Alguien del pasado.

- Es hombre, Gin, y los hombres, lamentablemente son histéricos- Astoria luego de decir aquello continuó tomando de su profundo vaso de frappé bien helado.

- Tiene razón, si yo no lo sabré- rió Hermione-. Crecí junto a él y Ron, además de los hermanos de Ron- reiteró-. Y todos son iguales- golpeó la mesa a la vez que cruzaba las piernas-. Cuando algo no les gusta y no saben cómo decirlo, simplemente se enojan.

- ¿Pero por qué se tendría que haber enojado?- preguntó Ginevra saboreando la bebida de su vaso. No podía evitar ir al menos una vez a la semana con Hermione a aquel lugar cálido en donde los frappés de todos los sabores estaban a su disposición. El de canela y menta… simplemente era delicioso. Astoria se había unido con ellas, últimamente estaba poco y nada en Londres, ya que se hallaba reemplazando momentáneamente a una empleada que se había tomado licencia por maternidad, por lo que estaba constantemente viajando de un lugar a otro.

- ¿Lo dices en serio?- le preguntó Hermione.

- Si no fuera así, no me lo estaría preguntando.

- ¿Estás segura que no hiciste nada que lo hiciera enojar?- indagó la rubia acariciando con su dedo el frío sorbete.

- En absoluto, simplemente estábamos bien, tratándonos como siempre. Es más, ese día me había invitado a comer, pero yo tenía otros planes, así que le dije que no, pero que otro día podía ser…

- Espera, espera, espera…- Hermione la detuvo poniéndole una mano sobre la boca- repite eso- Ginevra murmuró algo, pero al tener la mano de su amiga cubriendo sus labios lo único que logró articular fue un extraño sonido.

- Sería mejor si le quitaras la mano Hermione…- añadió Astoria mirándola divertida, Hermione le quitó la mano y la pelirroja la miró con enojo.

- ¿Cómo querías que te respondiera?- Ginevra se concentró pensando en aquel suceso-. Ese día me reincorporé luego de los días que había estado en casa.

- Eso no, cuéntanos de la invitación a comer…- pidió Hermione.

- Bueno, tenía una cena importante y tenía que llevar acompañante, y como no quería ir con Cho, me lo pidió a mí.

- ¿Y por qué le dijiste que no?

- Porque había arreglado con otra persona.

- Para ya…- Hermione se inclinó hacia delante mirándola directamente-. ¿Con quién ibas a comer?

- Con Dean Thomas- se encogió de hombros quitándole importancia.

- Yo no lo puedo creer…- Astoria miró a Hermione y le hizo un extraño gesto con la mano-. No puedo creer que no se de cuenta.

- ¿De qué cosa?

- Querida- Hermione le sonrió con picardía-. Es más que obvio lo que sucede, simplemente Harry está celoso de Dean, a Harry le gustas- Ginevra sintió como el calor inundaba sus mejillas haciéndola sonrojar.

- ¿Y tú cómo lo sabes?

- Con lo que nos has contado está más que afirmado. Ya me resultaba extraño ese cariño tan intenso que te había tomado, si está muerto por ti.

- No creo, me hubiese dado cuenta.

- Pero no te diste cuenta.

- Siempre supe cuando un hombre andaba detrás de mí.

- Pues parece que tu instinto falló esta vez- Ginevra se quedó en silencio pensando en las palabras de Hermione. Es que había estado tan metida con el plan de Bellatrix, que simplemente se le había pasado por alto aquello. Las pruebas estaban allí, el tiempo que estaban pasando juntos, su enojo con ella y sus gritos sin sentido. Eran los signos, eran más claros que el agua de manantial. Y ella no se había percatado, ¡Que tonta!

- ¿Y ahora qué hago?- susurró en voz alta sin imaginarlo.

- ¿A ti te gusta?

- ¿Qué?- Ginevra miró a Hermione con una ceja arqueada.

- Si te gusta... de acuerdo a lo que respondas, deberías hacer cosas diferentes.

- ¿Cómo qué?

