Abrillantando miradas.

Harry no pudo evitar suspirar de alivio cuando el agradable y tibio ambiente de la sala lo recibió como en un abrazo, la fría noche de Londres lo había calado hasta los huesos, y para su maldita desgracia, se había dejado la llave de su departamento en el abrigo que le había dado a la pelirroja. Él no podía pretender entrar al edificio por magia, había cámaras de seguridad, y de seguro sería extraño para el personal que las vigilara. Como un tonto, y completamente congelado, tuvo que tocar el timbre del muy amable, nótese la ironía, portero del edificio, que con muy mal humor le abrió la puerta para luego volverse a su departamento y continuar con su sueño; con la simple excusa de la llave bajo la alfombra, Harry se logró deshacer del hombre y usar su varita para entrar a su casa.

El chico sentía los brazos entumecidos; a pesar de haberse aparecido junto al edificio, el tiempo que esperó en la puerta había sido suficiente como para congelarle los huesos. Sin pensarlo dos veces se dirigió hacia su habitación y se metió bajo las mantas de la cama sin desvestirse siquiera, si los padres de Hermione lo vieran lo terminarían retando, pero en esos momentos su corazón no iba a aguantar una escapada al baño para cepillarse los dientes, eso podía esperar a la mañana siguiente.

A pesar de haber permanecido mucho tiempo acostado, mirando como en el techo de su habitación se reflejaban las luces del edificio de enfrente, el sueño no parecía querer acompañarlo, una y otra vez su mente lo transportaba a aquel lugar oscuro en donde Ginevra lo besaba y lo acariciaba, y él se sentía tan calmado. Aún no caía en que aquello hubiese sido de verdad, aún podía sentir el suave tacto de su piel y el dulce aroma del cabello sobre su rostro. Las manos comenzaron a picarle de solo pensarlo, quería volver a verla, y besarla una y mil veces. Aquello era algo que nunca había sentido, ni con su primera novia había sido así; y eso que había estado tanto tiempo enamorado de ella…

o0o0o

Ginny despertó aquella tarde con dolor de cabeza terrible, sentía el estómago revuelto y todo a su alrededor giraba; despacio caminó hacia el baño y se humedeció un poco el rostro, tomar algo frío de seguro le iría bien. Sonrió, eso le pasaba por tonta, por actuar como lo hubiese hecho hace muchos años atrás, se lo tenía merecido. Nada de bebidas alcohólicas mientras estés medicada, y ella no, con tal de hacerlo rabiar…

Harry…

La mujer dejó caer el vaso al suelo en un momento en donde todo se le aflojó, de repente, como si estuviese pasando en ese instante, recordó como Harry había discutido con ella, como Harry la había retado, como Harry no la dejaba salir, como Harry la besaba y como Harry la acariciaba. Miró sobre el sofá, el abrigo de Harry, con el que la había protegido del frío; sin contenerse se acercó a el y se lo llevó al rostro, el aroma del chico estaba impregnado en la tela. De inmediato se lo colocó encima, ya no se avergonzaba de hacer algo tan banal como eso, simplemente la felicidad que sentía era demasiada como para no expresarla. La sonrisa le perló el rostro y el dolor de cabeza, como por arte de magia, se le esfumó.

Draco recién se levantó entrada la noche, el chico tenía el rostro pálido y unas enormes ojeras bajo los ojos, él solo la miró un momento y sin decir una palabras se metió en el baño, Ginny escuchó al rato como sonaba la ducha al caer la lluvia, mientras ponía leche a calentar para preparar algo para tomar, Draco no estaba de buen humor, pero al menos un chocolate caliente no le sentaría mal.

De esa forma estuvieron ya de noche, la radio mágica sonaba despacio mientras Ginny ordenaba un poco el departamento, todos esos días enferma habían dejado hecho un desastre el lugar, y su compañero de piso no colaboraba en lo absoluto.

- ¿Te sigues sintiendo mal?

