En Hogwarts.
Ginny se quedó de piedra, como si le hubiesen arrojado un enorme balde agua muy helada en la cabeza, o bien con la actitud de una víctima de un poderoso Petrificus Totalus. Era como un sueño, no sabía definirlo como bueno o malo, era difícil. Ver a aquel hombre en frente suyo le traía al recuerdo momentos agradables, momentos de decepción, y un millón de momentos más que habían compartido. ¿Qué le diría? ¿Cómo hablaría? Después de tanto tiempo jamás creyó volver a verlo así, tan cercano.
- Severus…- susurró sintiendo algo inexplicable en su interior.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó él acercándose, con aquellos ojos oscuros muy abiertos de la impresión.
- Yo…- Ginny no podía hablar, sentía la boca seca y la lengua pegada al paladar-. No sé que decir...- murmuró con la voz rota. Severus la miró y las comisuras de sus labios se curvaron casi imperceptiblemente.
- Ha pasado mucho tiempo, Ginevra- Ginny lo miró y se acercó levemente.
- ¿Por qué lo hiciste?- indagó ella de improviso-. ¿Por qué?- verdaderamente se hallaba dolida.
- Tenía que hacerlo, era mi deber.
- Jamás estuviste de nuestro lado ¿no? Bella tenía razón…- bajó la vista y se sintió pequeña, aquello no se lo esperaba.
- ¡No la nombres!- le gritó encolerizado-. No quiero saber nada de esa maldita mujer.
- ¿Pero por qué?- reiteró ella.
- ¿Qué haces en el castillo?- volvió a preguntar Severus evadiendo sus preguntas. Ginny lo miró con los ojos brillantes a punto de llorar, como pudo aspiró un poco de aire llenando sus doloridos pulmones por la emoción e intentó calmarse.
- Yo cuidaré el castillo.
- ¿Cómo?- Severus frunció el seño-. ¿Puedes explicarte?
- Es largo…- suspiró-. Todo es parte de algo- movió sus manos buscando darle una explicación-. Ya sabes, esas cosas extrañas. Y ahora estoy cuidando este castillo para que nada malo les pase a los niños- lo miró a los ojos y le sonrió con ternura-. Severus… debemos hablar.
- Sí… me debes decir que es lo qué estás haciendo. ¡Te pueden descubrir!- captando parte de ese algo.
- No lo han hecho…- se encogió de hombros-. Y si así lo hicieran, creo que sería lo mejor.
- Vamos a hablar a mi despacho, allí estaremos tranquilos- le pidió con suavidad estirando el brazo.
- Espera… te pido que no me delates, ahora no. Yo te juro, te juro que no quiero saber más nada con ellos…- Ginny se acercó a Severus-. Simplemente, a pesar de que al principio era un plan desastroso, ahora yo no quiero más, no quiero saber nada con ellos. Quiero volver y vivir esta paz.
- Lo harás… si yo pude, tú podrás. Nunca le has hecho daño a nadie, Ginevra, no debes tener miedo.
Ginny asintió notando como un enorme peso se aligeraba en su espalda. En los días de encierro, en donde la última batalla estaba llegando a su fin, Severus fue uno de sus compañeros más preciados. No solían hablar mucho, pero compartían largas horas en silencio, leyendo diferentes historias o simplemente mirando el fuego de una chimenea. Ginny sabía que él era diferente, era tranquilo y para nada se parecía a los demás mortífagos que había en el lugar. Alguna vez él comentó el inmenso parecido que tenía con una vieja amiga de la infancia, y a partir de ese momento procuraron hablar, un poco más. Ginny a su lado se sentía tranquila, a pesar de no verlo sonreír y preguntarse constantemente el por qué de ese rictus amargo en sus labios, siempre había sido agradable con ella y cuando él se reveló contra Voldemort, sintió que había perdido un viejo amigo.
Verlo ahora después de tanto tiempo, era un golpe a su corazón, ella lo conocía como era realmente. Sabía que no la delataría a pesar de pertenecer al bando enemigo, a la cual estaba encomendada, para su disgusto. Se mordió el labio con nerviosismo, tenía tantas cosas que preguntarle y a la vez se hallaba nerviosa, esperaba que el supiera guardar su secreto. Confiaba en que así lo haría, o al menos eso esperaba del hombro que ella había conocido hace tantos años. Tal vez el Severus de ahora era diferente, no lo sabía, pero rogaba que no fuera así.
- ¡Ginevra!- exclamó la voz de Harry, unos pasos delataban que de a poco se estaba acercando a ellos.
- Harry- Ginny miró con alarma a Severus y éste le hizo un gesto con el rostro, pidiéndole tranquilidad.
- Te estaba buscando- se detuvo al verla junto a aquel hombre-. Snape- lo saludó con una inclinación de cabeza.
- Potter- devolvió Severus la gracia amargamente-. Me he encontrado con esta señorita en el camino, lo anda buscando- sonrió imperceptiblemente-. Le pido que no pierda sus mujeres por allí, no querrá que alguien se las robe.
Ginny sintió como el calor inundaba sus mejillas, además de unas enormes ganas de pegarle por haberle dicho eso a Harry.
- Procuraré no hacerlo- respondió Harry con suavidad.
