Todo en su lugar.

Harry, con una pequeña botella de cerveza de manteca en la mano la observaba en silencio, y Ginny sintió como su estómago giraba a diez mil revoluciones causándole una sensación de vértigo.

- ¿Cómo estás?- le preguntó Harry a modo de saludo, sin importarle su poco tacto, porque la respuesta era obvia. Ginny le devolvió la sonrisa con la que él le hablaba, con el corazón acelerado de uno a cien en menos de un segundo.

- Aquí haciendo las compras…- respondió algo nerviosa, intentando, en vano, que no se le notase.

Draco se puso de pie y se dirigió hacia su cuarto, y Ginny de una forma poco disimulada, siguió a su amigo para pedirle una explicación.

Harry resopló levemente, como quitándose un peso de encima, y Astoria, por encima de las bolsas del supermercado, le sonrió cariñosamente.

- Dale tiempo… es fuerte que se encuentre contigo así de repente- Harry asintió secamente intentando controlar los latidos acelerados de su corazón, esperando poder hacer entrar en razón a esa terca pelirroja.

Ginny se metió en el cuarto de Draco detrás de su amigo, y mirándolo con aire ofendido se cruzó de brazos apoyándose contra la puerta cerrada.

- Exijo una explicación- susurró.

- Pregúntale a Astoria- respondió él buscando su abrigo, haciendo un gesto con sus manos.

- ¿Por qué está aquí?- Draco elevó una ceja.

- ¿Por qué crees? No me vino a ver a mi, justamente…- ella bufó.

- ¡Ya lo sé! Pero no sé… le hubieses dicho que no estaba, que no sabías a qué hora regresaba…- Draco suspiró resignado.

- Mira, no sé, él está aquí para hablar contigo- Draco sacó su monedero de un cajón y se lo metió en el bolsillo-. Sabes a lo que vino, así que no lo arruines- ella hizo un mohín con los labios y estaba a punto de protestar cuando él la interrumpió-. Yo voy con Astoria de compras, volvemos en una hora- ella gruño disconforme.

- Y nos dejarán solos…- resolvió Ginny.

- Exacto- Draco salió de la habitación y Ginny se sentó en la cama, llevándose las manos a la cabeza. Aquello era difícil, muy difícil.

Por la cabeza la pasaban mil cosas, ¿cómo empezar a hablar?, ¿qué le iba a decir?, ¿él que le iba a preguntar?

De forma nerviosa, rozando la locura, Ginny enredó los dedos en su cabello y totalmente perturbada se meció hacia delante y hacia atrás unas pocas veces para luego ponerse de pie.

Rápidamente se miró al pequeño espejo que había en esa habitación y peinó su cabello de forma rápida pasando sus dedos, desenredando los mechones que había enmarañado. Aguzando el oído, sintió como la puerta de salida se cerraba, indicando que ambos se habían quedado solos. Tomando fuerzas, de vaya a saber Merlín dónde, salió hacia la sala ensayando una natural sonrisa.

- ¿Se fueron?- preguntó Ginny de forma casual acomodando un mechón de pelo detrás de su oreja.

- Dijeron que iban a comprar algo- respondió Harry sonriéndole, ella asintió acercándose, y luego comenzó a sacar de las bolsas las cosas que había comprado y las acomodaba encima de la mesa-. Astoria me dijo que…

- Ya lo sé- lo cortó Ginny.

- ¿Te molesta que haya venido?- le preguntó Harry al sentir la frialdad de la chica.

- Sabes que no…- se mordió el labio concentrada en acomodar las cosas en la mesa-. Pero no me gusta que se metan con mis cosas…

- Ella creyó que era lo mejor.

- También lo sé- Ginny tomó unas cuantas latas y las metió dentro de la alacena. Harry la observó hacerlo y decidió ayudarle, pasándole las cosas que estaban encima de la mesa.

- Astoria me dijo que tenías pensado irte- ella asintió secamente-. ¿Se puede saber a dónde?

- Aún no lo he decidido- Harry asintió, y aunque se moría de curiosidad por saber más, no se animó a preguntar-. Igual no es que voy a desaparecer como hasta hace poco, simplemente quiero estar sola un tiempo para pensar un poco- Harry no le dijo nada, y Ginny se sintió algo incómoda por ese breve silencio.

- Si es lo que necesitas…

- Efectivamente, eso necesito- respondió la pelirroja a la defensiva.

Harry le pasó un paquete de azúcar que Ginny se encargó de volcar dentro de un recipiente que usaba para guardarla, luego puso agua en una olla y la puso sobre la hornalla.

- ¿Te ayudo?- le preguntó Harry, recordando que muchas veces la acompañaba en la cocina, ayudándola con algunas cosas que hacían a la comida.

- Si quieres puedes ir pelando las patatas- le dijo Ginny señalándole un cuchillo que había sobre la mesada. Cuando Ginny cocinaba sin magia, era porque de verdad necesitaba pensar, y también hablar; y eso él lo sabía perfectamente.

Ambos trabajaron en silencio, solo escuchándose el ruido que hacía Harry al pasar el cuchillo por la hortaliza y los golpes de Ginny mientras picaba los ingredientes.

- Me imagino que Molly te habrá avisado de la cena de fin de año…

- Si, me lo dijo- Ginny cortó en pequeños cubitos una de las patatas a las que Harry se estaba encargando de preparar-. Pero aún no estoy lista para volver a pisar La Madriguera.