- Sólo estoy cansado Ginny…- bostezó-. A pesar de haber dormido, siento como si me hubiesen molido a golpes- Draco llevó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.

- ¿Quieres que te prepare una poción?

- No hace falta…- Ginny guardó silencio mientras observaba el perfil tan bien delineado de Draco.

- Ayer vino Bella- susurró acercándose-. Estaba muy enojada.

- ¿Qué te dijo?- Draco se incorporó y se la quedó mirando con atención.

- Muchas cosas, pero lo importante es que logré calmarla… Es tan desesperante…

- ¿Tú qué harás?- le preguntó mirándola con atención.

- ¿Con qué?

- Ya sabes, con lo que ella quiere… sé que no lo quieres hacer, pero no entiendo por qué estás actuando como lo estás haciendo.

- No te entiendo… explícate mejor…- Draco la miró un momento antes de responder.

- Mira Ginny, sabes que yo siempre te fui directo.

- Lo sé.

- No entiendo lo que buscas, no veo necesidad de andar jugando a dos puntas con ellos…

- Espera, espera un momento Draco. Retrocede un poco que creo que me estoy perdiendo de algo… ¿de qué estás hablando?

- Ginny…- suspiró cansado el chico.

- En serio, ¿a dos puntas? ¿A qué demonios te refieres?

- Ginny, sabes bien de lo que estamos hablando. No hace ni dos días con Harry te encontramos muy apretada junto a Dean en la cocina…

- Eso fue algo diferente.

- ¿Me vas a decir que él te besó?- la interrumpió.

- Si, fue así.

- Ginny…- se quejó él suspirando-. Si sabías que estaba Harry, ¿por qué lo hiciste?

- Porque no estaba segura, porque quería saber qué era lo que sentía… Dean es divertido, y en ese momento me pareció lo ideal…

- ¿Y luego que pasó?- Ginny bajó la mirada-. Pareces una niña otra vez…

- ¿Me estás tratando de inmadura?- replicó enojada.

- ¿Y qué te parece? Ayer te apareces con Dean…

- Dean no es nada mío, ¿acaso no lo has visto besándose no sé con quien la otra noche?

- No me importa lo que haga él, sino lo que hagas tú. ¿Qué me dices del chico de anoche?

- ¿Quién?- indagó Ginny cruzándose de brazos, bastante molesta.

- Con el que bailaste anoche…

- Ah si, con él no pasó nada- Ginny se levantó y caminó hacia la cocina para volver al rato con dos tazas de chocolate humeante.

- A mi me pareció verlo muy cerca de ti- Ginny se llevó una mano al rostro totalmente sonrojada.

- Ya sé que me estoy comportando como una tonta, solamente quería darle celos a Harry porque estaba muy pegadito a Chang- bufó-. No estaba en mis planes que el otro idiota me besara…

- Al parecer nada de lo que está pasando últimamente está en tus planes, Ginny- ella lo fulminó con la mirada-. Y sabes que tengo razón, además, dime, ¿cómo es eso de que ahora también te besas con Harry?

- ¿Y a ti qué te interesa? No eres mi madre para andar echándome en cara todo lo que hago.

- Quiero lo mejor para ti… pero no me gusta que piensen cualquier cosa.

- ¿Y tu que piensas?... espera, déjame adivinarlo…

- Ginny…

- ¡Eres un idiota!

- Sólo me preocupo por ti- Ginny se dirigió hacia su habitación.

- Pues no lo hagas más- le respondió antes de cerrar la puerta con furia, realmente estaba enojada, muy molesta con las insinuaciones de Draco.

Sin embargo, muy en el fondo no pudo evitar sentirse algo triste al comprender que quizás su amigo de verdad tenía razón.

o0o0o

Ginny no tenía ganas de cruzárselo, sabía que Draco estaba en lo cierto, lo había meditado toda la noche, pero no podía ir simplemente a decirle que todo era verdad, que se estaba comportando como una chiquilla inmadura en busca de algo de atención. Esa mañana había amanecido hambrienta, del enojo ni siquiera había sido capaz de preparar algo para comer, era desesperante sentirse así. Rápidamente revolvió en la alacena encontrando una vieja lata de galletas que nunca habían abierto, sin más se dispuso a comer eso mientras ponía algo de agua a calentar. Sin embargo la voz de alguien llamándola desde la sala la sorprendió, se sonriendo al ver la cabeza de Hermione aparecerse entre las llamas.

