Celos.
- ¡Dean!- ella le sonrió y le hizo una seña para que se acercase-. Dean, no te tendrías que haber molestado- dijo algo nerviosa. Harry a su lado se hallaba en silencio, con los brazos cruzados sobre su pecho.
- Hola Harry- dijo Dean.
- Hola- respondió él de mala manera.
- ¿Interrumpo algo?- inquirió al notar el clima tan extraño.
- Tan solo estábamos hablando de lo que pasó, Dean- miró las flores y le sonrió agradecida-. Me encantan, pero lamento decirte que Madame Pompfey no me dejará ponerlas aquí. Al parecer no es bueno para la salud del paciente que halla algún tipo de medio de vida para esos bichitos indeseables de los hospitales.
- No lo sabía…- inquirió pasándole la caja de chocolates.
- Pero creo que los chocolates no le harán daño a nadie- con suavidad rompió el envoltorio de la caja y se le iluminó la mirada al ver que eran de Honeydukes-. ¿Cómo sabías…?
- ¿Recuerdas que me lo contaste? Discutíamos sobre cual era el mejor sabor del mundo, yo te dije que las grageas de Bertie Botts , mientras que tú mencionaste a las cajas de chocolates de Honeydukes- Harry a su lado bufó estruendosamente haciendo sonrojar a Ginny la cual lo observó disimuladamente.
- ¿A dónde vas, Harry?- inquirió Ginny al verlo caminar fuera del biombo.
- Creo que iré a buscar a Ron y Hermione, nos vemos- y sin decir más desapareció de la vista de ambos, Dean alzo una ceja sugestivamente a Ginny mientras le preguntaba:
- ¿Le pasa algo?- Ginny se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza.
- No lo sé…- sin embargo, sospechaba que lo sabía perfectamente.
o0o0o
- Pensé que ibas a estar más tiempo con ella, Harry- dijo Hermione al cruzarse al chico por el pasillo.
- Yo también lo pensé- murmuró para si mismo-, pero llegó Dean Thomas y…- se revolvió el pelo nervioso-. Estoy seguro de que ella quería estar a solas con él.
- Ah, ya veo- se metió las manos en el bolsillo de su pantalón vaquero mirando inquisitivamente a Harry.
- ¿Qué me miras así?- Hermione sonrió-. Me haces recordar los días en el colegio- dijo con amargura.
- ¿Qué tiene de malo que te mire?
- No me molesta que me mires, me molesta la forma en que lo haces.
- Siempre miré igual a las personas, Harry.
- No lo haces igual conmigo.
- ¿Sabes? Tengo dos ojos y con ellos veo; a lo sumo que te gastes, no le encuentro nada de malo en mirarte.
- Detesto que te creas saber todo- gruñó en respuesta.
- Yo no sé nada- respondió inocentemente ella-. ¿Acaso debo saber algo?
- ¡No te hagas la tonta!- explotó Harry saliendo del vestíbulo hacia el jardín del castillo.
- No es necesario que me grites- replicó ella con dulzura.
- Lo siento… ¿dónde está Ron?
- Fue a buscar a Hagrid, le dije que yo esperaría por ti- se sentó al lado del chico, en uno de aquellos enormes bancos que bordeaban el lugar-. Pobrecito, estaba muy preocupado por Ginevra, ya sabes como es, y nos pidió que le avisemos si ella despertaba.
- Hagrid siempre tan bueno- Harry sonrió.
- Gracias al cielo que ella está bien.
- Es un milagro que esté con vida- Hermione lo miró y le acarició la mano como solía hacer para darle su apoyo.
- Hiciste lo correcto, si no hubieses intentado curarla en ese momento…- calló queriendo quitar de su mente ese pensamiento.