- ¿Le has dicho que te vas?- ella negó con la cabeza y Harry liberó un suspiro-. Deberías hacerlo, cuando se entere se pondrá muy mal.

- Pero yo tampoco quiero que esté ocupándose de mi en todo momento- él sonrió al captar ese orgulloso temperamento Weasley, el cual compartía con Ronald.

- Y no lo hará, Molly querrá recuperar algo del tiempo perdido y vivir el día a día- ella no le respondió, sus manos se movieron ágiles manipulando el alimento mientras Harry se secaba las manos habiendo concluido con su tarea.

Harry la miró, con la espalda apoyada en la pared, y observó, como siempre que lo hacía, el color hipnotizante de su cabello, el brillo tenue que lo hacía más llamativo, y el son al compás de los movimientos de Ginny y sus brazos. No se podía cansar de mirarla, hacerlo era como hipnotizante para él, y además sabía lo conciente que era ella de que él la observaba.

- ¿No crees que es hora de decirnos todo de una vez?- cuestionó Ginny a Harry, bien despacio.

- Solamente estaba intentando no ser tan frontal- le respondió él de forma divertida, Ginny no pudo reprimir una sonrisa, la primera que realmente era sincera luego de que todo se supiera.

- Digamos que tú jamás has tenido tanto tacto- refutó ella siguiéndole el juego.

- Tacto… así le llaman a mi mano derecha- Ginny rió-. ¡No te rías! Estás rompiendo mi corazón…- Ginny rió más contagiando a Harry la risa-. ¡Tonta!- Harry se acercó a ella y suavemente la tomó de los hombros-. Anda, deja de reírte- le pidió en un susurro, ella lo hizo automáticamente, pero no porque fuera una orden, sino que simplemente su cercanía la ponía algo tonta.

- No te das una idea de cómo lo siento…- susurró dejando que sus manos, cual mariposa, vagaran por los brazos de Harry, sintiendo su calor, sintiendo su fuerza a través de la tela.

- Lo sé…- Harry la acarició la mejilla disfrutando de cómo ella cerraba los ojos disfrutando de la dulce caricia que él le regalaba-. Pero dejemos eso para después…- le pidió en un susurro, acariciando ahora su espalda, maravillándose por el estremecimiento de ella ante esa acción de él.

- Nunca mentí al decirte lo que sentía por ti- Harry asintió con los ojos brillantes y observó los labios de ella, aquellos que tantas veces había besado y había disfrutado. Ginny al percatarse de ello, deseando con todas sus fuerzas que la besara, cerró los ojos y se puso en puntillas, estirando su cuerpo, dejando que él le apretase más la espalda y la besase como ella quería. Sin embargo ese beso que tanto quería no fue así como esperaba, él la beso, claro que sí, pero fue un contacto en su frente, y Ginny no pudo evitar gemir suavemente a modo de molestia.

- Yo tampoco, Ginny- respondió él hundiendo ahora su rostro en el cuello de Ginny, inclinándose hacia ella, sintiendo el aroma de su cabello que había deseado sentir desde la noche en donde habían estado juntos por primera y única vez.

Ninguno volvió a decir nada, Ginny se giró lentamente y Harry se sentó en la pequeña mesa que había en la cocina, esperando a que ella le diera algún indicio, algo que él pudiera hacer o decir.

El aroma de la comida comenzó a inundar la habitación y Harry sintió como las tripas le comenzaban a gruñir exigiendo un poco de lo que Ginny estaba preparando. Él sabía que no se habían dicho mucho, y que había demasiado para hablar, pero reconocía, al menos tenía una certeza, de que ella de verdad lo quería, no en vano se lo había dicho; y eso era un paso más, algo muy importante, y Harry pensaba tomar provecho de eso. En esos minutos que había pasado junto a ella cocinando uno al lado de otro habían sido suficientes para quitar de su cabeza cualquier duda sobre lo que quería hacer.

- ¿Quieres que te prepare algo mientras esperas?- le preguntó ella usando su varita para que el cucharón girara dentro de la enorme olla.

- ¿Qué tienes?- ella le sonrió levemente abriendo la nevera y buscando algo para él.

- Puedo hacerte unos crepes, tengo un poco de queso, jamón y tomate- Ginny acomodó todo su cabello sobre uno de sus hombros y sacó la caja de leche, junto a la mantequilla y rebuscó en una de las alacenas el pote de harina. A Harry no le hizo falta ni siquiera aceptar, Ginny lo trataba tal y cual a como lo hacía hasta unos días atrás, fijándose que no le faltara nada, que disfrutara de lo mejor, y en pocos minutos tuvo un tibio plato justo frente a él el cual su estómago agradeció con un ronroneo.

- ¿Falta mucho para que esté?- indagó él señalando con la cabeza hacia la enorme olla humeante.

- Y al menos… media hora- Harry la tomó rápidamente de la mano y tirando de ella la obligó a inclinarse hacia él, Harry, de forma rápida, soltó su brazo y tomó el rostro de Ginny entre sus manos dándole un pequeño beso en los labios. Ella se lo quedó viendo en silencio, y con una trémula sonrisa salió de la cocina, dando la excusa de que tenía frío e iría a buscar un suéter en su habitación, e inmediatamente luego de cerrar la puerta, ella se tapó la boca con las manos y saltó en el lugar eufórica, con una enorme sonrisa en el rostro y una sensación placentera y alocada en todo su cuerpo.

