Sin palabras.
Ginny sonrió mientras miraba a Harry con cariño. Esos últimos días se había esforzado por disfrutar al máximo de la oportunidad que la vida le daba, alimentarse de su amor, de su confianza. Sabía que no faltaba casi nada para el desenlace, y temía mucho lo que iba a pasar, lo cual sabía que no sería nada bueno.
El chico acarició su espalda de forma juguetona, mientras ella se posicionaba mejor encima de él, continuando con esa sesión de besos que había comenzado en el ascensor del departamento. Aquella situación no daba para más, Ginny se descubría por las noches adolorida y necesitada. Cada vez que se alejaba de Harry, esa sensación no satisfecha, por las cosas no cumplidas o a medio hacer, la dejaban frustrada y acalorada sobre la cama. Ella deseaba dar el siguiente paso, confiaba plenamente en él, pero todavía no estaba lista para contarle la verdad, no aún. Sin embargo lo necesitaba, como un naúfrago de tierra para sobrevivir.
Harry apretó su cintura con fuerza y profundizó más el beso, dejando que su lengua se metiera de forma arrebatada en la cálida boca de Ginny, ella gimió ante tal intromisión y sintió como todo a su alrededor se transformaba.
Con un impulso que ni supo de donde salió, Ginny metió la mano bajo la camisa, y comenzó a desabrochare uno a uno los botones de la prenda; Harry simplemente la sostenía de los brazos sintiéndose muy interesado en las acciones de su novia. Los movimientos de ella, los roces voluntarios contra su encendido cuerpo, aquello era algo nuevo que jamás había hecho.
Ginny con su tarea terminada lo hizo erguirse en su espalda, pudiendo de esa forma deshacerse de la molesta camisa que la molestaba en su tarea de sentir al chico; de inmediato tomó las manos de Harry y las puso en su cadera, justo donde la polera de cuello alto desaparecía. Harry comprendiendo lo que ella quería, la miró con una sonrisa y subió sus manos, tomando la tela, tirando hacia arriba, dejando al descubierto la cremosa piel del vientre femenino, la redondez de su ombligo, la curvatura de sus pechos sostenida por ese sostén de colores pálidos.
Una vez libre de esa ropa, Ginny miró a Harry a los ojos, y dejando caer, a ambos lado de su cuerpo, cual cortina de fuego, la pelirroja se inclinó sobre el moreno y lo besó en los labios con desespero. Harry le respondió al instante, devolviéndole la gentileza con empeño, como si su vida dependiera de ello.
- Harry…- los labios del chico recorrían el cuello femenino haciéndola hablar entre gemidos.
- Dime…
- Vamos…- Harry se separó un poco de ella para observar detalladamente su sonrojado rostro-. Vamos a tu cuarto…
- No Ginny…
Sin embargo ella no le hizo caso, suavemente comenzó a quitarse el pantalón, y sintiéndose desinhibida se sentó encima de Harry y se llevó las manos a la espalda quitándose el sostén. Harry la observaba turbado, sintiendo como en su interior un monstruo más y más grande iba creciendo, muy ardiente, encendido, abrasándolo por dentro. Ginny se inclinó sobre Harry y se apoderó de los labios masculinos de forma brusca, siendo correspondida con la misma intensidad por el chico, el cual la sostenía por la cintura apretándola cada vez con más vehemencia.
Harry de improviso, sintiendo toda la sangre bullir en sus venas, se puso de pie con la pelirroja sostenida a horcajadas sobre su cintura. Harry sostuvo a Ginny por las nalgas dejando que las piernas de la mujer rodearan las suyas; y lentamente, sin dejar de besarse, ambos se adentraron en la habitación del chico, dejándose caer en la enorme cama, iluminados simplemente por la luz de la calle que entraba por la ventana.
Sin embargo, mientras Harry besaba su cuello, dejando un camino de ardiente desespero; Ginny comenzó a recordar, las imágenes se sucedieron unas a otras, la sensación de esas manos sobre su cuerpo, los húmedos labios y la angustia que conseguía oprimirle el pecho no dejándola gritar.
De un manotazo apartó el cuerpo de Harry del suyo y se envolvió ella misma con sus brazos, temblando de una forma poco contenida, sintiendo como el asco y la repugnancia sobre ella misma se reivindicaba una y otra vez.
- No puedo…- Harry la miró un momento a los ojos turbado, pero luego suavizó su expresión.
- No importa- susurró Harry estirando su mano para acariciarla.
Ginny observó a su novio, detallando su rostro con sus ojos, su respiración agitada, su cuerpo a medio desvestir. Se sentía fatal por no ser una mujer completa para él, pero era algo más fuerte que ella, lo intentaba una y otra vez, y no podía. Totalmente angustiada, en un simple susurro dijo:
- Si que importa… yo no soy lo suficiente para ti…
- Eres más que suficiente- Harry le tomó el rostro con las manos-. Pero necesito que hables conmigo, que me digas lo que sucede… Entre los dos podemos llegar a solucionar todo.