- ¿Qué haces allí?- le preguntó divertida al ver como la castaña se quitaba ceniza de los labios.

- No te burles, detesto hablar por esta maldita Red.

- Perdona por no estar actualizada con la tecnología muggle…- ironizó la pelirroja divertida al ver como Hermione acomodaba su cabello para que no se le quemara por las llamas.

- Ya hablaré con Harry para que te proporcione un teléfono… Oye, ¿quieres venir a comer a casa?

- ¿No estás con Ron?

- No, él se tuvo que ir a su casa, hubo un pequeño problema con uno de sus hermanos mayores y su padre, algo normal- le sonrió-. Astoria al parecer tiene una cita, pero no me quiso decir con quien ¿Tu sabes algo?

- Nada- se inclinó sobre las llamas-. Arreglo unas cosas aquí y voy a hacerte compañía, ¿no quieres que salgamos a dar una vuelta?

- Ay si… hace mucho que no salimos, de paso aprovecho para comprar unas cosas para casa que están en falta.

- Me cambió y estoy ahí.

- Te espero amiga.

Ginny se vistió con un simple pantalón oscuro y un mero abrigo de color claro, las botas que cubrían sus pies eran nuevas, Hermione había insistido en que las comprara y debía admitir que eran muy lindas, así también le habían salido.

Estar junto a la castaña se había vuelto una costumbre, le hacía recordar esos viejos momentos en donde ella compartía sus tardes charlando con su amiga Sophie en Durmstrang, en donde ambas soñaban recibirse y salir al mundo en busca de aventuras. Sophie era parte de su pasado, al igual que aquel colegio. Hermione había ocupado el lugar de Sophie, y el cariño que le había tomado era impresionante; simplemente no podía más que maravillarse por la relación que tenía con su hermano, la forma en que lo cuidaba y lo mimaba, todo lo que adoraba a Harry y todo lo que amaba a toda la familia Weasley. Hermione era como el nexo entre Ginny y su familia, aunque la castaña no lo supiera.

Aquella mañana el Callejón Diagon estaba abarrotado de gente, tal vez era simplemente la época, se estaba acabando el verano y pronto daría comienzo al otoño, aunque el frío ya se hacía sentir, y con mucha fuerza. Había varios niños pequeños comiendo helados y muchas madres con vientres abultados cargando enormes bolsas con cosas para bebés. Era algo adorable.

Hermione repuso todo su arsenal de pociones, mientras Ginny disfrutaba viendo vidrieras en donde escobas nuevas se ponían a la venta.

- ¿Te gusta el Quidditch?

- Cuando era más chica lo jugaba- le respondió prestando atención a como una snitch plateada aleteaba sus alas muy rápidamente-. Pero luego nunca más se dio la oportunidad.

- ¿En qué posición jugabas?

- Cazadora, y a veces buscadora- sonrió al ver un pequeño niño llevar en sus brazos su primera escoba de juguete.

- Ron fue guardián, uno de los mejores que tuvo Gryffindor, y Harry buscador, el más joven en cien años- Ginny lo miró con sorpresa-. Harry fue el capitán de nuestro equipo, él nos llevó a la gloria.

- ¿Si? Nunca me había comentado eso…

- Dean Thomas también era cazador, pero no tenía mucho éxito, a él le iban más los deportes muggles.

- He oído hablar mucho de los jugadores de Hogwarts, varios equipos de ahora tienen jugadores de ese colegio- Hermione asintió sabiendo a quién se refería.

- Oliver Wood fue nuestro capitán, el orgullo de la casa- suspiró-. Todos los hermanos de Ron jugaron en el equipo de Gryffindor.

