La triste realidad.
Bellatrix estaba sentada en aquella fuente que en algún momento no tan lejano había sido reemplazada por una terrorífica escena en donde dos magos, ambos sentados en magníficos tronos, eran sostenidos por una infinidad de muggles, todos desnudos, sufriendo calamidades y muriendo por mantener ese estilo de vida cruenta. Actualmente aquella fuente ahora era dorada en donde un mago, una bruja y demás criaturas mágicas se erguían, tal y cual en el pasado, observando el techo azul eléctrico del atrio, siendo insensibles a todo lo que pasaba a su alrededor.
Unos pocos mortífagos rodeaban a Bella, hablando en susurros, planificando estrategias. El Departamento de Misterios y todos los secretos que allí se guardaban eran el objetivo de ese golpe, con eso, el poder en el Ministerio de La Magia se vería desestabilizado, y con eso, ellos lograrían tomar su lugar, el que tanto esperaban.
Ginny salió despedida de la chimenea, rodeada de llamas verdes al igual que Draco. Al levantar la vista se percató de la mujer que les sonreía con altanería blandiendo la varita en su mano. La pelirroja comenzó a acercarse a ella sintiendo el eco del vacío que había en el lugar en su pecho, notando lo espeluznante que era el sonido que hacían sus zapatos al caminar.
- Miren a quienes tenemos aquí…- se burló Bella haciendo que su varita liberara unas chispas rojas-. Yo me pregunto… ¿A qué vienen?- indagó moviendo su varita hacia las chimeneas, bloqueándolas.
- No lo hagas…- le pidió Ginny, observando nerviosa como cada una de las chimeneas eran cubiertas con gruesos barrotes que impedían la entrada o salida de cualquier persona.
- ¿Qué no bloqueé las salidas? ¿O que no invada el Ministerio?- rió fuerte, contagiando a los mortífagos con su risa.
Draco hizo un extraño movimiento con su varita que no pasó desapercibido para la bruja, Bellatrix con un ágil movimiento de muñeca atacó al chico dejándolo dolorido en el suelo.
- ¡¿Cómo te atreves?- Bella blandió su varita y a modo de latigazo, un hechizo le cortó una mejilla al rubio, como si de un cuchillo se tratara.
- ¡Déjalo!- exclamó Ginny sacando también su varita apuntando a la mujer más grande.
- ¿Te atreves a desafiarme?- sonrió, moviendo lentamente su cuerpo, apuntando ella también a su contrincante.
- ¡No lo volverás a tocar!- Bella hizo un gracioso puchero con los labios a la vez que le mostraba sus amarillentos dientes.
- ¿No lo volveré a tocar?- rió nuevamente-. ¡Crucio!- exclamó apuntando a Draco el cual se retorció como una lombriz en el suelo.
- ¡Maldita!- Ginny se abalanzó hacia la agresora pero uno de los mortífagos se lo impidió, tomándola por la cintura.
Bella con una sonrisa de suficiencia caminó hacia los dorados ascensores, con una seña un par de mortífagos la siguieron.
- Ya veré lo que haré con ustedes… pero por el momento me ocuparé de lo que he venido a hacer- Ginny forcejeó contra el hombre que la sostenía, pero era imposible, el tipo le pasaba más de veinte centímetros y al menos pesaba el doble, e incluso el triple que ella. Bellatrix ya se había metido en el ascensor y ahora se dirigía hacia el octavo piso en donde se hallaba ubicado el Departamento de Misterios.
- ¡Suéltame!- bramó moviendo las piernas, golpeando las pantorrillas del hombre con la punta de sus zapatos.
- ¡Quédate quieta, bonita!- le dijo el hombre acercándose a su oído, Ginny pudo oler el aroma rancio de su aliento.
- ¡Maldito bastardo!- exclamó intentando soltarse, pero el hombre con una simple bofetada la dejó algo atontada en el suelo, aquel golpe sonó como un sonido seco.
Ginny sentía el gusto metálico a la sangre en la boca, su cabello estaba completamente revuelto y caía a cada lado de su cabeza, otorgándole un aspecto horripilante. Draco estaba recobrando el conocimiento y Ginny se arrastró hacia él, bajo la mirada atenta del mortífago.
- Draco…
- ¡Silencio!- ordenó el hombre tomándola del cabello arrastrándola hacia la fuente-. ¡Tengo órdenes de mantenerlos separados!
- ¡Cállate!- bramó Ginny intentando soltarse de su agarre, poniéndose de pie.
- ¡A mi no me callas!- nuevamente volvió a darle otra bofetada haciendo que Ginny perdiera el equilibrio y se golpeara la cabeza con el borde de la fuente-. Mira las cosas que me haces hacer…- susurró el tipo, levantando a Ginny nuevamente del cabello, lamiendo el hilillo de sangre que caía por un costado de su rostro.
- No…- murmuró Ginny con la vista borrosa, sintiendo como si su cabeza explotara y notando como cada músculo de su cuerpo chillaba de dolor-. No me toques…
- Eres muy linda… tal vez Bella consienta que luego de todo esto podamos jugar un poco- el hombre sonrió mostrando su imperfecta dentadura, a la cual le faltaban unos cuantos dientes de adelante.
Sin embargo el mortífago no pudo hacer más nada porque un hechizo rojo le impactó de lleno en la espalda, y Ginny cayó al suelo como si de un objeto inanimado se tratara.
