al verla despierta, tenía mejor color y eso era bueno-. Buscaba algo más que leer.
- Has perdido todo el día cuidándome- observó echándole un vistazo al reloj despertador de su mesilla de luz.
- Soy el jefe, recuerda eso- Harry se sentó en la cama y apoyó su mano en la frente-. Te ha bajado…
- ¿He subido temperatura?
- Algo…
- Me quiero levantar.
- ¿Quieres que te ayude?
- Puedo sola, gracias- Ginevra movió sus pies tirando de la ropa de cama, Harry observó como aquella bata suave se desataba de su cintura, y como la fina blusa del piyama dejaba al descubierto un disimulado escote. Ella de inmediato bajó los pies e intentó levantarse mostrando sus piernas, torneadas e intrigantes, apenas cubiertas por un pequeño short que culminaba el atuendo-. Gira todo…- susurró la pelirroja antes de cerrar los ojos, Harry espontáneamente tomó su brazo y luego su espalda, no quería que se lastimara en caso de que se desvaneciera.
- Será mejor que te agarres de mí…- susurró él cerca del rostro de Ginevra, ella lo miró embelesada, en esa posición podía sentir su aroma, la calidez de su brazo en su cintura y el choque de su cadera contra la suya.
- Gracias por haberte quedado…- le sonrió con chulería sin importar que sus piernas parecieran hilos, si Harry no la sostenía lo más seguro es que cayera redonda a sus pies.
- Ya encontraremos la forma de que me devuelvas el favor- Harry le respondió la sonrisa y en una muestra de cariño la acercó más a si mismo.
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- ¿Y cómo te sientes?- insistía Draco observando como su amiga bebía la sexta taza de té.
- Ya te dije que mejor- resopló con fastidio-. Harry ha estado cuidándome desde que llegamos y gustosamente me ha preparado montones de tazas de té.
- No sé cómo agradecerte- le dijo el rubio al morocho.
- No hay nada que agradecer, simplemente es lo que cualquier amigo haría- Draco lo miró a los ojos y le sonrió levemente, no cualquier amigo haría algo así.
- Espero que no te haya causado muchos problemas- murmuró el rubio ganándose una mirada furibunda de la pelirroja.
- Ninguno en absoluto.
- Es un milagro…
- Idiota- le dijo Ginevra mientras continuaba bebiendo el té de la taza, realmente era agradable estar acompañada de Harry-. Gracias por todo, en serio no sé como agradecerte todo lo que has hecho por mí- susurró al morocho mientras se levantaba con suavidad de aquel enorme sofá.
- Ya te he dicho que no me debes nada.
- Has perdido todo un día de trabajo por mi culpa.
- No tiene importancia, además recuerda que soy el jefe- repitió él, Ginevra le sonrió con picardía.
- Creo que a eso se le llama abuso de poder…
- Debo aprovechar lo que la vida me regala- respondió Harry sin borrar su sonrisa divertida, en eso un carraspeo llamó su atención, Draco había hecho un ruido extraño a la vez que desaparecía por la puerta de la cocina.
- Si tienes algo que hacer, ve tranquilo, ahora que llegó Draco ya no estaré más sola- Harry se acercó hacia ella y apoyó con suavidad su mano en la fémina mejilla.
- Ya no tienes temperatura- Ginevra se sonrojó, en esas horas que habían estado juntos, Harry había roto poco a poco una y otra barrera de su enorme muralla.
- De algo debían servir tus cuidados- le susurró ella sonriendo con dulzura.
- Me alegro que ya estés mejor- le dijo mientras tomaba su capa de encima de una silla-. Tómate el tiempo que necesites para recuperarte.
- Si mañana me siento bien iré a trabajar- Harry la miró serio.
- No creo que te recuperes tan rápido, quiero que estés perfectamente cuando vuelvas al trabajo.