- Fue una suerte que apareciera Snape. Pero…- se quedó callado recordando una escena particular del día anterior-, hay cosas que no entiendo. Un grupo de mortífagos estaba empecinado con ella, él que me estaba atacando a mí, profirió una risa macabra cuando la derribaron. Normalmente buscan hacerlo conmigo, lo sabes- la miró mientras Hermione asentía-. Era como si ella fuera el blanco. Antes de ello me la encontré en el vestíbulo, junto a Snape.
- ¿Estaban hablando?
- No lo sé, pero la actitud aparentemente calma no me tranquilizó mucho. Era como si hubiesen estado hablando de algo, y al verme se quedaron en silencio.
- ¿Crees que se conocían?
- No sé, creo que es imposible. Luego cuando encontramos a Ron malherido, ella cerró las heridas con extraño hechizo, muy parecido al que usó Snape por el Sectusempra con aquel mortífago, ¿recuerdas?- Hermione asintió pensativa.
- Que raro, ella siempre estudió en su casa. No es posible que se conocieran, debe ser una de esas casualidades… Sabes que los hechizos de sanación se hicieron muy populares con el ascenso del Innombrable.
- También lo pensé. Debe ser una idiotez mía- con las manos apoyadas en el banco, estiró la cabeza hacia el cielo.
- Seguro no estamos dejando llevar por la situación, recuerda que no la conocemos lo suficiente. Tal vez, estamos tan acostumbrados a nosotros mismos, que cuando alguien desconocido aparece, las cosas en un principio no encajan.
- Puede ser- Harry estaba bastante de acuerdo con lo dicho por Hermione, sin embargo aún lo invadían varias preguntas.
- ¿Y qué harás ahora con ella?
- ¿En qué sentido lo dices?
- Te conozco lo suficiente Harry, hace años que no te veía tan entusiasmado con una chica- Harry se sonrojó-. No dejas de cuidarla en ningún momento, y constantemente la observas.
- No quiero que le pase nada, eso es todo. La cuido como cuidaría a cualquier persona.
- No lo harías así con cualquiera, Harry. Lo sé, y también sé que lo negarás y me dirás que estoy loca.
- Sabes que estás un poco chiflada- ella le pegó en el brazo herido-. Eres bruta ¿sabías?
- Soy toda una dama- Harry puso los ojos en blanco, y si hubiese estado Ron allí, de seguro hubiese compartido con él una cara de exasperación por los comentarios de Hermione.
- Seguro- replicó con los labios apretados.
- Lo único que te digo- prosiguió Hermione ignorando los gestos de su amigo-, es que Gin solamente es amiga de Dean, se llevan bien, tienen gustos parecidos. Pero nada más. Según lo que me ha contado, y te ruego que lo guardes en el más absoluto secreto, es que ella no tiene ningún interés romántico para con él, ella está interesada en otra persona, alguien más- Hermione no se privó de remarcar con la voz ese "alguien".
- ¿De quién hablas?
- Eso debes preguntárselo a ella- sonrió-. Mira ahí viene Ron, ¡y con Hagrid!
- ¡Hola muchachos!- exclamó el semigigante moviendo efusivamente los brazos.
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Luego de los últimos chequeos y unas cuantas pequeñas botellas de pociones variadas, Madame Pompfey al fin le dio el alta a Ginny, por lo que de una vez por todas podría volver a su casa. Por suerte las heridas estaban totalmente cerradas, y la simple incomodidad que podía sentir eran las típicas sensaciones de estiramiento y picazón, normal de toda cicatrización. Ginny se calzó un pantalón de gimnasia y se envolvió en una mullida capa. Draco a su lado llevaba el pequeño bolso, mientras que con la mano libre la acompañaba teniéndola abrazada por los hombros.
- ¿Cómo te sientes?
- Muerta de ganas de llegar a casa- respondió la chica caminando por uno de los largos pasillos del colegio.
- Tal vez te lleves una sorpresa…
- ¿Qué quieres decir?- Draco se encogió de hombros haciendo una mueca enigmática.