- Ginny…- se aventuró Draco con la varita en alto, había aturdido al mortífago para rescatar a su amiga, y con cuidado ayudó a la chica a ponerse de pie e hizo algunos hechizos para parar la pequeña hemorragia-. Necesitamos ayuda…
- No podrán… no llegarán a tiempo- Ginny se sostuvo de la espalda de su amigo y lo instó a caminar hacia los ascensores, sentía la mejilla hinchándose, y el adormecimiento causado por el edema se comenzaba a extender, la vista aún la tenía borrosa y un molesto pitido y una sensación de túnel se imponía frente a ella dándole a saber que pronto perdería el conocimiento-. Debemos detenerla, todo será un desastre…
Draco, consintiendo que aquella era la mejor opción que tenían, se dirigió hacia los ascensores, dejando caer el cuerpo maltratado de Ginny al suelo del aparato, intentando curar un poco mejor sus heridas.
- Ese hijo de puta…- murmuró observando como su mejilla dos veces golpeada se iba poniendo poco a poco morada, con cuidado le sostuvo el rostro y Ginny cerró un ojo por el dolor-. Lo siento.
- Hay que pararla…- Draco se puso de pie y tocó el noveno botón del ascensor, este inmediatamente cerró sus puertas y comenzó a moverse. Ginny cerró los ojos y estiró sus piernas, poco a poco ese feo malestar comenzaba a abandonarla, dejándola completamente transpirada y con frío.
- ¿Te sientes mal?- Ginny asintió pasando la lengua por sus labios los cuales de alguna manera se le habían secado-. Te has puesto pálida…
- Es sólo la presión- Draco la miró de forma escrutadora-. No pasa nada, ya me siento mejor…- el chico asintió dudoso, el ascensor ya estaba llegando a su destino y ya no había vuelta atrás.
o0o0o
Harry se disponía llegar a las chimeneas del Ministerio de la Magia, sin embargo, al salir, se encontró con todos sus compañeros en un lugar muy diferente, al parecer, las chimeneas habían sido direccionadas hacia El Caldero Chorreante, en donde Kingsley estaba que se arrancaba los pelos que no tenía, por la tensión de la situación.
- ¿Qué está pasando?- preguntó tomando nota de la situación.
- ¡Por fin has llegado! ¿Dónde mierda te habías metido?- Harry miró a su jefe pero notó como detrás de él se hallaba Ron, por lo que sin importarle lo que Kingsley estaba diciendo, se acercó a su amigo y lo tomó del cuello.
- ¡Lo sabías!- le gritó zarandeándolo con brusquedad, Ron no se hizo el desentendido y bajó la cabeza apenado.
- No es lo que tú crees…
- ¡¿Y yo que mierda creo?- espetó furioso tallándose las sienes es busca de una respuesta-. ¡Demonios!- bramó.
- ¿Me pueden decir qué carajo está pasando? Lestrange está metida en el Ministerio ¡y ustedes están discutiendo como dos imbéciles!
Harry se giró y observó al Ministro, rápidamente buscó alguna forma en su cabeza de entrar al lugar y el recuerdo de un viejo amigo le dio la respuesta.
- Utilizaremos elfos domésticos… ellos pueden aparecerse en cualquier lado.
- ¿Elfos domésticos?- indagó Kingsley algo confundido.
- Si… Kreacher, ven por favor- con un suave plop, el elfo vestido con un impoluto delantal blanco y orejas grandes como de murciélago se inclinó hacia su amo con los ojos brillantes.
- ¿Si amo Harry?
- Necesitamos aparecernos en el Ministerio, ¿tú puedes…?- Kreacher asintió con un movimiento exagerado-. Bien…- susurró mirando al Ministro y a unos aurores más-. Primero vayan ustedes, después Kreacher ven a buscarnos a nosotros.
- Si amo…- Kingsley miró dudoso al moreno, pero Harry le hizo un breve seña con la mano. El elfo estiró sus pequeños y delgados brazos instando a que los aurores se tomaran de él. Luego, con un giro, desapareció del bar.
Harry se giró hacia Ron el cual se había quedado como estático en el lugar.
- ¿Ella está ahí?- indagó el moreno.
- No lo sé…- dijo lentamente-, ella fue la que me dijo lo que estaba por pasar.
- ¿Tú fuiste el del pergamino anónimo?- Ron asintió con un seco movimiento, Harry se dio la vuelta revolviéndose el cabello de forma nerviosa.
- Debes escucharla antes de juzgarla…
- ¿Hace cuánto lo sabes?- lo interrumpió acomodando ahora su capa, intentando contener las ganas irremediables de pegarle.
- Desde que estuve internado- Harry no dijo nada, pero eso confirmaban sus sospechas.
- No se salvará de esta…- Ron no le respondió, pues sabía perfectamente que su hermana estaba metida en un lío muy grande.
- Deja que yo la capture…- le pidió el pelirrojo observando con miedo el semblante de tu amigo, este sonrió con ironía.
- ¿Tienes miedo a que le haga algo?- indagó jocoso.
- Sabes que si… ella no merece ser tratada como tú lo harás…- Harry sonrió con ironía.
- ¡Y una mierda! ¡Ella es una maldita mortífaga!- gritó Harry,
- ¡No, no lo es!- refutó Ron.
- Y yo soy un idiota que me creí todas las palabras idiotas que me decía- Harry se giró con el dolor plasmado en el rostro justo en el momento en donde Kreacher volvió a aparecerse, haciéndolo sobresaltarse un poco.
- Faltan ustedes, amo Harry- Harry tomó la mano del pequeño elfo y miró a Ron instándolo a que hiciera lo mismo.
Los tres se aparecieron en el atrio del Ministerio encontrando las chimeneas bloqueadas y un extraño clima en el lugar. Los otros aurores estaban investigando al mortífago aturdido que estaba en el suelo y las pequeñas manchas de sangre que había alrededor de la fuente.