- Si te lo digo no querrás saber nada de mi…
- Ginny…
- No insistas- le pidió ella con la voz quebrada, Harry intentó abrazarla pero Ginny se lo impidió poniéndose de pie-. Creo que lo mejor será que me vaya a mi departamento- Harry asintió cabizbajo atinando a seguirla, pero Ginny lo detuvo con una mano.
- Al menos deja que te salude- le pidió acariciándole el brazo.
- Lo siento- Ginny se acercó a Harry y lo besó fugazmente en los labios para luego salir de la habitación, dejándolo solo y frustrado.
Harry se dejó caer con pesadumbre sobre la cama y aguzó el oído escuchando los movimientos de Ginny en la sala de la casa mientras se vestía, y luego oyó su desaparición a través de la red Flú. El chico se llevó una mano al rostro y suspiró cansado; sólo Merlín sabía que lo habían intentado todo, pero ella jamás se abría completamente a él, y realmente era algo que lo fastidiaba.
A Harry a esa altura de su vida se le escapaban pocas cosas, y no podía pasar por alto el extraño acercamiento que había tenido con su mejor amigo. Muchas veces se la había encontrado hablando muy animada con Ron, siendo que antes, a pesar de tener una buena relación, no se hablaban más de lo necesario. Sin embargo, luego de que él casi moría, ella había cambiado mucho.
Faltaban pocos días para la Navidad y un mal presentimiento lo acechaba, como tantas otras veces había sentido en momentos cruciales de su vida, y eso no le gustaba nada.
Pero por el momento, trataría de proteger a las personas que más quería, y entre ellas, se encontraba la pelirroja, y el silencio que profesaba. Aquello era algo que debía hablar con Hermione.
o0o0o
- Draco…- susurró Ginny a la vez que golpeaba en la puerta de su cuarto, temiendo entrar por la situación que podía encontrar. Unos ruidos se escucharon dentro de la habitación, y a los pocos segundos se asomó Draco con cara de dormido.
- ¿Qué haces aquí a estas horas?- le preguntó abriendo más la puerta, dejándola pasar.
- ¿Hoy no se queda Astoria contigo?
- Hemos peleado- le dijo haciendo una mueca-. Algo sin importancia- acotó quitándole calidad al asunto.
- Lo lamento, tú ya tienes tus líos y yo vengo a molestarte con los míos…- murmuró sentándose en la cama.
- Ginny…
- Se nos acaba el tiempo, Draco- musitó envolviéndose con una de las colchas de la cama de su amigo-. Yo no sé lo que va a pasar de ahora en adelante…
- Ya lo hemos hablado, diremos la verdad- le sonrió-. Ginny, nosotros nunca hicimos algo desagradable- le dijo tomándole la mano-. Simplemente buscamos ayuda en la persona equivocada, y todo fue creciendo y creciendo como una enorme bola de nieve y aquí estamos.
- No quiero que mi familia me odie…
- Y no lo harán, ahora Ronald te adora.
- Pero él no sabe toda la verdad- suspiró-. Y Harry… Merlín… ¿qué haré con él?
- No lo sé…
Ginny se recostó en las almohadas de su amigo y le hizo una seña para que él la acompañara, Draco con una fluorita de su varita apagó la luz de la habitación y se acostó junto a su amiga, dejando que ella lo abrazara.
- ¿Sabes?
- ¿Qué?
- Jamás imaginé ser tan libre- respondió ella enroscando sus piernas con las de él.
- ¿Libre?
- En el colegio no éramos del todo libre, de alguna manera siempre teníamos algo que imponía un determinado orden; luego nuestra libertad se vio resumida al mínimo…
- Y ahora estamos atrapados en algo que no queremos…
- Pero es diferente- sonrió-. Todo es diferente- la voz se le quebró-. Estoy más sensible que nunca, yo no era de llorar tanto.
- Ginny...- Draco intentó girarse pero ella se lo impidió.
- ¿Recuerdas? ¿Recuerdas todo lo que intentaste hacer por mí?
- Claro que sí.
- Nunca te pude decir lo bien que me hizo, a pesar de que nunca pude… me ayudó a superar un poco todo eso- Draco no le dijo nada, simplemente apretó la mano de ella la cual estaba posada en su vientre y cerro los ojos.
- Duerme, mañana será otro día- Ginny asintió sin poder evitar recordar aquel momento en donde él, su mejor amigo, su ex novio, había intentado quitarle esa pesada carga de encima.
Sus manos la habían acariciado de una forma calmada, sus labios la habían besado con dulzura y sus palabras la habían tranquilizado. Sin embargo, cuando todo estaba a punto, cuando al fin el cariño de una persona a la que ella realmente amaba, iba a ahuyentar sus miedos, los recuerdos volvieron haciéndose vida en las manos de Draco, en su voz y en su aliento. Sin poder evitarlo se alejó y él simplemente la abrazó, calmando su agitada respiración, y prometiéndole que algún día todo volvería a ser normal.