- Eso espero, porque usted no querrá que le pase nada.
- Claro que no- Ginny los miraba uno a otro, no pudiendo creer que hablaran así de ella estando presente.
- Entonces yo no tengo más nada que hacer aquí- Snape inclinó la cabeza hacia Ginny y desapareció entre los pasillos del castillo ondeando su capa oscura.
- Te estaba buscando- le dijo Harry acercándose a ella-. ¿No me habías prometido que ibas a acatar mis órdenes?
- Yo entré para preguntarte qué hacer- respondió en un siseo-. No hace falta que seas tan duro conmigo, Harry.
- Es que estas situaciones me hacen alterar los nervios- se pasó una mano por el cabello despeinándose aún más-. Me molesta no saber nada, ni a qué hora van a atacar o por qué ala del castillo lo harán.
- Debes estar tranquilo- le dijo despacio ella-, si demuestras tu fortaleza, todo saldrá bien. Además se hallan debilitados, seguro que es un plan descabellado y sin bases firmes.
- Lo sé, pero siento terror al imaginar que gente inocente puede morir- respondió él sentándose en uno de los bancos de madera que había en el vestíbulo-. Es exasperante- Ginny comprendió a lo que apuntaban sus palabras.
- Algún día quiero que me cuentes- Harry la miró-. Quiero que me digas como fue todo, como lo sentiste. Habrá sido muy duro vivir ese momento, con tanto odio alrededor.
Harry, entendiendo a lo que se refería, asintió.
- No me preguntes por qué, pero al hablar contigo me siento tranquilo.
- Lamento haberte hecho enojar- susurró ella sentándose a su lado.
- Tú no has hecho nada, yo soy el que siempre anda alterado- sonrió debilmente-, deberías preguntarle a Ron y Hermione…
- No tiene importancia- zanjó de inmediato-. Debes saber que yo con Dean no tengo nada- lo miró a los ojos y sonrió-. Simplemente somos buenos amigos, como tú y yo.
- No te pedí que lo aclararas- respondió Harry en clara actitud de defensa.
- Simplemente quería que lo sepas- respondió sin evitar que en su voz sonara un poco recelosa.
- Pues date por satisfecha- Ginny bufó cansinamente y se levantó dispuesta a salir de allí.
- ¿A dónde vas?
- No sé, por ahí. Mejor cualquier otro lado que aquí.
- ¿Qué te pasa?
- ¿¡A ti qué te pasa!?- exclamó moviendo las manos-. De un momento a otro pasas de tratarme bien a tratarme como si fuera la peor cosa del mundo. No te entiendo, te comportas como un adolescente hormonal, ¡Merlín!
- ¿Lo tengo que tomar como un insulto?- inquirió él con burla.
- Tómalo como quieras, pero no pretendas que te siga en esto- Ginny se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.
- ¡Ven aquí!- Harry tiró de su brazo.
- No me gusta que me manden- musitó enojada-. Si tienes la gentileza de soltarme, te lo agradeceré.
- Pero resulta que no soy gentil, ni tampoco un caballero, así que lamentablemente para ti, no te soltaré- tiró aún más del brazo y la atrajo a su cuerpo.
- ¡Suéltame!- gritó ella enfurecida.
- Oblígame- susurró, acercándose poco a poco a su rostro.
El cuerpo tenso de Ginny se aflojó un ápice dejando que un brazo de Harry rodeara su cintura. Ella podía sentir la respiración de él, la cual le hacía cosquillas en el cuello, su aroma, suave y con dejes a madera le hacía agua la boca. Algo comenzó a revolotear en su estómago, como un enjambre de mariposas volando de un lado a otro.
- No lo hagas- le pidió con los ojos abiertos, observando como los labios de Harry se acercaban a los suyos, notando como él elevaba las cejas en un gesto de burla antes de llegar a unir sus labios.
La hubiese besado, solo Merlín sabe que habría sido así, sólo si aquel infernal estruendo no los hubiese sorprendido, Harry estaría saboreando aquellos labios carnosos de la pelirroja.
Inmediatamente, ambos comenzaron a correr hacia fuera del castillo con las varitas en la mano. Ginny sintió como el sonrojo de su cara desaparecía dejándole las extremidades heladas, como el rápido martilleo de su corazón se sentía en su sien, y como las piernas corrían por mero instinto. La explosión provenía de un lugar lado oeste de la entrada, en donde una enorme torre se alzaba a lo alto.
- ¡Demonios!- rugió Harry con enfado-. Es la torre de astronomía- Ginny sintió como un nudo se le formaba en la garganta mientras continuaba corriendo detrás de Harry, aquel lugar era donde Bellatrix había matado a Albus Dumbledore, lo había festejado todo un mes seguido, era imposible olvidarlo.
Cuando llegaron, todo estaba lleno de polvo y rocas desperdigadas por toda la extensión, Ron estaba en el suelo junto a otro compañero más, Ginny sintió como el corazón se le expremía de la angustia, por lo que corrió más fuerte y se arrodilló junto a su hermano.
- ¡Por Merlín!- exclamó al verle el rostro ensangrentado, mientras a su lado el otro auror se estaba levantando-. ¿Dónde te golpearon?