Harry caminó hacia el enorme tipo vestido de mortífago y susurró apuntándolo con su varita:
- Ennervate- él hombre abrió los ojos y se puso de pie, quedando paralizado al verse rodeado por los aurores.
- Maldita perra rastrera…- gimió sintiendo como unas gruesas cuerdas le rodeaban los brazos y piernas.
- Será mejor que te quedes callado y simplemente respondas a lo que te pregunto- le dijo Harry apuntándolo con su varita hacia su deforme nariz-. ¿Qué tienen planeado?
El mortífago no dijo nada y eso impacientó a Harry.
- ¡Hijo de puta!- Harry le pegó una patada en el estómago haciéndolo caer de rodillas al suelo-. ¡Habla!
- Quieren… quieren robar en el Departamento de Misterios…
- ¿Qué quieren robar?
- Cosas…- otro certero golpe lo hizo hablar-. Quieren desestabilizar al Ministerio con la información que saquen… ¡no me pegues más!- Harry volvió a golpearlo por desobedecerlo.
- ¿Quiénes están?
- Está Bella con unos mortífagos…- respondió dejando complacido a Harry, este se limpió la punta de su zapato algo ensangrentado por la saliva del mortífago en la capa del tipo.
- ¿Y quién te hizo esto?- le preguntó Kingsley.
- La pelirroja y su insulso amiguito… esa perra…- Ron miró alarmado a Harry el cual fingió indeferencia, la cual realmente no tenía en ese momento.
- ¿Pelirroja?- Kingsley abrió la boca sorprendido a la vez que seguía a Harry, junto a los aurores, hacia el ascensor-. ¿Está hablando de Wayneman?
- Te tengo noticias, Kingsley- le dijo Harry tocando el botón indicador del piso ocho-. Su apellido no es Wayneman, es Weasley- Kingsley miró con sorpresa a Ron-. Y eso no es todo…
- ¿Qué…?
- Ella es una mortífaga.
Bien, ya estaba dicho.
o0o0o
Draco había logrado parar el dolor, o al menos detenerlo por un tiempo, Ginny sabía que los golpes le dejarían marcas, y tardarían un poco en sanar. El pasillo del noveno piso se hallaba desierto, y muchas puertas se abrían a cada lado de ese lugar dejando formado una arquitectura circular. Por una de las puertas apareció Bellatrix visiblemente confundida, las cosas al parecer habían cambiado mucho desde la última vez que había estado ahí.
- ¿Otra vez ustedes? ¿Acaso el inepto de Mulciber no pudo detenerlos?- sonrió lentamente.
- Parece que no- respondió Draco levantando la varita.
- ¿Tú te atreves a enfrentarme?- siseó llena de rabia-. ¿Sangre de mi sangre?- rió siendo interrumpida por la voz fría de Ginny.
- A ti mucho no te molestó el linaje de sangre cuando asesinaste a Sirius Black- Bellatrix la observó en silencio de forma calculadora.
- Al parecer estás al tanto de mucho… ¿sabes? En una de estas salas le dí su estocada final… - comentó observando las puertas que la rodeaban-. Su risa siempre alegre y perruna se apagó como la llama de una vela ante una simple ventisca…- rió-. Deberías haber visto la cara de tu bebé Potter- le dijo ladeando la cabeza-. Pobrecito como me gritaba…
- Bruja…
- "Yo maté a Sirius Black"- canturreó Bellatrix-. ¡Que momento ese!- sonrió-. ¿Quieres conocer esa sala?- Bella se acercó a una de las puertas y la abrió con seguridad-. Míralo por ti misma querida, la sala del velo, o la sala de la muerte…
Bella se metió en la habitación siendo seguida por los mortífagos, Ginny le dio a Draco una mirada de advertencia y este simplemente le tomó la mano y se la apretó levemente, dándole a entender que estaba bien, que debían entrar.
El enorme velo se erguía sobre una plataforma de piedra, y Ginny pudo jurar que una extraña presencia acompañada por miles de susurros desconocidos se imponían a partir de ese enorme arco cubierto por una extraña y brillante tela.
- Jamás pude entender que veía nuestro señor en ti- susurró de pronto Bella haciendo que los mortífagos se miraran entre sí extrañados, la mujer tenía la mirada perdida en el velo, como si algo la llamara-. De repente un día apareció contigo… sus motivos eran válidos- continuó abrazándose a si misma como si ese lugar surtiera un extraño efecto en ella.
- ¿Qué le pasa?- cuestionó Draco en voz baja, Ginny negó suavemente con la cabeza no sabiendo qué responder.
- Tú… apenas llegaste ocupaste un lugar privilegiado junto a él- escupió la mujer de cabello oscuro y enredado-. A mi me costó años, media vida en Azkaban y muchas vidas en mi varita… y simplemente estabas tú, y él…
- No hemos venido a escucharte decir todo lo que amabas a Nuestro Señor- dijo de repente uno de los mortífagos, a lo que Bellatrix levantó la cabeza muy lentamente y lo miró con furia.
- ¿Qué dijiste?- Bella lo apuntó con la varita acercándose a él-. ¡Repite lo que dijiste!- su varita de repente se transformó en un látigo con el cual tomó el cuello del mortífago, haciéndolo volar por los aires, dejándolo caer contra una pared, quedando en una posición totalmente innatural.
- Estás loca…- gimió roncamente el encapuchado y aquello fue su perdición, Bellatrix tiró nuevamente del látigo y el cuello del mortífago crujió ante ese movimiento, el cuerpo sofocado, a punto de quedar sin vida cayó nuevamente al suelo.