Draco podría haber sido su pareja perfecta, ambos eran como el hielo y el fuego, ella brillaba e irradiaba calor a todos a su alrededor, mientras que él simplemente alejaba a toda persona que se le acercaba. La relación entre ellos había comenzado y terminado de forma prematura, dando paso a una enorme amistad, que tal vez, y sólo tal vez, si el tiempo y las circunstancias lo dejaban, podían transformarse en algo más, en algo parecido, algo cercano a lo que sentía por Harry.
Harry era, en cambio, como el sol en medio de la lluvia torrencial, una caricia en la cabeza, un temblor en todo el cuerpo dejándola débil y sumisa a lo que él quisiera. e incluso algo tan simple como el suave gusto del chocolate caliente sobre su lengua, luego de una trade helada. Con sólo ver su sonrisa sentía sus piernas debilitarse, y esa era la diferencia con Draco, no tenían esa increíble afinidad que ella compartía con Harry, el mismo pensamiento, los mismos ideales. A Harry lo unían más cosas de las que ella imaginaba, en algún punto al principio fue su cable a tierra, su fuente de información. Pero el tiempo obró su milagro y se vio envuelta en su mismo objetivo, enamorarlo y enamorarse. Porque ella lo amaba, de una forma primitiva, de una forma novelesca, simplemente era eso, algo complicado.
- Harry…- susurró en silencio sintiendo como las lágrimas le empapaban el cabello, todo era muy injusto, demasiado.
o0o0o
Hermione Granger no tenía un pelo de tonta, eso estaba más que claro en todo el Ministerio, y era algo enteramente aceptado por sus conocidos. Por eso, cuando su amiga pelirroja comenzó a portarse distinto con su novio, tuvo una extraña sensación de que algo se le estaba escapando, algo que estaba frente a sus ojos y no podía ver. Lo había notado cuando Ronald estaba internado, las miradas con su amiga, las pequeñas sonrisas cómplices.
Nunca dudaría de su novio, sabía que aquello no se trataba de alguna especie de flirteo o algo parecido. Más bien era diferente, algo que ella no llegaba a cuadrar en sus deducciones.
Ron al fin se había reintegrado al trabajo, aunque tenía indicado pocas tareas livianas, pero al menos de ese modo estaría entretenido por un largo tiempo. Juntos habían llegado al Ministerio y ambos se dirigían a saludar a Harry y a Ginny, como Hermione estaba acostumbrada cada mañana. Luego pasaría por la oficina de Astoria y compartiría un pequeño resumen de los chismes más jugosos del lugar, y después organizarían algo para comer los seis, porque claro, Draco ya era alguien más en la mesa que siempre compartían.
- Te juro que ya estaba harto de no hacer nada, Hermione- le dijo Ron a su novia mientras bajaban del ascensor en el segundo piso.
- Lo sé, yo tampoco veía la hora de que comenzaras- respondió acariciándole fugazmente una de sus mejillas-. Espero que no te esfuerces demasiado, Neville te indicó tareas livianas y…
- Ya lo sé, hoy pretendo llenar y llenar formularios y ocuparme del papelerío- comentó sonriendo- Gin…- carraspeó-. Gin se pondrá contenta, ella que siempre se anda quejando de que no le gusta…
- Parece que tú y ella se están llevando mejor- dijo disimuladamente Hermione a la vez que inclinaba la cabeza a modo de saludo a un hombre que pasaba a su lado.
- Encontramos que tenemos unas cuantas cosas en común- le tomó la mano-. ¿Estás celosa?- indagó temeroso.
- No, no es eso- le sonrió-. Tan sólo me debo acostumbrar- dijo a la vez que se acercaba a su novio y lo besaba en los labios.
- Yo iré a buscar algo para tomar, ¿te llevo un capuccino?
- Por favor, y si hay un poco de chocolate encima, mejor- Ron asintió con una de sus clásicas sonrisas matadoras y se dirigió hacia la cocina mientras Hermione iba al despacho de Harry.
Harry estaba sentado detrás de su escritorio el cual de forma extraña, se encontraba vacío. Hermione se inclinó a besarlo en la mejilla para luego dejarse caer en uno de los asientos que había frente a su amigo, Harry dejó unos pergaminos a un lado y le sonrió a su amiga con complicidad.
- ¿Y cómo estás?- indagó acomodándose los lentes sobre el puente de la nariz.
- Acá andamos…- suspiró-. Algo cansada, anoche volví tarde a casa, compré todos los regalos de Navidad y bueno…- sonrió-. ¿Y tú?
- Nada nuevo, Gin fue a preparar algo para tomar.
- ¿Y por qué no lo hizo Cho?
- Ella hoy no viene porque tenía que hacer unos trámites.
- ¿Y cómo está todo con Gin?
- Bien…
- ¿Bien?- Hermione se enderezó en el asiento acercándose más a su amigo.
- Bien- Harry se encogió de hombros-. Ella es una mujer adorable, no te puedo mentir- sonrió-,y estoy enamorado de ella.
- ¿Qué pasa, entonces?- Hermione miró a su amigo con suspicacia.
