La razón de todo.
Ese día a pesar del frío endemoniado que estaba haciendo, era el cumpleaños de su mejor amiga, y por eso habían decidido entre todos los compañeros de curso que lo festejarían en una pequeña taberna que había en una de las callecitas del pueblo que lindaban al colegio.
A pesar de que Juliette no se hablaba con todas las personas que asistirían, muchos habían ido bien por haber sido invitados por algún amigo o pareja, o simplemente porque se enteraron y quisieron acudir, en esa época cualquier festejo venía bien. Ginny le había rogado a Draco que la acompañara, a pesar de que se llevaba razonablemente bien con Juliette, él no era muy apegado a las fiestas. Ya en esa época ambos mantenían una relación puramente amistosa, se habían dado cuenta que el fugaz noviazgo que habían tenido en el pasado no había funcionado, y por más que lo volvieron a intentar, acordaron ser simplemente amigos. Era lo mejor para los dos.
Hacía tiempo que no disfrutaban de un festejo, su cumpleaños había sido hacía tiempo y a pesar de que faltaban unos meses para el próximo, el aniversario de nacimiento de su amiga era una buena excusa para disfrutar de una buena cerveza de manteca.
Ginny con una sonrisa pintada en el rostro buscó en su baúl el regalo que había mandado a pedir a Inglaterra, un lindo kit de pociones, las cuales sabía que a su amiga le encantaban. En el baúl la pelirroja también encontró un manojo de cartas todas juntas unidas por un cordón algo deshilachado. Ginny sonrió con tristeza al ver que aquellas era las cartas que había escrito a su familia, las cuales había sido regresadas sin ninguna respuesta, incluso sin siquiera abrir.
Notando como un triste sentimiento comenzaba a embargarla, arrojó las cartas nuevamente al baúl y las metió bien en el fondo. Ese era un día de festejos, de nada valía la pena ponerse triste por cosas que ella misma no entendía. Decidiendo sacar esas ideas de la mente se metió en el baño.
Ginny se observó al espejo y sonrió satisfecha. Su cabello pelirrojo lo llevaba suelto tal y como a ella le gustaba. Lo tenía algo corto, hacía unos pocos meses había decidido quitarle un poco de largo, y ahora le llegaba por los hombros, y realmente le gustaba. Sin embargo había decidido que no lo volvería a hacer, según Draco su cabello era muy lindo como para cortarlo. Ella sonrió al pensar en Draco.
Draco había sido su novio, desde una indiferencia inicial lo de ellos había surgido de forma espontánea notando que tenían muchas cosas en común, a ambos le gustaban las mismas cosas y a pesar de venir de mundos diferentes, uno lleno de riquezas y el otro con el bolsillo apretado, ambos de alguna manera se encontraban solos. Del curso, ella era la única que no era proveniente de la zona, y junto con él, que iba un año adelantado, eran los únicos dos que venían de Inglaterra. Nadie comprendía cuando ellos hablaban de las varitas de Ollivander, o del Callejón Diagon, en esa zona del país, todos compraban su varita con Gregorovitch, y el lugar donde conseguían todas las cosas básicas para el colegio era muy diferente a lo que ellos estaban acostumbrados.
En un principio Ginny encontró en él una familiaridad y una sensación de estar en casa que jamás había encontrado con ninguno, ambos se llevaban bien, a pesar de las diferencias de un principio y de alguna manera congeniaban; pero Ginny inmediatamente confundió eso con algo más y los dos se tiraron de lleno a una relación de dos chicos inmaduros en medio de un período de mucha incertidumbre. Pelas van peleas vienen, un intento fallido de recomponer la relación, y ambos terminaron siendo amigos, de los mejores.
Sin embargo eso no quitaba que ambos se celaran como si de verdad estuviesen saliendo, y tampoco quitaba que muy de vez en cuando se confabularan en una sesión de besos que no iba más allá de eso, besos.
- ¿Ya estás lista?- le preguntó Juliette asomándose por la puerta del baño-. ¡Vaya! Pero si estás preciosa- le dijo la chica de cabello oscuro observando a su amiga.
- Tú tampoco te quedas atrás- le respondió Ginny tomando su barra de labial, pasándolo por sus labios, con ellos hizo un pequeño mohín sonriendo satisfecha ante el resultado-. ¿Te ha dicho algo Iván?
- Me pidió una cita ayer a la noche- respondió Juliette con una mirada soñadora-. Y por supuesto no me negué, sabes que hace tiempo que lo estoy esperando- se acercó a Ginny-. Préstame un poco de tu labial que el mío lo tengo guardado- Ginny le pasó la barra de labial mientras pasaba un cepillo por su cabello.
- ¿Vendrá con nosotros, o irá directamente para allí?
- Viene con nosotros- Ginny se colocó un poco de perfume y le sonrió a su amiga.
- Estás muy linda.
- Tú también, Ginny, tu también.
Draco se encontró con Ginny en el vestíbulo del enorme y frío colegio, mientras que Juliette iba más adelante colgada del brazo de Iván, el cual era uno o dos años más grande que su amiga. Todos se reunieron en una modesta cantina y bebieron cerveza de manteca mientras comían algunas de las comidas típicas y reían de cualquier idiotez que alguno hiciera. Ginny en un momento se paró y dándole una sonrisa tranquilizadora a Draco caminó hacia la barra localizando a una de las meseras.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?- la mesera levantó la vista prestándole atención-. ¿Dónde está el baño?
- Afuera, en una puerta a la izquierda de la taberna, tienes que meterte en el pasillo del costado- Ginny frunció un poco el ceño al pensar en tener que salir de ese cálido lugar, con un seco gracias se dirigió hacia su lugar y tomó su abrigo.
- Voy al baño- le dijo a Draco cuando este la miró interrogante, él asintió con la cabeza y continúo hablando con un compañero de curso.