En silencio, ya que Draco no había accedido a contestarle haciendo enojar a la pelirroja, caminaron hacia la oficina del Director, desde allí viajarían por la Red Flu al departamento que ellos habitaban. Después de decir la contraseña y subir por aquella extraña escalera caracol, Minerva McGonagall aguardaba en su despacho sentada detrás del lujoso escritorio, mientras que una lata de galletas adornaba una de las esquinas.
- Muchas gracias, señora directora- agradeció la chica.
- No debes agradecerme querida, y por favor, dime profesora McGonagall, no me gusta como suena señora directora- se levantó de su asiento y caminó hacia ellos arrastrando su túnica por el suelo-. Espero que el cuidado de Madame Pompfey haya sido de tu agrado.
- Fue el mejor, pero insisto en que no se deberían haber molestado en los cuidados.
- Toda persona que contribuya a la paz del Mundo Mágico, será bien recibido en Hogwarts- Ginny asintió mientras la mujer intercambiaba unas palabras con Draco.
La mirada de Ginny se posó en aquellos retratos que adornaban cada pared de esa oficina, y el que más le llamó la atención se encontraba detrás de la butaca de la directora, un hombre de barba y cabello blanco se encontraba sentado y le sonreía gentilmente, apreció los ojos celestes detrás de aquellos anteojos en forma de medialuna, y si su mente no la engañaba, estaba segura que le había guiñado un ojo. Aquel era Albus Dumbledore, era imposible no reconocerlo.
- Espero que se mejore- terminó diciendo la directora mientras Draco tiraba del brazo de Ginny hacia la chimenea, y antes de que se diera cuenta, ya se hallaba rodeada de llamas verdes y a su alrededor su vista se difuminaba en muchos colores mientras iba pasando por diferentes chimeneas, para luego terminar por fin en una, pero su repentina recuperación sumado al aturdidor viaje hicieron que perdiera el equilibrio y cayera en el suelo de rodillas.
- Maldita chimenea- murmuró con disgusto retirando el cabello enardecido de su rostro.
- Oye, ¿te encuentras bien?- la voz de Harry la sorprendió, y más aun cuando la mano del chico tocó su hombro.
- ¿Qué?
- Si te encuentras bien- se inclinó junto a ella y tomándola de los hombros la ayudó a levantarse.
- Si…- Ginny miró al resto de las personas ubicadas en la sala de su departamento, su hermano, Hermione, Astoria, Dean, y otros compañeros cercanos del cuartel-. ¿Qué hacen todos ustedes aquí?
- Hermione y Astoria organizaron una fiesta de bienvenida.
- Y yo convencí a Draco de utilizar el departamento de ustedes- Astoria le guiñó un ojo-. Sabes lo histérico que es, pero lo terminé convenciendo.
- ¿Quién es el histérico?- preguntó la voz de Draco a su espalda, seguida de una fuerte explosión y una luz verde.
- Pues ¿quién va a ser? Tú- Astoria rió mientras se acercaba y abrazaba a Ginny.
- ¿Y por casa como andamos?- replicó Draco con eufemismo.
- Me tenías muy preocupada, no me pude escapar de mi jefe para ir a verte.
- No te preocupes- Ginny volvió a observar su departamento abarrotado de personas, y de repente se sintió muy feliz, como hace mucho que no se sentía. Increíblemente, a pesar de que el living era bastante espacioso, no quedaba mucho lugar para moverse. Así que las personas que se hallaban ahí, que eran unas cuantas, terminaron acomodándose sobre el mullido sofá y unas tantas sillas que trajeron de la cocina. Los juegos de snap explosivo y ajedrez mágico tomaron lugar en la pequeña mesa ratona, mientras que el sonido de la radio invadía el lugar.
