Y las máscaras caen...

- No te miento- respondió Ginny calentando con el movimiento de su varita la taza de chocolate-. Cuando Bellatrix me envió como espía, recién ahí pude darme cuenta de la atrocidad que ellos hacían… yo sabía que combatían, lo sabíamos, pero siempre creímos que era para un bien común, para preservar nuestro secreto, nuestro poder.

- ¿Y ahora?

- Ahora Bella quiere atacar el Ministerio y no sé qué hacer para detenerla- sonrió con tristeza-. Ella fue mi familia por mucho tiempo, nos defendió con uñas y dientes de un montón de cosas… pero no puedo… ella casi mata a mamá- miró a su hermano-. Lo leí ¿sabes? Supe que ella fue la que mató a nuestros tíos, los hermanos de mamá, que casi mata a toda la familia, que Fred casi muere…

- Ginny…

- Y ante todo, ustedes son mi familia, Ron- lo miró con ternura-. No tiene justificación todo lo que he hecho, pero… Realmente estoy arrepentida.

- Pero hay cosas que no entiendo- cuestionó Ron algo confundido-. ¿Me dices que compartiste tus días junto a Vol... Voldemort?

- Lamento mucho decir que a pesar de todo, él era un hombre agradable- murmuró agachando la cabeza-. No sé por qué era así conmigo- acotó encogiéndose de hombros-. Pero de todas maneras eso no le quita ninguna culpa. Él ha hecho desastres, ha organizado matanzas, personas inocentes…- Ginny se miró las manos antes de cerrarlas con fuerzas-. A mi encandiló con su poder, la facilidad que tenía para solucionar mis problemas. Yo no tenía ninguna figura fraternal en quien apoyarme, y él parecía honesto.

- ¿Por qué no hablaste con alguien del colegio?- Ginny levantó una ceja sin entender a qué se refería-. Me refiero a tus sueños…

- Porque ninguna se quería meter en esas cosas, nuestra escuela nunca fue vista con buenos ojos ante el mundo mágico, con toda la revolución, la desaparición de nuestro director, y las mentiras que rondaban en el Mundo de la Magia; no prestaron atención a algo que le pasaba a una alumna.

- ¿Y nosotros?

- Juliette y Draco intentaron mandarles cartas, ellos siempre se comunicaban con sus padres, pero los pergaminos fueron devueltos sin abrir- Ron asintió lentamente sintiendo mucha pena por su hermana.

- ¿Y tus sueños…? Por eso tienes tanto recelo a los muggles, ¿no?

- Sí…- suspiró-. Pero no me preguntes más, porque no me hace bien hablar de eso- miró las llamas de la chimenea-. Con el tiempo… cuando el tiempo pase te lo contaré todo- Ron asintió tomando su taza de chocolate que Ginny acababa de calentar.

- ¿Irás a la Madriguera para Navidad?

- Esa es mi intención, pero te debo confesar otra cosa…

o0o0o

Ron se dejó caer en la cama que compartía con Hermione. Había comido con su hermana luego de una larga charla en donde reproches y muestras de afecto fueron los protagonistas. Ahora ambos estaban más cerca que nunca, y había notado como ella se sentía más relajada.

Hermione había viajado a la casa de sus padres luego de que terminara su horario del Ministerio, y él le había avisado a su madre que pasaría la noche en La Madriguera. Sin embargo con tantas cosas que tenía en la cabeza, seriamente pensaba que su madre se daría cuenta de lo que le pasaba, en especial cuando se pusiera nostálgico al decorar el árbol de Navidad, tarea de la que siempre se había encargado Ginny cuando era pequeña.

Finalmente decidió que iría a su casa ya entrada la madrugada, excusándose con su madre con algún imprevisto doméstico. Sus padres estaba dormidos cuando él llegó a la casa, lentamente subió las escaleras dirigiéndose a su cuarto, sin embargo no pudo evitar detenerse en la habitación de Ginny.

Su hermana ya no era la niña de antes, no era la pequeña que necesitaba protección, ni palabras de afecto. Había crecido de golpe y había estado en el seno de un intrépido movimiento que amenazó por desestabilizar todo lo que se conocía como bien y mal hasta el momento. Sus ojos reflejaban muchas cosas, pero ante todo sensibilidad. Ginny le había confesado que pronto habría un ataque, que estuviese alerta.

- Es tan complicado…- susurró acariciando el pequeño oso de felpa que descansaba contra la cama perfectamente armada de su hermana, la cual en su ausencia siempre había sido ocupada por mujeres importantes en la casa, como su novia, Hermione, o la mujer de Bill, la media veela Fleur. Actualmente la pequeña Victoire, en aquellos días en donde Molly se encargaba de su cuidado, era la que ocupaba la habitación llenando de alguna manera el vacío que había dejado la ausencia de Ginny.

- ¿Qué es lo complicado, hijo?- preguntó Molly envuelta en una mullida bata observando a Ronald desde el marco de la puerta.

- Todo…- sonrió dejando el oso en su lugar y se acercó a saludar a su madre, la cual miraba el oso de felpa que hasta hacía unos minutos él había tenido en sus manos.