Ginny apretó más su abrigo contra su pecho al sentir el filoso frío que traspasaba la tela de su capa, con apremio se metió en el baño que no le costó trabajo localizar. Al salir de ese lugar algo sucio y descuidado, el frío volvió a atormentarla, sin embargo un grito desde el bosque lindante a ese pequeño pueblo, le llamó la atención.
Con el ceño fruncido notó que no había nadie cerca que haya podido escuchar ese ruido, por lo que haciéndose la tonta se dirigió hacia la puerta de la taberna cuando otro gritó volvió a llamarle la atención. Aquello no lo podía ignorar, decidió caminar hacia el límite del pueblo y ver qué es lo que pasaba. Con sigilo y tiritando de frío se adentró unos pocos metros en ese árido bosque no encontrando nada fuera de lo normal, ya no oía ningún otro grito, e imaginó que tal vez había sido el canto de algún pájaro extraño que pasaba por ahí, por lo que decidió volver a la taberna.
Sin embargo al darse la vuelta y regresar, dos hombres literalmente borrachos como una cuba, la observaban de forma extraña y Ginny tuvo un mal presentimiento.
- Mira que linda palomita que hemos encontrado- dijo uno de los hombres haciendo viajar sus ojos por todo el cuerpo de la pelirroja.
- ¿Estás perdida, palomita?- Ginny no le respondió al tipo, sólo atinó a pasar rápido entre medio de ellos mientras que con una mano sujetaba con fuerza su varita.
Al pasar, uno de los hombres la tomó del brazo y la hizo girar-. Es de mala educación no responder a lo que te preguntan, palomita.
- Suélteme- pidió Ginny intentando liberarse del agarre. El hombre la tomó con brusquedad también del brazo que sostenía la varita haciendo que Ginny la soltara en un momento de debilidad.
De repente una sensación de debilidad se adueñó de ella, y su corazón empezó a bombear rápido. Ella tenía miedo, mucho miedo.
Y de repente comenzó a correr, golpeó como pudo al tipo que la sostenía en un tobillo y se adentró en el bosque, sintiendo como sus pies sonaban con el crujido de la hojarasca. Los árboles cada vez tenían formas más extrañas y eso la aterrorizó más. Había perdido la varita y tenía demasiado miedo como para volver a buscarla. No oía a aquellos hombres persiguiéndola, por lo que al encontrar un tronco grande se ocultó tras él, sintiendo como su corazón estaba a punto de salírsele del pecho. Tenía calor, de repente el haber corrido y el haber estado tan abrigada, había surtido ese efecto. Sentía las manos transpiradas y ya en su cabeza planeaba como iba a hacer para volver y recuperar su varita.
Sin embargo una mano sucia la agarró con fuerza del brazo y su grito resultó ahogado por la falta de aire. Los hombres la habían encontrado y la arrastraban con fuerza hacia el interior del bosque. Ginny se retorció y mordió todo lo que encontró a su paso, pero fue en vano.
De repente todo aquello le parecía tan irreal que sintió como su cabeza se despegaba del mundo, ya no importaba el frío que sentía en sus piernas desnudas, no interesaba que el suelo estuviera húmedo y helado. Con lágrimas en los ojos y deseando que aquello acabara rápido, no pensó en lo que aquellos hombres le hacían mientras ella gritaba ya de forma inconsciente y se revolcaba como una lombriz intentando escapar del pico del ave.
Aquellos hombres estaban abusando de ella, y ella ya no podía hacer nada. De repente todo se puso oscuro y el frío no le permitía gritar, ni siquiera arrastrarse a buscar lo que había quedado de su ropa desperdigara por el piso. En algún momento había perdido el conocimiento y ahora se hallaba sola, congelada en el medio de la nada y con una angustia que nadie podía comprender. Nuevamente se hizo la oscuridad pero de repente el cálido contacto de alguien la volvió a la realidad.
- Ginny…- gimió una voz conocida para ella tomándole el pulso, ella abrió levemente los ojos e intentó decir algo, pero la voz no le salió-. Merlín, Ginny… ¿Qué te hicieron?...- dijo esa voz desesperada, apuntándola con su varita encendida, utilizando también la varita de Ginny la cual, al parecer, había encontrado a la entrada del bosque.
- Iván fue a pedir ayuda- dijo la voz de Juliette amortiguada por el llanto-. Está helada, hay que buscar algo con qué taparla- la mujer apuntó su varita hacia los lados encontrando la ropa de Ginny totalmente mojada junto a un frío lago.
- Sostén mi varita- le pidió Draco a la chica poniéndose de pie, Juliette la tomó y observó como Draco se quitaba su largo abrigo y envolvía con él el pequeño cuerpo desnudo de su amiga. Rápidamente la tomó en sus brazos y comenzó a caminar con ella, mientras Juliette iluminaba con las tres varitas el camino de regreso, yendo hacia el pueblo, en donde con un poco de suerte encontrarían a alguien que los llevara al colegio, Ginny necesitaba urgentemente de cuidados hospitalarios.
Luego todo fue confuso, Ginny recordaba haber llorado en los brazos de Draco, haber bebido una infinidad de pociones, y haber sido bañada por la amable sanadora la cual la trató con un infinito cariño. Después vino el alta, en donde muchos de su compañeros murmuraban por la espalda, señalándola como si estuviese marcada, y por último llegó el peor golpe, volver a encontrarse con esos hombres un día en donde por insistencia de su amiga, y del mismo Draco, irían a comprar un par de cosas para la escuela. Y allí estaban ellos, muggles comunes riendo a la vez que bebían cerveza en un pequeño puesto muggle que había cerca del bosque. Ginny no dijo nada, tenía demasiado miedo como para hacerlo, sin embargo cuando uno de esos hombres la observó, no pareció reconocerla; y ella se estremeció de horror.
A partir de ese momento comenzó su calvario, sueños y más sueños, visitas a magos poderosos de la región, sin ningún resultado aparente. Hasta que al fin Draco dio con uno, y todo mejoró, cada vez que se encontraba con el hombre de capucha, las cosas iban mejor, ya nadie la observaba de forma rara y poco a poco todo iba volviendo a la normalidad. Las noticias ausentes de su familia y las sonrisas mientras hablaba con sus amigos.