Apoyada contra la puerta cerró los ojos intentando calmarse, sentía como poco a poco el alivio la comenzaba a invadir dejándola algo floja, la tensión se había ido de su cuerpo y ahora había estertores de diferentes sensaciones, sus músculos relajándose, sus ideas diluyéndose.

Ya todo estaba por fin terminando, y ella buscaría tener un nuevo comienzo.

- ¿Estás bien?- Ginny no supo cuanto tiempo estuvo encerrada en su cuarto, pero cuando pareció salirse de sus pensamientos, él estaba golpeando a la puerta buscando por ella.

- Eh… sí, sólo que me quedé…- Ginny abrió la puerta dejándolo pasar. El cuarto no estaba muy ordenado que digamos, ella se había encargado de comenzar a separar las cosas que realmente quería conservar de su pasado, como las fotografías con sus amigos, chucherías de su adolescencia y pequeñas cosas que sumaban mucho para ella.

Harry pasó a su lado aceptando la clara invitación de Ginny. En el mismo lugar en donde él lo había visto, estaba su baúl, ahora completamente vacío y sin nada oscuro del pasado de la chica. También vio en una de las esquinas dos enormes bolsas, las cuales tenían el sello del Ministerio, llena de cosas, que supuso eran de su antigua vida.

- No mires tan raro las bolsas, Harry- le dijo ella acercándose a una de ellas sacando una mascara blanca, aquella característica de los mortífagos-. Hermione me pidió si en vez de deshacerme de todo esto, lo podía entregar al Ministerio, según ella se puede obtener información que yo desconozco- la pelirroja se encogió de hombros metiendo la máscara nuevamente dentro de la bolsa-. A mi no me interesa, mientras más lejos esté de mí, mejor...- Harry no despegó la vista de la bolsa en donde la pelirroja había metido la máscara blanca, y ella se percató de eso.

- La mañana en donde te fuiste de casa, apenas me avisaron del ataque que habría en el Ministerio, yo te vine a buscar ¿sabes?- Harry se sentó en la cama, junto a ese libro hueco que estaba lleno de fotografías-. Quería que te fueras con Hermione a la casa de Ron, y que se quedaran allí, y sabía que no te iba a gustar nada, pero no quería arriesgarte a algo así…- Harry acarició el libro de fotografías abriéndolo y sacando aquellas planchas de papel impresas con imágenes en movimiento-. No podía creer lo que estaba viendo cuando entré aquí a buscarte…

- Yo pensé que te lo había dicho mi hermano- Ginny tomó asiento en la pequeña silla que había junto a su escritorio, chocando con sus piernas las piernas de él-. Nunca imaginé que tú…

- Eso de alguna manera fue más fuerte… luego me encontré con Ron, y bueno, ante lo inevitable, él me lo confirmó- Ginny buscó su mirada y deseó abrazarlo, pero en cambio estiró el brazo y le tomó la mano, apretándosela con fuerza.

- Yo…

- Pero creo que lo que más me dolió, luego de ver la máscara y esas cosas…- dijo él mirando hacia las bolsas del Ministerio de la Magia-. Fue muy feo ver este libro abierto y encontrar esa foto en donde estás con toda tu familia, ver tu letra… ¡Te juro que no supe que hacer! Si ahora me lo preguntas, no sé ni siquiera como hice para llegar a encontrarme con el equipo…- Ginny tragó con dificultad y movió sus piernas nerviosa.

- Te tendrías que haber enterado de todo de mi boca- suspiró-. Pero ya no puedo hacer nada con eso…

- Y no…- Harry la hizo sentarse en la cama cruzando sus manos entrelazadas sobre las rodillas-. ¿Y a dónde te irás?

- Tenía pensado irme a algún pequeño pueblo por unos días… Después de todo lo que pasó, creo que necesito algo así como para encontrarme conmigo misma- sonrió-. Será por poco tiempo, unos días, unos meses, no sé.

- Yo ya te dije lo que pienso- Harry estiró las piernas y continuó hablando-. Aquí tienes a muchas personas que te quieren y están dispuestas a todo por ayudarte.

- Lo sé…

- Sólo piénsalo- ella se puso de pie y se acercó a unas de las bolsas metiendo su mano dentro, buscando algo.

- Más allá de la situación y todo eso, quiero mostrarte algo- Ginny sacó un montón de fotos envueltas en una tirita elástica-. En los años que escapamos conocimos muchos lugares, y hay varios en donde de verdad me gustaría volver- le pasó una imagen con un hermoso y tranquilo paisaje en donde los enormes árboles de muchos colores cubrían la entrada de un pequeño bosque, y en el fondo una inmensa montaña se alzaba mostrando la espalda de Ginny subiendo por unas rocas-. Es Australia, con Draco solíamos recorrer esos lugares deshabitados, eran de los pocos momentos en donde podíamos estar solos, y habíamos conseguido una cámara en uno de los tantos pueblos mágicos por donde pasábamos de casualidad, siempre encubiertos…

Y así esa agradable charla dio paso a la cena, Astoria y Draco habían vuelto de la calle con un enorme pote de helado que Ginny no tardó en atacar con una sonrisa perezosa, esa que tanto le gustaba a Harry, como otras tantas cosas de ella. En los momentos en donde se quedaban a solas simplemente hablaban, ella le contaba momentos de su vida, experiencias y miles de cosas que jamás creyó compartir con él, realmente se encontraba entusiasmada con ese nuevo hecho de tenerlo como cómplice.