- A ella siempre le encantaban estas fechas, ¿recuerdas que siempre se encargaba de decorar la casa?

- Con cualquier pequeño trozo de papel que cayera en sus manos- Molly asintió haciéndose a un lado, dejando pasar a su hijo.

- ¿Tu crees que volverá pronto?

- Espero que sí, parecía muy segura cuando me lo dijo en el hospital- miró a su madre con cariño antes de abrazarla-. En realidad... la pude ver, no quise decírselos para que no se hicieran ilusiones- sonrió-. Está preciosa, ya no es la niña que se fue de casa, pero en sus ojos, sus ojos todavía conservan esa sonrisa divertida.

- ¡Oh, hijo!

- Ella volverá, lo siento en el corazón. Y sé que nos hará un bien a todos- Molly asintió ocultando sus ojos en los brazos de Ron, dejando que el cariño y los murmullos de su hijo lograran calmarla.

o0o0o

Ginny llegó a la casa de Harry cargada de bolsas del supermercado muggle, había pasado por allí antes de ir a lo de su novio, dispuesta a prepararle una suculenta comida para celebrar la nochebuena.

Vestida de entre casa, con un simple recogido bastante desprolijo en la cabeza y una polera de lana perteneciente a Harry, acompañada de unas gruesas medias que le llegaban hasta las rodillas. Se hizo cargo de la cocina, quitando del camino a su novio, el cual simplemente se ocupaba de abrazarla por la espalda y depositar besos en el poco espacio de cuello que le quedaba disponible.

Una vez que todo estaba listo, y la carne se cocinaba en el horno, Ginny se acercó sonriente a Harry, el cual miraba la televisión sentado en su enorme sillón, y se sentó a su lado, acurrucando sus piernas sobre el sofá, abrazándose al chico, buscando su calor.

- ¿Quieres que miremos alguna película?- indagó Harry con los labios hundidos en el cabello de Ginny.

- Mmm… por ahora no, más tarde sí, mientras cenamos- le acarició el rostro a su novio el cual ronroneó con regocijo.

- ¿Y qué quieres hacer ahora?

- Por el momento necesito darme un baño y ponerme linda para esta noche- sonrió-. La espera de la Navidad es algo que se tiene que disfrutar- pasó las manos por la cintura de Harry y hundió su nariz en su cuello, deleitándose en el aroma varonil de su perfume, ese que tantas veces la había perseguido en sus más ardientes sueños.

- Ya sabes donde están las toallas…- Ginny asintió poniéndose de pie y dándole un fugaz beso en los labios.

- El horno está a fuego muy bajo, igual fíjate cada tanto.

- Como tu digas, jefa- Ginny se inclinó y le robó otro beso para luego caminar alegre hacia el baño, en donde aprovecharía la hermosa tina que su novio no sabía disfrutar.

Las espumas de colores, impregnando el ambiente con olores a flores llenó el cuarto de baño mientras Ginny se quitaba la ropa y hundía su cuerpo en esa agua tibia tan relajante. El cabello, ya lavado bajo la ducha, lo tenía recogido para que las espumas no lo estropearan, y con gozo cerró los ojos y estiró las piernas, dejando que la tranquilidad la invadiera, y que las preocupaciones se despejaran de su mente.

Debía disfrutar de esa noche, la cual podría llegar a ser la última. Bella no se había comunicado ni con ella ni con Draco, pero le había dicho a su amigo que la mañana siguiente iría temprano a la casa, de seguro que Bella estaría allí, esperando su llegada.

Ginny colocó los pies en el borde de la bañera y con regocijo apretó sus pequeños dedos observando como quedaban blancos en las frágiles articulaciones. Harry llamó a la puerta en un momento, y la pelirroja, con voz perezosa le pidió que entrara, sin importarle que debajo del agua estuviese completamente desnuda.

- ¡Vaya!- exclamó Harry al verla recostada sobre su tina, cubierta por espumas de colores que no le permitían ver nada.

- Podrías ser un buen novio conmigo…- murmuró mostrándole una linda sonrisa.

- ¿Qué es lo que quieres?- indagó Harry cruzándose de brazos, apoyando su hombro sobre el marco de la puerta.

- Podrías traerme una copa de vino- sugirió mientras enjabonaba una de sus piernas la cual flexionó fuera del agua.

- ¿Del que trajiste?

- Claro…- Ginny recostó su cabeza sobre uno de sus desnudos brazos y lo miró divertida-. Y luego podrías darme unos buenos masajes.

Harry hizo lo que Ginny le pidió, sirvió un poco del vino blanco que ella había llevado en una linda copa de cristal, se inclinó a su lado y dándole un suave beso dejó la copa en las manos de ella, y poniéndose a sus espaldas comenzó a masajear sus hombros, a acariciar sus brazos, depositando suaves besos en toda la extensión de su cuello, su espalda al descubierto dejaba ver sus sonrosadas manchitas extendiéndola toda, al igual que aquella más grande muy parecida a la de Ron que se ubicaba justo en la parte más baja. Harry ignoró ese detalle continuando con su labor, deleitándose de ella, embriagándose.