Después todo pasó de golpe, Voldemort se iba y ellos decidieron ir con él, él había logrado acabar con sus pesadillas e incluso había echo desaparecer a aquellos hombres de la región. Le había dicho a Ginny que los había manipulado para que se mudasen de pueblo, pero ahora realmente dudaba de que aquello haya sido cierto.
Bellatrix le había confesado que todo había sido armado, que existía una profecía, en donde ella estaba implicada. Y que todo era premeditado, que aquellos muggles habían sido controlados, que luego Voldemort se había deshecho de ellos. Que sus sueños, sus constantes pesadillas eran obra del mismo hombre, el que supuestamente las había borrado de su cabeza.
Todos en la sala se habían quedado en silencio, Molly sollozaba contra el brazo de su marido y Hermione tenía todas las mejillas mojadas por las lágrimas. Ron tenía el rostro enrojecido, mientras que Harry se había vuelto pálido, comprendiendo todas las cosas que Ginny hacía, las actitudes que tenía con él.
Draco apretaba con fuerza la mano de Ginny mientras ella estaba muda, sin expresión alguna en el rostro. Los fiscales al igual que Kingsley se miraban entre ellos totalmente sorprendidos, y unos cuantos empleados buscaban datos que corroboraran lo que Ginny y Draco habían dicho en unas carpetas.
- Señor Ministro acá encontramos unos registros de dos muggles que fueron hallados asesinados en la época en dónde la acusada se refiere- dijo uno de los empleados ojeando unas hojas, las cuales había sacado de los archivos sobre los asesinatos cometidos por mortífagos.
- Y encontramos además un acta en donde se habla de una profecía hecha por Sybill Treanleway que nunca llegó a guardarse en el Departamento de Misterios- dijo el otro hombre-, porque la bola de cristal fue destruida, Bellatrix Lestrange el mismo día que fue capturada se encargó de romperla frente al fallecido auror Moody.
Nuevamente se hizo el silencio, sin embargo poco a poco comenzaron nuevamente con las preguntas que tanto Draco como Ginny respondían casi sin titubear.
- ¿Ustedes afirman entonces no saber nada de los planes de Riddle sobre el ataque a Hogwarts?
- Ya le dijimos que no- reiteró Ginny fastidiada-. Jamás nos incluyeron en algo, simplemente nos tenían encerrados en las casas que tomaban como cuartel, totalmente desconectados del exterior.
- Me resulta extraño que jamás haya sabido nada- replicó la mujer con cara de sapo, con el rostro circunscripto.
- Ya le dije que no, si quiere déme más Veritaserum o tal vez legeremancia para saber que no miento- Ginny estaba fastidiada, haber confesado su mayor secreto la había dejado agotada y sin ánimos, pero debía continuar y demostrar su inocencia, ya había llorado lo suficiente en todos los años pasados, era hora de dejarlo atrás.
Pero otra vez algo pasó, la puerta del tribunal fue abierta y una persona que Ginny conocía entró dejando una extraña estela de susurros a su paso.
- ¡Severus!- dijo Kingsley
Ginny levantó la vista al instante al igual que Draco, observando como el hombre se sentaba junto a Harry y le decía algo, luego de unos minutos en donde continuaron las interrogaciones, llamaron a Snape para declarar.
- Usted dice conocer a los acusados, ¿o me equivoco?- preguntó Kingsley.
- Yo los conocí cuando era parte de los mortífagos, ustedes bien saben a esta altura el doble trabajo que yo hacía, en Hogwarts al mando de Dumbledore, aún después de que Voldemort lo haya asesinado; y también en el mismo bando de Voldemort.
Ginny miró como ese hombre de piel cetrina y nariz ganchuda estaba hablando por ella, defendiéndola. Esa persona que la había acompañado en sus momentos de soledad, él que le había enseñado, que la había educado, que la había escuchado. Esa persona que consideró traidor, y era el menos traidor de todos.
- ¿Usted sabía quienes eran ellos?
- Conocía quien era Draco Malfoy, porque su propio padre me lo había dicho. Pero en su momento no sabía quien era Ginevra. Nadie me dijo nada sobre todo esto que ellos declararon, lo desconocía totalmente. Pero puedo afirmar que ellos jamás participaron en ninguna misión, de una forma extraña ellos siempre estaban apartados y muy pocos sabían de su existencia. Como yo era uno de los más cercanos al mismo Voldemort me la habían confiado para enseñarle oclumancia, pues según él, ella necesitaba de eso.
- ¿Usted supo en algún momento que ella era Ginevra Weasley?
- Lo descubrí en una clase mientras hacia legerimancia con ella, en esa época yo era considerado un traidor, y por ende nunca dije nada. Sin embargo cuando todo terminó, otros mortífagos me dijeron que esas personas que siempre estaban ocultas habían muerto, y realmente no ví necesario causarle un disgusto a la familia- miró a Molly y a Arthur brevemente con una extraña mirada, no llegando a ser una disculpa. Molly movió ligeramente la cabeza y Arthur asintió con un seco movimiento-, saber que su hija estaba junto a Voldemort y que había muerto no es algo muy deseable en ningún momento. Era preferible que creyeran que estaba viva y que en algún momento aparecería- Severus con su voz impersonal continuó hablando, observando a cada uno de los individuos del tribunal, intentando convencer de que ellos eran inocentes.
- ¿Volvió a saber algo de la señorita Weasley?
- La vi en Hogwarts, un día en donde el escuadrón de aurores cuidó del colegio. Allí hablamos y ella me aseguró que se encargaría de aclarar las cosas a su debido momento- Kingsley asintió y Severus volvió a tomar su lugar.
- En las clases de legerimancia y oclumancia, usted jamás pudo ver el… el accidente en que la señorita Weasley se vio envuelta- Severus apretó los labios negando con la cabeza.
- La magia oscura de Voldemort era muy poderosa, era imposible que pudiese haber visto algo.