Hermione había preparado unas cuantas tartas con la ayuda de la madre de Ron, según lo que le había comentado Draco, y Ginny se dio cuenta de que todavía cabía más felicidad en su pecho, iba a comer tarta de melaza hecha por su madre, jamás lo hubiese podido imaginar, nuevamente sentir ese sabor dulce y empalagoso que la hacía sentir tan en casa…
Pero de repente sintió como los ojos comenzaron a picarle, un sentimiento extraño la había invadido, y se sentía un poco tonta por ponerse así; y Harry a su lado, al notar que estaba por llorar, no pudo más que tirar de ella y pasarle un brazo por los hombros para abrazarla.
- ¿Qué sucede?- indagó el chico con cariño, tratando de hacer pasar desapercibido la turbación de la chica.
- No me imaginé semejante sorpresa- dijo ella con las pestañas empapadas.
- Todos nos hemos encariñado mucho contigo- le dijo sonriendo-. Anda, no llores- Ginny asintió y tomó su vaso de jugo de calabaza, ya que por unos días tenía prohibido todo lo que tuviese alcohol, bebió un gran sorbo de él dejándolo luego sobre la mesa-. ¿Estás mejor?- ella asintió-. Ve a lavarte la cara, me imagino que no querrás que te vean así.
A pesar del dolor de espalda, y a pesar de que más de una vez insistieron en que se vaya a dormir, Ginny no quiso hacerlo, prefirió hablar hasta tarde y compartir sonrisas con todos los invitados en su casa. Era la primer fiesta de ese estilo a la que asistía, después de tanto tiempo de haber estado huyendo y escondiéndose junto a Bella y otros mortífagos, un festejo así siempre iba a ser bienvenido. Harry se estaba portando encantadoramente con ella, no permitiéndole mover ni un solo dedo de más, la ayudaba a sentarse y a levantarse, le alcanzaba todo lo que quería, y por nada del mundo la dejaba hacer algo indebido.
Pero en cierto momento de la noche se creó un ambiente tenso, cuando Dean se acercó a ella mientras Ginny buscaba en la cocina algún trapo seco para limpiar lo ensuciado por una botella de cerveza rota. El chico la increpó ahí y se puso a hablar muy amistoso con ella, contándole chistes tontos que siempre la hacían reír. Realmente era un chico muy bueno y divertido, Ginny no podía negar que se había encariñado muchísimo con él. Con la forma de ser que tenía, lo simpático y alegre que era, a pesar de las constantes discusiones, con un deje de diversión, entre lo que era mejor, si el Quidditch, deporte que ella le encantaba, o el futbol, ya que el era hijo de muggles.
- Me asusté mucho cuando me enteré lo que te había pasado- dijo de repente Dean mirándola a los ojos.
- Por suerte todo salió bien.
- Lo sé- el chico de piel oscura estiró su brazo y con su palma extendida acarició la mejilla femenina.
- Gracias por preocuparte.
- Eres muy suave…- susurró sintiendo como ella inclinaba la mejilla hacia la mano de él sonriéndole nerviosa.
- Dean yo…- sorprendida por el abrazador calor que desprendía su mano, Ginny lo miró a los ojos e intentó decirle que no lo pensara, que ella lo quería pero no de esa forma.
- Shh…- volvió a decir Dean tocando ahora con las puntas de los dedos su labio inferior, la otra mano del chico se apoyó en la pared detrás de Ginny.
- Eres tan linda.
- Dean- Ginny observó como él se inclinaba hacia ella mientras cerraba los ojos, miró sus labios, medios abiertos preparados para besarla, luego sintió su aliento, algo cálido, con un dejo dulce por la bebida que había tomado. Un leve cosquilleo le recorrió la espalda, una sensación de expectación que hace tiempo no sentía; quería que la besara, no lo podía negar, en ese momento se daba cuenta.