- Me encanta tu sabor…- murmuró Harry besando aquel pequeño lugar detrás de sus orejas, en donde el calor y su aroma se intensificaban notablemente-. Me gusta besarte- susurró atrapando el lóbulo de su oreja suavemente con los dientes, acariciándolo luego con su lengua, logrando que ella sintiera la frescura de aquella húmeda caricia.

- Y a mí me gusta que me beses- musitó Ginny con los ojos cerrando, apretando con fuerza los bordes de la bañera, sosteniendo con una mano la copa de vino, sintiendo como un intenso rubor invadía su rostro, sus pechos, dificultándole el respirar.

- Quiero besarte toda- dijo Harry en un suspiro, siguiendo con sus labios la tarea que habían iniciado sus dedos, acariciar sus hombros, mientras hundía sus manos bajo el agua, tocando con la más infinita ternura el vientre plano de ella, sopesando con ellas el peso suave de sus senos y la sensación de acariciarlos, sostenerlos, haciéndola estremecer.

Ginny sonrió perezosamente mientras Harry giraba la cabeza justo lo necesario para que unieran sus labios, y ella sintió como la risa se disolvía como azúcar en el agua diluyéndose como una fresca dulzura en sus venas, enviándole estertores de placer a todo su cuerpo.

- Quiero que sientas como me haces sentir- dijo Harry con voz suave y suplicante-. Quiero sentirme bien dentro tuyo- las manos de Harry se habían apoderado de sus senos, apretando levemente sus pezones, haciéndose presos de ellos con sus dedos. Ginny gimió débilmente ante tal acción y de forma inconsciente movió las piernas haciendo que el agua que había en el borde de la tina se rebalsara un poco, mojando las rodillas del pantalón que Harry llevaba puesto.

Las manos del chico abandonaron sus pechos arrastrándose ahora por el vientre femenino, deteniéndose brevemente en la profundidad de su obligo, para luego llegar hacia aquel lugar en donde la anatomía femenina cambiaba el nombre, provocando en Ginny un suspiro trémulo acompañado de otro movimiento de sus piernas.

No soportando más aquella tortura Ginny se giró sobre misma aún dentro de la bañera deslizando un brazo, aquel que sostenía la copa, alrededor del cuello de Harry, pegándose a su cuerpo humedeciendo la camisa del chico con sus mojados senos. La lengua de Harry era ávida y juguetona, explorándola, cada espacio de su boca, haciéndose con sus labios, excitándola.

Completamente hechizado por la reacción de Ginny, Harry envolvió su pequeña cintura con sus brazos y la pegó más a si mismo, maldiciendo internamente a la losa de la tina, que lo separa de su dulce tortura, de su hechicera de cabello encendido.

Ofuscado por la necesidad de tenerla completamente dispuesta para él, Harry se separó de sus labios y besó levemente su cuello.

- Será mejor que paremos, porque no podré controlarme…- Ginny negó tosudamente con la cabeza intentando besarlo.

- No, no te detengas…- pero Harry se puso de pie dejando a su novia completamente excitada dentro de la bañera y con una sonrisa de lado dejó aquella habitación intentado calmar su encendido cuerpo.

Ginny bufó frustrada dejándose caer nuevamente en el agua, decidida salió de la tina y se envolvió en la mullida bata azul que Harry tenía colgada detrás de la puerta, tomó su copa de vino y con sus pies descalzos buscó a su novio en la sala.

Harry estaba sentado frente a la televisión buscando algo que lo distrajera, sintonizando diferentes canales con el mando oscuro; Ginny lo observó con las mejillas sonrojadas y con una sonrisa algo gatuna se acercó a él sorprendiéndolo al sentarse sobre su regazo rodeándole el cuello con las manos.

- Ginny… no lo hagas- ella no tomó en cuenta sus palabras y comenzó a depositar castos besos sobre los labios de Harry incitándolo a que se los devolviera, de la forma que tanto a ella le gustaba.

- Anda, no te reprimas- insistió continuando con su lluvia de besos, desabrochando poco a poco la húmeda camisa que él llevaba puesta; sus manos, cuales mariposas, iban bajando poco a poco, dejando su pecho al desnudo.

- Luego yo…- Ginny sonrió tomando el lazo de la bata azul que llevaba puesta dejando al descubierto su torso, permitiendo que la prenda cayera por sus brazos amontonándose en su cintura.

- Shh…- Ginny colocó un dedo sobre sus labios y Harry, siendo presa de un implacable deseo, hundió sus manos en el cabello de Ginny y tomándola de la nuca la besó de lleno en la boca hundiendo con fiereza su lengua, derritiendo toda posible negación por parte de ella.

Las manos de Harry acariciaron su espalda desnuda para luego ascender hacia el cabello húmedo por el reciente baño, quitando la pequeña traba que lo sostenía, dejándolo caer al suelo.

La pelirroja se acomodó mejor sobre su novio, pasando las piernas a cada lado del cuerpo del chico, quedando sentada a horcajadas sobre él. Harry recorría sus esbeltas formas cual cincel de pintor, dibujando círculos con sus dedos, explorando sus lugares más sensibles que sabía que la harían temblar. Él deseaba que no se detuviera, su cuerpo no podría soportar en ese momento un nuevo rechazo, le dolía sentir esa represión de ella, privándose del placer que él le podía dar, de cómo la podía amar.