- No sé- respondió Ron con la voz ronca a la vez que tosía fuertemente-. Creo que me golpee la cabeza- se llevó una mano hacia ese lugar y cerró los ojos en respuesta.
- ¿Cuántos dedos tengo?- indicó Harry mostrándole dos de sus dedos extendidos.
- Dos…- gimió cuando sintió chorrear un poco más de sangre por su rostro-. Me siento mareado.
- Está perdiendo sangre- murmuró Harry levantando por la espalda a su amigo.
- Déjame ver- Ginny observó como aquella herida atravesaba gran parte de su cuero cabelludo-. ¡Esto está horrible!- buscó su varita que estaba a un lado de sus piernas y le apuntó la herida- Tal vez moleste, pero al menos dejará de sangrar ¡Episkey!- Ginny estuvo atenta por si sucedía algo, pero nada-. ¡Mierda!- exclamó para luego empezar a murmurar unas palabras, como si fuera un rezo, Harry se acordó vagamente un viejo incidente en donde atacó a un mortífago con una maldición, por lo que Snape, en aquel momento en el bando enemigo, lo había curado de forma similar.
- ¡Cuidado!- exclamó Harry echándola a un costado, otra explosión tuvo lugar, sin embargo Ginny no sintió dolor, Harry había conjurado un escudo protector.
- ¡¿Te sientes mejor?!- exclamó Ginny entre tanto ruido.
- No te preocupes- el pelirrojo se sentó tratando de recuperar fuerzas.
- Ni se te ocurra moverle- lo amenazó ella mientras se giraba para enfrentar a los encapuchados, por uno de los costados pudo ver acercarse al resto de los aurores.
- ¿De dónde conoces ese hechizo?- le preguntó Harry a la vez que se inclinaba evadiendo un rayo color violeta. Ginny saltó hacia un costado y lo miró.
- No sé, no recuerdo en dónde lo aprendí- la pelirroja se arrojó al suelo mientras apuntaba a un encapuchado medio distraído- ¡Relashio!- el mortífago fue elevado del suelo envuelto en un vapor de agua ardiente.
- ¡Incarcerous!- exclamó Harry haciendo que uno de los enemigos cayera envuelto en sogas que lo apretaban fuertemente.
Ginny vio como uno de los encapuchados corría para ocultarse detrás de un inmenso árbol que había en el jardín del colegio y luego observó como otro lanzaba una maldición imperdonable tras otra hacia sus compañeros. Con fuerza arrojó un hechizo haciendo rebotar a uno de los atacantes y a su vez comenzó a correr contra otro, intentando hacer también un hechizo protector, ¡los muy desgraciados la estaban atacando!
Ella se arrojó al suelo y se cubrió tras una enorme roca, sentía la respiración pesada y agitada, y algún hechizo le había dado en la pierna porque le ardía muchísimo. La pelirroja se inclinó a un lado y observó cuantos hombres había, a esos tres individuos debía derribarlos lo antes posible. Con sigilo se inclinó aún más y en una extraña posición, evitando de esa forma que la descubrieran y apuntó hacia la cabeza de uno de aquellos haciéndolo desmayar. Rápidamente volvió a esconderse tras la roca, no sin antes apuntar al hombre de al lado, derribándolo también.
Sin embargo un ruido a su costado la descolocó, e hizo que todo el aire que tenía en sus pulmones se congelara del terror. Uno de los encapuchados la estaba apuntando, y sabía que no dudaría un instante en matarla, ¡si ella los estaba atacando!. De improviso conjuró un hechizo protector, sin embargo este no impidió que saliera disparada ante aquel feroz Bombarda que explotó la roca en donde se hallaba protegida.
Ginny sintió como una de las rocas la golpeaba en la espalda, a pesar de ello logró inclinarse ayudada de un hechizo levitador.
- Que lindo volver a verte bonita- dijo la voz de su atacante-. Yo sabía que eras una sucia traidora…- el hombre extendió su mano e intentó tomarla del brazo, sin embargo un hechizo imperdonable le dio de lleno por detrás, aquella maldición iba dirigido a uno de los compañeros de Ginny, al parecer pudo evadirlo, pero aquel fue a dar justo en el mortífago.
- ¡Gin!- Harry sorteó unos cuantos hechizos llegando a su lado-. ¿Estás bien?
- Solo me he golpeado la espalda…- Ginny se intentó levantar pero las piernas no respondían adecuadamente, le temblaban demasiado-. Puedo sola- le dijo al chico.
- ¿Seguro?
- ¡Por Merlín!¡Si!- exclamó ya de pie-.¡Ve a defender el castillo!- Ginny hizo su mejor mueca y se logró enderezar, rápidamente intentó curar sus heridas más evidentes, especialmente la de su espalda la cual le dolía demasiado.
Ya más calmada apuntó a un encapuchado que estaba de espalda haciéndolo caer al piso con un simple hechizo.
- ¡Desmaius!- exclamó nuevamente, ella giró de forma veloz al sentir como la atacaban por la espalda- ¡Expulso!- gimió de dolor al sentir como la herida de su espalda se había abierto, se arrodilló en el suelo intentando alcanzar con su mano el lugar del dolor.