- No lo sé, ella tiene algo que oculta…- se sonrojó-. No sé si es algo que pueda hablar contigo.
- No hace falta que lo digas, yo lo sé- se sonrojó también-. Ella me lo contó, pero… pero no me dijo el por qué.
- Es algo que hace rato que me da vueltas en la cabeza… tiene tantas cosas ocultas.
- ¿Lo has notado? Yo pensé que era la única…
- Y además está lo de Ron- Hermione asintió algo cabizbaja.
- Yo tengo una teoría, algo rara- dijo ella y Harry la observó frunciendo el ceño.
- Tus teorías en la mayor parte de las veces están acertadas, Hermione.
- Desde el accidente que él tuvo, es como si se hubiesen vuelto inseparables, eso pasó desde que Ginny, la hermana de Ron apareció.
- ¿Tú crees…?
- No lo sé- dijo Hermione negando con la cabeza-. Lo único que te digo es que el comportamiento de los dos es extraño, y que no tiene nada ver con un enredo amoroso como cualquier otro puede imaginar.
- ¿De verdad piensas que ella puede ser su hermana?
- No lo sé. Y si así fuera me resulta muy extraño que no se lo haya dicho a toda su familia, tú sabes todo lo que la han buscado.
- Si…- Harry se dejó caer contra el respaldo de su asiento con aires pensativos, sin saber exactamente la infinidad de teorías que rondaban por su cabeza.
- ¿Irás a la comida de Navidad en la casa de Ron?- le preguntó Hermione intentando cambiar de tema.
- Sí- carraspeó-. Y Gin también irá- Hermione observó ceñuda a su amigo sintiéndose más confundida que antes.
- ¿Será que… ella?- Harry negó suavemente apretándose con fastidio el puente de la nariz con su dedo pulgar e índice.
- ¿En qué fecha estamos?
- Veintitres, mañana ya es noche vieja, y luego Navidad- sonrió levemente-. ¿Por qué mejor no dejamos esta charla para después?
- Si, creo que es lo mejor- Hermione asintió dirigiéndose hacia la puerta.
- Iré a ver por qué se tardan tanto, y de pasó traeré algo rico para comer- le dijo la chica desde la puerta, saliendo por ella.
Mientras tanto en la cocina del cuartel Ron y Ginny reían de algún viejo recuerdo de la infancia que ambos habían compartido, ella manipulaba la enorme cafetera de café expreso mientras él se encargaba de buscar el pote de azúcar en uno de los tantos estantes que había en la habitación.
- Recuerda que Hermione lo toma con edulcorante- le dijo Ginny agarrando una de las tazas.
- Mujeres…- Ginny emitió una pequeña risilla a la vez que le tiraba con un repasador-. ¡Eso es violencia!
- En la Madriguera se vive la violencia, ¡con los gemelos dando vueltas!- el aroma a café inundó toda la cocina a la vez que el ruido del vapor indicó que ya pronto las bebidas calientes estarían listas.
- Harry me dijo que te invitó a pasar Navidad en casa- Ginny asintió con un gesto de cabeza, pero sin girarse a mirarlo, estando más concentrada en el café cortado que estaba preparando.
- Pásame la leche- le pidió Ginny extendiendo un brazo, Ron tomó un cartón blanco y se lo puso en la mano sonriendo de forma ladeada.
- ¿Y qué harás?- indagó sentándose sobre la mesa que había en la cocina.
- No lo sé…- suspiró-. Ya te dije que antes de que terminara el año ellos me verían- se giró-. Pero es complicado…
- Me imagino- Ron bufó con desgana-. Es hora de que hablemos de eso ¿no te parece?
- Ron…
- ¿En qué andas metida?- Ginny desvió la mirada volviendo a girarse ocupándose ahora de la leche batida que usaría en el capuccino de Hermione-. No me ocultes las cosas…
- Ron, no te miento cuando te digo que antes de fin de año, todos sabrán de mí.
- ¿Pero a precio de qué?
- ¿Cómo?- Ginny miró a su hermano sorprendida.
- Parezco medio lento pero no lo soy, Ginny- ella lo miró de forma triste con una taza en su mano-. ¿Qué pasa? ¿De dónde sacaste esos documentos falsos?
- Ron… No es fácil decírtelo- le dijo suspirando-. Mira… esta noche…- en ese momento alguien abrió la puerta dejándose ver a una sonriente Hermione.
- Siento molestar su charla, pero con Harry estamos hambrientos- dijo-. ¿Saben si hay algo para comer?
- Yo traje un paquete de galletas de chocolate- dijo Ginny poniendo las tazas sobre una bandeja de madera-. Fíjate en mi bolso, lo dejé en mi cubículo- Hermione asintió no sin antes darle un beso a su novio.
Sin embargo al salir de la cocina, la sonrisa se le borró de los labios y un extraño presentimiento le produjo un nudo en la garganta.