De alguna forma, Ginny batalló con los botones del pantalón vaquero de Harry, de manera inusual, Harry se vio despojado de esa prenda, quedando excesivamente expuesto a la desnudez de ella, al calor de su cuerpo y a la dulzura con la que se entregaba.

Ginny, envolviéndolos a ambos en el aroma de la suave espuma de baño, tomó con una temblorosa mano toda aquella longitud de poder que tanto había deseado en las solitarias noches, y sin ningún pudor, sin importarle el posible dolor, lo guió hacia su centro, sintiendo como la respiración de Harry se detenía y como sus impasibles dedos le apretaban la carne de la espalda.

- Ayúdame…- le pidió ella acomodándose mejor sobre él, dejando que Harry pasara un brazo por entre medio de sus piernas, entregándose a lo que él quisiera.

Aquel era el momento, el momento de finalmente dejar atrás los miedos, el miedo y el dolor de todo lo que había vivido, de lo mal que la había pasado. Debía dejar que el amor y la dulzura que él le profesara sirvieran como un perdón, algo más que un consuelo, tal vez, un nuevo empezar.

Sentir el cuerpo de Ginny envolviéndolo con una fuerza desgarradora era más de lo que Harry podía aguantar. Con fuerza cerró los ojos y se dispuso a disfrutar del momento, en donde ella, aún tensa por esa dolorosa acometida, se comenzó a mover de manera torpe, haciendo que él dejara caer su cabeza sobre el respaldo del sofá.

Sus manos volvieron a la cintura de Ginny, guiándola de alguna manera, enseñándole cómo debía hacerle el amor. El continuo roce hizo que poco a poco esa sensación de invasión, de cruento dolor, eso que sentía Ginny, fuera reemplazado por algo diferente, algo que jamás había sentido. Como fuego líquido, refulgente como un metal, se arrastrara por su cuerpo, como una sensación de extrema satisfacción se adueñaba de sus extremidades dejándola sumisa y exhausta en un sopor que jamás había vivido.

Harry la acompañó en el sentimiento, besando los labios de su amada dejándose irse en su interior cálido y palpitante. Ginny apoyó su cabeza sobre el hombro de Harry y envolvió con sus brazos su cuerpo, tiritando de la emoción, sintiendo como si un huracán le hubiese dado vuelta todo.

- Lo siento…- susurró Harry sonriente acariciando un mechón de su encendido cabello, aún dentro de ella.

- ¿Por qué?

- Por haberte hecho el amor aquí, a las apuradas- Ginny negó suavemente depositando un perezoso beso en sus labios.

- No importa, así fue perfecto…

- ¿Te lastimé mucho?- indagó él.

- Creo que lo justo y necesario- respondió regalándole una solemne mirada-. Gracias por ayudarme a superar este momento…- Harry la miró a los ojos un momento antes de decir:

- Gracias a ti por confiar en mí- Harry la instó a separarse, saliendo dolorosamente de ella-. Lo que quiero es que hablemos de eso, qué fue lo que pasó para que tú tuvieran tanto miedo a este momento…- acarició su mejilla-. ¿Te dolió en tú primera primera vez, o...?- ella asintió interrumpiéndolo lentamente poniéndose de pie, subiéndose las mangas de la bata por los brazos.

- No arruines este momento, por favor- pidió tirando de su mano, obligándolo a seguirla hasta la habitación, recuperando de alguna manera ese tiempo perdido.

o0o0o

Ginny dormitó un poco abrazada al cuerpo de Harry, ambos estaban completamente desnudos cubiertos por las gruesas colchas de aquella enorme cama. Harry le había vuelto a hacer el amor, siendo lento y pausado esa vez, prolongando el acto el mayor tiempo posible, dejándola agitada y plenamente satisfecha.

Con una mirada remolona observó el reloj que había encima de la pequeña mesa de noche, y recordó de repente que el horno de la cocina estaba encendido, y que la cena de esa noche debía estar completamente carbonizada.

Ignorando el desconocido escozor que sentía entre las piernas, Ginny se puso de pie envolviéndose en la bata de Harry y se dirigió directamente hacia la cocina sorprendiéndose al encontrar la comida en perfecto estado, con el horno apagado.

Sentándose algo confundida en una de las sillas de la cocina, la presencia de Harry detrás de ella la hizo girarse y sonreírle de forma espontánea.

Harry miró a su novia con mucha ternura, enamorándose a cada momento más y más de ella, deleitándose con su pequeño sonrojo, con su improvisado recato.

- ¿Tu apagaste el horno?- le preguntó Ginny evitando mirarlo a los ojos.

- Me desperté hace un rato, y mientras dormías, me ocupé de eso- el chico, solamente vestido con su ropa interior se puso de cuclillas a su lado y le acarició los hombros-. Ey… ¿qué te pasa?- Ginny levantó la vista aún más avergonzada y lo miró a los ojos antes de responder.

- Simplemente no sé cómo mirarte luego… luego de lo nuestro- Harry le regaló una de sus mejores sonrisas y la tomó de la mano poniéndose ambos de pie.