- ¡Expelliarmus!- Harry llegó a su lado tomándola por los brazos- Lo has hecho bien, se están yendo… ¡Quédate quieta!- le ordenó observando su espalda.
- Malditos- Ginny cerró los ojos sintiendo como se le llenaban de lágrimas por el dolor, levantó la vista frustrada viendo como los encapuchados escapaban desapareciendo en el bosque-. Están escapando, Harry…
- Déjalos, lo importante es cuidar de nuestros- Ginny dejó que Harry la ayudara nuevamente a levantarse mientras no despegaba la vista de aquel lugar en donde ahora uno de los mortífagos los estaba puntando.
- ¡No!- Ginny tomó su varita intentando formar un escudo poniéndose delante de Harry, sin embargo sus movimientos fueron demasiados lentos por el dolor, y aquel rayo rojo le dio en el estómago como si fuesen llamas ardientes que la estuviesen consumiendo.
Harry simplemente atinó a tomarla en brazos cayendo con ella al suelo, la túnica de Ginny estaba empapada en algo caliente y espeso, el chico tocó aquel lugar y sintió como algo se adueñaba de si al ver su propia mano ahora ensangrentada.
- ¡Ron!- lo llamó Harry en un estado de desesperación-. ¡Ron! ¡Ayúdame!- el chico rasgó la túnica de Ginny dejándola caer a los lados del cuerpo innerte de ella. Con cuidado levantó la playera que la pelirroja llevaba puesta y observó la profunda herida en el lado derecho de su vientre.
- ¡Hay que llevarla a la enfermería!- exclamó Ron a su lado, los mortífagos habían escapado finalmente.
- ¿Hay más heridos?- inquirió Harry pasando los brazos por las piernas y la cintura de la chica.
- Los estamos llevando también a la enfermería… ¡Demonios! Eso se ve feo- Ron ayudó a Harry a levantarse con Ginny en brazos, ella se había desvanecido del mismo dolor, colgaba de Harry con las extremidades caídas como si no tuviera vida.
- No te vayas- le susurró Harry a Ginny mientras corría cruzando el parque adentrándose al castillo. Ella con los sentidos sedados por el mismo dolor sólo atinó a mover su mano y con un esfuerzo sobrehumano sonrió.
- No pasará nada…- gimió antes de volver a caer desmayada.
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Ginny retomó la conciencia sin animarse a abrir los ojos todavía, los sentía pesados y doloridos al igual que el resto del cuerpo. Consideraba su cabeza como un globo lleno de aire a punto de explotar y uno de sus brazos estaba totalmente entumecido. Quiso mover los labios, pero algo en la boca se lo impidió, desesperada intentó mover la mano sana hacia su rostro, sin embargo un latigazo de dolor la recorrió por completo haciéndola apretar aún más los párpados.
Nuevamente intentó estremecer los labios, y descubrió que simplemente había algo que los cubría, que debía deslizar aquello que le causaba una leve sensación a frescura en su boca. Ginny hizo un extraño movimiento con los labios logrando que aquella cosa molesta le permitiese articular la palabra. Respiró hondo e intentó hablar, a pesar del inmenso ardor que sentía en la garganta.
- ¿Dónde…?- el escozor no le permitió continuar y comenzó a toser estruendosamente sintiendo como en cada esputo, su garganta se resecaba más y más.
- Espera- susurró alguien a su lado, Ginny pudo reconocer la voz de un hombre, pero la consciencia todavía no era plena por lo que no pudo distinguir quien era.
- ¿Quién… eres?- nuevamente un ataque de tos convulsionó su pecho.
- No hables- unas fuertes manos intentaron enderezarla en la cama, Ginny se hallaba de costado, recostada encima de su brazo sano, por ello no lo podía mover y lo sentía entumecido, su propio peso lo había desensibilizado así.
- Agua…- pidió con un murmullo ronco. Aquellas manos la tomaron con suavidad por la espalda y con mucho cuidado corrieron aquella máscara que cubría su boca. Ginny sintió como algo duro se posaba en sus labios y como el líquido frío y refrescante se deslizaba por su lengua suavizando todo a su paso. Ella bebió al menos cinco sorbos y luego negó suavemente con la cabeza.
- ¿Ya pasó?- ella asintió recobrando de a poco la conciencia.
- Harry…
- No Ginny… soy Draco- ella abrió los ojos tratando de enfocar la vista, al ver al chico rubio frente suyo toda aquella densa nebulosa que nublaba su mente, se esfumó.
- Draco… ¿qué pasó con Harry?
- Fue con Hermione y Ron a comer algo. Desde que te han internado en esta enfermería, ayer por la tarde, no se ha movido de tu lado- Draco se inclinó sobre ella y acomodó su cabello junto a la almohada-. Me has dado un susto tremendo.
- ¿Qué me pasó?
- Te atacaron, te han hechizado con magia negra, y si no fuera por ese escudo que conjuraste, ahora no estarías viva para contarlo.
- ¿Por qué estoy de costado y no me puedo mover?
- La enfermera te inmovilizó, tenías una herida bastante fea en la espalda, y la maldición te dio en el estómago. Seguramente mañana por la mañana te puedan dar el alta.
- ¿Y los demás?