- Luego hablamos- le dijo Ron tomando la bandeja que Ginny tenía en sus manos-. ¡Hermione! Espérame cariño- le dijo a la castaña la cual se giró con la sonrisa de siempre.
- Vayan andando que yo busco las cucharitas de café- dijo Ginny cerrando la puerta y apoyándose contra ella. No faltaba nada para que la verdad saliera a la luz, y aquello la aterraba.
Cuando Ginny llegó al despacho de su novio, ya todos estaban sentados alrededor del escritorio, Hermione había abierto el paquete de galletas y su hermano ya se había hecho de unas cuantas.
- No encontraba las cucharas- les dijo mostrando los utensilios en su mano, tomando lugar junto a Harry en donde había una silla vacía.
- ¿Harán algo esta tarde?- preguntó Harry mezclando su café.
- Yo tengo que comprar los regalos de Navidad- respondió Ginny tomando una de las galletas-. Me he acordado tarde de las compras navideñas. ¿Y tú Hermione?
- Ayer por la tarde me he encargado de todo eso, terminé agotada… pero menos mal que nos han dado el día libre mañana, con todas las cosas que tengo que hacer…- sonrió-. Yo llevaré el postre a la Madriguera, mi madre me ayudará a hacer un pastel de frutos secos, una delicia.
- No sabía que mañana teníamos libre el día- dijo Ron.
- Lo dice en la cartelera principal, deberías leerla más a menudo- acotó Hermione, haciendo que su novio rodara los ojos, la castaña le dio un pequeño golpe en la cabeza haciendo reír a Harry.
- ¿Tú ya has hecho las compras?- le preguntó Ginny a su novio, pasándole el plato de galletas.
- Hace tiempo que las tengo hechas- contestó sonriendo, abrazando a su novia por la cintura.
- ¿Y tú Ron?- este lo miró de reojo con su taza de café en la boca.
- Hoy me toca, se me había pasado totalmente la fecha en que estábamos- Ginny miró un momento a su hermano haciéndole un leve gesto, levantando sus cejas, a lo que él asintió de modo disimulado-. Imagino que iré directamente desde aquí, ¿mañana estarás en lo de tus padres?- le preguntó a su novia.
- Sí, iré directamente a comer a tu casa para Navidad.
- Eso significa que tendré que ir a La Madriguera… Merlín… mamá se pondrá loca, todas las Navidades es lo mismo, me pondrá a decorar la sala, por suerte está Victoire para ayudarme con eso, aunque más desordena que otra cosa.
- Dile a los gemelos que te ayuden…
- Ni loco, esos dos son capaces de cambiar las bolitas del árbol por bombas fétidas- se estremeció.
- Ni que fuera la primera vez…- se rió Harry.
- ¿Me estás cargando, no?- le preguntó Ron repentinamente serio.
- No…- le respondió el morocho entre risas.
- La Navidad pasada quisieron tatuarme la mancha de nacimiento de mi espalda- Hermione soltó una risa-. No es gracioso, si no fuera por la intervención de mi madre vaya uno a saber lo que me hubiese pasado…
- ¿Y por qué la mancha de tu espalda? Eso no me lo habías contado…
- Fue temprano por la mañana, me despertaron con esa sorpresa- respondió enojado-. Al parecer querían practicar un nuevo producto y no se les ocurrió mejor idea que usarme a mí de conejillo de indias.
- ¿Llegaron a pincharte?- indagó divertida Ginny imaginando la situación ocurrida por sus hermanos.
- Una o dos veces- con la mano se intentó sobar el lugar en donde tenía la mancha-, lo recuerdo y me duele.
- Eres un tonto- murmuró Hermione llevándose su taza de capuccino a sus labios.
o0o0o
Ginny observó el escaparate de esa tienda de escobas y decidió que allí encontraría el regalo para Harry, unos buenos guantes de cuero oficiales del equipo de Inglaterra, lo pondrían como loco. Contenta con su compra, la pelirroja, con unas cuantas bolsas encima, se dirigió hacía la heladería de Florean Fotescue, allí había arreglado encontrarse con su hermano, en donde por fin, si podía, le diría toda la verdad.
El día siguiente estaría completamente dedicada a Harry, comerían en algún lugar coqueto, o tal vez improvisarían algo en la casa, brindarían a las doce en punto y luego se irían a dormir para esperar juntos el día siguiente, que tantas sorpresas traería para todos.
La pelirroja iba envuelta en una capa oscura, para evitar de esa forma a las posibles personas que la pudieran reconocer. Ron la esperaba sentado en una de las mesas sin haber ordenado nada, ella le sonrió al acercarse y ambos acordaron comprar una pequeña torta helada y disfrutarla en el departamento de Ginny.
Viajaron de forma inmediata por la red Flu llegando a la calentita sala en donde Ginny se apuró a preparar chocolate caliente mientras hablaba con su hermano.
- ¿Draco no está?
- Se iba a quedar en lo de Astoria- le respondió.
- Parece que esos dos congeniaron bastante rápido- Ginny asintió sentándose frente a su hermano-. ¿Y tú cómo estás?