Luego siguió una ronda más de interrogaciones hasta que Kingsley hizo la pregunta de rigor.
- Que levante la mano quien considere inocentes a los acusados- más de tres cuartas partes del tribunal levantaron sus manos, incluyendo al mismo Kingsley, el cual sonrió de forma imperceptible observando primero a Harry y luego a Ginny y a Draco-. Creo que está de más decir que fueron absueltos.
Inmediatamente las cadenas que rodeaban las muñecas de los dos acusados, se desprendieron cayendo a cada la dado del apoyabrazos de esa silla. La señora Weasley bajó a trompicones las escaleras que la separaban de su hija y se abalanzó sobre ella envolviéndola en un fuerte abrazo, luego se unió su esposo, y luego el resto de sus hijos. Aquello parecía un enorme círculo de cabezas pelirrojas. Astoria se acercó dubitativa a Draco y le acarició la mejilla. Los ojos de la mujer rubia estaban llenos de lágrimas y Draco simplemente atinó a abrazarla, hundiendo su nariz en el cuello femenino, sintiendo como ella apretaba su espalda y le susurraba muchas cosas, sobre lo feliz que estaba y lo orgullosa que estaba de él.
Harry se acercó lentamente con Hermione, Harry la tenía tomada por la cintura mientras ella limpiaba su rostro con un pañuelo que había sacado de su pequeño bolso. Ambos caminaron hacia Draco, y Harry con una mirada solemne, queriendo decirle tantas cosas y agradecerle unas cuantas, sólo acertó en extenderle la mano, que Draco aceptó sin recelos, dándole un fuerte pero amistoso apretón. Draco sabía que él no tenía palabras en ese momento para decir algo, pero comprendía lo que debía sentir, él lo había vivido en carne propia y daría su vida por la mujer pelirroja que ahora lloraba abrazada a su hermano mayor.
Luego de algún momento, tal vez unos minutos o incluso unas cuantas horas, Ginny se separó de sus padres y de sus adorados hermanos para ir al baño, sentía la cara enrojecida e hinchada de la emoción, y debía hacer algo con su cabello que de seguro estaba hecho un desastre. Frente al espejo pasó sus dedos por el enmarañado cabello y se refrescó el rostro, observando por el reflejo como una mujer de rasgos orientales y pelo oscuro y lacio la observaba con una mueca en el rostro, comprendiendo de alguna manera lo alteraba que se encontraba.
- Me han comentado todo…- dijo la mujer sin disimular su turbación.
- Para ti debe ser un éxito todo esto- dijo la pelirroja con una voz que no reconoció como suya, Cho negó rápidamente con la cabeza y le sonrió con sinceridad, cosa que Ginny pudo notar al ver sus ojos brillantes.
- Nosotras jamás nos llevaremos bien, pero quiero que sepas que ese tipo de cosas no se le desean a nadie- suspiró-. No te pido que comprendas mi comportamiento ni nada de eso. Pero he conocido a alguien que me ha hecho ver las cosas de otra manera, y creo que he cambiado la forma de percibir la vida- Ginny abrió mucho los ojos, comprendiendo de inmediato esas extrañas ausencias que había tenido en el último tiempo.
- ¿Es alguien de este mundo?
- No- dijo Cho acomodando un mechón de su refulgente cabello detrás de su oreja-. Es muggle, lo conocí de casualidad un día que estaba de compras en Londres- sonrió-. Fue repentino…
- ¿Por eso te tomaste unos días?
- Nos fuimos juntos a conocer a su familia, es de un pequeño pueblo del interior- suspiró-. Pero eso no importa ahora, mira… yo quiero disculparme por todo lo que te hice, y los malos tratos…- Ginny negó con la cabeza con una sonrisa.
- Ya está olvidado, perdóname tú también.
- ¿Sabes? Eres una buena chica aunque yo no lo quiera aceptar- Cho se acercó aún más y sacó de su bolso un pequeño paquete y se lo pasó a Ginny-. Esas toallas descongestivas son muy buenas, incluso mucho más que cualquier hechizo- Ginny las aceptó con una extraña mueca.
- Bien… Gracias.
- No es nada… ya sabes, cualquier cosa que necesites…
- Yo…
- ¿Si?- Cho la observó con atención, y ante la dubitación de Ginny se acercó a ella tomándola por lo hombros-. Anda, no creo que lleguemos a ser amigas, pero puedes ser una buena compañera.
- No creo que alguna vez vuelva a ser tu compañera…
- Uno nunca sabe…
- Yo quería pedirte, si tal vez…- aspiró fuertemente aire e intentó juntar fuerzas-. Un traslador, eso.
- ¿Un traslador?- interrogó la oriental frunciendo el seño-. Claro que lo puedo conseguir, pero intuyo que quieres que nadie sepa tu paradero, ¿no?
- Necesito pensar y encontrarme conmigo misma…
- Comprendo- dijo Cho con una sonrisa-. Bien, creo que lo puedo conseguir, hablaré con una conocida del departamento de Transportes Mágicos, te conseguiré uno en donde el destino lo eliges tú- sonrió-. Cuando lo tenga listo te lo hago llegar- comentó caminando hacia la puerta.
- ¡Cho!- la llamó Ginny-. Muchas gracias…
- No es nada- Cho salió por el mismo lugar por donde había entrado dejando una dulce estela de su perfume a aterciopelado que a muchos de sus ex compañeros aurores los traía locos, sin embargo se detuvo un momento sin darse la vuelta-. De todas formas no creo que sea conveniente que te vayas sin hablar con él, ya sabes el carácter que tiene…- la pelirroja no dijo nada y se quedó allí parada sin moverse.
Ginny observó el pequeño paquete de toallitas húmedas que tenía en sus manos y sacando una, la pasó por su rostro sorprendiéndose del increíble efecto refrescante que tenían sobre su piel.
o0o0o
Harry se hallaba sentado en el cómodo asiento de su oficina, observando por la ventana como el hechizo meteorológico estaba fallando estrepitosamente, llovía a cántaros y se parecía demasiado al ánimo que él llevaba encima. Hermione había acompañado a Ginny al departamento de Identificación Mágica, para de esa forma poner al día todos sus papeles y documentaciones, cosa que requería con suma urgencia.