- ¿Todos?- Ginny la miró divertida siguiendo el camino que imponía la castaña.

- Todos, cada uno tenía su estilo. Algún día le diré a Ron que te invite a su casa, no te imaginas lo que son los partidos allí- sonrió-. Las novias de los gemelos también jugaron en el equipo, a veces se arma cada lío…

- ¿Tú no juegas?

- Nunca se me dio volar- hizo una mueca extraña con los labios-. ¿Quieres conocer Sortilegios Weasley?

- ¿Es el local de los hermanos de Ron?- le preguntó tratando de evadir el tema.

- Si, pero ellos ahora no están. Ya sabes, esa reunión familiar… seguramente debe estar Lee Jordan, uno de los mejores amigos de los gemelos.

- Y vamos…- aceptó gustosa sabiendo que sus hermanos no estarían ahí-. Lástima que no pueda verlos.

- No faltará oportunidad.

Ginny llegó entusiasmada hasta en número 93 de aquel callejón, las luces de colores y la vidriera colorida fue lo primero que le llamó la atención. La entrada al lugar parecía un enorme arco iris, y dentro del lugar muchos niños junto a sus padres reían y jugaban con pequeños aviones voladores, peluches saltarines, y muchísimas cosas más que no sabía ni como llamarla.

- ¡Hermione!- gritó un muchacho de piel oscura acercándose a las recién ingresadas.

- Hola Lee- el chico le sonrió-. Te presento a Ginevra, una amiga.

- Un gusto, mi nombre es Lee Jordan…- el chico la saludó con un beso en la mejilla al igual que a la castaña-. ¿Y qué hacen por aquí?

- Como estaba aburrida, ya sabes, esa reunión improvisada en la casa de Molly y Arthur, le pedí a Gin que me acompañara a dar una vuelta. Y de paso la traje a conocer este local.

- ¿No lo conocías?- le preguntó a la pelirroja.

- Es que yo hace poco tiempo que llegué a vivir aquí- se encogió de hombros-. Este lugar es alucinante.

- Todo gracias a Fred y George- sonrió-. ¿Y de dónde eres?

- Vengo de Australia, pero soy inglesa, sólo que viajé por varios lados- miró con los ojos brillantes como un niño se llevaba un caramelo a la boca y le comenzaban a salir pelos por la nariz.

- ¡Muy bienvenida a Londres! Miren todo lo que quieran chicas, la casa les hace un descuento especial- les dijo guiñándole un ojo.

Ginny de inmediato se puso a recorrer el lugar, pero lo que más le llamó la atención fueron las fotografías que decoraban una pared, el día de la inauguración, el día en donde volvieron a reabrir después de la guerra, las sonrisas a la cámara. Todos sus hermanos, las mujeres de sus hermanos…

- ¿Quién es ella?- preguntó señalando a una pequeña de ojos celestes y cabello rubio la cual le sonreía a la cámara con sus dientes de niña.

- Es Victoire Weasley, la hija de Bill. No sabes lo preciosa que es esa niña, igualita a su madre, nació justo el día en donde se cumplía un año de la caída de Voldemort.

- ¿Quién es la madre?

- Se llama Fleur, es una media veela. Bill la conoció en el Torneo de los Tres Magos, ella era uno de los campeones.

- ¿Ella?- preguntó sorprendida la ver la radiante sonrisa de la mujer.

- Si, aunque parezca increíble si… Una muy buena mujer, aunque al principio Molly y yo no estábamos muy conformes.

- ¿Y qué pasó?

- Digamos que nos dimos cuenta de que realmente era un muy buena persona, en los peores momentos estuvo al lado de Bill…- miró la foto en donde todos estaban con su pareja, acarició con su dedo el rostro de Bill y Ginny se percató de las cicatrices.

- ¿Qué le pasó?