- Están todos bien- Ginny gimió al intentar moverse- No te muevas, te harás mal.
- Estoy incómoda- siseó al sentir como la herida de la espalda le ardía-. Malditos desgraciados, no dudaron en matarme- miró como su amigo la evaluaba con preocupación-. Yo… debes saber que me encontré con alguien.
- Lo sé…- suspiró acomodándose en la silla en la que estaba sentado junto a la cama-. Te ha venido a ver, él ayudó a Harry a detener la hemorragia antes de que te trajeran aquí, hubieses muerto desangrada a mitad de camino.
- ¿Te ha dicho algo?
- Sabes que sí- Ginny cerró los ojos poniéndose de espaldas, entonces comenzó a estirar el brazo que tenía entumecido sintiendo como unas desagradables cosquillas se extendían por toda la extremidad.
- ¡Que molestia!- exclamó mientras articulaba su brazo-. ¿Has comido algo?
- No te preocupes.
- Draco…
- Está todo bien- acarició su rostro-. Eres una inconsciente, te podría haber pasado algo más grave.
- Pero no pasó nada, y yo estoy bien- acotó empecinada-. No me gusta que me atosigues con estas cosas, Draco.
- Lo sé, yo sólo te quiero cuidar- Ginny le sonrió y estiró su brazo hacia el chico, Draco, comprendiendo al instante la envolvió en un abrazo y enterró su rostro en el cuello de ella-. Tonta…
- Tonto…- bromeó ella acariciando el corto cabello de su amigo-. Te quiero…
- Yo también te quiero- Draco besó su mejilla para luego revolverle el cabello.
- ¡No hagas eso!- le pidió ella riendo, luego de un rato en silencio la mujer le apretó con suavidad la mano pidiéndole su atención-. Me preguntaba…
- Dime.
- ¿Puedes ir a buscarlo?- Draco le sonrió y Ginny notó como le brillaron los ojos.
- Claro, le avisaré que ya estás despierta- el chico se inclinó sobre la pelirroja y besó su frente, para después desaparecer detrás de aquellas cortinas que la sanadora había puesto para aislar la cama.
Ginny se acomodó mejor tras la almohada y le pidió amablemente a Madame Pompfey, tal y como le había dicho que se llamaba, un pequeño espejo. Quería mirar su rostro, cuáles eran los daños que se veían a simple vista. Cuando la generosa mujer le alcanzó un espejo redondo con hermosos ribetes en los costados, Ginny suspiró al observar su reflejo. No tenía tan mal aspecto, tal vez los labios un poco partidos, las ojeras debajo de sus ojos casi llegando al suelo y la piel un poco más pálida de lo normal. Pero no era algo con lo que no había batallado. Con su varita intentó acomodar un poco el cabello y luego se pellizcó las mejillas para que tuviesen un poco más de color.
Movió un poco el cuello, intentando quitarse esa horrible sensación de incomodidad, sin embargo al hacerlo, un fuerte tirón recorrió toda su espalda haciéndola estremecerse de la impresión.
- Maldición…- susurró sobándose la espalda haciendo un extraño ángulo con su brazo.
- No deberías moverte tanto- dijo una voz masculina apareciendo tras las cortinas blancas y límpidas.
- Sabes que tengo un problema, y que no puedo quedarme quieta en un lugar específico- Ginny le sonrió a Severus indicándole con la mano la silla que estaba a un lado de su cama-. Creo… creo que nos debemos una charla- él asintió sin demorarse en comenzar a hablar.
- Siempre fui sincero en muchas cosas que te dije Ginevra.
- No desconfio de tu sinceridad- dijo ella apretando con sus manos el espejo que la sanadora le había dado-. En su momento no lo pude creer y pensé que era alguna vil mentira de Bellatrix. Pero cuando te ví en El Profeta…
- Lamento no haberte hablado con la verdad.
- ¿Por qué lo hiciste?- Severus se quedó mirando la blanca cortina que envolvía el lugar, moviendo la varita mágica entre sus dedos, de una mano a otra.
- Muffliato- murmuró-. No sería nada bueno que alguien escuche esta charla- ella asintió dubitativa-. Dime qué es lo que haces aquí- preguntó.
- Adivina- respondió ella con desgana.
- No me quiero imaginar- bufó él cruzándose de brazos.
- Anda, dí algo, tal vez aciertes- sonrió animándolo-. A esta altura ya no hay nada que me asuste.
- Ella te ha enviado ¿no?
- Sumas un punto.
- Pero no te veo muy en el papel que ella quiere- acotó él, observándola detenidamente.
- ¿No era que no se te daba la adivinación?- inquirió ella revolviendo los ojos.
- Sabes que no es mi fuerte- bromeó Severus. Él siempre se había sentido a gusto con aquella niña que había conocido entre los seguidores de Voldemort, le hacía recordar a una vieja amiga-. ¿Qué te ha ordenado?
- Ya sabes, infiltrarme y averiguar cosas. Siempre esos planes descabellados…
- Pero en parte lo ha conseguido- la interrumpió- Te has infiltrado y nadie se ha dado cuenta de quién eres, ni siquiera tu propio hermano.
- Me las he arreglado- suspiró-. ¿Por qué jamás has dicho nada de mí? Tú conoces a mi familia.