- Si no te gusta, ve, se lo dices y ya. En cambio si te sientes atraída por mi amigo, ¡sedúcelo! Hace casi una semana que no te da ni la hora, pero yo lo he visto muy interesado en lo que haces en todo momento, y más aún cuando Dean está hablando contigo- le guiñó un ojo.

- Deberías prepararte para la fiesta de cumpleaños de Hermione, aprovechando que adelantamos la fecha del festejo, deberías usar esa noche para hablar este tema- acotó Astoria raspando el fondo de su vaso con una larga cuchara.

- Por supuesto, eso siempre y cuando te guste mi amigo ¿a ti te gusta?

- Yo…

- Sí que te gusta- volvió a añadir Astoria-. Te he visto como lo miras, como lo tratas. Además, no por nada estarías tan preocupada- Ginevra se la quedó mirando algo extrañada.

¿A ella le gustaba? Era algo que no se había planteado del todo. Sabía que algo diferente le pasaba con él. Sabía que con Dean se divertía pero que no era lo mismo que con Harry. Y sabía además que no debería enamorarse de él, su misión así lo requería. Ella en ese momento se encontraba en una cruenta encrucijada sin saber qué hacer. Por un lado, debería seducirlo y romperle el corazón, y por otro quería estar a su lado y disfrutar con él.

Ya no se robaba los informes del cuartel. Con los que tenía era más que suficiente. Deseaba hablar con Bellatrix, hacerla recapacitar. Esos días de paz que estaba viviendo eran los más relajantes que había vivido jamás en su vida. Draco estaba radiante, el color ceniciento de su rostro estaba pasando a ser rosado, y estaba ganando peso, el cual realmente le sentaba muy bien. Encontraba a su mejor amigo más divertido, con más ánimos que nunca, y realmente le agradaba. No quería volver a viajar por el mundo huyendo de todos. No quería romper lo que había logrado en aquel lugar, las amistades que había hecho, el cariño que obtuvo.

Tal vez costase, tal vez se enojarían mucho con ella cuando supiesen quien era de verdad. Pero trataría de hacerlos recapacitar, y si no querían saber nada de ella, se las rebuscaría para obtener el perdón. Añoraba estar con su familia al completo. Quería volver a ser lo que era, a pesar de que seguramente unas cuantas personas se lo echarían en cara. Debería hablar con Draco, se dijo camino al departamento que compartía con su amigo.

Esa tarde Draco había llegado temprano a la casa. Ni bien lo vio, le sonrió con suavidad y se sentó a su lado en el enorme sofá de la sala. Él escuchaba la radio mágica, esa nueva costumbre era constante en ellos últimamente, cuando viajaban junto a los mortífagos no se les permitía escuchar música, todo era oscuro y triste, completamente diferente a lo que era en ese momento.

- Necesito hablar contigo de algo serio, Draco…

- Ya me parecía a mí, me lo venía venir- Draco se estiró sobre el sillón y dejó que su amiga se recostara en su pecho.

- Me siento tan confundida…

- Háblame de ello- le pidió acariciando los fríos brazos de la pelirroja mientras ella guardaba silencio.

- Estoy cansada de todo esto…- él asintió comprendiendo a lo que ella se refería-. Cada día que pasa me pregunto más veces si lo que hicimos fue lo correcto- suspiró pensando en las palabras-. Al vivir de esta manera, tan pacífica y tranquila, sin tener que viajar de un lado a otro huyendo con todas nuestras cosas. Ni viviendo constantemente alertados por si el Ministerio nos encontraba. Por primera vez estoy en paz en tanto tiempo, y cada día me lamento aún más por todo lo que te obligué a hacer…

- Tú no me obligaste…- Draco le apretó la espalda besando su cabeza-. Yo lo hice por ti, era lo que yo quería, porque te quiero, y en ese momento era lo que necesitabas. No lo lamentes cielo…- pasó su mano por su mejilla y la tomó del mentón obligándola a mirarlo a los ojos-. Si ahora quieres dejar todo atrás, yo estoy de acuerdo. Tú mejor que nadie sabes que realmente no me sentía a gusto con ellos.

- Lo siento…

- Ahora el problema es otro, ¿cómo se lo diremos a Bella?