Harry no volvió a intentar besarla, y ella no se lo insinuó, cuando Harry decidió que era hora de volver a su casa ambos se despidieron como muy buenos amigos, y a pesar de que aún continuaban muchas asperezas por limar, el tiempo, los días y las horas se encargarían de hacerlo.

Ahora Ginny tenía una importante decisión en mente, debía elegir entre quedarse en Londres, o aprovechar la oportunidad que Cho le había dado, de escapar por un tiempo y retomar todo con las energías recargadas. Las dos cosas eran tentadoras, allí estaba toda su familia en cambio allá no tenía nada, no iba a alejar a Draco de Astoria ni de la posibilidad de recuperar a su madre.

Irse o no irse… era algo que debía meditar mucho, y apenas tenía una noche para hacerlo.

o0o0o

Harry no volvió a tener contacto con Ginny en los dos días que pasaron antes de las últimas horas del año, Hermione le había comentado que finalmente había decidido quedarse, y de manera divertida agregó que había sido la misma Cho la que le había conseguido ese traslador. A Harry mucho no lo sorprendió eso, la oriental había hablado con él hacía unos pocos días comentándole su intención de renunciar y comenzar una nueva vida junto a al muggle que tanto amaba, le había confesado que lo suyo por él había sido un simple encaprichamiento y que ella había dado a Ginny la posibilidad de retomar las riendas de su vida, como ella lo había hecho.

Él no supo que hacer, si sonreír o matarla, por un lado le gustaba que finalmente se hubiese acercado a Ginny ofreciéndole la oportunidad de un respiro, pero por otro, ese respiro estaría alejándola de él, y eso era lo que menos quería, él la deseaba bien cerca.

Ginny había aprovechado esos días para pasear y caminar por la enorme muchedumbre de Londres, no se había privado de pasear por el Callejón Diagon ni tampoco de visitar el negocio de sus hermanos, ese que hacía un tiempo había visitado con Hermione cuando ellos no estaban.

- ¡Milagrosos los ojos que te ven!- dijo George encantado con la visita de su hermana, vestido con su chaqueta de cuero de dragón con una enorme sonrisa en el rostro-. Fred no se lo podrá creer cuando te vea, ahora está en el fondo haciendo vaya uno a saber qué con Angelina- acotó guiñándole un ojo.

- Entonces no lo molestes- replicó encantada, George posó su mano en la espalda de Ginny y la guió hacia el local lleno de personas, como siempre solía estarlo.

- Imagino que no te habrás olvidado de que como gemelo de Fred, no puedo dejar pasar una situación como esta- Ginny sonrió-. Pero haré la excepción sólo por ti- una chica de túnica púrpura se acercó a George y le preguntó una cosa-. Ella es Ginny, mi hermana menor- presentó el pelirrojo.

- Mucho gusto, yo soy Vanity- le dijo la chica extendiéndole la mano-. No sabía que tenían una hermana…- Vanity se llevó un dedo a los labios y miró con curiosidad a la otra mujer-. Y realmente es muy parecida a ustedes, ¡tienen las mismas orejas!- Ginny rió divertida.

- Espero que eso sea algo bueno- susurró George tocándose el lado en donde una oreja le faltaba-. ¡No quiero pensar que es una broma de mal gusto!

- ¡Bueno, en todo caso tiene las orejas de Fred!- ahora fue George el que rió y Ginny comprendió que era normal bromear por esa falta de su cabeza.

- Debe ser contagioso trabajar todos los días con ustedes…- dijo Ginny observando como Vanity asesoraba a un niño sobre una bolsa de caramelo, los cuales harían cosas que no quería saber.

- Al principio era media amargada, pero finalmente se adaptó a ello- George llevó a Ginny hacia detrás del mostrador y la hizo subir unas escaleras a los pisos superiores-. De aquí puedes ver todo el local- Ginny se fijó en la puerta que constantemente se abría y cerraba.

- Parece que les va bastante bien- dijo mirando como muchos chicos sonrientes, muchos de las manos de sus padres, miraban y tocaban todo cuanto pudieran.

- Las vacaciones siempre son bien bienvenidas- George le dio la espalda a la entrada y miró con cariño a su hermana-. ¡Pero mírate! Estás hermosa, enana- George la tomó de la mano y la envolvió en un abrazo de oso, como solía darle cuando era pequeña.

- Y tu estás muy guapo con esa única oreja- respondió ella pasando sus manos por la espalda de su hermano.

- Ya me lo han dicho- George la miró con ojos sonrientes tomándola de los brazos-. Y yo digo que son los gajes del oficio, me hace más interesante aún- Ginny negó divertida observando la puerta hacia una enorme habitación, en donde suponía, tanto él como Fred, vivían.

- ¿Ahí es donde viven?- George asintió guiándola hacia la puerta, haciéndola pasar a una enorme habitación, mucho más grande de lo que de verdad debía ser, los encantamientos extensores siempre eran buenos para esas cosas.

- ¿Quieres algo de tomar?- le preguntó dirigiéndose hacia la pequeña cocina en una de las esquinas en donde un muro de mediana altura servía de división.

- ¿Qué tienes?- preguntó ella mientras tomaba asiento en un pequeño espacio que había en un sillón, este estaba lleno de cajas. Ginny se asomó dentro de una de ellas y sacó un pequeño pilón de cartas que le resultó muy colorido, este se barajaba solo.