- No me molesta reintegrarme maña…
- Tómalo como una orden- la calló poniendo su dedo índice en los labios de ella-. Sólo descansa- y sin más Harry desapareció luego de que una llamarada de luces verdes ocultara su figura.
o0o0o
Ya de aquello había pasado casi toda la semana, esa mañana se sentía mucho mejor por lo que Ginevra había decidido volver al trabajo, Harry, que la había visitado todas las tardes le había dicho que se tomara hasta el lunes siguiente, pero la verdad es que ella se aburría mucho estando sola por las tardes en la casa. El departamento en donde trabajabo Draco estaba abarrotado de trabajo por eso siempre estaba llegando retrasado, y en cambio Harry siempre se hacía un tiempo por la tarde y la pasaba a saludar, a ver como estaba y a divertirla un poco. Realmente parecía un buen chico, nada que ver a lo que ella se imaginaba.
Ginevra suspiró al observarse en el espejo, algo de peso había perdido y las oscuras ojeras debajo de sus ojos recién estaban desapareciendo. Extrañamente no habían tenido ninguna noticia de Bellatrix en lo que corría de esos días, y de alguna manera la hacía sentir tranquila, cosa que antes no sucedía. Hasta no hacía mucho estar junto a aquella mujer le traía tranquilidad, le recordaba mucho a la tranquilidad que sentía al estar junto a su señor, esa calidez en su vientre y esa sensación de que nada malo podría pasar. Sin embargo ahora era diferente, estar con ella de alguna manera le daba temor, sentía un desagrado, una repulsión, y no entendía por qué era, si al fin y al cabo nunca le había sucedido eso. Tal vez fuese por las distancias, o tal vez por las cosas nuevas que estaba viviendo.
No podía evitar levantase cada mañana preguntándose si lo que estaba haciendo era lo correcto. Ella sabía que Harry era el culpable de la muerte de su señor, el cual junto a Draco habían salvado su vida en aquellos tiempos oscuros. Pero cada vez que Harry le hablaba o le sonreía, era como si todo lo demás perdiera el sentido. Y Ginevra odiaba sentirse de aquella forma, se suponía que lo debía detestar, que lo debía enamorar, y debía lastimarlo. De alguna manera le había tomado un cariño, añoraba su llegada por las tardes, las charlas sin sentido y sus cuidados mientras dormía, extrañaba el aroma de su colonia, y se entristecía cuando él se iba, y a pesar de quedarse a solas con Draco, sentía que había un espacio que no se podía ocupar. A veces por las mañanas se despertaba soñando con la sonrisa de Harry, con la frescura de sus ojos y sentía como una extraña sensación corría por su espalda.
Jamás se había sentido de esa forma, tal vez de alguna manera similar siendo más joven. Cuando todavía asistía al colegio y no conocía aquello que tanto le dolió. Cuando sus ojos estaban puestos en los muchachos y en donde junto a sus compañeras espiaban a los chicos jugando al quidditch. Que tiempos aquellos.
Ginevra despejó esas ideas de su cabeza, ultimó unos pequeños retoques a sus ojeras, tal vez un poco de base natural lograra disimularlas. Por último delineó sus ojos, de esa forma se veía un tanto más viva. Acomodó su chaqueta, el frío estaba ganando lugar en la ciudad, y se echó más perfume, extrañamente se estaba arreglando más y se estaba vistiendo más lindo. Las últimas compras que había hecho con Hermione habían ampliado enormemente su guardarropas, y realmente disfrutaba de aquello. Era la primera vez que compartía con una persona el hecho tan simple de salir de compras, de recorrer tiendas y elegir lo que más le gustase.
Draco había salido temprano, todo ese trabajo lo tenía alterado, Hermione había ordenado a todos los empleados bajo su mando que cumplirían con horas extras. Pobre su amigo, siempre le había gustado dormir hasta tarde, ahora con todo eso ya no sabía lo que era un sueño prolongado.