- Pongamos la mesa, la nochebuena ya ha pasado, pero podemos disfrutar de tu comida como la primera de nuestras Navidades- Ginny asintió sonriente disfrutando del abrazo que Harry le estaba dando en ese momento.

La comida en la pequeña mesa ratona que Harry tenía en la sala, dio paso a una agradable sobremesa en donde ambos bebieron vino y disfrutaron de la compañía del otro, de la naciente intimidad que ambos comenzaban a disfrutar. Ginny sentía como la sonrisa se le formaba por si sola en la cara, y una extraña sensación en la base del estómago la hacía desear volver a sentirlo dentro suyo, como lo había hecho hacía unas pocas horas.

Los minutos fueron pasando, y los cálidos besos poco a poco se convirtieron en latigazos de puro ardor, llamaradas intensas de deseo que de una sola forma podían ser apagadas.

Harry aquella vez no olvidó cuidar a Ginny, utilizando un simple hechizo, conocido por todos los magos en edad adolescente. No debía haber sido tan imprudente, sin embargo, con una secreta satisfacción que aún no le haría saber a su novia, se sintió contento al imaginar algo pequeño y calentito siendo mitad y mitad de cada uno.

- Eres preciosa…

- Y tú lo eres más- Ginny hizo girar a Harry y se sentó a horcajadas, dejándolo de espaldas a la cama-. ¿Así te gusta?- él gruñó algo haciéndola regocijarse ante su respuesta.

- ¿Cómo lo sientes?- Ginny rió levemente moviéndose encima del chico.

- ¿Qué cosa?- Harry tomó el rostro de Ginny e inclinándose hacia ella le robó un ardiente beso.

- Esto…- respondió él soltándole la cabeza, tomándola por la cintura, obligándola a hundirse más y más en él.

- Se siente bien, muy bien…- jadeó-. Es caliente, suave…

- ¿Qué más?- le preguntó él con la voz ronca, congestionada de excitación.

- Humedo…- Ginny cerró los ojos cuando Harry tomaba con más fuerza su cintura y se movía una y otra vez, empujándose dentro de ella, atormentándola con esas suaves caricias, pujando con fuerza, amándola con devoción.

Ginny no notó como lloraba, como las lágrimas le humedecían las mejillas haciendo que su cabello, preso del movimiento ocasionado, quedara allí pegado. Harry acarició su silueta, remarcando su rostro una vez que el climax lo dejó satisfecho y cansado, con cuidado, limpió las intrépidas lágrimas que aún caían y sin miramientos, saliendo de ella, la recostó a su lado, murmurando palabras suaves a su oído, dejando que el sueño se hiciera preso de ambos.

o0o0o

El sol filtrándose por la ventana la encontró dormida y desnuda sobre la cama de Harry. El chico, con una confianza absoluta, rodeaba su cintura manteniéndola pegada a su cuerpo. Ginny hizo una leve mueca al soltarse de él, algo disgustada por la sensación de frío que sentía en esos lugares en donde Harry la había dejado de tocar.

La Navidad se sentía en el aire, o al menos era lo que a ella le parecía. Conocía lo suficiente a Harry como para saber que dormiría hasta tarde, que se despertaría todo mimoso y de seguro con ganas de amarla nuevamente.

Todo era tan irreal que no sabía si reír o llorar. Tal vez un buen baño lograra acomodarle un poco las locas ideas que la agobiaban constantemente.

El agua tibia siempre lograba librarle de las preocupaciones y muy pocas veces le fallaba, y por supuesto, esa era una de esas extrañas veces. Aún no se podía creer que ella al fin lo había superado, que al fin se había sacado semejante peso de encima, finalmente había roto esas ataduras que la dejaban sin reacción cuando un hombre buscaba algo más de ella que unos simples besos.

Su vida había sido arruinada de muy pequeña, las pesadillas de ese momento la agobiaron por semanas, hasta que al fin logró olvidarlas, hasta que al final, literalmente, por obra de la magia, pudo erradicarlas por completo de su cabeza, de sus sueños. Sin embargo la herida siempre estaba ahí, latente, esperando por abrirse en cualquier momento y volver a sangrar. A pesar de todo, Harry llegó junto con su misión dando vuelta su mundo, cambiando la realidad, ignorando lo que creía, abriéndole los ojos a lo que verdaderamente había pasado, a lo que se había perdido.

Presa nuevamente de las lágrimas, sintiendo como en cada una de ellas, una parte de esos sueños rotos se iban deshaciendo poco a poco, dando lugar a otros nuevos en donde Harry y su familia tomaban un lugar fundamental.

- Mami…- susurró acurrucada en una esquina de la ducha, necesitando de sus palabras, necesitando su consuelo-. Perdónenme todos…

Ginny se vistió con esa muda de ropa que había traído puesta el día anterior, secó su cabello con un movimiento de varita y preparó un rápido desayuno el cual sabía, Harry querría comer. Con una tostada en la boca escribió una breve nota para su novio, dejándosela junto a la mesa de noche; de su bolso, sacó un pequeño paquete, el cual metió dentro de uno de los cajones de esa mesilla. Harry en algún momento lo tendría que encontrar.