- Lo atacó un hombre lobo, Greyback, no sé si has oído hablar de él- Ginny tragó saliva, obvio que lo conocía, si hasta había compartido guarida a su lado-. Por suerte el único síntoma que tiene es comer carne muy poco cocida, un alivio para la familia, con todo lo que sufrieron- Hermione desvió la vista hacia otra fotografía que la pelirroja no había visto-. Y esa es Ginny, la hermana perdida de ellos.

- ¿Ginny?

- Ahora comprendo por qué Ron se pone tan extraño al verte, te pareces tanto a ella… seguramente hubiese sido muy parecida a ti en estos momentos- Ginny continuó contemplando la fotografía sintiendo como un nudo se posicionaba en su garganta-. Pero bueno ¿vamos a casa? ¡Estoy que muero de hambre!

- Si… vamos- susurró algo shockeada con lo que acaba de enterarse, su hermano había sido atacado por un hombre lobo, ese que ella conocía. Era horrible.

Entre una cosa y otra el mediodía había dado lugar a la siesta y ellas aún no habían comido nada, y como era de esperarse, estando ellas solas, decidieron hacer una comida muy de mujer, bien de bajas calorías, aunque si eran sinceras, lo hacían para luego tener menos culpa al comer el helado de chocolate que tenían pensado pedir, una simple ensalada con pollo y vegetales acompañado de unos pequeños arrolladitos de atún y tomate, y como no podía faltar, una buena botella de vino de esos frutados que les encantaban. Ginny ya había dejado la medicación, por lo que no había problema en que tomara alguna que otra copa de eso, pero ni hablar de bajarse toda la botella.

Mientras Hermione ultimaba los detalles, Ginny preparaba la mesa, el sol estaba en lo más alto y entraba a raudales por el enorme ventanal de la sala.

- Después podemos pedir el helado, y ver alguna película en el DVD.

- ¿DVD?

- Cierto que no eres muy apegada a las cosas muggles, te aseguro que eso te encantará- el timbre de la casa sonó-. Que raro, quién será a estas horas…- se dijo para si misma mientras atendía el portero eléctrico-. ¿Ron? Porque no usas tu llave… Te la has olvidado, vale ahí bajo.

- ¿Era Ron?

- Parece que terminaron temprano, ¿quieres preparar más ensalada? Aunque haya comido en la casa de su madre lo volverá a hacer aquí- le dijo rodando los ojos.

- Yo me ocupo, tu ve a buscarlo- le dijo sonriente yendo hacia la cocina. A pesar de no tener una relación muy fluida con su hermano, adoraba comer a su lado, era un simple regocijo personal que no podía evitar sentir al tenerlo cerca. Había hecho tanto por el Mundo Mágico.

Ginny trozó más de aquella carne y la puso rápidamente en la plancha sazonándola con un poco de sal y especias, mientras también cortaba más de aquellos vegetales en pequeños cubos y lavaba unas cuantas hojas verdes.

- Ya volvimos…- dijo Hermione al entrar dirigiéndose directamente a la cocina mirándola con un gesto extraño.

- Espero que con esto alcance…

- Pon un poco más, Ron se trajo a Harry consigo- la miró con insistencia.

- Bien…- Ginny aparentó tranquilidad mientras cortaba un poco más de pollo-. No sé por qué me miras así…

- Yo no te miro de ninguna forma- le sonrió Hermione notando el sonrojo de la pelirroja-. Yo no me esperé que Ron volviese tan temprano, y muchos menos con él- le dijo a modo de disculpa.

- Lo sé, no hace falta que te excuses- le dijo levantando la vista-. Además no me molesta.

- Eso ya lo sé- le dijo divertida haciéndola volver más colorada si era posible.

- Tonta…

Al instante Ron apareció por la puerta seguido de Harry el cual al mirarla le sonrió con complicidad.

- Espero que no hayamos interrumpido una de esas reuniones femeninas en donde se ponen esas cremas extrañas en las caras y se depilan entre ustedes…

- ¡Ron!- Hermione le tiró con una lechuga haciendo reír a Harry.

- Entonces no hemos interrumpido algo trascendental- dijo el moreno besando la mejilla de Ginny haciéndola poner de todos colores.