Como siempre a esas horas de la mañana el atrio estaba repleto de personas. Muchos la saludaban al pasar y otros tantos la esquivaban como a cualquier persona. Era agradable volver a las andadas, se sentía cómoda en aquel ambiente. La voz chillona de la recepcionista, la voz de locutor del ascensor, los pequeños aviones de colores por todo el Ministerio, realmente era agradable. El cuartel de aurores siempre tuvo un aroma especial, una mezcla de café, tinta y pergamino. Los ruidos acostumbrados, el rasguño de las plumas contra el papel, las máquinas de escribir hechizadas y el típico parloteo de sus compañeros.
- ¡Pelirroja!- Dean la saludó gustoso, la abrazó levemente sonriéndole con sinceridad-. ¿Cómo te sientes?
- Mucho mejor, gracias por escribirme- Ginevra le sonrió, las cartas que le había enviado mientras ella estuvo ausente le habían alegrado las mañanas, Dean era un chico muy divertido y realmente se llevaba bien con él, había descubierto que tenían varias cosas en común.
- Extrañábamos tu presencia por estos lados- suavemente le acarició el brazo y desvió la vista algo sonrojado, Ginevra le sonrió apenada.
- Y yo los extrañaba a ustedes- lo miró a los ojos-. Ya veré como te agradezco todo lo que has hecho por mí.
- Tómalo como el regalo de un amigo…- ella le volvió a sonreír, raramente se sentía algo cohibida a su lado. En otro tiempo hubiese relacionado aquello con sus alborotadas hormonas, pero ahora era extraño.
- Debo ir a avisarle a Harry que me he reintegrado.
- Estuvo como loco toda esta semana sin que nadie lo ayudase, te has vuelto indispensable en este departamento.
- No exageres…- la pelirroja caminó a un lado y dirigió su vista hacia la puerta del jefe.
- Gin…- una mano grande y fría tomó su brazo, ella se giró sorprendida y miró a Dean con ojos grandes.
- Dime…
- ¿Quiéres venir a comer conmigo este mediodía?
- ¿Conmigo?
- Te lo estoy preguntando a ti ¿no?
- No sé si pueda…- Ginevra sonrió suavemente, aquello la había tomado de sorpresa.
- ¿Qué tienes que hacer?
- Debo adelantar el trabajo…
- Harry no te dejará que te sobre esfuerces, además debes comer algo. Tómalo como la invitación de un amigo- Dean le volvió a sonreír y ella asintió con una mueca similar.
- Está bien, pásame a buscar a la hora de la comida.
- No te arrepentirás- de improviso Dean se inclinó hacia ella y le besó la mejilla, Ginevra se llevó una mano a ese lugar, realmente no se esperaba aquello.
Cho extrañamente no estaba sentada frente a su escritorio, tal vez estuviese en el despacho de Harry o tal vez frente a algún espejo retocando su extenso maquillaje. Igualmente no le interesaba, el día había sido muy bueno como para encontrarse con ella, mientras más tiempo pasase, mejor. Ginevra golpeó con suavidad la puerta de Harry, sin embargo nadie le respondió, volvió a golpear esta vez con un poco más de fuerza, pero esta vez alguien le abrió la puerta. Cho se hallaba con unas carpetas en las manos, junto a una falda extremadamente corta y una blusa tremendamente escotada.
- ¿Está muy ocupado Harry?- le preguntó la pelirroja despacio, podía escuchar como Harry al parecer hablaba por teléfono con alguien, y por lo que oía no parecía muy contento.
- Ahora estamos ocupados con unos asuntos querida- la oriental la miró de arriba abajo, deteniendo su mirada en aquellos vaqueros gastados que se había comprado con Hermione.
- Sólo quería avisarle que ya me siento mejor y que me reintegraré al trabajo.
- No te preocupes Wayneman que yo le aviso, ahora si me disculpas…- lentamente comenzó a cerrar la puerta, pero la voz de Harry la detuvo.
- ¿Quién es Cho?
- Nada importante Harry…- le respondió ella con la voz falsamente dulce.