No sin antes darle un cálido beso en los labios, se dirigió a la chimenea arrojándose a las llamas verdes que la llevarían a su hogar. El lugar en donde toda esa felicidad que llevaba encima se derrumbaría como una montaña de agua.

Bella estaba sentada en la sala de su casa, con su clásica sonrisa burlona y sus ojos desorbitados, cubiertos por párpados gruesos y oscuros, centellantes por la pasión de lo que estaba por hacer. Vestía uno de sus mejores vestidos, de esos que usaba cuando Su Señor aún estaba vivo. Su cabello, totalmente enmarañado, se movía al son de su repiqueteo con el pie, esperando ansiosa que se cumpliera el momento de comenzar con el golpe.

- ¡Vaya! Hasta que al fin la señorita se dignó a llegar- se mofó Bella cruzando coquetamente sus piernas.

- Perdonen la demora…- respondió algo cohibida dejando su bolso sobre el sofá de la sala.

- Te estábamos esperando, querida- Bella sonrió señalando el lugar que había junto a Draco, el cual estaba sentado en uno de los sillones de dos plazas.

- Pensé que se lo habías dicho- le dijo Draco por lo bajito, cuando Ginny se sentó junto a él, la muchacha simplemente hizo un movimiento de negación con la cabeza sabiendo que él la entendería.

- Los mortifagos ya están rodeando el Ministerio de la Magia, esos inútiles han bajado la guardia por la fecha en la que estamos- Bella acarició su varita la cual chispeó con alegría-. La venganza no descansa en Navidad, seguro que a partir de hoy les va a quedar claro…- rió.

- ¿Tú crees que es prudente atacar ahora?- cuestionó Ginny esquivando su mirada.

- ¿Cómo?- la voz de Bella era bajita, amenazante-. ¿Cómo me has dicho?

- Te he preguntado si nos conviene atacar ahora- Bella levantó la mano estampándosela en la mejilla, desgarrando su piel con una de sus largas y sucias uñas.

-¡Imbécil!- vociferó la bruja totalmente sacada de sí-. ¡Estúpida!

- Lo… lo siento- gimió Ginny cubriendo con sus dedos aquella marca roja.

- Mira lo que me haces hacer con tus palabras tontas…- dijo dulcemente Bella tomando el rostro de la chica-. Tienes un rostro tan lindo…- suspiró-. ¡Pero escúchame bien, querida!- le dijo tomándola con fuerza del cabello.

- ¡No la toques!- saltó Draco apartando a la mujer más grande de su amiga.

- ¡Tú a mi no me das órdenes!

- ¡Déjala tranquila!- Bella lo aturdió con su varita haciéndolo caer al suelo.

- Niñato imbécil…- se volvió hacia Ginny la cual estaba encogida en el sofá-. No me interesa lo que tu pienses, el ataque se hará ahora tal y como yo te digo- sonrió-. Y poco me importa que tu quieras o no…

- Pero…

- Potter y los suyos han hecho un buen trabajo en ti, te han lavado la cabeza- rió-. ¿Acaso te han hecho comer junto a los muggles?- la pelirroja no le respondió-. Ya veo…- la escupió-. Que bajo has caído…

- Todo no es tal y como lo piensas, si me dejaras contarte…

- ¡¿Qué me vas a contar?

- Que hay muggles crueles como también magos sin escrúpulos- Bella volvió a agarrarla del cabello con violencia acercando su rostro al suyo.

- ¿Muggles con quienes reproducirse?

- No…

- ¿Muggles con quienes copular?- sonrió al ver la cara aterrorizada de Ginny-. ¿Qué pasa? ¿Acaso eso te es familiar?

- Yo no…- los ojos de la pelirroja se llenaron de lágrimas ante esas palabras que tantos recuerdos despertaban en su memoria.

- ¡No me mientas!

- No te miento…- sollozó cuando Bella la soltó.

- Te enamoraste del infeliz de Potter- siseó enfadada-. Ni siquiera eres para eso buena…- la miró de mala manera antes tomar polvos flú y meterse en la chimenea-. Los espero en el Ministerio, chicos…- canturreó, dejando a Ginny desolada, totalmente abatida.

Como pudo, la pelirroja se puso de pie y despertó a Draco echándole agua con su varita en el rostro. Este se puso de pie al instante y la miró un momento antes de entender todo lo que estaba pasando.

- ¿Qué vamos a hacer?- le preguntó a Ginny.

- Tu no harás nada, tú te quedarás aquí esperando a que yo vuelva, y…

- ¿Estás loca?- la interrumpió tomándola del brazo-. En esto estamos los dos juntos, déjame recordártelo…

- Draco…

- No me quites del medio, nosotros nos metimos juntos en esto y juntos saldremos…

- Yo no quiero que quedes más comprometidos de lo que estamos- insistió ella.