- No sé…- Ginevra enterró su rostro en el cuello de Draco-. Se enojará mucho, pero lo debe entender…

- Haremos que lo entienda, no dejaremos que nos arrastre con su odio.

- Perdimos tanto… si simplemente cuando todo acabó hubiésemos vuelto…

- No podíamos, nos hubiesen encerrado apenas hubiéramos pisado el suelo londinense.

- ¿Cómo aclararemos todo?

- No lo sé…- ella gimió sintiendo como algo frío surcaba su espalda-. Creo que lo mejor será esperar…

- Sabes que tenemos plazo hasta Navidad.

- Hay que evitar que ella ataque al Ministerio. Yo no le dí más informes, me ha mandado varias lechuzas quejándose por eso.

- Algo inventaremos… cuando llegue el momento- Draco la abrazó aún más como intentando protegerla. Sabía que lo que se avecindaba sería complicado, sabía que su condenada tía se pondría imposible y haría mil cosas para evitarlo. Pero él lo haría por su amiga, siempre había sido todo por ella, porque era la única que lograba hacerlo sonreír en esos días de soledad en aquel frío colegio, era la única que había despertado el cariño en lo más profundo de su corazón, ella había llenado su vida de alegría, y él siempre se lo iba a deber.

- ¿Los aurores creerán en nuestro arrepentimiento?- se preguntó ella con un tono de voz preopcupado.

- No lo sé, pero pase lo que pase… estaremos juntos- Ginevra asintió notando como una lágrima caía por su mejilla-. Haz vuelto…

- ¿Qué cosa?

- Que Ginny ha vuelto aquí- posó la mano en el pecho de ella y le sonrió-. Vuelves a ser la niña de la que me enamoré de chico, los miedos se están alejando, y me alegra tanto…

- No lo puedo creer…- las pesadillas realmente se estaban esfumando, y recién se percataba de ello, sin embargo Ginny pensó que siempre en el fondo de su corazón habría un pequeño agujero, en donde todos sus temores vivirían latentes.

- ¿Te gusta no?- indagó Draco de repente.

- ¿Quién?

- Potter.

- Nada que ver…

- A mí no me puedes engañar Ginny…- la regañó acariciándole la mejilla-. Háblame de él…

- No…

- Anda…- Ginny lo miró un momento y le sonrió con suavidad.

- Es tan extraño…- murmuró acercándose más al cuerpo del chico, pidiendo su calor-. Cuando llegamos me imaginé encontrarme con una persona fría y sin escrúpulos. Pero luego, con el paso del tiempo me dí cuenta que era todo lo contrario, alguien cálido y bueno- se detuvo un momento mirando sus manos-. Comprendí que había mucha mentira en las supuestas verdades que nos hicieron creer, entendí que nuestro señor no era tan bueno, y que realmente hizo mucho daño. Yo siempre le voy a estar agradecida…- lo miró nerviosa-. Por aquello, ya sabes. Pero hizo mucho daño, sufrió tanta gente…

- Que ciegos que fuimos ¿no?

- Tal vez quisimos serlo…- Ginny suspiró-. No lo sé, pero si pudiese volver el tiempo atrás…

- No podemos.

- Lo sé…- se alejó de su amigo y se paró-. Vamos a la cocina, te prepararé algo rico de comer- e intentando de todas maneras olvidar el miedo por unos momentos, Ginny cocinó para su amigo, como lo hacía siempre que estaba triste.

o0o0o

Creyó estar soñando, unos ruidos extraños molestaban su descanso, hasta que perezosa abrió los ojos encontrándose con Bellatrix buscando entre sus libros de la biblioteca.

- ¿Qué estás buscando?- indagó inquieta, le molestaba que estuviese ahí.

- Siento haberte despertado Ginevra, busco unos papeles, unas cartas. Creo que lo metí en uno de estos libros, ¿recuerdas?

- Ya sé cual…- Ginny se envolvió en su bata de dormir y bostezando tomó un viejo libro de una de las puntas de la estantería-. Toma- le entregó uno de ellos, de esos feos con las tapas rotas y corridas. Bellatrix se lo había dado en Australia para que lo guardase, realmente aquel día se había prácticamente borrado de su cabeza.

- Pensé que se había perdido en la mudanza.