- ¿Alguien más tiene algo que decir?- indagó altanera, volviendo su varita a la normalidad-. Bien…- sonrió ante las caras de estupor del resto los cuales observaban al mortífago el cual recién había muerto-. Como les estaba contando, él jamás me trató a mi como te trataba a ti…
- Yo no tengo la culpa de que…
- Oh… si que la tienes- susurró-. Aunque debo de aceptar que parte de la culpa la tengo yo- dijo poniéndose uno de sus dedos mugrientos sobre los labios.
Bella caminó hacia arriba de la plataforma saltando con agilidad sobre ella, su varita chispeaba ante la situación y los dos mortífagos, uno de ellos el pequeño, o no tanto, Avery, que aún estaban junto a ella se miraron con incredulidad temiendo lo peor.
- Todo comenzó con aquella maldita profecía… nuestro señor se hallaba nervioso y no era para menos- dijo con repugnancia mientras caminaba haciendo equilibrio sobre el borde de la plataforma de piedra-. Que un sucio sangre mestiza lo pudiera vencer era algo abominable- murmuró observando su varita la cual giraba entre sus dedos-. Entonces yo junto a mi pobre marido ya fallecido- se percinó observando el velo-. Que Merlín los tenga en la gloria a ambos, decidimos hacerle una agradable visita a Sybill Trealenway, ustedes comprenden a lo que me refiero cuando digo agradable ¿no?
- No entiendo a dónde quieres llegar con todo esto- le dijo Ginny.
- Espera y escucha- contestó la morena llevándose un dedo a sus labios-. La historia se pone cada vez mejor. Sybill no nos pudo repetir la profecía, pero en su lugar nos dijo otra- rió-. Otra maldita profecía en donde se presagiaba que "una persona nacida en un seno puramente mágico, siendo la primera mujer en muchas generaciones…" déjame recordar… "el color del cielo en el ocaso, su cabello; llenará de felicidad la vida del elegido cuando todo acabe; le dará un futuro y serán felices por siempre"- Bellatrix dijo lo último con un gesto de asco y pura ironía-. No me pidas las palabras exactas de esta dulce poesía porque no las sé… pero supimos atar todos los cabos y saber que se refería a ti.
- ¿Por qué…?
- ¡Cállate que no he terminado!- Ginny totalmente atemorizada con la fuerza de la mujer se quedó en silencio-. Cuando tu querido novio envió al exilio a Nuestro Amo, mi marido y yo, antes de torturar dulce y lentamente a los Longbottom hasta dejarlos loquitos, hicimos una visita a Durmstrang, por aquel entonces Karkaroff aun era de nuestro bando, claro, hasta que lo atraparon y declaró en contra de nosotros el muy traidor- dijo escupiendo las palabras-. Pero él no le dio importancia al hecho de anotarte en los libros de futuros alumnos y por eso comenzaste a tus dulces once añitos a asistir a ese colegio- sonrió-. Y lo sé, el plan era brillante, sabíamos que Potter iría a Hogwarts e inevitablemente se encontraría contigo.
- Y no fue así…- murmuró Ginny.
- No, pero fue fácil cortar los lazos familiares que te unían a los Weasley, nuestros mortífagos que aún eran leales (los cuales podíamos contar con menos de los dedos de una mano), hicieron todo lo que estaba en sus manos por dejarte incomunicada, y lo conseguimos…
- ¡Desgraciada!- Ginny intentó acercarse pero Draco se lo impidió tomándola de la cintura.
- Interceptar a las inocentes lechuzas era una tarea simple, las confundíamos y las hacíamos volver, con tus lindas y dulces cartas familiares- sonrió-. Al igual que a ellos, deberías decirle a tu madre que cocina realmente bien, o eso me han dicho los mortífagos que comían los dulces pasteles que te enviaba.
- ¡Déjame!- Ginny le gritó a Draco-. Por tu culpa…- los ojos de la pelirroja se llenaron de lágrimas-. Por tu culpa…- sollozó-. Mi familia…
- Pero espera- acotó Bella-. Aún no llega la mejor parte- se regocijó.
Los mortífagos estaban visiblemente nerviosos moviéndose de un lado a otro, el plan se había desviado totalmente, Bellatrix ya no era la misma que en el pasado, el resentimiento había hecho mella en ella y ya sus brillantes planes habían quedado aplastados por una gruesa capa de polvo.
- Cuando Nuestro Señor resurgió de entre la sangre, tierra y huesos, cuando al fin nos liberó de esa cruel cárcel, le hablamos de ti, de la profecía y de nuestro brillante plan. No te imaginas lo regocijado que estaba, y de inmediato, para prevenir cualquier cosa, decidió que tú deberías ser nuestra aliada, debíamos ganar tu confianza.
- ¿Mi confianza?
- ¿Qué mejor manera que ayudándote? Los muggles son fáciles de manipular ¿sabes? Más si están borrachos como una cuba- la miró a los ojos con burla.
- No…- susurró Ginny.
- Fue fácil para nosotros manejar con un simple imperio a esos muggles, y más fácil aún fue encontrarte- Ginny de repente se había puesto pálida-. Digamos que los pobres muggles que se aprovecharon de la indefensa Ginny eran parte de nuestro plan, al igual que los constantes sueños, las pesadillas que te seguían día y noche…
- No…
- Sí querida, si… Nuestro Amo era un gran mentor de la legirimancia y la oclumancia, para él era fácil meterse en tus pensamientos y manejarlos a su antojo, y por eso solamente él pudo quitarte aquellas imágenes de la cabeza.
Ginny sintió que el piso perdía firmeza y los brazos de Draco de la sostuvieron.