- Nada en absoluto, hola- le respondió ella en un hilo de voz terminando de lavar más vegetales.

Ron y Harry reían de alguna idiotez en la sala, mientras las dos mujeres terminaban con la comida en la cocina.

- ¿Pueden ayudarnos con la mesa?

- Ya vamos…- respondió Harry perezoso, Ron se metió en la cocina aprovechando que Ginny había salido con unas cuantas cosas hacia la mesa, para besar a Hermione, mientras Harry seguía a la pelirroja ayudándola a acomodar todo-. Hoy no me has saludado- le susurró a su lado acomodando los platos.

- Si que te he saludado- le respondió ella colocando las copas.

- Yo te he saludado- le dijo Harry a su espalda-. Tú no lo has hecho.

- Te dije hola- respondió Ginny algo acalorada por la presencia del chico en su espalda, muy cerca de su cuello.

- Pero ese saludo no me gusta, Gin.

- Es… es la única forma que tengo de saludarte- Harry le estaba acariciando los brazos y ella sentía como la sangre se le electrizaba poco a poco.

- Te deberé enseñar como quiero que me saludes- Harry la hizo girar dándole un rápido beso en los labios que la hizo sonrojar-. Pero eso lo veremos después.

- Eres un creído…

- Y tú eres muy linda- Ginny le sonrió sintiendo como su corazón se quería salir del pecho, ese chico era impresionante.

La comida había sido más incómoda de lo que la pelirroja esperaba, las miradas cómplices de Hermione la hacían poner nerviosa, y ni hablar de los codazos pocos disimulados de Ron hacia su amigo, eran hombres, era normal que se trataran así entre ellos. Y para su tormento, Harry no hacía nada para mejorar la situación, varias veces había sacado a flote el tema de lo que era la educación y como saludar correctamente a una persona, siendo fervientemente apoyada por Hermione la cual se ganó una patada por debajo de la mesa en venganza por parte de Ginny.

Comentaron que habían pasado por Sortilegios Weasley y que habían visto unas escobas muy lindas en la vidriera de un negocio.

- No te pueden gustar los Chudley Cannons…- sentenció Ginny bebiendo lo último que le quedaba de vino en su copa.

- ¿Por qué no? Que no ganen nunca no quiere decir que sean malos…- Hermione se largó a reír a la vez que acariciaba el cabello de su novio.

- ¡Por supuesto que no!- Harry se echó a reír por la espontaneidad de Ginny-. Hace como cien años que no ganan la copa, no puedo creer todavía que le hayan ganado a los Puddlemere United.

- El Capitán es un idiota.

- ¡El Capitán es Oliver Wood! Ron, él fue compañero de nuestra casa…

- Pero eso no quita que sea un lerdo… a ver dime, tú que te crees saber tanto, ¿cuál es el mejor equipo?

- Las Hollyhead, obviamente…

- ¡Me estás jodiendo! Son todas mujeres.

- Por eso mismo, las mujeres jugamos mucho mejor que ustedes al Quidditch- Harry le sonrió.

- Lamento discernir en eso contigo…

- Lo que pasa es que ustedes no han visto jugar a buenas jugadoras…

- Está declarado que los hombres son mejores para los deportes- dijo Ron muy sabiamente ganándose un chasquido de lengua por parte de Hermione.

- Que idiotez, cuantas veces Angelina y Katie han hecho destrozos al equipo Weasley.

- No te olvides que Harry jugaba con ellas.

- ¡Por favor!- Hermione se relajó en su asiento.

- Además los mejores equipos están formados por hombres.

- No te olvides de las Holly.

- Una cosa es ver Quidditch, porque tu Hermione es lo único que puedes hacer, y otra cosa diferente es jugarlo… no se puede hablar sin saber…

- Disculpa, pero yo juego al Quidditch- replicó Ginny divertida, Ron podía llegar a ser de lo más terco que había.

- ¿En qué posición juegas?- le preguntó Harry interesado.