Los labios de Dean eran cálidos, no tanto como su mano, pero eran suaves y tersos. Él la besaba con gentileza, primero el inferior y luego el superior saboreándolos con su boca, la mano que la acariciaba había abandonado su rostro para ahora posarse en su cintura, atrayéndola más a su cuerpo mientras la otra manos se sostenía de la pared, Ginny con regocijo le devolvió el beso, empalagándose en el sabor de su lengua y en la dulzura de su contacto, besaba bien, como muy pocos sabían hacerlo.
Si solamente ella quisiera…
Pero de repente sus pensamientos fueron cortados como con un cuchillo cuando la puerta de la cocina se abrió dando paso a dos hombres riendo, Draco y Harry estaban entrando con varias botellas de cerveza en los brazos, mientras Ginny y Dean abrazados en la otra esquina los miraban avergonzados.
- Bueno…- dijo Draco mirando a Ginny con una mueca de seriedad y diversión en el rostro-. ¿Interrumpimos algo?- preguntó con clara ironía en la voz.
- Nada…- susurró Dean ante la mirada de enojo de Harry.
- Bueno, pero no lo parece- inquirió el rubio.
- Yo... yo me tengo que ir- Dean le dijo a la chica a su lado-. Nos vemos luego- saludó con la mano antes de colarse por la puerta de la cocina hacia el living del departamento, dejando a una Ginny algo más que asombrada.
- Parece que ya estás mejor- dijo entonces Draco volviendo su atención a la pelirroja.
- Si, pienso lo mismo- con cierto remordimiento oyó como la chimenea hacía un familiar ruido indicando que alguien había utilizado la Red Flú, cerró los ojos ante ese suceso sintiendo una risilla de Draco.
- Vaya- silbó el rubio-, creo que tu noviecito ya está a salvo.
- No es mi novio- respondió mirando ahora a Harry que tenía la vista clavada en la pared detrás de ella.
- Entonces tu pretendiente- dijo Draco tomando un cajón de cerveza de debajo de la mesa girándose hacia Harry para que el chico volcara las cervezas vacías allí.
- Sólo es un amigo Draco- inquirió cansada-. Nada más.
- Si tú lo dices…- Ginny miró a Harry el cual parecía más entretenido tomando cervezas de manteca llenas entre sus brazos.
- Harry...- murmuró nerviosa.
- Dime- dijo él con pocas ganas.
- Yo…- movió un mechón de cabello hacia un lado-. Te quería agradecer por todo lo que has hecho, lamento lo que has visto aquí, solo estaba preocupado…
- Todos estábamos preocupados por ti, Ginevra- la miró un momento a los ojos para luego desviar la vista-, y no me agradezcas nada, todo fue idea de Hermione.
- Pero te quiero explicar…
- No me debes explicar nada, Dean es tu novio, a él le debes las explicaciones- repuso con voz firme mientras salía de la cocina.
Ginny apoyó la espalda en la pared y cerró los ojos, las cosas no podían haber salido peor; solamente quería sentirse bien, ¿era mucho pedir?
- No sé qué es lo que pretendes, pero jugando a dos puntas no lo lograrás- dijo Draco saliendo también de la cocina.
- Idiota- bufó Ginny.
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Ya era viernes y Harry no había dado señales de vida por su departamento, Hermione y Astoria la habían ido a visitar para ver como seguía, y lo cierto es que se encontraba perfectamente, la herida ya había cerrado por completo y ya no le molestaba como antes, su estómago conservaba una mancha de un color más claro, pero con una poción de San Mungo la piel volvería a tomar el aspecto normal. Dean solamente le había enviado una lechuza contándole que Harry estaba con un humor de perros en el cuartel, que le había gritado varias veces y aconsejado que la vaya ver, ya que era su novia… Su novia, vaya ridiculez.
Ginny entendía lo que sucedía, si las palabras de Hermione eran ciertas, lo que estaba pasando era que estaba tremendamente celoso, como jamás lo habría imaginado. Dean era un amigo, se sentía agradable al estar a su lado, pero Harry… La pelirroja rió sin poder contenerse, no podía comprender desde cuando al pensar en él sentía como su corazón latía fuertemente y como la piel se le volvía de gallina, mientras que los labios se le curvaban solos en una sonrisa.