- ¿Sorprendida?- indagó la mujer divertida mostrándole su amarillenta sonrisa.
- No puede ser…- Ginny sintió como algo pesado y frío se instalaba en su pecho no dejándola respirar, las imágenes de aquella tarde en donde su vida había cambiado para siempre comenzaron a pasar como si de diapositivas se tratase-. Dime que es mentira…- le pidió a Bellatrix que la miraba desde arriba sin borrar su repugnante sonrisa.
La pelirroja sentía las manos de Draco acariciando sus brazos tratando de infundirle algo de calor, pero no había caso, Ginny se había puesto fría, sentía la calidez de su amigo, pero algo en ella se había roto quitándole toda capacidad de supervivencia. La angustia se había apoderado de sus sentidos y ya nada era real en su cabeza, las mentiras, las lágrimas, el sentimiento de sentirse en casa, la aparente tranquilidad, la casi felicidad…
- ¿Todo era mentira?- preguntó una vez más escuchando su propia voz, no reconociéndola.
- ¿Qué cosa?- Bella rió, mostrando en sus ojos de párpados gruesos y oscuros el brillo de la locura no controlada-. Nada de lo que viviste fue inventado, simplemente nosotros nos encargamos de modificarlo… un poquito- le dijo juntando su dedo índice con el pulgar.
- Yo siempre creyendo… creyendo que era lo mejor- Ginny miró con desesperación a Draco el cual la abrazaba, ambos arrodillados en el suelo-. Y tú… perdóname…
- Calla…
- Perdóname…- las lágrimas de Ginny caían sin control mojando sus puños apretados contra su falda.
- No fue tu culpa- la consoló Draco levantando su vista para mirar a su tía, la cual levantó las cejas y frunció los labios, en un gesto de burla.
- ¿No te lo esperabas, pequeña… Ginny?- espetó divertida.
- ¡Eres una…!- bramó Draco levantando su varita.
- ¿A mi, mi querido sobrino?
- ¡Maldita bruja!
- ¡Irrespetuoso, yo te enseñaré lo que es…!- sus palabras quedaron callados al sentir fuertes golpes en la puerta de la sala del velo.
Los mortífagos se miraron entre sí totalmente asustados y Bella ladeó la cabeza de forma extraña, teniendo en cuenta que al otro lado de la puerta, un batallón de aurores estaba dispuesto a atraparlos.
- Parece que tus amigos han venido a buscarnos- siseó Bella mirando como sus mortífagos caminaban hacia una de las puertas laterales-. ¡Ni se les ocurra!- gritó bloqueando esa salida.
- No tienes escapatoria- jadeó Avery con el rostro desencajado del miedo.
- Si que la tengo- les dijo con una sonrisa caminando hacia los mortífagos los cuales tenían una enorme bolsa en sus manos-. Dámela- ordenó quitándole la bolsa a uno de ellos, buscando dentro de ella, sacando un objeto extraño, parecido a una copa de cristal.
- ¿El traslador?- gimió el otro de los mortífagos mirando con ojos brillantes el objeto que Bella tenía en sus manos.
- ¡Quietos!- dijo la mujer caminando hacia atrás puntándolos con sus varitas-. Este no es un traslador ordinario, te permite viajar a cualquier lado, sin importar la cantidad de conjuros protectores que haya- Bellatrix lo elevó en sus manos apuntándolo con la varita-. Simplemente es necesario conocer el destino, luego el traslador se encarga del resto… Portus- murmuró lentamente, haciendo que la copa brillara.
Ginny aún shockeada por la noticia observó como una de las causantes de sus desgracias estaba a punto de escapar, como aquel brillante objeto estaba a apunto de cumplir su cometido.
Soltándose del agarre de Draco, y aprovechando que Bella miraba embelezada como el brillo de aquel objeto comenzaba a aumentar, se abalanzó sobre la mujer haciéndola perder el equilibrio.
- ¡Imbécil!- chilló Bellatrix completamente desquiciada en el suelo, observando como la copa giraba sobre si misma hasta el borde de la plataforma.
Draco, comprendiendo lo que su amiga buscaba, apuntó con su varita a la copa y con un simple hechizo la hizo volar en pedazos.
- ¡Inconscientes!- Bella tomó enfurecida su varita y comenzó a atacar, enviando rayos a diestra y siniestra, golpeando a uno de los mortífagos, quitándole la vida a Avery.
Ginny se protegió con un escudo y gateando se dejó caer de la tarima llegando junto a Draco. El otro mortífago totalmente fuera de sí al ver el descontrol en que se había convertido aquel brillante plan, se abalanzó contra la desquiciada mujer, intentando salvar de alguna manera su vida, sin que ella lo mate primero.
Los gritos y los rayos resonaban en toda la sala, Ginny se cubría los oídos con las manos cerrando los ojos y Draco la abrazaba con fuerza, ambos resguardados detrás de una enorme piedra que había en un costado. Los ruidos eran cada vez más intensos pero de repente todo se quedó en silencio.
La pelirroja con la varita en alto se asomó de atrás de la piedra observando como el mortífago sostenía a Bellatrix por el cuello, la varita de ella estaba en el suelo y la mujer lo observaba con los ojos desorbitados de la locura.
Rápidamente, tropezando con los pedazos de piedras que había en el suelo, Ginny subió a la plataforma empujando al mortífago, el cual cayó dando un sordo golpe en el suelo.
- Tu no te mereces morir… aún- gimió Ginny pateando la varita de Bella bien lejos.
- Traidora…- jadeó la mujer tomándose el cuello con ambas manos.
Draco quien se había acercado hacia ellas, ató con unas cuerdas al mortífago herido y justo en ese momento la puerta de la sala de abrió, por donde todos los aurores entraron en tropel.