- De lo que quieras…- George sacó una botella de hidromiel y buscó dos copas de metal entre medio del revoltijo que tenía en la mesada.

- ¿Por qué no las convocas?- George miró un momento a su hermana y sonrió.

- Siempre tan listilla…- George convocó las copas y se dirigió hacia su hermana, observando que tenía el mazo de cartas autobarajables-. Yo que tú me andaría con cuidado cuando sacas algo de ahí, a lo sumo que quieras arriesgarte a tener el pelo verde o unos cuantos moretones de más- Ginny dejó el mazo dentro de una de las cajas y luego bajó aquella al suelo, haciéndole lugar a George.

- ¿No tienes nada para comer?- George soltó una carcajada y con su varita hizo levitar un paquete de patatas fritas.

- El apetito Weasley es indiscutido- comentó él sirviendo el dulce hidromiel dentro de las copas.

- Hay que hacer honor al apellido- Ginny levantó su copa haciéndola chocar contra la de su hermano en eso que la puerta se abría dejando pasar a un Fred algo animado, con una enorme sonrisa en el rostro.

- ¡Que hermanos más crueles!- exclamó de forma trágica.

- Tú te estabas dando el lote con Angelina…- Fred frunció el ceño de forma graciosa rebatiendo a George.

- Al menos tengo con quién hacerlo ya que tengo una novia- recalcó.

- ¿Y a ti quién te dijo que yo estoy sólo?- indagó George divertido, convocando otra copa que luego llenó con ese líquido dorado.

- ¡Eso no me lo habías contado!- reprochó Fred ofendido-. ¿Puedes creerlo?- interrogó a Ginny bajando una de las otras cajas al suelo-. ¿Por qué no recogiste toda esta basura?- retó a su gemelo.

- No tengo habilidades de elfo doméstico, querido hermano…

- Al menos podrías haber utilizado un hechizo autolimpiante- susurró mirando como unas enormes pelusas se formaban entre algunas de las cajas.

- ¿Y para qué tienes a tu novia?- Fred le tiró con el mazo de cartas a la vez que Ginny exclamaba un "oye" en clara defensa del género femenino.

- Déjalo, últimamente se ha vuelto algo troglodita- George no le respondió nada, ya que se hallaba limpiando el hollín de sus ojos que había dejado el mazo de cartas, el cual había explotado.

- Al menos no soy un pollerudo…- Ginny rodó los ojos bebiendo de su copa de hidromiel y metiéndose una patata en la boca, esos dos nunca cambiarían.

La cómica discusión sobre la división de los quehaceres domésticos terminó haciendo reír a carcajadas a Ginny, que luego ya llegada a casa puso en duda, simplemente había sido una forma de hacerla entrar en confianza y relajarla, dudaba mucho que sus hermanos se preocuparan por la mugre de su habitación, si el negocio iba viento en popa.

Ginny se encontró divertida platicando de diversos temas, probando los nuevos inventos de su hermano y posando ante ellos un suave color pálido, nada saludable, que producía unas de las pastillas metamorfomagas, ahora parecía un nocturno vecino de Transilsvania.

Con unos simples hechizos logró apilar las enormes cajas en una de las esquinas permitiendo de esa forma utilizar ese famoso hechizo autolimpiante del que tanto le reclamaba Fred a George, logrando que el departamento sea más presentable.

- ¿Mañana irás a casa?- le preguntó Fred en un momento, ayudando a su hermana a acomodar los platos de la cocina, los cuales no se lavaban de seguro desde la caída de Voldemort.

- No me lo perdería por nada- respondió pasándole uno de los platos para que él lo secara, George había bajado al Callejón Diagon a comprar algo para picar mientras tomaban cerveza de manteca, sin decirles que de paso se pasaría por el banco de Gringotts en donde Bill estaría por terminar su turno, haría que él se encargue de avisarles a sus otros tres hermanos.

- ¿Y qué tal lo llevas?- Ginny observó a su hermano, y su vista se posó por unos segundos en la enorme cicatriz que le surcaba la sien perdiéndose en la base de crecimiento de su cabello.

- Bastante bien- Ginny estiró su mano acariciando esa larga cicatriz, haciendo que Fred le devolviera una sonrisa-. ¿Esta es…?

- Es el golpe que casi me quita la vida- Fred recibió otro de los platos que Ginny le pasaba-. En la batalla en el colegio se me cayó una pared encima, Ron, George, Percy y Harry me sacaron a rastras, y no sé de cómo pude sobrevivir a semejante conmoción…- se encogió de hombros-. Igual eso no me salvó de tener que pasar unas cuantas semanas internado en San Mungo, imagínate cuando salí de allí, estaba medio pelado, y te lo digo literalmente, porque me pelaron sólo la parte en donde me había lastimado- Ginny soltó una risilla al verlo simular su cabeza media pelada y media llena de su colorado pelo-, y ni hablar del color verdoso de mi cara- hizo una mueca-. ¡Un horror!

- Al menos la sacaste barata…

- Si… ¿no? Podría haber sido peor- Ginny le pasó el último plato y luego de secarlo Fred se encargó de acomodarlo con su varita en esa alacena que muy pocas veces habían ordenado.