- ¿Y se puede saber qué es?

- Cosas viejas, que no tienen importancia- Ginny frunció el ceño, seguro que era importante.

- ¿Desayunas con nosotros?- indagó la pelirroja sabiendo que aceptaría.

- ¿Cocinarás tú?

- Como siempre…- salió de la habitación y cerró la puerta del cuarto de Draco, dejaría que el chico durmiera un poco más.

- Explícame eso de los informes…- Ginny se sobresaltó al sentirla detrás suyo.

- Solo…- carraspeó mientras sus manos abrían el grifo del agua-. Han contratado a otra persona para hacer el trabajo, no era lo que yo debía hacer. Me han quitado la llave, no pude hacer una copia, tiene ese hechizo incopiable, ya sabes…

- Igualmente con todo lo que nos has conseguido tendría que alcanzar… ¿y que tal todo con Potter?

- Nada nuevo…- dejó la vieja tetera de metal sobre el fuego esperando a que se calentara. Tomó unos huevos y los partió dentro de un tazón.

- ¿Haz hecho lo que te he dicho?

- Sí… pero parece que está muy enamorado de su secretaria, costará un poco…

- Confío en tus encantos, querida… ¡que bien huele eso!

- Espera a que esté listo.

En medio de aquella preparación en donde los nervios de Ginny estaban a punto de estallar, Bellatrix se disculpó yendo al baño, ocasión perfecta para la pelirroja. Con cuidado se acercó a la mesa en donde la morocha había dejado los papeles que tanto había buscado, Ginny se había olvidado completamente de ellos, con todo el tema de la mudanza y el casi mes y medio que le siguió después… Sin embargo, sospechaba que realmente era importante ver lo que había allí.

Era un mapa, pero no cualquier mapa. Lo reconocía claramente, era el mapa que Voldemort había utilizado el día que atacaron aquel lugar. Reconocería ese bosque en donde fuera, aquel día en donde vio como Harry Potter moría y volvía a resucitar, ese castillo que tantas veces creyó que iba a conocer, terminando yendo a un lugar completamente distinto. Era el mapa de Hogwarts, y realmente no le gustaba nada aquello. Sin embargo una voz a su lado lo sobresaltó.

- Hola Gin…- Draco no pudo terminar su nombre porque un bostezo se lo impidió.

- Draco, ten cuidado que Bellatrix está en casa- le dijo en un susurro mientras acomodaba el pergamino tal y como estaba.

- ¿Dónde?

- Aquí estoy querido- la mujer estaba detrás de él-. Tanto tiempo sin verte sobrino…

- Sí tanto tiempo…- el rubio hizo una mueca de desagrado y se sentó en una de las sillas.

- ¿Crees que te falta mucho, Ginevra?

- No, este es el último. ¿Estás muy apurada?

- Tengo unas cuantas cosas que hacer…

- ¿Qué cosas?

- Pronto te enterarás…- sonrió suavemente-. ¡Que delicia!- exclamó comiendo uno de los crepés con jalea de Ginny.

Ginny sintió como cada músculo de su espalda se tensaba, sabía que su humor estaba irritado. ¿Cómo no estarlo? Seguro que Bella tenía pensado atacar el colegio, habiendo tantos pequeños inocentes en aquel lugar. ¿Pero que podía hacer? Pensó en contárselo a Harry, ¿pero como se habría enterado ella de eso?

En ese momento por primera vez sintió una enorme repugnancia hacia la desprolija mujer que se hallaba comiendo a su lado. Aquellos niños no habían hecho nada en absoluto. Ella no podía permitir que eso pasara. Cuando Bella se fue, inmediatamente corrió a su cuarto a vestirse para ir al trabajo, tenía que hacer algo, y urgente. Ya vería si podía convencer a Harry de aumentar la seguridad en el colegio.

o0o0o

Las manos le temblaban al llegar al segundo piso. ¿Cómo demonios hablaría con Harry? Para peor, el humor del chico era más vil que el de un dragón enojado. Sin embargo un movimiento diferente había en el lugar, algo estaba pasando, y los sucesos de esa mañana con Bellatrix le daba muy mala espina.