- No me correspondía- se encogió de hombros-. Yo supe que el día que abrieras los ojos al fin volverías con ellos. Y por lo que veo, ese momento se dará pronto- ella sonrió con tristeza.
- Creo que es un poco tarde.
- Nunca es tarde- él trató de animarla-. Cuando supieron por qué había hecho todo lo que hice, me entendieron, costó, pero terminaron aceptándolo.
- No es lo mismo- dijo ella cabizbaja.
- ¿No crees que…?
- No- negó con la cabeza-. Ya veré en su momento que haré. Pero por ahora trataré de redimirme como sea.
- ¿Ella lo sabe?- Ginny volvió a negar-. Sabes que se enfurecerá.
- Es una de las cosas que más temo- Severus la miró largo rato sin decir nada, para luego agregar.
- No te pasará nada, cuando todo se sepa, estarás bien protegida.
- Ojalá- le sonrió-. Me alegro de volver a verte Severus- él asintió y volviendo a mover la varita quitó el hechizo que había conjurado.
- Espero que te mejores- y sin más se alejó de la cama sin decir adiós, pronto se volverían a ver, de eso él estaba seguro.
Ginny sonrió, él siempre sería así, frío, reservado y callado. Pero muy en el fondo conservaba parte de lo que alguna vez fue, y esa era la que más le agradaba, la que hablaba de hechizos y pociones, la que hablaba de grandes historias, aquella parte que siempre logró hacerla sentir cómoda en el oscuro reinado que habían vivido a la par. Severus había llegado en un momento muy oscuro de su vida, en donde la guerra ya había comenzado, en donde los sucesos que la atormentaban todavía rondaban por su mente. Lo había descubierto leyendo en la biblioteca a la que ella se había hecho tan aficionada, se había acercado y le había hablado. Desde aquel día supo que jamás podría llevarse mal con aquel hombre. Era diferente, y hasta a veces se parecía mucho a ella.
La puerta de la enfermería volvió a abrirse para enojo de Madame Pompfey, unos suaves pasos seguidos de otros se detuvieron frente a la cama en donde la pelirroja estaba acostada, tres sonrientes caras la observaban radiantes.
- ¡Amiga!- Hermione se abalanzó sobre Ginny apretándola en un abrazo.
- ¡Au!- gimió la chica cuando la castaña la sujetó de más.
- Lo siento.
- Hermione no tiene remedio- sonrió Harry a Ron acercándose a la pelirroja-. ¿Cómo te encuentras?
- Como si un hipogrifo hubiese bailado la conga sobre mi espalda- Ginny rió ante la cara de espanto de Harry-. Pero más allá de eso, creo que tengo todo en su lugar.
- Eso es algo a favor. Te tendremos con nosotros de vuelta antes de lo pensado.
- ¡No se librarán de mi tan fácilmente!- los ojos de Ginny se desviaron a Ron que la observaba detenidamente.
- Yo quería darte las gracias- dijo el chico acercándose a Hermione-. Si no hubiese sido por tu curación, vaya uno a saber…
- No importa, siempre hay que colaborar con los amigos- Ron inclinó la cabeza sintiendo algo extraño cuando ella lo llamó "amigo".
- También le has salvado la vida a Harry- acotó-. Yo ví lo que hiciste- la chica se sonrojó, y lo hizo aún más cuando Hermione a su lado le apretó la mano.
- Gracias- le dijo en un susurro cargado de angustia-. Gracias por ponerlos a salvo.
- No te pongas melodramática, Hermione- Ron acarició los hombros de su mujer besando su coronilla-. Creo que ambos te debemos mucho…
- Lo que me intriga, es saber de dónde lo aprendiste- interrogó Harry-. Tienes una habilidad impresionante, realmente me dejaste anonadado, sabes perfectamente lo que haces y conoces muchos hechizos.
- He tenido un buen mentor.
- ¡Me encantaría conocerlo!- se ilusionó su hermano.
- Ha muerto…- Ron abrió la boca y volvió a cerrarla-. Pero no pongan esas caras, eso es agua pasada- intentó acomodar la almohada en su espalda, pero Hermione terminó ayudándola.
- Creo que debemos suspender la fiesta que teníamos planeada- dijo su amiga acomodando el cabello de Ginny.
- ¿Por qué?
- Debes recuperarte.
- ¡Pero hoy es miércoles Hermione! Y la fiesta recién es el viernes. Ya mañana estaré fresca como una lechuga, y volveré al trabajo a hacer esos malditos informes que son tan pesados- sonrió a Harry que la miraba con burla-. Pero tú, Potter, no te salvarás de esta.
- ¡Yo no he dicho nada!- se defendió él levantando los brazos en clara pose de defensa.
- Ah, me parecía. Como imagino que no habrás tocado nada, sé que tendré que ocuparme de una gran parte yo, pero el resto te corresponde a ti- Harry le volvió a sonreír haciendo que el estómago de Ginny se revolviese.
Finalmente Ron y Hermione, luego de pasar unos minutos agradables junto a ella, se fueron de forma poco disimulada buscando dejarles espacio a Harry y a Ginny para estar solos. Harry se sentó en la silla en donde Hermione había estado antes y ayudó a la chica a acomodar las pesadas colchas contra sus piernas.