- Bien… bah, no lo sé- Ron le tomó la mano con cuidado, disfrutando de ese contacto que tanto tiempo no había sentido.
- ¿Me contarás todo?
- No voy a poder- le dijo ella enredando sus dedos con los de su hermano.
- Entonces cuéntame hasta donde llegues- ella asintió con un nudo caliente en la garganta.
- Prométeme que siempre estarás conmigo- Ron despegó los ojos de las manos apretadas y miró a su hermana-. Prométeme que no te alejarás de mi cuando sepas toda la verdad.
- Ginny, yo…
- ¡Promételo!- los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas y Ron, obedeciendo su instinto fraternal, la abrazó por los hombros dejando que apoyase el rostro en su hombro.
- No importa nada…- susurró acariciando su cabello-. No importa lo que hayas hecho, porque ahora estás aquí conmigo- depositó un beso en la coronilla de su hermana y la alejó un poco con las manos para mirarla a los ojos.
- Yo me arrepiento de haber tomado esas decisiones, de haber arrastrado a Draco conmigo- sollozó-. Nosotros éramos tan chicos, estábamos tan solos…
- No importa por qué lo hicieron, lo que vale es que ahora estés conmigo- sonrió levemente-. Imagina como se pondrá Bill al verte, querrá presentarte a nuestra sobrina, y a su adorable mujer- las mejillas de Ron estaban húmedas y él no se había dado cuenta-. Los gemelos harán una fiesta, y Percy aunque no lo demuestre, seguro que termina llorando encerrado en su habitación. Pero no me quiero ni imaginar lo que Charlie hará, es capaz de venir volando con uno de sus dragones- Ginny rió suavemente hundiendo su rostro en el pecho de Ron.
- Quiero mostrarte unas fotografías- susurró ella poniéndose de pie yendo hacia su habitación, volviendo con un grueso libro el cual por dentro, estaba hueco.
Una a uno fue sacando las fotografías formando un pilón de no más de veinte imágenes, desde sus primeros días en Durmstrang, con sus amigos, hasta fotos con Draco, estando ella más grande.
- En esta fotografía una amiga cumplía años…- susurró Ginny pasándole una imagen en donde ella junto a un pequeño grupito de amigos miraban hacia la cámara-. Allí siempre hace frío, ese día era uno de esos en donde era agradable estar afuera, siempre que tuvieses un grueso abrigo y una larga bufanda- le dijo señalando la bufanda escarlata que llevaba alrededor de su cuello y el enorme sacón de paño oscuro, además llevaba un gracioso gorrito de lana a juego con la bufanda y unas botas impermeables en sus pies.
- Te veías muy contenta…
- Si…- sonrió con tristeza-. Esa fue la última fotografía que me tomé con mis amigos- hizo una pausa y se puso de pie-. Iré a buscar nuestro chocolate-. Ron asintió observando las fotografías en sus manos, en donde un viejo retrato familiar tenía lugar.
Él aún recordaba ese momento, había sido en la puerta de La Madriguera, la vez que Charlie y Bill habían ido de vacaciones antes de comenzar su segundo año en el colegio, era la misma imagen que había en su casa, la última foto familiar que se habían tomado.
- No puedo creer que tengas esta fotografía- murmuró Ron con la voz ronca.
- Era lo único que tenía de mi familia- sonrió-. Si no fuera por esta imagen, te juro que más de una vez me hubiese vuelto loca- se sentó con las dos enormes tazas de chocolate y dos porciones de torta helada.
- Me habías dicho que nunca te llegó una carta nuestra.
- Nunca… Es más, yo todavía guardo todas los pergaminos que les envié desde el primer día, los cuales la lechuza siempre me los devolvía. Al principio pensé que era por el tiempo, pero luego me di cuenta que algo más pasaba…- sopló levemente el chocolate antes de beber un sorbo-. Le pregunté a mi director por ustedes, a Igor Karkaroff, no era muy amigable que digamos, pero me dijo que estaban bien, y que tal vez no querían tener contacto conmigo hasta que saliera del colegio… Que se yo, ni él sabía lo que decía…
- ¿Pero por qué no llegaban las lechuzas?- Ginny se encogió de hombros.
- Eso es algo que nunca supe- sonrió-. Esa chica era mi mejor amiga, se llama Juliette; lo último que supe de ella es que se había casado con un jugador de Bulgaria, un chico que iba a nuestro colegio.
- ¿Viktor Krum?
- No, él no…
- ¿Lo conoces?
- Íbamos al mismo colegio, pero cuando yo estaba en tercero él ya iba a séptimo, en la fiesta donde estaba él ¿recuerdas?- él asintió-, me vio cara familiar, pero era imposible que me reconociera… En fin, Juliette se casó con un compañero de equipo, uno o dos años menor que Krum. Con ella nos mandamos una o dos cartas más, luego, cuando… cuando… hace cuatro años atrás perdimos totalmente el contacto.
- Cuando Voldemort estaba en el poder- Ginny movió la cabeza en un gesto afirmativo-. ¿Dónde estabas tú cuándo él…?- no pudo terminar, ya que no encontraba las palabras para decirlo.