- Cazadora, y otras veces buscadora.

- Yo soy buscador, el mejor que ha tenido el colegio- dijo Harry con orgullo.

- Eres un poco creído ¿No?- inquirió Ginny inclinándose hacia él.

- Y tú un tanto exasperante…- Ron miró a Hermione y le hizo una seña con la cabeza.

- ¡Iremos a comprar helado!- dijo la castaña levantándose al igual que su novio-. Pero no, ustedes quédense aquí, nosotros bajamos- replicó al ver como Ginny se levantaba y atinaba para acompañarlos.

- ¿Seguro?

- Segurísimo, ustedes levanten la mesa- Hermione le guiñó un ojo y se calzaba el abrigo que Ron le pasaba.

Harry carraspeó haciendo que Ginny lo mirara, los dos estaban completamente solos en aquel departamento. La pelirroja nerviosa, comenzó a acomodar la mesa, levantando los platos y llevándolos hacia la cocina, Harry detrás suyo la siguió con las copas en la mano, y una hermosa sonrisa en el rostro.

Con un simple conjuro, la vajilla se estaba limpiando sola, Ginny observaba con demasiada atención como se iban formando las burbujas y como Harry dejaba las copas a un lado de la mesada para mirarla con algo de burla en los ojos.

- ¿Con que cazadora?

- Cállate…

- Muero por verte jugar, si juegas igual que discutes, debe ser alucinante- Ginny se sonrojó sabiendo interpretar el significado de esas palabras.

- En algún momento lo comprobarás.

- ¿A dónde vas?- le preguntó tomándola del brazo al verla caminar hacia la sala.

- Voy a terminar de acomodar…- pero no pudo terminar sus palabras porque los labios de Harry la hicieron callar, él la estaba besando tal y como lo había hecho la noche anterior.

Nada más diferente a un beso casto como ese que ellos dos compartían, los labios de Harry la acariciaban por completo haciéndola perder en la sensación de calidez y apego hacia el chico. Harry le acariciaba la espalda y el cabello tomándola por la cintura y apretándole los brazos. Perderse era fácil con Harry, con lo poco que estaba haciendo, ya creía que en cualquier momento terminaría volviéndose loca. Totalmente desquiciada.

- Aunque no lo quieras aceptar, terminaré convenciéndote- Ginny lo miró un momento a los ojos antes de sonreír, era increíble como había llegado a conocerla.

- ¿Cómo lo sabes?

- Lo veo en tu mirada- se inclinó más hacia ella-. Pero te demostraré que lo que estamos sintiendo, es lo correcto.

Ginny sonrió más, él sabía que detrás de toda aquella imagen, había una mujer muy indecisa, que le costaba horrores comprender aquello que le estaba pasando. Harry se esmeraría en cambiarla, y eso Ginny era lo que más esperaba.

- Estás loco…

- Y tu eres divina- ella cerró los ojos un momento y los volvió a abrir no creyendo estar viviendo eso, con algo de duda, pasó los brazos por los hombros de Harry y lo besó lentamente en los labios esperando que él respondiera, Harry al instante se prendió de ello saboreando por momentos la lentitud de aquella caricia.

El carraspeo de Ron los hizo volver a la realidad, Hermione los observaba con una sonrisa en los labios.

- ¿Quieren helado?- les ofreció Ron mostrándoles la bolsa que llevaba en la mano, Hermione rodó los ojos, su novio podía ser tan poco delicado.


¡Sorpresa! ya sé, ni yo me puedo creer estar actualizando esta historia en menos de un mes.

Para alegría de muchos, como para mí, estoy de vacaciones, así que tendrán noticias bastantes seguidas en estas dos semenas que se avecinan, pero ya saben, los comentarios lindos de ustedes me predisponen a escribir con más ganas y por mucho más tiempo, así que sus palabras me vendrán más que bien.

Les mando un abrazo, espero haber respondido a todos los comentarios del capítulo anterior, y si se me pasó alguno, mil perdones.

Un beso, Jor.