- ¿Qué sucede?- preguntó tomando el brazo de uno de sus compañeros.

- Se ha filtrado información de que habrá un atentado.

- ¿Dónde?- indagó conociendo la respuesta.

- Hogwarts- Ginny miró la puerta de la oficina de Harry y con el corazón latiendo a mil por hora comenzó a caminar.

Simplemente no podía estar pasando aquello, pensó mientras desviaba su camino hacia los vestuarios, debía vestirse y prepararse para la batalla. Tomó rápidamente la ropa más cómoda que usaba para entrenar, aquella calza oscura y esa remera larga, se calzó con zapatillas de correr y se colocó la capa oscura encima. Guardó presurosa la varita en su antebrazo, se recogió el cabello en una coleta bien alta y con decisión se dirigió a la oficina de Harry, debía conocer los detalles de la operación.

Entró sin llamar a la puerta, la situación realmente no le dejaba pensar en cortesías en es momento. Harry se hallaba de espaldas, mirando por la ventana mientras se abrochaba una oscura túnica por el frente.

- ¿Quién…?- él se dio vuelta y se calló al observar a la pelirroja allí-. ¿Qué quieres?- le preguntó de manera brusca.

- Quiero saber qué es lo que haremos…

- Tú no harás nada…- respondió mirándola de arriba abajo-. No hace mucho que has ingresado y no creo conveniente que vayas con nosotros…- agregó tomando la varita que se hallaba en la mesa.

- No puedes estar hablando en serio…- siseó ella endureciendo su mirada.

- Muy en serio, no quiero ponerte en riesgo…

- Pero Harry…- se quejó.

- Basta- Harry pasó por su lado atinando a salir de la oficina cuando ella lo tomó de la capa y con una enorme fuerza lo arrastró hacia dentro-. ¡Pero suéltame…!- con un movimiento quitó la mano de ella de su ropa y la miró con enojo.

- Yo también trabajo aquí por si no te habrás dado cuenta, estoy en todo mi derecho de participar esta vez…- reclamó suavemente.

- Pero no voy a permitir que lo hagas- le dijo él levantando la voz.

- ¿Quién te crees que eres?- indagó Ginny indignada.

- Tu jefe, y estás bajo mi mando Ginevra.

- ¡No!- se alejó de él quedando de espaldas-. Yo iré con ustedes, aunque tenga que aparecerme con mis propios medios- en un acceso de ira empujó a Harry hacia el escritorio y se dispuso a salir del lugar, el chico la tomó bruscamente del brazo y la atrajo hacia sí, tomándole los hombros con las manos.

- No irás a ningún lado- siseó él con aire amenazador.

- ¡No me toques!- ella volvió a empujarlo pero fue en vano-. Tú no entiendes, esos niños pueden estar en peligro, yo puedo ayudar, sabes que estoy capacitada…

- No te quiero arriesgar…

- ¡No lo harás! Por favor Harry, sé que estás enojado conmigo, no sé por qué, pero déjame ayudarte en esto…- le acarició el brazo con suavidad bajando su mano hacia la mano del chico-. Por favor…- Harry miró los dedos de ella enredándose con los suyos y sintió como algo cálido invadía su pecho. Nunca había sentido algo así, el deseo de protegerla, haberla visto preparada para la batalla le había puesto los pelos de punta. Pero creía conocerla bien por lo que la veía capaz de aparecerse por sí sola en el colegio, era preferible tenerla vigilada a su lado.

- Está bien, vendrás conmigo, pero acatarás todo lo que te diga…- le advirtió mirándola a los ojos.

- Lo que tu digas…- ella le sonrió con sinceridad-. Gracias.

Ginny notó como Harry le quería decir algo más, sin embargo la miró intensamente por unos segundos y luego salió de la oficina, dejando tras de si una aura extraña, como maligna. Realmente estaba enfadado con ella.

Cuando Ginny salió de la oficina, el revuelo del cuartel era aún peor, ahora Hermione estaba abrazando a Ron por el cuello pidiéndole que se cuide. Le hubiese gustado decirle a a su amiga que a Ron no le iba a suceder nada, que ella lo iba a cuidar. ¿Pero que justificativo tendría? Se llevaba bien con Ron, pero sabía que él impedía que se acercarse mucho, dudaba que se hubiese creído ese inmenso parecido que tenía ella con su hermana, ¡si eran la misma persona!