Apenas había pasado un día desde que el juicio había finalizado, declarando inocentes tanto a Ginny como a Draco, sin embargo, a pesar del alivio que sentía por el inminente fallo, Harry se sentía molesto, angustiado, como si una mano fría y grande le apretara el pecho haciendo que le costase respirar.
No se había animado a hablar con Ginny, y de alguna manera, él tampoco lo había buscado. Primero, ella debía darse su tiempo, al igual que él, las cosas para pensar eran muchas, y luego tomarían ambos una decisión, que era lo segundo. Y como tercero, seguramente hablarían y limarían asperezas solucionando, esperaba que de buena forma, todo lo que había pasado.
En ese momento, sentado en su despacho, recordó cada momento vivido con Ginny en donde ella utilizaba cada palabra con un doble sentido que él desconocía, de alguna forma comprendía sus miedos, y entendía todo lo que ella había pensado en su momentos, los temores a estar con él, la necesidad de sentirse querida. Y luego estaba todo lo demás, el futuro de la relación que ambos habían sabido llevar. Tal vez Ginny quisiera borrar todas las cosas de su pasado, y lamentablemente él era parte de eso.
Perezosamente decidió prepararse un café, no se lo pediría a su secretaria, pues necesitaba hacer algo distinto con qué distraerse. Cho lo observó con el ceño fruncido al verlo pasar, sin embargo no le dijo nada y fijó la vista en los papeles que estaba leyendo. El olor a café que invadía la cocina le rememoró momentos de risa, en donde él junto a Ginny disfrutaban de sabores dulces obra de esa enorme cafetera que a Ginny le encantaba. Observó como la pulcra letra de la chica se posaba en un cartel advirtiendo que cada integrante del cuartel debía lavar su taza, de lo contrarío se lo privaría de café durante la siguiente guardia. Harry se estiró sobre uno de los armarios buscando el pote de café que Ginny había comprado, pero entonces la puerta de la cocina se abrió mostrando a esa pelirroja que lo estaba atormentando.
- Te estaba buscando- dijo Ginny algo nerviosa, Harry la observó un momento antes de notar lo tensa que se hallaba y el cansancio que tenían sus ojos. Simplemente era de no creer que hacía un poco más de setenta y seis horas ellos habían estado durmiendo juntos luego de haber hecho el amor por primera vez.
Harry no dijo nada, simplemente le dio la espalda y puso dos cucharas de café en la cafetera, el chico de ojos verdes apretó el botón de encendido y la maquina comenzó a vibrar.
- Yo he venido a buscar mis cosas…- susurró la pelirroja apretando sus manos-. Y… yo quería pedirte disculpas… por todo- aclaró nerviosa-. Sé que no es fácil para ti, porque después de todo yo te mentí, te oculté quien era… y…
- No digas más- dijo Harry sin darse la vuelta.
- Sólo quería decirte eso…- Ginny observó la espalda del chico tensa, tensa y tirante.
- ¿En algún momento fuiste sincera conmigo?- le preguntó tal y como lo había hecho en su anterior encuentro, la pelirroja se acercó un poco hacia Harry intentando darle algún tipo de consuelo.
- Aunque sé que no me creerás, he sido sincera contigo en muchas de las cosas que te dije- Harry no respondió a eso-. He venido a buscar mis cosas- repitió en voz baja-. Y a decirte eso, Cho me dijo que estabas aquí, y bueno… eso…- Harry tampoco respondió.
Ginny observó a Harry muy concentrado en como el café recién hecho, caliente y humeante, caía sobre la taza que Harry siempre usaba.
- Bueno, me voy…- dijo abriendo la puerta, Harry no intentó detenerla y Ginny sintió como el corazón se le rompía en pequeños pedazos, de repente recordó el beso que había compartido antes del juicio y en esos momentos lo sintió como de despedida.
Sus compañeros la saludaron con una trémula, y algunos, hasta sincera sonrisa, sin embargo ella apenas pudo hacer una mueca para responderles la gentileza. Ginny decidió recoger las pocas pertenencias que tenía en su cubículo y luego se iría a su departamento, intentaría calmarse y pensar en lo que haría de ahora en adelante con su vida.
Dean le había dicho unas palabras pero Ginny ni siquiera le prestó atención, sólo había atinado a sonreírle de forma casual cuando él le apretó el hombro, y luego nada más.
Rápidamente, metió todo de forma desordenada en un bolso mediano, conteniendo las lágrimas sintió como alguien le acariciaba la espalda con suavidad.
- Tranquila- susurró Cho intentando calmarla.
- Yo…- Ginny levantó la vista y se sorprendió al ver que muchos de sus excompañeros la observaban extrañados, al parecer se había puesto tan nerviosa, que unas cuantas cosas se le habían caído al suelo.
- Ven que te acompaño hasta el ascensor- dijo la mujer oriental empujándola por la espalda.
- Gracias…- Cho asintió con la cabeza, y de forma disimulada, pero mostrándole claramente lo que estaba haciendo a la pelirroja, metió un paquete envuelto en un papel opaco en el bolso que Ginny.
- El destino lo eliges tú- dijo Cho llamando al ascensor-. Mañana a las diez de la mañana se acciona.
Ginny, sin importar lo que pensaran las personas que pasaran por ahí, abrazó de improviso a la chica que simplemente le dio unos leves golpecitos en el brazo.
- Anda, ojala pueda volver a verte antes de que me vaya del Ministerio- la oriental abrió la puerta corrediza del ascensor e hizo meter a Ginny dentro, cuando las puertas se cerraron, las dos mujeres se miraron y Ginny susurró:
- Que seas muy feliz…
o0o0o
La noche anterior había sido más tranquila de lo que esperaba, luego del juicio y de los abrazos y reencuentros, Draco y Ginny habían decidido volver al departamento que ocupaban y recapacitar sobre todo lo que habían vivido en ese último tiempo. La noche los había sorprendido durmiendo, como en los viejos tiempos, los dos en una sola cama, como viejos amigos, casi hermanos que eran.