Deseaba verlo, hacerle entender lo que pasaba. Esa noche al fin lo vería y debía hacer algo.
Una explosión en la sala del departamento llamó su atención y rápidamente se levantó de su cama y se dirigió hacia allí.
- Bella…- susurró al ver a la mujer de cabello negro y grandes ojos oscuros observarla con su mirada penetrante.
- He arriesgado mi libertad por venir a hablar contigo…- dijo la mujer sacándose el polvo del cabello-. Dime qué demonios tenías en la cabeza para haber atacado de la forma que lo hiciste a los mortífagos- siseó muy lentamente con una voz serpentina.
- Un momento- Ginny se acercó a la mujer-, ellos me atacaron a mí, teóricamente estoy de parte del bando de Potter y no puedo dejar que me maten.
- Pero podrías haberlos defendidos, disimuladamente…- recalcó con sus dedos-, ¡mataron a Davies!
- Uno de los tuyos los mató, no es mi culpa que haya sido tan idiota.
- ¿Cómo es eso de uno de los míos?- siseó Bellatrix amenazante.
- Tú me entiendes Bella, a mi casi me matan…
- ¡Pero eso no te derecho a atacarnos!
- ¡Pero si se los da a ustedes! ¿no?
- ¡Comprende que sería sospechoso que no te atacáramos!
- Y comprende tú que sería peor si me quedara quieta sin hacer nada…- Bella la miró a los ojos y sonrió.
- Podrías perfectamente haber fingido un ataque de miedo, ya sabes, esas cosas que pasan a…
- ¡Yo no iba a permitir que les hicieran algo!- respondió con espontaneidad mordiéndose luego la lengua.
- ¿Qué has dicho?- la voz amenazante de Bella le hizo caer en la cuenta de lo que había dicho.
- Ya sabes...- murmuró simulando estar tranquila-. No dejaré que por quedarme quieta alguien pueda dañarlos. No entiendo como puedes tener aliados tan inexpertos Bella- la cabeza de Ginny funcionaba a toda máquina-. No sé si te lo habrán dicho, pero si no hubiese sido por mi distracción, muchos aliados nuestros hubiesen muerto. No comprendo como puedes dejar en sus manos una misión tan importante.
- Mira, yo no te permito…
- Te estoy siendo sincera, perdona que te lo diga. Creo que… creo que si nuestro señor los viera trabajar, estaría muy enojado…
La sola alusión a Lord Voldemort era suficiente para cambiar completamente el semblante de Bella, su rostro adquirió una expresión pensativa haciendo que los recuerdos del pasado comenzaran a proyectarse frente a sus ojos.
- ¿Crees que estamos haciendo las cosas mal?- la mujer que Ginny conocía estaba apareciendo frente a ella, para los de afuera esa mujer podía resultar cruel y fría, pero cuando el Señor de las Tinieblas cayó, todo ese escaparate de rigidez y poca cordura se había derrumbado, si no hubiese sido por las palabras de Ginny y Draco, esa mujer se hubiese dejado morir.
- No debes desesperarte- Ginny se acercó a ella y le pasó los brazos por los hombros, no podía evitar sentir esa compasión con ella. Al fin y al cabo, gracias a ella ahora podía vivir tranquila, gracias a sus poderosos hechizos y al cuidado de Lord Voldemort.
- Tienes razón, no he estado manejando las cosas bien…
- Debes tranquilizarte…- Ginny sabía que el carácter de esa mujer era bastante explosivo, era mejor tratarla con cuidado-. Ve a tu casa y tómate algo fuerte para relajarte.
- ¿No lo haces para librarte de mi?
- Para nada- la tomó por los hombros y la miró a los ojos-. ¿Piensas que puedo engañarte? Bella yo les debo la vida, jamás haría algo así- Ginny cerró los ojos manteniendo los nervios a raya.