- Ginny…- dijo una voz a su espalda, Draco también había ido hacia allí.

- No me llames así, Draco…- susurró acercándose.

- Lo siento… de la impresión no me dí cuenta…- la miró preocupado-. ¿Irás?

- Sí… haré todo lo posible por evitar que les haga daño- observó la seriedad de su amigo y le acarició el rostro con la mano.

- Ten cuidado por favor… si solamente pudiese ir…

- Sabes que estoy preparada- le dijo tomando su mano-. Tú quédate tranquilo, confía en mí- besó los dedos de Draco y le sonrió suavemente mientras lo abrazaba-. Te quiero…

- Yo también te quiero- Draco la apretó a su cuerpo cerrando los ojos. Ginny en cambió los abrió y miró a un pequeño grupo de compañeros que estaban alejados, Harry estaba con ellos, y la estaba mirando. Una mueca extraña, como enfadada, celada, no sabría decirlo. Pero esa mirada la hizo sonrojar y separarse de su amigo. No quería empeorar las cosas, ¡y odiaba que la vea así!

Luego de unos minutos que para Ginny parecieron años, se dirigieron hacia la sala de entrenamientos, allí los esperaba un translador con forma de zapato. Harry lo levantó en sus manos e instó a todo el equipo que lo tocara. De repente todo cambió de colores y Ginny sintió como algo pesado y duro tiraba de su estómago hacia delante, causándole una sensación angustiosa en su cabeza. Ella cerró los ojos y se dejó llevar hasta que sintió que sus pies al fin habían tocado tierra firme.

Él lugar de aparición tenía la imagen de ser un pueblo, de lejos Ginny cuando abrió los ojos pudo ver al castillo a unos pocos kilómetros, de seguro ese lugar era Hogsmeade, era la primera vez que estaba allí, una euforia se apoderó de ella y miró lo más disimulado que pudo las marquesinas de los comercios. Siempre soñó con ir allí, tal vez no de esa manera, pero era algo que tenía pendiente, así como entrar alguna vez a ese enorme castillo.

- La directora de Hogwarts, la profesora McGonagall ha dispuesto un medio de transporte para nosotros. Ingresaremos como visitantes y luego nos desplegaremos en el interior. ¿Alguna pregunta?- Harry, al ver que nadie contestaba asintió-. Bien, tomaremos aquellos carruajes que están allí- dijo señalando unos carros cerrados, tirados por unos animales algo extraños.

- ¿Qué animales son esos?- preguntó Ginny cuando Harry y Ron pasaron a su lado.

- Son threstals…- contestó el morocho automáticamente, pero al instante la miró extrañado- ¿cómo es posible que los veas?- increpó.

- Porque tengo ojos… ¿cómo quieres qué lo vea?- inquirió con ironía.

- No es por eso…

- ¿Entonces?- Ginny subió al carro ayudada de Harry, junto a Ron y a otros tres compañeros más.

- Estos animales pueden ser vistos por personas que tuvieron una experiencia cercana a la muerte, es decir…- se quedó pensando-… que hayan visto la muerte.

- Oh…- Ginny guardó silencio pensando en las pocas personas que había visto morir, inmediatamente el recuerdo de unos muggles se posó en su cabeza haciéndola temblar.

- Nunca son agradables ¿no?- murmuró Ron-. Pero lamentablemente he visto mucho de esas…- estiró las piernas.

- Odio eso…- dijo Harry.

Luego el carruaje se tornó en silencio. Solamente el repiqueteo de las ruedas de madera del carruaje sonaba sobre el pedrusco camino. El movimiento incómodo de un lado hacia otro era exasperante, cada dos por tres terminaba encima de Harry, aspirando su perfume o bien, sintiendo su calor. Era imposible no estar tan cerca, realmente eran demasiados para aquel carruaje. De seguro estaba diseñado para niños, no para personas adultas como ellos. Ginny suspiró llevando un mechón de cabello que se le había soltado del recogido. Simplemente era imposible mantenerlo en su lugar. Draco siempre le decía que su cabello era lo más lindo que tenía, liso y suave como la seda, pero ella muchas veces lo retrucaba diciéndole que nunca lo podía peinar en un lugar, que siempre que se hacía algo, se terminaba desarmando, y que su color era terrible, ¡horrible!