Sabía que Draco iba a estar en el departamento esperándola, tal vez Astoria lo estuviese acompañando, pero ese no era un problema, ya encontraría la forma de hablar con su amigo y decirle que se marchaba por un tiempo. Las chimeneas estaban poco concurridas y fue fácil para Ginny tomar un puñado de polvos y aparecer en la sala del lugar en donde había vivido con su amigo esos últimos meses.
Y como esperaba, la espalda menuda y el cabello largo y lacio de Astoria, le indicaba que ella estaba ahí. La mujer se hallaba en la cocina, calentando un poco de agua, seguramente para hacer algo caliente para Draco.
- Hola…- dijo Ginny.
- Hola- respondió Astoria retorciendo el repasador en sus manos-. Draco se está bañando, como no había comido nada yo quise prepararle algo para tomar- sonrió débilmente-. No soy buena para la cocina, ya sabes, y…
- Yo preparo algo- dijo Ginny comprendiendo-. ¿Tú comes también? Yo estoy que muero de hambre- la pelirroja pasó junto a su amiga, o mejor dicho, su ex amiga.
Astoria observó a la pelirroja en silencio, como cortaba con facilidad los vegetales sobre una tabla y como colocaba todo en una olla en cuestión de minutos. Ginny sabía que Astoria estaba ahí, notaba su presencia en la espalda, sin embargo ninguna había dicho nada.
- Ginny… Yo te quiero pedir disculpas por haber pensado mal de ti…
- Estabas en todo tu derecho de hacerlo- Ginny sacó de uno de los estantes una lata llena de espaguetis.
- No te voy a decir que lo lamento, porque es obvio que lo siento. Pero quiero que sepas, que cualquier cosa que necesites…
- Lo sé- dijo con sequedad Ginny-. Yo me arrepiento de haberles mentido- suspiró-, pero bueno, creo que es hora de comenzar de nuevo.
- Siempre se puede volver a empezar, todos lo hicimos…- la rubia aspiró con fuerza-, después de la guerra… créeme que cuando muchos de mis amigos habían muerto… el chico con el que salía…- la vista de Astoria se nubló unos momentos al recordar el desgarrador dolor-, fue muy duro, pero acá estamos. Yo no te considero culpable de nada, simplemente fueron una víctima más como todos nosotros.
- Lo siento…- Astoria le sonrió.
- No lo hagas, tú no tienes la culpa, ya te lo dije- Ginny asintió contagiándose la sonrisa.
- ¿Cómo los quieres? ¿Salsa de tomate o salsa blanca?- indagó la pelirroja buscando unos ingredientes más en la heladera, intentando contener las lágrimas que inundaban sus ojos.
- ¿Las dos?- respondió divertida la rubia, haciendo que Ginny soltara una risotada, tal vez estaba algo equivocada con lo de ex amiga, el tiempo lo diría.
Draco salió del baño envuelto en una toalla blanca, al escuchar risas, se asomó a la cocina, su novia y su mejor amiga parloteaban mientras cocinaban juntas, la rubia se encargaba de cortar los vegetales de la ensalada, mientras la pelirroja sazonaba la salsa la cual ya se podía oler en el ambiente.
- ¿Aprendiendo?- indagó divertido Draco, las dos chicas se giraron hacia él, pero él observó el rostro de Ginny, el cual de alguna manera inexplicable, se hallaba diferente.
- Acabo de llegar y veo a tu novia intentando hacerte algo caliente, y sé que debes estar muerto de hambre- Astoria no pudo ocultar su sonrisa-. Y pensé: puedo enseñarle a cocinar a la novia de mi amigo, no quiero que muera intoxicado- Astoria totalmente colorada le pegó en el brazo con el repasador que estaba usando para limpiar sus manos, luego miró a Draco y su mirada se suavizó.
- ¿Quieres tomar un té?- le preguntó la rubia a su novio, él se negó acercándose a Ginny.
- ¿Cómo estás?- le preguntó acariciándole el brazo, Astoria no vio de mala manera esa muestra de cariño, sino más bien que miró a su novio indicándole con la mirada que tanteara el tema con precaución.
- Sin un enorme peso de encima… Mamá me invitó a casa, me mandó una lechuza esta mañana, pero todavía no me siento preparada…- le dijo-. ¿Y tú? ¿Averiguaste…?
- Pronto, Hermione movió unos contactos y encontró el lugar en donde mi madre está internada. Me dijo que me enviaría unos resúmenes sobre la herencia de mis padres, al parecer todavía es válida- Ginny le sonrió.
- ¡Pero eso es bárbaro!
- Esta tarde iré a la Mansión Malfoy, no sé cómo habrá quedado desde la última vez que estuvimos ahí- Draco frunció el ceño-. He decidido venderla, no quiero tener recuerdos de esa época.
- Si es lo que tú quieres- Ginny se giró y revolvió un poco la salsa que estaba preparando-. ¿Quieres que te acompañe? Podemos ir Astoria y yo…- Draco negó con la cabeza.
- Es algo que debo hacer sólo…
o0o0o
Harry regresó a su despacho en silencio, la taza de café en su mano ya estaba a medio vaciar, y el cubículo que antes ocupaba Ginny ya estaba vacío. Cho le sonrió débilmente al verlo pasar, pero no se detuvo a prestarle atención, prefirió encerrarse en esas cuatros paredes y pensar y aclarar un poco su cabeza.
Totalmente desganado se dejó caer sobre el sofá y se llevó una mano al rostro, largando un trémulo suspiro apretó con su dedo índice y pulgar el puente de la nariz y giró la cabeza hacia un lado, justo frente a sus ojos se encontraba el escritorio en donde tantas veces había compartido desayunos y almuerzos con esa pelirroja que lo traía de la cabeza. Unos golpes en la puerta le hicieron desviar su atención hacia allí, y Hermione, seguida de Ron, entraron a la habitación.