- Sabes que detesto que me mientan Ginevra…- Bella le sonrió con una mueca extraña, esa que hacía impacientar a Ginny; y le acarició el rostro-. Pero tu jamás me harías daño ¿no? Tu no…
- Jamás- Ginny tragó fuerte-. Anda ve, luego hablaremos.
- Que bien que hizo nuestro señor en traerte de nuestro lado, eres un encanto cariño- Bella acarició su rostro para luego meterse dentro de la chimenea-. Estamos en contacto.
- Hasta luego- Ginny se quedó parada observando como la mujer desaparecía detrás de una nube de humo verde, en ese instante un frío repentino le recorrió la espalda; no le gustaba nada el rumbo que estaban tomando las cosas.
Luego de tranquilizarse decidió que era hora de prepararse para esa noche, con Hermione había comprado un vaquero precioso, así que sin más se arregló con rapidez dejando su melena suelta. Draco la esperaría en el Caldero Chorreante, primero irían a cenar todos juntos a un lugar muggle y luego continuarían la fiesta en algún otro lado, vaya a Merlín saber donde.
Ya lista tomó una pequeña cartera que calzó en su hombro y se dirigió hacia el punto de encuentro. Cuando volvió a abrir los ojos la luminosidad del lugar la deslumbró un momento, estaba repleto, había muchísimas personas comiendo a esa hora, tal vez sea porque era viernes o una fecha especial de la que ella no se había enterado; pero cuando apenas pisó fuera del medio de transporte, la mano de Draco tiró de ella con rapidez hacia la salida, no sin antes obligarla a agachar la cabeza y continuar.
- ¿Qué sucede?- gimió dejándose guiar.
- Tú sólo camina- Ginny al pasar con rapidez chocó a una persona.
- Lo siento señora…- susurró girándose hacia la mujer que estaba refunfuñando.
- ¡Jóvenes! ¡A esa edad no éramos así!- exclamaba la mujer al hombre a su lado, ella tenía el cabello crispado y rojizo a la altura de los hombros.
Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas a la vez que Draco continuaba tirando de su mano.
Caminaba por pura inercia y las ganas de darse la vuelta y abrazar a esa mujer eran enormes.
- Nos esperan aquí enfrente, trata de calmarte por favor- murmuró Draco en su oído. Ginny solo asintió apretando bien los ojos, dejando que el aire frío del exterior calmara sus emociones. Haber visto a su madre, haber escuchado su voz, todo era demasiado, sentía como la vista le escocía y como un nudo se posicionaba en su garganta.
- ¿Hace mucho que están aquí?
- No hace ni diez minutos…- Draco le tomó la mano y le pasó su pañuelo.
De inmediato varias personas se acercaron a ellos, la voz de Hermione la trajo a la realidad cuando le preguntaba qué le pasaba.
- No pasa nada- respondió Draco acariciando a Ginny por la espalda-. Unos hombres estaban fumando unas pipas de esas extrañas, y ella es media sensible a esas cosas- alguien rió.
- No se rían, no es gracioso- susurró Ginny más compuesta, disimulando la turbación que sentía-. Feliz cumpleaños Hermione.
- ¡Gracias por venir!- Hermione la abrazó con fuerza obligándola a hacer lo mismo con ella, los ojos de Ginny se detuvieron en un hombre detrás de su amiga que la observaba fijamente.
- Hola…- mustió con apenas voz.
- Hola…- le respondió Harry con esa sonrisa tan encantadora que le hacía sentir mariposas aleteando en el estómago, esa noche sería larga, muy larga.
¿Hay alguien ahí?
Lo dudo mucho...
Este capítulo es especialmente dedicado a Bita y a Karla, las que me hacen reír con nuestras conferencias. Las adoro chicas.
Un beso enorme, y nos vemos en el siguiente, que prometo, subiré pronto.
Jor.