- Como que nadie, si te estás tardando tanto y tenemos que terminar con esos papeles…- Harry se quedó callado y la mirada seria que tenía se iluminó con una sonrisa al ver a la pelirroja en su puerta,
- Hola…- le susurró Ginevra a la vez que Cho se hacía a un lado para dejar pasar a su jefe.
- Gin…- la miró de arriba abajo disfrutando como aquel vaquero se ajustaba a su cadera- ¿Qué haces aquí? Podías tomarte hasta el lunes.
- Ya me siento mejor, y me aburría enormemente estando en casa sin nada que hacer…- Harry sonrió y abrió la puerta haciéndola pasar.
- Pues bienvenida entonces…
- Harry…- Cho lo miró con las carpetas apretadas contra su pecho-. Harry recuerda que tenemos que terminar con estos papeles…
- Cho, ¿no los puedes redactar tú? Tú puedes hacer una letra parecida a la mía, luego yo los firmo. Al fin y al cabo ya sabes lo que tienes que poner…
- Pero…
- Por favor Cho…- le sonrió con sensualidad haciendo sonrojar a la chica.
- Cuando los termine te los traigo- entonces la oriental salió del despacho con una sonrisa enrome en su rostro.
Ginevra se giró a verlo divertido, ni ella se creía la falsedad que había en las palabras de Harry, era impresionante como Cho se conformaba con una simple sonrisa de Harry, tal vez de verdad lo quisiera y no solo fuera un capricho.
- Eres malo…- la pelirroja le sonrió con picardía.
- Se hace lo que se puede…- Harry se encogió de hombros y apoyó su mano en la espalda de Ginevra guiándola hacia uno de los asientos frente al escritorio- Ahora dime tú, ¿cómo es eso de que te sientes mejor?
- Hoy me levanté como nunca, y todos estos días me aburría mucho estando sola en casa, y para no hacer nada, prefería venir y adelantar un poco del trabajo que dejé.
- Si es por eso no había problema, en este tiempo que has estado con nosotros has hecho muchísimo, que faltes unos días no nos harán nada.
- No es el punto, me gusta cumplir con mi trabajo y lo sabes, si te hablé un montón ello.
- Lo sé… Cho me ha vuelto loco estos días con un montón de papeleo que tengo que redactar…
- ¿Cómo es eso que ella redacta por ti?
- Ha hecho un curso, generalmente escribo yo lo que debo firmar, pero para momentos como estos, en donde estoy en apuros dejo que ponga un poco de su talento…
- ¿No es peligroso?
- No…- Harry tomó su taza de café y le dio un sorbo-. Ella lo hace bien, sabe lo que hace. Además pondría en juego su título y su integridad, y confío mucho en ese sentido… Además la firma solo la puedo hacer yo, y eso es lo que le da validez al documento…
- Vaya… jamás había oído hablar de eso…
- Ya sabes como es Cho, como secretaria ejecutiva debe estar al tanto de lo más novedoso en administración del mundo mágico, y ese curso entra en sus expectativas. Rescato de todo eso que es una gran secretaria, muy buena, y que más de una vez ha salvado mi pellejo ejecutivo…- Harry se rascó la cabeza sin darse cuenta, Ginevra veía adorable ese gesto.
- Gracias por las hiervas del otro día, entre tanta cosa me he olvidado de agradecerte…- Harry había llevado a su casa un extraño rejunte de flores y tallos, los había hervido en una cacerola con agua bien caliente y se lo había dado de tomar, el gusto no era el mejor pero le había hecho bastante bien.
- No es nada, igualmente no fue idea mía…- le guiñó un ojo-. Fui a lo de la mamá de Ron y le pedí si me convidaba un poco, es una receta que le pasó una enfermera de Hogwarts, Molly le agregó alguna de sus ideas para darle un mejor sabor y quedó eso, la verdad es que es bastante bueno y efectivo- Ginevra le sonrió con suavidad, siempre eran recetas de su madre las que la hacían sentir mejor.