- Siempre…- ella se recargó contra la mesada y le sonrió a su hermano, el cual le devolvió la sonrisa-. ¿No me piensas hablar de Angelina?- Fred soltó una carcajada y miró con los ojos sonrientes a su hermana.

- Ella era una compañera del colegio- caminó hacia uno de los tantos estantes y sacó una caja de madera, la cual estaba llena de imágenes en movimiento-. Ella era cazadora, y con George, como recuerdas, éramos los golpeadores- Ginny miró la imagen en donde los dos gemelos muy sonrientes sostenían los enormes bates cada uno en un hombro opuesto, Harry estaba en el medio, como todo buscador y Ron en una de las esquinas, con su enorme casco protector bajo el brazo.

- ¿De qué año es?- Ginny giró la foto pero no encontró nada escrito.

- Nuestro último año…- Fred contó con sus dedos los años-. En el 96… creo… luego le pregunto bien a George, él sabe.

- Yo también jugaba al Quidittch en Durmastrang, los partidos eran apasionantes…

- ¿Y en qué posición jugabas?

- Yo era cazadora, pero algunas veces hacía de buscadora- señaló a Harry indicándole su lugar-. Era parte del equipo, e incluso jugué alguna vez en el mismo que Viktor Krum.

- ¿Krum?- ella asintió-. ¡Ese tipo si que sabe lo que hace!

- Era nuestro ídolo… una de mis amigas del colegio se terminó casando con Iván.

- Ufff- Fred lanzó un silbido dejándose caer en el sillón-. Nada tonta ¿eh?

- Se conocían de pequeños…- Ginny se sentó a su lado-. ¿Y qué tal el negocio?

- Como ves, mejor que nunca- Fred se recostó contra el sofá y Ginny aprovechó para acariciarle la cabeza, tal y como hacían cuando eran pequeños, hacía muchos años atrás.

- Recuerdo que ustedes siempre bromeaban con la tía Muriel… y ella siempre se ponía histérica cuando colocaban esos globos de gases en su asiento- Fred le sonrió con complicidad girando la cabeza para mirarla.

- Siempre fue una vieja histérica, pero al menos antes de morir, reconoció que la divertíamos un poco en los peores momentos- suspiró-. Al final la tía se hizo querer, a duras penas, pero lo hizo…

- ¡Es increíble que hayan logrado todo esto ustedes solos!- Fred volvió a sonreír con una mueca extraña.

- En realidad no fue todo mérito nuestro…- ella lo miró interrogante-. Las ideas estaban, con George hacían años que estábamos juntando dinero, galéon sobre galeón para al menos hacer una pequeña inversión en cualquier cuchitril. Pero como siempre, Merlín nos tocó con su varita mágica.

- ¿Merlín?- la diversión bailaba en los ojos de Ginny ante la expresión de su hermano.

- Bueno, no exactamente Merlín, pero podría ser perfectamente una personificación de él…

- No entiendo- Ginny inclinó la cabeza acercándose a su hermano-. ¿Quién…?

- Harry- Ginny abrió los ojos sorprendida, pues eso era algo que no sabía.

- ¿Cómo hizo…? Es decir…- ella sabía que él tenía unas cuantas cuentas en Gringotts y que su pasar económico era más que bueno, sin embargo le costaba entender por qué había hecho eso por los gemelos.

- Nos dio los mil galeones que había ganado en El Torneo de los Tres Magos- ella asintió-. No lo sentía como suyo, y según sus palabras, harían falta muchas risas en los momentos oscuros que se acercaban, y sí, tenía mucha razón- Ginny miró de forma comprensiva a su hermano.

- Eso es muy de Harry…

- Y bueno, lo tomamos como la gran inversión, al año siguiente las cosas se pusieron feas en el colegio, y decidimos abandonarlo e iniciar nuestro negocio que ya había repuntado muchos con los alumnos del colegio que nos compraban. Y al cabo de unos meses ya teníamos nuestro local en el callejón Diagon siendo uno de los más concurridos por todos los magos.

- Vaya…

- Simplemente inimaginable, luego… cuando todo se puso ya imposible, continuamos el negocio por correspondencia, la tía Muriel, ya que en su casa nos escondíamos, se había puesto histérica, pero una vez todo acabado tuvo que reconocer que algunas de las bromas le causaban gracia, en especial las que hacían renegar a mamá.

- ¿De qué se murió la tía Muriel?- indagó ella tomando una de las patatas que había aún dentro del paquete.

- Se le había escapado uno de los gatos, la pobre vieja subió al techo a buscarlo y bueno…

- ¿Se cayó?- Ginny se cubrió la boca con las manos en un gesto de puro asombro.

- No, se murió de vértigo- respondió Fred soltando una risotada, Ginny no pudo evitar contagiarse.

- Pobre vieja…

George apareció a los pocos minutos con enormes bolsas en las manos acompañado de otro de los hermanos, el mismísimo Bill, el hermano preferido de Ginny. Al verlo entrar, prácticamente se arrojó a los brazos de él y dejó que las lágrimas se escurrieran por los ojos cuando él la hizo girar y girar en el lugar.

- Lo veo y no lo creo…- susurró él acariciando su cabello, el rostro femenino que aún conservaba algunas marcas de lo vivido hacía poquitos días.

- Yo tampoco lo puedo creer…- Bill le sonrió con regocijo y la hizo girar sobre si misma, observando todo lo que había crecido.

- Espero que tu sobrina no se ponga tan linda como tú- Ginny soltó una risa cantarina.