Sin embargo sus cavilaciones se esfumaron de la cabeza al cruzar un enorme portón. Miró a su lado y vio a Harry y a su hermano sonriendo con admiración. Para ellos había sido su segundo hogar, según lo que Harry le había contado, y volver era como estar otra vez en casa. Cuando el carro se detuvo, inmediatamente comenzaron a bajar. Ginny no pudo evitar admirar la majestuosidad de aquel castillo, con las ventanas brillando por la luz de cada habitación, con ese aroma a magia que inundaba sus fosas nasales trasportándola a cuando era pequeña y su sueño era asistir a aquel colegio.

- ¡Harry!- un hombre gigante se había acercado a ellos y abrazaba al morocho con entusiasmo, luego hacía lo mismo con Ron pronunciando su nombre. Al parecer eran viejos conocidos.

- Hagrid… ¿cómo has estado tanto tiempo?

- Tú sabes, por aquí, por allí...- sonrió con entusiasmo-. ¡Es mi último año! Simplemente no lo puedo creer, y todo gracias a ustedes…

- Te lo merecías, luego de haber sido expulsado tan injustamente- Ron le golpeó el brazo con cariño-. Hermione está muy orgullosa de ti, no para de repetir tu nombre- rió-. Encima con unos de los mejores promedios, ¡Gran alumno el que se ha echado Hogwarts!

Cuando todo en el mundo mágico había vuelto a la normalidad, muchas cosas ocultas comenzaron a aclararse. Aquellas personas culpadas erróneamente fueron redimidas y revalorizadas en la memoria de toda la comunidad mágica. La imagen de Sirus Black fue limpiada estrepitosamente, al igual que la de muchos otros, señalados equivocadamente. Hermione intervino en la restricción de magia para con Hagrid, todos los hechos habían demostrado que él era inocente de aquella muerte hacía tantos años, además, eso sumado al excelente trabajo y la formidable ayuda que había brindado, todo cerraba en una nueva oportunidad: terminar los estudios en Hogwarts de una vez por todas.

Hagrid en un principio lo había rechazado, él se sentía muy a gusto con su trabajo de guardabosques, ya que el cuidado de criaturas mágicas había sido repuesto a su anterior profesor. Sin embargo las palabras de Hermione terminaron convenciéndolo, McGonagall aseguró su puesto, podía ser el guardabosque y estudiante a la vez. Podría tener su nueva varita hecha por el propio Ollivander y tener su título de mago. Y luego de pasado el tiempo, al fin estaba terminando, sería un orgullo para todo el colegio. Ni hablar lo que hubiese pensado Dumbledore de ello, estaría simplemente encantado.

- ¿Sabes en dónde está McGonagall, Hagrid?- indagó Harry al semigigante.

- Los espera en el vestíbulo- le sonrió a la pelirroja-. Pasen por favor…- les abrió la puerta del castillo y dejó pasar a todas las personas allí presentes.

Ginny se sintió impresionada, el suelo, las paredes... y ella que pensaba que Durmstrang era majestuoso con sus piedras heladas y húmedas con el suelo muchas veces congelado. Hogwarts era mágico, que obviamente lo era de por sí, era imponente, irradiaba belleza a los ojos de todos, con las exquisitas pinturas con sus personajes moviéndose de un lado a otro, con aquella enorme escalera, y aquel suelo de fina piedra. Una mujer vestida de túnica larga y prolija, con un rodete estricto, anteojos redondos y una expresión bondadosa los miraba con una sonrisa.

- Profesora McGonagall…- susurró Harry verdaderamente emocionado.