- ¿Cómo estás?- le preguntó Hermione, sabiendo que esa pregunta era una forma tonta de hablar con su amiga, porque era obvio que no estaba bien.
- Acá andamos- le dijo Harry bajando los pies del sillón, haciéndole lugar a su amiga.
- ¿Comiste?
- No tengo hambre- Hermione intentó replicar-. No quiero comer nada- insistió haciéndola callar.
- Deberías alimentarte bien- refutó Hermione haciendo un mohín con los labios-. ¿Al menos desayunaste?- insistió.
- Me tomé un café hace un rato- suspiró-. Lo que realmente necesito es una buena cama, no pude pegar un ojo en toda la noche- susurró frotándose los ojos.
- Si estás tan cansado deberías irte a dormir- replicó Ron-. Sabes que todo está muy tranquilo, los peritajes a la guarida de Lestrange están en marcha y pasarán unos días hasta que lleguen los informes.
- Lo sé, pero sé que si voy a casa no voy a poder descansar- Hermione le apretó la mano con cariño comprendiendo y Ron no hizo ningún comentario-. Tengo tantas cosas en la cabeza…
- ¿No probaste con una poción de sueño?- le preguntó Hermione.
- No tenía más- Hermione frunció el ceño-. Y no, no me iba a poner a preparar esa poción a mitad de la noche con lo alterado que estaba, la última que tomé no surtió efecto- ella asintió mirando el suelo.
Ron sentado en una de las sillas que había frente al escritorio de Harry observó a su amigo, el cual se hallaba con la cabeza gacha y algo meditabundo. Ron comprendía lo que le pasaba, no lo entendía del todo, pero sabía que se sentía traicionado, sus sentimientos, lo que sentía por su hermana.
- Dean me contó que hoy Ginny vino a buscar sus cosas- Harry no le contestó y Hermione miró de mala manera a su novio. Ellos habían hablado la noche anterior, y a pesar de no haber perdonado del todo al pelirrojo por haberles ocultado lo de Ginny, acordaron una tregua y el tiempo se encargaría de aceptar.
- Ron…- advirtió la castaña.
- ¿La viste?- indagó el pelirrojo ignorando a su novia.
- Me la encontré en la cocina- respondió Harry poniéndose de pie, el chico caminó hacia la ventana y con aire perdido observó la tormenta que el hechizo meteorológico había ideado.
- Si no quieres hablar…- le dijo su amiga con dulzura poniéndose también de pie.
- Me pidió perdón. Otra vez…- la interrumpió Harry haciendo que ella se quedara en silencio-. Me pidió perdón- repitió-, pero no le pude responder nada.
- Es entendible…
- No sé lo que me pasó, ni siquiera me animé a mirarla a la cara…- dudó-. Si lo hubiese hecho, les juro que se me pasaron tantas cosas por la cabeza.
- Harry…
- No sabía si besarla, abrazarla o insultarla por lo que había hecho. Una parte de mi está muy dolido por sus mentiras, pero por otro lado quiero reconfortarla…- Harry se pasó una mano por el cabello con gesto nervioso-. Me gustaría poder hablarle, pero no sé… No sé que decirle, no sé cómo empezar…
Hermione observó a su amigo en silencio, todavía no había tenido la oportunidad de hablar largo y tendido con Ginny, sin embargo sabía que Ronald si lo había hecho, de reojo observó como su novio se acercaba a Harry y le ponía una mano en el hombro a modo de consuelo, Hermione sintió como se le formaba un enrome nudo en su garganta y deseó abrazarlos a los dos, como cuando eran pequeños.
- Ginny fue sincera contigo en muchos aspectos- dijo Ron-. Sé que mintió con su identidad y ocultó sus intenciones- sonrió-. Pero ella se arrepintió e hizo todo por protegernos, por protegerme a mi, y también a ti- Ron quitó la mano del hombro de su amigo y se paró frente a él-. Ella te quiere, y mucho. Fuiste su vía de escape, fuiste una de las personas que le abrió los ojos.
- ¿Ella me quiere?
- Te adora- respondió Ron con una sonrisa-. Sé que tal vez todavía es muy pronto, pero habla con ella. Sabrás que no todo es lo que parece- miró a su novia-. Y me dijo que quiere hablar contigo- le dijo rodando los ojos-, tiene intenciones de terminar el colegio, y luego profesionalizarse en algo.
- Dile que con gusto la ayudaré- manifestó alegremente Hermione.
- Mamá la invitará a pasar la noche de fin de año en casa, luego habrá un almuerzo de año nuevo, como todos los años. Y por supuesto que tú estás invitado- le dijo a Harry-. Si quieres podrías aprovechar…
- Lo haré- respondió Harry con una diminuta sonrisa-. Hablaré con ella- Hermione no se pudo aguantar más y abrazó a su novio y a su mejor amigo rodeándolos con los brazos, eran esos los momentos en donde podía decir que aquel trol con el cual los tres habían peleado en su primer año, había sido una de las mejores cosas que le habían pasado en la vida.
o0o0o
Astoria no estaba muy segura si había hecho bien en decirle a Harry lo que Ginny pensaba hacer. En ese momento sentada en el sofá junto a Draco se sentía un tanto nerviosa. La pelirroja había bajado a un pequeño local a comprar algunos víveres, les había prometido que prepararía un delicioso estofado para batallar con el duro frío del invierno.
Draco a su lado había notado su nerviosismo, e incluso le preguntó más de una vez si le pasaba algo, pero su novia le decía que nada, que simplemente eran imaginaciones suyas
De repente las llamas verdes de la chimenea brillaron y Harry Potter salió de ella con los hombros y la cabeza llena de cenizas. Draco miró duramente a su novia y ella sólo se encogió de hombros, era obvio a lo que Harry había venido, y Astoria era total responsable de eso, había aprovechado la escusa de ir a su casa por ropa, y había desviado su camino al Ministerio para advertirle a Harry sobre lo que la pelirroja pensaba hacer.