- Muero de ganas de conocerla…
- Y ella a ti también, le hable bastante al igual que Hermione, ya sabes como es ella, ambos tomamos a Molly como una segunda madre, nuestra madre mágica, la que nos abrió el mundo a todo esto.
- Debe ser adorable…- murmuró con la voz rota.
- Lo es…- la miró-. ¿Te sientes bien?
- Sí…- carraspeó-. Sólo es que la garganta me ha quedado un poco sensible, y si hablo mucho tiempo seguido me comienza a arder.
- ¿Quieres que le pida algo a Cho?
- No, déjala terminar con el trabajo…- sonrió con pereza-. Dime en que te puedo asistir.
- Allí tienes un enorme fichero esperándote…- rió al ver la cara de aburrimiento que ponía ella.
- ¿Cuándo tendré una misión? Soy un auror, no una secretaria Harry…
- Sabes que es peligroso ir a las misiones…
- He estado en varias, sé lo que es cuidarme- no en vano todas las veces que habían huido de ciudad en ciudad con Draco y Bella ella los había cubierto, no era novedad el talento innato que tenía con la magia.
- Sé que conoces, pero no quiero exponer a una mujer…
- Eres un machista…- Ginevra estaba ofendida, no podía creer que él dijera esas cosas, jamás se imaginó que Harry pudiese decir algo así.
- Eres una de las pocas mujeres en el cuartel, así que acostúmbrate- le dijo imponente-. Aquí se hará lo que yo diga Gin, y hablo en serio…- advirtió, el tiempo que había estado con ella era suficiente para conocerla, sabía que era muy capaz, y a la vez algo cabezota. De sólo imaginar que le pasase algo lo hacía temblar.
- No me puedes hacer esto…- le dijo ella mirándolo con pena-. Todas las veces que se fueron con Ronald de misión… ¿por eso no me llevaban no?
- Gin…- Harry puso sus dedos sobre el puente de la nariz, tenía un aspecto cansado-. Yo no quiero que te pase nada, conozco lo suficiente las habilidades que tienes, no te olvides que yo te probé- Ginevra se sonrojó, la palabra probar tenía connotaciones totalmente diferentes a lo que ella pensaba.
- Hazlo de nuevo, por favor Harry. Me gusta, es una forma de experimentar cosas nuevas, tal vez sea totalmente diferente a como era en Australia, pero al menos déjame acompañarte…- no sabía como tratar una situación así, Draco era la única persona que le decía esas cosas, que la protegía y evitaba que estuviese en el campo de batalla.
- Ginevra…
- Por favor…- Ginevra se levantó y se acercó a Harry girando alrededor del escritorio, inclinándose hacia él-. Te prometo hacerte caso en todo lo que me digas, no me puedes negar eso…
Harry la observó detenidamente, cada vez que la veía se convencía aún más de lo linda que era, sus ojos brillantes, su piel nívea y su aroma a flores. Cuando ella se levantó Harry sintió como si un tigre rugiera en sus tripas, pensó que lo iba a besar, es más, deseó que lo besara… ¿qué demonios le estaba pasando con esa mujer?
- Lo voy a pensar…- le respondió tragando saliva nerviosamente, Ginevra le sonrió y se abalanzó sobre él colgándose de su cuello dándole un ruidoso beso en la mejilla.
- Eres un sol…- le susurró ella al oído para luego separarse del chico y volver a su asiento, Harry lo observó colorado, no había podido evitar que sus mejillas tomen ese color característico, la pelirroja lo miró un instante, y luego se reprochó ella misma, ¿por qué lo había besado? Cada vez se sentía más apegada a él, y realmente era algo que no le estaba gustando, ella estaba ahí para hacer algo completamente diferente…
- ¿Te sucede algo?- indagó Harry al ver como el rostro de la chica se oscurecía, Ginevra levantó la mirada y lo observó extrañada.
- ¿He dicho algo?