- ¿Sabes si hoy me darán el alta?
- Me pareció escuchar que esta noche- dijo con suavidad-. Debes estar impaciente por salir de esta cama.
- No me gusta estar demasiado tiempo sin hacer nada- suspiró acomodándose mejor-. Me molesta la venda, creo al moverme se ha corrido.
- ¿Quieres que busque a Madame Pompfey?
- Por favor…- sin embargo antes de que pasara el minuto, Harry volvió sin nadie a su lado.
- Está en las cocinas, fue a buscar algo de comida- gruñó-. Desde que Hermione inició un tumulto por el trato hacia los elfos domésticos, muchos se han adherido a la causa. Inclusive en Hogwarts- refunfuñó observándola incómoda-. ¿Quieres que lo revise yo?
- ¿Sabes hacerlo?- Ginny frunció el ceño mirándolo escéptica.
- Un auror no puede andar por la vida sin saber colocar correctamente una venda- dijo Harry ofendido.
- Ten por seguro que hay muchos que no lo saben- gimió un momento al mover los brazos y levantar la remera que tenía puesta, mientras Harry se acercaba a su espalda y despegaba la cinta adhesiva que sujetaba la enorme venda que rodeaba el torso desnudo de ella.
Ginny como si recién despertara de un sopor, se dio cuenta de que no llevaba sostén, de seguro se lo habían quitado para hacerle las curaciones. Harry vería su espalda desnuda. Tragó saliva sonoramente e intentó mostrarse lo más relajada posible. No debía impacientarse, no sería la primera vez que un hombre le viera la espalda desnuda, Draco lo había hecho miles de veces. ¡Si hasta la había visto completamente desnuda! Ese hecho sumado a que Harry estaba detrás suyo la hicieron acalorarse, no debía sentirse así, si simplemente estaba tratando de hacerla sentir mejor. ¡Por merlín! Solo estaba acomodando los vendajes. Pero la mano de Harry tirando de la venda, rodeándola con sus brazos… Ginny entonces sintió un relampagazo de dicha cuando sin querer las manos de Harry rozaron el comienzo de sus senos, sabía que no era intencional, pero ese suave toque la hicieron estremecerse.
- Lo siento…- susurró Harry intentando acomodar de la mejor forma posible la venda, sin volver a rozarla de esa manera. Pero a pesar de ello, Harry no pudo evitar darse cuenta de lo suave que era esa piel, y de lo delicada que se sentiría en sus labios. Comenzó a sudar, sentía como una pequeña gota bajaba por su espalda para perderse en la cinturilla de sus pantalones. ¡Maldición! Solamente había rozado apenas un extremo de su seno y ya estaba terriblemente excitado. En esos momentos agradecía usar esa enorme capa, sabría disimular bien lo que sucedía entre sus piernas.
- No hay problema- le respondió ella sin inmutarse- Ginny había mantenido el control y notó como Harry evitó exhaustivamente volver a rozarla.
Cuando hubo terminado Harry ahuecó las almohadas dejándola acomodarse nuevamente sobre la cama. Ginny ya no sentía aquella terrible molestia con las vendas y le sonrió con pereza en modo de agradecimiento.
- ¿Está mejor?
- Mucho mejor- suspiró-. ¿Se veía muy fea la herida?
- Nada comparado a como estaba antes- Ginny lo observó un momento y asintió- El díctamo tiene unos poderes fantásticos.
- Draco me dijo que si no hubiese sido por tus atenciones en el vestíbulo, lo más seguro es que me hubiese muerto antes de llegar aquí.
- Digamos que tuvimos suerte de cruzarnos con Snape- dijo con frialdad-. Él tiene mucho conocimiento sobre las Artes Oscuras y logró de alguna manera cerrar esa herida y lograr que cicatrizara un poco.
- ¿Tan tremenda era?- indagó Ginny con la angustia en su voz.
- Un poco- Harry se frotó los ojos-. Fue muy imprudente lo que hiciste Ginevra, esa maldición te podía haber matado.
- Pero no lo hizo…
- Sin embargo tu escudo no sirvió para protegernos a ambos- colocó ambas manos sobre la cama y la miró fijamente-. ¿Por qué lo hiciste?
- ¿Qué cosa?
- Protegerme a mi antes que a ti.
- No lo sé- se encogió de hombros-, creo que tu hubieses hecho lo mismo por mi.
- Eso tenlo por seguro, pero en ese momento no pensaste en ello.
- Imagino que no- encogió sus piernas para abrazárselas con los brazos-. Simplemente no quería que te pasara nada, y punto.
- Gracias.
- De nada- Ginny lo miró y se quedó estupefacta-. ¿Qué sucede?- le pregunto al verlo observarla con una mueca extraña.
- No sé si lo sabes, pero me has salvado la vida.
- Pues estamos a mano, tu también has salvado la mía- extendió su mano hacia la de Harry y se la apretó firmemente-. Ya ninguno de los dos se debe nada.