- ¿Dónde está?- preguntó Harry a Draco, este último suspiró con resignación y se puso de pie.
- Ginny va a matarte- le murmuró a Astoria.
- Ginny no tiene por qué hacerle nada a Astoria, yo fui el que decidió venir a verla- Astoria le sonrió brevemente a su amigo.
- ¿Me vas a decir que viniste motivado porque sí?- Draco sonrió con ironía-. Vamos… ¿Qué te hizo venir tan de repente?
- Vengo a ver a Ginny.
- Ella no está.
- ¿Dónde está?- Astoria le pegó una patada a su novio en la pantorrilla y Draco comprendió que no podría contra los dos.
- Bajó a comprar unas cosas- respondió caminando hacia la cocina, derrotado-. ¿Quieres una cerveza?- le preguntó a Harry, este aceptó.
- Astoria simplemente…
- Ya sé que querrás excusar a mi novia, pero ella fue a hablar contigo de muy chismosa- Astoria con el rostro enrojecido se puso de pie y le quitó a su novio la cerveza de la mano-. ¡Oye!
- No me interesa lo que me digas, tu mismo no estuviste de acuerdo con lo que ella quiere hacer, intentaste convencerla de lo contrario y no te sirvió- ella bebió de la botella de cerveza.
- Astoria…- advirtió Draco con una mirada furibunda.
- ¿Qué?- ella bufó resignada volviéndose a Harry-. Realmente estas cosas me pueden… ¿Puedes creer que Ginny se quiera ir? Pues yo no…- miró a su novio-. Comprende que su lugar ahora es aquí, contigo, con su familia, con sus amigos… ¡Con Harry!- Draco no le respondió, se hallaba más ocupado sacando una cerveza de la nevera.
- Creo que hay que respetar lo que ella piense…
- ¡Y lo respeto! Pero vamos, no es que alguien le prohíba algo, simplemente tenemos derecho de persuadirla- miró a Harry-. ¿Tú qué crees?
Él se quedó en silencio un momento, pero luego miró a Draco y el rubio pudo ver la determinación en sus ojos.
- Yo quiero lo mejor para ella, a pesar de todo, y en estos momentos no debería irse, tendría que aprovechar a desahogarse con su familia ¿Hace cuántos años que no los ve?- sonrió con tristeza-. En estos momentos poco me importa lo que ella tenga para decirme, siendo sincero, tengo miedo de escuchar algo que me destroce- Astoria lo miró con ternura desde donde estaba parada-. Pero sí puedo decirle que haga lo mejor, y creo que quedarse es lo adecuado.
- ¿Y cómo piensas convencerla?- indagó Draco.
- No lo sé- respondió Harry encogiéndose de hombros-. Pero encontraré una manera de hacerlo- sonrió-. Siempre la hay.
- Tú ya sabes lo cabeza dura que es con sus cosas- dijo Draco-. Yo no pude convencerla…
- Lo intentaré, pero no la voy a obligar a nada.
- Bien…- Draco sonrió brevemente y Astoria le tomó la mano con ternura-. ¡Ojalá tengas suerte! Sólo Merlín sabe todo lo que le dije para hacerla cambiar de opinión.
Ginny recogió más fuerte las bolsas de las compras que había hecho y abrió la puerta del ascensor ayudada con el pie. Una vez en la puerta de su departamento, buscó en el bolsillo de su abrigo la varita mágica, para eso tuvo que dejar las bolsas en el suelo y luego hacer el hechizo. Apenas entró a su departamento el calor de la chimenea le golpeó con fuerza en la cara y no vio a nadie en la sala. Seguramente estarían en la habitación, así que Ginny levantó las bolsas mientras cerraba la puerta y caminaba por el pasillo que la llevaba al living, y de allí a la cocina, la cual estaba separada del pasillo por una pared.
- ¡Ya volví!- dijo Ginny llegando al living, quedando de espalda a la cocina, ella dejó las bolsas sobre la pequeña mesa de café y procedió a sacarse el abrigo, y luego la bufanda y el gorro de lana.
- ¿Trajiste café?
- Compré un paquete grande- Ginny se inclinó sobre las bolsas y las tomó todas juntas entre sus brazos, estas le cubrían la vista, sin embargo, ya por costumbre, sabía que no se toparía con nada en el camino hasta llegar a la mesa de la cocina-. El supermercado estaba lleno, por eso me tardé un poco- al bajar las bolsas recién se percató de que había alguien más allí, además de Draco y Astoria, tal y como cuando ella se había ido.
Harry, con una pequeña botella de cerveza de manteca en la mano la observaba en silencio, y Ginny sintió como su estómago giraba a diez mil revoluciones causándole una sensación de vértigo.
- ¿Cómo estás?- le preguntó Harry a modo de saludo, sin importarle su poco tacto, porque la respuesta era obvia. Ginny le devolvió la sonrisa con la que él le hablaba, con el corazón acelerado de uno a cien en menos de un segundo.
Sé que me deben estar odiando por haber tardado tanto, y los reviews de ustedes retándome me hicieron percatarme de eso. Así que aquí tienen, recién terminado de corregir todo para ustedes. A la historia le deben quedar tres capítulos, cuatro como mucho. Así que espero que me acompañen en esta recta final.
Creo que todo lo del juicio fue algo apresurado, pero realmente no me quería alargar demasiado con eso, y creo que ya he despejado todas las dudas que había, si queda algo, háganmelo saber. Lo de Severus me quedó algo tirado de los pelos, pero no se me ocurría otra cosa. Y bueno, lo de Cho, fue algo que surgió de repente, al principio de la historia iba a tener un papel algo feo, pero a último momento decidí cambiarlo, no valía mucho denigrar al personaje, en el fondo terminó siendo buena.
Muchas gracias por sus ánimos en la otra historia, mis exámenes fueron todo un éxito, espero que se repita para la próxima.
Les dejo un beso grande, y espero sus lindos comentarios.
Jor.