La mirada de Ginny se posó en un punto exacto en donde unos ojos verdes no le devolvían la mirada, Ron intentaba decirle algo, pero al instante él desapareció apareciendo detrás de ella, tomándola de los brazos.
Draco fue apresado por Dean, el cual no tuvo reparos en golpearlo en la cintura, mientras que Bellatrix fue detenida por Harry el cual la sostenía con odio y repulsión.
La cabeza de Ginny estaba inclinada hacia el suelo, su cabello suelto y sucio caía a cada lado de su rostro dándole un aspecto fantasmagórico. Sus ojos buscaron los de Harry, el cual estaba enfrente, los ojos de él eran fríos y la miraban con desagrado.
- Mira quien me ha venido a capturar… que honor- rió totalmente desquiciada Bellatrix, arrastrando las palabras, sus brazos estaban estáticos y delgados, siendo sostenida por Harry el cual la apretaba con fuerza por la espalda-. ¿No te parece, Ginny?
- Silencio- ordenó Ron despacio.
- A quienes tanto tú defendías son los que ahora te juzgan…- se burló Bella sintiendo como la varita de Harry se clavaba en su espalda-. Pobrecita, la incomprendida- Ginny giró la cabeza intentando no escuchar sus palabras hirientes.
- Cállate- dijo esta vez Harry y Ginny sintió como su corazón comenzaba a latir con más fuerza.
- ¡Hija de perra!- Bellatrix comenzó a moverse como una loca-. Por tu culpa estamos aquí, tú y tu maldita presencia- Bella escupió el piso intentando soltarse de los brazos de Harry.
- ¡Basta!- gritó el chico de ojos verdes tomando con más fuerzas los brazos delgados de la mujer.
- Ahora sufrirás todo lo que has hecho querida… lo que te mereces por habérmelo quitado… ¡No te van a perdonar!- con saña Bellatrix mordió la mano de Harry haciendo que él la soltara como una maldición.
La mujer saltó con la agilidad propia de un gato hacia un lado del arcón del velo-. Esto me trae un déjà vu- dijo antes de echarse hacia atrás en una risa tenebrosa- Nos vemos en el infierno, Ginny…- murmuró mientras los ojos se le hacían hacia atrás y su cuerpo caía como en cámara lenta.
El velo, cual género mágico e incomprendido se la tragó como si de un agujero negro se tratase. Ginny observó como las palabras de la mujer aún martillaban en su cabeza y cómo los sollozos escapaban de sus labios dejándose caer al piso, aún siendo sostenida por su hermano.
Los aurores que quedaban arrastraron al mortifago del atrio junto a los otros mortifagos que habían en la sala, a ellos los ataron con más cuerdas mágicas mientras Kingsley, con la cara contrariada se acercaba al grupo que se hallaba sobre la tarima.
- Bueno, esto ha sido una verdadera sorpresa- dijo visiblemente impresionado observando a Ginny la cual lloraba en le suelo y a Draco que guardaba silencio.
- Ambos quedan detenidos en nombre de la ley mágica, ambos tienen derecho a guardar silencio- dijo Harry sacando dos cadenas mágicas de la punta de su varita-. Cualquier cosa que digan puede ser utilizada en su contra- pasó una a Ron y otra a Dean los cuales con agilidad envolvieron las muñecas de Ginny y Draco.
- ¿Me puedes explicar lo que está pasando?- exigió Kinsgley observando el procedimiento.
- Aquí tienes a los compañeros de Lestrange en su exilio del país, Kingsley. Te presento a Draco Malfoy- le dijo señalando al rubio con una de sus manos-, hijo de Lucius y Narcissa Malfoy- Kingsley abrió la boca estupefacto-. Y ahora, Ginevra Weasley, la hija perdida de Arthur y Molly Weasley.
Ginny sintió como las manos de Ron apretaban con fuerza sus brazos cuando Harry dijo esas palabras, la presencia de su hermano apenas aminoraba la pena y la furia que la invadía. Su vida, su exilio, todo había sido una vil mentira.
o0o0o
A pesar de tener las manos sueltas, aún le dolían las cadenas que Harry había hecho utilizar en ellas. Apenas habían pasado unas pocas horas en donde habían decidido, que ella y Draco tendrían un juicio justo, como todos los mortífagos lo habían tenido en el pasado.
Ahora se hallaba en una habitación la cual simplemente tenía una mesa y una silla, metida en una de las tantas salas de tribunales que había encima del Departamento de Misterios.
Ron se hallaba con ella, había pedido unas cuantas gasas y algodones y un buen surtido de ungüentos para las heridas que tenía, al menos debían concederle ese derecho; él se encargaría de no dejarla escapar. El chico trataba con cariño su labio partido, pero el escozor hacía que ella se alejara involuntariamente de su hermano.
- Sé que duele, Ginny- susurró observando la herida-. Pero primero debo limpiarlo.
- Lo sé- dijo ella con la voz ronca por el llanto-. ¿Crees poder limpiarme un poco el cabello?- pidió tomando uno de sus mechones y mirándolo con desagrado.
- Yo no soy bueno en esa clase de hechizos- respondió Ron sonriendo levemente-. Prometo hacer lo posible, pero ahora déjame seguir curándote- ella asintió en silencio notando como él continuaba limpiando su rostro, quitando la sangre y la tierra que tenía pegada.
- ¿Ella… ella está muerta?- preguntó la pelirroja cerrando los ojos, mientras él pasaba un algodón húmedo por sus párpados.