- Yo… Draco y yo estábamos protegidos- intentó tragar, pero la saliva se le había vuelto tan áspera como la arena.
- ¿Cómo? Nadie estaba a salvo en esos momentos, todos y cada uno tenían que probar su estatus de sangre mágica…- miró confundido a su hermana un momento, buscándole sentido a las cosas que ella le decía.
- Lo siento tanto…- Ron miró a su hermana la cual nuevamente estaba llorando. Las fichas en su cabeza comenzaron a caer una a una, como si estuviesen imantadas, y por sí solas se fueran uniendo.
- No puede ser…- Ginny lo observó a los ojos y buscó su mano, pero él no le devolvió el gesto.
- No sabíamos qué hacer, y él… él fue la única persona que me pudo ayudar, sabes que recién podíamos volver a nuestras cosas una vez que termináramos toda nuestra educación mágica, y faltaban años para eso. En ese momento, no sabíamos nada de lo que había pasado con exactitud- guardó silencio rogando al cielo y a todos los magos para que su hermano le creyera-. Y fue amable, y luego, con el tiempo, nos dimos cuenta de todo lo malo que hacía…
- Tú…- Ron la miró alucinado, pálido como la cera-. ¿Tú eres una mortífaga?
- ¡Ron!- Ginny le tomó la mano nuevamente notando como su propia piel estaba helada-. Entiende que no sabíamos, él…
- ¡Claro! Tu viniste de Australia, que idiota fui…- sonrió con falsedad-. Viajabas con Bellatrix, ¿no?- Ginny asintió.
- Perdón…
- ¿Eres una mortífaga?- Ginny volvió a asentir sintiendo como las lágrimas no la dejaban hablar.
- ¡Merlín!- Ron se dejó caer en su asiento frente a Ginny, observando acongojado como ella no paraba de llorar.
- Yo te juro… te juro que…- Ron, obedeciendo a sus impulsos, sólo pudo abrazar con fuerza a su hermana, prometiéndose a si mismo que nunca jamás la dejaría ir.
- Ginny… ¿por qué?- Ginny no le respondió, se hundió más en los brazos de su hermano y se dejó acariciar, como tantas otras veces lo había necesitado.
Pasaron varios minutos sin decirse una palabra, simplemente el sonido del fuego crepitando en la chimenea, y los suaves roces que había contra el sofá en donde estaban sentados. El chocolate caliente había sido olvidado, y en ese momento ya se hallaba frío.
- ¿Me vas a contar?
- Si…- la pelirroja sonrió-. Gracias por no dejarme…- Ron negó suavemente sonriéndole con cariño.
- Cuéntame…- Ginny se sentó cómodamente en el lugar y comenzó a recordar, todo lo que había pasado hasta ese momento.
- Me han hablado de él, Ginny- decía Draco mientras tiraba de la mano de la pelirroja.
- ¿Tú crees que podrá?- indagó la chica la cual lo seguía por detrás, ambos iban envueltos en gruesos abrigos y por encima la capa de viaje.
- No lo sé, pero no perdemos nada con intentarlo- se detuvo-. Yo quiero que vuelvas a estar bien…
- ¿Crees que eso es posible?- ella sonrió con tristeza-. Si al menos esas malditas pesadillas no me atormentaran por las noches, de esa forma… tal vez…
- Lo sé- Draco acarició su mejilla con cariño, luego tomó su mano y volvió a tirar de ella-. Anda, vamos, en el pueblo me dijeron que se hallaba en la profundidad del bosque.
Ginny apretó más su sacón contra el cuello y siguió caminando, confiando plenamente en lo que Draco le decía.
El camino cubierto de árboles se fue despejando, hasta conducirlos al medio de un claro, en donde ninguna persona habitaba el lugar.
- ¿Tú crees…?- comenzó a preguntar Ginny pero se detuvo al ver entre los árboles de la otra punta del lugar salir una silueta enfundada en una capa oscura, con una enorme capucha que le cubría el rostro.
- Vaya…- dijo la voz siseante y algo metálica-. ¿Qué tenemos aquí?- Ginny sintió como un escalofrío le surcaba la espalda y notó como Draco la protegía con su cuerpo.
- Hemos venido a buscarlo, Tom- dijo el rubio, haciendo acopio de su valor.
- Eres muy valiente muchacho- el hombre enfundado en la capucha se acercó hacia ellos y observó con curiosidad como Draco protegía a la chica pelirroja-. ¿Puedo preguntar en qué les puedo servir?- indagó con aparente curiosidad, sin dejar que le vean el rostro.
- Los magos más oscuros del pueblo me han mandado a buscarlo a usted- Draco tomó la mano de Ginny y se la apretó con fuerza-. Ninguno de ellos han podido solucionar nuestro problema.
- Supongo que se trata de esta niña- dijo el hombre observando a Ginny-. Lo noto en tu mente- acotó al ver como la pelirroja lo observaba, intentando vislumbrar su cara entre la oscuridad de la capucha.