- ¡Ni tanto!- refutó Ginny-. Seguro que con la mujer que tienes tu hija será toda una estrella…

- ¡Merlín no!- Ginny le pegó cariñosamente en el brazo y volvió a colgarse de su cuello disfrutando de ese contacto que tanto había añorado.

- ¡Te extrañé tanto!

- Y yo a ti…- Bill le apretó la espalda y Ginny volvió a reír de forma alegre girándose ahora hacia los gemelos los cuales acomodaban un par de víveres que George, seguramente junto a Bill, se había encargado de comprar.

- ¿Qué prepararemos de comer?- preguntó Ginny acercándose ahora a los gemelos.

- No lo sé hermanita- dijo Fred.

- Pero lo único que te podemos decir- dijo George.

- Es que tendrás que hacer mucha…

- ¡Pero mucha!

- Muchísima comida- George asintió las palabras de su hermano con un movimiento de cabeza.

- ¿Vendrán los demás?- Bill le respondió afirmativamente con un gruñido.

- No esperarás que Ron y Charlie se perdieran de una cena de hermanos- dijo George.

- Y menos aún Percy con lo pomposo que es…- acotó Fred siendo interrumpido por el chirrido de la puerta del departamento, dando paso a Ron, Percy y Charlie, los recién mencionados.

- ¿Hablaban de mí?- indagó divertido Percy con los ojos chispeantes detrás de sus anteojos de carey, Charlie lo empujó de forma brusca dándose paso hacia Ginny, la cual levantó con sus manos haciendo que sus pies no tocaran el suelo. Ron reía a carcajadas junto a los gemelos y Percy, con una sonrisa disimulada, dejó una enorme bolsa la cual citaba el nombre de la famosa heladería, encima de la mesada.

Luego de las bienvenidas y las risas, y habiéndose asegurado los gemelos de que nadie los molestaría, Ginny junto a Bill se hicieron cargo de la cocina, prepararían una enorme cantidad de tallarines para los siete, los cuales acompañarían con un estofado bien cargado, ideal para el frío que estaba haciendo en las calles de Londres.

De alguna manera todos terminaron con una cerveza de manteca en la mano mientras el aroma a comida inundaba el departamento, uno de los muchachos había encendido la radio mágica dando con una emisora muy popular en esa época, y entre risas y guiños cómplices todos y cada uno fueron poniendo al día a Ginny, haciéndole saber todo lo que había pasado en su ausencia, todo lo que la habían extrañado y todo lo que disfrutarían ahora en adelante.

- La verdad es que nunca había cocinado para tantas personas a la vez- dijo Ginny llevando la olla con la salsa a la mesa que habían agrandado para caber los siete, Percy acercó todos los platos a su hermana y mientras Bill colocaba una buena ración de tallarines, ella usaba el cucharón para colocar la salsa sobre el plato.

- Nos han llegado rumores de que cocinas tan bien como mamá- dijo Fred.

- O al menos eso nos ha dicho Ron, y sabes que es bastante exigente con esas cosas- Ginny soltó una risa cantarina pasándole el plato a George.

- Sé que me defiendo bien, pero como la comida de mamá, no hay ninguna- ella pasó el plato a otro de sus hermanos, y finalmente le sirvió a Bill y luego a ella misma. Con su varita movió las ollas con la comida a la mesada y se sentó junto a su hermano mayor comenzando a disfrutar de la cena.

Hacía años que no estaban los siete juntos, en especial Ginny, que había desaparecido de sus vidas hacía más de diez años. Sin embargo las cosas no podían haber salido mejor, la calidez de ellos la hacían olvidar todos los errores que habían cometido en el pasado, y también sabía que ellos ya la habían perdonado, que ya le habían dado la bienvenida a la vida que habían creado cada uno con su esfuerzo. La pequeña Victoire le había hecho un dibujo que hizo emocionar a Ginny hasta las lágrimas, en él estaba ella, representada por una flacucha figura con una mata de cabello rojo escuro en la cabeza, y luego la pequeña, una imagen igual de delgada pero con el cabello dorado, como el de su madre, aquella veela de la que Hermione más de una vez le había hablado.

Finalmente cada uno se fue a su casa y el mismo Ron la acompañó hasta su departamento, como era costumbre, Draco se hallaba con Astoria escuchando música, y Ron negándose a quedarse de más, pues realmente había tenido un día abarrotado de trabajo, decidió irse a lo de Hermione, en donde pasaría la noche.

- Mándale mis saludos- le dijo Ginny acomodando el cuello del abrigo de su hermano.

- ¿Te esperamos mañana en La Madriguera?- Ginny asintió con una sonrisa.

- No me lo perdería por nada… pero dile a mamá que yo llevaré el postre para la cena- Ron le besó la mejilla a modo de despedida.

- ¿Quieres que te venga a buscar? Así vamos juntos…

- Por favor- asintió la mujer-. Creo que estaré tan nerviosa por volver a casa que no podré pronunciar bien el nombre- Ron rió lentamente acariciando el brazo de su hermana.

- Entonces mañana por la tarde vengo- se acercó a la chimenea y saludó con la mano a Draco y a Astoria-. Nos vemos- Ron arrojó los polvos Flú a la chimenea desapareciendo entre las llamas verdes.