- ¿Crees que todavía puede ser peor?- la miró con tristeza-. Yo prometí cuidarte sea donde sea, aquí o en la otra punta del mundo…

Ginny se abalanzó sobre su amigo rodeándolo en un interminable abrazo, de aquellos que dicen muchas cosas, pero con ninguna palabra.

o0o0o

Harry se removió inquieto a un lado de la cama, con una perezosa sonrisa movió su brazo buscando a alguien a su lado, encontrando simplemente un lugar vacío y frío, sin la presencia de ella. Algo extrañado se irguió en la cama y entre medio de un bostezo se talló los ojos intentando de esa forma sacarse la somnolencia que lo atosigaba. Con la vista buscó a su novia y aguzó el oído intentando escuchar a la pelirroja en la cocina, sin resultado.

Dispuesto a buscarla en el resto de la casa, bajó los pies al piso y se puso de pie, sin embargo un pequeño pergamino sobre su mesita de noche le llamó la atención. Sonriente al reconocer la letra de su novia lanzó un suspiro de regocijo dejándose caer nuevamente sobre la cama, dejando la nota a un lado.

Harry,

me he levantado temprano y te he visto tan lindo durmiendo que no quise molestarte. Te he preparado el desayuno, simplemente debes calentarlo con un hechizo, está en la cocina. Yo he ido al departamento a buscar los regalos y a cambiarme, luego vengo a buscarte y nos vamos para la casa de Ron o a donde sea que nos reunamos.

Te amo, y muchas gracias por la noche que me regalaste.

Ginny.

Luego de remolonear un poco en la cama, Harry decidió que debía darse un buen baño, estaba bastante sudado del jaleo de la noche anterior, y a pesar que le encantaba el olor de Ginny impregnado en su piel, no podía caer a La Madriguera con olor a sexo, ya luego se ocuparía de volver a oler de la misma forma, pensó con picardía.

El desayuno que Ginny le había preparado era simple pero muy característico de ella, la parte justa de leche y café, más del primero que del segundo, algo que Molly Weasley le había pegado, las tostadas con mantequilla y jalea de frutas de estación y una deliciosa porción de pastel de chocolate que sabía todo lo que le gustaba.

Ese era uno de los pocos días en donde El Profeta no se editaba, por lo que escogió el periódico del día anterior y se puso a hojear el suplemento deportivo, buscando los puntos que tenían los equipos participantes de la liga inglesa.

Concentrado como estaba no se percató de la lechuza blanca e impoluta que se posó en su ventana, pero ante el insistente y algo rudo picoteo del animal en su ventana se puso de pie y tomó el pergamino que el ave le daba, no sin antes ofrecerle un poco de la tostada que estaba comiendo. Era un pergamino del Ministerio de la Magia en donde Kingsley pedía su máxima estado de alerta, se había filtrado información de un posible ataque, y todo el escuadrón debía estar en los cinco sentidos, por si algo de eso pasaba.

Sabiendo que ese mismo pergamino le iba a ser enviado a todo el escuadrón, decidió obviar el avisarle a sus compañeros, preocupándose por vestirse con ropa cómoda y usar una de sus gruesas capas de viaje para protegerse del eventual frío. Antes de ir al Ministerio debía pasar por la casa de Ginny, y le pediría, aunque ella se negara, que fuera a La Madriguera junto con Hermione y esperaran hasta que él y Ronald volviesen a la casa.

Justo cuando estaba por meterse dentro de la chimenea, un patronus en forma de lince se materializó en su sala y la voz de Kingsley Skalebott sonó fuerte y clara.

- Intrusos en el Ministerio, refuerzo inminente.

Con una maldición se metió en la chimenea más seguro que nunca de pasar primero por lo de Ginny, la obligaría a quedarse tranquila y por fin iría hacia el Ministerio. Sin embargo al llegar a la chimenea de su novia, encontró el departamento vacío y en silencio, sin embargo una máscara muy conocida para él sobre el sofá de la sala hizo que un muy mal presentimiento cruzara como un escalofrío toda su espalda.

o0o0o

Abrir aquel baúl había sido un enorme reto para ella, desde que habían llegado a ese departamento, había dejado olvidado su viejo traje que tantas veces le habían insistido que llevara. La capa oscura con una larga capucha y aquella máscara que en esos momentos tanta repulsión le daban ahora estaban sobre su cama.

Ginny tomó la capa y con un desaire la arrojó nuevamente en el baúl abierto, mientras que la máscara la dejó a un lado, luego haría algo con ella. Buscó en su armario una de sus viejas capas de viaje, aquella de lana gruesa que la había acompañado en los inviernos más fríos. Tomó su varita y se la acomodó en el antebrazo, como hacía en todas las misiones.

Al observarse al espejo descubrió su reflejo con los ojos asustados, con la cara pálida y las manos algo temblorosas. Draco desde la puerta, también con una capa vieja de viaje la miraba con solemnidad.