- Su cuerpo desapareció tras el velo, tal y como le pasó a Sirius, el padrino de Harry- ella asintió nuevamente masajeándose las muñecas en donde las cadenas le habían apretado.
- No puedo creer que haya terminado matándose ella misma…- Ron había comenzado a limpiar la herida de su cabeza haciéndola gemir un poco del dolor.
- Tienes inflamado, eso tardará unos días en cicatrizar- murmuró él arrojando la gasa enrojecida en un pequeño cuenco, tomando otra gasa limpia, embebiéndola en agua destilada-. ¿Te duele que se haya muerto?
- No lo sé…
- ¿De qué hablaban cuando nosotros llegamos?- ella lo miró a los ojos por primera vez desde que él había empezado con las curaciones.
- Me confirmó lo que yo últimamente pensaba, todo lo que me había equivocado al unirme a ellos- respondió apretando sus manos-. Ella me dijo la verdad de muchas mentiras que me hicieron creer por años…
- ¿No piensas hablar de ello?- ella negó.
- No ahora… si quiero hacer el intento de salvar mi pellejo y el de Draco, tendré que contarlo todo en el juicio- suspiró-. ¿Mamá ya lo sabe?
- En este momento está hablando con Harry…
- Entonces por eso preferiste a curarme a mí- lo interrumpió ella tristemente, volviendo a cerrar los ojos, dejando que él pasara esencia de díctamo por varios lugares, terminando con esencia de Murtlap.
- No digas eso, de todas formas hubiese venido a hacerlo…- le levantó la barbilla con su mano-. Sabes que nuestros padres y hermanos se pondrán como locos al verte, a mi me querrán torturar…- ella hizo un amago de sonrisa que él respondió con un abrazo.
- No querrán verme después de todo lo que Harry les debe estar contando… yo arruiné la vida de todos…
- Tonta…- Ron la besó en la mejilla sana y acarició el cabello-. Ven que intentaré hacer algo con ese pelo que tienes, pero que te quede claro que no me hago responsable si te quedas calva- le dijo poniéndose de pie, tomando el largo cabello de su hermana entre sus manos.
- Eso no sería nada comparado con lo que me está pasando… pero confío en ti.
Ron con un movimiento de varita comenzó a acariciar con ella diferentes mechones del cabello encendido de su hermana, este poco a poco iba quedando brillante y limpio, además de completamente desenredado. Una vez terminado, Ginny tocó los mechones que le caían sueltos por los hombros y sonrió por primera vez desde que él había entrado en la habitación.
- Gracias, hermano.
- No es nada- Ron, sentándose nuevamente frente a ella abrió otro de los frasquitos, el ungüento anestésico del doctor Ubbly despedía un aroma hediondo, pero Ginny sabía que lograría detener el dolor irradiado y constante que atormentaba su cabeza-. ¿Quieres que te traiga algo para comer?- preguntó poniendo un poco del líquido en la mejilla de la chica.
- No tengo hambre…
- Pero debes comer, recién el lunes comenzará el juicio, y para eso queda lo que queda de este día, y mañana- ella asintió lentamente tomando la ropa rayada que estaba arriba de la mesa, aquella que debían usar los acusados-. No hace falta que te pongas eso, es denigrante que tú lo uses…
- No me molesta tener que ponerme esto, al menos está limpio.
- Si quieres puedo ir a tu departamento a buscarte algo- la interrumpió-. Yo haré que te llegue- ella asintió lentamente apretando su capa de viaje contra sus brazos.
- Gracias…- Ginny acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja, ella le iba a decir algo más, pero la puerta de la habitación fue abierta, dejando ver a Harry el cual simplemente le habló a Ron, sin siquiera mirarla.
- ¿Ya has terminado?- le preguntó observando los ungüentos y las gasas manchadas que había encima de la mesa.
- Sí- Ron miró angustiado a su hermana-. ¿Crees que pueda traerle algo de su ropa?
- Claro, me encargaré de autorizarlo- Harry entró un poco en la habitación y observó de reojo a Ginny, la cual estaba acurrucada en la silla en silencio, sin mirarlo-. Ya hablé con ellos, quieren…- sin embargo fue interrumpido por un gemido en la puerta y una Molly totalmente alterada la cual entró a tropezones a la habitación arrodillándose frente a la Ginny que estaba sentada.
- Hijita…- susurró la mujer tomando el rostro de Ginny con manos temblorosas, acariciando sus mejillas lastimadas, sintiendo su contacto por primera vez en muchos años.
Ginny levantó levemente la cabeza y Harry pudo reconocer el increíble parecido que ambas tenían de perfil, los ojos de la pelirroja más joven se llenaron de lágrimas acompañando a aquellas que ya caían de los ojos de su madre.
- ¿Mamá…?- Molly abrazó de improviso a su hija, hundiendo su rostro en el cuello de ella, atrapando su menuda espalda con sus gruesas y cansadas manos.
- Mi hijita…- las manos de Ginny tomaron la espalda de su madre, dejándose invadir por el llanto y la emoción de ese esperado reencuentro.
Arthur Weasley, parado en la puerta de la habitación observó la escena absorto con los ojos, detrás de los vidrios de sus anteojos, totalmente húmedos. Lentamente, sacando un pañuelo de su bolsillo, se limpió las lágrimas; y con pasos tranquilos se acercó a su mujer e hija, inclinándose sobre ellas, envolviéndolas con sus brazos.