- No, pero parecías estar pensando en algo feo…- ella lo volvió a mirar y sonrió con tristeza.
- No sucede nada, solamente estoy pensando en todo el trabajo que me espera en mi escritorio…
- Ni te imaginas…- Harry observó como ella se levantaba y lo saludaba con la mano, Ginevra se había ido y él se había quedado pensando. Muchas veces, como en ese momento, le hubiese encantado haber aprendido legeremancia así como lo hacía Severus Snape. Aquella pelirroja lo vivía intrigando, sus silencios prolongados y sus recuerdos apagados. Había tantas cosas que no sabía de ella y que le encantaría conocer, solo si simplemente… No, de ello ni pensar, ella era su amiga.
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Ginevra estaba agotada, no veía la hora de que aquel reloj del demonio moviese sus pesadas agujas hasta llegar al doce. ¿Es que acoso el tiempo se había detenido? No era posible que apenas hubiesen pasado dos horas desde que se había puesto a trabajar. Al menos estaba contenta, había adelantado unas cuantas cosas, e incluso había hallado unas interesantes carpetas que había apartado para Bella. Ginevra las observó, eran simplemente dos, una en donde se hablaba de un episodio en Liverpool, y otra en donde hablaban de Bella, un ataque a una pareja en un pequeño pueblo.
Momentos como aquel era en donde se preguntaba si las cosas que hacían eeran las adecuadas. Tanto su señor como Bella le habían dicho que todo eso era por un mundo mejor, que ellos estaban en lo correcto y lo que hacían estaba bien. Ella jamás conoció el otro bando, las cosas que habían vivido y el dolor que sentían. Sabía que toda su familia estaba en contra de Voldemort, sin embargo jamás temió que les pasase algo, se lo habían prometido, se los había hecho jurar una noche en donde quiso volver con su familia, le aterrorizaba que algo les pasase. Su señor le prometió que jamás les haría daño, que jamás los mataría. Y ella le creyó, toda su familia estaba viva, si un montón de veces los había visto en fotos de El Profeta, y otras tantas junto a Harry en diarios de otros lugares. Sin embargo no sabía por qué, pero todo el horror que iba leyendo en cada página hacía que su estómago se apretara. Ella siempre creyó que todo era por una causa justa, que esas personas estaban equivocadas y que atentaban con la vida de todos los magos.
Vamos, si ella misma sufrió la furia de los muggles, y aquello la había marcado de por vida. No podía evitar tener miedo al estar cerca de ellos, lo había disimulado bien en ese nuevo trabajo, no por nada había fingido tener fobia a los lugares muy concurridos y lleno de desconocidos. Pero les temía y odiaba lo que hacían con el mundo. Por ello jamás cuestionó lo que Voldemort y Bella hacían, pero nunca fue capaz de llevarlo a cabo, jamás pudo presenciar algo, prefería fingir estar ciega a saber más de aquello. Detestaba la muerte, por más justificada que sea, sin embargo jamás hizo nada para alejarse de aquello. Ella les debía mucho, pero muchas veces en las noches se juzgaba a sí misma por participar de todo eso, de ser testigo, de haber arrastrado a Draco con ella.
Miró sus manos sobre aquellas carpetas, y lentamente las apartó. Ya no más… Bella lo entendería, la conocía y sabía que terminaría entendiendo. Ya con todo lo que le había conseguido era más que suficiente, ¡Por Merlín! Si hasta le había conseguido planos de todo el Ministerio de Magia.
- ¿Qué he hecho?- se interrogó Ginevra tomando su rostro con las manos, ¿por qué dudaba en esos momentos? ¿Qué le estaba pasando?
- ¿Te sientes bien?- la voz de Harry a su costado le hizo levantar la mirada, el rostro de Harry estaba preocupado.
- Solamente estoy agotada…- su mente pensó a toda marcha una excusa ideal-. Me he atrasado tanto…
- Tu podrás…- Harry le apretó el hombro y ella gimió, le dolía demasiado-. Uh, como estás…
- Toda la semana he estado contracturada.