Ambos habían decidido que irían al Ministerio de la Magia y detendrían a Bellatrix Lestrange sea como sea. Ya no les importaba que los descubrieran, no importaba que los acusaran de complot contra el Ministerio, ya nada valía la pena. La familia y las personas que querían eran más importantes. Ginny había encontrado el amor en los brazos de Harry había redescubierto a todos los Weasley en su hermano y por fin tenía amigos que deseaba duraran para toda la vida. Draco había ganado una novia hermosa y atenta, a la que amaba y respetaba, un grupo de amigos, que a pesar de no ser tan cercanos, no dudarían un instante en auxiliarlo, y ganaría además el derecho de visitar a su madre, la cual había descubierto gracias a las investigaciones de Ginny, que estaba internada en una casa en el campo, al cuidado de autoridades del Ministerio, los cuales la protegían de posibles represalias de su hermana con su eterna venganza, ya que ella había atestiguado a favor de Harry intentando salvar a su marido el cual estaba en el castillo. Lucius murió tiempo después debido a una grave enfermedad del corazón la cual se lo llevó una mañana antes de que comenzara su juicio mágico.

- ¿Estás lista?- indagó Draco con la voz baja.

- Ya…- Ginny inspiró profundamente mirando todo a su alrededor, tal vez esa sería la última vez que pisaba ese departamento, ese lugar que luego de recorrer medio mundo, había llamado hogar.

- Haremos todo lo que esté en nuestras manos ¿si?- dijo Draco acariciando con apremio sus brazos enfundados en la gruesa capa.

- Si…- miró a su amigo a los ojos antes de tomarle el rostro entre las manos-. A ti te debo la vida ¿sabes?- lo abrazó-. Gracias, muchas gracias por todo- Draco le respondió al abraza besando su cabeza.

Ginny se separó de su amigo para dar una última mirada al lugar. Su vista se posó en su libro de fotografías abierto sobre su cama, con cuidado lo tomó entre sus manos y lo colocó al descuido sobre la biblioteca de su habitación; luego tomó la máscara tenebrosa y siguió al rubio hacia la sala.

- Ha llegado el momento…- murmuró observando la máscara que tenía en sus manos, con una extraña expresión la arrojó sobre el sofá y miró a Draco-. Vamos- ordenó tomando un puñado de polvos flú desapareciendo entre las llamas verdes de la chimenea, el rubio la siguió dejando la sala a oscuras sin nadie en el lugar.

Los minutos pasaron en silencio, siendo simplemente interrumpido por el sonido de la calle y de los vecinos, sin embargo, la chimenea volvió a centellar y un hombre envuelto en una tela oscura y de ojos verdes enmarcados en un marco de carey redondo se asomó en la sala.

Extrañado, Harry tomó la máscara en sus manos y la giró de un lado a otro. Asustado y con apuro se metió con rapidez en el cuarto de Ginny encontrándolo desierto, pero nuevamente otra cosa le llamó la atención.

En los pies de la cama de Ginny, el baúl que ella siempre usaba para dejar sus carteras y la capa que usaba en el trabajo, estaba abierto. De adentro, sobresalía un revoltijo de tela oscura que Harry tomó en sus manos, descubriendo aquella ropa característica de los seguidores de Voldemort. El corte de las mangas, la forma de la capucha y aquel pequeño bordado en la espalda, el cual habían descubierto en los juicios luego de que Voldemort cayera, como una marca personal. Era imposible equivocarse, la capa, la máscara.

- Merlín…- completamente aturdido se apoyó contra una pared e intentando buscarle una explicación a todo eso, hurgó en el baúl, encontrando pruebas fehacientes de que aquella capa efectivamente era suya, de su Ginny.

Totalmente sacado de sí le pegó un puñetazo a la biblioteca que había en el cuarto, aquella que por primera vez había visto, cuando ella estaba enferma.

De uno de los estantes un libro hueco cayó al suelo, provocando que la tapa se le abriera, dejando ver unas cuantas fotografías las cuales quedaron esparcidas por el suelo.

Junto a sus pies la imagen de una familia, una escena muy conocida le heló el corazón. Eran los Weasley, toda la familia con la pequeña Ginny, antes de que ella se marchara. Al reverso de la foto la letra de Ginny, su Ginny, escribía con afecto todo lo que los extrañaba.

Mientras más descubría menos se lo creía, las fotografías eran de ella, ella con sus padres, ella con Ron y los gemelos, ella en el colegio, ella con Draco, ella con amigas.

Todo lo que había vivido hasta el momento y no había visto comenzó a caer en su cabeza, como si de un juego de Tetris se tratara, ese invento muggle en donde se debían formar muros con ladrillos los cuales diferentes formas, girándolos con un mando y una consola.

La evasiva constante de conocer a la familia de Ron, la misteriosa aparición de la hermana perdida salvándole la vida a su amigo, el comportamiento reciente de ellos, las risas cómplices y las muestras de afecto. La marca de nacimiento de la espalda de Ginny que había visto como mil veces pero que recién la noche anterior, cuando ella estaba en la tina, había mirado, encontrando muchas semejanzas con la que llevaba Ron, aquella que los gemelos casi tatúan en una Navidad.

Ginevra Wayneman, Ginevra Weasley.

- Ginny…- murmuró con un nudo en la garganta-. No puede ser…

Sintiendo como las piernas no lo lograrían sostener mucho más, Harry se sentó en la cama y se observó absorto las manos.

- Merlín…


Mucho para decir no tengo, lamento la demora, y como muchos ya han adivinado creo a esta altura ya cerrarán unas cuantas cosas, y las que no, terminarán de hacerlo en el siguiente capítulo.

Un beso enorme, Jor.