Harry asintió sintiendo un enorme aprecio por esa muchacha testaruda que tenía enfrente. Le gustaba, le encantaba la forma que tenía de ser. Adoraba esos arrebatos de sinceridad que despertaban de repente, quitándole importancia a haberle salvado la vida demostraba lo poco que le importaba el reconocimiento de lo que hacía. La naturaleza de ella era actuar de esa manera, y eso lo hacía sentirse más atraído, las cualidades de nobleza que notaba en ella le encantaban, y hasta un determinado punto, se sentía identificado con sus actitudes.
La podía llegar a amar, lo sabía. Sería fácil amarla, tan simple como respirar, si simplemente ella dejara que lo hiciera, Harry sabía que no tardaría ni una semana en no querer alejarse de ella jamás. Estaba asustado por la intensidad de sus sentimientos, no podía creer estar pensando en eso ahora, pero la verdad era tan brusca que ya no la podía evitar. Adoraba a esa mujer enfrente suyo, daría lo que fuera para que ella sintiese al menos una mínima parte de lo que él sentía. Intentado sacar esos pensamientos de su mente, miró la mesita de luz que había a su lado notando el pequeño frasco unidosis de poción que había allí.
- Debes tomar la poción- dijo releyendo las instrucciones que había dejado madame Pompfey. Harry sacó su reloj de bolsillo, aquel que estaba abollado y que había pertenecido al hermano de Molly Weasley-. Nos hemos pasado unos minutos, anda- tomó el pequeño frasco y lo destapó para luego pasárselo a Ginny-. Tómatelo.
Ginny asintió sin dudarlo y aguardo a que el horrible sabor bajara por su garganta.
- ¡Es un asco!
- Toma agua- Harry le pasó el vaso sacándole el pequeño frasquito de la mano, observó como la cara de ella se relajaba para luego volver a hundirse en los almohadones.
- Si tuviera dinero te contrataría como mi sanador privado- dijo de pronto Ginny sorprendiendo a Harry y sorprendiéndose a si misma. Él sonrió mostrando todos los dientes y se inclinó hacia ella.
No sabía lo que estaba a punto de hacer, pero algo nació de pronto desde el centro de su ser incitándolo a hablar así, a insinuar algo. Simplemente hizo un gesto con sus labios, aquel que siempre mostraba a sus conquistas de una noche para hacerlas caer rendidas a sus pies.
- Tal vez podría bajar un poco los honorarios para que se ajusten a tu cuenta- Harry le hablaba con voz suave, con un suave murmullo, como una lenta caricia.
- Lo podría pensar- Ginny sintió las manos de Harry acariciarle la mejilla, pasando sus largos dedos por su frente, sus cejas, aquel puente entre ellas y luego bajar, como pequeñas mariposas, por su nariz, acariciando sus labios, y nuevamente la mejilla. Con los ojos cerrados sintió como Harry la tomaba del mentón, presionando firmemente pero con suavidad su pequeña mandíbula. Lentamente intentó mirarlo, sorprendiéndose de lo cerca que estaba, de lo brillantes que eran sus ojos y de lo cálido que era su aliento.
- No te tardes demasiado en pensarlo- susurró por última vez antes de inclinarse a ella para besarla. ¡Porque la iba a besar! Se moría de ganas de que lo hiciera, sentía las manos crispadas sobre la colcha que llevaba sobre sus piernas y el estómago agarrotado por la impaciencia.
- No creo que pueda tardarme mucho en hacerlo- le respondió levantando con suavidad la cabeza buscando reducir la poca distancia entre ellos.
Ginny sentía pequeñas cosquillas por la anticipación, pero a pesar de todo, no pudo evitar sentirse decepcionada cuando los labios de Harry se detuvieron en su mejilla. Lentamente evitando mostrarse desilusionada, abrió los ojos y observó como el rostro de Harry estaba junto al suyo, como pensando si continuar o no, si besarla en los labios o no.
Si…
¡Si y mil veces sí!
Ginny cambió el ángulo de su rostro y hundió la mejilla que el había besado en la mano masculina, observó como los labios de Harry, rojos y húmedamente apetecibles, se fruncían en una sonrisa, y entonces dejándose llevar por el más puro deseo de besarlo, lo miró a los ojos y acercó sus labios a los de él.
Pero nuevamente aquel beso nunca llegó, porque un ruido en la puerta les indicó que alguien había ingresado en la habitación. Harry rápidamente recompuso su posición sentándose erguidamente sobre la silla, mientras Ginny volvía a dejarse caer sobre la almoahada.
- ¡Gin!- una voz conocida la saludó desde aquellas cortinas blancas, y ella no pudo más que sonreír, aunque por dentro quería llorar.
Allí se hallaba Dean Thomas, con una caja de chocolates en una mano, y un pequeño ramo de flores de todos los colores en otra.
¿Y qué tal? ¿era lo que esperaban o no? sólo me queda decir que en el próximo capítulo las cosas se pondrán más picantes para nuestra pareja favorita, no podía ser de otra manera.
Este capítulo va a dedicado a tres personas, a Anya que está elaborando un fanvideo de esta historia para un concurso del foro de CyM (link que encontrarán en mi perfil), para Karla que hace mucho que no hablamos, y para Asuka que es una chica muy simpática a la que estoy conociendo y sé que esperaba este capítulo.
Un beso enorme, y espero los comentarios.
Jor