- Yo por las noches... por las noches sueño una y otra vez con algo que me pasó hace unas semanas. No sé… no hay poción de sueño que funcione conmigo y he prescindido del descanso para no atormentarme con…
- Entiendo- el hombre de la capucha extendió su mano dejando a la vista un larga, delgada y pálida mano-. Necesitas que yo intente terminar con tus pesadillas.
- Si usted pudiera…- el hombre rió suavemente haciendo que la piel de Ginny se erizara.
- Bien, haré el intento- el encapuchado sacó una varita de su brazo y apuntó la sien de Ginny, con esa mano extrañamente inhumana, murmurando lentamente algo-. Listo, creo que con esto estarás bien un tiempo.
Ginny miró brevemente a Draco, y luego observó a Tom - ¿Eso es todo?
- Por el momento sí, intenta dormir- Tom se giró en el lugar y comenzó a caminar hacia la otra punta del claro, por donde había aparecido, dejándolos solos en el medio del bosque.
- ¡Gracias!
El frío de marzo dio paso a abril y luego a mayo, por las noches Ginny conciliaba el sueño sin ninguna pesadilla, y cuando de a poco comenzaban a acudir, Draco la acompañaba con el benevolente Tom, para que este hombre hiciera su magia sobre ella.
Tom era una persona fría y calculadora, pero en el fondo, Ginny había encontrado alguien en quien confiar, con quien hablar. El hombre sabía infinidad de cosas del mundo, y de alguna manera comprendía todo lo que ella había sentido cuando esos muggles la habían atacado. Se sentía tan reconfortada con sus palabras que cuando él, con su voz siseante y su rostro pálido como la cera, le dijo que debía irse del país, ella quiso acompañarlo.
Draco se sumó a la aventura de su amiga siguiendo a ese hombre que rápidamente se mostró ante ellos como el legendario Señor de las Tinieblas, Lord Voldemort. El hombre que había vendido su alma con tal de ser algo parecido a inmortal, con su aspecto cadavérico, con sus rendijas en el rostro en lugar de nariz, los labios eran tan pálidos que se perdían con la tonalidad de la piel, sin embargo lo más impresionantes eran sus ojos, aquellos con forma de gato, pero completamente rojos.
Y todo se volvió confuso, la lucha por el poder, las cosas que a ellos les decían, los muggles que querían gobernar a los magos, y ella y Draco siempre ocultos, sin que nadie supiera de su existencia, nadie más que el exclusivo séquito de los más allegados al Señor Tenebroso.
El Amo de las Tinieblas siempre hablaba con ellos, junto a Bellatrix, su más fiel seguidora. Él enseño a Ginny grandes cosas sobre la magia, le enseñó a defenderse, y a luchar por su vida.
Hasta que un día, todo lo que habían vivido en ese último año se vino abajo como un castillo de naipes, ellos que siempre habían permanecido ocultos en el cuartel general, se habían visto obligados a vagar por el mundo, junto a Bella. El Señor Oscuro había caído y ellos ya no eran bienvenidos.
Recorrieron todo el continente, luego se extendieron por el mundo, dejando pistas falsas, ideando planes para obtener la justicia que les habían arrebatado.
Y finalmente volvieron a Inglaterra, al Ministerio de la Magia, y lo que realmente había pasado se presentó ante ellos, ante Draco y Ginny, los cuales habían vivido ocultos los últimos años, los cuales habían visto el otro lado de las cosas, los cuales ignoraban todo el daño que los mortífagos habían hecho, los cuales llevaban entre su ropa una máscara tenebrosa.
- ¿Me estás hablando en serio?- le preguntó Ron, irónicamente sin palabras.
Como siempre, nunca me deja convencida un capítulo, pero me gustó mucho escribir la relación entre Ginny y su hermano, a pesar de que fue algo rápido y las cosas se sucedieron de un momento a otro, era hora de que esas cosas quedaran claras. Muchos me preguntaron si Durmastrang es un internado, no lo sé, pero en esta historia sí, los alumnos volverían a sus casas una vez que terminaran los siete años escolares; pero obviamente podían ser visitados por la familia y podía enviar y recibir cosas, sin embargo hay algo que rodea a Ginny que le impidió tener contaco con ellos. Pero eso es más adelante. Creo que ya muchos con las pistas que se dió en este capítulo, pueden descubrir qué fue lo que pasó para que Ginny decidiera irse con Voldemort, recuerden que ella en ese momento tenía alrededor de quince años, y se sentía muy sola, y más en las circunstancias en las que ella estaba.
¿El final? El final está a unos cuantos capítulos, igual no son pocos los que quedan, tienen varios y para rato, pero digamos que estamos llegando a lo fundamental. Se puede decir que el próximo capítulo es el quiebre de todo y alguién más se va a enterar de quién es Ginny. ¿Apuestas?
Y bueno, ya para finalizar, ustedes ya saben, un comentario no le hace mal a nadie.
Los quiero, Jor.