Harry pudo ver como Ginny le sonreía a su padre y le susurraba unas palabras hundiendo su rostro en el pecho masculino. Sintiéndose de más, decidió dejarlos solos al igual que Ronald que salió detrás de él. Todos los hermanos Weasley estaban en la otra sala y al ver a su hermano menor ingresar junto a Harry, se acercaron a increparlo, reclamándole haber ocultado la verdad. Harry decidió no participar de esa discusión que él ya había tenido con Ron, pidiéndole todas las explicaciones referidas a Ginny. Por lo que con su tarea cumplida y dando indicaciones a los aurores que harían la guardia, se dirigió al atrio, para irse a su departamento.
Cuando Harry llegó a su piso, la sala se hallaba vacía y en silencio, Harry le había indicado a Kreacher que se tomara el día libre, por el buen trabajo que había hecho. Con desgana dejó caer su capa de viaje en el suelo, junto al sillón en donde la noche antes él había hecho a Ginny suya por primera vez.
Habían estado juntos…
Y la realidad lo golpeó de lleno, como algo pesado y espeso que no lo dejaba respirar ni hablar. Con pasos torpes y poco coordinados se dirigió al baño quitándose el grueso suéter y la camisa por la cabeza. Abrió el agua fría, y sin pensarlo dos veces se metió debajo de ella, intentando que el frío, en aquel día nuboso de pleno invierno, le congelara los pensamientos para no repasarlos más.
El dolor por lo que Ginny había hecho le había roto el corazón, temblando por la helada ducha, se envolvió con su bata azul la cual se hallaba detrás de la puerta. Y en ese momento recordó que era la misma que ella había usado la noche anterior, hacía menos de veinticuatro horas. De forma trágica y atormentándose más, se llevó uno de los bordes a la nariz y se embriagó con el floral aroma que aún quedaba de ella.
Maldiciéndose a si mismo se dejó caer en su cama, aquella en donde ambos había dormido muchas veces, en donde él le había enseñado a darle placer y en donde él se lo había dado. Su presencia aún se sentía en la almohada y de pronto comenzó a extrañarla, toda la furia y el rencor comenzaron a remitir, y una urgente necesidad de hundir el rostro en su cuello, embriagarse con su fragante cabello comenzó a cosquillear en su vientre.
Necesitaba dormir, y él lo sabía. Girándose a un lado buscó en el cajón de su mesita de noche aquella poción de dormir que tantas veces había tomado en el pasado, en los momentos más temibles de su vida. Sin embargo un prolijo paquete le llamó la atención, y comprendiendo que alguien más lo había dejado allí, sabiendo que Ginny había sido la responsable, lo desenvolvió con urgencia.
Una foto de ellos dos juntos, abrazados en el parque, aquella imagen la había tomado Hermione hacía unos pocos días cuando habían compartido una salida grupal. Ginny sonreía a la cámara mientras él besaba su mejilla y la abrazaba. Una hermosa imagen que él había olvidado que existía. Sacando más el cuadro para mirarlo mejor, un pergamino doblado cayó sobre sus piernas y Harry lo abrió curioso.
Harry, a esta altura imagino que ya no sentirás lo mismo por mi que en esta fotografía, sin embargo quiero que sepas que yo seguiré amándote igual, de la misma manera. No todo lo que dije fue mentira, confío que con el tiempo lo sepas.
Ahora las cosas son muy diferentes y lo más seguro es que no quieras ni verme. No sé lo que pasará ni lo que nos depara el futuro, pero te deseo desde lo más profundo de mi corazón, toda la felicidad del mundo.
Yo no tengo excusas y tampoco merezco tu perdón, pero no te olvides nunca que de verdad te amé, estos meses a tu lado han sido los mejores que recuerdo haber tenido, gracias por haberme hecho feliz.
Tuya por siempre, Ginny.
Harry volvió a leer esa carta y en un arrebato de furia cerró su puño arrojando la nota hacia el piso, en la otra mano el bonito cuadro con la imagen de ellos dos, voló también hacia el suelo, provocando que el vidrio que lo recubría se hiciera añicos contra el piso.
El chico respirando agitadamente por el llanto intenso que lo había invadido por primera vez en ese día vació aquella botellita con poción para dormir y sintió como aquel líquido a medida que se diluía en sus venas iba dejándolo agotado y tranquilo.
Sus ojos ardiendo de lágrimas se cerraron deseando que ninguna pesadilla agobiara su descanso, y tal vez despertarse al día siguiente descubriendo que todo era un mal sueño, y que Ginny estaba a su lado, como todas las mañanas en esos últimos meses.
Desde el fin de semana pasado que tenía este capítulo listo para subir, pero un maldito error de ff no me dejaba hacerlo, por eso denle las gracias a Bita porque ella me dio una forma para actualizar sin que me tire ese error.
Espero de verdad que este capítulo les haya transmitido todo lo que yo quería, la impotencia de Ginny, el frío calculado de Harry, y su quiebre al final, el cual continuará en el siguiente episodio. Y sí, han acertado en sus ideas y finalmente Ginny había pasado por una situación muy trágica en el pasado. Lo de la profecía creo que es algo muy tirado de los pelos, y Bita, nuevamente, fue la que me ayudó con eso (aquí conocida como Asuka Potter, gracias amiga), pero era la única manera de explicar el por qué de todo lo que ella había vivido.
Bella definitivamente está muerta, y bueno, simplemente queda esperar el final, al cual le faltan unos cincos capítulos, alguno más o algunos menos...
Desde ya les quiero agradecer a los que aún continuán ahí y a los que poco a poco se van sumando día a día. Lamentablemente mis vacaciones se han terminado y ahora me esperan unos largos meses de cursada y exámenes, pero siempre que encuentre un tiempo, me pasaré por aquí a dejarles algo. Por ahora mi prioridad es acabar con esta historia, pero pronto tendrán novedades de las demás.
Los quiero mucho, Jor.