Cuando Ron sintió que había llegado a su destino abrió los ojos y sonrió al sentir la voz de su mujer y de su mejor amigo provenir de la cocina, ambos estaban disfrutando de una cargada taza de café luego de haber compartido una cena. Originalmente los tres se reunirían a cenar, pero al improvisar esa comida en Sortilegios Weasley tanto Hermione como Harry lo habían obligado a no excusarse con ellos e ir junto a Ginny.

- ¿Y cómo está tu hermana?- le preguntó Hermione sirviéndole también una taza de café, Ron se sentó junto a Harry y le apretó el hombro a modo de saludo.

- Bastante bien, hemos comido unos tallarines que pueden competir perfectamente con los de mamá- Ron sonrió al aceptar la taza que Hermione le estaba ofreciendo-. ¿Y ustedes?

- Hermione no tenía muchas ganas de cocinar, así que compramos unas pizzas- Harry señaló las dos cajas que había sobre una pequeña mesa.

- Deben estar deliciosas, pero realmente las probaré más tarde- Ron se recostó contra el asiento y miró a su novia con una linda sonrisa-. Hemos tomado mucha cerveza de manteca, y también hidromiel… me tengo que tocar la cabeza para asegurarme que está allí- Harry rió señalándole el café.

- Tómalo entonces, eso te hará bien- Ron también rió pero sin saber por qué. Se quedaron en silencio un momento hasta que el pelirrojo comenzó a hablar.

- No puedo creer que todo esto sea real…- dijo-. Es decir, aparece así de la nada y encima de un día para el otro resulta ser mi hermana- la sonrisa en sus labios era sincera, y Hermione se maravilló por eso.

- Imagino lo que habrá sido enterarte…

- Fue increíble- la sonrisa se le borró del rostro y miró a Harry y a Hermione con una mueca de disculpa-. Lamento haberles ocultado la verdad de todo esto…

- Ya es agua pasada- respondió Harry-. No tiene sentido seguir hablando de lo mismo, ya ella está con ustedes y…

- De todas formas no te creas que te podrás librar de nosotros tan fácilmente- continuó Ron-. Que ahora sepa que ella es mi hermana te dificulta un tanto las cosas, no te creas que permitiré que la andes besando a cada momento como hacía antes, ¡Oye! ¿Por qué hiciste eso?- le reprochó a Hermione que lo había pateado por debajo de la mesa, ella lo ignoró olímpicamente y le prestó atención a Harry, allí Ron supo que había metido la pata-. Lo siento, no sabía…

- No te disculpes, amigo- lo atajó Harry con una extraña mueca en sus labios-. Hoy ya no sé lo que somos con Ginny- bien, debía aceptarlo, el sobrenombre de la que había sido su novia realmente le gustaba como sonaba en sus labios, o al menos eso pensó Harry al pronunciarlo.

- ¿Pero ustedes no hablaron?

- Algo así, pero no dejamos nada claro, ni dijimos como continuaríamos con todo esto…- suspiró-. Yo sigo sintiendo lo mismo por ella, y a pesar de que me duela que no haya confiado lo suficiente en mi- se encogió de hombros-. No puedo hacerme el desentendido, yo la amo y nada puede contra eso.

- Y estoy segura que ella también siente algo fuerte por ti- dijo Hermione.

- Eso es lo que quiero creer, pero no me quiero hacer ilusiones…- Harry suspiró-. Por lo pronto sé que estará mañana en La Madriguera, y eso es una gran oportunidad para aprovechar, e intentar hablar con ella- Ron le palmeó la espalda con aprecio sonriéndole con calidez a su novia, la mujer más linda que podía haber encontrado, a su parecer.

- Ella te adora, créeme. Desde ya les voy diciendo, yo quiero ser el padrino de bodas, o del primer niño- Harry rió con ganas y Hermione en un arrebato de felicidad se puso de pie y abrazó a sus dos eternos amigos por la espalda, bueno, uno de ellos era su futuro marido, pero siempre sería también su amigo.

Amigos… para eso estaban ¿no?

Siempre en las buenas, y en las malas.


Sé que no pueden creer que me haya tardado apenas dos o tres semanas en actualizar, y en respuesta a alguien que sugirió que me tardaría seis meses, pues ahí tienes ;)

En realidad actualizo ahora porque sé que no lo haré hasta estar de vacaciones, que será dentro de unas tres semanas. Tengo unos cuantos exámenes que dar en esos días y no creo que encuentre el tiempo para hacerlo, así que apelo como siempre a sus lindas palabras que son como un amuleto de la suerte a la hora de ir a rendir.

Mucho para decir no tengo sobre este capítulo, el siguiente será el último, y luego habrá un epílogo. La charla de Harry no está del todo terminada y aún restan muchas cosas por decirse, pero esa quedará para el siguiente, y otras cuantas cosas me las dejaré para el epílogo.

Una vez concluída esta historia me meteré de lleno en terminar las que comencé a publicar y quedaron a medio camino, por otro lado tengo un par de one shots a punto de ver la luz, pero le faltan detalles, que si me hago un tiempo entre mis días de estudio, estarán leyendo.

Este capítulo se lo quiero dedicar especialmente a dos personas, a Paola Ishikawa que hoy está cumpliendo años (¡muchas felicidades!) y a Rose, una amiga con la cual hace mucho, pero mucho tiempo no hablo y realmente extraño no saber noticias suyas. Peor ya me pondré al día con todo, de eso no tengan dudas.

Los quiero mucho, un beso enorme,

Jor.