- Te haré unos masajes- Ginevra negó con la cabeza y trató de tomarle la mano, pero él dándole un pequeño golpe en la suya comenzó a masajear, y la pelirroja se sintió morir.
Sus manos grandes y fuertes sabían lo que hacían, se movían con maestría sobre su duro hombro tensando los músculos y relajándolos a la par. Su cuello agradeció semejante caricia y su pecho se llenó de calor. Harry sabía hacerlo muy bien, no como Draco que era un pelele con esas cosas. Harry sabía exactamente donde tocar y en donde ser frágil. Él sabía lo que ahcía, esas manos debían ser pura dinamita sobre la piel desnuda, sobre su espalda, sobre su estómago, sobre…
Ella se sonrojó, y movió sus dedos sobre el apoyabrazos de su silla. Una sensación dulce se había depositado bajo su estómago, y aquellos lugares en donde de joven había estimulado a base de besos con chicos del colegio habían vuelto a sentir. Esa sensación de electricidad recorriendo cara punto de su piel, ese erizamiento natural del vello de los brazos, esa sensación de humedad en los lugares prohibidos. Estaba excitada, lo sabía, y maldita fuera la hora que aquello pasaba.
Gimió inconscientemente, no quería que aquello pasara, con los ojos cerrados se imaginaba los labios de Harry muy cerca de los suyos, su aliento cálido y varonil como una caricia a sus sentidos, el sabor de su boca y el roce de sus manos en su cintura…
- ¿Ya estás bien?- Ginevra abrió los ojos y lo miró desenfocada.
- Mucho mejor- carraspeó, la voz le había salido ronca. Harry la observaba con los ojos brillantes, acaso se había dado cuenta de lo que sentía, ¿sabría usar legeremancia? Se sonrojó y bajó la cabeza, ¡Por Merlín que vergüenza!
- En realidad no vine a hacerte masajes…- apoyó su cadera sobre el escritorio de ella logrando que los sentidos de Ginevra lleguen al límite.
- ¿Qué quieres entonces?- ella prefirió entretenerse colocando aquellas carpetas que había separado nuevamente en su lugar, el pedido de Bella se podía ir al infierno.
- Me ha llamado el secretario del jefe de uno de los departamentos y nos reuniremos a comer este mediodía.
- ¿Y qué tiene?- ella se paró y con las carpetas en mano lo esquivó y caminó hacia los enormes ficheros.
- Sólo que no irá solo, irá con su mujer y creo que me sentiré un poco desorientado si estoy solo.
- Dile a Hermione que te acompañe- ella se giró luego de guardar las carpetas.
- Con el trabajo que tienen…
- ¿Y Astoria?
- No ha vuelto todavía…
- ¿Entonces?- preguntó ella sin captar la intención.
- ¿Me quieres acompañar?
- ¿Yo?- se señaló ella misma.
- No se me ocurre a quien decirle- no le iba a contar que ella fue en la primera que pensó, ni loco le pedía a Hermione o a Astoria algo como eso, no perdería la oportunidad de comer con la pelirroja por nada del mundo.
- Gracias Harry… pero no puedo.
- ¿No puedes?- Harry se desconcertó al oír eso, se imaginaba cualquier respuesta menos esa-. ¿Qué tienes que hacer?
- Ya organicé con alguien para comer.
- Si es con Draco yo puedo hablar con él…
- No es mi primo…- Harry la observó con los ojos oscuros-. Es Dean…- y aquella palabra fue como un cataclismo, jamás le tendría que haber dicho eso.
Si, lo sé y lo siento, soy la peor del mundo. Lo acabo de terminar y ni lo he corregido, así que espero que no se hayan sorprendido por la infinidad de errores que hay.
Gracias por sus saludos de cumpleaños me han hecho más que feliz.
Ahora sí, me voy.
Cada vez me falta menos para estar completamenete libre, se los quiere.
Jor