- Siempre es bueno tenerlos por aquí muchachos… Hogwarts no es lo mismo sin ustedes- sin embargo su mirada afectuosa hacia Harry y Ron se tornó preocupada-. ¿Pero qué es lo que sucede? No entiendo el por qué de la urgencia, Potter, tú sabes que no era necesario ser tan extremista…

- No la hubiese molestado si no hubiese sido urgente. Unos aurores infiltrados en el viejo círculo de Voldemort nos han advertido de un posible ataque esta trade- la mujer se llevó una mano a la boca y lo miró con horror.

- ¿Qué haremos?

- No se asuste, sabemos que se hayan totalmente debilitados desde que Voldemort está con ellos- un estremecimiento hizo temblar a la mujer-. Sin embargo lo tendremos controlado, ahora nos encargaremos de escudar el castillo y luego esperaremos el ataque.

- ¿Qué hago con los alumnos? Ellos se preocuparán mucho…

- Simplemente ocúpese de que se mantengan en sus salas comunes y que no salgan de allí bajo ningún motivo. No queremos que haya ningún herido…- McGonagall lo miró con admiración y asintió vigorosamente.

- Como tú digas Potter… hablaré con los jefes de las casas y organizaremos todo. Saben que cualquier cosa que necesiten, todo el personal del colegio está a la disposición de ustedes…- la mirada de la mujer recorrió el resto de los integrantes deteniéndose un momento en Ginny-. ¿Yo a usted no la conozco?

- En absoluto profesora- Ginny sintió como su corazón latía desenfrenado-. Es la primera vez que piso este colegio.

- Me recuerdas a alguien…- de reojo miró a Ron con especulación.

- A pesar de ser pelirroja, no tiene nada que ver con mi familia, profesora McGonagall- dijo Ron.

- Es extraño no relacionar esa cualidad con tu familia, Weasley- le sonrió a Ginny-. ¡Muy bien! Mejor me pongo en camino así ultimo los detalles.

Luego todo sucedió muy rápido, Ginny utilizó todo el repertorio de hechizos que tenía rodeando el castillo, ella los sabía, si decenas de veces los había hecho para ocultarse de los aurores del Ministerio, su señor siempre le había dicho que eran sumamente importantes, y de vital implicancia a la hora de ocultarse. Por ello había corrido con suerte, ella realmente era buena en encantamientos y también en defensa. Una vez terminados todos los conjuros volvió a entrar al castillo, buscaba a Harry, debía preguntarle unos detalles; no podía evitar sentirse nerviosa. No dudaba que saliera todo bien, los ataques que siempre planeaba Bella no eran muy buenos, la inteligencia y el poder de mando lo llevaba Voldemort.

Ginny se detuvo ¿por qué no lo había pensado así antes? Era claro, estaba a la vista. Siempre estaban huyendo, y ningún plan era exitoso. Jamás había salido algo como esperaban, y ella confiaba en que sí… Una alegria inexplicable la invadió, debía sentirse mal, pero estaba feliz. Bellatrix no podría hacer lo que quería y nadie saldría dañado. Era extraño, pero el saber que neutralizarían todos sus intentos de hacer daño, la invadía de felicidad. Sin embargo unos pasos a su espalda la dejaron lívida al voltearse.

- ¿Espera a alguien?- dijo una voz.

- Solamente estoy buscando a Harry Potter, mi jefe…- susurró girándose abriendo enormemente los ojos, Severus Snape estaba frente suyo, luego de cinco años.


Perdón por la espera, recién terminado aquí está para ustedes. Aprovecharé estas vacaciones para escribir, y escribir, y escribir. Una vez que comience nuevamente a cursar me tendrán poco y nada por aquí. Por eso quiero adelantar lo más que pueda.

Realmente no me convence el capítulo, pero es unevitable que lo haya escrito, hay cosas clave y detalles que tanto Ginny como Draco van entendiendo y realmente se dan cuenta de cual es el lado que le corresponde, lo cual en el futuro les traerá problemas. Pero no adelantaré nada, perdería la gracia.

Ahora me pondré al día con Sálvame la vida, que realmente me está costando muchísmo escribir, para quienes siguen la historia saben que Harry está pasando por un estado crítico de la enfermedad y realmente cuesta mucho concentrarse. Pero mi idea es tenerla terminada lo antes posible.

Espero sus comentarios lindos, darán a esta chica más ánimo para escribir.

Besos, Jor.